Cambios — Capitulo XVII: Develamientos.

Estaba de pie fuera de la habitación, reuniendo fuerzas para entrar, mirarle a los ojos y hablar. No era un reto fácil. Podía comportarse fría y tranquila cuando quería pero cuando se trataba de su hermano los nervios la carcomían viva. Con el paso de los años eso no había cambiado, y seguramente nunca cambiaria.

Pero era el hombre que la había cuidado durante mucho tiempo y se merecía que no le mintiera. Así que entró a la habitación son sumo cuidado.

Rukia movió sus manos nerviosamente mientras veía al elegante hombre delante de ella sentarse en el tatami. Aguantó la respiración unos segundos y luego soltó una bocanada de aire disimuladamente. Sus manos empezaron a sudar, esto no era bueno para empezar una conversación seria. Se sentó.

Byakuya levantó una ceja.

—¿Y bien?

Abrió la boca para iniciar la conversación pero no pudo, de repente su garganta se secó en el acto y sus palabras se quedaron en su cerebro y no llegaron a salir. Esto no empezaba nada, nada, nada, nada bien…

—¿Te encuentras bien, Rukia? —preguntó su hermano examinándola de arriba abajo.

—S…sí, Nii-sama—. Dijo por fin encontrando la voz. Evitaba su mirada pero tarde o temprano tenia que enfrentarse, por mucho que hiciera tiempo la cosa no iba a cambiar.

—¿Es por el trabajo?

—No—. Negó con la cabeza nerviosamente.

—¿Entonces?

La teniente levantó la cabeza, vio las frías pupilas de Byakuya y sintió como se perdía en ellos. Empezó a respirar y volvió a esquivar la mirada. Siempre había sido duro hablar con su hermano. Pero siempre lo conseguía cuando era realmente importante. Pero nunca se había enfrentado a estos "temas".

Volvió a perderse en esos ojos azules tan fríos como el mar. Parecía automático, cuando lo hacia, su cabeza daba vueltas.

De repente las dudas le asaltaron. ¿Y si se había precipitado? ¿Y si no hacia falta que le dijera nada? Podía seguir viéndose con Ichigo, en las citas con los nobles no pasaba nada de nada pero…no era justo. No era justo y lo sabía. Ni para ella, ni para Ichigo ni para su Nii-sama. Lo de Ichigo igual era muy pronto, demasiado, demasiado pronto… ¿Cuanto llevaban? ¿Un par de días? ¿Una semana? Se conocían desde hacia años pero esto…esto era distinto. Por mucho que se conocieran eran ahora como dos desconocidos, dos desconocidos que se querían conocer.

Pero los de las citas era una cosa que ni siquiera sabe por qué empezó.

—Nii-sama, te he llamado para…para hablar de un tema que hace tiempo…—se tomó unos segundos para tomar aire —…hace tiempo que quería comentarte.

—¿Y de qué se trata?

Volvió a coger aire. Su corazón latía como nunca. Ichigo apareció en su mente. Apretó los labios con fuerza…y dejó salir las palabras.

—Me gustaría saber cuales son tus intenciones con…con organizarme encuentros con los nobles.

Y ya está, lo soltó.

Pasó un largo minuto.

Y luego otro.

El aire empezó a pesar como el plomo. Tenia que hacer esfuerzos para no ahogarse y empezar a transpirar como una enferma.

Byakuya la miró a sus ojos violetas los cuales ahora le dirigían la mirada. Hizo un gran esfuerzo para no morderse las uñas. Si él no hablaba lo haría ella.

—Admito que…es algo que yo… —volvió a coger aire —es algo que yo… —maldita sea no debía de ponerse nerviosa ahora —tendría que haberte preguntando antes, pero…le he empezado a dar bastante importancia al asunto últimamente y me gustaría saberlo, por favor…

Byakuya empezó a mover los dedos, como pensativo, cerró los ojos lentamente y soltó un pequeño bufido. Estuvo varios segundos así, cosa que crispaba la paciencia de Rukia y empeoraba su ánimo y su valor de seguir con la conversación. Pero ya estaba ahí y debía de seguir.

—Supuse que me lo preguntarías tarde o temprano.

Rukia dejó salir todo el aire que había estado guardando todo este tiempo, por un lado le había contestado algo positivo, sin embargo debía de mantenerse alerta. Era Byakuya Kuchiki.

—Antes de responder a tu pregunta, Rukia, ¿La situación te ha…incomodado mucho?

Más que "incomodar" la palabra era "molestado" y la respuesta era un claro…SÍ.

—Un poco—. Mintió. De repente ahora las palabras que se habían quedado atascadas entre su cerebro y su garganta se aglomeraron en sus labios y empezaron a salir —No sabía si preguntarle o no, pero con el paso del tiempo me he preguntado si lo que tú querías era verme prometida, o casada con alguien de buena familia. Y ahora que después de largo tiempo por fin soy teniente, tengo miedo de dejar mi puesto de abandonar mi puesto para casarme o quizá yo…yo…

—Rukia.

—No te he dicho nada hasta ahora porque me parecía una impertinencia y no sabía como sacar el tema, pero sinceramente…

—Rukia…

—Si es sobre mi futuro yo…

—Rukia—. Dijo levantando un poco más la voz.

Rukia cerró la boca impidiendo que más dudas salieran a la luz. Era increíble, no sabía lo mucho que le había afectado todo este tema hasta ahora. Hasta que lo había dicho en voz alta, delante de su hermano. De repente todos los sucesos de las últimas semanas surcaron su memoria, Ichigo, la AMS, el gigoló, la cita en Karakura…

—No te pongas nerviosa—. Formuló de una manera increíblemente tranquilizadora. Rukia se mordía el labio y no pudo evitar mostrarse afectada, pero el hecho de soltarlo todo le había hecho darse cuenta de muchas cosa—. Siento que has sentido de alguna manera confusa —ella asintió —Y provocara que pensaras en muchas cosas sin sentido.

—¿Sin…sin sentido?

—Rukia yo no deseo que dejes de ser teniente. Si Ukitake te nombró teniente y tu aceptaste el puesto es decisión vuestra, si algún día lo dejas. Entonces volverá ser vuestra decisión.

Las palabras de su hermano le habían incitado algo cálido dentro de ella y la sangre volvía a circular por su cerebro con normalidad. Su hermano no quería que dejara de ser teniente.

—En cuanto a tu futuro…si te casas o no, no tienes por qué elegirlo ahora…

—Pero…no lo entiendo, por qué entonces tomaste la decisión de…

—Simplemente llevabas un año en el que te encontraba…extraña.

—¿Extraña?

—Sí. Desde hace un año que se te veía algo decaída. Suspirante. Me dio la sensación de que comías menos, se te notaba que dormías poco. Al principio pensé que era porque empezabas a tener cada vez más trabajo como teniente pero luego vi que seguías en la misma situación…empecé a preocuparme un poco pero no quería inmiscuirme en tu trabajo.

—Y…y entonces pensaste en…?

—Te voy a ser sincero. Llevo varios años recibiendo peticiones de pretendientes interesados en ti.

—¿Có…cómo…?

—No debes de sorprenderte —exclamó haciendo un pequeño gesto con la mano quitándole importancia al asunto —Eres una Kuchiki. Otra cosa es que yo te lo haya hecho saber. No lo veía relevante comentártelo.

—¿Y cómo es que…?

—Pensé que hacerte salir un poco rompería un poco tu rutina y te despejarías un poco más.

Ahora sí. Su boca cayó al suelo, sus ojos se dilataron, sus pupilas se encogieron. ¿¡Era por eso!?

Pero espera ahí había algo que no tenia sentido. ¿Llevaba él último año decaída? ¿No comía? ¿Se le veía mal? ¿Tan mal que su hermano que apenas se fijaba en ella se había dado cuenta?

Intentó recordar en su océano de recuerdos todos y cada uno de sus días de los últimos años. Es verdad, cada uno de esos días había sido monótono y aburrido. ¿Hubiera sido posible que se hubiera descuidado sin darse cuenta? Todo había sido tan rutinario desde que…

Oh claro ya lo entendía. ¿Cómo no lo había visto hasta ahora? Estaba más claro que el agua. ¿Por qué se daba cuenta ahora?

Fue cuando ella e Ichigo se distanciaron.

No lo había entendido hasta ahora, porque ellos ya estuvieron un tiempo separados antes y no se había sentido así, pero esto era lo mismo, no era como cuando él era un humano y ella una shiniigami, cada uno debía de estar en su mundo y lo entendía, pero ahora que los dos eran shinigamis y estaban en el mismo Sereitei y que aun así no se vieran, había dolido mucho más.

—¿Entonces…no quieres que me case? —aún no estaba segura, tenía que asegurarse, ahora sí. De verdad. Cada vez entendía más lo que sentía por Ichigo. ¿Por qué sino esa distancia había dolido tanto? Más que otras veces.

—Bueno…digamos que por ahora no. Si quieres centrarte en tu trabajo, lo entiendo—. Declaró el Kuchiki encogiéndose de hombros ligeramente—. Solo por ahora…

Ahora lo entendía todo, ahora todo tenia sentido. No era solo por lo que le había demostrado su hermano, era porque en verdad había echado de menos a Ichigo, era porque de verdad su hermano se preocupaba por ella, por su futuro. Era como si un gran peso de encima se le hubiera quitado de su espalda.

—No te preocupes. Mañana mismo dejaré de mandarte peticiones.

Rukia se llevó una mano a su pecho. Ahora así podía respirar tranquila, el peso y la tensión de la habitación se había desvanecido para convertirse en un aire agradable.

Una sonrisa tonta surcó sus labios. Se sentía como una tonta, si. Pero una tonta muy contenta. Muy feliz.

Su hermano se alegró interiormente por ver sonreír a su hermana, pero no lo demostró, solo carraspeó.

—Gracias por… —empezó Rukia aunque aun le costaba a hablar —…por aclarármelo Nii-sama.

Kuchiki se cruzó de brazos y cerró los ojos.

—Rukia…yo me encargaría de que nunca terminaras con un hombre que no mereciera la pena.

—Lo sé—. Dijo escondiendo un sonrisa, su hermano hablaba seriamente así que tampoco podía mostrarse muy feliz.

—Como los del escuadrón de Zaraki Kempachi—. Mencionó con un aura roja a su alrededor. Rukia rio más ante su comentario—. Nunca.

—Lo sé.

—O Renji—. Dijo mirándola fijamente esperando una reacción. Pero ella solo lo miró sin saber que responder.

—Eeh no, claro que no —No se veía con Renji en absoluto, eran como hermanos y aparte…

—Y claro. Mucho menos con Kurosaki Ichigo…

Silencio.

La risa de Rukia fue menguando. Y menguando. Hasta que se volvió una débil risita para luego volver a quedarse muda.

Sabía que con Kuchiki Byakuya no debía de bajar la guardia.

Byaukya le clavó la mirada. Iban a empezar otra conversación seria.

Una que no le iba a gustar nada.

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=Un par de días después=

Renji observó con interés, como su recién llegado amigo dejaba a su pesada Zangetsu en el suelo y luego él se dejaba caer sobre el cojín del suelo del bar.

—¿Una misión dura? —preguntó el pelirojo sin quitarle el ojo de encima. Ichigo suspiró pesadamente.

—Más o menos, no fue muy dura pero no esperaba estar tantos días fuera. Ni siquiera he pasado aún por casa y necesito cambiarme.

—¡Hubieras ido!

Ichigo le miró con odio.

—¡Lo hubiera hecho pero en plena misión me mandaste mensajes diciéndome que nada más llegar que quedara contigo que tenias algo que hablar conmigo! —gritó. Estaba cansado, agarrotado y sucio. Y encima el pelinrojo le había dado por culo para quedar.

Abarai carraspeó y se puso serio de repente.

—Ichigo.

—Renji…

Antes de que pudieran seguir, el teniente sacó de su manga una revista, una revista que con solo ver la portada ya se sabía de que era.

—¡No me jodas! ¡Me has traído aquí para ver una revista de la Asociación de locas shinigamis!?

—¡Es serio! —Exclamó tirándole la revista a la cara —¿¡Como no nos habías dicho que te habían ascendido a capitán!? —le recriminó.

Ichigo no dijo nada, tan solo despegó la revista de su cara y se puso a ver la portada, el cual era él saliendo del despacho de Ukitake. Mierda. Ahora él era el punto de mira de las locas. Esto era como la ruleta de la suerte y la muerte. Si te pillan estas perdido.

—A mi no me han ascendido a nada—. Dijo tranquilamente y devolviéndole la revista de la misma manera —Todo eso se lo han inventado ellas.

—No sé si lo sabes pero es un rumor bastante extendido durante estos últimos meses y ahora la cosa se ha hecho más fuerte por culpa de las locas.

—¿Y qué quieres que te diga? ¿Quieres que te cuente las cosas que pasan en mi escuadrón? Seguro que Byakuya te pide que no lo hagas.

—No, no es cierto. Pero estas... —señalo la revista —Se encargan de hacerlo.

—¡No me puedo creer que me hayas llamado para esto¡ ¡Cuando te vuelvan a coger a ti también me encargaré de hacer estas gilipolleces! —gritó, harto de la situación apoyando su cabeza con su mano.

—¡No me cambies de tema! ¿Es verdad o no? —dijo impaciente acercándose a él.

—La verdad es… —Renji se quedó callado. Los dos se miraban fijamente —… ¡Que no te importa una puta mierda! —dijo gritándole tanto que hizo que Renji se fuera hacia atrás.

—¡Qué corta rollos eres!

—¿Qué pasa? ¿Te cabrea que yo llegue a capitán antes que tú? —dijo con una sonrisa maliciosa.

—¡Para nada! —Escupió cruzándose de brazos —Si quieren subir a alguien tan mediocre como tú a capitán no quiero ni pensar en los pobres shinigamis que estén a tus órdenes—. A pesar de sus palabras era evidente que si estaba un poco cabreado por lo mencionado.

—Bueno… —El Kurosaki resopló y empezó a mover los dedos nerviosamente en la mesa —¿Has visto a Rukia? Quier…digo, necesito verla.

—¿Donde va a estar? ¡En su escuadrón! Aunque… —se frotó la barbilla pensativa —…últimamente ha estado un poco esquiva, viene a las reuniones y se va. Ya no se para a hablar conmigo. Supongo que Byakuya le seguirá teniendo caldeada con las citas —dijo con voz amargada ante lo último mencionado.

Los dedos de Ichigo dejaron de moverse en la mesa. Tuvo que hacer un esfuerzo en no cambiar su expresión serena de la cara a una más enfadada por lo que le había dicho el pelirojo.

—¿Byakuya…aún está con eso?

—Pues si, aún—. Respondió dándole un sorbito a su sake —De hecho ayer le vi con un hombre.

—¡¿QUÉ?! —Sus esfuerzos se fueron al garete en el momento en que pegó el grito. Renji se giró a mirarle perplejo. Carraspeó intentando disimular pero ya era un poco tarde —Perdón es que… —esquivó la mirada atónita del pelirrojo —Es que Rukia me dijo que Byakuya había parado de organizarle citas… —era una mentira como una catedral, no le dijo nada, de hecho ni habían hablado del tema, él quiso pero entre la conversación de Ukitake y la misión decidió dejarlo para luego.

Craso error.

Aun así no se esperaba que Rukia hubiera aceptado. Podría haberse excusado con una misión o un trabajo o algo…

—Tengo que irme.

Renji siguió la figura del pelinaranja cruzar la puerta del Bar. Se quedó un rato cavilando en su extraña reacción. Aunque al cabo de unos segundos dejó de darle importancia.

000

Hacía un buen rato que se había quedado fija en su mesa de escritorio. Cualquiera que la viera en ese instante se pensaría que estuviera analizando milímetro a milímetro la pulcra madera seca en la cual descansaban sus informes. Eran sus informes de ayer, antes de ayer y los de esta mañana. Ahí se encontraban. Esperando se atendidos pero no habían recibido más que la mitad de la atención.

Rukia no estaba bien.

Se esforzaba por mantener la concentración y evitar que su mente divagara hacia el problema que la inquietaba, pero era muy difícil, considerando que era algo que ocupaba la mayor parte de sus pensamientos desde aquella conversación.

Se levantó y se dirigió a su ventana, intentando coger algo de aire fresco que le oxigenara el cerebro. La incertidumbre había invadido cada uno de sus pensamientos conscientes.

Abrió el cajón y cogió un pequeño conejito de peluche. Era el conejito que Ichigo le había regalado en la feria. Se quedó un largo rato encandilada con él como si se tratara del tesoro más bonito del mundo. Los arranques de amabilidad del pelinaranja eran para guardarlos bien, pocas veces pasaba. Aunque últimamente con ella esos arranques se habían aumentado.

Esos pequeños arranques de amabilidad y dulzura que la hacían sonreír.

El sonido de los golpes a su puerta la sobresaltó y la trajo de vuelta al mundo real. Guardó el conejito en su cajón y ya que estaba levantada se dirigió a su puerta.

En cuanto abrió la puerta se lo encontró ahí. Apoyado en el marco de la puerta con pose interesante y con sus ojos mieles incrustados en ella.

Su corazón se agitó. Sintió una alegría absurda al ver su cara enfrente de la de ella como si hicieran meses que no se vieran y eso que solo habían pasado un par de días.

—¿Me has echado de menos? —dijo con una voz susurrante. Estaba en el pasillo así que debía de tener cuidado.

No contestó. Solo se limitó abrir la boca intentando decir algo pero la cerró enseguida. Aprovechando esto, Ichigo se acercó a ella intentando juntar los labios, pero se quedó en solo una caricia porque ella sea apartó.

—¿Qué haces? Estamos en el escuadrón y puede pasar cualquiera por el pasillo.

—Ah —dijo Ichigo con voz despreocupada, entrando en el despacho y cerrando la puerta —¿Mejor? —sin previo aviso la abrazó por la espalda y le dio un beso en la mejilla. La teniente lo aceptó y luego se le quedó mirando un largo rato para luego volver a sentarse su escritorio.

—¿Cómo te ha ido?

—Bastante bien —respondió apoyándose en un lado de la mesa que estaba justo al lado de ella. Omitió el tema de que estaba preocupado porque ahora la AMS iba a por él pero ya hablaría de ese tema con ella más tarde —Tenemos que hablar.

Rukia se sorprendió por eso. Después solo hubo un pequeño silencio.

—¿De qué?

—Bueno… —genial y ahora como iba a empezar el tema. Acababa de llegar y acababan de verse igual debía de dejarlo para luego —¿Te apetece…cenar juntos esta noche?

—¿Eh? Bueno vale… ¿Ramen?

—Por supuesto.

El chico se acercó a ella y le dio otro corto beso en la mejilla para despedirse. Pero luego Rukia giró la cara suavemente y se rozaron los labios dulcemente, luego se sonrieron un poco ruborizados.

Sin embargo en cuanto cerró la puerta esa sonrisa se transformó en tristeza.


Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm como irá la cosa? ¡Ya se verá!

Gente vuetros reviews me han gustado más que nunca! Madre mía que miedo tengo de decepcionar a gente tan maravillosa que me dan tantos animos! hay reviews que me animan tanto que no puedo dejar de sonreír, otros me hacen reír y otros llorar de la emoción! Espero que estos capítulos nuevos os gusten mas y que me dejéis reviews tan maravilloso.

Bueno gente ya estamos en Septiembre y es hora de empezar las clases, pero tranquilos mi beta y yo no permitiremos que pase mucho tiempo hasta actualizar, a veces es cierto que todos nos agobiamos y nos falta tiempo para todo pero estudiar también me hace estar más centrada, es cierto que la inspiración a veces se pilla vacaciones pero siempre acaba volviendo. ¿Cuanto llevo ya con este fic? ¿5 meses? Casi 6 creo ya.

Gracias por los reviews! Espero que este capitulo se los merezca!

Ja ne!