Cambios — Capitulo XX: Auge.

El sonido de la alarma la despertó. Despegó los párpados con pesadez mientras la tenue luz del exterior se filtraba por sus ojos.

Tras un segundo de desconcierto, supo en seguida que aún era muy pronto. Aun así, no movió ni un músculo para levantarse, dejó que sus ojos se perdieran por el amplio techo de su habitación. La alarma no se callaba y ella seguía sin moverse.

A veces era bueno dejar la mente en blanco.

Al pasar un minuto, alargó la mano y apagó la alarma. Se levantó y se llevó la mano al cuello casi al instante, estaba muy cargado, tanto trabajo la mataría algún día.

Antes de que un Hollow lo haga—. Pensó

Se fue al baño bostezando una y otra vez. Se desnudó y se metió en la ducha. El agua tibia sobre su cara era mejor despertar que esa odiosa alarma. Este era uno de los pocos momentos relajantes que tenia al día y lo aprovechaba bien.

Se fue a la cocina y tomó su habitual desayuno ya preparado por los criados en solitario, rara vez Byakuya se despertaba a la misma hora que ella.

Se colocó su uniforme, se apretó Sode no Shirayuki a su cintura, se acicaló un poco y se dispuso a irse hacia otro día de trabajo. Al llegar saludó a los pocos integrantes de la madrugada en el escuadrón y fue directa a su despacho.

Al entrar no pudo evitarlo y volvió a bostezar otra vez, hacia tiempo que no dormía tan bien como antes.

Como antes.

Se acercó a la pared en donde tenia puesto un calendario con una foto de las integrantes de la ADMS las cuales fueron vendiendo para un fin benéfico. Recaudar fondos para irse ellas a la playa básicamente.

Sus ojos se posaron en el número de hoy.

Un año.

Ya había pasado un año desde que a él le habían hecho capitán.

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—Últimamente la cosa está muy tranquila—. Soltó Matsumoto con sumo aburrimiento.

—Eso es porque la SS hace un buen trabajo—. Contestó Momo orgullosa mientras tomaba su té.

La SS había ido a merendar a una tetaría bastante tranquila de la Sociedad, Rukia siempre estaba invitada cuando no tenia mucho trabajo pendiente, pocas veces lo hacia pero alguna vez caía.

—Bueno "algunos" hacen un buen trabajo—. Dijo Nanao colocándose las gafas—. Porque desde luego mi capitán sigue sin mover un dedo.

—Aun hay capitanes competentes Nanao—. Contestó Isane mientras veía como Matsumoto ponía alcohol en su vaso de té.

—¡Por suerte Kurosaki-kun está haciendo un buen trabajo! —Contestó Momo con una sonrisa —Aunque ya debería de llamarle Kurosaki-taicho.

Rukia que estaba tomando su té con los ojos cerrados los abrió, pero no hizo nada más.

—Pues si de hecho ya hace un año—. Contestó Kiyone pensativa.

Le costaba aún pero había aprendido a mantener la calma consigo misma, tanto exteriormente como interiormente. Se acordaba de cuando era noticia en todas partes y no hacían más que hablar de él y lo suyo era demasiado reciente. Daba un carraspeo disimulando su expresión, se disculpaba y se iba al baño. O se tiraba todo el día en el despacho sin salir para no escuchar.

—Se le echa de menos a Ichigo-kun a veces, no Kuchiki-fukutaicho? —preguntó otra vez Kiyone.

Rukia solo contestó con una débil sonrisa y volvió a centrarse en su té.

Ahora había conseguido pasar desapercibida, algunos le preguntaron en su momento incluso si estaba enferma. A veces se miraba al espejo y podía ver su cara seria e impasible de siempre pero en el brillo de sus ojos se podía ver que no estaba tan bien como era habitual. Quien más se lo había notado había sido el capitán Ukitake, siempre ocupado y enfermo pero con su toque paternal cuando era necesario.

Así que con el tiempo pudo con ello. Con el tiempo porque había días en los que se encontraba de maravilla y luego se volvía a poner mal otra vez. Sobretodo en las reuniones de subcapitanes que…

Renji.

Renji lo sabía. Estaba segurísima de ello. Debía de habérselo dicho Ichigo seguramente. No sabia ni como ni cuando ni donde y mucho menos por qué. Pero estaba segura que Renji sabía algo. Podía notarlo en sus miradas, en sus expresiones y sus escasas palabras.

Porque esa era otra, Renji tampoco le hablaba como antes. Era como si un gran abismo se hubiera abierto entre ellos. Sin embargo estaba esa expresión en la cara de quién mejor te conoce que te intenta decir "Sé lo que te pasa".

Lo notó sobretodo en el primer mes en el que ya no estaba Ichigo en su escuadrón. Era como si Renji intentara preguntarle algo con todas sus fuerzas pero las palabras se quedaban dentro de él y no salía hasta que un día en el que se lo encontró a fuera de su despacho le preguntó que como estaba.

¿Ichigo y tu…? Bueno es igual.

Y luego se fue. Y ahí fue cuando ella lo supo. Acto seguido Rukia entró en su despacho y no salió. Su mejor amigo lo sabía. Por suerte…por SUERTE, Renji no hacía más preguntas, nunca iba más a allá la conversación.

Le dolía un poco, y sinceramente no le hacía gracia que Renji lo supiera, pero se sentía agradecida que no le hubiera hablado del tema.

Bastante tuvo en su momento con Byakuya.

Byakuya. Otro tema.

Byakuya que era la última persona que quería que supiera sobre su vida privada y el primero en enterarse de la ruptura.

Esa noche ella lloró. Lloró delante de su hermano y por Ichigo Kurosaki.

Se pegó mentalmente. Aun se sorprendía cuando pensaba en aquella noche. No esperaba compartir las penas de su ruptura con su hermano, la ultima persona en todo el Sereitei con quien le hablaría de esto. Se maldijo por haber sido tan débil esa noche y haberse dejado llevar.

Pero lo hecho, hecho esta. Byakuya la descubrió, en bastantes sentidos todo hay que decirlo. La "consoló" a su manera, estuvo ahí con ella hasta que se tranquilizó y se durmió.

Al día siguiente él le esperaba con el desayuno en la mesa y de vez en cuando le preguntaba que cómo se encontraba. Evitaba mirar a Byakuya y hablar del tema pero agradecía su preocupación. Eso si, evitaba en todo momento intentar pensar qué opinión tendría Byakuya de lo de Ichigo. Mala seguramente, peor que si le dijera que se había liado con Kempachi Zaraki. Tampoco quiso saber detalles.

Solo le dijo que le dolía el corazón por Ichigo.

No había que pensar mucho más.

La voz de las demás shinigamis la trajo de vuelta a la realidad.

—Es una pena que apenas se le haya visto el pelo en todo este año—. Dijo Kiyone.

—Sí, más de uno dice que le venía grande—. Contestó Matsumoto.

Era cierto, si ese año y medio en el que apenas se vieron siempre estaba ocupado y ni siquiera era teniente, siendo capitán estaba como borrado del mapa, solo le veían los de su escuadrón prácticamente.

Ichigo era así. Siempre lo daba todo. Todo lo mejor posible.

Siempre siendo el mejor en lo que se propone.

Las demás se levantaron y se despidieron. Ella tenía cosas que hacer, como siempre. Así que se dirigió a su despacho. Pasaba cada vez más horas en él.

Abrió uno de los cajones para coger un papel pero se quedó fija en algo. Notó como algo debajo del cajón abultaba los papeles.

Como pudo metió la mano hasta el fondo para ver que era lo que tanto ocupaba volumen.

Sus ojos se abrieron al ver un tomo de manga shojo. El que se compró aquella vez que Ichigo le pidió…le pidió la cita.

Acarició la portada y lo abrió por en medio. A veces se preguntaba si los sentimientos en una historia shojo eran más fáciles que para una shinigami.

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—¿Podemos hablar?

Rukia sacó su cabeza del horario de la próxima reunión para ver a su antiguo amigo Renji. Los dos se habían encontrado en una reunión de subcapitanes y de vez en cuando se encontraban, pero como Renji había estado muy raro apenas hablaban como antes. Sin embargo ahora parecía muy decidido a entablar conversación.

—¿Sobre qué? —preguntó Rukia con la ceja levantada.

Y ahí estaba otra vez. Renji empezó a girar los ojos, a mover la cabeza, a rascarse la nuca pensando que decir y empezando a ponerse nervioso.

—Sobre Ichigo.

Oh. Oh.

—¿Sobre Ichigo? ¿Qué le pasa? —preguntó carraspeando un poco y disimulando lo sorprendida que se había quedado ante sus palabras. Pero no. Había aprendido a controlarse.

—Dentro de nada…bueno, hará un año que es capitán, y algunos de nosotros bueno…queremos celebrarlo.

Rukia pestañeó varias veces, asimiló la información y luego sonrió pícaramente.

—¿La asociación o Matsumoto os ha dicho de montar una fiesta por su "año"? ¿O es solo una excusa para beber porque hace exactamente un año que no hacéis fiesta?

—¿Sinceramente? Por lo segundo. Ya sabes como son Hisagi y los demás con ellas o con alcohol. En fin…era para avisarte por si querias pasarte.

—Renji—. Rukia se cruzó de brazos—. Ichigo apenas ha dado señales de vida… ¿Me estas diciendo que asistirá? —Porque no podía ser, pensó Rukia.

—Los pocos que lo ven de vez en cuando…bueno, según ellos han dicho que si.

Rukia se empezó a rascar un lado del cuello y se quedó pensativa, mordiéndose la lengua para no empezar a preguntar como una loca. ¿Iba a ver a Ichigo? ¿En serio él iba a venir? Levantó la vista y vio que Renji la observaba detenidamente, como esperando ver su reacción. Maldito…quería ver como reaccionaba para ver si podía sacar alguna conclusión.

—Sabes que no soy muy de fiestas…

—Ya pero es, ya sabes…Ichigo.

—Que ahora le hayan puesto una señal como que ahora es capitán no creo que deje de ser un descerebrado por eso. Además sabes que no soy de fiestas. -y sin más se dio la vuelta, no tenia ganas de seguir siendo observada por Renji como si fuera un detector de mentiras, ahí esperando ver como reaccionaba por saber que podría ver a Ichigo en una fiesta.

Cuando salió del escuadrón donde se había celebrado la mansión se encontró a Matsumoto a fuera en la calle del Sereitei con papel y boli en la mano.

—A ver si lo adivino—. Rukia le miró con los ojos entrecerrados—. ¿Preparativos para la fiesta, no?

—¡Anda, sí! ¿Cómo lo has sabido? ¡Tenía pensado decírtelo yo! —Respondió feliz tachando y escribiendo en la libreta.

—Oye…¿No os habían prohibido montar fiestas desde…bueno desde la ultima vez?

—Si…suelen sancionarnos de vez en cuando, pero solo dura unos meses. Además ahora tenemos un motivo para celebrarlo.

¿Un motivo o una excusa? —Pensó la morena poniendo los ojos en blanco—. Ya, ¿lo de Ichigo no?

—Si bueno, tiene un par de días libres y tal, se ve que ahora lo tiene un poco más organizado todo y tendrá un poco de más tiempo libre a partir de ahora—. Dijo moviendo la mano quitándole importancia —Capitanes…todos son iguales.

—Si tú lo dices…

—¿Bueno qué? ¿Te traerás tu propia botella o te compro unas cuantas?

—Matsumoto… —suspiró con paciencia—. No voy a ir.

—¿¡Qué!? ¿Cómo qué no?

—No soy de fiestas.

—Pero si yo te he visto ir de fiestas.

—Si hablas de lo del año pasado…eso fue una "excepción"—. Sin contar que en las dos veces terminó de las fiestas un tanto…sorprendente. La primera vez se emborrachó y beso a Ichigo y la segunda vez…Mierda no ahora no.

—Pero Rukia…yo no lo decía por que fueras "fiestera" o no. Lo decía porque es Ichigo. Tu nakama.

—Si bueno…

—Es tu nakama, no lo ves desde hace un año, bueno en general desde que se ha asentado en la Sociedad de almas, cada vez se le veía menos.

Si. Cada vez menos. Eso era cierto pero…

—¿No lo echas de menos?

Rukia no respondió. Pero si sintió como algo mal iba dentro de ella.

—Antes estabais muy unidos—. Dijo Matsumoto juntándose de hombros y volviendo a apuntar sus cosas—. Bueno…si quieres venir o no, te avisaré de donde se hace por si acaso quieres venir.

La shinigame si despidió con un movimiento de cabeza y se fue directa a su despacho. Primero empezó a andar poco, a paso normal. Luego despacio, sumida en sus pensamientos y en sí misma. Y luego empezó a andar a zancadas más largas, y luego a correr. Hasta que llegó a su despacho y se cerró con llave. Tenia una reunión ahora pero no podía asistir, es igual no era muy importante, y ahora no se encontraba bien. Mierda.

Se puso las manos en su cara y suspiró fuertemente.

Su nakama.

De repente decenas de imágenes de ella e Ichigo de hace años empezaron a viajar por sus recuerdos, como una película antigua a blanco y negro y a gran velocidad. Cuando dormía en su armario, cuando le hacia de mentora para ser shinigami sustituto, cuando le llevaba las comidas a escondidas, cuando le enseñaba cosas del mundo humano, cuando le acompañaba a clase…

Luego las imágenes pasaron de ser decenas a centenas y luego a miles y miles…la batalla del menos grande, la batalla contra Aizen, contra los demás innumerables enemigos que habían vencido juntos, cuando perdió los poderes…cuando perdió los poderes…y luego ella se unió para devolvérselos.

Pero el que mas le caló hondo de verdad fue el recuerdo de la ejecución.

Una lágrima surcó por la piel de su mejilla. Aun tenía las manos en su cara, como aquella noche que quería esconder sus sentimientos de dolor. Aun cuando sentía que ya podía disimularlo, que era fuerte y que eso ya no le afectaba como antes, había días en los que se sentía más valiente que nunca y otros en los que la tristeza le invadía de repente como una bomba sin previo aviso.

Se había centrado tanto en el Ichigo con el que había compartido aquellas experiencias tan profundas que se había olvidado que los dos tenían un vínculo de Nakamas que los había unido mucho tiempo y les había hecho vencer batallas y guerras que parecían infinitas. ¿Y ahora qué? ¿Ahora unos sentimientos lo habían estropeado? Los sentimientos deberían de haberlo hecho más fuerte no haberlo distanciado tanto que apenas se podía acordar de su antiguo amigo sin sentir una punzada de dolor.

¿Debería de ir a verle? No lo sabía. No quería ir y verle y pasarlo mal, o ir con la esperanza de cruzar unas palabras con él y no poder hacerlo, no encontrar en valor de mirarlo a los ojos y no ponerse triste. O quien sabe puede que no fuera, que no asistiera y ella se sintiera peor todavía.

Echaba de menos ese vínculo.

Con tanta fuerza que dolía.

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Un par de días después recibió a Kiyone en su puerta y esta después de entregarle unos formularios para los nuevos shinigamis que entraban ese año le dijo alegremente que Ichigo tendría un hueco en dos días exactamente y que iban a celebrarlo en el mismo bar del año pasado, ya habían muchos subcapitanes y primeros hombres de los demás escuadrones enterados y invitados y que ella no podía faltar.

Rukia sonrió débilmente y dijo que no estaba segura de si iría o no.

—¡Pues venga antes de las once de la noche! ¡Ichigo-san ha dicho que a esa hora se retirará! —exclama felizmente para luego irse a beber con Sentarou.

La teniente cerró la puerta tras de sí, pero en vez de volver a su silla y sentarse a trabajar, se recargó en el marco de la puerta y se quedo mirando el techo.

Se estaba comportado como una tonta. Como una verdadera tonta. ¿Pero como comportarte ante una situación que nunca habías estado antes? ¿Una situación de la que puedes salir muy herido? Buff, los mangas no le daban las situaciones como arte de magia por desgracia.

Se sentó en su silla, dio varias vueltas, se puso recta y se puso a trabajar. A los cinco minutos se cansó enseguida. Se levantó, se estiró y dio varias vueltas por su despacho. Luego se volvió a sentar, se dio varios golpes en la mano y volvió a trabajar. Intento volver a trabajar y….se levantó otra vez.

No se estaba centrando nada, tras varios intentos frustrados se dio por rendida. ¿Es que Ichigo Kurosaki no podía salir de su cabeza aunque fuera por un segundo? No parecía querer darle tregua a su cerebro ni a su cuerpo, apenas se había movido y se sentía como si hubiera hecho una gran carrera. ¿En serio pensar así dolía tanto? ¿Por qué? ¿Por qué y más por qué? Se pasó la mano por los cabellos echándoselos hacía atrás, su gracioso y característico mechón se movió pero luego volvió a su lugar.

Tras un par de minutos frustrantes decidió echar el respaldo de la silla hacia atrás y poner los pies sobre la mesa. Sera una casualidad extrema que su hermano u otra persona importante apareciera en ese momento y además tenia puesta la llave así que…su despacho, sus normas. Y ella quería perderse en el techo.

Una vibración en su bolsillo le hizo desquitarse de sus estúpidos segundos de paz.

Se sentó en la silla y cogió el móvil con enfado. Era Matsumoto. Preguntándole si iba a ir a la fiesta.

Genial. No lo sabía ni ella. La gran pregunta por la cual buscaba una respuesta por cada una de las neuronas de su cerebro, la cual seguía perdida, tenía que aparecer ahora.

Sin embargo al ver el nombre de Matsumoto le hizo pensar. Su Nakama.

Maldita sea aun seguían siéndolo, ¿no? No. Si. ¿Sí?

Escribió un par de palabras en el móvil y le dio a enviar.

Si que iba a ir a esa fiesta. Y si que quería verle.


Bueno aquí estoy, actualizando nada más entrar en Diciembre, pero bueno los examenes ya se están terminando y creo que puedo aseguraros que a partir de la semana que viene actualizaré más seguido.

En fin no hay nada mucho que contar excepto lo de siempre, que amo a Rukia y la amaré siempre y cada año con más fuerza. Me encanta escribir sobre ella, creo que si pudiera le pediría a Tite que hiciera historias solo de ella (vamos y que la sacara más porque últimamente tiene su cabeza en otras cosas de la historia, pero bueno no están mal xD) No sé, la amo sin más. Por eso he disfrutado haciendo este capitulo centrándome en ella, el próximo se centrará más en Ichigo ^^.

¡Espero que os guste este capitulo! ¡Gracias a cada una de las personas que siguen esta historia!

Nos vemos en el próximo capitulo :)