Cambios — Capitulo XV: Orden.

—Estas distraído.

Ichigo frunció el ceño

—De hecho ni siquiera lanzas el Kido con fuerza como las otras veces —contestó mirándose las uñas —¿Tanto empeño has puesto matando Hollows que no te queda energías?

—Deja de tocarme la moral—. Respondió el Kurosaki lentamente sin quitar su vista de su bola de energía. ¡Encima le salía con esas!, era culpa de ella y solo de ella que no pudiera concentrarse en hacer una estúpida bola de energía. Se ponía muy cerca de él, le miraba cada dos por tres, hasta la respiración de ella le ponía tenso. O igual solo exageraba, siempre era así en todos los días de entrenamiento pero ahora la cosa era muy diferente.

Muy diferente.

Y sentía que cada vez iba a más.

Antes podía estar todo lo cerca que pudiera que él no se ponía de esa manera tan nervioso. Ni siquiera lo notaba. Ahora es como si con solo un roce se quemara.

—Concéntrate.

—¡Ya lo sé!

A pesar de estar inquieto con Rukia al lado, cada día iba mejorando en el Kido y cuando Rukia se fue a sentarse a la sombra de un árbol, logró tranquilizarse y empezó a hacer bolas de energía consistentes poderosas. Así que el entrenamiento fue productivo dentro de lo que cabe.

—Vale podemos dejarlo por hoy —Dijo la chica poniéndose a su lado —No ha estado mal, vas mejorando.

—Pues claro—. Ichigo le dedicó una sonrisa arrogante y ella le respondió con un codazo —¡Ouch!

—No te creas tanto, llevas semanas de entrenamiento ya iba siendo hora de que te saliera algo.

—Vale, vale —respondió tocándose la zona donde le había dado el codazo. Luego se la quedó mirando —¿Qué vas a hacer ahora?

—Ya has visto la cantidad de informes que me han traído Kiyone y Sentarou esta mañana. Tengo que hacer una presentación para la semana que viene —dijo dando media vuelta hacia su despacho seguida por Ichigo. El cual tenía los brazos cruzados.

—Ósea que esta noche tampoco podrás quedar.

—No.

—Pues me quedo a ayudarte.

—Tenía pensado llevarme el trabajo a casa.

—Pues llévalo a la mía.

Rukia paró en seco y le miró a los ojos.

—Ya me llevas todos estos días ayudándome.

Y era verdad. Llevaban solo un par de días desde que eran…bueno desde que estaban "juntos". Y como él había pensado antes las cosas eran muy diferentes ahora. Ichigo pasaba cada vez más tiempo en el despacho con ella ayudándola, con el papeleo, con los nuevos shinigamis, se encargaba de redactar sus informes cuando ella tenía reuniones, a veces salían muy tarde y él la invitaba a cenar ramen. Después de cada entrenamiento Kido se despedía de ella con un beso en la mejilla o la frente, a veces la cogía de la mano cuando nadie miraba y ella aunque se sonrojaba le devolvía el apretón. Cuando el pelinaranja vio que pasar un tiempo solos era bastante difícil le ofreció su casa para concentrarse en hacer los informes, si iba a estar ocupada que por lo menos fuera con él al lado, cuando ya se hacían las tantas le llevaba tés o la cubría con una sábana.

A Rukia este tipo de gestos viniendo de él la asustaban y la intimidaban un poco. Y para ser sinceros, incómoda. A ella nunca le habían dedicados esos gestos tan cariñosos y amables, y mucho menos porque la quisieran. Como mucho la habían tratado bien en la mansión de Byakuya pero porque eran los deberes de los sirvientes, por nada más. Y claro, también estaba ver esta cara súper desconocida de Ichigo Kurosaki. Le sorprendía que fuera tan atento con ella.

Muchas veces no sabia reaccionar, le devolvía los apretones de mano y se dejaba besar, aunque con tanto trabajo no habían podido compartir un beso como el de hace días y mucho menos habían vuelto a tener intimidad. Tampoco estaba segura de si quería. A veces tenia miedo de que los vieran y se alejaba un poco de él, pero luego le volvía a coger de la mano, la cual era grande y con cicatrices pero a la vez cálida y protectora. En realidad el verdadero problema no es que no le gustaran todas esas atenciones por parte de él, es que no sabía como reaccionar. Porque estaba claro que a su cuerpo y su pecho le gustaban dichas atenciones.

De hecho aunque no quisiera admitirlo, cada vez más. A veces se volvían una adicción todos esos besos y esos gestos.

—Está bien —soltó Rukia con una débil sonrisa.

Igual lo que necesitaba era acostumbrarse más a estar con él.

Esa noche terminaron todo lo que tenían que hacer más pronto de lo que ella se imaginaba, estando en casa de Ichigo estaba más concentrada y teniéndolo ahí podían hacer más rápidos los informes, con suerte esa noche Rukia dormiría un poco más de lo que se pensaba.

—¿Vas a acompañarme hasta la mansión? —preguntó Rukia estirándose las extremidades de su cuerpo y levantándose de la mesa.

—¿Ya te quieres ir? —preguntó Ichigo esta vez observándola fijamente como se estiraba.

—¿Bromeas? Son las tres de la mañana.

—No me refería a hacer más trabajo —respondió apoyando su cabeza en su mano. No sabia si debía decir esto, pero debía intentarlo —Me refiero a que si estás tan cansada podrías quedarte aquí…a dormir.

Rukia bajó los brazos y se tensó se de repente. ¿Le estaba pidiendo que se acostaran? Bueno ahora que lo habían hecho una vez no era tan escandaloso como le hubiera parecido hace semanas. Pero eso no evitaba ponerla nerviosa.

—Es solo dormir Rukia —Ichigo intentó poner un tono que no delatara su nerviosismo por lo que le acababa de proponer —Si te quedas aquí tendrás más tiempo de dormir. Y vamos al mismo escuadrón nadie se extrañara de llegar juntos.

—Pero…

¿Con lo cansada que estás quieres cargar con todo esto hasta la mansión? —dijo señalando las montañas de papeles de la mesa.

Bueno ahí si que le había dado en el blanco. Aparte tenían que acostumbrarse el uno al otro, ¿no?, Solo deseaba que ni Byakuya ni nadie se enterara de esto. Ichigo habia vivido en una época donde dormir juntos no estaba mal visto si no estabas casado.

—De acuerdo —dijo bostezando —Solo deja que recoja lo suficiente para llevárnoslo mañana y vamos a dormir —Aparte, ahora que lo pensaba no tenían que dormir en la misma cama.

—Vale —respondió Ichigo saliendo de la sala —Te espero en mi habitación.

¿O sí?

Sin embargo al contrario de lo que había pensado la morena, se pasaron casi toda la noche hablando. Él le contaba historias de sus misiones de todo ese año que no se habían visto y de las locuras al cazar hollows con Renji y con Ikkaku, ella le contaba las últimas con las reuniones de la Asociación de las mujeres shinigamis a las que de vez en cuando iba (cuando ella no era el punto de mira) como cuando se metían en casa de Byakuya, o las tonterías que hacían Sentaro y Kiyone en las reuniones, también cosas de los shinigamis y recordaban a sus amigos del mundo humano.

—Entonces… —empezó Ichigo con voz incrédula —¿El tío ese era un robot que se tenia que hacer pasar por tu pareja? Como un…

—Como un gigoló. Sí. —respondió la chica sin poder escaparse una risita.

—Esas locas se superan cada día—. Dijo Ichigo con un deje de rabia.

—¿Te molestaba? —preguntó Rukia parpadeando, la palabra que más bien quería decir era "celoso".

—Para nada—. Respondió el chico esquivando la mirada aunque la morena sabía que estaba mintiendo.

Después de estar unas horas hablando Rukia no podía mantener más los ojos abiertos y dejó que el sueño la venciera. Ichigo le dio un beso de buenas noches en la frente…y otro muy dulce en la frente.

Apagó la luz y la abrazó.

Cuando se levantaron lo hicieron con una extraña sensación de bienestar infinito, que sabían que tenia que ver porque habían dormido juntos.

Rukia sonrió sintiendo por fin que ya se estaba acostumbrando a él. Y a un "ellos". Y le gustaba.

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—Últimamente siempre me dicen que estás en el despacho de Kuchiki-san.

—Sí, últimamente sí.

Hirako cambió su posición en la silla y analizó al shinigami de arriba abajo. El shinigami había ido a la biblioteca por un libro que necesitaba Rukia y por "desgracia" se había encontrado con el capitán rubio.

—¿Y eso?

Si estoy más allí, no vendrás a molestarme tanto—. Hirako soltó una carcajada.

—Lo que digas. Por cierto, ayer estuve hablando con Ukitake-taicho.

—¿Y qué? —preguntó despreocupadamente mientras comprobaba un libro.

—Hoy quería hablar contigo

—¿Y me lo vienes a decir tú que eres capitán en vez de uno de los hombres de mi propio escuadrón? —preguntó dirigiendo una mala mirada al rubio.

Después de decir eso justo en ese momento un hombre del escuadrón 13 apareció en la puerta.

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Ichigo aún no había vuelto con lo que le había pedido, de hecho había pasado ya media hora ¿Era tan fácil perderse en una biblioteca? Si tardaba unos minutos más iría a por él pero ahora tenia que seguir con lo suyo.

Al abrir uno de los cajones para encontrar un sello para firmar vio unas carpetas apelotonadas. Las antiguas carpetas de sus pretendientes.

Es verdad, hablo con Nii-sama sobre ello. En su cabeza volvió la conversación.

¿Hay alguno que te haya llamado la atención?

Suspiró profundamente.

Si, uno le había llamado la atención. Un shinigami terco, cabezota, gruñón y de mal carácter. Cuyo color de pelo es un naranja chillón, el cual se acababa de dar cuenta que le encantaba acariciar y unos ojos avellanas los cuales adoraba perderse en ellos.

Al día siguiente, después de eso habló con su hermano y le pidió que por favor que aparcara el tema de las citas durante un tiempo, alegando que estaría sumamente ocupada. Sintió mentirle, pero un descanso no venia mal. Y aparte así disfrutaría de Ichigo.

Sin embargo ¿Qué estaba haciendo? ¿O que se supone que debería de hacer ahora? Apenas llevaba unos días con Ichigo, no sabía si eso que tenían iba a durar o no, o quien sabe pero si ahora estaba con él no debería de quedar con otros hombres, ¿no?

¿Pero como le diría esto a su hermano?

No sabia ni qué hacer ni de qué preocuparse primero, pero unos toques a su puerta le devolvieron a la realidad.

—Vaya por fin. Ya pensaba que tendría que mandar un escuadrón entero a buscarte en la biblioteca.

Aunque el chico quería responderle la ironía, tan solo se dedicó a entrar en el despacho, dejarle el libro en la mesa y sentarse en la silla. Rukia notó en su cara que le pasaba algo.

¿Qué ocurre?

El shinigami negó con la cabeza y le dedicó una débil sonrisa, para luego mirar el suelo. Después de pensarlo un segundo, miró a Rukia.

—¿Te apetece dar una vuelta?

—¿Cuándo? —se sorprendió —¿Ahora?

—Sí. Me apetece, ¿a ti no?

Rukia le dirigió una cara de "Me estás tomando el pelo" para en seguida señalar el trabajo que debían de hacer. Aparte que hace nada que acababan de llegar.

—Anoche ya hicimos mucho.

—Lo sé y si hoy hacemos más, mañana tendremos menos. Simple cuestión matemática.

—Prometo hacerlo todo yo esta noche, o luego, pero vamos—. Dijo claramente mientras se levantaba y le ofrecía su mano a Rukia.

Rukia se quedó un buen rato analizando la mano del pelinaranja.

Tenia unas grandes ganas de decirle que no. Pero nunca le había pedido algo así.

—Eres una mala influencia Kurosaki.

Le dio la mano. La cual era cubierta totalmente por la de él y le brindaba una gran calidez.

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La llevó a la cascada donde una vez acabaron ese hollow extraño. Aquella vez que Ichigo la besó.

—Este sitio está lleno de hollows—. Bromeó Rukia dejándose acariciar la cara por el chico. Estaban apoyados sobre el tronco de un árbol, escuchando el ruido de la cascada y oliendo el olor de la hierba fresca.

—Me encargaré de ellos si aparecen—. Contestó dibujando con su dedo la pequeña mandíbula de ella para luego ir bajando y acariciarle uno de sus brazos. Aún se preguntaba por qué no tenía tanta dificultad como antes en tocarla, teniendo en cuenta como eran ambos, también le sorprendía que ella no se alejara (aunque lo hacía de vez en cuando, pero cada vez menos). Seguramente la respuesta seria porque, seria sin sentido tener miedo a tocarla si habían compartido algo más intimo que caricias.

—No te muevas…

Ella obedeció y no se movió ni un milímetro. Respiró hondo mientras sentía sus manos notando tocando su piel. Fue imposible no soltar un pequeño suspiro. Ichigo sonrió ante eso. Notó como el aliento de él le acariciaba uno de los oídos tensándola. Luego notó como sus frentes se tocaban. Estaba tensándola mucho y no estaba acostumbrada a estas situaciones, sinceramente quería correr y dejarlo ahí. Al final no pudo evitarlo y abrió los ojos de sopetón sobresaltando al chico. Pero ella no quería huir, solo quería compartir con él, el mismo nerviosismo. Lo cogió por la cabeza y estrelló sus labios con los suyos logrando un pasional beso. El Kurosaki se sorprendió al principio pero después de unos segundos le empezó a seguir el ritmo. Un sentimiento de felicidad le recorrió, ella nunca tomaba la iniciativa ni el control, pero eso empezaba a cambiar.

Se besaron una y otra vez, profundizando poco a poco sus besos haciéndolos más pasionales. Las manos de Rukia se mueven hacia sus hebras naranjas, las cuales cada día la tienen más fascinada, adora acariciarlas con cariño, era extraño, se separaban para respirar, pero cuando sus labios no se tocaban, se asfixiaban.

Una de las manos de ella se entrelazó con las de él, mientras que la otra dejó en paz su pelo y se dirigió a su cuello y se metió por su kimono para acariciarle lo que podía de su espalda. Él también quería tocar su piel, así que dejándose llevar metió su mano por su kimono, tocó la piel de su hombro, provocando que éste se abriera un poco.

De hecho se dejaron llevar los dos y Rukia se sentó a horcajadas de Ichigo, el cual aún tenía la espalda apoyada en el árbol. La abrazó más contra él y la siguió acariciando por debajo del kimono, se aventuró más a allá y le tocó uno de sus pechos. Ella soltó un leve quejido y se quiso separar, pero él no la dejó, a todas horas pensaba en aquella noche que compartieron y deseaba volver a tocar esa piel.

—No es el mejor momento—. Dijo Rukia entre jadeos y ligeramente sonrojada.

—No voy a hacer nada—. Respondió en voz muy baja en su oído. A Rukia eso le sonaba a mentira al notar cierta presión en donde ella estaba sentada.

Rukia intentaba con todas sus fuerzas no soltar gemidos con las caricias que le profesaba Ichigo en lo que alcanzaba de su piel. ¿Y si alguien les oía? Sin embargo, no hacía mucho por detenerle.

Pero empezó a volverse un poco insoportable cuando él empezó a besarle el cuello, primero eran besos ligeros y rápidos. Pero luego empezó a pasar su caliente lengua por su cuello. Así que se levantó de sopetón.

Ichigo le miró con los ojos abiertos, jadeando, con el kimono suelto y claramente decepcionado, sin embargo debía de haber previsto esa reacción por su parte. Intentó encontrar alguna palabra que decirle pero…

—Vamos a tu casa.

—¿Có…como?

Rukia le miró con los ojos llenos de fuego mientras se acomodaba el kimono y se acercaba a su rostro.

—Ahora.

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Los cuerpos de ambos sudaban trazando largos caminos en la piel. Las uñas de Rukia se hundían cada vez más en la gran espalda del pelinaranja cada vez que la embestía. Las caderas de ambos subían y bajaban en un gran baile coordinado. Él estaba ocupado mordiendo su cuello y lóbulo de su oreja mientras acariciaba cada centímetro de sus pechos mientras entraba y salía de ella, cada vez con más rapidez. Ahora ella podía gemir todo lo que quisiera, a veces le daba vergüenza, pero con cada movimiento de él era insoportable no gemir, cosa que él adoraba. Sus gemidos eran adictivos.

La Kuchiki cogió una gran bocanada de aire cuando su cuerpo se rindió a todas esas sensaciones, cada vez más y más y más intensas, una gran corriente eléctrica se concentró en su vientre para luego desplazarse a cada partícula de su ser soltando un gran suspiro. Ichigo al notar el húmedo orgasmo de ella en su miembro, no pudo aguantarse más. Un áspero gemido salió de su garganta al notar como llegaba a esa maravillosa sensación.

Salió de ella y se acostó a su lado boca arriba, los dos jadeando como si hubiera hecho una gran carrera intentando recuperar el aliento y quitándose el sudor de la frente y despegándose de las mantas.

—Hay…que…volver—. Soltó Rukia con los ojos cerrados intentando respirar para hablar.

—Dame…solo un minuto—. Ichigo no estaba mejor que ella.

Cuando por fin lograron que sus cuerpos se relajaran, Ichigo la abrazó. Era impresionante como Rukia se sentía llena con solo eso, incluso después de haberlo hecho no se cansaba de su tacto, más bien quería más de él. Ahora sí estaba perdida. Escondió su cabeza en el torso de Ichigo sonriendo.

—Mañana termina mi periodo de descanso.

Rukia levantó la cabeza lentamente asimilando lo que le había dicho.

—¿Mañana vuelves a las misiones?

Ichigo asintió aun intentando respirar, pero más tranquilo. Rukia sintió que la miraba esperando su respuesta, la verdad es que no debía de sentirse triste, tarde o temprano debía de volver a las misiones, que para algo era el mejor, de hecho hasta había tenido demasiados días extras que Ukitake le había permitido. Pero aun así sentía un poco de decepción. ¿Eso quería decir que estarían un tiempo sin verse como ese año?

Ichigo aún esperaba a que ella dijera algo, lo que fuera. Pero ella solo volvió a enterrar su cabeza en su torso. Sin embargó después de unos largos minutos, si que hizo algo. Se acercó a él, lo abrazó por el cuello y pegó sus frentes mientras le sonreía dulcemente.

—Creo que hoy no vamos a trabajar.

Hoy le quería para ella.


Si, he visto el manga. Sí...he visto lo que pasa. Y si, me he puesto a llorar como una magdalena mientras mi madre intentaba tranquilizarme.

¿Y lo peor de todo? ¡Que despues de pasar ESO en el manga Tite kubo lleva dos semanas sin poner capitulo! XD me voy a callar para la gente que no le gustan los spoilers pero estoy destrozada, bueno destrozada no, estoy más que destrozada...^^ aunque ver la portada de la nueva novela de Bleach me ha animado mucho, Rukia sale preciosa!

Gente siento mucho haber tardado tanto en subir este capitulo! Espero que sea de su agrado y si es asi dejadme un review por fa :) y si no os gusta dejadme uno igualmente acepto criticas constructivas y destructivas XDDD

ja ne!