Capitulo 5: Reencuentro
"Sólo quisiera ser uno de los motivos de tu sonrisa, quizá un pequeño pensamiento de tu mente durante la mañana, o quizá un lindo recuerdo antes de dormir. Sólo quisiera ser una fugaz imagen frente a tus ojos, quizá una voz susurrante en tu oído, o quizá un leve roce en tus labios. Sólo quisiera ser alguien que quisieras tener a tu lado, quizá no durante todo el día, pero de una u otra forma, vivir en ti".
— Gabriela Mistral
- Gracias, ese es mi paraguas. – exclamó Pandora quien observaba a un hombre que estaba dándole la espalda mientras terminaba de acomodar aquel objeto. Aquel sujeto dio la vuelta y fue allí donde una sensación que nunca en su vida había experimentado, se apoderó de su cuerpo. Era electricidad, pura y excitante electricidad, de esa misma que recorre la espalda miles de veces durante escasos segundos, piernas que flaquean, respiración que precipitadamente se acelera, palpitaciones y un vacio en el estómago. Eso y mucho más era lo que estaba causando aquel hombre, alto, de contextura física fuerte y llamativa, cabellos cortos y un poco rebeldes, una llamativa uniceja y penetrantes ojos en los cuales los violáceos de ella se perdieron y para un tercero parecía que ocurría lo mismo con él.
Nuevamente el universo se detuvo y se olvidó de todos, excepto de aquellos dos, quienes en pocas ocasiones de sus vidas sintieron la unión de dos fuerzas imparables, dos ríos violentos que por fin cruzaban sus caminos y a partir de aquel momento no serían los mismos… nunca más. Y aquí era donde el destino celebraba una de sus grandes proezas, conspirar para unir dos vidas que quizá estaban destinadas a estar juntas, algo que aún era desconocido ya que todo dependería de las acciones de los dos protagonistas de aquella historia, SU historia.
Por primera vez en su vida, aunque ya lo hubiese deseado antes pero no lo recordaba, Pandora deseó conocer los colores, especialmente sus colores, aquellos ojos penetrantes que poseía el caballero con quien por azares del destino estaba frente a ella que poseía una mirada que la atraía y ella no podía evitarlo, solamente debía dejarse llevar. Y fue allí donde lo sintió de nuevo, dolor… un inmenso dolor que empezaba a punzar su corazón, pasó de un pequeño momento de irracional atracción a una cruel y desconocida realidad… ese sujeto le trajo un terrible sentimiento de nostalgia de un donde, cuando, como y quien que nunca jamás en su vida conoció, pero que estaba allí desde siempre.
Por su parte Radamanthys estaba en las mismas circunstancias y por fin había comprobado con sus propios ojos y de una manera cercana que se trataba de ella… indudablemente. Aquellos hermosos ojos color purpura, que a pesar de estar engañados por otra realidad seguían con aquel brillo, ocultaban esa verdad y reflejaban una lejana melancolía… la misma mirada que fue capaz de domarlo siendo un espectro de Hades, le enseñó respeto y lo castigó cuando osó no seguir una orden. Esa ventana al alma de Pandora que quería decir tantas cosas, imploraba ayuda y pedía auxilio, pero que era acallada con el propio comportamiento de la dama del inframundo. Aquellos orbes hermosos e intrigantes que desde un principio habían robado toda su atención y de paso su corazón.
Disfruto de la visión de su rostro, el cual aún podía ocultar los sentimientos de la mujer y se engalanaba con seriedad y elegancia, los años le terminaron de otorgar a Pandora la belleza de una mujer que había dejado su adolescencia, inclusive su niñez y que ahora era una mujer joven. Aquellos labios pequeños y delicados, suavemente pintados de un color rosado que engañaban a cualquier extraño con la imagen de una dulce joven, que en realidad ocultaba a una fuerte, madura y nada tonta mujer. Desde que la observó en el tren, Radamanthys no alcanzó a terminar de determinar la magnitud de su cambio, del hecho de que ya no fueran espectros y que ahora se comportaran como ellos mismos… aunque en este punto no todo aplicara para ella, hasta que la tuvo en frente y fue cuando llegaron los deseos… su cuerpo se tensó, apretó sus puños y toda su piel se puso como de gallina, no por el frio sino por el hecho de que su mente y su corazón se juntaran y la imaginación se echara a volar haciéndole imaginar lo que sería tenerla en sus brazos y oler su perfume, aquella embriagante esencia o gozar de una dulce caricia sobre aquella perfecta piel.
Pero el universo no se detendría por tanto tiempo y los dos se dieron cuenta que estaban actuado fuera de lo normal. Pandora aplacó sus emociones bajo su capa de seriedad, Radamanthys se negó a dejarse ver vencido desde un principio, los dos igual de orgullosos y temibles estaban colocando por encima sus egos antes de dejarse vencer por sentimientos banales y mundanos. Aún era pronto para declarar la paz en una guerra pospuesta.
- ¿Se encuentra bien? – preguntó la alemana. Quien pudo notar que en el rostro de aquel extraño signos de cansancio provenientes de sus ojos, su propio rostro y la forma en anormal en que respiraba, emitiendo un leve silbido. A pesar de que Pandora se hubiese embelesado con él, así mismo no perdía detalle de toda su humanidad. Algo parecía que no estaba bien.
- Estoy bien. – Respondió Radamanthys en perfecto alemán, pero dando a conocer que no era propio de las tierras germanas con un característico acento inglés. - ¿Por qué habría de no estarlo? – arqueó una ceja y acercó el paraguas a Pandora.
- Pues tiene razón, no me debería importar si se encuentra bien o no. Aunque su aspecto diga lo contrario. – recibió el paraguas de las manos de Radamanthys y lo examinó. – Debería ir a un médico y ese es el último consejo gratis que le daré. O de agradecimiento por esto. – abrió el paraguas para resguardarse de la nieve que empezaba a aumentar, pero nuevamente el viento interrumpió su acción y al estar concentrada con el paraguas casi pierde el equilibrio, siendo ayudada por el extraño quien le tomó por los brazos.
- Creo que la que no se encuentra bien es otra. – respondió el rubio con un ligero toque de ironía, quien de manera inconsciente no le había soltado.
- Está totalmente equivocado, me tomó desprevenida. ¿Podría soltarme? – preguntó la dama y de inmediato el aludido la dejo para observar la calle y el clima que empeoraría en cualquier instante. – Debo marcharme… - exclamó aunque una parte recóndita de su ser le dijera que no lo hiciera.
Radamanthys sabía que no podía dejarla ir así como así, tenía que hacer algo al respecto, pero mientras se decidía Pandora ya estaba dándole la espalda. – Espere… - dijo el rubio quien impulsivamente la tomó de la mano. Sintiendo nuevamente una descarga eléctrica que recorrió su cuerpo al sentir nuevamente el contacto con aquella delicada piel, igual de relajante y excitante que en aquella ocasión, siendo Pandora quien lo observó un poco sorprendida, mientras por dentro se debatía el porqué sentía cosas tan fuertes con un simple contacto.
- ¿Qué ocurre? – preguntó, a la vez que se soltaba de aquel agarre.
- Seguiré su consejo, soy nuevo aquí ¿Podría recomendarme un buen hospital para realizarme un chequeo? – fue lo único que se le ocurrió a Radamanthys preguntar.
Pandora le respondió con el nombre del sitio donde trabajaba Roderick, uno de los hospitales más prestigiosos de Berlin y lideres en medicina en todo Alemania.
- Gracias. – respondió el rubio.
- Por nada…- ella vaciló, pero no perdía nada al saberlo - ¿Cómo se llama? –
- Radamanthys – el intentó hacerle recordar.
- Pandora. – ella creía que era la primera vez que lo conocía en su vida.
Y luego de escuchar sus nombres, los dos se separaron para seguir sus respectivos caminos. Aunque Radamanthys pensó en detenerla o obligarla a que le dijera la verdad, algo lo detuvo, simplemente se quedó observando como ella desaparecía en la distancia. Se tomaría su tiempo para descubrir todo, encontrar sus respuestas y no dejar ningún cabo suelto, comprobaría todo con sus sentidos, tocaría la verdad con sus manos y al final decidiría como actuar ya fuese escuchando la voz de la razón o la del corazón.
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Aquella noche ninguno de los dos fue capaz de dormir pensando en el otro, o al menos dedicar una larga jornada de sueño. Todo se resumía a escalofríos, electricidad, recuerdos y un tal vez. Durante las horas que permaneció en la universidad, Pandora no fue capaz de alejar la figura del extranjero de su mente, al llegar a su casa y estar metida en su cama el recordar sus rasgos se convirtió en un placer culpable, el cual era notado por las veces en que mordía su labio inferior, cerraba sus ojos y dejaba que su mente divagara. ¿Qué le ocurría? Nunca antes se había acercado a un extraño de esa forma, ni mucho menos entabló una conversación de ese estilo con alguien a quien recién conocía en la calle. Giró su cuerpo en dirección de la ventana, por los reportes del clima seguiría nevando por lo que quedaba del invierno, con algunos intervalos donde la nieve cedería, acomodó su cuerpo entre las sabanas y pensó si él se encontraba bien, por su acento logró concluir que se trataba de un inglés, a pesar de que ellos se jactaran de su resistencia y gran modo de vida; Pandora no pudo evitar sonreír al recordar que los inviernos alemanes eran muy fuertes. Ojala aquel obstinado se cuidara.
Nuevamente se reprocho ¿Qué hacia pensando en la salud de un desconocido? ¿En qué clase de tonta se estaba convirtiendo? Negó con la cabeza intentando apartar aquellos pensamientos de su mente y fue allí cuando se quedó observando su mano derecha, la cual había tomado ese sujeto llamado Radamanthys. No podía negar que le encantó aquel contacto, sintió cosquillas y muchas cosas que la recorrían enteramente, además debía aceptar que era llamativo, guapo a sus gustos. Pandora ¿Desde cuándo tienes gustos? Se giró de nuevo en la cama intentando dejar de pensar en él, dejaría de escuchar esas tontas conversaciones de Effi sobre conseguir pareja, estaba segura que ya le estaba afectando "Estúpido hombre…" susurró y se giró de nuevo en su cama. Escuchó a su perro quejarse, se sentó y vio que el animal estaba intentando dormir pero el movimiento de Pandora lo inquietaba.
- Lo lamento Herzog… - se volvió a acostar y esta vez si conciliaría el sueño y dejaría de pensar en lo que había ocurrido hace unas pocas horas. Aunque fue necesario pagar con una hora de insomnio de más, hasta que finalmente quedó dormida.
Por su parte Radamanthys llamó a Lune y le hizo saber a él y a Aiacos que se encontraba bien – y que no había hecho alguna estupidez – a pesar de estar supuestamente ya instalado en su nuevo apartamento en Berlín, el inglés decidió que pasaría esa noche en casa de Lune, más que nada porque no quería estar cerca de Pandora después de haberle visto y quería darse la noche para pensar en lo ocurrido. Luego de contarle a sus dos amigos lo ocurrido y de paso dejando un poco sorprendidos a los dos hombres quienes esperaban que Radamanthys se hubiese lanzado con preguntas hacia Pandora.
El rubio decidió quedarse toda la noche en la sala de la residencia de Lune, siendo acompañado por una acogedora calefacción, una buena botella de whisky que había comprado y por supuesto la remembranza de aquel reencuentro con Pandora. Por cada sorbo de aquella bebida las imágenes de hace unas horas volvían a su cabeza de una forma muy clara y el antiguo juez como si nunca hubiese dejado de tener aquel titulo, examinaba la evidencia y empezaba a sacar sus propias conclusiones. Por un lado si, debía darle crédito de una buena actuación, ignoró conocerlo de una manera magistral, tan bien que hasta el casi llegó a creerle, pero hacían falta muchas cosas para engañar al Wyvern o también para hacerle ver la verdad.
Algo que le hizo sacar una ladina sonrisa fue el consejo que Pandora le otorgo, al parecer recordándolo o no, seguía con ese afán de "proteger" la preciada vida de los espectros, aunque ahora se encontraran en escenarios distintos. Suspiró profundamente, sus ambarinos ojos se fijaron en un punto aleatorio de la pared al recordar su aspecto. Era un enorme cambio después de todo, especialmente para alguien que la detalló por tanto tiempo como Radamanthys, su forma de vestir y ahora como los años le daban un toque especial, alejada de la imagen de adolescente – aunque Pandora no imprimía su juventud en el pasado, pero si se podía notar ese aspecto si se era lo suficientemente observador – le llevaba a perder ligeramente la serenidad. Si antes se imaginaba las formas que ocultaban aquellos largos vestidos y soñaba con su exquisita piel, la sola idea de pensar en tener a una mujer completa a su lado le quitaba el aliento. Y a la vez disparaba un asunto amargo que en algún momento aparecería ¿Durante ese tiempo habrá estado con alguien? ¿Se sentía atraída por algún hombre en esos instantes? O peor ¿Ya estaba comprometida con alguien? La sola idea le estaba revolviendo el estómago, hacía arder su sangre y que los celos se hicieran presentes en aquellos instantes.
Radamanthys era un hombre posesivo, sabía lo que quería y como lo obtenía, durante aquellos cinco años muchas mujeres pasaban por su vida y no representaban un desafío para él. En cambio, Pandora era diferente, nunca le dio lugar a malinterpretaciones o abusos de confianza. A pesar de su edad se comportó como una dama y debía darle el crédito a la mujer por ello. Quizá su único problema es que haya traicionado a Hades y de tal manera, ayudando al enemigo… otra pregunta que se hizo durante años ¿Qué le llevó a hacerlo? Pandora era la más fiel de todos los seguidores de Hades, por lo que sabía había entregado su vida entera a la causa del dios del inframundo, para perderla en un instante y bajo las alas del Fénix. Apretó su puño con fuerza y bufó lleno de frustración. Si era verdad que ella no recordaba nada ¿Sería posible perdonarla? Radamanthys sabía que no lo haría, era demasiado obstinado como para dejar que las cosas siguieran como estaban, pero debía arreglárselas para encontrar al menos una respuesta o una señal que le satisficiera… el problema era cual y si al final su orgullo y su prejuicio serían capaces de ser dejados a un lado para dejar que todo quedara en el olvido y la sellada memoria de Pandora.
Todo se convertía en un sinfín de peros que empezaban a llevarlo a la frustración y quizá un poco de locura. Y eso que tan sólo era el principio, fue allí cuando recordó las palabras de Aiacos. Si el estado actual de Pandora correspondía a los designios del rey del inframundo, de su absoluta benevolencia, el hecho de buscar en medio de las ruinas ahogadas en un charco de olvido ¿Causarían mal a Pandora e incluso a él? Meneó la cabeza, eran muchos riesgos lo que indudablemente enfrentaría, pero había una voz dentro de él que le decía que debía seguir adelante, al fin y al cabo como el gran guerrero que fue, él no le temía a nada, ni siquiera a la cólera de un dios.
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Fue la primera mañana en muchos años donde sentía el peso de las horas sin sueño, a pesar de todo eso, Pandora era estricta en su rutina y no dejaría que un poco de cansancio dañara lo que hacía todos los días. Salió a hacer ejercicio, luego de desayunar y arreglarse tomó camino hacia la universidad, pensó que sería un largo día y recordó cuanto tiempo le quedaba de aquellos estudios de especialización que estaba emprendiendo… solo hasta Agosto se graduaría y podría tener un poco más de tiempo para ella. Aunque ese pensamiento se disolvería pronto en su mente, ya que no le gustaba andar con demasiado tiempo libre ni mucho menos dedicarlo a la soledad.
Pasado casi todo el día y cercana la hora para que las clases terminaran, Pandora observó su agenda y recordó que debía permanecer el domingo y parte del Lunes con Anette, Roderick le había pedido aquel favor ya que la madre de ellos decidió quedarse por más tiempo en Munich y el turno de este se tenía que extender casi todo el día, por lo tanto nadie podría cuidar a Anette como correspondía. Siendo Pandora quien ofreció su ayuda para que Anette fuera a pasar esos dos días en su casa. Aunque tenía que pasar por el hospital donde trabajaba Roderick para recogerle, ya que su hermana permanecería unas cuantas horas con él y así no molestar a Pandora con sus estudios de fin de semana. Se reprendió un poco por haberlo casi olvidado, si el día anterior lo había tenido presente casi todo el tiempo. Tomó el metro en dirección a uno de los hospitales más reconocidos en todo Berlín, lo que no sabía Pandora es que alguien si había tomado su consejo y estaba justo en ese mismo lugar haciéndose un chequeo.
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Era más de mediodía, Radamanthys se había despertado en la habitación de invitados, a duras penas recordaba que Aiacos lo dejó allí cuando lo encontró muriendo de la borrachera en la madrugada. Aunque esperaba controlarse al menos esa noche, descubrió que pensar en la nueva vida de Pandora y personas que quizá estuviesen involucradas con ella no servía de nada. Le dolía la cabeza y de un momento a otro una fuerte tos se apoderó de él, tuvo que sentarse sobre la cama y tratar de normalizar su respiración, al parecer su cuerpo estaba empezando a perder la batalla contra lo que parecía una infección respiratoria. Su garganta ardía demasiado y su voz empezaba a tornarse un poco ronca. Se levantó y enjuagó su cara, necesitaría un poco de medicina para sentirse mejor y comida… estaba que moría de hambre.
Cuando apareció en la sala, Aiacos lo esperaba con una expresión burlona mientras servía la mesa junto a Lune.
- Miren a quien tenemos aquí, nuestro bello durmiente. – dijo el pelinegro, Radamanthys solo gruñó. – Que bueno que estoy acostumbrado a tu comportamiento usual de idiota alfa. Traje medicinas. –
- Aunque debería comer primero. – añadió Lune quien señaló un lugar en el comedor.
- Gracias. – respondió el rubio, quien se sentó junto a sus dos compañeros para el almuerzo.
- Y bien, ¿Qué vas a hacer hoy? – preguntó Aiacos.
Radamanthys quien estaba ocupado con el arroz chino que los dos hombres habían comprado en un restaurante cercano, pasó el bocado y respondió muy seriamente. – Buscar a un médico, no quiero seguir enfermo. –
Aiacos se quedó boquiabierto, ya que a pesar de las pocas veces en que le dijo que hiciera algo por aquel resfrió el rubio siempre le ignoraba. – Vaya, creo que empezamos una época de milagros. – Lune observaba la escena con un poco de curiosidad. – Lleva un par de semanas enfermo y el idiota no ha querido ir a un chequeo.-
- No me gustan los médicos… - respondió el inglés.
- Esas son pésimas excusas Radamanthys. – añadió Aiacos.
Luego de comer, permanecieron un rato más en la vivienda de Lune, más que nada esperando a que Radamanthys se sintiera un poco mejor para salir, luego tomaron camino hacia la casa de Radamanthys en aquel edificio. Al llegar Aiacos junto a Lune se quedaron observando hacia los dúplex de al frente en donde uno de ellos vivía Pandora, mientras que el rubio se bañaba y se colocaba decente si era que iba a visitar un médico.
- Hasta tiene vista a su casa… ¡Maldito con suerte! – exclamó el peli negro. – Me pregunto si ella estará ahí. – Aiacos agudizó su vista para ver si había algún movimiento en donde la mujer vivía.
- No está, su amiga me contaba que los viernes en la noche y sabados la pasaba en la universidad. "Tiene un marcado gusto por no tener tiempo ni para ella misma" – Lune sonrió recordando la cara que Effi colocaba cuando exclamó eso.
- Pues no pierde ese compromiso con la causa. Ya sea con Hades o con su formación. Es un poco pesado, aunque me gusta tener mis responsabilidades, es exagerar un poco. – Aiacos se cruzó de brazos.
- Son gustos Aiacos, algunas personas preferimos muchas responsabilidades todo el tiempo. – Añadió Lune.
- Dejen de parlotear, parecen un par de vecinas chismosas. – interrumpió Radamanthys.
- Mira quién habla, eres el amargado de la vecindad. En fin. – Aiacos suspiró – A ver Sherlock ¿Qué medico quieres que te atienda? –
- No lo sé, solo quiero ir a un hospital. – y no cualquier hospital, Radamanthys solo pensó en ese momento que el único lugar al que podía ir, era aquel sitio que Pandora le había recomendado, solo debía guiarse por el impulso, eso fue lo que aprendió de lo que pasó en apenas dos días.
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- ¿En qué piensas? – preguntó Anette
Pandora quien estaba sumida en sus pensamientos se sintió un poco fuera de lugar al no poder responder con la verdad a Anette. – Un proyecto de la especialización, debo encargarme de algunas cosas. – respondió la mujer, quien claramente no estaba pensando en aquello sino en un alguien a quien conoció recientemente.
- ¿Es muy difícil? Quizá podría ayudarte con ideas o algo así… - exclamó entusiasmada.
- Si, ya veremos en que me puedes ayudar, respondió amablemente. –
- Hace mucho que no me quedo en tu casa, extraño al viejo Herzog – suspiró Anette.
- Yo también creo que te ha extrañado, ya verás cómo te recibirá muy animado para que jueguen un buen rato. –
- ¿Podré sacarlo a pasear? –
- Claro, ¿Por qué no? Además debemos comprar las cosas de la cena… le hará bien salir. –
- Excelente, ahora me pregunto por qué mi hermano no aparece. –
Pandora y Anette esperaban en la recepción del hospital, las dos habían ido por las cosas de Anette en la oficina donde la niña había pasado parte de la tarde mientras Pandora aparecía y solo faltaba que Roderick se despidiera de su hermana para que partieran, eran casi las 7 de la noche en Alemania.
Por otra parte, el chequeo de Radamanthys se había extendido más de lo esperado por lo que los tres hombres aun permanecían a aquella hora en el hospital, el médico que le atendía terminaba de darle las ultimas indicaciones al inglés para evitar que aquella infección respiratoria llegara a convertise en un verdadero problema, luego de que ya estuviera listo, se preparaban para salir cuando el rubio se detuvo en el pasillo cercano a la recepción.
- ¿Qué pasa? – preguntó Aiacos.
Lune, quien también se había dado cuenta de aquel asunto decidió responder. – Mira, Pandora está en la recepción acompañada de esa niña. –
- ¿Qué? ¿Dónde? – Aiacos se puso a buscar en las personas que estaban allí cuando vio a la alemana quien vestía un abrigo color chocolate acompañada de una jovencita con quien platicaba de una manera fluida. El pelinegro casi que no podía creerlo, al igual que sus dos compañeros en su momento era una visión un poco irreal, especialmente por la situación y la persona de quien se trataba. – Lo veo y aun no lo creo. Es verdad…-
Radamanthys tomó la delantera dispuesto a hablar con la mujer pero el fuerte agarre de Aiacos lo detuvo. – Espera… ¿Qué vas a hacer? –
- No lo sé, preguntarle con quien está y que hace aquí… - respondió el rubio.
- ¿Me estas tomando del pelo? No puedes ir a preguntar esa clase de cosas así como así. – Observó a Lune - ¿Sabes quién es? –
- No tengo la más mínima idea. – respondió el Noruego.
- Tengo que ir… -
- No seas terco Radamanthys… -
- Esperen, tengo una idea. – añadió Lune a la vez que los dos hombres le observaban. – Tan solo actúen normalmente. – el peli blanco tomó la delantera y se acercó a Pandora.
La alemana no se había dado cuenta de que los tres hombres la observaban ni mucho menos del momento en que Lune se acercó a donde ella estaba sentada junto a Anette.
- Buenas noches. – interrumpió el Noruego.
Pandora levantó su mirada y se levantó de su silla para saludar a Lune. – Oh buenas noches Lune. –
Lune le sonrió amablemente, a ella y a la jovencita quien se sintió un poco apenada por el joven. – No esperé encontrarme contigo en este lugar, ¿Todo está bien señorita Pandora? –
- No se preocupe. – respondió amablemente – Solamente vengo a acompañar a la hermana de un amigo. La voy a cuidar este fin de semana. –
- Hola, soy Anette. – la chica extendió su mano en forma de saludo.
- Mucho gusto, mi nombre es Lune. – el noruego tomó su mano y le dio un suave beso. La niña se sonrojó completamente.
- ¿Y tú? ¿Estás enfermo o algo por el estilo Lune? – añadió Pandora con una pequeña sonrisa.
- Afortunadamente no. – el peli blanco giró un poco para que en escena aparecieran Aiacos y Radamanthys. Pandora se les quedó observando, por unos instantes al pelinegro, para después centrar toda su atención en el rubio. Ahora con más calma pudo disimular un poco, pero no pudo quitarle la mirada de encima – Estoy acompañando a mis amigos, ellos han venido desde Inglaterra por unos asuntos. Él es Aiacos. – el pelinegro extendió su mano y se saludaron – Y Radamanthys, está un poco resfriado, pero no es nada grave, por el estábamos aquí. –
El rubio y Pandora sostuvieron su mirada por unos instantes, luego se saludaron al extender sus manos y disimularon que no se habían visto antes. A sensación del contacto fue la misma de antes y esta vez empezaron a extrañarse un poco más. – Es un placer. – respondió la mujer sin quitar su mirada de encima de Radamanthys, solo unos instantes la distribuyó entre Lune y Aiacos para no ser tan evidente.
- Igualmente. – añadió el pelinegro con una ligera sonrisa.
- Ella es Anette. – Pandora colocó sus manos sobre los hombros de la chica quien por lo apenada que estaba con lo de Lune a duras penas saludó. – Espero que las cosas hayan salido bien. – añadió la dama, el mensaje iba claramente a Radamanthys quien no despegaba sus ojos de ella.
- Si, solo un simple descuido. – respondió finalmente el rubio.
- Debe tener cuidado, el invierno aquí es mas fuerte que en Inglaterra. – continuó Pandora.
- Lo tendré. –
En esos instantes Anette se alejó de Pandora, la dama se quedó observando mientras que la niña se encontraba con su hermano y le daba un abrazo. Roderick se mostraba un poco cansado, pero aún así le sonrió amablemente a su hermana. Anette se quedó susurrándole algo al odio de su hermano, este se quedó observando a Pandora y los hombres que la acompañaban y luego sonrió junto a ella, quien se sonrojó y se puso un poco nerviosa.
Roderick se acercó al grupo, observó a cada uno de los hombres colocando atención en ciertos detalles, pero lo que más le llamó la atención fue el rubio que observaba fijamente a Pandora, un mal presentimiento apareció en su corazón.
- Buenas noches. – saludó el hombre y recibió la misma respuesta por parte de los tres hombres.
- Hola. – respondió Pandora con quien se saludó de un beso en la mejilla, nada del otro mundo. Pero para Radamanthys eso se convirtió en un motivo de total alerta. – Roderick, te presento a Lune, el es un compañero del trabajo y ellos dos son sus amigos, Aiacos y Radamanthys. –
- Es un placer. – Roderick extendió su mano para saludarles, pero cuando la estrechó con Radamanthys estos dos se quedaron observándose y a la vez analizándose. Aunque no fuera evidente a partir de ese momento dos grandes rivales se estaban conociendo y en el fondo lo sabían. Radamanthys pensaba que frente a él tenía a un estúpido aparecido que no tenía derecho de estar de una forma tan cercana a Pandora y Roderick empezaba a desconfiar de aquel sujeto cuyos penetrantes ojos parecían más cercanos a los de una bestia o a los de un hombre.
- Igualmente. – arrastró aquellas palabras Radamanthys.
Aiacos y Lune, notando aquella tensión y tratando de evitar que algo sucedía, entendieron que debían sacar a Radamanthys de ese lugar de inmediato.
- Bueno, nosotros debemos irnos. – interrumpió Aiacos. – Debemos seguir las indicaciones y el frio no puede convivir con este descuidado. – sonrió tratando de alivianar la tensión.
- Señorita Pandora, que bueno saber que se encuentra bien, nos veremos el lunes. – Añadió Lune.
Radamanthys quien claramente estaba recurriendo a su autocontrol observó por ultima vez a Roderick, la chiquilla y luego Pandora. – Fue un placer… - dejó de observar a la mujer para clavar sus ambarinos ojos en aquel hombre. – haberles conocido. –
- Igualmente. – exclamó Roderick, junto a la declaración de guerra.
Nota del Autor:
Gracias! Gracias! Y mil gracias por sus comentarios… uff en serio sin sus comentarios no seria posible el fic, cada vez que necesito inspiración leo sus reviews y mensajes ¡Es lo que le da la vida al fic!
Vamos a ver como se pone la cosa, está color de hormiga, lo se slkjskjfsdjfhsdjfh pobre Rada, empieza a sufrir, no todo será color de rosa :P
Bueno chicas, aparte del cap, les tengo una sorpresa ¿Conocen tumblr? Bueno pues para quienes lo conozcan y quienes no, he creado un blog allí donde rebloguearé cosas que me servirán de inspiración para el fic y en fin para fangrilear con Pandora y Radamanthys.
La dirección es: la-dama-y-el-dragon(punto)tumblr(punto)com
Y también la pueden encontrar aquí en mi perfil de Fanfiction, espero tenerles mas sorpresas aparte de los caps para que sigan fangrileando, ¡un abrazo chicas!
