Capitulo 2: Lo podrás observar (La H Suena).

Se escuchaba algo de ajetreo a fuera de la enfermería, donde se encontraba la mayor parte de la tripulación de aquel submarino. Había pasado la hora del almuerzo pero la recién llegada seguía acostada sobre la camilla.

A unos metros de esta se encontraba en capitán y doctor de la tripulación dejando todos los enseres en su sitio, pues estuvo curando a la joven hasta tarde y cuando terminó se fue directo a descansar, aunque no hubiese dormido mucho.

Notó como la chica cambiaba de postura, dirigiéndole una mirada por el rabillo del ojo. Su respiración era calmada y aunque su rostro estaba relajado, su entrecejo seguía levemente fruncido.

Se quedó observándola por un rato, analizando su comportamiento, recordando como le miró cuando le pidió ayuda. Transmitían tristeza, dolor, horror, sentimientos que para nada serían propios de una joven de su tipo. Porque había que reconocer que estaba de buen ver.

Un leve gruñido salió de la garganta de la mujer, haciendo que el doctor saliese de sus pensamientos mientras que ella se frotaba los ojos con el dorso de la mano.

Miró desorientada a su alrededor, probablemente no recordaría lo que había pasado, al menos estando recién levantada.

Solo cuando Némesis miró al moreno su cara hizo una expresión como de haber recordado todos los acontecimientos transcurridos el día anterior.

-Por fin has despertado. –Comentó el joven doctor mientras apartaba la vista de la chica, agarrando su katana.

La chica hizo amago de incorporarse, pero él agarró su espada y con la funda puesta, la puso frente a la chica, haciendo que volviese a acostarse.

-Aún tienes que reposar, no solo por las heridas, si no porque…bueno, me puedo hacer una idea de que te pasó, no hace falta que me lo expliques pero…tienes un desgarre.

-¿Un desgarre?

La chica le miró fijamente.

-Sí. Te dolerá y molestará por un tiempo hasta que vuelva a la normalidad, así que ya sabes, nada de relaciones.

-Lo supuse –Respondió ella sin dejar de mirar al doctor. Era frío, aparentemente insensible y por sus ojeras parecía que no descansaba desde hacía tiempo- Yo, esto…me llamo Némesis, pero prefiero que me llamen Neme.

-Law, Trafalgar Law. –Contestó tajante.

Una muralla de acero les separaba, como si se protegiese del exterior, de todo tipo de sentimiento que le hiciese parecer débil.

Pero Némesis estaba dispuesta a romperla, como fuera. Pero ese no era el momento.

-Oye, Trafalgar… -Dijo ella mientras agachaba la mirada hasta los pies de él. Su tono de voz había cambiado bastante- Gracias por recogerme, por decirlo de alguna forma.

-Como médico no podía dejar a alguien malherido por ahí en la calle, y menos a merced de otra paliza.

Aquello llamó la atención de ella de una forma importante. ¿Tan insensible era?

-¿Y cómo persona?

Y esta vez fue él quien le miró sin entender.

-¿A qué te refieres?

-¿Me habrías recogido si no fueras médico?

Law se sentía incómodo ante esa pregunta, y ella lo sabía. La muralla se resquebrajó, aunque hubiese sido minimamente.

-Supongo…que sí. -Y sonrió satisfecha.

Se incorporó de nuevo para ir al baño.

La sábana que la cubría hasta ese momento cayó a sus muslos, dejando ver unos voluptuosos y para nada pequeños senos.

La chica, al darse cuenta de que estaba completamente desnuda, agarró la manta y se tapó cuanto pudo, dando un leve gritillo mientras sus mejillas se teñían de carmesí.

-Necesitaba hacerlo para poder curarte del todo. Tranquila que no he mirado ni tocado nada más de lo imprescindible –Contestó antes de que ella preguntase mientras miraba incómodo hacia otro lado-. Bepo te ha limpiado la ropa, la tienes encima de esa silla.

Dijo Trafalgar dándose la vuelta hacia la puerta mientras señalaba con desinterés dicha silla.

Némesis, una vez apartó las mantas, se sentó en el borde de la camilla, mirando hacia el suelo con expresión neutra.

-¿Qué voy a hacer a partir de ahora?

No lo sabía, y en ese momento eso le importaba poco.

Se puso completamente de pie y se acercó a un espejo del tamaño de una persona, mirándose de arriba abajo.

Estaba horrible. Varios moratones cubrían su piel, desde él lóbulo del ojo derecho hasta en uno de sus pechos, un hematoma afeaba el interior de su muslo izquierdo y varios arañazos ocupaban parte de sus brazos y de sus senos.

Se colocó la ropa interior por si alguna visita inesperada entraba en la enfermería y cogió unos vaqueros algo ajustados y lagos y una sudadera celeste para cubrir su cuerpo para que nadie viese su cuerpo. Le daba vergüenza de si misma, era débil, inútil, no sabía ni defenderse así misma.

Se sentó en el suelo, son la espalda apoyada en una estantería repleta de libros sobre medicina, abrazó sus rodillas escondiendo su cabeza en estas y rompió a llorar.

Se sentía sola, no tenía a donde ir, su padre había salido de la cárcel hacía unos años y no tenía ningún tipo de relación con él, no tenía amigos, los perdió a todos al irse con el mal nacido de su marido, no sabía nada de su hermano… ¿A dónde iba a ir?

[Mis ojos son barreras, pero mis lágrimas necesitan salir por mi mejilla a echarse una carrera. A veces pasa lo que no esperas, pero es más duro eso que previste y al final te llega]

Sin previo aviso, la puerta se abrió de golpe, dando paso a un hombre alto al que sus ojos eran cubiertos por un extraño gorro en el que ponía "Penguin". En seguida la chica trató de secarse las lágrimas con el dorso de sus manos pero tarde, el chico no era tonto.

-Venía a traerte el almuerzo pero… -Apoyó su mano en el suelo y se sentó a mi lado, con las piernas cruzadas- ¿Qué te pasa?

-No es nada, de verdad… -Susurró ella entre sollozos de forma muy poco convincente mientras se secaba las mejillas.

-Si no me lo quieres contar no insistiré, pero aquí tienes a un nakama, eh… ¿Cómo te llamas?

La chica alzó la vista y miró al joven, parecía sincero e inocente y sus labios se tornaron en una leve sonrisa.

[Abrí los ojos y caigo como en depresión al tener la sensación de ser alguien de quita y pon pero, ahora que estoy aquí abajo y de bajón…]

-Némesis, pero puedes llamarme Neme.

-Pues a mi puedes llamarme Penguin –Se apoyó contra la estantería y sin dejar de mirar a la joven preguntó de nuevo- ¿Vas a contarme qué te pasa?

-Sencillamente…no se a donde voy a ir cuando desembarquemos en la siguiente isla.

Penguin alzó la ceja mirándola incrédulo.

-¿No vas a quedarte?

-Creo que no le caigo muy bien a vuestro capitán. –Contestó ella tomándoselo a broma.

-¿Law? Eso es lo de menos, los chicos estarían encantados de que te quedes, a fin de cuentas serías la primera mujer de la tripulación y nos vendría bien un poco de orden –Dijo el joven entre risas-. Además, no te preocupes por el capitán, al principio parece una persona temeraria, pero es una persona espléndida. Mira, ven a que te presente a los demás.

Y sin dejar que la chica dijese nada, la agarró del brazo y la levantó para arrastrarla al salón donde se encontraban todos.

Con una calurosa bienvenida, la chica pasó la tarde entre risas y tonterías.

Una pregunta inocente pero importante calló el jaleo, una pregunta que salió de los labios de Shachi.

-Bueno, entonces te quedas con nosotros, ¿no, Neme-chan?

La chica miró dubitativa al resto de la tripulación pero…con una sonrisa, asintió firmemente.

-¡Pues bienvenida a la tripulación, nakama!

[…veo mejor las cosas grandes y todo lo grandes que son.]

Nakama… Aquellas palabras le llegaron a lo más profundo de ella haciendo que, por un momento, se quedase mirándoles impresionada.

-¿Nakamas?

-Pues claro. –Respondió Fye mientras le dirigía una sonrisa.

Y ella, por fin, sonrió como hacía tiempo que no lo hacía.

[Por mucho que pensemos que todo sale mal, que el mundo nos odia y que la calma no nos llegará jamás, es duro ponerse en pie pero hay que obligar, que las cosas también dependen de que tú las decidas cambiar. Cuando estés mal lo podrás observar que aquello que te anima es más grande de lo habitual. Se que estás ahí cuando lo necesito, y si lo he escrito es porque no lo puedo expresar.]

Todo aquello fue observado Law, el cuál sonreía de medio lado apoyado en el marco de la puerta, alejado del resto. Tras un rato observando la escena, salió de allí en dirección a su habitación.

-Oye, Neme-chan –interrumpió el carpintero de la tripulación-, como ya contábamos con que te quedases con nosotros, te hemos preparado un camarote para ti solita.

-¿De verdad? Gracias, chicos, no os teníais que haber molestado, de verdad. –Respondió ella, encantada.

[Es extraño…parece que querer no es mas que dar permiso a alguien para hacerte daño. Con los años te das cuenta cada vez, se hace más cuesta arriba lo de subir otro peldaño. Y ya cansado cae como en depresión, harto de abrirme la cabeza por abrir el corazón…]

Una vez cayó la noche, la única mujer del barco salió de su camarote rumbo a la cubierta. No podía dormir. O más bien no quería hacerlo, tal vez para no soñar, porque si lo hacía, mas que un sueño sería una pesadilla.

Esa noche habían decidido dejar el submarino en la superficie, no parecía que fuese a empeorar el tiempo.

El mar estaba tranquilo, se apoyó en la barandilla y miró hacia las olas que se rompían contra el casco de la nave.

La suave brisa movía su pelo suavemente y la luz de la luna alumbraba levemente la cubierta, dándole un toque muy íntimo.

-¿Qué haces despierta tan tarde? –Preguntó una voz a su espalda.

Otra vez aquel hombre. Neme ni se molestó en girarse, pues el capitán se situó a su lado, de cara al mar.

-Tú tampoco estás durmiendo.

-No soy muy aficionado, lo reconozco.

-No, si esas ojeras de oso panda te delatan.

Una pequeña sonrisa se escapó de los labios del chico ante semejante comentario por parte de ella.

-Tengo entendido que has decidido quedarte.

-Si, bueno…tampoco es que tenga una amplia gama de opciones donde elegir.

-Tal vez… -Trafalgar volvió a dirigir su mirada al mar, entrecerrando los ojos- ¿Cómo vas?

-Bien, a fin de cuentas esto es una batalla contra uno mismo por la supervivencia –El moreno asintió, de acuerdo con las palabras de la muchacha-. Law…gracias a vosotros ahora tengo colegas con quienes puedo contar, aunque solo os conozco de hoy…he recibido más cariño y afecto que en los últimos cinco años… Hasta hace unas horas…deseaba estar ahí, en el fondo del mar, pero me habéis enseñado la diferencia entre estar viva y no estar muerta y voy a aprovecharlo, voy a aferrarme a cada una de esas cuerdas para salir de este agujero.

-Esa es la actitud, no quiero a una persona deprimida en mi tripulación. –Respondió Law, dibujando una pequeña sonrisa.

-Gracias, capitán. –Susurró ella antes de colocarse de puntillas y juntar sus labios con la mejilla de él, dándole un breve pero cálido beso a esta y dejando a un sonrojado y perplejo Trafalgar Law.

[Soy como una lágrima perdida entre la lluvia y necesito regresar a los ojos de esa persona.]

-Buenas noches.

Caminó de regreso al camarote dispuesta a empezar de cero, una nueva vida, en un nuevo lugar, con nuevos amigos y con nuevas ilusiones.

Para eso debería cambiar.

[Pasar de página (¿Cómo?) si escribimos tantos cuentos felices que gasté todas las hojas. Arrastrado por las olas del cansancio a lo más hondo, en un mar de dudas desearía que estuvierais todos…]

Abrió varios cajones en busca de unas tijeras, se acercó a un espejo y comenzó a cortarse el pelo hasta dejárselo por los hombros, llenando el suelo de su plateado cabello.