Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo Ocho: Un millón de pequeños cambios.
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La habitación del hospital estaba llena de gente. La mayoría del equipo de la pareja y muchos de sus antiguos compañeros, todos rodeando a la recién estrenada mamá, haciendo preguntas al mismo tiempo, solapándose unos a otros.
Kuroko solo podía sonreír, nada mas. Intentar responder alguna de las dudas solo generaría un millón de nuevas preguntas, y aunque la anestesia aún mantenía la parte inferior de su cuerpo dormida, tenía una vaga sensación de presión y vacío que tampoco le dejaba pensar en nada con claridad.
Lo único que quería era ver a su pequeño... y a su marido. Al que por cierto empezaba a echar de menos a su lado.
Agradecía las muestras de apoyo y amistad, de verdad necesitaba todo ese jaleo a su alrededor, después de todas esas horas de espera en calma.
Era fantástico tenerles a todos ahí, comportándose como siempre.
La puerta de la habitación dejó ver a Kise y Aomine cuando entraron, seguidos de Kagami, que fué directamente hasta su chico, abriéndose paso entre la gente, con una sonrisa en la cara.
– Es super pequeñito, y regordete... mas adorable. – El rubio les hablaba a los demás del bebé. – Está en el nido, se le ve desde fuera. – Hizo un puchero. – Lo malo es que está dormido como un tronco... – ¡Oh, esperad un momento!. – El móvil vibró en el bolsillo trasero de sus vaqueros y se apresuró a contestar la llamada, mientras Aomine les contaba a los demás del recién nacido. – Si, dime...Vale, no hay problema. – Rebuscó en su bolsa y sacó la agenda y un boli. – Hotel Imperial, a las cuatro. Si, lo tengo... Ok, sin problemas. Hasta luego.
– ¿Trabajo?. – Preguntó Momoi con un puchero.
– Si, lo siento. – Guardó sus cosas de nuevo en la bolsa y se la colgó cruzándola por delante del pecho. – Pero queda un montón hasta que llegue la hora.
Sintió la mirada que Daiki en su persona y se limitó a responder con una de sus sonrisas.
– Está bien chicos. – Una enfermera empujaba la puerta delicadamente con la cunita en la que el bebé de Kuroko dormía tranquilamente. – Nada de armar escándalo o vais todos fuera y solo dejo que uno de vosotros se quede cada vez, ¿Entendido?.
El silencio sepulcral en el que se sumió el cuarto solo era roto por los pasos apresurados que daban para apartarse y dejarle el camino libre a la enfermera.
La mujer sacó al pequeño aún dormido y lo posó con delicadeza en los brazos de su madre. Ahora, limpito y vestido se veía mucho mas claramente sus rasgos, aún demasiados tiernos como para encontrarle un parecido con ninguno de sus progenitores. Aunque esa suave pelusilla celeste que cubría tímidamente su liso cráneo ya daba ideas de quien había heredado el pelo.
Tetsuya apartó la manita encogida de su pequeño del moflete, para verle bien la carita. Una docena de cabezas empezaron a hacerle sombra a su alrededor.
– Está claro que el pelo es de Kuroko kun. – Riko susurró mirando a los demás.
– Seguro que tiene los ojos de Kagami kun. – Respondió Momoi también en un susurro, temiendo despertar al pequeño, que seguía completamente dormido.
– ¿Lo despertamos?. – Propuso Izuki en el mismo tono bajito.
La mirada asesina de Midorima, Aomine y del propio padre dejó muy claro, que de despertarle nada.
Mitobe avanzó, poniendo en el muslo de Kuroko una caja pequeña de terciopelo azul clarito.
Dentro, una pulsera finita con el nombre del pequeño grabado en oro, preciosa, que Tetsu no tardó en colocar en la muñeca de su hijo. Una pequeña sonrisa y un gracias murmurado bastó para el muchacho, que asintió en silencio y dejó el sitio para que lo ocupara otro, después de abrir la ronda de regalitos para el pequeño...
Pero nada que superase en espectacularidad el enorme oso de peluche que había traído Daiki.
Teppei también contribuyó con un gorrito de oso panda, orejitas incluidas... aunque le aseguró, lo mismo que los demás, que cuando volvieran a su casa, recibirían mas regalitos, ya que con las prisas casi ninguno había traído nada. Venían directamente desde la cancha de la final, y todos ellos iban aún con el uniforme del partido; incluido Kagami. Aunque el papá ahora lucía una preciosa venda blanca cruzando su frente, cubriendo el chichón de la parte de atrás de su cabeza.
Cuando Hyuga bostezó abriendo su boca hasta el límite permitido, Kuroko consideró que ya era tiempo de que todos descansaran en sus cómodas camas.
– Está bien, chicos. – La enfermera que había estado ahí todo el rato, tomó el pequeño biberón entre sus dedos y comprobando la temperatura con sus palmas, se lo tendió a la mamá para seguir hablando a los demás.
– Será mejor que os vayáis a casa, a descansar, comer algo... alguno de vosotros necesita una ducha larga, muy larga; y no miro a nadie. – Dijo Tetsuya acomodando a su hijo en los brazos, como le indicaba la enfermera con ternura. Esperó hasta que el papá sacó de la bolsa del pequeño el babero que colocó con cuidado en su pecho antes de que Kuroko acercara la tetina a sus labios y el niño se enganchará a ella para comer.
– Me parece haber oído que ganasteis una final, y supongo, que querréis celebrarlo, agradecer a los seguidores... Estoy segura que vuestros amigos os agradecen el apoyo, y mañana si sigue como hasta ahora, estarán en casa... pero ahora, tenéis que cumplir vuestras obligaciones, al menos los que vais con el uniforme... – Sonrió hasta que unas pequeñas arrugas se dibujaron en sus ojos.
– Tiene razón. – Riko asintió a la mujer en sus palabras, y hizo el gesto con la mano de reunir al equipo y salir por la puerta, pero primero se inclinó sobre Kuroko para besar su frente y la del recién nacido. Rodeó la cama para besar la mejilla del padre también. – Si pasa cualquier cosa, me llamas... si no, mañana si les dan el alta, lo mismo, y os acompañaremos a casa por si necesitáis algo, lo que sea.
– Gracias entrenadora.– Kagami se sonrojó avergonzado pasando la mano por la nuca.
– Nosotros también nos retiramos. – Akashi acarició la cabecita del bebé con la punta de los dedos, teniendo cuidado de no molestarle mientras comía. Murasakibara repitió el gesto y siguió al pelirrojo hasta la salida, ya que habían venido juntos se irían del mismo modo. – Cuando estés en casa, me llamas... y si antes necesitas lo que sea... ya sabes.
Al final todos fueron retirándose, hasta que solo quedaron el modelo y su "novio", Midorima y su pareja, y los nuevos padres.
Daiki se acercó a la cunita y tomó el cartón con el nombre del recién nacido entre los dedos, Kise hacía un millón de fotos al bebé mientras terminaba las últimas gotas del biberón con desgana y Kagami rebuscaba entre las cosas del bebé lo necesario para cambiarle el pañal ahora que tenía la barriga llena.
– Kouen es un buen nombre. Acabaremos llamándole todos Kou, ya verás.– Murmuró colocando de nuevo el cartón en su espacio correspondiente.
Kuroko asintió sonriendo, para justo después bostezar casi al mismo tiempo que el bebé, que ahora recién alimentado lo que le apetecía era dormir.
Los bebés hacen eso todo el tiempo, al menos los primeros días.
El peli-azul le hizo un gesto a Midorima para que se acercara y posó al niño en sus brazos. Takao dibujó una sonrisa al verle con el pequeño en su pecho, dormidito. Recolocó al pequeño para sostenerlo con un brazo para acariciarle con la mano libre, sintiendo en las yemas que no tenían vendas la suavidad de los mofletes regordetes y blanditos.
Kise eligió ese momento para soltar la bomba.
– Chicos, tengo algo que deciros... Daiki y yo estamos saliendo. – Ryota apretó los ojos y se encogió como esperando un golpe que no llegó. Abrió un ojo lentamente con las cejas juntas, confuso.
– Pues vaya. – Midorima contestó con cierto cansancio. – Tampoco es que sea nada del otro mundo... llevas años detrás de él... en algún momento tenía que ceder, o darte una paliza, Da las gracias a que a sido lo primero. – El peli-verde miró a Aomine con una sonrisita divertida. – ¿Estás seguro?.
– Tu lo has dicho. – Respondió el moreno. – Era eso o darle una paliza... –Todos estallaron en carcajadas por la ocurrencia que había tenido
– Me alegro mucho, por los dos. –Kuroko murmuró cerrando los ojos con sueño y cansancio.
Kagami le acomodó en el colchón y le cubrió con la sábana, asegurándose de que los tubos del suero no se enganchaban a nada.
– Nosotros también nos vamos, o no llegaré a mi cita. – Mientras Kuroko descansaba y el bebé hacía lo mismo, la hora de la cita en el hotel se había acercado muchísimo y Kise tenía que irse ya. – Como hemos venido en mi coche, te acercaré a tu casa antes de pasarme por la sesión de fotos. – le dijo a Aomine agitando las llaves del coche frente a su cara.
– Voy contigo. – Dijo seguro, y en serio. El rubio abrió los ojos sorprendido a mas no poder. – Si vamos a salir es justo que te acompañe a tu trabajo, ¿No te importa?
– ¿Importarme?¡Dios, es maravilloso!. – Le saltó encima, sin importarle que tenían público hasta que escuchó la carraspera de su compañero de gafas, advirtiéndole con el sonido que tanto Kou como su mamá estaban dormidos y no era muy buena idea armar escándalo. – Lo siento, lo siento...nos vamos, luego te llamo. – Le dijo a Kagami desde la puerta.
Al final solo quedaron los nuevos padres y la otra pareja, que había estado con ellos desde el principio. La enfermera se llevó al pequeño de nuevo al nido, con la promesa de regresarlo cuando le tocara de nuevo ser alimentado, y que mientras tanto, aprovecharan para descansar.
En el hotel, el manager de Kise les esperaba en la recepción, no dijo nada ante la presencia del moreno, ya que lo único que tenía en mente era quedar bien con el cliente; una marca de perfume de lo mas lujoso. Le había costado mas de medio año de negociaciones que se interesaran por Ryota para la campaña, y ahora llegado el día, los nervios estaban a punto de consumirle desde dentro.
El propietario de la empresa y el director creativo les esperaba en una de las habitaciones, que había sido decorada y preparada para la sesión. Fotógrafos, maquilladores, peluqueros, vestuario, todo listo... pero la otra modelo no había llegado, y media hora después de la hora de la cita, Daiki hojeaba la misma revista que había en una de las mesitas, sentado despreocupado en un rincón, sin llamar la atención. Kise, maquillado y vestido para la sesión, permanecía sentado también, en el set, hablaba animadamente con uno de los fotógrafos, un amigo importante por lo que parecía.
El set recreaba una de las escenas de las mil y una noches, y Kise, caracterizado en cierto modo como un sultán, era la mitad de la escena. Aomine se descubrió mirándole con cierta angustia, celoso de los que a su alrededor también le miraban. Volvió a la revista, era lo mejor.
– Señor. – El rubio se había acercado al director creativo de la compañía, preocupado por la hora, y por que el fotógrafo le había comentado que la luz se estaba perdiendo si seguían esperando mas tiempo. – Se me ha ocurrido algo que quizá pueda servir, y terminaremos el trabajo.
– Ahora mismo estoy abierto a cualquier sugerencia, Kise kun. – El hombre, de mediana edad y expresión curtida en los negocios, le miró seriamente. – Tu compañera designada para el anuncio está atrapada en el aeropuerto y me temo que hemos perdido la inversión para hoy, y el tiempo de todos. Por supuesto se te pagará la cuota correspondiente a los honorarios por el día de hoy y una pequeña compensación por el tiempo perdido.
– Si hacemos las fotos eso no será necesario, ¿No?. – El hombre miró al rubio sin entender muy bien a donde iban sus palabras... – Por lo que me han dicho se trata de hacer la escena en la que Scheherazade le cuenta la primera historia al sultán... y ¿Si yo hago de la cuenta-cuentos?. – El hombre le miró confuso, haciendo un gesto con la mano para que continuara, atrayendo la atención de los presentes en su persona. – Le estoy diciendo que tengo un sultán mejor que yo aquí mismo... si no le gusta mañana podemos repetir la sesión con la modelo que han contratado...pero ya que hemos venido hasta aquí, no será el día perdido.
Kise caminó hasta Daiki y le tendió la mano para tirar de ella y ponerle de pie. El moreno, que no entendía nada, dirigió sus ojos azules al rubio, preguntando con la mirada que pasaba.
El rubio se giró, esperando la aprobación de los presentes.
– Puede funcionar. – El fotógrafo le rodeó , mirándole con ojo crítico. – Su piel es perfecta...
– ¿Has posado alguna vez?. – Preguntó el director creativo de la campaña, que mirándole con interés veía a donde quería llegar Ryota.
– Profesionalmente no, Señor. – Daiki suspiró internamente a la carita desesperada de su chico. – Pero si puedo ayudar en algo.
– Bien, me gusta tu disposición. – Solo bastó un gesto con la mano alzada para que todo el equipo se moviera con precisión.
Apenas veinte minutos después, los dos posaban como profesionales.
Y esas fotos serían las primeras que podían servir como prueba de su noviazgo.
Ryota posaba sentado sobre sus rodillas, espalda recta, y la mirada perdida en el horizonte. Su torso desnudo, maquillado con discretos destellos dorados, a juego con las joyas en sus brazos y en su frente. Sus ojos dorados perfilados con una línea negra, haciéndolos mas vistosos, al igual que sus labios, mate y rosados. La única prenda que cubría su cuerpo, se sostenía en sus caderas cubriendo lo que debía quedar tapado para la foto. Sobre sus muslos Daiki había posado la cabeza, su mirada azul, también perfilada pero menos, por que sus pestañas ya los enmarcaban a la perfección, miraban con devoción al rubio, con una expresión mezcla entre dulzura y atención absoluta. Sus brazos, uno posado tranquilo sobre su propio estómago, y el otro doblado hacia arriba, tocando las caderas del rubio, mostraban sus músculos tensos y marcados. Un fino pantalón azul como el cielo nocturno cubriendo sus caderas y piernas hasta los tobillos, con una pulsera de monedas doradas en su tobillo... y junto a ellos el perfume que debían anunciar, aunque era difícil prestarle atención al frasco... por que los dos juntos lucían perfectos... y sin ser conscientes aún, completamente enamorados uno del otro...
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Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, por finnnn...
Gracias por el apoyo y los comentarios, me hacen muy feliz, cada uno de ellos... y esto marchaaaaaaaaaa... jejejeej...
Dejo fuera una escena entre Mido y Taka, o me quedará muy largoooo y no podré cumplir el plazo de los tres días.
Como sea espero que os guste y nos leemos en tres días de nuevo.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
