Cambios — Capitulo XVIII: Entelequias.

Ya era de noche cuando Rukia salió de trabajar y se dirigió a la puerta para salir. Se encontró con Ichigo apoyado en la pared esperándola, apareció una pequeña sonrisa en sus labios cuando la vio. Ella se la devolvió un poco ruborizada.

Fueron a cenar ramen, por suerte no se encontraron a nadie ya que seguramente estarían descansando de las misiones o bebiendo en bares.

Ichigo se pasó la cena contando todo de su misión, Rukia insistía en que le contara todo con pelos y señales, más como subcapitana para comprobar cómo había actuado en cada situación. Hacían bromas mientras comían, se metían el uno con el otro, se enfadaban y se volvían a reír disimuladamente.

—Cada vez eres mejor—. Soltó Rukia sin mirarlo antes de llevarse un naruto a la boca.

—Si tú lo dices—. Respondió el pelinaranja sin darle importancia. Después de eso se quedó un rato mirándola.

—¿Qué?

—No, nada —La verdad es que mientras la miraba se había dado cuenta de lo mucho que le gustaba hablar con ella, pero se sentía incómodo diciéndolo en voz alta —¿Tú no me cuentas nada?

—Papeleo y más papeleo. A eso se resume todo. —Respondió encogiéndose de hombros.

Terminaron de comer tranquilamente y salieron del restaurante. Dieron una vuelta por las calles disfrutando del aire fresco de la noche. Ahora estaban más tranquilos y solo cruzaban un par de palabras, disfrutando de la calma.

—¿Estas cansado?

—No mucho aunque un poco sí…Oye, ¿quieres…? ¿Nos pasamos por mi casa?

Rukia asintió, dando las gracias de la oscuridad de la noche para no se diera cuenta de su rubor. Ichigo le cogió de la mano, disfrutando de sentir otra vez la suavidad de su piel.

Cuando llegaron Ichigo dejó que Rukia pasara primero, al cerrar la puerta se sintió libre por fin de la presión de fuera. De la presión de ir con cuidado con que la gente se fijara en sus pocos gestos cariñosos.

Así que sin avisarle la cogió por los hombros, le dio una media vuelta y le dio un ligero pero largo beso en los labios.

Rukia se sorprendió pero aceptó su beso. Ahora los dos "escondidos" en la casa de Ichigo le hacia sentir más cómoda e igual que Ichigo, se sintió libre de darle un beso.

Sin embargo…

—¿Qué pasa? —preguntó curioso el shinigami al notar un atisbo de tristeza en los ojos violetas.

—Nada —Respondió soltándose de su agarré y yendo hacia el patio trasero de la casa, abrió la puerta corrediza que daba al patio y se sentó en el suelo observando la luna y las estrellas e invitó a Ichigo a sentarse junto a ella.

Sintiendo otra vez ese sentimiento de liberar sus sentimientos, apoyó su cabeza en el hombro de él sin quitar la vista del cielo. No podía verlo pero Ichigo sonrió ante esto, le gustaba sentir la piel de su rostro en su hombro y sobretodo su cercanía.

Le dio un beso en la cabeza y luego se quedó mirando el cielo junto a ella.

Tras pasar unos instantes en esa posición, volvió a darle otro beso pero esta vez en la frente. Rukia levantó la cabeza y le sonrió, sus labios estaban muy cerca. Ichigo no pudo evitar sentir una ligera presión en su pecho al ver esa sonrisa y al sentir sus labios tan cerca rompió esa pequeña distancia y le dio un beso, el cual no tardó en hacerlo profundo.

Luego ya solo fueron besos y más besos, luego besos y caricias. Las respiraciones se acompasaban y se perdían en el otro. Estuvieron así un largo rato, hasta que Ichigo notó que le dolía la entrepierna a más no poder así que se levantó y le tendió la mano. Rukia siguió donde le llevaba esa mano. Su habitación.

La ropa no tardó en caer al suelo y ellos tampoco tardaron en caer a la cama.

—Tienes una herida aquí. —Dijo tocando su ancha, musculosa y desnuda espalda con su dedo índice acariciando una herida que parecía que se había cerrado hace poco.

Era media noche, se habían estado divirtiendo un par de horas pero tenían que dormir. Aunque no querían, se dedicaron a observarse.

—Ya. Un hollow me atacó por detrás. Pero no duró mucho de pie—. Respondió con una sonrisa arrogante.

—Seguro que no— Dijo apoyando su mejilla en su hombro y cubriéndose más con la sabana, Ichigo a veces se ponía a observar su cuerpo disimuladamente pero ella se daba cuenta.

Más tarde se durmieron. Bueno Rukia lo intentó, pero fue imposible. Se quedó mirando el techo pensativa. Perdida en sus sentimientos sin encontrar una salida y ni una respuesta.

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No sabia que pensar. No sabia que decidir. No sabía cómo reaccionar. Todos esos días llevaba pensando lo mismo.

¿Qué se suponía que debía de hacer ahora?

Giró la cabeza ligeramente para ver a su acompañante. Estaban andando tranquilamente hacia el escuadrón. Era de madrugada aún y se habían levantado para poder ir juntos sin ser vistos por muchos.

Su cabeza estaba como en blanco y su corazón también. Evitando cualquier tipo de pensamientos, estaban como bloqueados. La indecisión y la confusión eran dueñas de su cuerpo. Solo sabía una cosa.

Si lo pensaba...le dolería.

Le dolería de tal manera que seguramente...lloraría.

Y por eso evitaba pensarlo. Pero ahora con Ichigo aquí tenía que dejar claras las cosas por mucho que quisiera evitarlo.

Creía que teniendo a Ichigo allí sus dudas se despejarían un poco. Pero ha pasado justo lo contrario. Estaba más confundida.

Su hermano no quería que estuviera con Kurosaki Ichigo. Se opondría totalmente a esa relación.

Y ella... ¿Ella que haría? Quería a su hermano y ha acatado todas sus decisiones siempre y siempre lo haría. Fue el hombre que la adoptó.

Por otro lado se quedó pensando en sus palabras. Ichigo iba a ser capitán. Era ya oficial. No para el resto del mundo pero si para los pocos que lo sabían, en nada la noticia estaría suelta por la sociedad de almas.

Y entonces...

¿Y entonces qué?

Apenas se verían. A penas hablarían. No tendrían tiempo para estar a solas. Si ya era complicado ocultar su relación siendo teniente y soldado para que nadie lo supiera...siendo capitán...seria más difícil aún...más aún...siendo capitán...

Siendo capitán esa relación se degradaría. Cada vez más. Y más.

—¿Rukia?

La voz de Ichigo la trajo a la realidad. No se había dado cuenta pero se había parado en mitad de la calle. De repente así sin más. Ichigo ya llevaba un par de pasos delante de ella. El cual esperaba que le diera una respuesta.

—¿Qué pasa por que te has parado? —preguntó pestañeando ante el silencio de la shinigami.

—Yo... —¿Ella qué? ¿Qué le pasaba? Un dolor punzante en su corazón la hizo pararse de golpe al darse cuenta de su revelación.

Su relación...

—¿Rukia? —se acercó a ella y le tocó el hombro, la chica no podía verle la cara pero el rostro del shinigami empezaba a tintarse de preocupación.

—Tenemos...—sus palabras salían de su boca como rotas, con ganas de quebrarse en cualquier momento. No quería pensarlo. No. No. No. No quería pensarlo ahora. No quería darse cuenta. ¡No quería admitirlo!

Así que aceleró su paso sin mirarlo si quiera.

—No nada...solo…solo estaba pensando en unas cosas de la oficina...nada más—. Mintió sin parar su caminata.

—¿Segura? —preguntó el pelinaranja aún parado. Pero la chica no respondió así que aceleró su paso también para alcanzarla.

Algo ahí no iba bien, lo sabia. Se podía creer que la teniente estuviera solo estresada pero algo dentro de él le decía que pasaba algo más.

¿Que era?

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Cuando llegaron a su despacho el hombre le pidió que se encontraran luego para almorzar ella asintió débilmente y se despidieron.

Se quedó un buen rato en el marco de la puerta viéndolo marchar. Con una expresión muy triste en su rostro. Se mordió el labio mientras intentaba luchar contra todas esas cavilaciones en su cabeza y se metió en su despacho deprisa, casi dando un portazo.

Se sentó y se cogió a los bordes de la silla fuertemente.

No podía, no podía, no podía con ellos. Y al final las preguntas la asaltaron.

Ser capitán, su hermano, el tiempo, su relación, sus obligaciones, la nobleza, las misiones, las reuniones, los besos, las caricias, las noches, las madrugadas, sus citas comiendo ramen, sus risas, sus conversaciones, sus discusiones sin sentido, sus...

Oh kami.

Otra vez esa molesta opresión en el pecho. Otra vez esa espada que se metía en sus entrañas y le hacia un corte profundo y sangrante. Un dolor que no había experimentado en su vida.

No era como cuando luchaba contra arracars, hollows y demás criaturas. No era como cuando le atravesaron el cuerpo, ni como cuando perdía una batalla. Este era otro tipo de dolor. Más...sentimental. Más profundo. Se cuela por el corazón y se dirige a todo tu cuerpo.

Su relación era complicada. Difícil. Era acaso... ¿imposible?

Se llevó la mano a su pecho y arrugó con fuerza su uniforme de shinigami. El dolor se disminuyó un poco cuando notó las lágrimas en sus mejillas. Pero eso solo le dolía más.

Hizo lo que pudo para detenerlas. Pero eso sí era imposible.

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Llegó la hora del almuerzo. No lo admitiría pero las horas se le habían hecho más eternas que nunca y cuando después de ver 50 veces el reloj de la pared de la sala de entrenamiento marcó la hora justa en la que todos se iban a almorzar fue el primero en levantarse y recogerlo todo. Ya era la hora de quedar con al teniente.

Llegó el primero a la puerta del escuadrón para ir a almorzar fuera ya que no habían tenido tiempo suficiente de prepararse unos objetos. Se apoyó en la pared al ver que no estaba.

Pasaron unos 5 minutos. Luego 10. Y luego 15. Y aun no llegaba.

Era raro porque solía ser puntual pero no era de extrañarse que tuviera mucho papeleo y ahora mismo aún estuviera con él, le había visto más de una vez saltarse las comidas con tal de seguir con los informes.

Se fue directamente a su despacho. Tocó un par de veces pero nadie respondió. Abrió la puerta y no la encontró ahí.

Pestañeó un par de veces. Dio un par de vistazos más a la habitación, tampoco había ninguna nota de a donde se hubiera ido ni ningún mensaje en su móvil.

—¿Ichigo-kun? —preguntó una voz acercándose a él.

—Ah, Kiyone. ¿Sabes dónde ha ido Rukia? ¿Tiene alguna reunión o algo?

—¿Kuchiki-fukutaicho? Pues es raro—. Respondió llevándose un dedo a su barbilla pensativa —No la he visto en toda la mañana, ni nos ha mandado nada ni a mí ni a Sentarou. Tampoco la he visto por los pasillos, ni ha habido una reunión que yo supiera.

Levantó una ceja. No la había visto en toda la mañana pero la última vez que la vio la había dejado ahí. Echó otro vistazo a la sala. No había nada removido, ni papeles, ni las plumas con tinta, ni informes encima de la mesa ni nada.

—Iré a buscarla.

Se despidió de Kiyone con la mano y se fue rumbo a la salida. No sabia donde encontrarla pero esto era raro. La conocía muy bien. Había algo anormal en ella, no estaba bien, algo le pasaba. Y conociéndola necesitaría algo de soledad.

El dolor punzante de esta mañana se había agravado en su pecho.

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El agua estaba cristalina, tal y como la vio la última vez. En ese sitio se respiraba paz. Ni siquiera notaba hollows en esa zona. Llevaba sentada en la orilla de la cascada a saber cuántas horas. No lo sabía. Mierda se había dicho que volvería antes del almuerzo para quedar con Ichigo. A saber qué hora era ya.

Se tocó la cara. Tenía restos secos de las lágrimas. Había llorado mucho. Mucho. Muchísimo. Con solo personarlo le dolía aun más el corazón. Sin embargo eso le había servido para aliviarse un poco. El problema y la solución, la drástica solución estaban ahí. Pero ahora estaba un poco más calmada.

Se acercó tristemente al agua y se fregó la cara con las manos para disimular los restos de lágrimas.

Oyó una voz detrás de ella.

—No esperaba encontrarte aquí.

La shinigami se sobresaltó, no se había dado cuenta de su presencia. Se giró a ver al pelinaranja apoyado en el tronco de árbol observándola.

—Ichigo…—dijo débilmente.

—Que yo sepa no era aquí donde habíamos quedado. –dijo cruzando los brazos y frunciendo el ceño con molestia.

Rukia se quedó mirándolo. Sin moverse, sin pestañear, sin hacer nada. Solo mirarlo con ojos expresivos. Ichigo se dio cuenta que ahí algo pasaba, y algo no muy bueno. ¿Rukia se había pasado toda la mañana ahí?

—¿Va todo bien? –preguntó ya suavizando su tono.

La morena no dijo nada. Solo se quedo en su posición bajando la cabeza. Su cabeza no le dejaba pensar, se había puesto en blanco de repente y no podía mover ni un músculo. Ichigo ya preocupado se acercó a ella. Le cogió de la barbilla y le obligó a mirarlo. Abrió los ojos con sorpresa al ver esas cuencas violentas cristalinas por las lágrimas que amenazaban por salir. Ahora si estaba preocupado. Era rarísimo verla así. Puso ambas manos en sus hombros y la acercó a él. Tenía miedo de preguntarle que pasaba pero tenia que saberlo.

Ella apoyó su cabeza en su pecho. No pudo impedir que se escaparan un par de lágrimas silenciosas, no quería que Ichigo la viera así, así que siguió escondiéndose en su pecho. Pero las preguntas le asaltaban el corazón ¿Tenía que decirle la verdad a Ichigo? ¿Qué debería de hacer?

Ellos no…no podían…

—Rukia… —la llamó con una voz apenada. Cerró los ojos y la atrajo más hacía así—. Sé por qué estas mal.

La chica se separó abruptamente de él. La sorpresa invadía su rostro.

—¿Lo…lo sabes? –no podía ser que lo supiera.

—Me lo imagino—. Dijo rascándose el cuello —¿Es tu hermano verdad?

La chica abrió la boca.

—¿Cómo lo has?

—¿Te sigue obligando a quedar con hombres verdad? —Dijo con voz dura.

La shinigami se quedó muda.

—¿Cómo…?

—Me dijeron que te vieron hace poco con un hombre.

—¿Qué? ¿Cuándo?

—Hace un par de días, cuando ya me había ido—. Respondió bruscamente rascándose frenéticamente la cabeza. Era una mierda porque cuando se había dado cuenta que cuando hablaba de ello le daba más rabia de lo que pensaba—. Rukia… ¡Tu hermano definitivamente no te entiende!

—Ichigo el solo…-intentó explicarse pero el chico se separó de ella y le dio la espalda para que ella no lo viera tan enfadado.

—El solo no piensa en ti—. Se cruzó de brazos —¡Y tu no le dices nada! Sé que cuesta porque estamos hablando de Byakuya…pero, pero ahora las cosas han cambiado…

La Kuchiki le oía sin saber que decir, ni explicarse. Quería pararle y decirle que estaba equivocado, que no era lo que él pensaba…pero por alguna razón las palabras se quedaron en su garganta sin salir, como si su cerebro no les cediera el paso.

—Las cosas han cambiado Rukia—. Dijo bajando su tono de voz, girándose para verla a los ojos, muy serio. Rukia también le devolvió la mirada —Ahora estás conmigo. Y yo estoy contigo.

Su respiración se cortó. Y su corazón latió. Rukia sentía que el tiempo se había parado para ella, sobretodo más con la siguiente frase.

—Estamos juntos. Y no quiero que eso cambie.

Su boca se entreabrió, sus pupilas se empequeñecieron y una suave brisa le levantó el cabello. Pero ella no sintió nada. Solo a su corazón bombardear con más fuerza.

Y luego paró.

El tiempo volvió a seguir su curso normal. Ichigo le era sincero, muy sincero. Y ella sentía ese dolor otra vez en su alma más fuerte y más grande que nunca.

Cerró los ojos. Cambió el tono de su voz. Ya sabía qué tenia que hacer.

—Yo no puedo.

—¿Cómo? —parpadeó confuso y sintiendo escocer su pecho—. ¿No puedes…qué?

—No puedo ir en contra de lo que quiere mi hermano—. Le huyó los ojos. Arrancó sus palabras con una fuerza que no sabia de donde había salido. Pero hizo todos los esfuerzos que había dentro de ella para sacarlas de su boca—. Si es lo que quiere. Lo haré.

Ichigo se quedó parado observando fijamente sus ojos para ver si era verdad. Pero esos ojos seguían huyéndole.

—¿Estas hablando en serio? —dijo sin mover un músculo —Parece que me estés mintiendo.

—Estoy hablando completamente en serio—. Sentenció cerrando los ojos con fuerza. Por Kami que esto terminara ya, no sabia cuanto tiempo iba a usar esa fuerza invisible para arrancarse las palabras.

Ichigo siguió sin mover un músculo. Se acercó a ella, paso a paso, lentamente. Sus ojos se quedaron fijos en ella intentando que le devolviera la mirada, pero no lo hizo.

—Si no quieres dejar de quedar con hombres…estas… ¿Rompiendo conmigo?

Rukia se mordió el labio inferior, su cuerpo temblaba, y sentía rabia y más rabia. Solo quería que esto se terminara ya.

Ichigo perdiendo ya la paciencia se acercó aún más a ella y la cogió de los hombros harto de que no le devolviera la mirada.

—Mírame Rukia.

Y ya no pudo más. Así que le miró a los ojos.

—¡No puedo ir en contra de mi hermano! ¡Y si eso significa romper, pues romperemos!

El pelinaranja abrió los ojos y se quedo paralizado por sus palabras, abrió la boca un segundo pero luego la volvió a cerrar. Su cerebro aun estaba asimilado esas palabras. Mierda. ¿Por qué dolía tanto?

—¿Me estas diciendo esto en serio? –preguntó empezando a derrumbarse poco a poco.

Como respuesta la morena se cruzó de brazos y le dio la espalda.

—Sí—. Respondió. Con un par de gotas bajándole por los ojos.

Ichigo quería quedarse ahí, no moverse y que ella no se moviera del lugar hasta explicarle por qué este cambio tan repentino. Hasta hace unas horas estaban en la cama de él. ¿Y ahora esto? Quería hacer preguntas y más preguntas. Pero sin previo aviso se dio cuenta que su cuerpo le pesaba más de lo normal, que sus ojos le dolían y su cabeza también. Se estaba derrumbando. Y tenia que salir de ahí.

Así que dio media vuelto, dio un par de pasos. Pero se paró abruptamente.

—Todo este tiempo que hemos pasado juntos… ¿Te has arrepentido? —No se giró. No dijo nada más. Sabía que Rukia no se había girado.

Al ver que pasaban los segundos y no respondía se fue. Sin mirar atrás.

Pero Rukia sí se giro. Si le vio irse.

—Nunca—. Respondió al aire.


Bueno...

Hola gente! Kami-sama, cuando quise darme cuenta habían pasado bastantes semanas! Gomen T_T. Pero bueno sigo avanzando la historia como puedo, intentaré que no pasé de más de unas cuantas semanas, y sigo escribiendo un poquito todas las semanas jajaja gracias a mi queridísima beta. Creedme, también fue difícil para mí escribir este capítulo...y los siguientes ya veremos.

En fin, aparte de eso, ya llevo unas semanas de clase, supongo que algunos también, por ahora está la cosa relajada pero no hay que fiarse! He terminado de leer los cinco libros de Cazadores de sombras! Os la recomiendo es realmente buena la historia! Ahora quiero leerme Divergent que me han dicho que es tan buena como Los juegos del Hambre.

Gracias por vuestros reviews que alimentan este fic! Espero seguir recibiendo!

¡Hasta el próximo capitulo!

Ja ne!