El salón me estaba sofocando. Faltaba 3 minutos para que llegara Kenshin de su entrenamiento, y comenzara las clases de refuerzo para que pasara los cursos. Cerré mis ojos. Sólo el destino se confabulaban para hacerme sufrir, dijo Aoshi mientras caminábamos por la acera después de enterarnos esa noticia bomba que me involucraba con la súper estrella del equipo. Y asentí, sin duda Aoshi tenía razón. El destino me odiaba, ni me habia recuperado de la punzada de dolor que Kenshin me causado y ahora tenía que verlo diariamente 2 horas, como para que la herida nunca cerrara.
-¿Kamiya?
Su voz aterciopelada me despertó del sueño y volteé para enfrentar a mis demonios, a mi demonio. Estaba con la coleta algo desecha por la práctica, y su rostro contenía gotas de sudor que decoraban su frente de forma fascinante. En su mano estaba su pelota, la misma de la ocasión en la que me confesé y sus ojos, violetas limpios, me miraban curiosos.
-Que tal, Himura-kun, lo estaba esperando.
Él dejó su balón en uno de los pupitres y me sacó su mochila. Acomodó una silla frente a mi pupitre y se sentó en ella. Lo más cerca que alguna vez pudimos haber estado, pensé mientras tomaba posición en mi frente.
-Por lo que tengo entendido, tienes problemas en todos los cursos, ingles, geometría, física, química, japonés, español, historia, ….
-¿No le molesta que le mandaran hacer este trabajo, Kamiya? Es decir, podría haberse negado.- dijo mirándome fijamente, y entendiendo a lo que se refería.
-¿Por qué no hacerlo? Yo no mezclo lo personal con lo profesional, Himura-kun. Además yo no le niego la ayuda a nadie, y usted no es la excepción.- dije, encontrando valentía de alguno de mis más recónditos escondites del alma.
-Gracias. Realmente lo agradezco, Kamiya-san.
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-¿Qué tal las clases con la súper estrella?-dijo Aoshi, yendo conmigo al paradero para tomar el autobús de regreso a casa.
-Es bueno, sólo que le falta instrucción y distracciones. Nada más.
-¿Te dolió?
-¿Pasar tiempo con Himura? Obvio, ni que fuera de piedra, pero soy profesional, Aoshi. Sé que no soy de su gusto, eso es suficiente para mi.
-Eso espero, Kao. Te conozco, después confundirás las cosas…
-Deja de repetirlo. Lo sé, pero quiero hacer que no lo sé realmente. Por favor
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-Himura-kun…¿está aquí?
Kenshin estaba absorto del universo. Después del ultimátum del profesor, su vida había cambiado. Sus amigos se alejaron de repente y su novia, Tomoe, no fue la excepción. Siempre le ponía peros para salir y, según escuchó de alguien que al verlo comenzó a cuchichear, ella estaba saliendo a escondidas de él con su compañero de equipo, Akira Kiyosato.
Sólo estaba él, sus libros, su pelota y la señorita Kamiya que siempre estaba para ayudarlo. Kamiya. Kaoru Kamiya.
Cuando recordaba sus ojos azules mojados por las lágrimas, tenía ganas de golpearse. Ella, a pesar de sentirse dolida por su rechazo, lo ayudaba a él, a un vil desgraciado. Ella que mientras podría estar saliendo con sus amigos o estar con su familia, estaba con él, enseñándole las clases que debería haber estado atendiendo cuando tuvo que hacerlo.
-¿Himura-kun?-dijo ella acercando su rostro, para saber que fue lo que le robó la atención al chico.
-Dí…dígame, Kamiya-san.- dijo él, asustado por la proximidad de sus rostros. Ella solo se echo a reír de verlo rojo de la vergüenza.
-¿Crees que sería capaz de besarte, Himura-kun?-dijo ella, mientras se sentaba al frente suyo. No era la misma chica de ese día, pensó Kenshin. Estaba más suelta de huesos, no estaba ni siquiera un poco nerviosa, hablaba con total normalidad y ligereza que te sintió estúpido al comportarse él así.
-Kamiya-san, dígame Kenshin…y por lo otro, disculpe.
-De acuerdo, Kenshin, pero tú dime Kaoru ahora ¿OK?... y por lo otro, no fui, soy o seré una aprovechada nunca.-dijo a son de broma, algo que descolocó más a Kenshin.- Además, aunque lo hiciera, nadie lo creería… soy demasiado invisible en esta Preparatoria como para considerarme algo así, porque primero, no creo que aún sepan de mi existencia, y segundo, como para que no creyeran que usted fuera el aprovechado aquí.
-Jajajaja…claro, Kaoru.- rió obligadamente Kenshin.
-Claro, bueno…comencemos a hacer…quimica ¿Te parece?
Ella tomó el libro y comenzó a ojearlo, mientras Kenshin miraba por primera vez a Kaoru con interés. Su ropa era muy holgada, identificando que hasta él usaba hasta ropa más ceñida, su polo era como 3 tallas más de lo normal, dejando bien guardado sus formas tras ella y traía unos pantaloncillos playeros de chico. Su cabello estaba en un moño desarreglado y su rostro, sin ningún rastro de maquillaje. Sus labios eran rosados limpios, como los de una niña, y su piel, blanca tentadora, hacia resaltar sus ojos azules mar. Azules mar deliciosos, incomparables. Nunca se dio cuenta de ellos por estar en el mar de petróleo que significaban los ojos de Tomoe, y tras las faldas cortas de la misma. En Tomoe podía pensar en tener sexo cuando lo quisiera, se conocía hasta el más pequeño detalle de ella, podía reconocerla en la oscuridad, podía describirla sin ningún rastro de error…. En cambio, Kaoru, era como un misterio para él. Era como caminar en un bosque silencioso y oscuro, sin saber a donde andar. No conocía mucho de ella, porque nunca tuvo o quiso saberlo de primera mano. Solo sabia que era la mejor alumna de la Preparatoria, que tenía a un amigo demasiado guapo , y que ella, que se había arreglado para esa ocasión con antemano y, aún en su vergüenza, le dijo que le gustaba. Que lo quería.
Gustaba….
-Kenshin me obliga a tirarle el libro de química si no me hace caso ahora. Esta más distraído de lo de costumbre, por favor….tome atención.
Kenshin la miró. Sus mejillas estaban coloradas por su frustración para con él, y sus labios, entreabiertos, invitaban acercársele y saber a que sabía su boca…
-Kenshin ¿Qué hace?-dijo Kaoru, tratando de hacer espacio entre ellos, pero no lo logró. Ella se paró y él la siguió. Ella estaba a punto de abrir la puerta, cuando sintió el pecho de él en su espalda, caliente, duro…
Kenshin acercó sus manos a su cabello, desatándolo todo, dejándolo libre por su espalda hasta su cintura.
-Ken…shin… váyase, por favor.- dijo la chica. Esa era la niña de aquella vez, tímida, tranquila, nerviosa hasta los huesos…
Él la volteó para verla de frente. Sus mejillas seguían sonrosadas y sus pupilas le demostraban miedo, temor… amor.
-Es la última vez que se lo digo ¡Váyase!-dijo apuntándole la puerta, entre furiosa y débil al mismo tiempo.
-No puedo, no quiero…-logró decir, antes de atrapar su boca en la suya. Su lengua se hizo paso entre sus dientes y saboreó su sabor de canela y boca virgen. Ella le correspondía torpemente, mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por él… Luego Kenshin comenzó a apaciguar el beso, volviéndolo más dulce, más calmado… sus salivas se encontraban y fluían en sus bocas, mientras que Kaoru ponía sus pequeñas manitos en el pecho febril de Kenshin. Él, al tacto, gimió. Kaoru abrió los ojos de la impresión, viendo los ojos de él, en los que había una guerra entre el violeta y el dorado. Y cayó en la cuenta de lo sucedido. Y se separó.
-Sabía lo que sentía por usted ¡E igual lo hizo! Le di mi tiempo, mi esfuerzo, mi dolor para que usted aprendiera, y logre ir a la semifinal con la Preparatoria Carter…y usted…¿Me paga así?... No entiendo, no sé que busca burlándose de mí, de mis sentimientos…
Kenshin estaba shockeado. No sabía que responder. Solo atinó a acercarse más, haciendo que ella retrocediera, llegando a toparse con una pared.
-¿Aún te gusto?-dijo él, delicadamente en su oído.
Ella no respondió, sólo asintió nerviosamente.
-Dilo, dime que te gusto…que te gusta… ¡Dilo!
-Me gustas, Kenshin. Mucho…demasiado…
Kenshin gimió antes sus palabras. Ella lo miró, nerviosa sintiendo como la boca de él se acercaba nuevamente, para sellar la suya. Y no se opuso, muy al contrario, siguió con eso.
Kenshin se sentían incomodo en esa posición, siendo él demasiado alto y ella pequeña, así que la tomó en brazos, aun manteniendo el beso, y la sentó en el pupitre. Kaoru, extasiada por el mar de emociones que estaba viviendo, rodeó el cuello de su acompañante, acercándolo más a él, para profundizar el beso. Las manos de Kenshin exploraban sobre sus ropas gigantes, sus formas. Él sacó su polo enorme y vio el cambio de semblante del pelirrojo: de un rostro que mostraba debilidad, vislumbró la pasión que emanaban sus ojos dorados. El tocó el encaje negro del sostén, denotando que los pezones de Kaoru se endurecían al tacto. En un rápido movimiento, el logró sacar el brassier, mostrando sus senos, grandes, suaves, suyos… Kaoru sentía miedo. No sabía como había llegado a eso. Y sólo pudo reprimir un grito cuando Kenshin metió en su boca un de sus senos. Su lengua, loca e impasible, besaba todo su seno, mordisqueaba su pezón, y ella, como acto reflejo, lo tomó de la mata de pelos rojos y lo acercó mucho más a su pecho, para que no terminara.
-Ken…shin…
-Dime, mi amor…-dijo él, regresando a su boca, mientras acariciaba uno de sus senos con su mano.
-Me siento…mojada.
Kenshin sabía a lo que se refería.
-Kaoru, amor, relájate… todo a su tiempo amor…eres tan dulce, tan suave…
-Yo te amo, Kenshin…
-Yo no lo sé…Kaoru, no te puedo prometer amarte, pero si quererte.
Kaoru paró en seco. Eso no quería para ella, para su vida. Tomó sus ropas y se las puso casi al instante.
-Kaoru… ¿Qué pasa?-dijo Kenshin descolocado
-Yo no puedo entregarme a alguien que no me sabe valorar, y a quien nunca me va a amar…. Lo siento.- dijo saliendo del salón, dejándolo a él en un sueño.
Gracias chicas::
setsuna17
AkinaKamiyaHimura
kaoruyukishiro
BUBU30
Su apoyo en muy importante, de verdad que si, gracias y sugerencias, porfavor! Para hacer de este fic mas suyo que mio! Jajajja gracias!
