Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo Cuatro: Eso tan raro que siento por ti.

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Suspiró cuando las llaves quedaron en el cuenco y finalmente la puerta se cerró tras él...

Daiki soltó el casco contra el suelo, sin poner cuidado en donde quedaba, rodando unos centímetros antes de chocar contra el mueble en la entrada y quedarse oscilando en el sitio.

Hizo lo mismo con el otro casco y tiró la chaqueta de cuero también al suelo.

Caminó a pasos cansados hasta la cocina y abrió la nevera sin encender la luz, tomando una de las bebidas energéticas de las que ahí había y bebiéndola casi en el mismo gesto, sin cerrar la puerta.

El frío que salía del electrodoméstico le puso la carne de los brazos de gallina, pero no le importó.

Nada de lo que él sintiera era importante. Cada una de las palabras de Kagami sobre Kuroko le habían abierto una herida sangrante de la que no estaba seguro poder curarse.

Eso quiso creer.

Sería el eterno enamorado que velaba por la felicidad de su compañero y su pequeño bebé.

O eso quería creer.

Se aferraba como un naufrago a la tabla de salvación que era el amor pasado, para no querer ver la realidad.

El teléfono vibró en el bolsillo trasero de su pantalón y lo sacó aburrido. No quería hablar con nadie, ver a nadie... Solo quería desaparecer y auto-culparse de la tontería que hizo al abandonar a Kuroko de una manera tan ruin y despreciable... y sin embargo, le había perdonado, había superado el dolor que supone una ruptura y había seguido adelante. Encontró el amor, el futuro... la felicidad.

Él no. Él tenía su baloncesto perfecto, imbatible... y su propio bufón. Kise no le dejaba en paz desde no sabía cuanto tiempo atrás, era como el amigo cabrón que todos tienen, el que siempre encuentra el momento en el que quieres estar solo para aparecer con su eterna sonrisa y su voz alta, contando cosas idiotas y dando respuesta a preguntas que nadie a hecho

Miró la pantallita iluminada que le avisaba de un mensaje nuevo. Estuvo tentado de cerrar el móvil y apagarlo sin mas, pero recordó que podían llamarle si nacía el bebé y tenía que estar disponible.

Le dio al botón de aceptar el mensaje y leyó con cara de palo. Una de sus morenas cejas se alzó por encima del límite.

"Socorro, sálvame"... de Kise Ryota.

Por un momento pensó que era otra de sus estúpidas bromas y lanzó el aparato sobre el sofá, que revotó un par de veces antes de quedar boca abajo.

Sacó ropa cómoda para estar en casa y volvió al salón. Tomó el móvil con un reniego y miró de nuevo el mensaje, se dio cuenta de que tenía un archivo adjunto, una imagen.

La foto que surgió tras pulsar el botón adecuado le hizo soltar una carcajada sincera. Kise estaba, literalmente, asediado de enfermeras que apretaban sus mofletes con dedos gordos en grandes pellizcos, mientras una señora de lo mas amoroso, le había llenado de pintalabios por todas partes, frente incluida, y a su derecha, trataba de besarle de nuevo, mientras el rubio tiraba hacia un lado, dando la sensación de querer salir de la pantalla.

Saltó un nuevo mensaje con otra foto. Al mirar la hora se dio cuenta de que eran de cuando aún estaba en el hospital. Era raro que tardaran en llegar, pero normal. A veces pasa que mandas un mensaje y llega tarde.

La abrió y una sonrisa inmensa cruzó su cara.

Kise posaba, solo, con un puchero que hacía colgar su labio inferior sin fuerza por su barbilla y la cara llena de pintalabios de todos los colores y tonos de rosa. En ese momento casi le dió lastima y todo. Suspiró por su valentía, ya que sabía que lo había hecho por la entrenadora.

Ahora si, cerró de nuevo, y por última vez el teléfono, no sin antes guardar secretamente las fotos, y se dispuso a cambiarse la ropa de calle por la de estar por casa que había dejado a un lado.

El timbre de la puerta se lo impidió.

– Lárgate, quiero estar solo. – Aunque dijo eso, Aomine le dio la espalda y caminó dentro dejando la puerta abierta.

Apretó la mandíbula cuando la escuchó cerrarse, y por una décima de segundo creyó que le había hecho caso y se había largado dejándole solo... y en la misma décima de segundo se dio cuenta de que eso le entristecería muchísimo, aunque no lo admitiría ni bajo tortura.

Un brazo le rodeó antes de que llegara al sofá y una mirada risueña cruzó por encima de su hombro derecho.

– Hablo en serio, lárgate. – Una advertencia en su mirada le decía que hablaba en serio, pero la respuesta del otro no le dejó opción alguna.

– No quiero, oblígame. – Kise le arrastró al sofá hasta que los dos cayeron sobre los almohadones en una extraña postura.

– Podría hacerlo. – Aunque seguía hablando con tono monocorde, una muy pequeñísima chispa de esperanza iluminó su negra mirada. – Pero en serio, quiero estar solo.

– No es verdad. – Kise sonrió un segundo antes de tomar sus manos entre los dedos. – Quieres que me quede a cenar contigo, y a que duerma cómodamente en tu casa como pago por dejarme ahí tirado en mitad de esa selva de feromonas ardientes.

– ¿Eres sordo o eres tonto?. – Por raro que pudiera parecer lo preguntaba en serio. – Quiero ESTAR SOLO... vete.

– ¿Para qué?. – Ahora surgía el Kise serio sin que nadie le hubiera llamado. – Para que pases las horas castigándote por algo del pasado, ¿No?... Kuroko ya te perdonó, ¿Por qué no lo haces tu también?... Madura de una vez, Daiki.

Aomine abrió mucho los ojos, desconcertado. Había dado en el clavo, pero no era eso lo que le había sorprendido, si no el hecho de que le rubio no había usado su apellido seguido del tan irritante -cchi... le había llamado por su nombre, con tal naturalidad que casi le sentó mal y todo.

– Si tanto te afecta que Kuroko sea feliz, enamórate de mí. – Sus ojos dorados le enfocaron sin vergüenza alguna. – Todos creen que somos novios, pues venga, salgamos juntos.

– No digas mas tonterías. – No sabía que decir, ni como comportarse ante eso. Durante mucho tiempo fue el "malo" del cuento, todos se volvieron fríos con él, con razón, pero supo ganarse su confianza de nuevo, y era cierto que ya ninguno de ellos le echaba nada en cara, pero esto era demasiado.

– Hablo en serio, Aominecchi. – Le dio con la punta del dedo en la nariz. – Es increíble que no te des cuenta de lo que tienes delante por estar mirando atrás... a si que dime, ¿Quién es el tonto de los dos, Daiki?

–Vale, tu ganas. – Kise le miró ilusionado, hasta que el moreno le acompañó "educadamente" hasta la puerta. – Saldré contigo, pero mas adelante... cuando seas capaz de entender lo que "Déjame solo" significa.

– Sé lo que significa... es solo que no me gusta que lo digas tu. – Kise se inclinó hacia delante, y le tomó por la nuca, besando su frente, y dejándole ahí, plantado de pie, con la puerta abierta y la mirada puesta en su espalda alejándose, preguntándose que era eso tan raro que sentía por Kise.

Acaso podía ser... no, que va, eso no...

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Mitobe barrió la sala de espera con un giro de cuello, buscando donde sentarse, imposible a esas horas, donde los que habían decidido quedarse a esperar, ocupaban varias sillas con la sana intención de dormir. Pronto descubrirían que imposible era tal hazaña.

Akashi le hizo una seña para que se acercara y dejó las mochilas de Kagami y Midorima en el suelo para que ocupara el asiento. Le dio las gracias con una leve inclinación de cabeza, que el otro respondió del mismo modo.

Momoi interrogaba al resto con interés. Ni por un segundo se había tragado toda esa mierda el charco, por favor...

– Pues no tengo ni idea. – Riko frunció el ceño. – ¿Izuki kun?

– Es cierto, sin cita en el cesto, que cuento. – Izuki dejó muy claro que no iba a aportar nada útil al enigma... Aún así, la apuntó para luego, por si le hacía falta. Era una buena rima. – Quiero decir que no me acuerdo de cuando empecé a verles juntos, creo que desde el principio...

– Ahora que lo dices. – Kiyoshi rodó los ojos. – En aquella época, cuando entraron los de primero, iba a una academia para recuperar después de clase...

– ¿Y eso que tiene que ver con cuando empezaron Tetsu kun y cabeza de tomate su... "cosa"?. – Momoi le interrumpió molesta.

– Pues que, volvía en autobús y recuerdo que les vi en la cancha detrás del instituto. – Los demás le miraban como si lo que acaba de decir fuera la tontería mas grande del mundo. – El curso duró un trimestre, y les vi todos los días... juntos, solos, por la noche...¿Lo vais pillando o que?

– Un amor noctámbulo...nocturno y de 24 h, como mi supermercado favorito. – Pasó la hoja de su cuaderno y siguió escribiendo.

– ¿Y a éste que le pasa?. – Escupió la pelirosa un poco enfadada por la interrupción tan grosera.

– No te preocupes, ignóralo y listo. – Hyuga kun sacudió la mano frente a la chica. – Siempre es así, con el tiempo te acabas acostumbrando... pero a lo que vamos, ahora que lo mencionas... alguna que otra vez les vi solos, en el burger de la calle comercial... compartiendo mesa.. por esa misma época, al principio de curso.

– Creí que lo sabías todo de nosotros, señorita entrenadora. – Riko habló refiriéndose a que no supiera lo de las rimas absurdas de Shun.

– Recopilo información útil, señorita tabla de planchar. – Batalla de miradas asesinas un par de segundos. – Bueno, resumiendo, que desde el principio estaban juntos, vale. Iban y venían del instituto, a la cancha, al burger...

– También les vi alguna vez en la azotea. – Teppei levantó la mano antes de hablar, por si a las dos chicas les daba por liarse a tortas, supieran que estaba ahí. – Y justo así, ellos solos... aunque recuerdo una cosa también...

– Dimos, lo que sea, a ver. – Momoi ya empezaba a tener sueño, y prisa.

– La primera vez que nos enfrentamos a Kise, en primero. – Todos le miraban en silencio, hasta los que no tenían nada que ver con ellos. – ¿Recuerdas que le dio un golpe y la entrenadora le dejó a un lado?. – Todos asintieron medio recordando. – Cuando la entrenadora dijo que Kuroko debía volver a la cancha, él dijo algo así que aunque estuviera lesionado, tenía que volver por que se lo había prometido a Kagami.

– Si, es cierto, lo dijo varias veces. – Izuki habló en serio por primera vez. – Y lo de que no podía dejarle solo en la cancha, ¿Os acordáis?

Todos asintieron en silencio, pensando nuevamente, cada gesto, cada encuentro... algo se les escapaba, y aún ninguno había dado con ello... pero entre todos lo conseguirían.

Al fin y al cabo, eran un equipo... y saber como empezó el noviazgo de sus amigos, su dura y arriesgada misión.

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Neeeeeeeeeeeeeeee, tres días, Yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

¿Qué tal bonitas? ¿Dónde os habéis metido?... sigh...

¿Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa?

Bueno, espero que os guste el cap y me digáis que tal.

¿Lemon?... A petición, inicio la encuesta. Quien quiera que diga: misdirection.

Jajajaja

Nos leemos en el siguiente. Actu, tres dias... pero si sigue así, buenoooo... revis plis.

Besitos y mordiskitos

Shiga san