-¿Crees que está bien lo que haces, Kaoru?

-Claro que está bien, Aoshi… Kenshin y yo no estamos destinados el uno para el otro… y supongo que se creerá lo que le dije.

-No me preocupa que lo crea, me preocupas tú.

-Yo estoy bien… de verdad.

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Kenshin tomó su cuarta botella, mientras pedía la quinta. La amaba y ella, se iba con otro. Con el que pidió ayuda. Pobre iluso.

-Si sigues tomando como un desquiciado, no te diré donde vive.

Reconocía esa voz. Y la odiaba. Ni bien se volteó trató de golpearlo, pero el alcohol recién hizo sus efectos. Se cayó al instante.

-¿qué quieres? Me quitaste al amor de mi vida ¿Qué mas me puedes quitar ahora?-dijo sorbiendo otro trago de la botella.

-…

-¡Habla! ¡No te quedes callado!

-Ya te dije, deja de tomar.

-¡¿Acaso eres mi madre, para decirme que hacer? Después de lo que me hiciste…-sorbió un poco de la botella.- … Despues…

-Yo no te he hecho nada.- lo miró Aoshi de la forma más seria que podía.- ¿Por qué dices eso?

Kenshin sólo volteó a verlo. Era un chico guapo, debía reconocerlo, tenía una gran cantidad de admiradoras igual que él, pero su personalidad, pasiva y reservada, mataba pasiones rápidamente. Además de ello, era el amigo fiel de Kaoru. No recordaba muchas veces haberla visto sin él, sólo cuando tenían las clases particulares él se retiraba, porque, por lo demás, estaban juntos siempre. Y le dolió. Le dolió en el corazón saber de que él si merecía estar en el lugar dónde Kenshin quería estar: Al lado de Kaoru, besando sus labios dulces e inexpertos, tocando su cabello azabache, acariciando su piel nívea, tomando entre sus manos sus suaves y generosos pechos…

-Porque Kaoru se quedó contigo ¿Te sientes mejor por restregarme tu felicidad en mis narices?-habló Kenshin, tratando de pararse nuevamente y mirar a los ojos azules frío de Aoshi.- Quizás tú merezcas más su amor, su belleza y su hermosa personalidad, pero sabes que ella aún me ama a mí….aunque lo niegue delante de cualquiera ¡Debes saber que ella mientras está a tu lado, piensa en mí! Y yo jamás dejaré de pensar en ella… Yo la amo… De verdad…

Aoshi rió. Tanto que en el lugar hizo eco. Todos miraban la escena y no entendían la reacción del guapo chico moreno, incluso Kenshin tenía el rostro desencajado.

-Jamás pensé verte alguna vez como lo hago ahora, Himura-san. Es decir, esa es una reacción muy típica de Kaoru, y se nota que ella te ha calado en el alma, Kenshin…-dijo mirando fijamente al pelirrojo.- Kaoru te mintió. No tenemos absolutamente nada juntos, no nos interesa tenerlo ahora, aunque no te niego que nos interesó alguna vez… Yo sabía que tu te enamorarías de Kao, no me preguntes cómo, pero lo sabía… Ella es una chica adorable, tranquila pero explosiva a la vez, es talentosa y emotiva, y eso es algo que un chico inteligente, como creo que ahora eres Himura, dejaría sin más. Esta es su dirección, búscala mañana y, por favor, no hagas más el ridículo hoy.

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Kenshin salió de su casa. La conversación de ayer con Shinomori fue corta y eficiente, y le agradecía interiormente por la ayuda con Kaoru, que ahora debía aprovechar al máximo.

Cuando se dio cuenta, llegó a la casa donde se suponía que vivía Kaoru. Era una residencia normal, con un segundo piso y con un solo balcón. La casa estaba rodeada por pasto verde y recién regado, mientras que sólo una luz de la casa estaba prendida. Vio que alguien salía del balcón y agradeció que ese alguien fuera Kaoru. Ella inconcientemente dejó la puerta abierta, lo suficiente para que Kenshin identificara que ese era su cuarto. Y sólo el pelirrojo atinó a sonreír. Bingo.

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A Kaoru le encantaba la noche. Era la parte del día que más le gustaba, por lo cual, ella siempre salía de su balcón para mirar el cielo negro decorado con estrellitas para terminar su día. Esta vez no fue la excepción.

Después de estar algunos minutos afuera decidió entrar para irse a dormir. Se sacó rápidamente la ropa del día y se puso la piyama nueva que le regaló mamá, la cual le dijo que ese era un piyama para señoritas de su edad y no esos calcetines largos hasta la rodilla, y esos pantaloncillos de chico que ella siempre usaba al dormir. El dichoso piyama consistía en un camisón de seda negro, hasta la mitad del muslo, con encaje también negro en la parte superior y en las tiritas que mantenían el vestidito en su lugar. Era muy de señorita, dijo ella en sus adentros y comenzó a pensar en todo lo que había pasado.

Ella no era lo que era el vestido. No era una chica, era una mujer con ropa de hombre. No se maquillaba ni solía usar esa ropa, y tampoco quería lucir muchas veces muy provocativa. Pero hoy estaba sola. Mamá había salido con su nuevo novio, un europeo de nombre Marck, y no iba a llegar hasta el día siguiente y ella, curiosamente, quería saber lo que era ser una chica. Una chica de verdad.

Tomó todo el maquillaje de su madre y lo estiró frente a su cama. Se pinto los labios rojo carmesí y los ojos de color plomizo, para contrastar con su piyama; se rizó las pestañas, hasta dejarlas largas negras y se hecho un poco de brillo en los labios para que el rojo pareciese sangre. Y se miró al espejo. Y vio que era inmensamente bonita, y si quería, podía ser bastante sensual. Abrió su cajón de ropa interior y sacó la más sugerente, la que nunca había usado. Se la puso y le pareció que ella era otra. Hasta que escuchó un sonido raro. Un sonido que la alarmó.

NOTAS DE AUTORA:

Bueno, supongo que la consideraran ca corto, lo siento T_T! en fin, agradezco esta ves a nuestras amigas Blankaoru , kiranamie , BUBU30 y setsuna17 . Gracias chicas! Muchisismas graciassss!