Cambios–Capitulo XIII: Reconcomios.
Se separó de ella con los ojos cerrados, sintiendo otra vez ese sentimiento dentro de él. Ahora no había ninguna duda. Ya no eran dudas. Las dudas se habían convertido en respuestas por fin.
—¿Por qué has hecho eso?
Abrió los ojos encontrándose con la mirada confusa, enfadada y ligeramente tímida de la morena. Sus mejillas estaban más rojas aún igual que sus labios.
—Yo… —su mente se quedó en blanco. ¿Qué debía de decir ahora? ¿Debería de confesar lo que le pasaba por la cabeza? ¿De su gran descubrimiento? Claro que sí, debía de hacerlo. Sin embargo las palabras no querían salir de su boca. Nunca se había confesado a nadie y no sabía como hacerlo y la verdad aún estaba aturdido por el beso. Al ver que no obtenía respuesta la chica se levantó enfadada dispuesta a irse. —¡Ru…Rukia espera!
Se levantó y la cogió de la mano para impedir su ida. La chica no se giró pero no intentó zafarse.
—¿Crees que por qué me dejara una vez, tienes derecho a besarme cuando quieres? –preguntó con un tono realmente enfadado girándose a verlo por fin.
El chico se sonrojó. No esperaba que Rukia le preguntara una cosa así en su vida.
—¿Por qué lo has hecho? —preguntó una vez más perdiendo la paciencia.
—Por qué…quería—. No sabía que contestar pero sabía que eso era verdad.
La furia de ella aminoró pero no su rubor, más bien aumentó. ¿Por qué quería besarla? Rukia ya no era una chica en un gigai de 15 años pero ahora se sentía como una.
—Siento haberlo hecho sin tu consentimiento…otra vez—. Lo sentía pero a la vez no.
—Otra vez—. Repitió evitando su mirada.
—Esto está mal—. Respondió intentando volver a irse, pero se había olvidado que Ichigo tenía su mano y no la soltaba.
—¿Qué está mal?, ¿Por qué?, ¿Es porque no soy una de esas citas que te organiza tu hermano?
Después de hacer la pregunta se arrepintió enseguida sobre todo porque los ojos de la chica no volvieron a su rabia, sino también un poco de dolor.
—Yo no…
—¿Por qué dices eso ahora? ¿Crees que me gusta ir de cita en cita?
—¡No entiendo por qué no le dices que no a tu hermano! —Levantó la voz, había hablado de esto con ella antes pero ahora era por otra razón, ahora definitivamente no le gustaba que su hermano le organizara citas.
—Eso ya te lo dije. No puedo.
Lo has intentado si quiera?
—¿Por qué tengo que hablar de esto otra vez contigo? ¡Nunca has entendido a mi hermano!
—¡No lo entiendes ni tú!
—¡Cállate Ichigo!
—¡¿Si tu hermano mañana mismo quisiera casarte, lo harías? —Gritó. De repente un flash de Kuchiki Rukia casándose con otro hombre apareció en su mente. Y no le gustó nada, una sensación punzante en su corazón apareció, poniéndole de más malhumor y algo dolido.
— ¡SÍ!
Silencio. Ichigo Kurosaki los ojos de él se sumergieron en los grandes violetas de ella. Sus ojos mieles buscaban la verdad, la terrible verdad de que eso fuera cierto, ahora sí dolía su corazón. Era como una daga que se metía cada vez más dentro y más dentro de él ¿Por qué dolía tanto?
La expresión de Rukia se suavizó mostrando una clara triste al darse cuenta de lo que había dicho. Lo había afirmado de esa manera por el calor del momento pero ahora que lo había gritado…la verdad es que no quería. NO lo quería por nada del mundo. No solo porque no se veía casada. Era por el rostro de Ichigo…un rostro de qué, ¿qué era esa mirada que le estaba dedicando?
—¿En serio? —Dijo con una débil voz soltando su mano para dirigirla a la mejilla de ella, acariciándola con parsimonia. La calidez de la mano de Ichigo la sobresaltó pero no se apartó. La voz de él se había metido en su cerebro y se había clavado en su corazón —¿Me estás diciendo la verdad?
Rukia no pudo responder. Era como si de repente no encontrara la voz, se había perdido en la voz de Ichigo, en la calidez de su mano y en sus pupilas.
—¿Te acostarías con un hombre que no quieres?
—¿Cómo puedes preguntarme eso? —No preguntó en un tono enfadado, sino triste. No era algo que se esperaba de Kurosaki Ichigo.
Era extraño. Ahora era cuando de verdad se daba cuenta que él no tenia 15 años, ni 17. Y ella ahora era cuando de verdad se sentía adulta.
—Eso a ti no te debe de importar.
—Pero me importa—. Le colocó la otra mano en su otra mejilla, acunó su cara con sus grandes manos y poco a poco fue rompiendo la distancia hasta que sus labios casi se rozaban.
Una parte de ella le decía que tenía que separarse, coger la puerta y dejar ahí al shinigami, otra parte en cambio, otra parte muy fuerte no quería que se fuera. De hecho no podía, en cuanto Ichigo le cogió la cara sus piernas empezaron a temblar y no se podían mover.
—Claro que no quiero acostarme con un hombre que no quiero—. Contestó al final. Podía sentir la cálida respiración de Ichigo haciéndole cosquillas.
—Ya lo sabía —Él conocía a Kuchiki Rukia mejor que nadie. No importaban los meses que no se hubieran visto. Acercó más sus labios.
Rukia cerró los ojos fuertemente por un beso que no llegó. Confundida abrió los ojos pero luego los volvió a cerrar al sentir los labios del chico…en su cuello. El pelinaranja empezó a devorar el cuello de la morena con besos primeros tímidos pero luego húmedos y lentos.
Ella no pudo evitar asustarse ante esto, colocó sus manos en los hombros de él para hacer un amago de intentar apartarlo pero no quería apartarlo. Estaba asustada sí, pero a la vez sentía como una sensación en su bajo vientre se extendía por todo su ser poniéndole la piel de gallina y pidiendo más. ¿Estaría por primera vez en su vida "excitada"?
Pero cuando de verdad se perdió fue cuando Ichigo dejó su cuello para darle un dulce beso en la mejilla para luego capturar sus labios. Ella lo correspondió.
Definitivamente era el mejor beso que se habían dado en todo ese tiempo. Se besaron tierna y lentamente, una y otra y otra vez, como si tuviera todo el tiempo del mundo para conocer los labios del otro. Rukia queriendo sentir un poco más, ladeó la cabeza y lo abrazó por los hombros. Ichigo no podía agradecérselo más, no había besado a nadie más en su vida y menos de esa forma pero Rukia le estaba permitiendo hacerlo. Así que tímidamente acarició los labios de la chica con su lengua, al ver que esta se dejaba hacer, invadió su boca.
Las piernas de Rukia se volvieron de gelatina y se aferró más a Ichigo para no caerse pero intentó seguirle el ritmo participando también con su lengua. Sentían un erotismo increíble en sus cuerpos y sentían que no podían parar.
Poco a poco el beso se fue volviendo más salvaje, como queriendo sentir más el uno del otro. Sin apartarse Ichigo fue retrocediendo con Rukia abrazada a él hasta que se sentaron en la cama.
Entonces ella levantó la vista por fin. Y lo vio. Vio a Ichigo Kurosaki mirándola con… ¿placer?
Ichigo no podía apartar su vista de ella. Veía a una Rukia nueva. No a la amiga de hace años. No solo a la Rukia que le cambió su mundo entero. No pudo aguantarse ni pudo resistirse más. Su cuerpo por lo menos no respondía a su mente, ya que su mente ya se había ido.
Esa sensación se estaba volviendo cada vez más sensible.
Volvieron a besarse a la vez que él se colocó encima de ella. La lucha de las lenguas duró un buen tiempo hasta que la boca de Ichigo decidió separarse y volver al cuello de ella. Rukia empezó a gemir débilmente primero susurros pero cuando, el chico empezó a besar su oreja, su otra parte del cuello, a acariciarle su pelo azabache, a acariciarle el cuerpo por encima de la ropa.
—¿Quieres irte? —Preguntó aún ocupado en su cuello.
La chica no contestó. Solo llevó sus diminutas manos a las mejillas del pelinaranja.
Él con sumo cuidado fue abriendo el kimono exponiendo un poco de piel de Rukia. Empezó a bajar y a bajar y besar. ¡Kami! ¡Esa piel era como de porcelana! ¿Cómo no se había dado cuenta en todos los años que la conocía que su piel era tan suave? Era cierto que nunca tenían tanto contacto físico, ni siquiera inocente, pero ahora que sentía su tersa piel, tan fina, tan suave y con ese sabor a vainilla…maldición no podía parar.
Su lengua caliente humedeció dicha piel creando ya sonoros gemidos en ella, la chica avergonzada se intentó callar mordiéndose el labio pero era inútil. Más cuando sintió que una de las manos de él llegó a uno de sus pechos. Con un poco de brusquedad. El chico no parecía querer conocer la delicadeza.
La chica se alteró mucho por eso e intentó moverse otra vez y forcejeó, pero en cuando Ichigo empezó a darle un masaje al pecho con su mano derecha, amasándolo, tocándolo y rozando su pezón con el pulgar, sintió como algo debajo de ella se humedecía y soltó un pequeño grito. No sabía por qué, pero quería que siguiera con eso. Se empezó a mover violentamente.
El chico aún no podía ver el cuerpo desnudo de Rukia solo había aventurado una de sus manos por debajo del kimono, sin embargo le dio la sensación que Rukia debía de usar vendas constantemente para tapárselos ya que en su mano parecían ligeramente mas grandes y blandos de lo que imaginaba. Aunque tampoco se hubiera parado a verla en todos esos años.
Los gemidos de Rukia por el masaje llenaron los oídos de Ichigo incitándole a continuar, a veces no estaba seguro pero esos gemidos se apoderaron de él. Ella se retozaba con el masaje de forma brusca como intentando escapar pero el chico no la dejaba irse ni loco.
Levantó la cabeza y se deleitó con su imagen. Nunca…nunca la había visto así. Con los ojos entrecerrados, con las mejillas muy muy rojas, los labios rojos y carnosos y el kimono cada vez más suelto.
Entonces dejó que todo los nervios que habían dentro de él se fueran muy muy muy muy lejos de allí, de él, de ellos.
Desató el nudo del kimono, con ambas manos cogió los pliegues de la prenda…y la abrió.
Ichigo quedó embelesado con la imagen de la chica completamente desnuda ante él, su cuerpo era una visión de las más bonitas que había podido apreciar en sus años de vida, su cuerpo era tan…parecía una autentica obra de arte.
La chica enseguida quiso cubrirse presa del pánico y se sentó en la cama, pero el chico se lo impidió, aunque ella continuó intentando cubrirse, los labios del Kurosaki en su oreja le hicieron estremecerse
—No lo hagas…por favor—. Dijo casi en una súplica.
La shinigami estaba preparando una gran sarta de insultos hacía él, sin embargo ese tono había parecido tanto una súplica que los insultos murieron en su boca. Siempre se estaba burlando de su estatura, sin embargo eso había sonado casi como un cumplido indirecto.
Volvió a su ardua tarea de lamer su piel que poco a poco se iba volviendo una gran adicción para él, esa imagen provocó que Rukia volviera a gemir y a sentir algo húmido debajo de ella. Poco a poco la volvió a acostar tranquilamente en la cama. Ella empezó a acariciarle el cuello, la espalda, sus musculosos brazos… ¿En serio Ichigo había sido siempre tan atractivo? ¿Cómo había estado tan ciega todos esos años?
Después de entretenerse con sus senos, fue bajando y bajando, haciendo círculos en su estómago con su lengua y acariciando sus caderas. Cogió una de sus piernas y las abrió, acomodándose entre ellas.
Él era virgen y a ella nunca la habían tocado de esa manera. De hecho nunca la habían tocado.
Por eso el chico no sabía qué hacer para que la chica no le doliera el acto que iba a hacer a continuación y tampoco sabía si iba a ser muy rápido. Pero esperaba de todo corazón que ese no fuera su último encuentro, se había vuelto adicto a esa piel de porcelana en pocos minutos.
Fue bajando lentamente una de sus manos hasta la intimidad de ella, la apartó enseguida como si quemara, también pudo notar como el cuerpo de Rukia temblaba ante ese pequeño contacto, no sabia si de miedo o de placer. Volvió a poner la mano justo ahí, pero sin tocar demasiado. Estaba húmedo muy húmedo. Hasta donde sabia eso era un signo de que a ella le gustaba todo lo que él hacia ¿o no?
Rukia tampoco sabía qué hacer. Solo quería seguir siendo acariciada y tocada por los labios, las manos y la piel de Ichigo Kurosaki. Quería más, cada vez quería más de él.
Nublado por el placer y el instinto de su cuerpo, volvió a acomodarse en las piernas de Rukia, podía sentir aún el miedo en su menudo cuerpo, agarró ambas manos su pequeño rostro y le dio pequeños besos en sus labios rosados. Mientras se daban esos pequeños besos ella aprovechó para desatar el nudo del kimono de él, ella también quería verlo entero aunque se sentía muy nerviosa, nunca había visto un hombre desnudo. Llevó una de sus manos al cuello del kimono y fue bajándolo desnudando primero un hombro y luego otro. El chico la ayudó quitándoselo completamente tirándolo lejos.
Sin embargo la chica no pasó de los pectorales, le daba vergüenza ver más allá. Aunque Ichigo ya la hubiera visto entera, tampoco le dio tiempo, Ichigo se abalanzó a ella volviéndose a acomodar entre sus piernas. Y no esperó más.
Se miraron una vez más.
Y entró en ella. Al principio no entró enteramente, pero tras una segunda embestida entró en ella del todo.
Rukia gritó. Gritó de dolor, con mucho dolor. Se abrazó a Ichigo y hundió sus uñas en su espalda. No era algo inaguantable pero no estaba acostumbrada. Le dolía pero en eso Ichigo no había sido muy brusco, intentaba ser todo lo lento que pudiera, o que se pudiera controlar…el shinigami la cogió del rostro y le dio él beso más dulce de todos, esperando poder reconfortarla por eso. Sin embargo eso le costaba mucho.
Rukia abrió los ojos que luchaban por no llorar de dolor, sin embargo observar la cara del Kurosaki la sorprendió. Era una expresión que nunca había visto en él, no tenia el ceño fruncido, la boca ligeramente abierta era como una gran expresión de complacencia absoluta.
Ichigo se sentía en el paraíso ¡Kami! No se creía que estuviera dentro de Rukia! ¡Y mucho menos que estar dentro de ella fuera una de las cosas más increíbles del mundo! Estar dentro de ella, ese sitio era tan húmedo, tan caliente y se sentía tan sumamente bien. Jodidamente bien.
Rukia sintió los jadeos en su oído y como se controlaba para no continuar. Cuando sintió que el dolor menguaba poco a poco ella fue moviéndose sola para darle a entender que podía continuar. Ya habían llegado ahí no iban a parar. Tener a Ichigo dentro de ella era algo…sorprendente. Sobretodo con las siguientes embestidas.
Eso para él fue como las campanadas del cielo. Las embestidas al principio eran lentas y pausadas, las frentes de ambos estaban pegadas y los gemidos de Rukia en el oído del shinigami aumentaban al igual que la locura de él.
Cada movimiento dentro y fuera provocaba que el mundo de Rukia se perdiera de vista, la noción del tiempo se había perdido también, a veces hasta se olvidaba de quién era, sus pensamientos ya no eran coherentes, seguro que si intentara hablar solo soltaría más gemidos, ahora si definitivamente se había dejado llevar por el placer y solo se dedicaba a sentir. Y había descubierto que le gustaba.
Le gustaba y mucho.
Tenía a Ichigo dentro de ella, sus labios jadeaban el nombre de ella en su oído, sus labios le daban dulces besos y a veces salvajes, su sudor se mezclaba con el suyo, el roce de sus cuerpos…todo.
Si. Era increíble.
En ese momento sintió como su cuerpo se tensaba y notó algo una sacudida que crecía en la unión de ambos se expandía por todo su cuerpo. Arqueó la espalda y una fulminante descarga que le hizo gritar como nunca y durante varios segundos.
Al final oyó un rugido feroz del shinigami el cual parecía haberse transportado a un lugar muy lejano de allí.
Todo terminó cuando Ichigo se acostó encima de ella dejando todo su peso caer.
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La luz que entraba en la habitación era tenue y débil. El amanecer había salido hace un par de minutos inundando con colores anaranjados y amarillos la estancia. Pero no fue la luz lo que la hizo despertar poco a poco sin la sensación de frío.
Abrio los ojos lentamente, sus parpados pesaban como si tuviera un gran peso sobre ellos. Su mente aún no había empezado a funcionar por lo que se volvió a dormir varios segundos después y luego los abrió. Y al cabo de unos segundos volvía a estar dormida otra vez.
Sin embargo la extrañeza fue lo que la hizo despertar.
En vez de encontrarse en su habitación como de costumbre o en la habitación de su escuadrón, se encontraba en un lugar diferente, no estaba sobre un futón, sino sobre una cama. Y notaba que alguien respiraba delante de ella. Poco a poco sus ojos se abrieron viendo una primero una silueta extraña negra por la poca luz y muy borrosa. Luego la silueta empezó a coger forma poco a poco. Eran dos manos.
Eran su mano entrelazada con otra, las cuales estaban apoyadas en la almohada y tapando la cara del dueño de ese pelo naranja.
¿Pelo naranja? ¿Manos entrelazadas?
Abrió los ojos de sopetón y todo el sueño que tenía se fue de golpe y los recuerdos pasaron por su cabeza como una película.
Oh Kami.
oh Kami...eso digo yo...
Bueno gente, os quiero confesar una cosa. No había subido este capitulo antes por miedo. Por ahora han borrado ya tres fics mios M que me encantaban y aun van a ir borrando más. Y yo este capitulo lo iba a subir con toda la ilusión del mundo por que sabes que? Es mi primer Lemon lemon lemon y que ahora me digan que por eso lo van a borrar me da mucho miedo, pero es que no me parece justo, no es que en todos los capitulos haya lemonazos, en este fic esta escena era importante y a mi parecer muy significativa para mí, y ahora tengo miedo de que lo borren. Así que gente siento haber tardado tanto, por ahora cambiare el rated y deciros que iré publicando este fic en otras webs, aun no he pensado cuales pero he visto a gente que ya lo esta haciendo en blogs y tumblr. Os dejaré mi tumblr en la biografía por si lo voy publicando ahi y cuando lo publique en otras webs tambien os lo diré. Igual tengo suerte y no lo borran pero lo dudo mucho. Pero yo quería publicar este capitulo si o si. Y seguiré publicando. Veré que hago con los capitulos vinientes. Espero contar con vuestro apoyo.
Un besito gente, vuestros reviews son realmente estupendos.
JA NE!
