Cambios–Capitulo XII: Fiesta.
—¿Quien era?— preguntó de brazos cruzados. Estaban en el despacho de ella el tal Tenjou acababa de irse, Ichigo se había encargado de acompañarlos a los dos hasta allí alegando que tenia unas cosas "del escuadrón" que tenia que hablar con ella.
—Ya te lo dije—. Respondió la teniente sin mirarle, solo centrada en sus documentos.
—Hazme memoria.
—Creo que no me da la gana.
Esto era increíble. ¿Es que cada vez que se encontraban a solas tenían que tener una pelea del demonio?
—¿Qué querías Ichigo? ¿Le has pillado cariño a esto del papeleo?
—Para nada.
—Es una lástima. Se te da bien hacer informes por lo que he podido comprobar.
—No me jodas.
—No lo hago.
—Por lo menos podrías mirarme.
—¿Para qué? ¿Me vas a ayudar con el papeleo?
—No.
—Pues me molestas, así que vete—. Levantó la cabeza solo para lanzarle una mala mirada. Ichigo respondió de la misma manera.
—¡Trae!— se acercó a ella y le quitó varios documentos de la mano. Se puso en una esquina del escritorio y se puso a hacerlos sin decir una palabra más.
Rukia suspiró pero siguió con su trabajo pasando del tema. ¡Era increíble! ¿Es que él no sentía la más mínima incomodidad? Estaba en su despacho, después de todo lo que había pasado entre ellos sin ponerse nervioso cuando ella quería evitarle a toda costa, pero sentía que cuando más quería hacerlo, él hacía todo lo contrario y la buscaba. Habían llevado muchos meses sin verse y si, lo admitía, le había echado un poco de menos… ¡Pero ahora era ella la que no le importaría perderle un poco de vista!
Kurosaki levantó sus castaños ojos disimuladamente y observó a la teniente. Tranquila y concentrada en su trabajo (o al menos, eso le parecía a él). Era increíble como a pesar de lo que había pasado entre ellos siguieran peleando como siempre, era cierto que él se sentía un poco incómodo ahí en la misma habitación y con una mesa que los separaba pero como ella hacia como si no hubiera pasado nada, él no sería diferente. Aparte sabía que Hirako los vió yéndose juntos al mundo humano y no quería encontrárselo por ahí para que le molestara una y otra vez con el mismo tema.
Intentó volver a lo suyo pero justo en ese momento Rukia se llevó la pluma a los labios. Los ojos de él volvieron a ella.
¿Pero qué hacia? Con solo pequeños movimientos que hiciera él ya se distraía en ella.
—Vale Ichigo, deja de mirarla—. Se dijo mentalmente volviendo al documento en sus manos.
Igual debería de haberse ido a otro sitio a hacer el papeleo o sentarse de otra manera. Desde esa posición podía verle de perfil viendo como mordisqueaba débilmente la pluma de escribir y se separaba un poco de la mesa para cruzar las piernas…
—¡La estoy mirando otra vez!
Maldición. Debía de concentrarse en el maldito trabajo. La verdad es que nunca se había detenido a observar a Rukia, al menos no como lo hacia ahora, normalmente lo hacia cuando salía herida.
Nunca había observado bien como le caía su corto cabello sobre sus hombros, la verdad es que lo tenia liso por arriba, pero sus puntas eran onduladas, su característico mecho de pelo que a veces caía graciosamente sobre su nariz, su mirada penetrante y profunda de un color que a veces era azul frío o violeta misterioso, sus ojos era algo que fascinaban a cualquiera. Cuando cogía los documentos él se dio cuenta de lo pequeña que tenía las manos, pero aun siendo pequeñas eran fuertes para sujetar y manejar cualquier zampakutou. También era fascinante como con su menudo cuerpo podía pelear sin…
¡Otra vez!
Y lo peor es que se había puesto tenso. Kami ¿Tenso ahora por qué?
—¿Quieres dejar de moverte así en la silla? ¡Estas moviendo toda la mesa!
¡Mierda! ¡Ni se había dado cuenta que su pierna derecha se había puesto a moverse nerviosamente!
Rukia volvió a lo suyo sin esperar a que el chico contestara.
Él sabía por qué le había besado en la cascada.
Desde el momento en que la Kuchiki cruzó sus labios con los suyos en su casa esa noche en la que ella estaba ebria…él quiso corresponder. Pero cuando lo intentó, ella cayó dormida. Nunca había besado a nadie y no tenía experiencia, pero a pesar de su personalidad su cuerpo era el de un hombre y al experimentar esa sensación se sintió demasiado bien, y quería más. Luego al ver que ella no se acordaba intentó pasar del tema y no pudo, y luego al ver su cara y oír su voz en la cascada de que igual no volverían a tener misiones juntos le hizo acercarse a ella, y acercarse y acercarse, hasta besarla por fin. Pero ella no correspondió el beso, estaba muy confundida.
Pero el beso de la cita si que lo correspondió. Y ahí supo que lo que sentía era real. Lo que había empezado a sentir por ella. Y aun le costaba admitirlo. ¿En serio? Por favor… ¡Era Rukia!
¡Mierda! ¡Mira que darse cuenta de eso y pensarlo JUSTO cuando tenia al a chica a su lado y él fingiendo estar trabajando!
Solo una pregunta cruzó su mente. ¿Genial, y ahora qué?
—Ahora puedes irte.
La voz de Rukia le hizo reaccionar.
—¿Cómo?
—Llevas dos horas con el mismo papel y yo tengo que irme a una reunión—. Dijo tranquilamente mientras ordenaba su mesa.
¿¡Como? ¡Dos horas ya! ¡Esto de ser reflexivo llevaba su tiempo!— Pensó un boquiabierto Ichigo.
—¿Pero…y luego que harás?— no sabia por qué pero quería estar más tiempo a su lado, tenía que estar 100% seguro de lo que sentía.
—Ir a la mansión a cambiarme de ropa para la fiesta, ¿por qué?
—¡Por mi entrenamiento de Kido!
La chica parpadeó varias veces ¡Se le había olvidado completamente de que el cabeza hueca aún quería aprender!
—¿Aún estas con eso…?
—Joder, ¡claro!—se cruzó de brazos ofendido.
—No se si me va a dar tiempo—. Suspiró la chica sabiendo que el pelinaranja era de estar horas y horas—. ¿No podemos dejarlo para mañana?
—Vale. ¡Pero mañana sin falta!
—¿Quién es aquí tu superior?— le preguntó con voz aburrida antes de salir por la puerta.
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—¿Y como has dicho que te llamas?
—¿De qué escuadrón eres?
La fiesta había empezado hace unas horas y no parecía tener fin. Matsumoto había elegido alquilar un local al ver que en sus demás fiestas siempre se llenaba su casa de más gente de lo normal y después de ver lo que pasó en las últimas decidió hacerla en un sitio más grande. Evidentemente con montañas de alcohol y un poco de comida, se encargó de llamar a los shinigamis que más conocía y a los que no, la Asociación de Mujeres shinigami tenia listas las cámaras para pillar momentos importantes e impactantes para la revista…sobretodo el gran momento.
—¡Chicas, chicas!— se abrió pasó Matsumoto "salvando" al "Gigoló" de una multitud de shinigamis calenturientas. Nunca habían visto al shinigami y como siempre lo nuevo es lo mejor—. ¡Dejad respirar a nuestro invitado! ¡Aún queda mucha fiesta!
Justo en ese momento Rukia como pudo se adentró entre la multitud de la fiesta por suerte Matsumoto la vio a tiempo.
—¡Kia donde te habias metido!— Dijo acercándose a ella con el gigoló del brazo— ¡Te estábamos esperando!
—Tenía que pasar por la mansión para cambiarme y aparte tenia mucho trabajo—. Contestó sin darle importancia. Esa noche llevaba un precioso kimono de flores de cerezo de color blanco y negro.
—¡Como sea! ¡Aquí tienes lo "tuyo"!— dijo feliz la rubia mientras le "lanzaba" a Tenjou. El chaval claro está se dejo hacer sin quitar su sonrisa, justo lo contrario que la morena.
—¡No me puedo creer que sigáis con lo mismo!
—¿Cómo? ¿Lo dudabas?
La teniente Kuchiki no se podía creer que la cosa fuera en serio, pensaba que era solo para reírse pero esa fiesta, madre mía, en esa fiesta había demasiada gente.
—Matsumoto creo que deberíamos de ha…
—¡Anda mira ahí está Ichigo!
En menos de un segundo giró la cabeza hacia donde le señalaba la teniente de grandes atributos. Ahí hablando con Renji, Kira y Hisagi. Se había duchado y se había puesto un kimono negro. No sabia cuando había llegado pero no se lo había encontrado por el camino.
No lo entendía, ¿que hacia mirándole fijamente si solo hacia unas escasas horas le había visto?
En seguida muchas shinigamis se pusieron a su alrededor muy emocionadas, se notaba que Kira y Hisagi y el resto de hombres shinigamis que les acompañaban querían hablar con ellas, pero ellas más bien solo querían hablar con el pelinaranja. ¡Hasta el capitán Shunsui estaba ahí!
En cuanto vio esa escena, apartó la vista, cuando quiso volver a retomar su conversación con la teniente esta ya se había ido, seguramente a por más alcohol. Y ahí estaba ella con una cosa que era un robot-gigoló que no podía coger un vaso sin romperlo y que solo se dedicaba a sonreír sin parpadear.
—¿Y ahora que demonios hago yo?— suspiró mentalmente. En ese momento Tenjo intentaba pasarle un vaso de alcohol que a los pocos segundos estaba en el suelo.
En ese momento Rangiku desde la puerta que daba a la terraza le hizo señas para que la siguiera. No parecía mala idea ya que el aire de dentro estaba muy cargado y no tenia pinta de que fuera a mejorar. Tenjo le siguió como un perrito faldero.
Lo que no sabía es que si se hubiera girado habría visto los ojos castaños de su amigo puestos en ella.
Cuando los tres estuvieron fuera Rangiku cerró la puerta.
—¡Muy bien Kia este es el plan! ¡Debes quedarte encerrada aquí un par de horas!
—¡Como!
—¡Así la gente pensará que ha pasado algo entre vosotros!
—¿Y eso en que me beneficia a mí?
—¡En mucho!— exclamó alegremente y se dirigió a la puerta de la terraza para dejarlos solos.
—¿Y que se supone que debo de hacer aquí un rato?— preguntó nerviosa mirando al gigoló y luego a la rubia.
—¡Toma! –le lanzó un juego de cartas para luego irse.
Rukia no se lo podía creer. En ese momento le pareció escuchar un par de grillos.
=1 hora después=
Giró la cabeza. Una vez más.
—¡Maldición Ichigo! ¡Deja de girar el cuello cada dos por tres te estoy hablando!
—No esperas que me interese mucho lo que tengas que soltar Hirako—. Contestó sin mirarle.
—Llevas una hora entera pasando de lo que te digo y de tus admiradoras por cierto—. Dijo con sorna—. ¿Qué coño estas buscando? ¿O a quién?
Es cierto, llevaba toda la hora mirando hacia todos lados en busca de la shinigami, pero desde que la vio irse con ese nuevo shinigami no la había visualizado otra vez. ¿Seria posible que ella? No, no podía ser.
—¿Vas a querer mas sake por cierto? Eres el único que esta en pie—. Dijo el rubio mirando al suelo y viendo a varios amigos suyos shinigami.
—No.
—¿Has bebido algo?
—Algo. Y me ha sentado mal—. Dijo tajantemente esperando que el capitán dejara de ser tan pesado y seguir con lo suyo.
—¡Que dejes de mirar para todos lados joder!
De repente varios rumores empezaron aparecer en la sala sobre la teniente del decimotercer escuadrón que estaba desaparecida desde hace rato con el nuevo. No sabía por qué pero algo le decía que la AMS tenía algo que ver, estaban de aquí para allá con cámaras de última generación, captando momentos e infundando hechos que a saber si habían pasado. En ese momento vio a Matsumoto seguida de Nemu con una de esas cámaras en la mano y riendo como adolescentes.
Como pudo Ichigo dejó a Hirako hablando solo y se hizo paso entre la multitud para ir hacia ellas.
—¡Hombre, Ichigo-kun! ¿Cómo te lo estas pasando?— preguntó contentilla la rubia, el alcohol ya hacia mella en ella, mucho tardaba.
—Estoy buscando a Rukia. ¿Sabes donde está?
Ambas shinigamis rieron y cruzaron miradas, cosa que no gustó al chico.
—Te lo diría, pero no voy a hacerlo—. Canturreó feliz— Ella ahora mismo esta en una "misión" importante.
Ichigo se cruzó de brazos seriamente, no iba a seguirle el juego a la rubia ni mucho menos. Antes de que pudiera decir nada más Nemu le pasó la cámara digital en la cual se podía observar a Rukia sentada en la terraza, enfrente del nuevo con las manos…juntas.
El chico abrió los ojos con sorpresa. ¿Eso que veía en la foto era verdad? No podía ser. O al menos no quería creerlo.
Mierda otra vez esa estúpida molestia en su pecho. No sabía por qué pero eso solo le provocaba estar muy, pero muy de mal humor y fruncir el ceño más de lo normal.
—¡Hemos captado ahora el momento…ya verás mañana cuando…!— la rubia no pudo terminar porque en ese momento…Ichigo estampó la cámara contra la pared.
—¡La cámara!— gritaron las shinigamis.
—Perdón…se me resbaló—. Mintió descaradamente con mala cara.
Las tenientes fueron enseguida ver si la cámara estaba viva para luego ir corriendo al piso de arriba a por su portátil para ver si podían salvar algunas fotos. Ichigo por su parte con la foto había conseguido saber que Rukia estaba en la terraza de fuera.
En cuanto abrió la puerta corrediza vio la misma escena de la foto, el nuevo…el estúpido nuevo cogiendo la mano de Rukia.
—¡Rukia!
—¡¿Ichigo?— la morena que en ese momento estaba de lo más tranquila se giró sobresaltada a ver como un pelinaranja daba grandes pasos hacia ella.
—¿Qué crees que estas haciendo?— preguntó seriamente cuando llegó ante ellos.
—¿Yo? Jugar a las cartas—. Respondió sorprendida por la actitud del chico. ¿Es que quería jugar con ellos?
Fue entonces cuando vio porque tenían las manos juntas. ¡Se estaban pasando las cartas! ¡Maldición esa maldita Matsumoto! ¡Quería hacerles creer a todos lo que no era! Ya la pillaría, ya. A ella y a la jodida asociación de mujeres locas.
Se relajó un poco su expresión de enfado pero seguía receloso ante la situación.
—¿Cómo es que estas aquí?
—Bueno…— Rukia dudó seriamente si contarle la verdad o no, no por nada, es que era un poco vergonzosa la verdad—. Digamos que la fiesta me estaba agobiando un poco. Aunque supongo que tú te lo estarías pasando genial—. Contestó cambiando su tono de voz al recordar el grupo de shinigamis a su alrededor—. ¿Cómo es que has salido?
—Tenia que hablar contigo—. Dirigió su mirada al nuevo shinigami que no sabía por qué estaba en suelo recogiendo cartas que se le habían caído—. A solas.
Rukia parpadeó sorprendida. En ese momento su corazón empezó a latir con fuerza, no sabia si quería quedarse a solas con el chico que llevaba rondándole la cabeza a cada minuto y que parecía no querer esquivarla aunque ella sí. Pero él no captaba el mensaje.
Pero claro como podía negarse. No tenia ninguna buena excusa.
—¿Puedes dejarnos solos?— preguntó amablemente al "gigoló" el cual feliz por haber cogido sus cartas sonrió más aún y asintió la cabeza conforme entraba en la fiesta.
—Que chico más raro—. Caviló Ichigo mientras le veía irse. Se dejó caer al lado de Rukia, sentándose en la hierba junto a ella y observando el cielo estrellado.
—¿Y bien?
—¿Y bien qué?
—¿Cómo que "y qué"? ¡¿Has dicho que tenías algo que decirme?— Le estaba tomando el pelo o qué.
¡Mierda! ¡Era cierto! Le había dicho eso al chico para que se alejara de allí de una buena vez y para que…ya esta, ya tenía una excusa.
—Matsumoto te estaba haciendo fotos con el nuevo— explicó— Parecía que estuvierais haciendo algo más que jugar a cartas así que pensé que eso te metería en un lio.
—Esa Matsumoto…— negó con la cabeza la morena nada sorprendida del plan de la rubia. Pero si un poco sorprendida por la ayuda de su compañero—. Arigato.
El chico solo se encogió de hombros y siguió mirando el cielo.
—Ya puedes volver a la fiesta si quieres.
—Nah, estoy bien aquí—. Respondió juntando los hombros.
Definitivamente Ichigo Kurosaki nunca pillaba las indirectas. No pillaba que cuando estaba cerca ella se incomodaba. Desde luego si lo había captado no importaba nada.
—¿Has bebido?
—Casi nada. ¿Y tú?
—Nada.
—Oye—. Así sin más decidió ir al grano—. ¿Tienes algo con él?
—¿Con él?— preguntó Rukia sin comprender y encima Ichigo no la miraba, solo estaba centrado en el cielo estrellado.
—Con el nuevo.
La respuesta clara y verdadera era un gran NO, sin embargo esa pregunta le aturdía. ¿Kurosaki Ichigo ahora era un cotilla? ¿O se lo parecía a ella?
—¿Y eso que te importa?— soltó más brusca de lo que hubiera querido. Definitivamente.
Ese tono de respuesta no gustó nada al Shinigami que se giró a verla con el ceño muy fruncido.
—Algo tendrás que tener si te vas a solas con él por ahí—. Espetó…también demasiado brusco.
Rukia sentía que le había ofendido muchísimo con lo que le había soltado, ¿de qué iba el pelinaranja?
—Eso es por…— dudó. Le contaba lo de Matsumoto—. ¡¿No te he dicho que a ti que no te importa?— Se levantó para evitar mirarlo a los ojos—. ¡Al final te has vuelto como la mayoría de shinigamis! ¡Un maldito cotilla, que solo se lo que dice de una a sus espaldas!
En ese momento se dio cuenta que estaba pagando todo lo que sentía con él. Igual debía de parar ahora o…
—¿¡Y qué quieres que piense la gente de ti!— Dijo Ichigo duramente—. ¡No haces más que quedar con hombres! ¡A todas horas te veo con uno distinto!— por alguna razón empezó a pensar que la cita con él no fue nada importante. Igual solo fue una más.
Rukia se giró hacia él con una ceja levantada.
—¿Me estas llamando lo que creo que me estas llamando…Ichigo Kurosaki?— el tono de Rukia indicaba claras intenciones asesinas.
Ichigo le enfrentó la mirada.
—Yo no he insinuado nada. Si lo has pensado tú, será por algo.
—Eres insoportable—. Sentenció Rukia justo antes de cerrar la puerta corrediza de la terraza.
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Al cabo de un rato después de una gran jornada de reflexión el Kurosaki por fin cogió valor suficiente para enterar y enfrentarse a lo que debía enfrentarse.
Abrió la puerta corrediza. No se extrañó que ahora la mitad de shinigamis estuvieran en el suelo, unos vomitando en la pared, otros siguiendo con sus rondas de chupitos, otros dándose apasionados besos con a saber quién y sus conocidos casi desaparecidos. Ni siquiera la AMS estaba por ahí. Ni Hirako, ni Renji… ¿Cuánto tiempo había estado fuera?
Tampoco vio a Rukia por ningún lado.
Se frotó la cabeza con sus manos. ¿Cómo había podido soltarle semejantes palabras? Ahora la shinigami debía de sentirse profundamente ofendida. Y por culpa de él. Por culpa de un estúpido shinigami que justo esa mañana se había dado cuenta que sentía algo más que amistad por ella.
Y afuera se había dado cuenta aún más. Se había dado cuenta lo mal que se sentía porque ella estuviera así, así por él. Por su jodida culpa.
Se sentó en una silla e increíblemente a su lado aún habían botellas vivas. Mientras se llevaba algunas a la boca por fin pudo divisar a algunos de sus amigos…casi desnudos y haciendo bailes extraños. Eso le hizo vomitar lo poco que había bebido.
—Hombreeeeeeeeeeee un Kurosaki aquiiii.
—Piérdete Hirako—. Dijo claramente bebiendo otro sorbo de sake.
—Como no os veía ni a ti ni a Kuchiki pensaba que os habías ido a hacer cosas indecentes por ahí.
—¿Y estas mal?— ahora mismo él no estaba para bromas.
—Si—. Afirmó con una gran sonrisa.
—Hace un buen rato que la he perdido de vista.
—Pues estuvo bebiendo un rato, justo aquí donde estas sentado tú.
—¿Y no sabrás por casualidad donde ésta ahora?— bebió otro sorbo.
—Juraría que ha ido al piso de arriba. Hay bastantes habitaciones supongo que se habrá ido a alguna a descan…
Antes de que pudiera terminar el chico ya estaba subiendo las escaleras.
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Kami.
¿Por qué las palabras de Ichigo le habían afectado tanto?
¡Pues claro que le habían dolido! ¿¡Se supone que era amigo suyo y va y le soltaba eso!
Se llevó una mano a su pecho. Había encontrado una habitación decente en ese lugar, suponía que las demás estarían "ocupadas" con shinigamis "ocupados" en ciertas tareas, pero ella ya había colocado el seguro en esa habitación, había abierto las ventanas para que el aire de la noche entrara y ahora estaba acostada en la cama de la habitación mirando el techo esperando que el mareo del sake y sus pensamientos se fueran.
Seguramente seria porque ahora se encontraba sola. Pero ahora sentía que quería llorar. De hecho sentía algo tibio en sus ojos.
Baka. Baka. Baka. Baka. Baka.
¿Cómo Ichigo podía ser tan…tan gilipollas? ¿Tan estúpido? ¿Tan imbécil?
¿Es que no la conocía? Bueno vale, ¡es cierto que quedaba con hombres y lo del gigoló y lo…todo por culpa de todos!
Se llevó una mano a la frente. No sabia que hacia echando culpas a quien no debía echarlas.
Igual lo que debía de hacer era mandarlo todo a la mierda como decía Matsumoto y el sake.
En ese instante oyó unos toques en la puerta de la habitación en donde se encontraba. Pensó que igual era su imaginación pero los toques volvieron a aparecer.
—Rukia. Soy Ichigo.
Parpadeó. ¿Qué hacia Ichigo ahí?
—Rukia sé que estas ahí, te siento. O me abres en menos de un minuto o te juro que esta puerta va a terminar en…
—¡Para de ser tan brusco joder!— gritó la chica abriendo la puerta de sopetón.
—Mira quien fue a hablar—. Respondió el chico, aunque se sentía aun poco nervioso. Sin ton ni son, entró en la habitación sin esperar permiso de la morena.
—¿Qué coño haces aquí?— ¿El alcohol ahora la volvía violenta? No. Ichigo Kurosaki la volvía violenta.
—Quiero hablar contigo—. Dijo mientras se sentaba en la cama y con la mano hacia señas a Rukia para que se sentara con él.
—¿Has bebido?— preguntó recelosa de sentarse en la cama con él.
—Sí. ¿Y tú?
—Sí.
—Rukia.
—¿¡QUÉ!
—Gomen ne…
Las palabras de Ichigo fueron dichas en un débil susurro pero la ojivioleta pudo escucharlos perfectamente, al igual que pudo sentir que esas palabras eran muy sinceras. Su expresión de furia e impaciencia se relajó. Se cruzó de brazos y por fin se sentó en la cama junto a él.
—No pasa nada.
—¿Cómo? ¿Así sin más?— ¿Acaso ahora el alcohol la volvía mas vulnerable?
—Ichigo Kurosaki…rara vez pide perdón si no lo siente de verdad.
Algo dentro de Ichigo estalló. Algo muy cálido dentro de él se expandió a la velocidad de la luz por su cuerpo y le hizo sentir una maravillosa sensación. Pocas veces había podido sentirse así. Abrió tantos los ojos que casi se le salieron de las órbitas, los cuales reflejaban a la chica sentada delante de él.
Era increíble. ¿Existía acaso alguien en este mundo y en el humano que le conociera mejor que Rukia Kuchiki?
¿Acaso esa sensación que sentía en su pecho y en su cuerpo era una mezcla de todo tipo de sentimientos? Confianza, amistad, devoción, cariño, afecto, ternura…
O igual solo era el alcohol.
Desde luego, cualquiera de esas cosas era la culpable de lo que iba a hacer.
Al ver que el chico se había callado perdido en sus propios pensamientos Rukia le miró a los ojos. El color miel de sus ojos se mezcló con los violetas de ella. Y entonces se perdió en ellos.
¿Por qué el chico le miraba de esa manera? De esa manera tan, tan…tan indescriptible.
Sin previo aviso sintió una mano en su nuca que la empujó hacia delante…hacía él.
Ichigo juntó los labios de Rukia en un furtivo beso.
Un beso que era hambriento, rápido, que reclamaba sus labios una y otra vez y otra.
Ambas manos del shinigami se encontraban en ambos lados de la cara de Rukia como impidiendo que se escapara. Cosa imposible ya que la chica estaba en shock.
Rukia no asimilaba nada. ¿Ichigo la estaba besando apasionadamente? Ese tipo de beso no lo había experimentado nunca, en la vida.
Como pudo colocó una mano en su pecho y lo empujó. Le costó pero lo empujo.
—I..Ichigo…— le costaba hablar, no sabia donde encontrar la voz.
Delante de ella un jadeante Ichigo que intentaba encontrar la respiración la observaba como si fuera ella fuera una presa y él un hollow hambriento.
—¿Por qué?— solo pudo preguntar atónita.
—Calla—. Dijo autoritariamente.
Sin previo aviso la cogió de los hombros y la acostó en la cama colocándose encima de ella.
—Calla—. Repitió— Soló cállate. Y no digas ni una palabra.
Pronunció llevando un dedo a los labios y volviendo a besar ferozmente a la atónita shinigami.
Gente! Muchisimas gracias por vuestros comentarios! Me esfuerzo mucho para que este fic guste y siento mucho haberme tardado más de lo normal. Pero he tenido una semana un poco rara y he andado falta de ánimos, me ha sabido fatal no haberlo subido antes, y sobreotod no haber tenido tiempo de contestar reviews ¡Prometo hacerlo para el próximo capitulo! Cada una de vuestras palabras me animan mucho a continuar, gracias a mi beta tambien!
Bueeeeno...Menudo final del capitulo no? xD uy uy uy ¿Qué pasara?
Ja ne :D!
Reviews?
