- Hay varias cosas que me alegran en la vida… - comentaba el hombre con el que Radamanthys habló el otro día en la oficina – una de ellas es tener la razón – esbozó una enorme sonrisa y carcajeó un poco, para después darle unas palmaditas en la espalda a Radamanthys, quien se limitaba a mantenerse en sus cabales, en silencio y como siempre serio – muchacho, más sabe el propio diablo por viejo, que por diablo. Es lo que algunas veces se dice y hoy lo reafirmo. No sabes cómo me alegra que hayas aceptado mi oferta. – el hombre se dirigió hacia una mesa, la abrió y sacó de allí dos vasos de whiskey sirviendo para él y para el rubio. – Aunque hay algo que me causa curiosidad, no he podido olvidar aquella expresión que tenía tu rostro cuando te ofrecí el trabajo en Alemania, ahora tienes una mirada diferente ¿Qué te hizo cambiar de opinión? –

Radamanthys observó el vaso con aquel líquido amarillento, como odiaba tomarlo sin hielo, es igual que hacer algo que te divierte pero con un tremendo dolor de cabeza o cualquier cosa satisfactoria que no te llena totalmente, tuvo que disimular su fastidio y beber un sorbo, sólo así podía contener el tema en cuestión. – Asuntos inconclusos. – respondió tajantemente y si que era un enorme asunto inconcluso, de años, meses y noches en vela. Esta vez Radamanthys no dejaría escapar una oportunidad así por nada del mundo, especialmente cuando todas las cosas se estaban dando a su favor.

- Ya veo, parece que es algo muy interesante. No indagaré más en lo que sea que tengas pendiente en aquel lugar. Lo que me importa es que mis expectativas se cumplan y con creces. – El hombre buscó en el cajón del escritorio una carpeta llena de papeles, para luego facilitársela al rubio – Aquí están todo lo que tiene que ver con tu nuevo contrato y la fecha en que empezarías a trabajar, - por su parte Radamanthys ojeaba los papeles – el próximo Lunes debes estar en las oficinas de Alemania, tienes menos de una semana para dejar tus asuntos aquí en Inglaterra resueltos o al menos pospuestos. A más tardar el viernes debes estar en Berlín, también hay una serie de direcciones y fotografías de los sitios que son de la compañía para que puedas vivir, podrás examinarlos con calma esta tarde, todos los pendientes que tengas aquí en la oficina pasan a tu reemplazo. ¿Hay algún inconveniente? –

- Ninguno. – respondió el rubio quien estaba más concentrado en ver las direcciones de las diez posibles próximas residencias para él.

- Sin más, nuestra reunión ha terminado, como hombre precavido creo que tienes tus papeles listos para eventuales viajes. –

Radamanthys se levantó de la silla – Si señor, todo está preparado. – los dos hombres se despidieron con un apretón de manos. De inmediato Radamanthys se dirigió a su oficina, el tiempo empezaba a correr y le urgía estar en Alemania lo más pronto posible.

Al contrario de lo que Aiacos y Minos esperaban, Radamanthys no tuvo que ser contenido, ni mucho menos salió corriendo al aeropuerto para tomar el primer vuelo a Alemania. Aquella noche después de enterarse de la noticia permaneció metido en su habitación, obviamente solo pudo dormir un poco porque el resto del tiempo se mantuvo pensando en aquella mujer, en lo que ella podía pensar de él y todas las cosas que ocurrieron, más la situación actual de Pandora. Cuando llegó la mañana Radamanthys pidió a Aiacos que le dejara hablar con Lune.

Aún reacio con el asunto de que ella no recordaba nada, Radamanthys trató de ir al grano averiguando lo que quería del noruego, luego se encargaría de hablar con él y comprobar si el juicio de Lune estaba errado o si este estaba conspirando con Pandora. El rubio era demasiado desconfiado, no aceptaba cosas simples de buenas a primeras y siempre tenía un pero para todo, Radamanthys en algún punto se tendría que dar cuenta que su peor enemigo no era nadie más que él mismo. Consiguió información básica de la mujer, el sitio donde trabajaba y vivía, estudios y cosas que eran de conocimiento público cuando se trabajaba en una empresa, al menos su sentido común no exigió un número telefónico, el corroboraría todo al estar junto a ella… una llamada sólo la alertaría si es que estaba fingiendo todo este tiempo. Se dirigió al balcón de su apartamento después de hablar con Lune, para luego quedarse allí durante varias horas fumando y observando los datos que había anotado. Cuando consumió una cajetilla y media notó que Aiacos había pedido una pizza, tomó un par de pedazos y se internó de nuevo en su habitación, debía pensar en la propuesta que el viernes había dejado su jefe sobre la mesa. Detestaba admitirlo pero tenía que tragarse sus palabras… nunca digas nunca Radamanthys.

Ahora en su oficina, con aquellos papeles en sus manos empezó a examinar una a una las casas y posibles direcciones para residir, unas eran cerca a su trabajo, ubicadas cerca al centro de Berlín, de todas formas no satisfacían lo que él buscaba. Quería estar cerca de ella, así que seguía analizando, hasta que observó la dirección de la octava casa y luego de constatar con un mapa de Berlín encontró lo que estaba buscando. Radamanthys no pudo evitar sonreír ladinamente, no esperaba que las cosas estuvieran saliendo de una forma del algún modo fácil para el ¿El universo conspirando a su favor? Puras tonterías, solamente estaba en una buena racha… esperaba que no terminara pronto. Tomó la carpeta junto a una caja donde estaban las últimas cosas de su oficina, llevaría todo eso a su auto y se iría a casa, debía terminar de leer el contrato y dejar todos sus asuntos sin pendientes. Porque de algo estaba seguro el inglés, volvería con o sin Pandora, pero regresaría después de un año a Inglaterra, por varios motivos no soportaba Alemania y el era de algún modo más apegado a su país… aunque en el fondo lo que más deseaba era no volver solo o al menos sin las respuestas que iba a buscar en la capital germana.

/

Por su parte Pandora no había pasado un buen fin de semana, el domingo fue un día que estuvo lleno de las palabras de Roderick. No quería prestar atención a aquella propuesta, aunque fuese clara y le demostraba que ella podía cambiar su vida y todas esas cosas que la convertían en una solitaria mujer. El problema es que Pandora sentía que aun no estaba preparada o no quería empezar a depender de otra persona, desde luego acostumbrada a estar sola y no requerir de un afecto así de cercano, la idea de que Roderick quisiera estar a su lado era aterradora. Como cualquier otra que viniera de otra persona. Podía calificarse como patético, ridículo o demente pero Pandora no se sentía lo suficientemente segura para desear estar con alguien.

Siendo algo extraño, ya que ella no podía interpretar claramente aquel cumulo de sentimientos que afloraban cada vez que se planteaba la idea de intentar algo más cercano y personal con una persona. ¿Cuál era el problema? No tenía idea, pero se trataba de una especie de bloqueo que ella misma se había impuesto, sin tener noción de algún porqué. El domingo era un dia que detestaba porque no tenía nada que hacer, sólo extender su rutina de ejercicios, meterse en la cocina para probar platos nuevos o leer más libros, pero siempre habían tiempos muertos y en esos tiempos muertos ella pensaba demasiadas cosas, sus necesidades, anhelos, temores y otras cosas que se veían totalmente opacadas cuando ella destinaba todo el tiempo a su trabajo y estudios.

De alguna forma pudo sobrevivir a un día así y llegó el lunes, los quehaceres se encargaron de borrar las palabras de Roderick, al menos en mayor parte, aunque esa sensación seguía allí presente. Especialmente una sensación de vacío que se agolpaba en su corazón y le hacía sentir demasiado triste y deprimida, como si de verdad extrañara a algo o a alguien, teniendo el conocimiento de que no lo vería nunca más en su vida. Solo de esa forma lo interpretaba aunque desconociera el culpable.

Mientras tanto, Effi debía compensar a Lune por lo del otro día, si no lo hacía, no podría quitarse de encima a Pandora hasta el final de sus días, la conocía tan bien que lo mejor era no rechistar y seguir sus órdenes. Se acercó a la oficina donde el noruego se encontraba leyendo un enorme folio, algo que había notado en Lune era su gusto por el orden y el silencio, algunas personas habían ganado sus miradas llenas de reprobación al hacer mucho ruido cuando llegaban a su oficina aprendiendo aquella lección. Aunque Effi fuera muy jovial y alegre no era tonta y sabía cuándo y con quien debía comportarse. Golpeó la puerta con cuidado para denotar su presencia.

- Siga – exclamó Lune a la vez que Effi abría la puerta con una gran sonrisa.

- ¿Te interrumpo? –

- No lo haces Effi, sigue y siéntate. –

- Gracias – respondió la mujer quien observó al hombre, de verdad era muy guapo, un galán, de algún modo ayudaría a Pandora con él. Era un buen partido, aunque su amiga siempre tenía buenos partidos y a todos les decía que no. Suspiró profundamente, bendita Pandora ¿Acaso sería una solterona durante toda su vida algo así? Detestaría ver como pasarían los años ella siempre sola mientras el tiempo marchitara su belleza, porque lo admitía su amiga era muy linda y tenía algo llamativo a pesar de que fuera tan borde… pero si Pandora no aceptaba a los hombres ¿Sería posible que…? Effi meneo la cabeza y colocó una expresión de desagrado con aquella idea, claro que no, dejaría de pensar tonterías tan a menudo.

Lune se quedó observándole con curiosidad, especialmente cuando la joven lo ignoró y se terminó perdiendo en sus pensamientos. Terminando por negar con su cabeza frente a un pensamiento que no le gustó. - ¿Ocurre algo Effi? – preguntó Lune quien no pudo evitar sentirse divertido ante la situación. Debía admitir que esa chica tenía su encanto, tal vez por eso era que se convirtió en amiga de Pandora, su carisma de algún modo lograba alegrar un rato.

Effi salió de sus pensamientos y al sentirse en evidencia se sonrojó y apenó de inmediato. – Eh… esto nada, absolutamente nada. Cosas mias, bobas y sin importancia – empezó a reírse nerviosamente – mejor iré al grano. Sé que me porté un poco mal, pero dirás que no es necesario, pero si es necesario, bueno como sea lo que importa es que no aceptaré un no como respuesta. ¿Aceptarías tomar un café conmigo esta tarde después del trabajo? –

Lune escuchó el enredo de la chica cerró sus ojos y finalmente asintió. – Supongo que no tengo elección – Effi se sintió aun más apenada – Aunque con o sin elección aceptaría. Claro podemos tomar un café ¿Por qué no? –

- Vaya ¡gracias! De la que me has salvado –

- Bueno, de nada. – Aunque Lune le debería agradecer a ella, le estaba dando la oportunidad perfecta de indagar sobre Pandora.

/

- ¿Ya tienen todo listo? – preguntó Minos quien cambiaba aburrido los canales en la televisión, desde uno donde una mujer de unos cincuenta años enseñaba a hacer un postre hasta uno de documentales donde el protagonista era un enorme tiburón blanco.

- Si, Radamanthys se encargó ya de todas sus cosas, ya sabes con todo esto sale a relucir su poder de organización y de ejecución. – respondió Aiacos quien observaba como en la nieve empezaba a caer en Londres.

- Entonces mañana en la noche sale el vuelo. –

- Sí, estaremos llegando a la madrugada a Alemania. Lune dijo que iría por nosotros al Aeropuerto, supongo que tendremos unas horas para acostumbrarnos. –

- ¿De verdad que ya tiene un sitio donde vivir ya? –

El pelinegro respondió asintiendo.

- Ese idiota, si que anda de suerte. Bueno aunque todo se debe a su contrato, quien sabe que tanto trabajo tenga que cumplir allá. – Minos sopló su flequillo y dejó descansar su cabeza sobre el sofá.

- De todas formas no me quedaré por mucho allí, una semana nada más. Espero que Lune pueda ayudarle a entender que no puede buscar a Pandora de buenas a primeras y pedir explicaciones. –

- Deja de decir estupideces Aiacos, lo primero que hará será buscarla. ¿Quieres hacer una apuesta? – los ojos de Minos brillaron con intensidad, había una cosas que le encantaba a los tres jueces: las apuestas, especialmente si tenía que ver con ellos mismos. Ya que sus comportamientos a veces eran muy lineales pero cabía la posibilidad de la incertidumbre.

- Claro – Aiacos sonrió triunfalmente - ¿En que consiste?

- Bueno, yo apuesto que Radamanthys actuará como un idiota, recién salido de un sanatorio mental y dejará a esa chica traumatizada de por vida. –

Aiacos arqueó una ceja, cerró sus ojos y no tuvo que pensar mucho su respuesta. – Si es así, apuesto a que no va a ser capaz de decirle algo… -

- Bueno, vete preparando ya sabemos quién va a ganar, es decir yo. –

- Eso ya lo veremos Minos, no debemos adelantarnos a las cosas. – nuevamente Aiacos se limitó a observar la capa blanca que se apoderaba de Londres. Al siguiente día marcharían a Alemania y empezaría la travesía del Wyvern.

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Sentía mucho frío, sabía por las sensaciones sobre su piel que nevaba, ella estaba tumbada sobre el piso cubierto de nieve y un intenso dolor se apoderaba de la parte baja y trasera de su torso, el problema era que no podía abrir sus ojos por más que quisiera y tampoco podía moverse. Dejó que el sentido del tacto le indicara cual era si situación y si había alguna forma de escapar de aquel lugar, cualquiera que fuera. De repente sintió un extraño sonido, eran el mismo que se producía cuando los pies se hundían en la nieve, aunque para este caso pertenecían a algo enorme, mucho más grande que un humano por la forma en que se producía el sonido de cuando se hundía en la nieve, así mismo iban acompañadas de una especie de serpenteo, como si arrastraran algo o mejor algo muy pesado se moviera por la nieve.

Su instinto le indico que permaneciera con sus ojos cerrados y esperara. Sintió el cálido y vaporoso aliento de algo sobre sus pies, luego subía por sus piernas, su espalda y terminaba en su rostro. Aquel ser no la tocaba pero podía sentir que su rostro era enorme. Se alejó de ella y sintió un enorme dolor en su espalda, como si su carne se desgarrara a la vez que sentía que algo cálido recorría su carne, algo similar a la sangre. Cuando ese ser se volvió a acercar a su rostro, sintió que varias gotas de un espeso líquido caían a su rostro, en ese preciso instante Pandora no pudo soportarlo más y abrió sus ojos. En ese instante observó un par de atemorizantes ojos que le observaban con furia, sus pupilas se contraían y podía notar su reflejo en ellas. Aquellos terroríficos ojos pertenecían a una enorme criatura de escamas negras y aspecto grotesco, la mujer cuando pudo observarla por completo logró determinar que se trataba de un enorme dragón, el cual tenía sus fauces untadas de lo que parecía ser sangre.

Pandora ahora estaba presa del pánico, intentó levantarse pero cayó nuevamente sobre la nieve, aquel terrible dolor seguía y no le permitía moverse. Cuando sus ojos quisieron encontrar la causa de este, una expresión de sorpresa se apoderó de su rostro la cual la dejó totalmente descolocada: Su espalda estaba desgarrada, había un rastro de sangre sobre la nieve y parte de sus órganos estaban expuestos… no tenía idea de cómo aún se encontraba con vida. Aquella criatura al notar que ella estaba consiente se mostró aún mas atemorizante. No supo la razón pero empezó a llorar, quizá al saber que moriría ahí mismo y sería devorada lentamente por aquella criatura. De sus labios no salió alguna palabra de súplica o algo por el estilo, porque a la vez que el miedo la embargaba una creciente ira también se apoderaba de ella. Observando con odio a aquella criatura. El dragón acercó su cabeza a ella, pero antes de llegar a un final… despertó.

Era la madrugada del viernes y justo en esos momentos, Radamanthys y Aiacos estaban llegando a la recepción del Aeropuerto de Berlín donde Lune les esperaba.

/

Mágica, aunque sonara ridículo así podría describir aquella madrugada Alemana, Radamanthys levantó su mirada al cielo viendo como uno a uno y en una extraña y embelesante danza, los copos de nieve caían y se adueñaban de las calles, los techos de los edificios y los parques. Sería un mentiroso si negara que se sentía nervioso, emocionado y con un poco de impaciencia. Estaba tan cerca de encontrar una respuesta a sus interrogantes, pero lo más importante de todo, la vería de nuevo. Dejaba de ser un fantasma en sus sueños para ser parte de una nueva realidad, todo tenía un toque demasiado dulzón, esperanzador y de por sí patético, pero era innegable que la situación llegaba a ser un poco poética y fantástica. ¿Acaso tenía que ser todo así con ella? Si, porque era algo demasiado poetico, con muchos matices dependiendo de la ocasión, como si todo se tratara de una enorme obra de Shakespeare o un soneto de aquellos juglares italianos que recitaban por las calles de alguna ciudad romántica como Florencia. Observó su reloj por millonésima vez, eran las cuatro de la mañana y Lune aparecía en la sala de espera del aeropuerto.

- Buenos días, Radamanthys y Aiacos. – saludó el Noruego respetuosamente.

- Lune, buenos días. – habló primero Aiacos quien salió primero a su encuentro, ya que Radamanthys se encontraba mas alejado de él al mantenerse observando la ventana. – Gracias por venir por nosotros.

- No hay ningún problema, busqué un permiso en el trabajo para esta ocasión. – respondió Lune

- Lune… - la gruesa voz de Radamanthys terminó por bajar la cordialidad y regresarlos al asunto por el que estaban allí. – Quiero que me hables de Pandora. – la penetrante mirada ambarina se clavó en el noruego quien no pudo negarse y luego de dejar el equipaje en el estacionamiento, dentro del auto de Lune, caminaron hacia una de las cafeterías del aeropuerto. Los tres pidieron un café y unos bocadillos para pasar la fría madrugada alemana.

- No tengo que repetir lo que ya Aiacos te contó, mi encuentro con Pandora fue neta casualidad. – exclamó el antiguo Balrog.

- Supongo que no. Pero quiero saber más cosas acerca de su comportamiento. Yo aun no me creo ese cuento barato de la pérdida de su memoria – añadió Radamanthys.

- Esta semana logré averiguar algo de más, el otro día intente mantener una conversación con ella pero sin éxito, al igual que la antigua Pandora sus asuntos son tan extraños para quienes están a su alrededor como lo fueron para nosotros. Así que pensé que recurrir a su única amiga del trabajo sería un gran avance. – empezó a contar Lune mientras Radamanthys arqueaba una ceja con un poco de escepticismo. – Como sabrás Pandora tiene una amiga a quien conoció en la universidad llamada Effi Steimberg. Todo lo que te contaré es porque lo averigüé de la propia boca de ella. –

- ¿Te tocó empezar a ligar a la amiga para sacar información Lune? – preguntó Aiacos burlonamente.

Lune suspiró – No exactamente… digamos que a su amiga le gusta jugar a la celestina. –

- ¿Celestina? – preguntó Rada

- Una especie de casamentera… - Lune se encogió en hombros mientras que Radamanthys ahora lo veía con ganas de matarlo en ese preciso instante.

- No me mires así, no tengo algún interés en ella. – replicó el noruego.

- Idiota, compórtate. – Aiacos le dio un golpe en el hombre a Rada quien se tumbó en la silla y le hizo a Lune un ademán para que prosiguiera.

- Como sea. Por lo que alcancé a conversar con Effi, ella es huérfana de padres desde muy pequeña, siempre se ha valido por si sola durante todos estos años. Consiguió uno de los promedios más destacables en los últimos años de su universidad, toda una mente brillante. Vive sola, mantiene estudios los fines de semana y gracias a Pandora su amiga terminó en el sitio donde ahora trabajan en aquella editorial alemana. –

- Esas son cosas que puedo averiguar en cualquier momento, necesito saber mas de su personalidad. –

- No podía ser tan evidente Radamanthys, después no quiero que por mis preguntas su amiga quiera que ella y yo salgamos. –

- Pues eso no me satisface. –

- ¿Cuánto tiempo anduviste de perro rastrero de Pandora y no conociste nada de su vida? - interrumpió Aiacos.

Radamanthys solo gruñó y se cruzó de brazos.

- Bueno, debemos ir primero a acomodarnos y después veremos que hacemos. – añadió el pelinegro.

Mientras iban en el automóvil a través de las calles alemanas, ninguno de los tres hombres exclamó alguna palabra. El paso por uno de los viaductos alemanes y las luces naranjas en medio de la oscuridad que iban y venían, mostraban el reflejo de tres estados de ánimo diferentes porque eran muchas las cosas que pasaban por la mente de Radamanthys, Aiacos y Lune. Toda la mañana fue destinada a los asuntos que concernían en primer lugar al trabajo de Radamanthys. Lune había pedido permiso de su trabajo para acompañar a los dos hombres, en primer lugar fueron a la casa de Lune, donde Aiacos se acomodaría, el pelinegro aunque hubiese soportado durante varios años a Radamanthys ya se estaba cansando de su endemoniado carácter y de paso hablaría con Lune de otros asuntos.

Un hombre esperaba a Radamanthys a la entrada del edificio donde estaba su nuevo apartamento en Berlín, Aiacos observaba aquella zona donde aparte de los apartamentos habían varias casas de color rojo y amarillo, cercanas a un parque.

- Bonito lugar, aunque me parece que esos apartamentos son pequeños. – exclamó Aiacos quien esperaba junto a Lune en el auto a que Radamanthys terminara con sus asuntos y dejara sus cosas.

- Creo que lo que menos importa es que sea grande o pequeño, sino el lugar. – respondió Lune

- ¿Por qué el lugar? –

- Porque en ese dúplex de allí. – Señaló el noruego – vive Pandora. –

- Estúpido y suertudo Radamanthys. –

/

Ya en la tarde, luego de haber terminado todo lo que concernía a los asuntos del inglés, los tres hombres estaban en una cafetería cercana a la editorial donde Lune trabajaba, era casi la hora de salida y Radamanthys se mostraba impaciente.

- Quiero ir a ese lugar. – sentenció Radamanthys.

- ¿Tan pronto? – inquirió Aiacos.

- Creo que he esperado lo suficiente. –

- Y yo creo que quieres armar un escándalo, por eso no quiero que vayas. –

- Lune. – el aludido observó su taza de café vacía y se levantó – Quiero ir. –

- Está bien. – fue lo único que respondió el sujeto de cabellos blancos.

Los tres hombres llegaron al edificio, subieron por el ascensor y llegaron en primer lugar a la oficina de Lune, obviamente necesitaban de una razón para estar allí. El noruego alegaría que necesitaba de unos papeles y sus dos amigos recién llegados simplemente le acompañarían. Caminó hacia la oficina donde Pandora siempre estaba y al abrirla se encontró con una no muy grata sorpresa, la alemana recién se había ido a la universidad, como todos los viernes.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Radamanthys

- Se acabó de ir, hacía la estación del metro. – respondió Lune.

Y sin tener la minima oportunidad para poderle detener, Radamanthys salió como alma que lleva el diablo de la oficina, bajando las escaleras para no tener que esperar un molesto y lento ascensor. No perdería la oportunidad de verla, no lo haría, necesitaba verla constatar con sus propios ojos la verdad. Estar seguro de que no era un sueño y de que no se trataba de una mujer mas, un recuerdo pasajero, una falsa coincidencia… alguien más con quien desahogar sus frustraciones.

Al llegar a la calle observó uno de los letreros que indicaba el acceso al metro más cercano. El inglés siguió corriendo a través de la gente, sintiendo como su respiración se volvía más dificultosa, porque aún no se recuperaba de aquel resfriado el cual por su falta de atención se tornaba en una infección respiratoria. Los copos de nieve caían sobre la capital Alemana y el destino quería indicarle por última vez a Radamanthys que estaba a punto de transitar un camino sin regreso.

Alcanzó a ver una mujer con una cabellera negra y rasgos similares a los de Pandora terminando de bajar las escaleras y doblando en una esquina. Corriendo llegó hasta la plataforma del metro, donde en una de las líneas observó como esta entraba a uno de los vagones, él se vio empujado por las personas en un vagón continuo pero al fin y al cabo la misma línea, cuando llegó a la puerta que los separaba, el antiguo juez de wyvern se quedó congelado en su sitio.

El tiempo pareció detenerse y sólo centrarse en él y en ella, aunque estuviesen separados por el vagón del metro, Radamanthys podía verla y su lógica empezaba a irse al diablo. De verdad era ella, tan irreal y en apariencia un poco distinta pero ella al fin y al cabo. La analizó de los pies a la cabeza, ya no vestía esas largas túnicas que ocultaban su cuerpo y apagaban a su propio ser, aquella piel blanquecida combinada con el negro ahora estaba cubierta por un abrigo rojo que resaltaba más sus colores y le daba un aire distinto, juventud… vida. Vestía un pantalón negro que mostraba sus largas y perfectas piernas, terminando con unas botas del mismo color. Su cabello seguía igual que antes, largo y negro, reposando casi por completo sobre su hombro derecho mientras ella estaba perdida en la lectura de un libro. Tan cerca ya a la vez tan lejos, Radamanthys se sentía elevado, su cabeza estaba a años luz de distancia y solo sentía el fuerte latido de su corazón. Fuerte, rebosante de vitalidad, pero a la vez cruelmente doloroso. Quería mucho más que un simple contacto visual, quería tenerla cerca, preguntarle frente a frente que ocurrió con ella, si le había mentido durante todo ese tiempo y en verdad lo quería ver lejos de su vida… Sólo quería saber eso y se marcharía aunque tuviera que terminar de matar a su corazón en el proceso, porque ¡maldita sea! Lo admitía, estaba loco por ella, ridículamente loco y en esos eternos minutos lo comprobaba… no era solo una atracción física, era magnetismo puro a su ser, su personalidad, sus palabras llenas de desesperanza que trataban de ocultar muchas cosas de ella. ¿Qué eres Pandora? ¿Qué significas para mí? El inglés sentía que estallaría en cualquier momento.

El metro se detuvo, una voz de una mujer alemana anunciaba la parada, el iba a actuar en ese instante, pero el caprichoso destino se le adelantó, Pandora se levantó de su silla y salió de su vagón, regresaba al principio, correr tras de ella para alcanzarle. La salida estaba un poco congestionada pero le seguiría el rastro, la vio subir las escaleras. Aquella estación marcaba que estaban cerca de una prestigiosa universidad, tal y como Lune le dijo, ella salía a estudiar. Luego de esquivar a las personas que se movilizaban por la estación del metro y salir de aquel lugar, observó a través de la calle. Ahora nevaba con más intensidad y las personas empezaban a usar sus paraguas, al menos para evitar estar cubiertos de nieve, y ahí la observó, ella caminaba por la otra acera con su propio paraguas, tenía la justa oportunidad para alcanzarla. El viento empezaba a volverse violento, los árboles sin hojas se movían ante sus arremetidas y las personas trataban de evitar que sus objetos salieran volando. Pero llegó una ráfaga que fue capaz de quitarle a la alemana el paraguas que llevaba en sus manos, cayendo al lado de un buzón, justamente en el lugar donde Radamanthys estaba acabando de cruzar la calle. El rubio se agachó y tomó el objeto, reacomodándolo luego de que el aire lo volteara.

En aquel ejercicio no había notado que una dama de un abrigo rojo estaba a su lado, solamente cuando escuchó su voz. Su dulce voz, la misma voz de mando, la misma fuerza con la que dirigía a los ejércitos de Hades y ese terrible sentimiento de nostalgia se apoderó de él.

- Gracias, ese es mi paraguas. -

Nota del Autor:

Se que prometi que actualizaria con mas frecuencia y antes me demoré en este capitulo. Es que sucedieron problemas con la uni esta semana, problemas que casi me joden de variadas formas o lo lograron en algun caso. Como sea el capitulo ya está arriba.

Pensaba en dejar el reencuentro con algo más, pero creo que las haré sufrir un poco más jujuju... ahora si, espero este viernes subir el nuevo cap. Porque de verdad que me he jodido terminando este.

Gracias a todas por sus reviews y sus mensajes, son lo que me animan para seguir escribiendo y hacia adelante. Tengo un par de ideas de fics de Pando y rada pero serán para cuando acabe este, quiero fangrilear al maximo.

Agradecimientos especiales:

Ade, Victoria Nike, HellLaufey, Melissia, Maler Katastrophal, Haaiah Linnae , Kleine Marionette y a todos los que stalkean este fic.