Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo Cuatro: La primera vez de muchas primeras veces.

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Esperaba en la puerta del instituto, como cada día, a que Kuroko saliera. Mirando a sus compañeros de curso no paraba de preguntarse si se le notaba en la cara, si era mas adulto o algo parecido.

– Te vas a manchar la chaqueta, te castigarán de nuevo. – Kuroko a su lado le dio un susto de muerte.

– Me dejas la tuya. – Sonrió abiertamente. Era cierto, tenía que dejar de apoyarse en las paredes, pero la culpa era del instituto por poner una chaqueta blanca en el uniforme. ¿Qué demonios esperaban haciendo eso?... Eran adolescentes, las manchas los adoraban.

– No te vale, eres mucho mas grande. – Sus ojos azules le siguieron tranquilo, casi con aburrimiento.

– Pues me tocará cumplir el castigo; otra vez. – Casi con pena se paró, esperando a que el peli-azul llegara a su altura. – ¿Estás bien?. – Sonó tan preocupado que el chico asintió dos veces, sin decir nada.- ¿Seguro?. – Aomine preguntó de nuevo.

– Si, estoy bien, de verdad. – Apretó la mano que agarraba la suya y no pudo mas que sonreír por ese detalle tan dulce que tenía Aomine con él. – Ya casi ni me duele... – El apretón en su mano le hizo parar. Sonrío un poquito.

– Lo siento. – Aomine hizo un puchero infantil. – Me emocioné un poquito... y me pasé. – Susurró en su oreja directamente.

– Me diste realmente fuerte. – Dijo Kuroko provocando un sonrojo mucho mas furioso en el rostro del moreno. – Pero de verdad, casi ni me duele, ni nada...Vamos, hoy invitas tu, y luego vamos a mi casa.

Apretando la bolsa de papel en sus dedos, sudando nervioso, Aomine cruzó la puerta del cuarto de Kuroko. El calor de las hamburguesas traspasaba el fino papel pero lo que habían hecho en esa misma cama el día antes le provocaba mucho mas calor que el de las tibias hamburguesas.

Kuroko dejó la chaqueta colgando de la silla de la pequeña mesa cubierta de libros que había a un lado de su cuarto y posó la corbata azul marino del uniforme encima. Se desabrochó dos botones del cuello y los de las mangas, enrollándolas en sí mismas hasta la mitad del antebrazo.

Aomine le miraba sentado en la cama, sujetando con demasiada fuerza la comida sin darse cuenta, rojo hasta la punta de las orejas,esperando sin moverse, tenso y nervioso.

Kuroko se sentó a su lado, y le pasó la bebida, metiendo la pajita en su sitio dejando el envoltorio de papel caer al suelo, pero el moreno solo le miraba, petrificado.

– Mi hamburguesa. – El peli-azul señaló la comida. – Por favor, tengo hambre.

El rugido de su estómago apoyó sus palabras y sacó de su ensoñación al moreno, que por fin le pasó la bolsa con las hamburguesas. Kuroko sacó una de ellas, las servilletas y los sobrecitos con ketchup y mostaza. Rebuscó por el fondo las patatas que habían salido de su recipiente y se sentó directamente en el suelo de su cuarto.

Aomime le imitó, y rompió la bolsa de papel para usarla de mantel sobre la alfombra. Comieron en silencio, Kuroko perdido en la visión de las últimas horas de la tarde por su ventana, Daiki en la forma de los labios del otro chico comiendo las patatas. Estudió esos dedos embadurnados de aceite y ketchup, producto de tomar las patatas fritas directamente del envoltorio y recordó los que esos mismos dedos le habían provocado el día antes, en ese mismo lugar... bueno, no exactamente en el suelo...

Recordaba con cierta vergüenza caer sobre el colchón, arrastrando al otro chico con él, emocionado hasta el límite por el beso que se habían dado. Medio en broma medio en serio, lo que había empezado como una ronda inocente de confesiones, de "Tú dilo, que te prometo que nadie lo sabrá" había terminado con los dos enredados en un desesperado beso tan candente, que le había hecho olvidar que necesitaban aire para seguir viviendo.

Daiki era mas grande, mas pesado, mas caliente. Kuroko se dejó hacer, limitándose a tironear de toda la ropa que llegaba a la altura de sus manos. Los dedos morenos pronto encontraron un espacio entre los botones de la camisa del uniforme, y traviesos, curiosos, avanzaron por la piel del pecho, despacio... no había ninguna prisa, ni miedo.

A esas alturas, ninguno de los dos tenía muy claro que estaban haciendo exactamente.

Daiki desplazó sus labios por el cuello pálido, con verdadera ansia, mientras los dedos del otro chico batallaban con el estúpido cinturón que apresaba el centro de su propio deseo debajo de varias capas de ropa.

Tironeó con fuerza hasta sacar la camisa de los pantalones y con sus manos, a ciegas, obligado a cerrar los ojos en el ansioso beso en el que se veía arrastrado sin remedio, Kuroko tocó por toda la piel de la espalda que pudo tocar sin sacar las manos de debajo de la prenda.

Daiki le quitó los pantalones de un tirón, entre jadeos y respiraciones erráticas, con una sola mano, manteniendo al otro chico bajo él con su propio peso. Roces, caricias, frustración.

Se apartó de un salto, mirando un solo instante la visión de Kuroko, excitado, expuesto sobre la cama, esperando algo que el otro acababa de arrebatarle en un segundo.

–E-espera, un momento. –Se agachó junto a la mochila, tirada a un lado, y rebuscó diciendo palabrotas que salían entre dientes. – Lo tengo. – Su rostro se iluminó y cuando volvió a mirar a Kuroko se le paró el corazón ante la visión.

El peli-azúl tiraba en ese momento la camisa al suelo, junto a los pantalones, quedando completamente desnudo sobre su propia cama. Sus ojos azules se movieron al objeto en la mano del moreno, a su camisa desaliñada, abierta por dos botones, y la chaqueta de punto torcida a un lado.

Solo necesitó un par de minutos para estar desnudo, y otro par mas para devolver a Kuroko al estado de excitación en el que estaba justo antes de que se levantara para buscar el condón en la mochila.

Una suerte que cogiera un montón durante la charla sobre prevención que dieron en su clase. Pensaba darles un muy buen uso.

Ahora, los besos sabían muy distintos, mas abrasadores. Ya no importaba que fuera de noche, y que Daiki debería estar en casa desde hacía una hora. Lo mas importante en aquel cuarto era cuanta piel podían acariciar y con cuanta prisa.

Entró con tanta fuerza que Kuroko ahogó un grito en su propia almohada.

No se lo esperaba, no le avisó, de hecho, hasta ese preciso momento no tenía muy claro que era exactamente lo que estaban haciendo.

El cuerpo de Kuroko luchó contra la agresión apretando con fuerza, sacándole un jadeo a Aomine por la presión que el interior del chico ejercía en su pene.

Retomó el vaivén en cuanto tuvo la certeza de que podía sacarla sin hacerse daño, y cuando Kuroko empezó a jadear muy bajito, producto de su propia mano acariciándose, empezó un brutal empuje que le obligó a agarrar con fuerza las caderas del chico para que no se saliera de la cama.

El hilito de sangre bajando por el muslo de Kuroko le pasó desapercibido, tan concentrado como estaba en su propia satisfacción. Cuando el chico se corrió sobre el colchón producto de su mano, el otro embistió con mas fuerza, hasta lograr el mismo fin.

Cayó sobre su espalda, sin cuidado, corriendo al baño para librarse del preservativo. Eran jóvenes, inexpertos... el concepto del amor aún les era desconocido... ese acto era mas primitivo que romántico...

…...

Era un sueño de una época ya pasada... un remordimiento de los muchos que aún se le aparecían.

El pitido insistente del despertador le hizo fruncir el ceño, molesto.

Daiki se giró sobre el sitio, y acomodó las sábanas sobre su cabeza, como si la fina tela amortiguara el sonido cabrón del aparatito del demonio.

Sacó una mano fuera de la cama, y palmeó con cuidado por la mesilla en la que debía estar, sin embargo podía jurar que sonaba mucho mas cerca de lo normal.

Tocó con la punta de los dedos algo rugoso y caliente, que le hizo retirar la mano. Siguió palpando hasta algo frío y suave, un vaso.

El despertador seguía sonando, y escuchó un nuevo sonido sobre él, una risita de sobra conocida.

Expulsó una gran bocanada de aire por la nariz y abrió un poquito, encontrándose con alguien que no se esperaba, pero si sospechaba...

Kise le miraba divertido, mordiendo su labio inferior con la mirada puesta en las líneas de su cuerpo bajo la finísima sábana.

– ¿Qué haces aquí?. – Le quitó de un manotazo el despertador para poder apagarlo y empujó a Kise fuera de la cama. – ¿Por dónde has entrado?.

– Por la puerta, que pregunta mas tonta. – Señaló a la mesilla. – Te he traído el desayuno. Tostadas y un zumo de naranja, sin grumos ni pepitas. – Así que eso era lo que había tocado con los dedos antes. – La prensa del día... tu periódico aburrido y esta revista. Mira, mira, salgo en la portada... ¿A que estoy super guapo, eh?.

– ¿Y como demonios has abierto la puerta, Kise?. – El rubio se alejó con una sonrisa traviesa.

– ¡Ah! es que ayer antes de que me echaras tan groseramente, vi tus llaves ahí tiradas y supuse que estarían mejor cuidadas en el bolsillo de mis vaqueros. –La sonrisa radiante ocupaba sus labios. – Y cuando me he despertado me he dicho: "Kise, Daiki te necesita... está muy tonto y seguro que no come ni nada...". Así que por eso estoy aquí. – Se sentó junto a él en el borde de la cama sin dejar de sonreír.

Le miró sentado en la cama, mordisqueando una tostada, dejando las miguitas sobre las sábanas, mirándole directamente con los ojos convertidos en una ranura.

– Vale, tu ganas. – Suspiró resignado. – Pero solo por que el pan está buenísimo. –Se dió cuenta de que no eran ni las cinco de la mañana. – ¿Qué haces tan pronto aquí?

– ¡Ah!. – Sacó el móvil del bolsillo y tras desbloquearlo le mostró un mensaje de Akashi en la pantalla del buzón. – Te he llamado para ir juntos, pero como no contestabas supuse que lo habrías dejado en el salón o que estaba en silencio.

– ¡Mierda!. – Agarró la muñeca de Kise para mirar la hora del mensaje y después de soltarle miró de nuevo el despertador. Afortunadamente no había pasado ni media hora. – Voy a vestirme, sal.

– No tienes nada que no haya visto ya. – Respondió sin moverse ni un milímetro de la cama de Daiki, de echo se recostó ligeramente contra el espaldar.

– Tu mismo. – Se levantó, dándole a Kise una increíble visión de su cuerpo desnudo.

Revolvió en el armario y sacó lo primero que sus dedos tocaron, sin prestar atención real, tuvo suerte y tomó dos prendas que conjuntaban bien.

Se vistió dándole la espalda, si lo hubiera hecho, habría visto la cara de Kise devorando su piel con los ojos y el pensamiento.

Se sentó en el colchón para atar las zapatillas y se levantó de golpe, ofreciéndole la mano al rubio que agitaba las llaves de su coche frente a su nariz.

– No pienso ir contigo. – Negó, en serio. – Conduces como un demente.

– ¿Y como piensas llevar eso en la moto?. – Señaló al gran oso de peluche que había comprado para el bebé de Kuroko. – ¿Vas a ponerle el casco y sentarlo a tu espalda?.

– Vale, tu ganas. – Kise sonrió. – Y de lo que dijiste ayer también... sobre lo de salir juntos... pero vas a tener que cumplir mis condiciones... primero tienes que dejar a ese de tu equipo.

– JA JAJAJAJAJAAJ... espera, espera... ¿Te refieres a Kasamatsu, no?. – Daiki asintió mientras tomaba la cartera y le quitaba las llaves para guardarlas en sus propios bolsillos.

– ¿Qué es tan gracioso?, ¿Sales con él?. – Kise estalló en carcajadas que le sentaron un poco mal.

– Perdona, no me lo esperaba... Kasamatsu tiene novia. Es un buen compañero pero nada mas... de ahí a salir con él... como que no jajajaj.

– Como siempre te está pegando y riendo las gracias creí que... – Kise le palmeó el hombro negando.

– Le gusto a su novia, por eso me sacude todo el rato... pero ya te digo, es un buen amigo, sabe que no soy una amenaza y nos llevamos bien... ¿Tú otra condición?.

– Líbrate del club de fans. No pienso ir contigo por la calle con una marea de mocosas dando grititos... Y nada de prensa o me largaré a la primera cámara que vea. – Su pose seria decía que iba en serio. – Y venga, que nos esperan en el hospital.

– Bueno, ¿Me lo vas a poner dificil, eh?. – Su sonrisa no se iba nunca. – Creí que ibas a pedirme algo mas imposible...

Caminaron hasta el parking, donde Aomine colocó el oso en el asiento de atrás, y muy a su pesar, acabó sentado en el asiento del copiloto junto a Aomine...

Kuroko ya estaba en la recta final y Kagami estaba de los nevios.

La caballería estaba en camino.

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Kyaaaaaaaaaaaaaaaaa A las buenaaaaaaaaaaaa

¿Yaaaa'? Que corto se me ha hechooooo wiiiii

Casi me quedo sin dedo, me pillé con la máquina de coser hacíendo el cosplay de este año, pero al final puedo escribir... duele un poco pero nada grave.

Gracias por seguir ahí y espero que os siga gustando...

Nos leemos en el siguiente.

Besitos y mordiskitos

Shiga san