Como un hecho especial, aquella tarde la lluvia brillaba por su ausencia en Londres, ocasión especial para aprovechar y caminar por las calles de la capital inglesa y disfrutar del paisaje que sólo aquella ciudad podía otorgar – como cualquier otra, a su modo -. Aprovechando aquella ventajosa situación, un dúo de peli negros recorría el centro de la ciudad como una pareja normal, la chica con un abrigo negro y un pantalón del mismo color cuya mano se encontraba resguardada en el bolsillo del abrigo de su pareja, quien le llevaba del brazo. Aiacos estaba pensativo, luego de buscar a Violatte y almorzar con ella, decidieron que una caminata aprovechando el clima sería beneficiosa, al menos para aprovechar el buen clima en medio del invierno. Su compañera no era un espectro, era una mortal que le había cautivado profundamente al poco tiempo de haberle conocido, aquella atracción magnética que no puedes explicar de dónde proviene y está allí siempre, desde aquel momento. Desde ese momento, el antiguo juez de Garuda empezó a comprender a su compañero rubio, aunque sólo sintiera atracción por Pandora en un pasado, era un sentimiento abrumador el cual sólo le demostraba cuando débil podía tornarse ante las necesidades humanas cuando su condición de espectro había quedado relegada, pero lo peor de todo es que le encantaba aquel estado.

- Estás demasiado pensativo desde el almuerzo ¿Ocurre algo? – preguntó Violatte con un poco de preocupación en su rostro.

Aiacos al sentirse evidenciado le sonrió levemente y la chica le respondió de igual forma. – Creo que la otra semana tendré que viajar a Alemania, un asunto de Radamanthys me llevará a ese lugar. –

- ¿Alemania? Vaya debe ser algo muy importante si le vas a acompañar. – Violatte se llevaba bien con los amigos de Aiacos, Minos era divertido para la joven quien a veces se aliaba con el Noruego para bromear de pelinegro y con Radamanthys, aunque el rubio fuera en muy solitario y acido, llevaba una buena relación con la pareja de Garuda y ella era capaz de comprender que el inglés quería mantener las distancias con todos, inclusive con sus viejos amigos.

- Algo así. – Seguían caminando – Debo velar porque no cometa una estupidez, nada más. – sonrió divertido, estaban muy cerca del London Eye y Aiacos decidió que sería bueno observar la ciudad desde allí. – Aunque no creo que me quede por mucho tiempo allí. – Suspiró pesadamente – solamente tengo el presentimiento de que muchas cosas van a cambiar. –

- ¿Para bien o para mal? – tomó con fuerza la mano de Aiacos.

- No lo sé, espero que para bien. – llegaron a aquella reconocida atracción Londinense y subieron a una de las capsulas, para observar el paisaje. Aiacos observó de reojo a Violatte. – Aunque este viaje no cambia una decisión que ya había tomado.-

- ¿Cuál? –

- Cuando regrese… Me gustaría que tu y yo empezáramos a vivir juntos. – exclamó el pelinegro, esperando la respuesta de Violatte, quien solamente respondió con un beso sobre los labios de Aiacos.

Luego de salir de aquella reunión Radamanthys sólo tenía ganas de llegar a su casa y acostarse en su cama a descansar. Se sentía terrible, aquella tarde en la que se quedó bajo la lluvia causó estragos en su cuerpo y esto comenzaba a cobrarle factura, sentía dolor de cabeza, quizá un poco de fiebre y su respiración empezaba a volverse más dificultosa. Era allí donde una vez más recordaba su condición humana y que como cualquier otro mortal podía caer presa de la enfermedad y cualquiera otro de los males que los hombres podían sufrir. Cuando llegó a casa encontró en la sala a Minos quien se encontraba sumido en la lectura, tal cual Aiacos había dejado en la nota de verdad salieron para distraerse un poco.

- Vaya, si que te ves terrible ¿Un resfriado? – preguntó el peliplata, quien a pesar de esos mechones sobre su rostro podía observar la condición de Radamanthys.

- ¿Qué más puede ser? – respondió cansado Radamanthys – este maldito invierno me tiene así.-

- Bueno, no deberías quejarte, en Noruega el invierno en peor, de todas formas es tu culpa por andar por ahí como un idiota sin un paraguas. ¿Pero quien soy yo? Tu madre, claro que no. Solo espero que te recuperes pronto. – siguió en su libro.

Radamanthys gruño un poco y se dirigió a la nevera, buscó una bebida energética y cuando estaba a punto de dirigirse a su habitación escuchó nuevamente la voz de Minos.

- ¿Qué vas a hacer mañana? Aiacos y yo te necesitamos en la tarde para hacer algo importante. –

El rubio enarcó su ceja - Pues lo de todos los sábados, pasar toda la mañana en el gimnasio y descansar el resto de la tarde ¿Qué van a hacer? –

- No te puedo adelantar nada, pero se que te interesará, mañana después del mediodía queremos proponerte algo. –

- Como sea… - Radamanthys caminó hacia su habitación, se metería en las cobijas quizá leería un libro o buscaría una película para pasar el resto de la noche hasta que llegara el tiempo de dormir.

Luego de una larga jornada de trabajo, el día aún no acababa para Pandora, como parte de los estudios que estaba llevando a cabo después de haberse graduado, los viernes hasta las diez de la noche y todo el sábado estaba destinado a ir a la universidad y terminar aquel curso de especialización. Antes de salir, se acercó al escritorio de Effi y observó a su amiga con frialdad.

- Por cierto, aún debes arreglar lo que hiciste. –

- ¿Lo que hice? No sé a que te refieres. – a la castaña le encantaba fingir demencia cuando se trataba de aquellos asuntos.

- Debes recompensar a Lune por tu atrevimiento. ¿Sabes? Creo que le gustaría tomar un buen café de aquella cafetería que queda a la vuelta de la esquina. –

- Pero si ese café es carísimo, aunque no puedo negar que es delicioso. –

- Pues haber obligado al pobre Noruego a llevarme a la casa es el precio perfecto de ese café y algo delicioso para acompañarle. –

- Pandora… pensé que ya lo habías superado y me perdonaste. –

- Yo lo hice, sólo te falta pedirle disculpas a Lune. – Sonrió levemente – Nos vemos el lunes Effi, tengo el tiempo suficiente para llegar a la universidad. –

- No te vuelvo a ayudar en nada… - exclamó Effi entre dientes.

La noche pasó fugazmente, Pandora regresó a su casa cerca de las once de la noche, siguiendo la rutina de siempre cuando arribaba a su casa, el día de mañana podría ser levemente distinto, quizá por aquel encuentro con los Weiner pero aquello no alteraba de manera significativa su rutina, como siempre Pandora estaba atada a un protocolo estricto y aburrido… en el fondo tedioso.

Sentía que estaba en una enorme piscina, quizá el mar o un gran lago, lo único que podía determinar es que sin importar el lugar, eran aguas tranquilas en donde su cuerpo flotaba, con sus extremidades totalmente extendidas, sintiendo el leve movimiento del agua que se encargaba de llevar su cuerpo desnudo, sentía a su vez como sus largos cabellos negros se movían en el agua. Suspiró con pesadez, cerrando sus ojos y abriéndolos nuevamente, aquel sitio donde estaba era oscuro, quizá era de noche, la única luz que estaba cerca y no podía determinar de dónde provenía daba una escasa visibilidad, quizá un metro o dos a donde mirara, no tenía idea en que sitio estaba. Solamente sabía que se encontraba sola, todo estaba oscuro, gris como siempre y dependía de su capacidad de flotación. – Una laguna – fue lo que salió de sus labios… así era, una enorme laguna en la que su ser se encontraba totalmente doblegado, nada alejado de su "no-consiente" realidad. Respiró pesadamente de nuevo, con cuidado levantó uno de sus brazos para observar cuanto tiempo llevaba así, por las arrugas que se formaban en las yemas de los dedos cuando se estaba mucho tiempo en el agua. Cuando Pandora acercó su mano a su rostro, sintió algo extraño en la textura del agua, más espesa, una gota de aquel líquido cayó sobre su rostro, cercana a sus labios. Aquella gota se coló por su boca y terminó en su lengua, donde efectivamente pudo sentir aquel particular sabor ferroso, no estaba rodeada por agua… era sangre, una enorme laguna de sangre.

Su cuerpo iba a reaccionar de inmediato, pero sintió que se paralizó, a la vez que lo que parecían varios brazos tomaban su cuerpo, tapaban su boca y la sumergían en el líquido, poco a poco se iba ahogando más, la escasa luz se tornaba oscuridad y el aire empezaba a faltar, estaba desfalleciendo, cerró lentamente sus ojos y antes de perder la conciencia… despertó. Agitada, Pandora se sentó en la cama, sudaba demasiado, su frente estaba caliente, temblaba y su respiración estaba muy agitada. Instintivamente observó sus brazos, estaban secos, no tenían señal de algún líquido o algo por el estilo, no estaba ese olor ferroso de la sangre, todo era un sueño. Observó la ventana, se escuchaba el continuo golpeteo de la lluvia, estaba cayendo una terrible tormenta, luego miró el reloj en su mesita de noche, apenas las 3 de la mañana. Se encontraba en una especie de somnolencia donde su cerebro apenas se recuperaba de su estado de sueño, de todas formas prendió la lámpara a su lado y sacó una libreta que tenía en su mesita de noche. Por alguna razón esas pesadillas la obligaban a escribir, ni siquiera algo relacionado con ellas mismas en varios casos, sino un montón de pensamientos que se agolpaban en su cabeza y debían salir de algún modo: aunque fuera escribiéndolos. Y así se quedó hasta que dieron las cinco de la mañana, era más que obvio que su descanso había terminado.

El sábado fue un día que pasó demasiado rápido para Radamanthys en Londres y para Pandora en Berlín, aunque el uno desconociera de la existencia del otro en otro país, prontamente las cosas cambiarían, al menos para el primero quien sería el único de los dos que aun gozaba de sus recuerdos como espectro y sentía le necesidad de reencontrarse con el otro… en este caso con ella. Luego de ir al gimnasio, almorzar y seguir siendo presa de aquel resfriado, Radamanthys se encontró que Aiacos y Minos le esperaban sentados en la sala, la televisión no estaba prendida, Minos no estaba en sus cosas, ni Aiacos trataba de ignorar las quejas o comentarios del primero… algo extraño sucedía para Radamanthys y estaba totalmente en lo cierto, esperaba cualquier cosa, mucho menos lo que ese par tenía guardado para contarle. Notó la seriedad con la que sus amigos le observaban y se acercó hasta la sala sentándose en el sofá libre, los otros dos estaban sentados en un mueble por separado. Había un aire un poco melancólico en aquel lugar… de hecho Radamanthys recordó que sólo los observó de ese modo cuando eran espectros y debatían en sus consejos de guerra… Acaso… ¿Hades los llamó? ¿La paz se acabaría?... entonces… ¿Existía la posibilidad de volverse a encontrar con ella?

- ¿Qué ocurre? – preguntó Radamanthys.

- Primero, quiero que sigas las reglas. – exclamó Aiacos – No reclamos, déjame hablar hasta el final y luego aclararé tus dudas. –

- El asunto que vamos a tratar es delicado y es necesario que le demos la importancia que se merece. – añadió Minos

- ¿Acaso Hades apareció? ¿Nos mandó llamar? ¿Se ha roto el pacto de paz? – preguntó Radamanthys ahora mucho más intrigado de lo normal.

- No… quiero hablarte de Pandora. – respondió fríamente Aiacos.

Radamanthys no pudo evitar abrir sus ojos con sorpresa… sentía que su sangre empezaba a acelerarse en su cuerpo.

Anette era una jovencita de 13 años, sus cabellos igual de oscuros que los de su hermano, eran cortos, usaba lentes y vestía de un modo colorido, muy acorde a su edad. Aquella jovencita era el vivo ejemplo de que a pesar de todas las cosas, las adversidades podían superarse para seguir adelante – o eso era lo que trataba de reflejar – esperaba impacientemente al lado de su hermano y su madre a que Pandora llegara, la consideraba más que una amiga como una hermana, ya que muchas veces durante el tiempo que ella pasó en el hospital en medio de su tratamiento, a pesar de que su hermano fuera un médico de ese lugar en lugar de ser algo positivo le impedía a Roderick estar al lado de su hermana. Por la compañía en medio de una penosa enfermedad y muchas razones más, Pandora se convirtió en un ser muy preciado para Anette quien ahora estaba convencida de que la mejor forma para que su hermano fuera feliz y la propia Pandora lo fuera también sería que ellos dos se juntaran, ya que Anette asumía que entre ellos dos había una buena química. Quizá fuera así ante los ojos de la chica, pero las cosas no eran tan fáciles como ella las planeaba.

- Pandora! – la chica llamó a la dama alemana quien entraba al restaurante buscando a la familia Weiner. Al escuchar el llamado de Anette se dirigió de inmediato a la mesa.

- Buenas noches. – saludó a Anette y Roderick quienes se encontraban solos - ¿Qué ocurrió con la señora Weiner? –

- Mamá se disculpa, tuvo que viajar a Munich porque una tía requiere de su ayuda, pero dejó sus saludos. – respondió Roderick

- Ya veo. – Pandora buscó algo en su bolso - Mira Anette, un regalo para celebrar tu recuperación. – extendió el paquete hacia la niña.

- ¡Gracias! – Respondió abriendo el paquete sin demasiado protocolo, encontrando un bonito y colorido reloj en su interior – Es muy lindo, y de colores tal y como me gusta. Muchas gracias Pandora y también por estar aquí conmigo. –

- No tienes que agradecer, estoy aquí porque te estimo Anette. – Pandora le sonrió levemente.

- Yo también debo agradecerte – añadió Roderick – Eres responsable de que mi hermana haya mejorado, tu compañía fue muy valiosa para ella y gracias por considerarle una hermana. –

- Bueno, creo que si seguimos con los agradecimientos dañaremos la cena. – Pandora cortó el tema - ¿Qué deberíamos pedir de cenar? –

- ¡Yo quiero una enorme pizza!- respondió Anette

- Esto es algo que no había creído hasta que fui capaz de confirmarlo, no se el como ni mucho menos el porqué. – Aiacos había apoyado sus codos sobre sus piernas, mantenía sus manos cruzadas y observaba seriamente a Radamanthys – Esto apenas ocurrió hace seis meses y fue Lune quien lo descubrió, si la vida ni las casualidades le hubiesen llevado a Alemania quizá nunca nos hubiésemos enterado. Al principio creimos que se trataba de una coincidencia o algo por el estilo pero por lo que Lune me ha contado… se trata de ella… -

Radamanthys apretaba su mandíbula con fuerza y apretaba sus puños de la misma manera, sentía que la sangre le hervía. ¿Una broma del dios de la muerte? ¿Un pacto para alejarse de su pasado? ¿Qué demonios fue lo que esa mujer hizo para conseguir todo aquello? Perdón… expiación de culpas… olvido… una nueva vida… miles de ideas empezaban a aflorar por la mente de Radamanthys, unas buenas, otras malas… una parte de él quería creer que se trataba de la misericordia de Hades, pero otra le gritaba que se trataba de una artimaña más, otro de aquellos secretos que Hades y Pandora compartían y que a pesar de lo que creyó conocerle era apenas la punta del iceberg de algo más profundo… oscuro… y tal vez reprobable. – Se supone entonces… ¿Que no recuerda nada? –

- Eso fue lo que Lune me comentó, hablé con él esta mañana y me adelantó sobre cosas que sucedieron esta semana, su trato sigue siendo alejado con las demás personas, aunque posee una amistad cercana, en todas las ocasiones que han cruzado palabra ella le trata como un completo extraño. No se ha ocultado o a intentado pedirle a Lune que no cuente nada respecto a su paradero. Lune dice que es ella, además puede sentirlo… sabes muy bien que todos los seres humanos poseen el poder del cosmos, que unos puedan explotarlo y usarlo para batallar es diferente, pero el cosmos de cada persona es único e irremplazable. A pesar de que ya no gocemos de todos nuestros poderes, Lune aún puede sentir aunque sea de una forma muy leve la naturaleza del cosmos de cada persona. Es irremediable, es Pandora… aunque ella no lo recuerde. –

Radamanthys suspiró profundamente, cerró sus ojos y cruzó sus brazos. – Y si está actuando muy bien, tan convincente de que es capaz de engañar a Lune. – escupió con odio esas palabras.

- Por favor – interrumpió Minos – Lune no es un estúpido ni nació ayer, bien se ganó el derecho de ser catalogado como un juez de reemplazo, las almas no fueron capaz de engañar su juicio en el pasado ¿Crees que una mocosa sea capaz de hacerlo? – sopló su flequillo y bufó indignado.

- El juicio de Lune quizá haya cambiado al estar en circunstancias distintas, ¿Por qué lo defiendes? ¿Acaso no eras tú el que se había casado de lo idiota que se había vuelto? – sus palabras venenosas ahora fueron lanzadas hacia Minos.

- Espera… las diferencias que tenga con Lune son por otros asuntos que tú no entiendes y no entenderás. – Minos se levantó de su asiento enfadado – Confió ciegamente en las apreciaciones de Lune sobre este asunto… Además como si le importara, si el único que tiene un trauma con esa mujer eres tú, no sé ni para que se tomara la molestia de pedirle a Aiacos que te contara todo esto. O que esté investigando sobre ella por ti, cuando no eres capaz de creer las palabras de alguien honesto. De mí no creas nada, pero deja de actuar y decir idioteces como que Lune puede ser engañado tan fácilmente como un adolescente – soltó un bufido – De todas formas si crees que Lune es tan idiota… puede tomar un vuelo a Alemania y comprobarlo por tu cuenta. –

Radamanthys no iba a aguantar los insultos de Minos y se levantó de inmediato de la silla acercándose al albino y confrontándolo. - ¿Sabes que es una estupenda idea? Porque yo no puedo creer nada, quizá hasta le haya convencido de estar de su lado… o cualquier cosa más –

Minos abrió sus ojos con sorpresa e iba a responder cuando sintió que Aiacos se metió en medio de los dos separándolos. - ¡Ustedes dos ya basta! Minos, deja de provocar a Radamanthys… y tu – observando seriamente al rubio - Piensa antes de hablar, si nosotros estamos aquí hablando de este asunto es porque queremos ayudarte, también somos recelosos ante lo que ocurrió, pero no podemos cuestionar los designios del señor Hades, él sigue siendo un dios después de todo y no podemos entender el porqué actuó así. Sólo quiero que pienses en una cosa Radamanthys, sé lo que harás y estarás cuestionando su autoridad, hasta quebrantando sus órdenes… ¿Vale la pena? No te dejaremos sólo en lo que decidas… pero recuerda, nosotros estaremos a tu lado en lo que decidas… ya no somos los jueces de Hades, somos tus amigos… -

El rubio apretó sus puños con fuerza y se dirigió a su habitación, se escuchó el golpe del portazo que este le dio a la puerta como consecuencia de conocer aquella inesperada noticia.

Minos dio un paso hacia atrás y se tumbó en el sofá – Era mejor no haberle dicho nada… te lo dije… -

Aiacos se limitó a observar de reojo a Minos y mantenerse en silencio para volver su mirada al pasillo… el pelinegro estaba en lo cierto, las acciones de Radamanthys atentarían los designios del dios del inframundo. Analizando una de los por qué Pandora gozaba de una nueva vida sin recordar su pasado, era precisamente que el dios del inframundo quería mantener sus secretos alejados de todos… inclusive de sus propios espectros.

Roderick, Anette y Pandora se encontraban en el planetario en una función especial sobre las constelaciones, uno de los temas favoritos de Anette, la niña estaba feliz escuchando las estrellas que conformaban a cada una de estas, su historia mitológica y las estaciones del año en que era posible observarles. Pandora y Roderick colocaban atención a toda la charla que consistía en una gran proyección de la esfera celeste a la vez que los guías indicaban todos los aspectos importantes de cada una de las constelaciones.

– La historia de la constelación de Andrómeda me parece muy bonita – exclamó Anette – Diría que es mi mito griego favorito, aunque me gustan todos los mitos griegos… más que nada por las constelaciones. Casi todos tienen su origen allí ¿No les parece genial? –

- Si, nos parece genial Anette – respondió con una sonrisa Roderick

- Pero no siento que ustedes estén tan entusiasmados como yo. –

- Es que no gozamos de la misma energía que tu derrochas Anette – replicó Pandora acariciando su cabeza.

- Por cierto ¿Cuál es su mito griego favorito? –

Roderick se quedó pensativo unos instantes. – Creo que lo único griego que recuerdo es la relación de Hermes con la medicina… o algo así –

- Es Asclepio hermano tonto… Hermes es el dios mensajero. –

- Ya ves… no tengo idea jeje –

Anette entrecerró sus ojos hacia su hermano y luego observó a Pandora. – Aunque para qué te pregunto si tu nombre encierra todo un mito griego, Pandora, la mujer que liberó todos los males de este mundo y sólo dejó la esperanza atrapada en una caja… Aunque no entiendo porqué la esperanza puede ser el peor de todos los males. –

- Es sencillo – le sonrió Pandora – Nietzche bien lo dijo "La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el sufrimiento de los hombres". Esperar por algo durante un largo tiempo o quizá toda una vida hace que la añoranza sea más grande, esa espera sea alimentada con ilusión y al final la decepción sea enorme. Aunque ninguno de nosotros sabe que pueda ocurrir en el futuro la mayoría de cosas que se quiere que ocurran, nunca pasarán… aunque todo depende de cómo tomas las cosas… -

- Creo que no entendí… - respondió Anette

Pandora y Roderick empezaron a reírse de la niña. – Quizá aprendas el significado de esa palabra con el pasar de los años Anette, no te preocupes mucho por ello. – añadió la mujer

Siguieron en aquella explicación de las constelaciones un rato más hasta que aquella función terminó, luego tomaron rumbo hacia la casa de los Weiner donde dejarían a Anette para que se fuera a dormir, para que luego Roderick llevara a Pandora a casa. Durante el trayecto charlaron amenamente sobre varios temas de tal modo que el camino se hizo corto.

Roderick descendió del vehículo y acompañó a Pandora hacia la entrada de su casa. – Quiero hablar contigo de una cosa… - exclamó el hombre.

- ¿Qué ocurre? ¿Sucede algo malo? – Pandora se sintió un poco confundida, especialmente porque el semblante de Roderick estaba muy serio y la forma en que la miraba era intensa.

- Nada malo, solo quiero hablar de algo… que he querido tratar hace tiempo pero no me animaba a hacerlo. –

- ¿Sobre Anette? –

- No… sobre ti. –

- ¿Sobre mi? Espera, Roderick, me estás asustando ¿Qué ocurre? –

El hombre sacó de su bolsillo un pañuelo de color azul y se lo mostró a la mujer. – Con la luz de la calle podrás notarlo… ¿De qué color es este pañuelo? –

Pandora se quedó sorprendida, bajó su mirada y no dijo absolutamente nada.

- ¿Por qué nunca nos dijiste algo así a nosotros? Sufres de Acromatopsia y no querías decírnoslo ¿Por qué? ¿Acaso no confías en nosotros? –

- Yo… no lo vi necesario, es que estoy acostumbrada ya a desconocer los colores de las cosas… que no lo creí conveniente. –

- Pandora… - tomó la barbilla de la mujer e hizo que le observara directamente a los ojos – Esto es tan sólo un reflejo de lo que eres, demasiado callada, demasiado metida en sus cosas. Aparentas tener una vida normal, una rutina, algo que te llena... pero, ¿No crees que estás demasiado sola? Necesitar de alguien en quien confiar, en quien creer… que te apoye cuando lo necesites sin importar el momento del día. Yo muchas veces me he preguntado el porqué tienes esa forma tan melancólica de observar el mundo a tu alrededor… aunque trates de disimularlo no puedes hacerlo. – Suspiró - Yo lo he notado… -

- Es mi elección… - respondió fríamente.

- Es una pésima elección… ¿Crees que serás feliz? Eres joven, brillante, inteligente, hermosa… ¿Es justo que te des esa clase de vida? ¿A que le temes? –

Pandora se alejó de Roderick quedando atrapada entre este y la puerta de su casa, aunque en el fondo sus palabras eran ciertas, ella sentía que no necesitaba de nadie… ni esperaba que alguien llegara a su vida para que todas esas necesidades fueran solventadas.

- Sólo te diré una cosa, algún día quizá necesites de alguien… y yo quiero ser ese alguien. Buenas noches. – acercó su rostro peligrosamente al rostro de la mujer pero se limitó a dejar un beso en la mejilla de la mujer, para luego marcharse y dejarla con aquella confesión en su cabeza… Pandora no sabía lo que quería para ella… aún no lo sabía.

El juez de Wyvern caminaba por los pasillos del castillo Heinstein, la líder del ejército de Hades le había mandado llamar para charlar sobre los asuntos concernientes a la cercana guerra contra el santuario. La música del arpa que la dama tocaba se hacía más fuerte a medida que se acercaba a aquel salón donde siempre la encontraba, la escuchaba y le adoraba en silencio. Aunque hoy estuviese decidido en permitir que una parte de su humanidad saliera a relucir. Radamanthys aunque fuese conocido como el temible juez de Wyvern, el temible dragón se había dejado doblegar por el porte, la elegancia, frialdad y misticismo que la dama del inframundo poseía.

- Debes recordar Radamanthys, que nosotros tenemos un compromiso con el señor Hades- ella replicó, él se limitaba a observar como ella se acercaba a él y le indicaba que se reincorporara.

- Aunque nuestra parte humana nos haga sentir, tenemos prioridades – abrió sus hermosos ojos violáceos, observando con una profunda melancolía al juez, quien no pudo evitar sentir como en alguna parte de su corazón sintiera pena por aquella mujer.

- ¿Acaso quieres tener una carga de esperanza sobre los hombros? – sintió el dulce aroma de la mujer, a la vez que la mano de esta tomaba con delicadeza la suya, el contacto era una total delicia, la suavidad de su piel causaba descargas eléctricas que recorrían toda su espalda. Para que luego fuese dirigida hacia el rostro de la dama, sintiendo el dulce tacto de la mejilla de la dama, quien cerró sus ojos disfrutando de la misma forma aquel tacto.

- Quizá en otra vida…. – soltó su mano y le dio la espalda - las cosas serían distintas.

Radamanthys abrió sus ojos de par en par y se levantó un poco impresionado, estaba empapado en sudor, apretaba con fuerza sus dientes y sus puños, observó la mano que había tomado aquella vez Pandora y recordó aquella embriagante sensación del contacto con la mujer… hace mucho tiempo que no tenía aquel sueño, años quizá y ahora que este apareciera de nuevo le hacía añorar aquel contacto con la mujer. En ese instante las maquinaciones, teorías de conspiraciones y traiciones se hicieron nulas para el antiguo Wyvern… en ese instante lo único que más deseaba era poder sentir de nuevo aquella sensación que había dado por perdida hace cinco años atrás. Los deseos de Hades eran descartables… ahora Radamanthys actuaría sólo por sus anhelos… Alemania era la única respuesta para él.

Comentarios del Autor

En primer lugar quiero pedir perdón si este capitulo quedó un poco corto o no es igual que los demás… lo sé estuve exprimiendo la musa Dx porque ando en época de finales de la uni y pues bueno esto salió. Pero ya vienen las vacaciones y espero actualizar con mayor frecuencia.

Gracias a todas las personas que han dejado sus reviews ¡Pensaba que había menos fans de la pareja de Pandora y Radamanthys! Es mi favorita de todo SS y sus palabras de animo y criticas me han subido mucho la moral. Espero que disfruten de este cap, se vienen las cosas buenas (espero) vamos a fangrilear mucho :D