El timbre resonó por todo el vestíbulo de la mansión Kuchiki.

Byakuya Kuchiki lo oyó pero dejó que fuera su criado a abrir y ver quien era. El capitán se había pasado toda la noche repasando misiones y redactando informes en su oficina y llegó a las cinco de la mañana, ni siquiera se dio cuenta de que la menor de los Kuchikis había llegado a al mansión tan solo unos minutos antes.

Estaba cansado y agotado. Así que fuera quien fuera no iba a atenderle. Hoy no estaba para trabajar y mucho menos para tonterías.

Oyó un ruido, luego una peleílla de su criado con alguien y luego un par de pasos rápidos y pesados ir hacia donde se encontraba.

La puerta corrediza se abrió de un solo golpe. Dejando ver a Kurosaki Ichigo detrás de ella.

—Creo que tú y yo tenemos que hablar.

El capitán solo levantó una ceja.


Cambios – Capitulo XXIII: Condesciende.

Byakuya ensartó sus fríos ojos en la figura del Kurosaki de su puerta, atrás se encontraba su criado pidiendo perdón y alegando que ya le había dicho al señor Ichigo que el capitán no se encontraba hoy para visitas pero que había entrado igualmente. Con un gesto de mano, le indicó al criado que los dejara solos.

Ichigo cerró la puerta detrás de él. Byakuya se levantó pero seguía sin decir nada.

—Niñato... —dijo Byakuya con una venita en la frente— ¿Qué te llevo diciendo años sobre tratarme de tú a tú?

—Nunca me has dicho nada.

—Sí. Lo he hecho. Millones de veces. Otra cosa es que tú prestaras atención.

Ichigo cogió aire y suspiro. Tenia que serenarse. Porque sí, seria súper divertido y entretenido tener una gran pelea con Byakuya, esas de cuando aún era un crío y le provocaban imaginarse a él pegando puñetazos en su cara de niño pijo una y otra y otra y otra…

—¿Kurosaki?

—Eh si…perdona estaba distraído.

—Como siempre…antes de que tu mente vuele otra vez… ¿Me puedes decir que haces aquí?

—Tú y yo tenemos que hablar.

—Eso ya lo has dicho… ¿No tienes más palabras en tu vocabulario?

Sí. Pensó Ichigo. Formando un puño.

—Es sobre Rukia.

Byakuya suspiró. Miró al techo y luego al pelinaranja.

—Si es sobre ella, eres bastante mayorcito…bueno lo dudo sinceramente…pero creo que puedes ir y buscarla tu solito.

—No —negó con la cabeza—. Tú también tienes que ver en esto—. Dijo lentamente.

Estaba decidido. Iba a decírselo, iba a dejar las cosas claras con él. Sabia que una gran parte de él no quería, no porque no tuviera lo que había que tener para decirle a Byakuya Kuchiki lo que hacia son su hermana o dejaba de hacer, pero si para decirle que no metiera más la nariz de pijo remilgado en la vida de Rukia y sobretodo…que no se metiera entre él y Rukia.

Porque si no podía pegarle un puñetazo entonces Zangetsu lo haría por él contra Sembonzakura.

Byakuya parpadeó. Ante el silencio del pelinaranja, se volvió a sentar en tatami frente a su mesita.

—Kurosaki…

—Byakuya…

—Que no me llames así —sentenció con una venita en su frente—. Sinceramente…no quiero saberlo.

El capitán abrió la boca sorprendido.

—¿Perdón?

—Si es un asunto entre en tú y Rukia…creo…que no quiero saberlo.

Ichigo abrió mucho sus ojos castaños. ¿Cómo? ¿ Había venido hasta la mansión y encima de darle una mala bienvenida no estaba dispuesto a escucharle?

—¿Dónde han quedado tus modales Byakuya?

—Donde a ti no te los dieron Kurosaki…

—Mira… —cogió uno de sus puños y lo masajeó. Oh si. OOOh sí. Iba a ver bronca y de las buenas.

Mentalmente empezó a hacerse una lista larga de insultos hacia el hombre que tenia delante. Una lista tan larga que ya ponía venir Rukia darle la hostia de su vida que no iba a…

Un gran "BUM" se oyó por cada rincón de la mansión.

—¡TAWAKE! ¡En qué estas pensando!

Rukia tuvo un gran impulso de taparse la boca por el gran grito que había pegado en frente de su hermano y encima en su propia mansión. Pero estaba jadeando por la carrera que se había metido para poder llegar hasta Ichigo nada más enterarse de que el muy gilipollas había ido a hablar con su hermano…

Sin embargo el capitán ni se inmutó del sitio, si no le conociera hasta parecía que se sentía orgulloso de que Rukia hubiera estampado a Ichigo Kurosaki contra la pared.

Con una inclinación de cadera, Rukia se disculpó frente a su hermano y cogió al inconsciente Ichigo de la manga del kimono para llevárselo a rastras fuera de allí.

Acto seguido Byakuya suspiró y se fue a su cama a descansar.

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Por segunda vez en el día, Ichigo Kurosaki era estampado contra la pared.

Sin embargo este segundo golpe le hizo volver a la realidad. Se levantó como pudo del suelo para enfrentarse a una Kuchiki Rukia roja de rabia.

—Dime…-hacia esfuerzos para sacar las palabras de su boca—. Dime… dime que esta mañana te has caído, te has dado la cabeza contra el pico de una mesa, te has levantado te has resbalado con tu propia sangre y luego…y luego te has vuelto a dar.

Ichigo parpadeó.

—¿Qué pasa si digo que no?

—¡QUE NO ENTIENDO POR QUÉ COÑO ESTÁS AQUÍ Y HABLANDO CON MI HERMANO!

—Pues veras —Se cruzó de brazos y se acercó a ella. Tenía un hilillo de sangre que le caía de la cabeza pero no le hizo caso—. Iba a decirle…lo que hago con su hermana.

La morena entreabrió los labios sorprendida. La sangre empezó a concentrarse en su cara volviéndola furiosamente roja. No sabia si volverle a estampar contra la pared o buscar el pico de una mesa.

Ichigo miraba a Rukia con expresión divertida, como si estuvieran en medio de una batalla de zampakutos y él tuviera las de ganar. Vio el ataque de cólera que crispaba en las facciones de Rukia pero no se echó a tras. Más bien cogió valor y se acercó a ella.

Sabía que ahora era ella la que estaba haciendo una larga lista de insultos hacia su persona. Sin embargo no se detuvo. La cogió por los hombros y la obligó a que lo mirara.

—Has ido muy lejos —.Fue todo lo que dijo ella, mordiéndose el labio preparada para atacar con el primer insulto.

—Podría haber llegado a más si no hubieras interrumpido.

Tras eso Rukia se zafó de su agarré y empezaron los diez minutos de reloj de los insultos y ofensas más originales que se le pasaba por la cabeza. Ichigo mantuvo la calma solo hasta los tres minutos en donde él también empezó a gritar y se vieron envueltos en una de esas peleas que hacia un año que no tenían.

Cuando terminaron los dos estaban jadeando intentando recuperar el aliento, teniendo una batalla campal ahora con los ojos.

Sin embargo Rukia fue la primera en rendirse. Apartó la cara y se llevo la mano a los ojos.

—Aun no entiendo qué haces aquí —. Dijo una voz cristal.

Ichigo la volvió a coger por los hombros haciendo que lo mirara otra vez. Los ojos de ambos se habían suavizado, sus voces también y sus sentimientos también.

—Tú sabes por qué.

Rukia negó con la cabeza.

—No puedes aparecer tras un año, besarme y luego aparecer en la mansión para hablar con mi hermano… ¡Es de locos Ichigo! ¡Qué demonios te pasa!

— ¡Pasa que sé por qué me dejaste! ¡Pasa que estoy enfadado contigo! ¡Pasa que me engañaste y me hiciste creer lo que no era! ¡Me dejaste!

Rukia cerró los labios y le miró con un atisbo de dolor. Sentía como un cúmulo de lágrimas avanzaban hacia sus ojos. Recordó ese momento otra vez en su mente. El momento en que rompió con él. A pesar de la rabia y el dolor iniciales, ahora se sentía indefensa y triste.

—No me dijiste que te iban a hacer capitán—. Dijo ya más calmada.

—No podía saberlo nadie. Me lo pidió Ukitake.

—Pues me enteré…y por una tercera persona y no por ti —La decepción era palpable en su voz. Ichigo intentó hablar pero ella se lo impidió—. Sé que no estoy siendo justa. Sé que tampoco te dije nada y te mentí para poder romper contigo —Estas últimas palabras casi le quebrantan más la voz pero siguió adelante—. Pero no estamos en el mundo humano. De hecho no somos humanos. Nuestra situación no es como la de cualquiera, ni si quiera pensé que yo me pudiera permitir tener algo como lo que tuve contigo. De hecho NI SIQUIERA pensé que si lo tuviera que tener seria contigo. Byakuya empezó a organizarme citas y me di cuenta de lo triste que era sentir que nunca en mi vida sentiría ese tipo de sentimientos. De repente algo que nunca me había importado, cosas como el amor, el cariño y…y bueno, cosas así…de repente empezaron a importarme. ¿Para qué? Para luego volver al mundo real y ver que tú eres un shinigami y yo que yo soy una shinigami y que tenemos muchas responsabilidades, tenemos vidas y muertes en nuestras manos. Sabia que te mandarían a miles de misiones…y que nuestra relación no será normal. Sabía que tenía que dejarte marchar.

Los ojos violetas rehuyeron los del castaño por tercera vez. No conocía esa parte de ella, ni siquiera había pensado en todo que acababa de decir. Se sorprendió tanto de sus propias palabras que era como si otra persona hubiera hablado por ella.

Cogió aire y luego lo soltó pausadamente. Se giró lentamente para enfrentarse a esos castaños ojos que durante tantos años pensó que podría mirar a través de ellos. Esos ojos que le habían leído la mente tantas veces. Lo que hacían los Nakama. Se comprendían.

Sin embargo Ichigo no dijo nada.

El pelinaranja se acercó silenciosamente a la diminuta shinigami, acortó distancias, tenía una expresión seria pero con un atisbo de tristeza.

Las manos de él se adueñaron de las mejillas de ella, no le hablaba, no le contestaba ninguna de esas palabras que ella le había dirigido. Simplemente le miró a los ojos violetas, con tanta intensidad que creyó que saltarían chispas.

Tras unos segundos que parecieron eternos, él la soltó. Y le dio la espalda dirigiéndose a la puerta.

Antes de irse dijo.

—Nunca me importó si mi tipo de relación contigo era humana o shinigami. Yo solo quería tener una relación contigo.


La shinigami se dio la vuelta sobre su propio eje, con los ojos llorosos. Fija en la puerta por la que acaba de irse Ichigo.

La puerta por la que se iría y no volvería.

¿Merecía la pena? ¿Merecía la pena acaso pasar por estos malos momentos? Iba a perder a Ichigo, el chico por el que había empezado a sentir algo después de años de amistad. Un amistad con un lazo irrompible. O al menos lo era.

La confianza siempre estaría ahí. Siempre. Sus lazos de amistad nunca se destruirán.

Pero ahora que había probado lo que era estar a su lado en cuerpo y alma. ¿Seria suficiente ahora con solo la amistad?

Así que Rukia dejó la mente en blanco, y siguió lo que querían sus pies y sus piernas. Que era cruzar esa puerta e ir a por él.

Un par de zancadas más adelante su mano involuntariamente cogió el hombro del pelinaranja para girarlo y acercar su boca a la suya.

No, no vio la cara que ponía el pelinaranja. Tampoco le correspondió enseguida el beso, pero lo que si hizo fue cogerle con fuerza del kimono y arrastrarle a la habitación más cercana.

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La puerta se cerró violentamente, seguidamente el cuerpo de Rukia fue estampado en dicha puerta. Ichigo la cogió de sus mejillas y no la soltaba, su lengua tampoco. Se escondía por cada uno de los sitios de la boca dela shinigami. Era como si en vez de quitarle el oxigeno se lo diera. Tanto tiempo sin besarla de esta manera le había afectado, más de lo que se esperaba. Para ella era igual. No sabia cuanto echaba de menos un beso como estos. Un beso íntimo y sin miedo.

Pero al final tuvieron que separase para coger aire, la frente de él se recargaba sobre la de ella. Sin embargo cuando sus ojos iban a cruzarse, seguramente para empezar una conversación, Rukia lo impidió lanzándose otra vez sobre su cavidad bucal.

Intercambiaron papeles y ahora era él el que estaba entre la pared y Rukia. De un salto Ichigo la cogió y la alzó para poder está más cómodos respecto a la altura de la Shinigami, ésta no se molestó y se abrazó más a él.

Justo cuando Ichigo pasó de su boca a su cuello, la chica paró de repente en seco.

—Mierda….

Ichigo se separó de su cuello visiblemente molesto.

—¿Y ahora que demonios te pasa?

Los dos jadeaban, le costaba un poco hablar y tenían las mejillas sonrojadas. Rukia miró estática a Ichigo.

—Que mi hermano está cerca.

Ichigo levantó una ceja.

—¿Y?

—¿Y? ¿Y? ¿Cómo que "y"? ¡Ichigo mi hermano está cerca! –gritó susurrando. Intentó separarse de su agarré pero este lo impidió, al contrario, la pegó más a su cuerpo.— ¡Bájame idiota!

—¡No me da la gana! –gritó, pero sin intentar un ápice bajar la voz. Después de tanto tiempo no quería soltara ahora. Y menos por su hermano. Sobretodo por su hermano.

Rukia se pegó mentalmente. Esto de dejar la mente en blanco tenía su más y sus menos. Por un lado parecía que la cosa había ido bien, tenía a Ichigo entre sus brazos pero no había caído en el pequeño detalle que estaba en la mansión de Byakuya.

—Ichigo podemos continuar esto fuera. Solo tenemos que salir de aquí.

El capitán se le quedó mirando unos largos segundo aún con el ceño fruncido y sin ceder, cosa que ponía más histórica a la morena. Pero al final cedió y salió de allí con los brazos cruzados.

No iban a tener una pelea a los minutos de reconciliarse.

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No había tiempo para romanticismos. Al menos no para los pocos que ellos tenían.

Cayeron sobre la cama. El camino hacia la casa del pelinaranja había sido corto gracias a un eficaz shumpo. Ichigo no perdió tiempo abrazó a la morena atacando sus labios.

Había besos por todas partes y susurros casi imperceptibles. Quieran volver a sentir la piel del otro sobre la suya y sobre sus bocas, como si se hubieran olvidado del tacto y ahora quisieran recuperarlo. Como si les hubieran quitado algo importante en todo este año que no se habían visto, tocado y besado.

Ichigo coló una de sus manos entre el kimono de la teniente, el cual ya estaba un poco abierto, para bajarlo y dejar expuesta esa piel porcelana. Rukia intentó hacer lo mismo con el kimono de él pero éste se lo quito de un plumazo.

Terminaro de desvestirse entre beso y beso. Y luego se abrazaron. Cerraron los ojos disfrutando del enorme placer de que sus pieles volvieran a estar en contacto otra vez. Un escalofrió dulce les recorrió el cuerpo. El calor que emanaban de su unión era cada vez más agradable. Se acariciaban la espalda del otro y se daban besos en la mejilla y en los labios.

Por desgracia no había más tiempo para saborear del momento. Con haberlo hecho realidad era más que suficiente.

Ichigo empujó suavemente a Rukia contra la cama. Esta le acarició la mejilla y ambos se sonrieron. Era increíble como en solo esos momentos de intimidad podían compartir algo que no compartían fuera. Porque era solo de ellos, estos gestos de cariño eran solo y únicamente de ellos.

El capitán se deleitó con la vista del cuerpo de Rukia. Dios, noches sin poderse sacarse ese cuerpo de la cabeza. Ahora aún menos. Dicen que cuando estás mucho tiempo lejos de lo que te gusta, piensas más y más en ello y lo deseas con más fuerza.

Le dio un beso en la frente, en la nariz, en los labios, en su cuello, en su pecho. Se acomodó en sus piernas y la penetró.

Rukia clavó sus uñas en esa enorme y musculosa espalda, tenían muchas ganas del otro, pero enseguida el chico notó que debía de ir un poco despacio al principio, habían estado un año sin hacer el amor.

Luego ya nada importaba, ni el año que no se habían visto, ni las peleas, ni que habían estado enfadados. Nada. Todo lo arreglaban esos momentos de unión, de sentirse…de quererse de nuevo.

Rukia rodeó la cadera de Ichigo para pegarlo más contra su intimidad. Acercó su boca a su oído para que oyera sus suspiros de placer. Ichigo besaba con dulzura el cuello de la morena. Todo era perfecto, todo era mágico. Como dos piezas que volvían a encajarse.

La intimidad de Rukia era cada vez más estrecha, lo que provocaba que la cordura de Ichigo se perdiera en el infinito. Cada movimiento de cadera era un viaje sin regreso del placer. Cada corriente eléctrica hacia que se perdieran más en la locura. Asi que ya no podían parar. No querían hacerlo, estaban el momento adecuado con la persona adecuada.

Ichigo empezó a salir de la intimidad de ella para entrar con fuerza, con mucha fuerza. Ahora los gemidos eran gritos, los espasmos aumentaban. Aguantaban la respiración en cada embestida, la disfrutaban y la saboreaban con cada voz que salía de sus gargantas sedientas del otro.

Llegaron a un enorme orgasmo que envolvió cada parte de sus cuerpos. La sangre les hervía y por un momento no respiraron.

Luego cayeron rendidos en la cama, tras unos segundos de descanso sus brazos se buscaron.

Ichigo la abrazó por los hombros y le dio un besito en la mejilla.

No dijeron nada durante un largo rato. Se conocían y no querían destruir el ambiente de paz y tranquilidad. Pero tras mucho pensarlo la teniente habló.

—Sé que te tienes que ir.

Temiendo lo que fuera a decir Ichigo se abrazó más a su agarre, sin embargo este se separó un poco de ella y la volteó para que ambos se miraran a los ojos.

Una vez más lo sintió, esa sensación de seguridad cuando el castaño de sus ojos se volvía uno con los suyos violetas. Él le sonrió.

—Y sabes que volveré.

Una sonrisa se formó en los labios de Rukia.

—¿Me esperarás?

Rukia río cerrando los ojos.

—Baka…claro que sí. Somos shinigamis. Podremos con esto.

—Podremos con todo. —dijo con una mirada llena de decisión. —Solo es un reto más en nuestras vidas.

—Esto de las "relaciones" te esta volviendo muy positivo.

—Sabes que no me van las cursiladas. —contestó juntándose de hombros.

—A mi tampoco.

—Lo sé.

Lo dos volvieron a mirarse a los ojos. Había algo que aún no se habían dicho. Pero no hacía falta, al menos ahora.

Se dieron un último beso y se levantaron dispuestos a volver al mundo real. No porque quisieran, pero cuanto antes salieran antes volverían a entrar en esa cama. En ese mundo en el que solo les pertenecía a los dos.

Caminaron juntos hasta el escuadrón de Ichigo. No hablaron, solo disfrutaron de la presencia del otro. Cuando llegaron al escuadrón todo el mundo se dirigía a Ichigo como "Capitán" y le daba los buenos días, o nada más pasar por su lado le hacían una reverencia.

—Supongo que te encantará todo esto. —Dijo Rukia, sin poder evitar sentirse un poco sorprendida.

—Bueno, sigo sin acostumbrarme…a veces creo que no se dirigen a mi. —Respondió rascándose la nuca.

Llegaron al lugar de entrenamiento donde el equipo especial del escuadrón esperaba a Ichigo, con los uniformes y las armas más que preparadas.

Los dos se miraron. Sabía lo que venia ahora.

—Ha sido corto. —suspiró Ichigo sonriendo tristemente.

—Bueno…ha sido suficiente. Al menos podemos volver a insultarnos. —respondió con una sonrisa de complicidad.

—Sabes? Cuando vuelva…puede que haya otra feria en Karakura.

—Entonces habrá que ir…

—Sí…habrá que ir... ¿Una cita? ¿Hecho?

-Hecho. —Sonrió.

Cuando Ichigo se dio la vuelta para embarcarse en la misión volvió a girarse hacia la shinigami.

-¿Byakuya te dejará en paz?

La teniente soltó una carcajada e hizo un gesto quitándole importancia.

—Tranquilo…a mí si. A ti no se.

Ichigo volvió a sonreír, volvió a girarse hacia su equipo y …volvió a girarse hacia ella.

— ¿Sabes que cuanto antes te marches antes volverás? —Respondió ella con impaciencia.

—Lo sé es solo que…

Empezó a tartamudear, las palabras no le salían de la boca, de hecho no sabia ni lo que quería decir, empezó a sentir un cosquilleo en las manos y en su estómago. Quería huir de ahí pero no sin antes…pero nada…no podía.

—Nos vemos…Rukia.

La despedida, las mismas palabras que siempre. Solo que esta vez, Ichigo no oyó las palabras "Gracias Ichigo". Ella parpadeó, se le quedó mirando…y le sonrió.

—Baka…yo a ti también.


Buah, siento haber dejado pasar un mes entero para publicar este capitulo y encima con este final, no he estado de humor últimamente pero el capitulo tranquilos que no podía faltar, y el siguiente tampoco faltara ^^, si si, este no es el final, el final es el siguiente :D

Ahora que caigo en el mes de enero del año pasado fue cuando empecé a escribir esta historia, así que es como si hiciera casi un año jajaja pero no, yo cuento desde que empecé a publicarlo, pero bueno, el tiempo pasa y este fic llega a su fin, espero que con un buen sabor de boca y con unas grandes sonrisas de vuestra parte. Ya os contaré como nació este fic ^^ solo deciros que en parte fue gracias a vosotros lectores, que me disteis ánimos y me hicisteis ver que este fic valía la pena de publicar y de seguir.

¡Nos vemos en el siguiente y último capitulo!

Si os ha gustado este capitulo mandadme un review plis : ) (y si lo habéis odiado cambien XD, aquí se acepta de todo)

¡Ja ne!