Summary: Después de unos años, la relación de tira y afloja que Edward y Bella mantienen tiene que parar. Bella ya no puede con esto y Edward parece no saciarse. "Los errores que cometiste en el pasado te condenarán toda tu vida, Edward. No importa cuánto huyas".
Prohibida su réplica.
Disclaimer: Todo aquello que puedan reconocer no es mío.
Esta historia contendrá partes de sexo explícito por lo cual, estás leyendo bajo tu responsabilidad.
NOTA: En algunos momentos se mostrarán saltos al pasado, los cuales estarán solamente en cursiva. Las líneas que están entre comillas ("") y en cursiva son comentarios internos, pero es como si alguien más se los dijera.
"I've figured out that joy is not in your arms
I know it'll always ache with an empty heart
I think it's time to run cause I'm seeing stars
I'm seeing stars, watch me fall apart"
Ellie Goulding - Joy
...
- Alice, ¿Qué ocurre?- El ambiente se sentía tenso. Algo malo había sucedido y yo no estuve aquí para presenciarlo.
- Edward… Bella- Bastó que dijera su nombre y todo mi cuerpo se puso tenso.- Ella...- Me miró a los ojos y pude agonía en ellos.- Ella desapareció dos noches atrás.
…
Observé a Alice esperando que me dijera que todo era una broma de mal gusto, pero ella seguía con ese gesto de sufrimiento y pesar.
Inspiré fuertemente por la nariz y tomé el puente de ésta.
- ¿A qué te refieres con "Desapareció dos noches atrás"?- Pregunté receloso.
- Creo… Por lo que Emmett dijo, Bella estaba discutiendo fuertemente con Renée cuando ellos llegaron. La cosa se puso física por el lado de Renée y Emmett interrumpió la pelea. Ambas dijeron cosas que él no alcanzó a escuchar. Bella parecía muy afectada, subió a buscar su maleta y tomó el coche de Charlie. Después de eso, nadie ha sabido nada de ella.- Sorbió su nariz y derramó algunas lágrimas.- La hemos buscado por todo Forks, Edward. Estamos desesperados.
No tenía idea cómo reaccionar a lo que Alice me acababa de decir.
Tenía dos opciones; Actuar como si no me importase, cosa que era una mentira. O dejar salir a flote a mi adolescente interior. Sensible, rebelde y ridículamente enamorado de ella. Daría mi vida por la persona que amo... pero ya no era así.
Después de unos años, esa habilidad de desarrollar cualquier sentimiento que no fuese cariño o aprecio por alguien más lo había perdido.
Pero era Isabella. Isabella Marie Swan. Aquella chica que llegó a Forks cuando tenía 15 años, porque habían transferido a su padre del trabajo. Siempre la miré de lejos, hasta que el día de su cumpleaños número 17 debimos hacer un trabajo de Biología juntos. Desde ese momento, solo tuve ojos para ella. Ella parecía no darse cuenta de eso. Toda nuestra relación, desde que comenzamos nuestra amistad hasta el término de nuestro noviazgo, nunca llegó a oídos de nadie. En la escuela el único contacto que teníamos era en Biología y Literatura, sin contar todas las veces que nos escabullíamos en los baños de mujeres del segundo piso, a los cuales nadie iba nunca, a besarnos.
Mi pasado de "Puto de Secundaria" poco a poco iba atenuándose. Muchos decían que tenía una novia universitaria y otros que me había aburrido de Jessica y su pobre séquito de prostitutas juveniles. No era un secreto que muchos le pagaban con dinero por sus "servicios".
Habían pasado 10 años desde que tenía aquellos recuerdos, pero seguían tan frescos como si hubiese sido ayer. Recuerdo cada momento que pasamos juntos. Cada beso. Cada error. Y recordaba demasiado bien para mi gusto aquél error.
El error había sido mío. Mío y de nadie más. Trataba de reconfortarme diciendo que ella también tenía la culpa por no haber peleado cuando pudo. Solo decidió quedarse de brazos cruzados y quejarse todo lo que pudo. Culparme de una y mil formas.
Pese a todo lo que discutiésemos, yo sabía que no deseaba un mundo sin ella. Nunca.
Tomé una inspiración y abracé a Alice.
Se largó a llorar en mi pecho, manchando toda mi camisa con sus lágrimas, pero ¿Qué importaba mi camisa?. No la alejé.
Presioné aún más a Alice contra mi pecho.
- Edward... Tengo miedo.- Dejé un beso en su cabello.
- Haré todo lo posible por encontrarla.- Levanté su cara con uno de mis dedos y la observé directamente los ojos.- Te prometo que antes que termine este día, ella estará devuelta.- Alice asintió débilmente, mientras medio sonreía.
Nos dirigimos hacia la casa.
Todos mis hermanos estaban ahí. Había un par de policías tomando apuntes en unos cuadernitos, y otros hablando con Carlisle y Esme.
Busqué a Renée con la vista. No estaba por ningún lado.
Apreté la mandíbula y resoplé.
Era una mierda como madre.
Carlisle me vio entrando y vino inmediatamente hacia mí.
- Edward, ¿Se puede saber dónde te encontrabas?
- Seattle.
Entrecerró los ojos. Pareció entenderme y asintió. Él tenía pleno conocimiento de mi relación con Evangeline. Sabía que ella me ayudaba a sanar. Sanar mis heridas. A reparar mis errores.
Me acerqué a Esme, quién se encontraba ahora apoyada contra una pared, mientras presionaba un pañuelo contra sus labios. En cuanto me vio, dio un par de pasos hasta llegar a mi altura.
- Edward, sé perfectamente que esta no es la primera vez que hace esto, pero ahora es distinto. Ya no tiene 17 años.- Negó con la cabeza. Frunció el ceño.- Ugh. Isabella, ¿Por qué nos haces esto?- Dio media vuelta e hizo su camino hacia la cocina.
Descubrí que la tal Rosalie y el acompañante de Bella también se encontraban aquí. Ambos estaban parados junto a Emmett, quién tenía su brazo alrededor de la cintura de ella.
Decidí acercarme para hablar con ellos.
- Hermano.- Emmett dirigió su mirada hacia mí y medio sonrió.- ¿Me podrías explicar qué ocurrió? Alice solo dijo algo sobre una pelea.
Rosalie me observó extrañada. Negó con la cabeza.
- Trataré de llamarla nuevamente.- Besó de forma suave a Emmett y caminó en dirección del patio trasero.
Observé al hombre junto a Emmett. Tenía el cabello rubio y los ojos azules. Era alto, no tanto como Emmett, ya que él era una mole.
- Frederick Hale.- Estiró su mano en mi dirección y le respondí.
- Edward Cullen.- El gran parecido con la rubia amiga de Bella me perturbaba- ¿Eres hermano de Rosalie?
- Sí.
Alice se encontraba sentada en el sillón junto a Jasper y parecían estar discutiendo. Ella todavía lograba guardar un poco la calma, pero esta se acabó con Jasper le respondió algo que no logré escuchar.
La mano de Alice se estampó fuertemente contra la mejilla de Jasper. El sonido que esto provocó hizo que todos dejaran de hacer lo que hacían.
- ¿Cómo te atreves a decir eso, Jasper? ¡NO LA CONOCES!- Un aturdido Jasper seguía con la mano en su mejilla. Abrió los ojos de forma desmesurada cuando asimiló lo que acaba de pasar.
- Alice... Yo.
- ¿Tú qué, Jasper?- Ella se levantó del sillón y puso ambas manos en sus caderas. Nadie se acercaba a pararlos. Todos parecían en shock. Ellos se caracterizaban por ser una pareja muy apacible. Discutían como todas las parejas del mundo, pero nunca de esta manera.- No tienes ningún derecho en decir que ella se merece todo lo que le ha pasado. Si tan solo supieses cuánto me duele lo que has dicho. No te conozco. El Jasper con quién me casé nunca, nunca le desearía la muerte a alguien.
Comprendí todo lo que había pasado y crucé furioso la habitación hasta llegar dónde se encontraban ellos. Los demás en la estancia poco a poco habían vuelto a sus puestos anteriores. Tomé a Alice de su brazo y la alejé de Jasper.
- Vamos por un café, Al.- Al comienzo se resistió de mí, pero finalmente decidió irse. Le dediqué una mirada furiosa a Jasper, el cual agachó su cabeza en forma de respuesta.
- Señorita Isabella, ¿Desearía un té, café o algo?- Volteé hacia la señora que Renée había contratado como mucama y negué.
- No, gracias.- Cerró la puerta de mi habitación y se marchó.
Dejé mi computador en mi velador y me recosté en la cama.
Solté un suspiro de cansancio. Había dedicado todo mi día en trabajar y hacer llamadas a Europa.
Cerré los ojos dispuesta a dormir cuando escuché que gritaban mi nombre desde el primer piso.
- ¡Isabella!- Renée estaba verdaderamente colmando mi paciencia.
Me levanté furiosa y corrí por las escaleras.
- Oh ¡Por fin bajas! ¿No crees que es un poco maleducado de tu parte pasar todo el día durmiendo? Trajiste invitados y ellos no se sirven solos.- Miré hacia mi derecha, dónde se encontraban Rosalie y Emmett sentados en la sala de estar. Por lo que sabía, Frederick había salido temprano ese día.
Al parecer, no se habían percatado de mi presencia todavía.
- Espera… ¿Crees que he estado todo el día encerrada en mi habitación durmiendo?- Puta, puta, mil veces puta. Asintió en respuesta.- Renée… ¿Qué mierda pasa por tu cabeza?
- No me hables así. Soy tu madre.- La corté antes que siguiera con su discurso barato de "Madre responsable"
- He estado trabajando. No durmiendo. A diferencia de ti, yo no quiero ser una maldita mantenida que no hago nada por la vida.- Su mano impactó contra mi mejilla con tal fuerza que mi cabeza se giró automáticamente hacia al lado. Aquella zona que había golpeado comenzaba a arder y estaba más que segura que terminaría roja.
- No te permito que vuelvas a decir algo así de mí, Isabella.
Salí de mi sopor y la miré enfurecida.
- ¡¿CÓMO TE ATREVES?! ¡¿GOLPEARME EN LA CARA TE SERVIRA DE ALGO?! ¡NO!- Emmett y Rosalie se acercaron hacia nosotros perturbados. Rose tenía una expresión de rabia contenida.
- ¿Está todo bien?- Emmett fue el primero en hablar.
- Sí, todo está perfectamente bien, chicos. Vuelvan a la sala de estar y pídanle algo para comer a Jeanine.- Renée los observó hasta que se alejaron- Baja la voz, hay invitados y estás quedando como una malcriada. Bueno, más de lo que eres.- Renée frunció los labios y dio media vuelta para marcharse.
- Yo no soy malcriada. O puede que sí ya que, me crie yo sola.- Su rostro giró hacia mí y mostró algo de asombro, luego comenzó a reír sin gracia. Volteó nuevamente hacia mí y caminó en mi dirección.
- ¿Esto es en serio? ¿Te criaste sola? ¡Claro! Uno gasta su tiempo en niñitas mal agradecidas. Malgasté 20 años de mi vida en nada. Muchas veces he deseado no haberte dado a luz, Isabella. ¿Lo sabías?- La cara de Renée cambió drásticamente.
Sus ojos mostraban una frialdad propia del hielo pero, su rostro estaba inexpresivo. Renée solo poseía dos expresiones faciales. Una era una falsa tranquilidad y paciencia, y la otra era una total inexpresión y desinterés.
Cuando estaba conmigo, la segunda predominaba notablemente.
Claramente no era una noticia nueva para mí pero, oírlo directamente desde sus labios era completamente diferente.
- No te preocupes, siempre lo he tenido presente. Aunque de vez en cuando es necesario un… recordatorio.- Levanté una ceja y sonreí sin ganas. Su mirada azulada no dejaba mis ojos.- Nunca está de sobra que tu madre te recuerde lo indeseada que eres.
- Bueno, tienes suerte de no poder tener hijos. Ni ahora, ni nunca. Sólo son unos ingratos.- Renée sonrió abiertamente y acarició mi mejilla derecha rápidamente, mientras soltaba una risita cínica. Sentía la necesidad de arrojarla al piso mientras, tironeaba de su perfecto cabello rubio y azotaba su cabeza contra el piso de mármol, hasta que sangrase como un puto grifo.
- Puedes irte a la mismísima mierda. - Alejé su mano de un manotazo y caminé rápidamente a mi habitación a buscar mis cosas. Debía irme de acá. Volver a Forks solo fue un error. Un maldito error.
Corrí lo que quedaba de escaleras y de forma veloz junté todas mis cosas dentro de la habitación. Tomé todas las cosas en el diario mural y las metí dentro de mi bolso.
Listo.
Limpié un par de lágrimas de mis mejillas, me calcé los tacones y decididamente bajé las escaleras.
El sonido de mis tacones repicar contra los escalones alertó a Rose y Emmett, los cuales fueron a mi encuentro a los pies de la escala.
- Bella, ¿Qué mierda está ocurriendo? ¿Qué significan todas estas maletas?- Rose parecía estar a punto de tener un ataque de nervios.
- Necesito salir de aquí.- Dispuse a largarme pero, Rosalie tomó mi brazo con fuerza.
- Tú no vas a ningún lado. No de nuevo. Esta vez te vas a quedar acá y arreglar las cosas.- "¿Arreglar las cosas? Já. Como si fuese tan fácil."
- Rosalie, por favor. No hay nada que arreglar. Déjame ir.
- Has vivido toda tu vida escapando de las cosas en vez de enfrentarlas, por una vez en tu vida hazte cargo de tus putos problemas. Crece.
No aceptaría que Rose estaba en lo cierto. No podía. Así cómo ella decía que escapaba de las cosas, también escapaba de mis emociones. Reprimía cada maldito sentimiento dentro de mí y mi aguante ya no era el mismo.
Nuevamente una oleada de lágrimas salió de mis ojos. Negué con la cabeza, tomé las llaves del viejo coche de Charlie y salí de la casa.
Afuera llovía de forma torrencial por lo que mi cabello y mis ropas se mojaron instantáneamente.
Le quité la alarma al coche y entré raudamente.
Intenté prender el motor y no funcionaba. Mierda. Intenté nuevamente y no pasó nada.
Me bastó una rápida mirada hacia mi izquierda para descubrir que Emmett venía hacia mí.
- Por favor, por favor.- Intenté de nuevo y nada. Apoyé mi cabeza contra el manubrio e intenté una vez más.
- ¡Bella! ¡Sal del auto ahora mismo!- La voz de Emmett junto a unos toquecitos contra el vidrio me alarmaron.
- ¡Por Dios! ¡Enciende!- Traté una última vez y finalmente funcionó.
Apresuradamente puse marcha atrás y Emmett se alejó del coche.
Di media vuelta y me marché.
No necesitaba toda esta mierda. No esta noche.
- Edward, estoy muy nerviosa. ¿Qué ocurre si ella no está bien? ¿Qué pasa si tuvo un accidente? La noche que ella se fue estaba lloviendo demasiado fuerte y tomó el coche antiguo de Charlie.- Alice tomó otro sorbo de su café y le di otra calada a mi Marlboro. Apreté la mandíbula y le dediqué una mirada a Alice.
-Yo… No sé. No quiero pensar en eso.
- Deberíamos volver y ayudar a buscarla. Es verdad, ella está bastante grande pero, eso no significa que no debamos preocuparnos por ella. Cuando los chicos llegaron a nuestra casa, dijeron que Renée les había recomendado no hacer nada y que solo lo hacía para llamar la atención ¿Qué tipo de madre es esa?- Nuevamente tomó otro sorbo de su café.- Rosalie dijo que no era la primera vez que hacía esto. El último año de secundaria ocurrió algo parecido. No entendí mucho ya que, Rose solo dijo lo que ella sabía, o sea, lo que Bella le contó. Ojalá la encontremos pronto.
- ¿Están seguros que no ha vuelto a Los Hamptons?
- Completamente seguros. Los policías amigos de Charlie rastrearon todas sus tarjetas de crédito y no ha hecho ningún tipo de transacción ni compra en estos días. También buscaron por los hoteles a los alrededores y no encontraron nada.
- Por Dios, Isabella. ¿Dónde estás?- pregunté en voz baja. Sentí mi teléfono vibrar en mi bolsillo. Lo saqué y revisé. Un nuevo mensaje de Becca.
Lo ignoré y puse mi teléfono devuelta en mi bolsillo.
Apoyé mi cabeza en ambas manos y suspiré.
¿Dónde puede estar Isabella? "Vamos, Edward. Tú la conoces más que cualquier persona en el mundo. Debes saber dónde está."
- Si tan solo…- De pronto, las palabras de Alice me hicieron sentido.
No era la primera vez que ella hacía esto, por lo que había un solo lugar dónde podía estar. Aquella vez la había encontrado sin problemas, pero ya había pasado bastante tiempo. Los recuerdos son frágiles, pero no indestructibles.
Sí. Ella debía estar ahí.
- Creo… Creo saber dónde está.- Levanté la cabeza y miré directamente a los ojos a Alice.
Me levanté de la mesa y me dispuse a ir a su encuentro.
- ¿Puedes volver por tu cuenta?- Alice asintió y tomó mi mano.
- Suerte.
Asentí con la cabeza y corrí hacia mi coche.
Esperaba estar en lo cierto…
Ok. Esto lo haré rápido. He tenido problemas en la escuela y el cargador de mi antiguo computador se quemó. Allí tengo todos los capítulos que he escrito. Mi madre me compró un computador nuevo y tuve suerte de haber mandado por mail un pedazo del capítulo 8.
Perdón, Perdón, Perdón.
El capítulo no es tan largo ya que, el próximo viene realmente cargado de muuuuchas cosas. Parte del otro iba inicialmente en este, pero no quedaba bien si lo cortaba.
Muchas gracias a los reviews que me han dejado, soy la peor autora del mundo. Me merezco latigazos.
Nuevamente, ¡GRACIAS!
(Acabo de notar que mi fanfic cumplió un año. Wow. Y llevo ocho capítulos. Soy escoria.)
Trataré no demorarme tanto con el prox. capítulo.
Reus.
