Kenshin subió silenciosamente por una enredadera que había cerca del balcón, sorprendiéndose de lo sigiloso que podía llegar a ser. Al llegar a la puerta, decidió si era mejor entrar así de frente, sin preguntar, o si era más propio tocar la puerta. Total, no podía tirarlo del balcón, a pesar de todo.

Justo cuando estuvo a punto de tocar la puerta, vio a Kaoru cambiada con un camisón negro muy provocativo, haciéndola mucho más hermosa. Kenshin casi se atraganta con su saliva. Justo cuando pensaba tocar la puerta por segunda vez, Kaoru salió. Después de algunos minutos entró nuevamente y traía consigo un neceser, el cual vació frente a su cama y estiró el contenido. Era maquillaje…¿Y para que Kaoru necesitaría de ellos?... No lo supo hasta que vio un liquido rojo acariciando sus labios deliciosos, y unas sombras plomas pintando sus párpados. Kenshin la miró cuando terminó su trabajo y no supo como reaccionar. Estaba hecha una belleza infinita, inexplicable, … Si sin maquillaje era hermosa…¡Con este era una diosa!

Inclusive hasta el momento era todo perfectamente adorable, era simplemente una chica joven comportándose como…una chica joven. Todo estaba bien hasta ahí, y por tercera vez Kenshin decidió tocar la puerta, pero se lo impidió el hecho de que Kaoru buscaba algo de su armario, entonces supo que la chica aún no había terminado. Cuando pudo divisar lo que tenía en sus manos, enrojeció totalmente y una parte de él se emocionó bastante. Lencería. Kaoru tenía en sus manos ¡Lencería! Pero no pudo prevenir lo que venía: Kaoru se desvistió totalmente, ante sus ojos, mientras casi le sale sangre de la nariz por la situación. No duró mucho tiempo así, y se puso la ropa interior que hasta hace algún momento adoró Kenshin. Y, entre el sofoco de ver a Kaoru de esa forma, y de la estupidez que lo había embargado, chocó con una maceta que había cerca, haciendo que cayera precipitosamente y haciendo un ruido muy fuerte en la puerta. En ese momento, pensó que hubiera sido mejor haber tocado la primera vez.

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Kaoru miró a la puerta de su balcón. El sonido había venido desde ahí. Fue hasta allá sigilosamente, sin siquiera ponerse nada encima. Y vio una cabeza roja. Y se quedó sin respiración.

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Kenshin abrió los ojos…Le dolía la cabeza un montón. Trató de moverse y sintió una cosa suave debajo de sí: Era una cama. Una cama rosa muy suavecita, muy acolchonadita. Y recordó todo.

-¿Kenshin?

Siguió el origen de la voz, aún ya sabiendo de antemano de quién era. Llevaba el cabello recogido nuevamente en un moño desordenado, un polo gigante y unos pantaloncillos. No se había quitado el maquillaje, suponía por el apuro de tener a un pelirrojo hentai tirado bocabajo, sangrado de la nariz e inconsciente.

Ella se acercó a su cama, le quitó la toalla de la frente, la enjuagó y se la puso de nuevo. Él la miraba solamente, sin quitarle la vista de encima. Cuando terminó la acción, lo miró directamente a los ojos.

-¿Qué hacías allí, Kenshin? Ya hablamos y te dije que tengo una relación con Aoshi, y creo que lo más saludable para los dos…

-No mientas más, Kaoru. Aoshi vino a buscarme ayer: Me dijo la verdad, ya no sigas con esa farsa.

-Bueno, ya que sabes, entonces no tendré porque darte explicación alguna para decirte que ya no quiero estar cerca de ti, ya no necesito buscar más excusas entonces…- dijo Kaoru, encontrando valentía de donde no sabía que existía, y pensando seriamente en tácticas tortuosas para Aoshi al mismo tiempo.

-¿Por qué te quieres alejar de mi?- habló Kenshin acercándose a Kaoru, para mirar más de cerca sus ojos azules.- Si sabes que nos amamos…

-Amor no es lo único en una relación, Kenshin. Tú eres diferente, ¡Somos los dos tan diferentes! ¡Dios! Nunca funcionaría lo nuestro… Yo soy, como alguna vez dijiste, una rata de biblioteca…tú eres un deportista popular… y no quiero decir con eso que yo soy menos que tú, sino que sé que nuestra vida está diferenciada en muchos aspectos: Tus amigos no son mis amigos, tus gustos no son los míos, tus prioridades definitivamente son diferentes a las mías… Somos como el agua y el aceite… Jamás seremos uno. Y tú lo sabes. Lo sabes muy bien.

Kenshin vio sus ojos: aguados azules, como aquella vez. Pero esta vez las lágrimas salían sin parar, sin querer él limpiarlas, ni ella contenerlas.

La entendía. La entendía perfectamente. Eran absolutamente contrarios, y quizás eso mismo, la misma diferencia, era lo que le gustaba de ella: La poca importancia que le daba a su apariencia, a lo que dirán los demás, su gusto por los estudios, por el futuro, por el mañana… era risueña, soñadora, sentimental, algo alocada, pero dulce, hermosa, y simple. Tan simple y humana, para nada robotizada ni planificada. Todo era nuevo para ella, todo era natural… la amaba así, como era, con el sentimiento más puro que pudo en algún momento albergar para con alguien…para con Kaoru Kamiya.

Se acercó mucho más, sorprendiendo a Kaoru y le estampó un beso. Las lágrimas de Kaoru no cesaban y se encontraban en los labios de ambos, mientras Kenshin la besaba con suavidad, como para perdurar aquel momento. Las manos de Kenshin se acercaron a las de ella, casi instantáneamente, sintiendo su calor, su delicadeza. Kenshin supo más que nunca que era el amor en ese momento: era querer alargar la estancia con ella, sin no querer ir más allá, sino con la verdadera intención de amar, de entregar cariño, de buscarlo y recibirlo.

Nunca le iba a mentir. Ella ni su corazón podrían soportarlo más. Kenshin llenaba esos vacíos con sus besos, con ese amor contagiante, con esos detalles… Ahora sentía sus diferencias tan lejanas y cortas, como si no existieran, como si en realidad Kenshin y Kaoru fueran dos humanos que se amaban, sin importar su verdadera vida detrás de esas cuatro paredes. Cuando sintió las manos de Kenshin en las suyas, soltó un suspiro, que era entre tranquilidad y amor.

Al terminar el beso, Kaoru aún mantenía sus ojos llorosos. Kenshin sintió ternura. Ella era adorable, infinita, inexplicable…

-Te amo.- dijo el pelirrojo juntando sus narices, y aún manteniendo el contacto visual.- Por favor, no lo niegues, dime que…

-Te amo, Kenshin. Con el alma, el corazón y la vida. De verdad.- cortó Kaoru, para luego deslizarse entre los brazos de Kenshin para abrazarlo. Él solo se dignó a acariciarle el cabello azabache, echándose juntos a la cama. Ella enterró su rostro en el hombro de Kenshin, mientras el tomaba mechones de su cabello y lo enrollaba en sus dedos. Y supo que con él quería vivir siempre, bajo cualquier dificultad, sin importar el resto. Si el mundo se iba contra ellos, no le interesaba realmente, porque su amor era más grande que eso inclusive. Valía más que las críticas y las malas intenciones. Solo eran Kenshin y ella. Nada más.

Muchas Gracias Chicas! A todas, todas!