Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo Seis: La primera vez de una segunda oportunidad.

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El murmullo del televisor sigue llenando el ambiente en el cuarto de la pareja, junto al trasiego de pasos nerviosos de las enfermeras por el pasillo.

Las nuevas madres entran y salen, entre órdenes y primeros llantos, que parecen solapar por momentos los anuncios en el pequeño televisor de monedas.

Por un momento Kagami se pregunta cuantas ha echado Midorima, por que ha pasado casi toda la noche encendido.

Las últimas horas, mientras su pequeño esposo aguantaba los dolores entre gemidos internos, se había sentido tan impotente... y muy culpable, a pesar de que era consciente de que estaba pasando lo que tenía que pasar, pero eso no quitaba que no soportara la idea de ver sufrir a Tetsuya junto a él, y mas si lo único que podía hacer era estar ahí, sostener su mano y darle alguna que otra palabra de aliento.

A eso de las tres de la mañana, una enfermera le había puesto la anestesia. Afortunadamente la mamá había dejado de gimotear lastimeramente, dándole la posibilidad de dormir, intermitentemente, el tiempo que le dejaba el bebé, colocándose para ver el mundo.

Tetsuya se despertó, pesadamente. Abrió los ojos y enfocó a su esposo, que en la misma postura en la incómoda silla de plástico junto a la cama, se inclinó sobre él en la misma posición.

Kuroko recibió una docena de pequeños besos, repartidos por su frente, por su cara y labios. En ellos mil palabras, ocultas pero fáciles de leer para él.

–Tengo sed. –Murmuró con voz baja.

Kagami se apresuró a tomar el vaso de plástico de la bandeja que hacía de mesa a un lado, y metió directamente los dedos en su interior, tomando un trozo de hielo, que inmediatamente pasó por los labios del peli-azul, como si fuera una rara medicina de la que no se podía desperdiciar ni una sola gota. La preocupación en sus ojos de fuego, el cansancio reflejado en su postura, la falta de sueño bajo sus ojos... y sin embargo, una especie de alegría en el fondo de su mirada, mientras contemplaba a su esposo hacer algo tan cotidiano como "beber" agua directamente de sus dedos.

–Gracias. –Se tumbó de nuevo, cerrando los ojos casi al momento.

Kagami besó su frente, y volvió a la silla, con un " de nada" enredado en sus labios.

Siguió con la mirada los gestos que hizo re-colocándose, hasta que cansado no poder hacerlo, había dibujado un puchero de lo mas mono que le indicó a Kagami que su esposo necesitaba ayuda urgente.

Metió el brazo tras su espalda y lo atrajo a su pecho, donde Kuroko estaba mas que cómodo y acostumbrado a dormir. Taiga besaba su pelo, con dulzura, mientras extendía la otra mano para acariciar toda la barriga que podía abarcar con la palma.

Kuroko soltó una risita entre dientes, dándole las gracias por el gesto, tan dulce, enamorado... tan Kagami.

Kuroko observó esa mano sobre la tela de la bata de hospital, sintiendo su tacto como si no hubiera nada entre ella y su piel.

Siempre le había gustado el tacto de Taiga. Sus manos, tan grandes, fuertes, y a la vez, tan delicadas con él.

Recordó la primera vez que le tocó... era tan diferente de Aomine... Su cuerpo, tan acostumbrado al moreno, se movía solo, buscando las caricias que le gustaban a él, las sensaciones con las que él se sentía satisfecho, los gemidos que quería oír, las palabras que presumía haber provocado...

A pesar del tiempo que hacía que habían roto, el cuerpo de Kuroko se comportaba mecánicamente, única y exclusivamente para complacer a Aomine, nada mas.

Por eso se asustó, cuando Kagami le besó, abrazándole. Sintió sus manos en la espalda, recorriéndola con cuidado, sobre la ropa del entrenamiento. Sintió la necesidad de ponerse de puntillas para compensar la diferencia de estatura, únicamente para alargar el contacto todo lo posible.

No podía evitar hacer comparaciones, al menos al principio... mas o menos la misma altura, mismo cuerpo... incluso esa mueca en su cara de enfado permanente... pero no tardó mucho en darse cuenta de que era inútil compararlos. El fuego en su mirada era tan diferente... incluso su luz, era en diferente tono... frío y calor para cada uno, polos opuestos de una misma fuente luminosa.

La diferencia la marcó una pregunta. Era estúpido y un poco tonto, pero cuando le preguntó, realmente interesado, si le gustaba lo que le estaba haciendo, Kuroko fue consciente de que eran completamente diferentes, no tenían ni una sola similitud.

Y la primera vez que hicieron el amor, Kuroko no necesitó nada mas para saber que él era la persona correcta.

Fué de un modo del todo inocente, sin pretender nada. Taiga le comentó que había traído videos de los entrenamientos de Estados Unidos, y le había invitado a verlos, nada mas.

Acabaron hablando de su "habilidad", de la relación con el resto de los integrantes de la generación de los milagros... con el momento justo en el que Kuroko se había dado cuenta que el basket no era eso que ellos hacían, no tenía nada de divertido, ni de deportivo... era humillante, y monótono... nada improvisado, sin emoción, sin esa presión en el estómago cada vez que una jugada salía bien.

Antes de ese día, cuando le contó a Kagami que le gustaban los chicos y que mientras fue el sexto hombre fantasma, salía con Daiki, estalló en carcajadas con la cara que puso, pero después temió que no hubiera sido una buena idea... hasta que le dijo que le importaba una mierda mientras se lo pasaran bien juntos... jugando al baloncesto.

No tenía esperanza alguna en que supiera que le gustaba en otro sentido además de como jugador... pero de nuevo, Kagami respondió una pregunta que él no había hecho.

Cuando admitió que nunca había salido con nadie, Kuroko se sintió feliz internamente. Sus palabras le sacaron de nuevo una carcajada; Kagami tenía ese efecto en él. Cuanto mas sincero era en sus afirmaciones, mas feliz era. "La gente no suele acercarse a mi, no les gusto... dicen que por mi cara, no sé, tampoco es como si me importara"

cuando Kuroko admitió que le gustaba, mas allá del juego, su sonrisa le gustó mucho mas...

Y así, con la ropa olvidada en alguna parte, junto a las cajas abiertas de dvd, palomitas frías a medio comer, y un par de refrescos abiertos en la mesilla, empezó lo suyo.

Un beso, otro, miles de ellos. Kagami no se cansaba de besarle y él no estaba acostumbrado a eso. Siempre con sumo cuidado, acariciando después de preguntar si podía, despacio, sin prisa. Su cuarto se trasformó en un espacio sin tiempo, lleno con la música que el estéreo repartía por el cuarto, y el sonido de sus respiraciones, contra la cara del otro, y alguno que otro siseo de las manos acariciando tímidas, sobre la piel de los brazos, o de las costillas.

Ahí supo que amaba sus manos y sus besos, y todo lo que venía de ese chico pelirrojo..

Quiso probar algo, y se dio cuenta de que cada una de sus peticiones, Kagami las cumplía hasta que ya no podía mas, sin poner excusas, disfrutando del mismo modo...

Un beso con Taiga era sentir miles de ellos por todo el cuerpo, una caricia, un gemido... podía pasar horas solo preparándole sin murmurar una sola queja, completamente feliz de estar haciéndolo...Aomine se habría hartado y se lo habría follado sin mas. Pero eran otros tiempos, ellos eran otras personas...

La primera vez que sintió esos largos dedos en su interior, casi termina teniendo un orgasmo. Pero no por la sensación de sentirlos dentro de su cuerpo, si no por la voz de Kagami, entre preocupada y ansiosa preguntado en un susurro, que a él le pareció la declaración de amor mas perfecta del mundo.

"¿Así está bien?, ¿No te hago daño?"... negó mil veces, le pidió mas ritmo, mas velocidad, mas dedos...

Siempre preguntaba, cada caricia, gesto o pensamiento, primero necesitaba ser permitido para hacerlo. Y Kuroko se sentía adorado cada momento.

Incluso delante de sus compañeros, el pelirrojo encontraba un modo de hacerle llegar sus caricias, sus miradas de enamorado, sus medio sonrisas que solo Kuroko sabía descifrar. No es que lo quisieran esconder, es que tampoco era asunto suyo. Su amor era algo que querían desarrollar a solas, entrenar duramente, hasta que las posibles reacciones de los demás no les afectaran. Hasta que su relación fuera lo suficientemente sólida como para que no les importase lo que pensaran o dijeran...

Kuroko contaba con la ventaja de la experiencia, en lo que a relaciones se refería, así que su primera vez, el peli-azúl se puso encima. Tuvo muchísimo cuidado de no asustarle con nada, contándole que iba a pasar antes de hacer nada. Cuando, después de muchos minutos de caricias y besos nerviosos, Kuroko se alzó sobre él, sintió que le faltaba el aire. Sus manos, sus enormes y dulces manos, posadas en sus caderas, simplemente ahí, sin hacer presión, ni dirigir, sin pedir... solo esperando.

El peli-azúl se deslizó despacio, aguantando un gemido tímido en el fondo de su garganta, con sus pequeñas manos posadas en los hombros de Kagami, que le miraba fijamente a la cara, estudiando cada uno de sus gestos con cautela extrema. Cuando el calor de Kuroko le envolvió, apretándole con dulzura, no pudo evitar jadear con la boca abierta. Sus manos fueron solas por el pecho, por la espalda, hasta su cabello fue acariciado mientras Kuroko se alzaba una y otra vez sobre sus fuertes muslos.

Temeroso de dañarle se dejó hacer sin mas, solo acariciando con suma cautela la piel que podía abarcar. Y a Kuroko le pareció tan dulce, tan adorable... Tomó una de sus manos y le dijo con ella donde tocar y como hacerlo.

Cuando todo terminó, siguió sentado sobre él, bebiendo directamente de sus labios los últimos jadeos antes de normalizar sus respiraciones.

Cuando pensaba vestirse y volver a casa, Kagami lo cargó hasta el baño y le metió colgado de su cuerpo con un solo brazo, bañándole en contra de su voluntad... obligándole a cenar con él, a dormir ahí... a ser su novio...

Aunque Kagami no lo hubiera dicho, Kuroko no pensaba dejarle escapar. Seria suyo dentro y fuera de la cancha... Y así había sido desde entonces.

Kuroko posó su mano sobre la de su marido, que seguía la curva de su vientre en un movimiento circular infinito.

Apenas un parpadeo, un pitido en una de las máquinas y todo se precipitó sin que nadie pudiera pararlo.

La puerta se abrió dejando ver a una enfermera y la doctora.

– Bueno, parece que el pequeñín ya viene. – Palpó por encima de la bata con menos delicadeza de lo que había estado haciéndolo su esposo, que a un lado la miraba perdonándole la vida, dejando claro que como su pequeño esposo se quejara, se la comía con patatas. – ¿Vas a quedarte hasta el final?

Kagami asintió a la pregunta.

– Acompáñame por favor. – La enfermera le indicó la puerta, donde le pondrían la ropa adecuada para el quirófano donde Kuroko iba a tener a su bebé, mientras la doctora preparaba a la mamá para ello.

….

Akashi se desperezó en ese instante, sentado en la sala de espera donde había pasado la noche, incómodo y hambriento.

Picó el muslo de Midorima a su lado, con el dedo de punta. El peli-verde se revolvió, despertando a Takao, que dormía abrazado a su torso en la silla de al lado. Besó entre los cabellos negros y esperó que los ojos adormilados de su chico le mirasen, para dedicarle la primera sonrisa del día.

– ¿Qué pasa Aka- chin?. – Murasakibara estiró los brazos hasta el límite esperando la respuesta.

Todos miraron la puerta, por la que aparecía Aomine con un enorme oso de peluche y Kise, sonriendo con dulzura, dando los buenos días a todo el mundo.

El resto, dormía de cualquier manera, unos sobre otros, repartidos por la sala de espera, sin más. La noche había sido larga y el amanecer alumbraba la sala por una ventana del fondo del pasillo.

– Kuroko … – El pelirrojo esperó que todos le mirasen antes de seguir. – El bebé, está llegando.

Y una enorme sonrisa se pintó en la cara de todos.

Solo quedaba esperar... menos que cuando empezaron.

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Hale, otros tres días han pasado... uff uff uff...

Gracias por el apoyo, en serio, me alegra muchísimo leer vuestra opinión, cada palabra me da la vida.

Espero que os guste el cap, otro limoncito escondido...

Y nos leemos en el siguiente.

Besitos y mordiskitos

Shiga san