Cambios – Capitulo XXII: Albor.

¿Ya te vas?

Volvió a estremecerse, pero esta vez no solo por el frío.

La voz de Ichigo retumbó en sus oídos como abriéndose paso por su cuerpo hasta llegar al corazón dejando de latir. Sintió como toda la sangre de su cuerpo abandonaba su corazón para centrarse en sus mejillas, tenia la cara tan roja que seguro que le quemaba la piel. Las manos empezaron a temblarse y el tiempo se paró durante un segundo.

Tragó saliva y se volteó para cruzarse con los castaños ojos que tanto echaba de menos. De su garganta solo salió un murmullo…

—Ichigo…

—Hola Rukia.

Tan solo con su voz se le formó un nudo en el estómago. Un nudo lleno de incomodidad y tristeza, todo a la vez. Era difícil descifrar la expresión de Ichigo, se le veía…tranquilo, serio, y no parecía estar enfadado. ¿Qué iba a decir? "Hola" "¿Cómo estas Ichigo?" "¿Que tal tu nueva vida?"

—Tienes…golpes en la cara—. Dijo al final, para luego arrepentirse. Por primera vez deseó no estar ahí.

—Ah bueno… —Ichigo se tocó los moratones y luego hizo un gesto para quitarle importancia—. Ikkaku y los demás se han emocionado con mi llegada…sobre todo Renji.

A la teniente se le pasó por la cabeza cómo habría sido el encuentro entre Renji e Ichigo pero ahora mismo su corazón latía tan deprisa no oía apenas los pensamientos de su cerebro. De hecho sentía que su cuerpo no le hacia caso.

—Creía que te ibas a ir pronto—. Dijo consiguiendo un tono de normalidad.

—Si… pero al final digamos que he me he entretenido y no me he ido al final. Pensaba que no vendrías…es muy tarde.

—En realidad… me he quedado dormida—. Dijo con una triste sonrisa—. Me he quedado un rato con Hinamori y…

—¿Te ha contado algo?

—¿Algo? ¿Algo de qué?

—De la fiesta…

—Que todos estabais muy borrachos, nada más… —notó como Ichigo soltaba un bufido de alivio—. ¿Por?

—Por nada—. Respondió encogiéndose de hombros—. La verdad es que…ha sido un poco, lamentable.

—No va a ser nada que no haya visto ya.

Ambos rieron ligeramente. Rukia se sentía un poco relajada, Ichigo le dirigía la palabra, estaba todo tranquilo y normal y estaban manteniendo una buena conversación. Sin embargo su corazón aún no paraba de latir. A pesar de la agradable situación de volver a escuchar su voz, empezaba a ser insoportable

—Rukia… —Su nombre en sus labios sonaba tan tranquilizador y adornado con una pequeña sonrisa que Rukia sentía que quería escucharle una y otra vez. La alegría en su pecho de que estuvieran hablando después de tanto tiempo era tanta que…

Que verle luego vomitar lo arruinaba todo.

—¿¡Ichigo!? —exclamó acercándose a él. Y es que el Kurosaki cambio su expresión de repente, se puso su mano en la boca y se le dio la espalda—. ¿Estás bien?

—Eeemh… si, si claro—. Se secó el sudor de su cara. Rukia se había acercado más a él para comprobar su estado—. Digamos que hacía tiempo que no bebía.

Después de la charla con Matsumoto necesitaba pensar. Era un poco difícil con tanta gente que le invitaba a chupitos de sake y alcohol gratis. Y era cierto que hacia tiempo que no bebía. Y claro, había estado compartiendo la bebida y comiéndose el coco en el jardín. Cuando quiso darse cuenta logró vislumbrar la figura de Rukia irse por la puerta, corrió enseguida hacia ella…cosa que a su estómago no parecía haberle hecho ninguna gracia. Como pudo se puso de pie, iba a pedirle algo y no quería hacerlo de espaldas.

—Iba a…a preguntarte si querías que te acompañara a casa—. Dijo carraspeando un poco y sin mirarla.

La teniente abrió la boca ante esto. Se esperaba muchas cosas de esa noche pero esa desde luego era la última…más bien la impensable.

—¿Tú quieres acompañarme a casa? —Ichigo asintió con la cabeza —¿Pero tú te has visto? —Preguntó empezando a impacientarse— No estás bien.

—Entro un segundo al baño y te acompaño— Insistió— ¿Vale?

La teniente le observó de arriba a bajo. Su taquicardia no se tranquilizaba y el hecho de que quisiera acompañarla la metía en un mar de sentimientos que no sabia si eran buenos o malos, solo…solo sin sentido. Frunció el ceño.

—No.

Ichigo parpadeó sorprendido y con la decepción que inundaba sus ojos. Pero no iba a rendirse tan fácilmente.

—¿No? Pero Rukia si hace…

—Déjame que sea yo la que te acompañe a casa—. Respondió antes de que Ichigo terminara y con algo de tartamudeo—. No tienes pinta de encontrarte bien… Y yo, bueno…preferiría asegurarme—. Maldición había vuelto a sonrojarse.

Ichigo sonrió. Una sonrisa muy pequeña en comparación con lo contento que se sentía en ese momento. Asintió a la pequeña shinigami y los dos se fueron juntos a casa.

A lo mejor la noche podía mejorar.

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El estómago de Ichigo seguía sin darle tregua, a pesar de haber vomitado el alcohol y estar un poco más tranquilo al lado de Rukia, el dolor no se iba.

—¿Te encuentras mejor? —Pregunto Rukia a su lado. Ya solo quedaban un par de calles hasta llegar a la casa del shinigami.

Ichigo se llevó la mano a la barriga.

—Más o menos—. Mintió, ya que sentía que quería volver a vomitar, pero no, no lo haría JUSTO en este momento —Sígueme contando cómo va el escuadrón sin mí.

Rukia rio débilmente y continuaron con su conversación. Habían aprovechado para contarse sus vidas para intentar liberar la tensión y funciono, Ichigo le contaba su nueva vida como capitán, sus nuevas responsabilidades, Rukia sobre cómo estaba el capitán Ukitake, los nuevos discípulos, en verdad nada que para él no fuera nuevo…

A pesar de que la situación se había aliviado un poco y a pesar del dolorido estómago de Ichigo, los corazón de ambos aún latían con fuerza por la presencia del otro, era como una especie de nerviosismo del cual no se querían despegar, no al menos aún, porque eso significaría que ya se tendrían que separa y ninguno lo quería aún.

Rukia se seguía preguntando qué pensaba en ese momento, ahora que se habían encontrado. Ella rompió con él, apenas le dio explicaciones, de hecho apenas le contó la verdad…solo le hizo entender una mentira y luego simplemente como si lo suyo nunca hubiera existido. Estos pensamientos le revolvían las entrañas y una enorme culpa y tristeza la invadía. Se sacudió mentalmente. No era momento para eso, no ahora. Sin embargo la curiosidad podía con ella. ¿En serio Ichigo no estaba enfadado? ¿La había perdonado? Es más…

¿Qué seguía sintiendo por ella?

¿Y ella que seguía sintiendo por él?

—¡JODER!

El vozarrón del pelinaranja la sacó de sus cavilaciones. Y es que sin darse cuenta Ichigo ahora estaba en el suelo, con la frente llena de sangre.

—¿Qu…qué coño te ha pasado? —preguntó incrédula.

—Nada… joder nada… —Se levantó llevándose la mano a la frente—. Me he tropezado…

No le estaba diciendo la verdad, vamos no del todo. Como la cabeza aún le daba vueltas por el alcohol y le dolía el estómago y para postre hacia esfuerzos para centrarse en la conversación de Rukia para que no se diera cuenta de que se encontraba mal…no aguantó más y agachó la cabeza para vomitar, con tal mala suerte que se pegó contra una de las farolas que había delante y cayó al suelo.

—¿Quieres que te ayude?

—No… estoy bien…

Acto seguido vomitó en el suelo.

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¿Qué la noche podía ir mejor? NO. La noche no estaba yendo mejor.

El hecho de haber pensado eso solo era una muestra más de lo inocente que aún era, a pesar de ya considerarse una adulto. Bueno igual estaba exagerando, pero cuanto más quería que una cosa saliera bien, menos salía…lo que le pasaba con Kuchiki Rukia.

Se encontraba en el baño de su casa, echándose agua en la cara y lavándose los dientes. Rukia había ido a su cocina a prepararle una bolsa con hielo y a coger el botiquín de emergencia.

El pelinaranja se dejó caer en el wáter con la cabeza agachada, cosa que no mejoraba su estado. Pero derrotado era como se sentía. Y para colmo de males la habitación había decidido dar vueltas…joder, ¿justo hoy? Ya no sabía ni lo que era realidad ni mentira.

—¿Ichigo?

La puerta estaba abierta así que la morena entró. Ichigo estaba sentado en el wáter con la cabeza agachada, con la boca abierta y los ojos cerrados. Parecía que iba a dormirse y eso no era nada bueno ahora.

Como pudo lo cogió apoyando su peso en su hombro y lo llevó hasta su cama. Cuando entró un enorme sentimiento de nostalgia la invadió por completo, la habitación apenas había cambiado, como mucho las sábanas de la cama y poco más.

Lo acostó en el colchón, el cual se fue para abajo con el enorme peso de un Ichigo medio inconsciente, Rukia se sentó en la orilla de la cama y abrió el botiquín de emergencia. Lo bueno de que Ichigo apenas estuviera consciente es que no se movía, ni se quejaba ni nada. A pesar de haber tenido heridas más grandes de guerra el muy baka a veces se quejaba de una simple herida en el dedo.

Cuando termino le colocó una tirita mediana y luego le puso la bolsa de hielos en la frente para ver si calmaba el dolor. Por la expresión de alivio del pelinaranja parecía que sí.

La morena se le quedó mirando fijamente. Y ahí, observando a su estúpido Nakama, sonrió y sonrió de verdad. Sentía un gran bienestar consigo misma, una felicidad extraña que le recorría las venas y le calmaba el corazón de una manera tranquilizadora.

Si antes se preguntaba qué seguía sintiendo por él, ahora lo había vuelto a descubrir.

Aunque sintiera cierta decepción porque sabía que las cosas nunca irían más allá, que no dejarían que las cosas pasasen como hace un año, por lo menos ahora se volvían a hablar. Por lo menos ahora sentía que la conexión entre ellos aún seguía viva.

La mano de Ichigo se posó sobre la de ella. La morena no se esperaba eso y su sonrisa se borró de su cara, tensándose a más no poder.

Apretó el agarré de su mano con la de la teniente, era realmente pequeña comparado con ella suya. No pensaba, de hecho hacía rato que no pensaba, solo se dejaba llevar mientras los tentáculos del sueño le arrastraban.

—Te he echado de menos.

Con la mano que tenía agarrada la estiró hacia él, haciendo que el pequeño cuerpo de la shinigami cayera sobre él. Juntando sus labios.

El beso era bastante casto, solo sus labios se tocaban, pero por la posición era como si los latidos de ambos también se tocaran.

Cuando la sangre volvió al cerebro de la shinigami se separó velozmente llevándose la mano a la boca. Miró con desaprobación y desconcierto a Ichigo pero este ya roncaba.

Una leve sacudida de Deja vú le vino a la cabeza.

De aquella vez. Ese primer beso. Borracha. Del que no se acordaba pero si la sensación.


Hola, holita vecinitos!

¡Felices fiestas a todos!

¡Espero que os vaya a todos las fiestas de lujo! Yo aqui estoy, con el pijama, leyendo fanfics, libros, viendo series, animes y mangas atrasados por el estudio acompañada de un chocolate caliente XDDDD para mi esto es lo mejor!

Bueno LO SÉ, es cortito pero quería dejaros algo como regalito de navidad, y porqué tengo que daros una noticia que se me olvidó poner en las notas del fic anterior. Esta historia ya esta llegando a su final, bueno esta llegando por así decirlo que esta a la vuelta de la esquina¡ Solo quedan dos capítulos no sé si lo dije al principio de la historia pero en un principio esta historia iba a ser de pocos capítulos y bueno...que me emocioné y cuando quise darme cuenta ya habían 20 capitulos... ya contaré más adelante mi historia con este fic, si es que mi mejor amiga tiene razón no se me puede dejar sola -_-

Bueno espero que hayáis disfrutado este capitulo ^^

¡Un beso a todos y que paséis unas estupendas vacaciones!