Summary: Después de unos años, la relación de tira y afloja que Edward y Bella mantienen tiene que parar. Bella ya no puede con esto y Edward parece no saciarse. "Los errores que cometiste en el pasado te condenaran toda tu vida, Edward. No importa cuando huyas".

Prohibida su réplica.

Disclaimer: Todo aquello que puedan reconocer no es mío.

Esta historia contendrá partes de sexo explícito por lo cual, estás leyendo bajo tu responsabilidad.

NOTA: En algunos momentos se mostrarán saltos al pasado de Bella, los cuales estarán solamente en cursiva. Las líneas que están entre comillas (" ") y en cursiva son comentarios internos de Bella, pero es como si alguien más se los dijera.


"And you could buy up all of the stars, but it wouldn't change who you are.

You're still living life in the dark

It's just who you are."

Marina and the Diamonds – Buy the Stars

- Así que… Dime, Frederick. ¿En que estás trabajando? Rose solo mencionó que estás cansado de New Orleans.

Nos encontrábamos en la sala de estar del pequeño apartamento de Rose (el cual era por un par de meses, ya que todavía no se mudaba a su nueva casa) actualizándonos debido que, por lo que había dicho Freddie, no nos veíamos hace más de 4 años.

- Yo estoy trabajando en un bufete de abogados. Nos va bastante bien. Al principio decidimos trabajar como un organismo independiente, pero tras ver el éxito que obtuvimos, una empresa realmente importante con una de sus cedes muy grandes en New Orleans decidió contratarnos.- Sonrió pagado de si mismo.

- ¿Si? ¿Qué empresa es?- tomé un sorbo de mi Apple Martini.

- Cullen & Masen Co.- me atoré con mi trago. Rosalie soltó una carcajada y lo miré con los ojos entrecerrados.- ¿Qué ocurre?- terminó por preguntar él chico.

- Mi empresa está haciendo ahora un proyecto con Cullen & Masen Co. Trabajo codo a codo con Edward Cullen.- Sonreí ligeramente.

- ¿Codo a codo? Debe ser realmente importante el proyecto que están desarrollando, Bella. Solo he visto a Edward un par de veces desde que decidieron hacernos parte de la empresa y eso ya hace unos 8 meses.- tomó un sorbo de su cerveza y sonrió coqueto.

- Si… No es muy agradable que digamos, tú sabes. – Me senté derecha en el sofá y traté de imitar su voz- Hola, soy Edward Cullen. Ponte en tus rodillas para alabarme. Soy hermoso.- Reímos y Rose me miró de forma seria.

- Para lo único que te arrodillas no es para alabarlo precisamente.- Masculló escondida bajo su mano. "Perra."

Le envié una mirada de "Cállate-la-puta-boca" agradecí que Freddie no lo haya escuchado y si lo hizo, fingió muy bien.

- Creo que debemos hacerte un tour por Los Hamptons.- "Si, y espero que empecemos por mi cama"- Lo necesitas. Rose mencionó que planeas quedarte alrededor de dos semanas.

- Algo así. No he tomado vacaciones en años, ya que como te dije, he estado trabajando sin parar y planeé no volver hasta dentro de un mes. Puede que esté un tiempo aquí, luego volveré a Forks… No lo sé.

Forks… ¿Cómo estarán Charlie y Renée? "No deben importarte, Isabella. Ellos te empujaron fuera de su vida, no tú." ¿Y Ángela? Recuerdo que ella tenía planeado acudir a la universidad de Washington junto a Ben, su novio.

¿Habrá funcionado? ¿Y qué si no? ¿Y la perra de Jessica? Después de muchos años, numerosas dudas asaltaron a mi mente. Mil preguntas respondidas por otras preguntas se estaban tomando el control de mi conciencia y parecían no querer dejarla libre.

-…. ¿Bella?- La voz de Rosalie logró sacarme de mis cavilaciones y la miré fijo.

- Lo siento, ¿Qué ocurre?- Me regañó con la mirada y suspiró molesta.

- Tu teléfono acaba de sonar.

Me paré rápidamente y caminé hacia mi bolso.

"2 Llamadas Perdidas De: E Cullen"

Aguanté la respiración y lo bloqueé. No necesitaba distracciones como él ahora. Volteé para volver a mi puesto, pero el teléfono comenzó a sonar nuevamente.

"Don't make me sad, don't make me cry, sometimes love is not enough when the road gets though, I don't know why…"* No sabía si reír o llorar por lo irónico de la canción.

Rosalie me mandó una mirada de "Contesta el puto teléfono o te golpeo"

Lo cogí rápidamente y contesté.

- ¿Sí?- traté de sonar calmada.

- Isabella, estoy fuera de tu casa.- Edward parecía algo impaciente. Levanté una ceja y suspiré. "Huele a pasado, Isabella."

- No, Edward.- Deseé poder tapar mi boca y borrar lo dicho anteriormente. Mierda.- No puedo.

Escuché a Rosalie resoplar.

- Hey, Bells. ¿Deseas jugar conmigo?- Giré mi cuerpo para fijar mi vista en Freddie, el cual agitaba en su mano un mazo de cartas. "Sí, Freddie. Sí quiero jugar contigo, pero no a las cartas precisamente."

- ¿Estás con alguien, Isabella?- la ira en la voz de Edward era palpable. Sonreí un poco y asentí hacia Freddie. Sí, lo dicho por el chico de ojos azules podía ser perfectamente mal interpretable.

- Tengo que ir. Adiós.- Corté la llamada y me carcajeé. Rosalie me miró un poco levantando una ceja. Apunté con la cabeza a su hermano y pareció entender todo, se carcajeó junto a mí, mientras aplaudía.

Me acerqué a Frederick y me senté en el puesto situado frente a él.

- ¿Póquer? Por que strip póquer* no juego.- Le regalé una sonrisa.- Al menos no frente a tu hermana.

Rose bufó.

- Bella, te he visto desnuda millones de veces.- Reí por su respuesta.- No sería nada nuevo.

Después de un rato se nos unió Rose y terminé siendo la ganadora de 3 partidas consecutivas contra las hermanos Hale.

La noche pasó tranquila y para cuando vi la hora ya marcaban las 2:46 de la mañana.

- Yo creo que me iré. Mañana tengo que trabajar y estoy cansada. Soy una abuela.- Reímos algo afectados por el alcohol. Me despedí de Rose y cuando me acerqué para hacer lo mismo con Frederick, me tomó de la cara con sus dos manos y me besó en los labios.

Contenta con su atrevimiento, me senté en su regazo y lo besé devuelta.

Nuestros labios batallaban por quien tomaba el control y se sentía realmente bien. Era una guerra sin fin. Sus labios eran juguetones, pero precisos, sabían donde atacar.

- ¡Oh, por dios! Bella. Recuerda que es mi hermano.- Rose tiró de mi cabello y llevé mi cabeza hacia atrás, cosa que el chico aprovechó y comenzó a besar mi cuello. Lo mordió y no pude evitar soltar un gemido algo agudo.- Ya, suficiente. Estoy presente y no deseo hacer un trío con mi propio hermano.

Ésta vez me tiró del brazo y me paré algo mareada.

- Adiós, Isabella.- dijo Frederick antes de que saliera por la puerta.

El camino hacia mi hogar fue lento y seguro. Al llegar me di cuenta de que en la puerta estaba estacionado un coche, pero no era cualquier coche. Era un Volvo C30 Plateado.

- Éste puto…- Me bajé furiosa y algo borracha del mi coche, caminé a trompicones hasta su puerta y golpeé el vidrio.- Hey, puto. Sal de ahí.- Me alejé un par de pasos y esperé.

Abrió la puerta y salió de forma rápida.

- ¿Dónde estabas?- tomó mi brazo fuertemente y trató de besarme. Alejé mi cara y me solté, pero el efecto de los tragos en mi cuerpo me hizo tropezar y caer de espalda al suelo. Reí un poco y luego me fijé que las palmas de mis manos comenzaban a sangrar.

- Mierda.- Me apoyé en el suelo para poder pararme y al hacer presión en las heridas, estas ardieron.- Argh.- Sentí que Edward me tomaba nuevamente por el brazo y tironeaba de él para poder elevarme. Una vez de pie, me giré hacia él y sonreí levemente. "No, Isabella. Ebriamente."-Gracias.- Caminé hacia la entrada y dejé a Edward parado en la calle. Sentí que me seguía y suspiré cansada.

- Hey, tú no te vas. Yo quiero…

- Tú, tú y tú. Solo tú. Siempre ha sido de esa forma.- Lo interrumpí y bufé- En serio, Edward. Hay vida fuera de tu planeta.- Terminé de abrir torpemente la puerta.- ¿Por qué por una puta vez puedes ser como Emmett?- traté de cerrar la puerta, pero había metido el pie para evitar que fuera cerrada por completo.- Edward, saca tu pie. Tengo que dormir.- decidí dejar el tema ahí y aproveche para caminar hacia mi habitación. Subí las escaleras de forma lenta y pausada, evitando caer escalera abajo y terminar en emergencias.

- Tu no irás a ningún lado, Isabella- La forma en que dijo mi nombre pareció producir algo en mi zona sur, por lo cual, decidí escapar y corrí lo que quedaba de escaleras.

Al estar en el segundo piso sana y salva, Edward me empujó contra la pared y apoyo su frente contra la mía.

- ¿Qué tiene Emmett que no tenga yo?- Metió su mano fugazmente dentro de mí falda, corrió mis braguitas a un lado y metió uno de sus dedos de forma brusca dentro de mí. Me quejé y traté de que sacara su mano.- Emmett no produce esto en ti.- Empujó una vez más y el placer mezclado con el dolor me hizo jadear. Sonrió pagado de si mismo y volvió a repetir el movimiento. Agregó otro dedo y logré sacar su mano de mí falda.- Isabella, él no tiene nada que no tenga yo. Nada.- Se acercó poco a poco a mi boca.

- Él por lo menos tiene respeto hacia las mujeres.- Edward se quedó petrificado en su lugar y sonrió perverso.

- Una mujer que no puede procrear no merece respeto alguno.- Sin pensarlo dos veces, levanté mi mano rápidamente y la estampé con fuerza contra su cara. Las lágrimas se comenzaron a acumular en mis ojos y reprimí un sollozo.

Edward había tocado el único punto delicado para mí y él era una de las pocas personas que sabía eso.

- ¡¿Cómo te atreves?- le grité en la cara, lo empujé y caminé enfurecida hacia mi habitación. Cerré la puerta de un portazo cerrando con seguro, me saqué los tacones y me tiré contra la cama.

El hecho de ser infértil no era lo doloroso, eran las condiciones bajo las cuales me transformé. Y lo que produjo esto en mi vida, era aún peor.

- Bella, ¿Qué te ocurre, pequeña?- Renée se sentó en el borde de mi cama y acarició una de mis piernas. ¿Cómo le dices a tu madre que no te ha bajado tu periodo en dos meses? Siendo que sí, era "sexualmente activa". Argh, cuanto odiaba ese nombre. Y ella tenía amplio conocimiento de aquello. Edward y yo tomábamos precauciones cuando lo hacíamos. Yo tomaba la píldora y el usaba condones con espermicida. Me había hecho alrededor de 10 test de embarazo y cada uno daba negativo, aparte que tenía que estar aguantándome este puto dolor de útero. Algo más debía ser y me preocupaba de sobremanera… Era ahora o nunca.

- No me ha bajado.- enterré mi cara en la almohada para evitar ver su cara- Sé que no estoy embarazada, por que siempre tomo precauciones y me hecho por lo menos 10 test de embarazo, y son todos negativos.- Desenterré mi cara de mi escondite y me senté lentamente en la cama.

El rostro de mi madre mostraba escepticismo y sorpresa. Negó con la cabeza y me pregunté que ocurría.

- ¿Mamá?- Finalmente me miró y puso la boca en línea recta.

- Vamos al médico.- Tomó de mi brazo bruscamente y me obligó a salir de mi habitación.

Media hora más tarde, estaba sentada en la consulta de mi ginecóloga- la cual no visitaba hace unos meses- esperando que me llamaran. Sentí que decían mi nombre y mi madre y yo nos dirigimos a la consulta.

Renée se encargó de darle una pequeña introducción a Esme. La doctora solo escuchaba atentamente y asentía con la cabeza.

- Isabella- Llamó mi atención y la miré asustada- ¿Te ha dolido algo en los últimos meses? Sabemos que sufres de fuertes dolores a la llegada de tu periodo, pero… ¿Algo en especial?

Asentí con la cabeza.

- Sí. Hay veces que el dolor es insoportable. Durante la semana estuve en cama, ya que me dolía al caminar. Ahora no es tan horrible, pero es molesto. Muy molesto.- Esme arrugó el ceño y me hizo pasar a su camilla.

- Solo tocaré por fuera, ¿Está bien?- Asentí nuevamente y al sentir el leve apriete de Esme contra la zona de mi útero, jadeé de dolor. Ella me miró alarmada y llamó a la enfermera.- Te haremos unos exámenes de emergencia. Tenemos dos opciones, o algo está mal ahí dentro, o algo malo está a punto de ocurrir.- Renée se mordió el labio y sacó su teléfono para marcarle a alguien.

Me llevaron a la sala de ecografías en silla de ruedas. No tuve tiempo de sentirme avergonzada por esto, solo me encontraba desesperada.

Me acostaron en una camilla y bajaron las luces de la habitación hasta que ésta se transformo en una luz tenue. Pensé en llamar a Edward, pero no quería alarmarlo de forma innecesaria. A los pocos minutos llegó una señora con aspecto pulcro y con experiencia.

- Esto te dolerá, no te lo negaré- Roció un gel helado sobre mi abdomen- Tendré que apretarte acá, pero como eres delgada no tendré que hacerlo tanto.- Al sentir el empuje de el aparato que tenia en la mano sobre esa zona, pegué un grito ahogado. Empujó otra vez más y volví a jadear. Pareció ver algo en la pantalla que la hizo mirarme aterrorizada. Sacó su aparato de mi abdomen, pero éste seguía doliendo. Me hice un ovillo en la camilla y gimoteé un poco. Ahora dolía como los mil infiernos. Todo a mí alrededor parecía ir en cámara lenta. 5 enfermeras tomaron mi camilla y la llevaron a lo largo de un pasillo. Logré leer "Sala de operaciones" en un cartel azul. Ahora estaba aterrada. Paramos en una habitación de color blanca. Totalmente blanca.

Sentí que tomaban mi brazo y vi una joven con sonrisa sincera. Golpeó suavemente donde debía estar mi vena.

- Necesito que empuñes la mano.- Hice lo que me pidió y la vi sacar una aguja de un carrito metálico cercano a ella. Desvié la mirada hacia el otro lado y traté de no alarmarme.- Solo dolerá un poco, Isabella. Ahora, quiero que tomes una bocanada de aire.- Abrí la boca para hacerlo y solo llevaba un poco de aire cuando sentí como se introducía la aguja dentro de mi piel y me mordí el labio para no protestar.

- Perfecto, lo hiciste un bien. Te administraré anestesia, ¿Está bien?- levanté el dedo pulgar para darle la positiva. Después de unos minutos, ya no sentí nada.

Al abrir los ojos otra vez, lo primero que vi fue a Edward dormido en un sofá. Traté de moverme pero sentí un tirón fuerte en el área de mi abdomen bajo. Me quejé bajito y Edward se removió inquieto en su lugar abriendo lentamente sus ojos.

- Edward… ¿Qué ocurre?- Intenté ignorar el dolor agudo. Edward se paró rápidamente de su puesto y se acercó a mí. Estaba preocupado.

- Hola, princesa.- Besó mi frente y me miró profundo. Mierda, él estaba escondiendo algo.- Llamaré a Esme.- Apretó un botón en la pared y me tomó de la mano mientras sonreía. A los pocos minutos apareció mi ginecóloga, la cual mostraba una expresión de contrariedad.

- ¿Dónde está Renée?- Edward cambió su expresión a una dura seriedad y suspiró.

- Ella está en la cafetería. La llamaré inmediatamente.- Y así lo hizo. Observé a Esme y ella solo sonrió cariñosa. Escuché a Edward mascullar un par de cosas y luego volvió hacia mí.- Viene en un momento.- Sonrió y me acarició la mejilla. Oh, Mierda. Algo está pasando. Algo muy malo.

- Isabella, cariño. Primero quiero partir dándote mis más sinceras disculpas.- Esme se sentó en la orilla de mi camilla y me acarició la pierna.- Cuando llegaste a mi consulta, pude ver inmediatamente que algo iba mal. Los síntomas que me diste realmente me inquietaron. En la ecografía que te hiciste- Fue cortada por la entrada de Renée y Carlisle a la habitación. Estaba extremadamente seria. Esme suspiró y siguió- En la ecografía se mostró que tenías un tumor en un ovario.- Se me cortó la respiración y mis ojos se llenaron de lágrimas- Era algo realmente grande. Nos vimos en la obligación de extirparlo, pero en la operación ocurrieron unas contrariedades. Tu ovario no soportó la extirpación del tumor y se produjo una hemorragia.- Esme se acercó un poco a mi y me tomó de la mano.- Isabella, tuvimos que extirpar más de la mitad de tu útero y me temo a que no serás capaz de procrear.- Me miró entristecida y se mordió el labio. Algo dentro de mí se quebró, pero no dolió tanto como creía. Solté el aire que tenía aprisionado en mi pecho y jadeé.- Realmente lo siento.

Renée miraba por la ventana y apretaba un pañuelito dentro de su mano. Decidí que era tiempo de hablar.

- Esme… Yo sé que tú estabas en la posición de hacer nada. No tienes por que disculparte. Te doy las gracias ya que, sé que esto me puede haber costado la vida, pero no. Aquí estoy, acostada en una cama de hospital, sana y salva. El hecho que no pueda llegar a quedar embarazada en un futuro no es tan horrible a comparación de casi haber perdido la vida.- Tomé un respiro y miré a Edward rápidamente. Estaba escéptico.- Eso no es importante.

Esme sollozó un poco y apretó más mi mano.

- Estoy es muy poco profesional, Bella. Lo que estoy haciendo.- Limpió con el dorso de su mano unas lagrimas que caían.- Pero soy un humano y tengo sentimientos.- No pasé por alto la mirada fugaz que le dedicó a Carlisle.- Gracias. Eres muy madura al enfrentar las cosas de esta forma. He visto mujeres deshacerse por… menos.

Volví a sonreír sin saber cuales serían las verdaderas consecuencias que esto me traería en un futuro.

- Isabella, tu padre viene en camino.- Renée se volteó hacia mí y trató de sonreír.

Al parecer lo único que quedaba era pretender que sus sonrisas arreglaban todo.

He ahí el significado de mi tatuaje. La pluma por lo delicado y el que se esté deshaciendo, es por la rapidez en que puedes perder algo.

Edward sabía cuando dolió en su momento. Las primeras semanas no fueron tan horribles. Lo que pasó después es lo que me marcó. La reacción de Renée hacia mi operación fue lo más sorpresivo.

Unos fuertes golpes en la puerta me sacaron de mis recuerdos.

- ¡Isabella, abre la maldita puerta! ¡Abre!- Su voz era desesperada.- ¡Por favor!- Suspiré y me hice ovillo en la cama. Me sorbí la nariz y solo me dedique a mirar la puerta.- ¡Sabes que soy capaz de tirar la puerta abajo!- Luego de eso, más golpes vinieron. Alarmada miré alrededor de toda la habitación y decidí escapar.

Me levanté rápidamente dirigiéndome hacia las puertas que me llevaban a una escalera al patio trasero. Las abrí sin hacer ruido y bajé de forma apresurada los escalones. Una vez en la primera planta, observé mi entorno algo mareada. "Nadie te mandó a emborracharte, Isabella". En un arranque miré hacia la piscina y sonreí. Corrí por todo el césped y salté. Al mismo tiempo que escuché mi cuerpo contra el agua, logré percibir como Edward lograba finalmente romper mi puerta.

Poco a poco me fui mojando, hasta que mi cabeza estuvo completamente sumergida en el agua. Salí rápidamente y jadeé por aire.

- ¡Isabella!- Me giré y vi a Edward bajando furioso los escalones. Reí y me dediqué a nadar. – Si crees que esto me va a parar, estás muy equivocada.- Sentí como se tiraba a la piscina.

Me tomó por la cintura y enterró sus manos en ella. Me quejé y traté de librarme.

- ¡Edward, déjame ir!

Me volteó hacia el acercando nuestros cuerpos. Lo abofeteé otra vez y esta vez tomó mi mano fuertemente. Me miró directamente a los ojos. Sus ojos verdes estaban oscuros. Hermosos. Creo que en ese momento, todo se fue a la mierda.

Juntamos nuestros labios de forma brusca y mordí su labio inferior con fuerza.

Gruñó un poco y tomó mi cara entre sus manos. Nada se comparaba con el sabor de sus labios. Adictivo. Nuestras lenguas peleaban por quien tomaba el control. Comencé a sacar su camisa a tirones y terminé rompiendo un par de botones. Enterré mi uñas contra la piel desnuda de su espalda y volvió a gruñir.

De forma violenta sacó mi blusa y brasier. Tironeé el botón de sus pantalones mientras bajaba el cierre de estos. Mi falda desapareció junto a mis braguitas. Edward comenzó a mordisquear mi cuello y enterré mis manos en su mojado cabello.

Solo quedaba una pieza de tela que bloqueaba todo. Sus boxers. Apretó mis muslos de forma dolorosa y los puso alrededor de su cadera. Sentí mi espalda chocar contra una pared de la piscina y él agarró con fuerza mis caderas. Enterró intensamente sus dedos en ellas y mordió mi hombro. Gemí agudo y comenzó a lamer mis pezones. Volví a gemir mientras los mordisqueaba.

- No irás a ningún lado, Isabella. Ahora eres mía.- Su voz estaba cargada de sexo y sensualidad. Suspiré y lo acerqué más a mí. Sentí su dura erección contra mi centro y gimoteé. Edward mordió mi clavícula y suspiró placenteramente. Con un movimiento rápido, sus boxers desaparecieron y rozó su dureza desnuda contra mí.

- Para.- Jadeé y busqué sus labios. Lo besé con precisión y deseo.- Follame duro, Edward. Hasta que olvide quien soy.- Ronroneé contra sus labios e hizo lo que le pedí. Entró en mí de forma salvaje y gemimos a unísono. Sus movimientos eran salvajes, tanto que llegaban a doler. Apreté más mis piernas alrededor de su cadera y empecé a moverme con él. Edward tomó mi cabello en su mano y lo tironeó, dejando mi cuello a su merced. Besó, lamió, mordió y chupó como se antojó. "¿Saber que es Edward el que produce esto no te causa nada, Isabella? Está mal." Metió su mano entre nosotros y torturó mi nudo de nervios. Gemí contra su cuello y rasguñé su espalda con fervor. El ritmo que llevábamos era delirante. "Sexo furioso, Isabella." Siguió estimulando mi clítoris y sentí que iba a venirme pronto. Me volvió a empujar contra la pared de la piscina, dolió. Mucho. Cambió su ritmo a uno desesperado. Era violento.

Jadeos se escapaban por mi boca y la suya.

- Mierda, Isabella.- Gruñó salvajemente y sentí como el orgasmo me golpeaba. Chillé, me retorcí y tirité un poco. Mi respiración era irregular. Edward tomó mi cara entre sus manos y me besó lento. Su lengua entró a mi boca y acarició la mía. Pasé mis brazos por su cuello mientras pagaba mi pecho al suyo. Ambos jadeamos al sentirnos uno contra él otro. Acarició mi mejilla con su pulgar y quité bruscamente su mano de mi cara. No necesitaba ternura. No quería que Edward siquiera me tratara de otra forma. Sexo violento estaba bien para mí. "Isabella, Isabella. Un día quieres amor, al otro violencia."

De forma furiosa me separé de él y abrí los ojos.

Desenredé mis piernas de su cadera, recogí mis ropas y nadé al otro lado de la piscina para salir por las escaleras. Aplasté mi mojada ropa contra mi pecho y caminé devuelta a mi habitación.

Le estaba haciendo un favor realmente grande al ahorrarme todas las palabras que necesitaba gritarle.

Sabía lo que venía ahora. Él se iba a ir y yo me fumaría un cigarrillo acostada en mi cama, dormiría un rato y luego me iría al trabajo.

Dejé el bulto mojado en el balcón de mi habitación, no me molesté en vestirme y me acosté. Saqué un Camel de cajón de mi mesita de noche, lo prendí e inspiré. Placer.

Terminé mi cigarrillo y decidí dormir. No llevaba mucho tiempo tratando de conciliar el sueño cuando sentí que la puerta de calle era fuertemente cerrada. "¿Cuándo aprenderás la puta lección, Isabella?". Me mordí el labio y solté un suspiro tembloroso. Yo también me preguntaba lo mismo.


La alarma de mi celular sonó y abrí los ojos lentamente. Tenía sed. Tanteé con la mano buscando el teléfono, pero al mover el brazo, todo mi cuerpo dolió. "¿Qué acaso no recuerdas lo de anoche, Isabella?. He ahí tu lección". Por primera vez reconocí que mi conciencia tenía razón. Con mucho esfuerzo, tomé mi teléfono y paré la molesta alarma. Mierda, todo mi cuerpo estaba en llamas. Me paré con mucha dificultad y caminé al baño, pero al llegar ahí tuve la posibilidad de observar mi cuerpo. Solté un grito ahogado. Lo que el espejo mostraba era una cosa extraña.

Mi cuerpo estaba lleno de cardenales. Mis muslos tenían… lo que parecían ser dedos a lo largo de todos ellos. Mi cadera estaba en las mismas condiciones. Mis senos estaban rojos y delicados. Mi cintura dolía, pero no parecía tener nada a la vista y mi cuello estaba lleno de marcas color morado rojizo. Y claro, mi amiga allá abajo no salió ilesa, ardía como los mil infiernos y dolía al caminar. Milagrosamente, Edward había tenido compasión y mis brazos estaban limpios.

Tendría que usar cuello de tortuga y pantalones… Mierda. Maldito seas, Edward "El Puto" Cullen.

Suspiré y caminé en dirección a la ducha mientras trataba de ignorar el dolor a lo largo de mi cuerpo. Decidí usar un vestido negro apretado con el cuello subido acompañando por unos tacones rojos. Hoy no sería un buen día, lo podía presentir.

El día se pasó increíblemente rápido y para cuando volví a ver la hora, eran las siete y media de la tarde. "Isabella, Rosalie se enojará por que no has vuelto a comer. ¿Cuántos días llevas sin tener almuerzo? ¿15?" Dejé pasar eso y rápidamente escapé de mi oficina.

A la salida del trabajo fui a buscar el vestido para el cóctel de mañana. Tendría que sentarme y discutir con todos los miembros del proyecto, y pretender que Rebecca-Mula-Müller me agradaba, teniendo en cuenta que ella podría llegar a ser la puta Miss Perfección y yo solo seguiría siendo la ex nunca admitida de su actual novio. ¡Yupi!

Mi vestido fue exclusivamente traído de New York y decir que era hermoso era poco. Lo que la situación necesitaba era una pura inyección de Reem Acra* y acompañado por unos hermosos tacones rojos Christian Louboutin. No tenía pareja, pero tampoco me interesaba… Aunque sí….

Tomé mi teléfono y le marqué. Contestó al tercer toque.

- ¡Hola, espero no interrumpirte!- estaba entrando al estacionamiento de mi hogar.

- No, no, para nada. ¿Ocurre algo?

- Si, necesito que me acompañes a algo mañana en la noche. Es importante.

- ¿Cuan importante?- su voz denotaba curiosidad.

- Importante al punto de necesitar un buen esmoquin. Te recomiendo un Ralph Lauren o Calvin Klein. ¿Quieres?

- Veré que puedo hacer, pero cuenta con mi compañía.

- ¡Sí! Muchas gracias, guapo.- Hice un pequeño baile imaginario de la alegría al imaginármelo con un esmoquin. Sexy.- Mi vestido es rojo.

- Claro. Adiós.- Repliqué un "Adiós" de vuelta y me bajé del coche.

No había puesto un pie dentro de la casa cuando volvió a sonar mi teléfono. Miré la pantalla y indicaba: "Llamada Entrante: E Cullen" Dejé que sonora y decidí ignorar sus llamadas.

Decidí olvidar el aparato por completo y lo abandoné en la mesita de entrada. Fui a la cocina, me preparé algo de comer, lo comí. Pasó alrededor de 45 minutos y seguía recibiendo llamadas de Edward. "No te atrevas a contestar el maldito teléfono, Isabella". Le hice caso a mi conciencia y me acerqué al puto aparato en puntillas, como si fuera una bestia que temía si despertaba. Lo tomé y cambié el tono de llamadas de Edward por la marcha fúnebre. Ahora sabría cuando llama.

Le envié un mensaje a Rosalie informándole mi retirada temporal de las salidas nocturnas y me respondió diciendo que tenía planeada una cita con Emmett. Perfecto. Apagué el móvil, me cambié mi ropa por un pijama y me acosté.


No sé cuantas horas pasaron, pero cuando mis ojos volvieron a abrirse, ya era de día. Mi cuerpo seguía doliendo y me arriesgo a decir que más que ayer.

Prendí mi Blackberry y noté que eran las 11:11. Reí y pedí un deseo, algo tonto, pero divertido. Tenía 46 llamadas perdidas de Edward y un mensaje de Rose preguntándome si podía venir a almorzar. Le respondí un "Sí" y decidí quedarme un poco más en la cama. Cerré los ojos por un momento y logré escuchar que tocaban el timbre. "¿Qué diablos, Isabella? Estás solicitada estos días". Volví a revisar la hora y marcaban las 13:54. Mieeeeeeeeeerda. Corrí escaleras abajo y abrí las puertas rápidamente. Ahí estaba Rosalie con una bolsa de Sushi, sonrió y luego miró mi cuerpo. "Estás en problemas, Isabellita. Sí quieres jugar con fuego, acepta las consecuencias." Miró mis piernas tapadas solo por una parte de la camiseta y luego miró mi cuello, al no poder ver más de mi cuerpo. Suspiró conteniendo su rabia y masculló.

- Parece que se les pasó la mano un poco, ¿O no?- Me empujó y entró a la casa. Era una buena cosa que no se haya marchado. Concluí ignorar el tema, y al parecer ella también.

- Hoy es el cóctel con los miembros del proyecto. Reem Acra será mi arma- Sonreí un poco tratando de aligerar el ambiente.

- ¿Reem Acra? Perra, déjame verlo.- Al parecer funcionó.

- No, a las… 4 llegará el equipo que me arreglará. Creo que te gustará el vestido, es hermoso.

El almuerzo pasó rápidamente entre comentarios y chistes. Ya eran las tres y media, por lo cual, me dirigí a darme un baño. Rosalie esperó pacientemente mientras yo tarareaba un par de canciones en la ducha. Salí y me preparé para que llegara el equipo.

15 minutos después estaba sentada en una silla especial que ellos traían, y me estaban aplicando cremas a lo largo de toda la cara y el cuello.

- Disculpe señorita… ¿Desea que borremos esas… marcas en su cuello?- Una mujer de apariencia joven me miraba sonriente.

- Claro.

Rosalie solo se dedicaba a mirar televisión y de vez en cuando, pegar una mirada al armario.

- Pareces estar más ansiosa que yo, Rose.- Dio un pequeño salto al escuchar mi voz y rió.

- Creo que sí… Confío en ti y por lo mismo, estoy desesperada por ver el vestido- Le guiñé un ojo y dejé que siguieran con lo suyo.

Mis uñas fueron perfectamente arregladas, al igual que mi cuello el cual ya no tenía ni una marca visible. Me maquillaron levemente y arreglaron mi cabello, tomándolo de una forma en específica.

En cuanto terminaron me fijé en la hora y descubrí que faltaba media hora para la cena. Tal cual como dijo Edward, el correo que había llegado durante la semana próxima. Pero a los inicios de ésta, había recibido una hermosa invitación en papel indicando donde sería, la hora y la formalidad de éste.

La gente se fue y me dirigí al armario a ponerme el vestido. Se apegaba a mi cuerpo en los lugares justos y necesarios.* El rojo realmente resaltaba mi blanca piel y también me hacía lucir más larga.

Me calcé los zapatos mientras terminaba de salir del armario. En cuanto Rose me vio, levantó una ceja y sonrió abiertamente.

- Mierda, Bella. Tenías razón… Es tu arma.- Reímos juntas y suspiré.

- Espero que todo vaya bien. Tendré que conocer a Rebecca y hablar con ella.-Aplaudí y sonreí irónicamente.- Trataré, Rose. No prometo nada.

- ¿Qué ocurre si no es tan horrible como tú crees?

- Me da lo mismo.- Moví la mano mostrando mi desprecio y tomé mi pequeño bolso de mano.- La limusina llegará en un par de minutos, ¿Mencioné que será en el East Hampton Point*? Habrá una… alfombra roja. Lo que empezó como una reunión de negocios terminó como el evento social del año.

- ¿Estás bromeando?- Fue interrumpida por el timbre y miré por la ventana de mi habitación. La limusina estaba fuera.

- Tengo que ir.

Bajamos de forma rápida y revisé mentalmente si tenía todo lo que necesitaba. Rosalie me abrazó y deseó mucha suerte.

- Oh, y paciencia. Mucha paciencia, Bells. Por favor, te lo ruego. No hagas ningún escándalo.- Me apretó la mano y se marchó.

Me subí a la limusina y le dije la dirección de mi acompañante. Normalmente él debería venir por mí, pero yo lo había invitado a él… Un día antes.

Llegamos rápidamente a nuestra primera parada y lo llamé.

- Estoy abajo.- Corté sin esperar su respuesta y miré por la ventana. Y de pronto, ahí estaba él. Tenía un traje que le sentaba de muy buena forma y tenía esa mirada. Esa que te hace temblar las piernas. Se subió y lo pude apreciar más de cerca. Estaba perfecto.

- Hola, hermosa.- Se acercó a besarme y lo paré con mi mano.

- Tengo maquillaje. Deseo que al menos me dure hasta la alfombra roja.- Reí fluido.

- ¿Alfombra roja? Woah, ¿En qué me metiste, Isabella Swan?

- En un evento muy importante, Freddie. Cullen & Masen Co. es parte de esto.- Arrugó el ceño y se carcajeó.

- Hasta en mis vacaciones aparece ésta empresa.- El coche se puso en marcha nuevamente y no tardó en llegar al East Hampton Point. Fuera había una gran cantidad de fotógrafos haciendo su trabajo. La alfombra roja no era muy larga.

- ¿Lista?- Frederick tomó de mano y me sonrió.

- Siempre.

Nos bajamos del coche y vi a Cullen. Era una pecado andante.

"Que el show empiece, Isabella".


Chan Chan! Muchas gracias por todos los reviews, alertas, favoritos, etc. Muchas graaaacias! Espero hayan disfrutado el capítulo. :D

He entrado al colegio por lo cual, no fijaré fecha para actualizar, pero NO las dejaré. No ando con muchos ánimos así que…

*Es una canción de Lana del Rey llamada, Born to Die.

*Strip Póquer es el póquer, pero al ir perdiendo, vas perdiendo prendas de ropa. Y de la misma forma, subes las apuestas.

*Reem Acra es una marca (De diseñador) y es éste el vestido. www . myredcarpetdresses wp-content / uploads / 2012 / 06 / kristen-stewart-red-dress-cannes-2012-680x1024. jpg (Es el vestido que usó Kristen en Cannes para el estreno de Cosmópolis.

www . christianlouboutinsandalshop images / clpumps29_03 .jpg (Zapatos elegidos por mí)

Como siempre, quiten los espacios.

*East Hampton Point es un Hotel que es considerado uno de los más caros de The East Hamptons. Y es HERMOSO.

Nuevamente, gracias.

Reus.