Summary: Después de unos años, la relación de tira y afloja que Edward y Bella mantienen tiene que parar. Bella ya no puede con esto y Edward parece no saciarse. "Los errores que cometiste en el pasado te condenarán toda tu vida, Edward. No importa cuanto huyas".

Prohibida su réplica.

Disclaimer: Todo aquello que puedan reconocer no es mío.

Esta historia contendrá partes de sexo explícito por lo cual, estás leyendo bajo tu responsabilidad.

NOTA: En algunos momentos se mostrarán saltos al pasado, los cuales estarán solamente en cursiva. Las líneas que están entre comillas (" ") y en cursiva son comentarios internos, pero es como si alguien más se los dijera.

NOTA 2: POR FAVOR LEER LAS NOTAS AL FINAL DEL CAPITULO.


"Time won't fly, it's like I'm paralyzed by it
I'd like to be my old self again
but I'm still trying to find it."

All too well – Taylor Swift


Percibí como mientras abrían la puerta principal, la luz del interior rompía la inmensa oscuridad de la noche a mí alrededor.

El ver a mi madre tan cerca de mí nuevamente, pude sentir como miles de recuerdos y sentimientos salían a flote.

- Bella.- Su voz no había cambiado ni un poco.


Estaba más que segura que estaba a dos segundos de que me diera un ataque de ansiedad, o probablemente me desmayaría por que había empezado a hiperventilar.

Renée se veía igual que hace años atrás, cabello rubio, una presencia imponente y aquella falsa sonrisa maternal estaba plasmada en su cara.

Tal cual como la última vez que la vi.

Y sus ojos azules... Tan cálidos y fríos al mismo tiempo.

Me observó desde mis cabellos a mis dedos del pie.

"¿Quién se cree que es para mirarme de esa forma? Supuestamente me ama."

Frunció un poco el ceño y arrugó sus labios.

Suspiró.

Volvió a sonreír y comenzó a hablar:

- ¡Isabella! ¡Hija mía!- Caminó hacia mi y me estrechó entre sus brazos.- Te he extrañado de sobremanera. Estás tan delgada, ¡Por Dios!- No llevaba ni un par de minutos y ya me quería marchar.

- Estoy bien, Renée. Yo también te extrañé. ¿Cómo está Papá?- Frunció los labios nuevamente y tomó ambos lados de mi cara.

- Él está en la clínica. Le rogué al doctor que le diera el alta médica pero, no quiso. Insistió en dejarlo allí.- Vio como las demás personas se acercaban y rápidamente me soltó.- ¡Chicos! ¡Vengan por acá, entremos!

Comencé a caminar hacia la casa y entramos rápidamente.

Aquella no era mi casa.

Alcancé a ver que grandes muebles adornaban la que era la sala de estar.

Una imponente escalera ubicada en el centro del hall te guiaba al segundo piso y a cada lado de ella habían dos largos pasillos que te llevaban a algún

lugar de la casa.

Y al lado derecho, lo que solía ser una pequeña cocina, ahora era una gran sala y en centro de ella, un gran piano de cola estaba ubicado.

- ¿Te gusta?- Renée interrumpió mis pensamientos y vi que estaba apuntando en dirección del piano. - Ahora puedo tocar todo lo que quiera. Doy

lecciones a algunos niños de Forks en la semana.

"La bruja mala del oeste está tratando de reivindicarse dándole clases de piano a niños pequeños. Solo perfecto. Renée era una maldita hipócrita."

- ¿Por qué hicieron tantos cambios? Siempre decías todo lo que amabas la casa.

- Los cambios nunca son malos. Y aparte, tu padre insistió en que no podíamos seguir viviendo en una casa tan pequeña como esa. ¡Basta de

conversar! Suban sus maletas. En el segundo piso hay cuatro habitaciones de invitados y en el tercer piso está tu habitación, Bells.

- ¿Tercer piso?

- Si, solo hay tres puertas y la tuya está abierta.

Estaba impresionada. Más bien dicho, en shock.

Subí lentamente las escaleras y llegué hasta el tercer piso. Pude ver como la última puerta estaba abierta y caminé hacia ella como si fuera el último

lugar en el que quisiera entrar.

La habitación era realmente grande. Una cama tamaño King estaba ubicada en el centro.

La pared del lado derecho era un gran ventanal, el cual tenía un balcón. En una esquina de el una pequeña reja indicaba lo que, al parecer, era una

escalera.

Podía ver perfectamente la luna desde allí y algunas luces del pueblo en la lejanía.

Tenía una puerta al final de la habitación y otra cerca de la entrada.

Las exploré y descubrí que tenía un baño solo para mí y un walk-in closet.

No tenía planeado quedarme más que un par de días y si era muy necesario, iría a un hotel pero, debía reconocer que no estaba nada mal.

Observé las paredes y descubrí una pizarra de corcho llena de fotos y recuerdos.

En una esquina, bajo un par de fotos mías, estaba oculto un sobre que indicaba como destinatario Isabella Swan.

Saqué todas las cosas y descubrí que estaba sellado.

En ese momento, un mal presentimiento se apoderó de mí.

No tenía remitente pero, si una estampilla de la universidad de Harvard.

"Mierda."

- ¡Isabella, la cena está lista!- El llamado de Renée interrumpió toda clase de pensamiento dentro de mi cabeza y suspiré. Guardé la carta en lo más

hondo de mi cartera, tratando de evitar pensar en ella.

- ¡Ya voy!- respondí antes de bajar.


Me acerqué lentamente al baño y escuché un inconfundible sonido para mi, luego un par risas.

Isabella estaba allí dentro con… un hombre. Sentí la necesidad de tirar la puerta y partirle la madre a aquel bastardo pero, solo me dediqué a tocar la

puerta y esperar una respuesta.

Toqué la puerta sin embargo, no pasó nada.

Seguí tocando. No me daría por vencido tan fácilmente.

- ¡Está ocupado!- Gritó Isabella en respuesta.

- Es Edward.- Dije con tono autoritario.

- ¡¿Qué parte del "está ocupado" no entiendes, tarado?!- Estaba a dos segundos de romper algo. ¿Cómo se dignaba a responderme así?

- Si no sales ahora le diré a los empleados que estás con un hombre ahí dentro.- Agregué controlando mi tono de voz.- Eso es ilegal.

Luego de dos segundos, Isabella había finalmente decidido salir del baño. Me tomó por sorpresa y abofeteó mi mejilla fuertemente.

- Estoy aburrida de ti y toda tu mierda retorcida- Ni le di tiempo de reaccionar y respondí agarrando su delgado cuello bajo mi mano. Lo apreté contra la pared del avión y sentí como alguien me empujaba lejos de ella.

Tomó una bocanada de aire, y al mismo tiempo comenzaba a tornarse roja.

- ¡¿QUÉ TE PASA POR LA CABEZA A TI, MALDITO BASTARDO?!- avanzó dispuesta a golpearme nuevamente. El hombre del baño la tomó por la cintura, alejándola de mi.- ¡DÉJAME!- Agregó revolviéndose en sus brazos.

Lo que ocurrió después fue muy rápido, volví al presente cuando Emmett me tenía agarrado por los brazos.

- ¡Edward, tranquilízate!- Una cabellera rubia llegó a mi y trató golpearme.

- ¡Tu, puto! ¡Aléjate de ella!

- ¡Rose, tranquila!- Emmett la contuvo con una mano, quedando entre nosotros.

- ¿Quién eres tu?- En este punto, ya estaba algo más calmado- ¿Quién te crees que eres para hablare así? ¡Ni siquiera te conozco!- Me libré de Emmett, apoyándome contra una pared del avión.

La miré nuevamente y recordé que la había visto anteriormente en la casa de Isabella.

- Puede que tú no tengas ni la más menor idea de quién soy pero, yo sí sé quién eres tú. Eres una mierda que se hace llamar hombre. Déjala tranquila. Ella...

- Ella es la que acepta cada vez. Nunca le he puesto una pistola en su cabeza para que haga algo. Isabella lo quiere.-La interrumpí y comencé a caminar hacia mi puesto y ella agarró mi brazo enterrando sus uñas.

- Mira, Cullen.-Se acercó a mí y susurró- Ya me está empezando a aburrir esto. Otra escena como esta, y te juro que cortaré tus testículos con un cuchillo para mantequilla.-Me libré de su agarré y volví a mi asiento.

Observé a Isabella hablar con un hombre por un rato y luego guardar silencio.

Nunca admitiría que sentía algo inexplicable al verla cerca de más hombres.

No sabía con claridad si era impotencia, por saber que ella nunca sería mía, ya que, eso no podía ser.

Ambos estábamos lo suficientemente jodidos como para tener algo.

Dos errores no hacen un acierto.

Tampoco estaba interesado en gastar mi tiempo en ella.

Era testaruda como una mula y nunca escuchaba nada de lo que tenía que decir.

Entre nosotros había una guerra constante.

Siempre sería así.

Por el otro lado, Rebecca representaba todo lo que deseaba y necesitaba, pero por algún motivo, me era imposible sentir algo más fuerte por ella.

Era dulce y algo inocente. Aunque, muchas veces, llegaba a ser molesto.

Sus intenciones eran buenas hacia mi pero, mis intenciones, no.

Ella todavía era una niña para mí. Algo temporal.

El viaje pasó rápido y pronto ya estábamos camino en el coche a nuestra casa en Forks. Alice hablaba cosas sin importancia, tratando de cambiar mi humor. Solo me dedicaba a responderle con monosílabos.

Luego de un rato, se dio por vencida y solo se dedicó a ver por la ventana del coche.

- Llegamos.- Nos bajamos al mismo tiempo y sacamos todo del maletero.

- ¿Alguna vez te dignarás a contarme que ocurrió con Isabella?- Observé a Alice con los ojos entrecerrados y resoplé.

- Ya te lo dije.- Di otra mordida a mi tostada francesa, evitando mirarla a los ojos.

- Ugh, ¿Realmente creíste que luego de lo que ocurrió en el avión no me daría cuenta que hay algo más entre ustedes? O hubo.- Sentí su mirada clavada en mi cara. ¿Por qué no pudo tragarse sus putas dudas?

- Mira, eso es algo que no te incumbe, Alice.- La miré y suspiró- Sí, hubo algo pero, simplemente no funcionó. Listo.

- ¿Por qué?- Estaba furioso. NUNCA se había interesado en mi vida amorosa, y estaba perfectamente bien así. Golpeé la mesa con el puño.

- ¡Por qué no!- Me levanté rápidamente de la mesa, tomé las llaves de mi coche y salí.

Necesitaba tiempo para mí.

- ¡EDWARD!- Alice trató de alcanzarme pero, ya estaba saliendo de la mansión.

Manejé un rato sin dirección alguna y decidí llamarla. No sonó ni una sola vez y me dirigió al buzón de voz. Ugh.

Sólo me quedaba llamarla a ella.

Sonó alrededor de 5 veces hasta que se dignó a responder.

- ¿Edward?

- ¿Podríamos vernos hoy? Realmente lo necesito.

- Claro, ¿Ocurrió algo? ¿Estás en Seattle?- Su femenina voz denotaba sorpresa y preocupación.

- No, en Forks pero, voy en camino a Seattle.- Omití la primera pregunta y me desvié hacia Seattle.- Ya sabes dónde ir.

- Nos vemos.- Corté la llamada y arrojé mi teléfono al asiento trasero. No estaba con ánimos de responder ninguna llamada. Sea de Alice, Emmett, ni siquiera Isabella.

Apreté el manubrio de mi coche con rabia.

Esa perra. ¿Cómo se atrevía a…?

"¿A qué, Edward? ¿Atreverse a qué? Exacto. Solo estás enojado por que no eras tu aquél hombre que estaba con ella en el baño"

Bufé. No quería admitir que en parte, era verdad. Pero, por algún motivo, sentía la necesidad de marcar a Isabella como su fuera mía.

De una u otra forma, ella me pertenecía.

"¿Y tú? ¿Tú le perteneces?" Mierda, no.

Yo no lo pertenezco a nadie.

Sacudí la cabeza, tratando de eliminar cualquier tipo de pensamiento por el resto del viaje.

Llegué a las transitadas calles de Seattle, dirigiéndome directamente a mi destino.

El Sorrento era uno de los mejores hoteles de todo Seattle, contando con un muy buen servicio y funcionamiento.

Poseía una habitación desde hace un par de años allí, la cual había adquirido para tener un lugar donde llegar cada vez que fuese a Seattle. O necesitara aquella privacidad que no podría tener en la casa de Carlisle.

No fue necesario pasar a recepción, ya que contaba con una tarjeta de propietario.

Saludé por educación a un par de personas y me apresuré a tomar el ascensor.

La mitad de toda la última planta me pertenecía solamente a mí, y el otro lado a una muy agradable joven, con quién había tenido el gusto de pasar algunas noches.

Inserté la tarjeta en la cerradura, logrando que la puerta de abriese inmediatamente.

Tomé el teléfono de la habitación y pedí que me llevaran una botella de whisky a la habitación.

Mientras esperaba la llegada de mi acompañante logré beber lo suficiente como para relajarme un poco.

Un leve golpe en la puerta llamó mi atención y me dirigí a abrir.

Abrí y ahí estaba ella.

Su cabello café caía totalmente liso sobre sus hombros. Sus labios tenían dibujada una pequeña sonrisa y sus ojos… Aquellos ojos de color indefinido me miraban como si fuese capaz de atravesar mi alma. Azul, gris, pequeñas tonalidades de dorado.

Evangeline Rochester era una hermosa chica que había conocido en la universidad. Era la novia de uno de mis amigos, Nathaniel Lukinovic, un estudiante de intercambio de Croacia. El cual le robó el corazón en cuanto se vieron.

Al final del primer año, el se vio en la obligación de volver a su país natal pero, no sin antes prometerle a Evangeline que él volvería el segundo año y no de intercambio, si no, se transferiría definitivamente a Harvard.

El verano pasó rápido y Evangeline no recibió ni una solallamada de Nate. Segura que no volvería, comenzamos el segundo año.

Vaya sorpresa que se llevó cuando lo vio parado en la entrada del salón de clases.

Ella era algo como mi confesionario. Sabía cada detalle de mí. Así como yo lo hacía de ella.

Nate y Evangeline eran la pareja perfecta, aunque eso no evitaba que pelearan como cualquier otra pareja. Fui testigo de varios rompimientos, y de cómo luego volvían al otro. Ellos fueron mi visión más cercana al amor.

Nate estaba más que decidido a no dejarla ir nunca más, por lo cual se le propuso en un cálido día de verano, luego de uno de los exámenes finales.

Eventualmente, ella aceptó de inmediato.

Todos nos graduamos ese mismo año. Ellos decidieron quedarse a vivir allí en Boston, mientras que yo volví por unas semanas a Forks.

Durante esas semanas, Nate sufrió un accidente de coche.

Al día siguiente volví a Boston, ya que no tenía nada más que hacer en Forks.

Él murió luego de pasar un par de días en el hospital.

No podía dejar a Evangeline sola en ese momento. Necesitaba el apoyo de todos, y muchos decidieron alejarse de ella.

Decir que sufrió sería poco. Ella agonizaba cada vez que pensaba en él. Se negaba a conocer más gente, por el miedo a volver a perderlos.

Los años pasaron, así, trayendo a una nueva persona a su vida. Ella nunca realmente superó a Nate, ya que hasta el día de hoy cuando habla de él, es como si su voz se quebrara levemente y todas las emociones salieran a flote. Pero, estaba segura que tenía que seguir su vida, por lo cual, comenzó a salir con él.

De eso ya va un año, y al parecer, todo va muy bien.

Era la única persona que sabía todo sobre Isabella e insistía que debía pelear por ella. Evangeline me decía lo contrario a lo que todos me decían pero, yo decidía ignorar todas las opiniones en relación al tema.

- ¿Solo me llamaste para poder ver mi cara y luego cerrar la puerta o qué?- Sonreí levemente y la dejé pasar. Me abrazó de forma fuerte, como si tratara de reconfortarme.

Se quitó los zapatos, dejó su cartera en una silla cercana a la cama y saltó a ella.

Vio el whisky en mi mesita de noche y arrugó su pequeña nariz.

- ¿Whisky? Ew. Hasta dónde yo sé, no debes ahogar tus penas en alcohol. Nunca trae nada bonito a tu vida, solo resaca.

Bufé y me acosté a su lado.

Nos miramos un rato y luego comenzó a hablar, contándome sobre las cosas que me había perdido.

Ella y su nuevo novio, llamado John decidieron dar el "gran paso" y vivir juntos. Siguió hablando durante horas, mientras yo la escuchaba, dándole mis opiniones.

De alguna manera, la conversación comenzó a girar en torno a mí, y luego a Isabella.

Más de la mitad de mi botella de whisky ya había desaparecido. Había forzado a Ev a tomar un poco y luego de un rato, rellenaba su vaso de a poco y seguía bebiendo sin problemas.

Comenzó con su discurso sobre Isabella y de cómo ella sufría por mi culpa. Discutimos un poco por eso pero, luego ella dijo algo que me silenció.

- ¡Tú también sufres, Edward! ¡¿No lo entiendes?! ¡Ninguno de ustedes hace las cosas bien!... Por eso ella se va con otros a buscar lo que tú no le das… Déjala ir o pelea por ella.-La miré directamente a los ojos y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sabía a que se refería.

Dejar ir las cosas cuando no te hacen bien… o cuando ya no te pertenecen. Ahí era dónde fallaba. Carecía de criterio en temas cómo esos.

Nos abrazamos durante un largo rato.

No supe cuando nos quedamos dormidos pero, cuando abrí los ojos, ya estaba de día.

Me removí en la cama, despertando de paso a Ev.

- Eh… Creo que tu novio debe estar preocupado por ti, Ev. Ya ha pasado casi un día.- Se estiró en la cama mientras bostezaba y se levantó.

- Claro. Lo pasé realmente bien contigo, Edward.- Tomó sus cosas, se arregló un poco en el espejo del baño y se despidió de mi.- Recuerda lo que dije.- Besó mi mejilla delicadamente y se marchó.

Decidí que haría lo mismo pero, todavía no deseaba volver a Forks, por lo que pasaría el día en Seattle.

Sí, eso haría.


Renée me había dicho que después del desayuno podría visitar a mi padre en la clínica.

Estaba realmente preocupada por Charlie. Todavía estaba bastante molesta con él pero, finalmente, mi problema era con Renée, no con él.

Bajé las escaleras y me encontré con Frederick sentado en un sillón. Me observó directamente a los ojos, mientras yo levantaba levemente mi mentón.

No deseaba que sintiera lastima o pena por mi. Ni él ni nadie.

- ¿Lista?- Dijo levantándose de su puesto.

- Sí.

El camino a la clínica fue tranquilo escuchando en la radio canciones que no logré reconocer.

Estaba absorta planeando el resto de mi día. Debía revisar mi correo electrónico, para cerciorarme que Victoria estuviese haciendo su trabajo. Luego seguir viendo el proyecto de Cullen & Masen Co., el de Marshall-Beckinsale y finalmente, Cicarelli. Ese era uno de los proyectos que me emocionaba más ya que, era el primero que haría en Europa.

- Bella, ¿Te gustaría ir a almorzar conmigo luego de ver a tu padre?- Mordí mi labio. Mierda. "¿Cómo decirle que no a un muy agradable chico que solo quiere llevarte a almorzar? Oh, ya lo sé. No, vete a la mierda."

- No puedo.- Entramos al estacionamiento de la clínica.- Tengo mucho trabajo que hacer, no tengo tiempo que perder. Lo siento.

- Claro.- Su voz sonaba denotaba algo de molesta y aflicción.

Frederick no me había hecho nada. De hecho, él era el único que soportaba mi personalidad y hasta parecía entretenido cada vez que me enfadaba.

Esperé que aparcara el coche y tomé delicadamente su mano del manubrio. Me observó y le sonreí de forma leve.

- Otro día, ¿Está bien?

Asintió con la cabeza y me sonrió devuelta.

Solté su mano mientras se bajaba del coche para abrirme la puerta.

Me bajé del coche y lo atraje hacia mí, llevando mi mano hacia su mejilla. Acerqué mis labios a los de él y lo besé.

Sus labios se sentían suaves contra los míos pero, pelean por tener el poder. Su mano se posó sobre mi cintura, atrayéndome hacia él.

Una de mis manos descansó sobre su cuello y mordí su labio inferior.

Sentí el coche chocar con mi cuerpo mientras él tomaba mis caderas con sus manos.

Había besado muchos chicos aparte de Edward pero, él acaba de… desconcertarme completamente. Él me besaba por que realmente lo quería, no solo para llevarme luego a la cama. Por un solo segundo me sentí… querida.

Fui deshaciendo el beso poco a poco. Sonreí contra sus labios.

- Deberíamos entrar, realmente me muero por ver a Charlie.- Nos separamos de forma lenta y caminé en dirección del hospital. Pregunté por la habitación de Charles Swan y me indicaron que era la 239.

- Te daré un poco de privacidad. Esperaré aquí.- Frederick sonrío y se fue a sentar.

Transité de forma titubeante hacia la habitación. Tenía miedo de lo que me encontraría allí.

Di tres pequeños toques contra la puerta y luego entré.

Uno siempre piensa que en situaciones como estas tienes que ser fuerte y tratar de controlar tus emociones pero, nadie se podría llegar a imaginar siquiera lo que se siente realmente.

El ver a mi padre acostado en una camilla de hospital, conectado a muchos tubos los cuales lo ayudaban a vivir, me quitó el aliento y mis ojos se llenaron de lágrimas.

Mi primera reacción fue querer salir corriendo de esa habitación pero, me quedé parada en el marco de la puerta sin moverme. "¡Cobarde! ¡ERES UNA MALDITA COBARDE!"

Los ojos de Charlie estaban cerrados. Su pecho subía y bajaba por su acompasada respiración. Vi unas flores en la mesita a su lado, las cuales me hicieron sonreír sutilmente. Esme.

Caminé de forma pausada hasta su cama y me senté en una silla que estaba cerca de él.

Cerré los ojos, tratando de regularizar mi respiración. Mierda, esto estaba siendo algo muy complicado para mi.

- Bells…-Abrí los ojos inmediatamente y me encontré con Charlie observándome, sonriendo.

- Oh, por dios, Charlie. ¿Cómo te sientes? Yo…- ¿Qué le diría? ¿Perdóname por haber sido una mierda de hija contigo? ¿Por no haberte visitado en años? Por supuesto que no.- Yo…- No pude contenerlo más y un agrio sollozo se escapó de mi garganta, junto con miles de lágrimas que brotaban de mis ojos sin compasión.

- No hay necesidad de palabras, Bells. Lo comprendo.- Su voz sonaba tan despacio que dudaba que fuese la voz de mi Charlie. Aquél hombre que solía gritar todos los sábados a las 7 de la mañana para que me despertara. O aquél juez que podía poner a cualquier corrupto a tiritar en solo un par de segundos.

Tomé su mano y comencé a acariciar su brazo tal como a él le gustaba que lo hiciera hace años atrás.

La visita no fue muy larga pero, traté de quedarme todo lo que pude hasta que una enfermera tuvo que sacarme de la habitación a empujones.

Ya eran alrededor de las una del día y debía volver a casa para poder trabajar.

Encontré a Frederick sentado en la sala de espera con un café en la mano. En cuanto me vio, se levantó y caminó hacia mí.

- ¿Cómo está él?- Me entregó el café y le sonreí en modo de agradecimiento.

- Él asegura que no hay problemas pero, lo veo mal. Está muy débil. Tengo miedo.- Tomé un sorbo de café y traté de mantener mis emociones a la raya. Él pasó uno de sus brazos por sobre mis hombros, tratando de calmarme un poco.

Ya estábamos cerca de la salida cuando escuché a alguien decir mi nombre.

- ¿Bella?- Giré y encontré a Alice y Jasper. Este último me miraba con recelo y algo de rabia. "Ugh, que se joda. No le he hecho nada malo y ya está con esta actitud de mierda."- Tu…- Miró a Frederick y sacudió su cabeza.- ¿Cómo te encuentras?

- Uh, no lo sé. Como que no creo que esto esté realmente pasando.- Ella arrugó un poco sus labios y suspiró.

- No tenía ni la más menor idea que poseía sentimientos.- Escuché mascullar a Jasper.

Fruncí el ceño molesta. "Oh, no. Él se lo buscó."

- ¿Qué mierda te pasa? Ni siquiera me conoces, así que pido que reserves esa actitud que tienes conmigo por que, yo no te he hecho nada.- Sorpresivamente mi voz logró mantenerse relativamente calmada.

Jasper hizo una mueca de disgusto y se marchó. Por el otro lado, Alice tenía su boca abierta en una perfecta "o".

- Nunca lo había visto comportarse así con alguien, Bella, discúlpame. Ojalá todo esto solo sea un mal rato momentáneo. Nos vemos.- Se despidió rápidamente con su mano y se fue por el mismo camino que Whitlock.

Caminé apresuradamente al coche y Frederick decidió no decir nada.

Al llegar nuevamente a "mi" hogar le pedí que no se bajara inmediatamente.

- ¿Qué ocurre?- sonaba algo preocupado.

- No te preocupes tanto de mi, Freddy. Estoy bien, he sobrevivido toda mi vida sana y salva.- Hice una pausa y tomé aire- Gracias por acompañarme hoy. Fue muy dulce de tu parte.- Le di un rápido beso en los labios.- Ahora, tengo trabajo que hacer.- Me bajé del coche apresuradamente sin esperar su respuesta.


Mi estadía en Seattle se había alargado a dos días y estaba algo más tranquilo. Tanto como para poder volver a casa.

Las luces de mi hogar estaban encendidas y se veía movimiento dentro de la casa. Extraño.

Estacioné mi Volvo y pude ver como Alice salía al porche de la casa.

- ¡Edward! ¿Dónde has estado? Te he llamado más de 100 veces- Golpeó mi pecho con su pequeño puño y la aparté con delicadeza.

- He estado ocupado. Ahora, si me dejas…

- ¡EDWARD!- Alice lucía desesperada. Giré hacia ella y vi como en sus manos apretaba su móvil y se removía inquieta de un lado al otro.

- Alice, ¿Qué ocurre?- El ambiente se sentía tenso. Algo malo había sucedido y yo no estuve aquí para presenciarlo.

- Edward… Bella- Bastó que dijera su nombre y todo mi cuerpo se puso tenso.- Ella...- Me miró a los ojos y pude agonía en ellos.- Ella desapareció dos noches atrás.

Lo sé. He sido la peor autora del mundo y no he actualizado desde… ¿Diciembre? Aún así, quiero agradecer todos los que han dejado rr!

En serio. ¡Ustedes son la bomba! Los favoritos, las alertas, todo. Es tan emocionante cuando me llegan correos anunciando un nuevo lector o un nuevo rr.

¡GRACIAS!

Espero los haya gustado el capitulo.

Algo de drama no le hace mal a nadie, ¿O sí?

NOTA 1: Tendré que cambiar al actor de Frederick :c me costaba MUCHO crear fotos de Bella y Freddy juntos. Por lo cual, ahora será Garrett Hedlund *-*

NOTA 2: Renée será Charlize Theron.

NOTA 3: Evangeline Rochester es una modelo llamada Coco Rocha. También dejaré foto de ella.

Reus.