Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo Dos: Moto taxi.

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Midorima ahuecó la almohada con cuidado, posando la mirada en la maraña de cables y tubos que tenía su antiguo compañero por todo el cuerpo.

Le ayudó a incorporarse con un brazo y deslizó la mullida almohada hasta la espalda de Kuroko, colocándole hasta que vio que estaba cómodo, aunque su cara no mostrase emoción alguna.

Se sentó junto a la cama después de hacerlo, y sacó el móvil del bolsillo trasero, con la intención de continuar con la retransmisión del partido.

La enfermera entró para asegurarse de que todos los aparatos funcionaban perfectamente, conectando que el hizo que el latido del bebé se escuchase perfectamente por todo el cuarto.

– Está prohibido el uso de móviles en esta zona. – Señaló la mano de Midorima, en la que descansaba el teléfono al que trataba de poner los auriculares de nuevo para ofrecérselos a Kuroko y escuchar los últimos minutos del partido. – Interfieren con los aparatos, si quieres llamar tienes que volver a la sala de espera.

– No tranquila, no importa. – Aunque era mentira, esperaba que Takao estuviera escuchando y encontrara el modo de hacerle saber que habían terminado, por que solo pensaba quedarse ahí hasta que Kagami apareciera.

En la zona en la que habían instalado a Kuroko solo podía haber una persona acompañando a cada mamá, para evitar jaleo y que el personal sanitario pudiera moverse con agilidad en caso de emergencia.

Normalmente eran familiares directos o los esposos, pero las enfermeras reconocían a Midorima de cuando llegó con Kuroko por la mañana, y con el otro chico, y de todas las veces que había estado preguntando por el estado de su compañero hasta que le dijeron que ya le avisarían, momento en el que decidieron compartir auriculares para ocupar la mente en el partido en lugar de la preocupación por su amigo ingresado.

No sabía cuanto tiempo llevaba ya en el hospital, para él eran un montón de horas. Necesitaba salir un poco, pero cumpliría su palabra de quedarse hasta que apareciera el papá.

– Puedes poner la tele si quieres. – Señaló al aparato colgado en la pared frente a ellos. – Aunque va con monedas, estaréis entretenidos si no queréis estar escuchando el bum bum todo el rato.

Cuando la enfermera salió rebuscó por los bolsillos solo para descubrir algo que ya sabía, que su cartera estaba en la bolsa, justo en la misma bolsa que descansaba junto a su chico en la sala de espera.

Pensó en salir para tomar unas cuantas monedas, pero se lo pensó mejor al mirar un momento al peli-azul.

Aunque la postura en la que estaba, semi-sentado, era de lo mas cómoda, el bebé había decidido que no, moviéndose por la apretada bolsa que le contenía, y por ende, por la tirante piel de la abultada barriga de su mami, por lo que la cara de Kuroko se contrajo en una mueca de molestia. Un gemido bajito salió de sus labios.

Midorima le ayudó de nuevo a tumbarse de lado, colocando la almohada entre sus rodillas, levantando la parte de la cabecera de la cama lo suficiente como para facilitarle la postura a la mamá.

No lo admitiría ni bajo tortura, pero Shintaro había estado recopilando información acerca del cuidado de las futuras mamás desde que se había enterado del estado de su ex compañero de equipo, para ayudar si surgía el caso, como justo había pasado. Por eso mismo se había ofrecido voluntario, por que creyó que nadie mejor que él ayudaría a Kuroko en la recta final.

Kuroko suspiró aliviado con la nueva posición. Un par de minutos mas de calma y silencio solo roto por el pulso del pequeño, que a través de la máquina, llenaba el silencio entre ambos.

– Voy por mi cartera. – Dijo al tiempo que se levantaba y colocaba el delfín de peluche bajo el brazo de Kuroko, acariciando su cabello antes de salir.

Esperaba que la calma durara el tiempo suficiente para que tomara su dinero y regresara.

En la sala de espera, Takao seguía el partido completamente concentrado. La ventaja del Seirin oscilaba entre los treinta puntos, arriba y abajo. El comentarista hacía referencia a los jugadores de los dos equipos y a sus jugadas.

Estaba tan concentrado en la voz del otro lado del auricular, que no reparó en la persona que se sentó junto a él, hasta que una chocolatina rebotó en su pie, y después en el suelo.

Murasakibara se inclinó a recogerla, haciendo caer una docena mas chucherías en el gesto.

Midorima le saludó con la mano, y rebuscó directamente en su mochila, hasta dar con su cartera.

– ¿Todo bien?. – El peli verde sonrió al encontrar el dinero, asintiendo a la pregunta para tranquilizar a su compañero recién llegado. – Aka-chin está aparcando, viene enseguida... – Hizo una pausa que Midorima entendió que era para añadir algo mas a la última frase, antes de zamparse una bolsita de ositos de gominola de una tacada. – Momoi-chan viene con Kise chin, ella nos llamó desde el partido.

– Voy con Kuroko, hasta que venga su marido. – El mas alto deslizó un mechón de cabello morado tras la oreja, sonriendo.

– Esperaremos aquí. – Siguió comiendo despreocupado.

Takao se levantó del sitio cuando le vio darse la vuelta, pero antes de irse de nuevo con la mamá Midorima le dio un pequeño beso en la frente, del que se avergonzó muy infantilmente al darse cuenta de donde estaban y delante de quien.

Murasakibara murmuró una risita cuando el chico moreno se sentó de nuevo junto a él, completamente avergonzado, y le tendió una bolsa con una chocolatina rosa en forma de corazón con dos dedos.

Cuando el peliverde regresó junto a Kuroko, el chico contenía un lamento entre los dientes apretados.

Le ofreció la mano, pero la mami cambió de idea justo antes de tomarla, y aferró el borde del colchón entre sus dedos para apretar con todas sus ganas. Lo ultimo que quería era hacerle daño a Midorima en la mano buena.

Un par de minutos mas y el dolor cesó. Mas tranquilo metió una moneda en el cacharro y buscó por los canales hasta que dio con el de deportes.

Midorima se acomodó en la silla junto a la mami, y apoyó el codo en el colchón, teniendo cuidado con la vía que estaba unida al brazo del chico con la bolsa de suero que colgaba del soporte metálico.

En primer plano salía el marcador con una gran diferencia y la voz del comentarista solapaba el resto de sonidos propios de un evento deportivo de ese tipo.

" El árbitro señala finalmente el final del partido, intenso donde los haya. No puedo dejar de señalar la brillante participación de Kagami Taiga, un jugador increíble que hoy se ha mostrado especialmente agresivo y atinado, habiendo fallado a penas un par de lanzamientos de los casi sesenta que ha anotado junto a su equipo... Pero un momento, parece que el equipo de Seirin no va a quedarse al saludo final ni a la entrega de premios. Desde aquí no puedo asegurar que ocurre, solo que los jugadores se están reuniendo alrededor de su entrenadora, que parece dirigirles unas palabras apresuradas.

Un momento, queridos televidentes aficionados al basket. Esto es inusitado. Una moto de gran cilindrada acaba de irrumpir en la cancha desde una de las puertas laterales de emergencia. Pasa de largo a todos los miembros de la seguridad con los que se cruza y se detiene junto al banquillo que hasta ahora ocupaba el Seirin.

El conductor se saca el casco... pero, no puede ser. Daiki Aonime, parece el conductor de la moto. Si alguno de nuestros cámaras pudiera enfocar con mas nitidez lo que está pasando, podríamos saber que ocurre.

Vemos como Kagami se coloca el casco y la bolsa con sus cosas sobre un hombro, sin cambiarse ni nada y sube a la moto, que sale a gran velocidad de la cancha por donde ha venido, con los dos jugadores a lomos de la máquina. No entendemos muy bien que pasa, pero el equipo al completo abandona la cancha a la carrera.

Un momento, me pasan una nota.

Parece ser que uno de sus jugadores está en este momento en el hospital..."

– Menudo par de desequilibrados. – Murmura el peliverde negando.

Supuso que pasaría algo así, pero no imaginó que lo vería todo el país por televisión.

– Veinte minutos mas. – Dijo Kuroko.

– Conociendo a Aomine, no tardarán ni cuatro minutos en llegar. – Se ajustó las gafas deslizándolas por el puente de la nariz. – Es capaz de ir por encima de los coches.

Tal y como había predicho Shintaro, pocos minutos después, Kagami entraba como un huracán a la carrera en urgencias.

Agarró el mostrador de enfermería con los dos brazos, con la ropa del partido, sudado y jadeante. Seguramente había venido corriendo desde el parking.

– Por favor, Soy el marido de Kuroko Tetsuya. – Casi gritó, ganándose una mirada asesina de la enfermera que atendía el teléfono tras la mesa.

– ¿Puede identificarse?. – Respondió incrédula, levantando una ceja.

Tiró la bolsa con sus cosas al suelo y rebuscó sin cuidado dentro. Su ropa, la toalla, el cambio, un montón de comida y bebida, fue revuelto entre maldiciones susurradas. Si después de todo no le dejaban entrar junto a Kuroko le daría algo.

La mano de Takao en su hombro le hizo levantase de golpe.

– Es su marido, de verdad. – La enfermera asintió al muchacho, al que si conocía de estar todo el día ahí a la espera.

– Vale, acompáñame. – Rodeó el mostrador para guiarle.

Takao tomó su mochila y le empujó en dirección a la enfermera, recibiendo una sonrisa nerviosa por parte del papá, que se perdió por el pasillo por el que segundos después asomó Midorima.

– Vamos. – Takao le tomó por la mano y le llevó fuera del hospital, dejando sus mochilas y la de Kagami al cargo de Murasakibara, que seguía comiendo sin parar sus dulces.

Caminaron un rato, hasta un parque cercano. Midorima se sentó en el espaldar de un banco de madera y atrajo al moreno a su lado, hasta posar su mejilla en el vientre del moreno.

– Quiero ser padre. – Murmuró muy bajito. Alzó la mirada un segundo, para volver a esconder la cara en la camiseta de Takao, que le acariciaba el pelo con cariño.

– Tenemos el torneo en unos meses. – Le regaño a su manera. – No puedo dejarte solo en la cancha.

– No jugaré. – Respondió girando la cara un segundo para volver de nuevo a la postura inicial.

– Me quedaré sin la beca si no juego, dos años. – Le tomó la cara con las dos manos, obligándole a subir hasta sus labios, donde le dio una docena de pequeños besos. – Además , esos dos va a necesitar nuestra ayuda con el pequeñín.

– Si, eso es cierto. – Devolvió los besos, dulces y cortitos, envolviendo sus brazos en el torso del moreno con cuidado. – Pero después, tendremos el nuestro.

– Practicaremos con el de Kuroko. – Takao enredó los dedos en el suave cabello de su chico, antes de volver a tomarle de la mano, para caminar de nuevo.

– Vamos a volver. – Redujo el ritmo hasta hacer el paseo lento y calmado. Necesitaba despejarse un poco antes de volver a la espera, aunque ahora ya solo quedaba la última parte.

Y eso dependería de Kuroko.

En el hospital la llegada de Kise era evidente. El club de fans que siempre surgía a su alrededor también estaba ahí. Pero al rubio no podía importarle menos.

Momoi pasó de largo hasta sentarse junto a Akashi, que leía despreocupado un libro en su silla. Los demás tardarían en llegar por que ellos habían salido cuando el partido aún no había terminado.

– ¿Kurokocchi lo ha soltado ya?. – Gritó sin cuidado alguno, haciendo un puchero al final de la frase.

– ¿No tienes respeto por nada, no?. – Una mano morena le sacudió una colleja, haciendo al rubio tambalearse hacia delante asustado. – Esto es un hospital, ten un poco de decencia y mantén la maldita boca cerrada, ¿Quieres?

– ¡Aominecchiiiii! Has venido tu también. – Saltó con los brazos abiertos hacia él, pero recibió una nueva colleja en la nuca. – Auchhh... ¿Estás de mal humor?

– No, estoy feliz de la vida. – Miró de reojo a su derecha, donde las fans del rubio se juntaban, haciendo que el aura asesina del moreno creciera hasta hacerse visible.

– Solo está celoso, deberías darte cuenta, es tu novio. – Akashi habló sin dejar de leer su libro, con el brazo apresado por los dos de Momoi, que le estrujaba sin pena. – Vamos a esperar a que Kuroko tenga a su bebé, tranquilamente. – Miró a Daiki con una seria advertencia en sus ojos. – Necesita nuestro apoyo, no que montemos un escándalo. – Ahora Kise recibió la misma advertencia.

– Perdón. – Murmuró el rubio, abrazando con un puchero infantil en sus labios el torso de Aomine con los dos brazos, mientras el moreno se apoyaba de pie en la pared.

– Oye chicos. – Momoi habló después de unos segundos de silencio entre ellos. – Tengo una duda desde hace un tiempo.

– ¿Qué ocurre, entrenadora?. – Murasakibara recogió los envoltorios vacíos de sus piernas mientras preguntaba.

– Me preguntaba cuando empezaron a salir Tetsu kun y Kagami kun. – Miró a los chicos que de repente se dieron cuenta de era una muy buena pregunta. – Quiero decir, nos hemos acostumbrado a verles juntos, fuimos a la boda... pero cuando …

– Mmm... – Midorima y Takao, que acababan de entrar se hicieron la misma pregunta.

– ¿Y bien?, ¿Alguien lo sabe?. – Momoi preguntó de nuevo...

Todo el grupo se quedó pensativo, fue Kise quien habló.

– Le preguntaremos a los de su nuevo equipo. – Asintieron a la propuesta del rubio.

Solo tenían que esperar a que llegaran para salir de dudas... o quizá no, y terminarían haciéndose mas preguntas de las que ya tenían.

Necesitaban matar el tiempo en algo que no fuera la preocupación por Kuroko y su bebé.

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Arigato minna … Soy super feliz por vuestra acogida, no pensé ni en mis mejores sueños que tanta gente se acercaría al botón de revi, de verdad.

Muchśiisisisisisisisisimas graacias.

Espero que el cap os guste, comentéis y nos vemos dentro de otros tres días, ¿Ok?

Besitos y mordiskitos

Shiga san