Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo Nueve: Fiesta nocturna y nuevo jugador.

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Kuroko duerme, tranquilo, en su cama. Kagami le mira un segundo, mientras alimenta a Kouen sentado en la mecedora del cuarto. El pequeño, ajeno a todo disfruta de la primera siesta en su hogar y todo es sumamente tranquilo.

Número dos, tumbado en el pasillo mira al bebé con interés y a su amo, consciente de que nadie le ha dado permiso para acercarse. Posa el morro sobre una de las patas estiradas, sin desviar un solo milímetro su azul mirada del niño, que ha terminado de comer y bosteza cómodo en el pecho de su padre.

Taiga deja el biberón vacío en el suelo, estirando el brazo fuera de la mecedora, y golpea cuidadosamente la diminuta espalda curvada del bebé mientras retoma el vaivén con los pies. Nota en su mano la respiración del pequeño, expulsar el aire, y pausar sus inspiraciones poco a poco. Se revuelve buscando con la naricita en la camiseta de su padre y el pelirrojo desengancha el chupete que sostenía en su pulgar y lo acerca a los pequeños labios, que lo absorben con ansia.

Inicia un mecánico vaivén de succión que le va dejando dormido lentamente.

El perro gime desde el pasillo, bajito, muy bajito; sabe que no debe despertar al bebé y a su mamá.

Aunque Kuroko hace rato que está despierto, mirando a sus dos chicos con una tenue sonrisa en sus labios. Aún está un poco dolorido, y los efectos de la medicación hacen estragos en su organismo, pero todo queda suplido con la visión de sus dos amores juntos frente a él en el mismo cuarto.

Kagami hace el gesto de levantarse, posando con sumo cuidado la mano bajo el cuerpo de su hijo, pero Kuroko le hace un gesto con la mano, para que se quede un poco más ahí.

En su lugar, llama al perro, que entra tímidamente al cuarto y avanza contando los pasos hasta el colchón, levanta la cabeza a Kuroko y posa su gran morro en la cama, a la altura de la mano del peli azul. No es buena idea que le dejen hacer eso, pero tiene que conocer a Kouen, familiarizarse con el aroma del pequeño y sus cosas, y perdonarles por dejarle tan precipitadamente cuando salieron para el hospital.

Gracias al cielo que el animal no hizo sus cosas en la casa, y esperó hasta que la entrenadora lo sacó después del partido... gracias también a que Hyuga se acordó del perro, que si no...

Ahora sí, Taiga se levanta con cuidado, y posa al recién nacido en su cunita dulcemente. Se mete en la cama con su chico, despacio, teniendo todo el cuidado del mundo de no moverle ni un poco y acercando la cuna a ellos, deslizando las ruedas en silencio por el suelo.

Kuroko se acomoda en su pecho, posando la mejilla en el hombro y besando su cuello y mentón, arrancándole una sonrisa completamente feliz... Tanto que está dispuesto a dejar que el perro duerma ahí con ellos, pero en el suelo.

La cama es solo para ellos dos.

…...

Aomine lanza el tiro otra vez, encestando a la primera. Solo la mitad de las luces de la cancha están encendidas, pero no necesita mas.

Necesita despejarse, no pensar en nada, aunque solo sea un momento. El aroma del parqué, la goma de la pelota, el sonido de sus propias pisadas haciendo eco en la cancha, es tan placentero y tan agradable... anota de nuevo, sin pensar en ello. El sudor recorre sus costados y baja por las sienes hasta el mentón, bajando por el cuello y quedando prendido en el algodón de su camiseta negra sin mangas.

La pelota rebota después de otro tanto, pero es interceptada por otras manos que no son las suyas. El eco de los rebotes del balón contra el suelo, empujado con fuerza por dedos tan expertos en el juego como los suyos, llenan el espacio un poco mas que antes; espacio que le pertenecía en solitario ahora es "vilmente invadido" por su auto-proclamado "novio".

– ¿Tienes planes?. – El rubio pregunta mientras bota la pelota dándole la espalda, para evitar que se la quite.

– ¿Ducharme?. – Levanta la camiseta por la parte mas baja y seca el sudor de la barbilla con ella, dándole a Kise una hermosa visión de sus abdominales.

– Si bueno... eso es obvio. – Chasquea la lengua ante lo que es mas que vidente. – Me refiero a después de la ducha.

– ¿Cenar algo ligero y irme a la cama?. – La ceja izquierda de Kise se levanta sin que el rubio lo ordene.

– ¡Oh, por favor!, si vas a salir conmigo hay que hacer algo con esa personalidad tuya tan, tan... tu. – Lanzó después de pronunciar la última palabra, encestando y dedicándole una sonrisa al moreno que le dejó desarmado. – ¿Qué puedo hacer para cambiar esos planes tan atractivos que tienes para esta noche, eh?.

– Dejarme cenar tranquilo y dormir... Sería un detalle, ya que yo te he ayudado en esa chorrada de la foto... – Kise le ignora a propósito, recogiendo la pelota del suelo con una sola mano, y botándola con fuerza a un metro del moreno.

– Bien, de acuerdo. – Lanza por encima de su cabeza con intención de encestar, pero Daiki levanta la mano derecha, y da un pequeño salto para atraparla sin esfuerzo alguno. – Te duchas, te pones guapo y salimos a bailar. Me gusta como piensas, cielito.

– Yo no he dicho eso. – Tira hacia atrás haciendo un semicírculo con el brazo y camina hasta su mochila, en el banquillo, sin necesidad de ver si ha hecho canasta o no. – Y si vuelves a llamarme cielito te doy una patada en los huevos que te van a estar doliendo una semana.

Kise extiende la sonrisa hasta que ocupa su cara entera, como el gato de Chesire, acaba de descubrir lo divertido de sacarle de quicio.

Cuando Daiki sale de la ducha en su casa, Kise ha rebuscado por su armario, desordenando todo a su paso sin ningún tipo de consideración para con él, y ve sobre la cama unas prendas estiradas y preparadas con cuidado.

No quiere una escenita, así que, simplemente se las coloca en el cuerpo sin más.

– Vaaayyyaaa... que guapo. – El rubio da un par de vueltas a su alrededor y le toma de la mano, contento. – Vamos, me apetece bailar un rato. ¿Sabes?Bailar digo.

– Si. – Por un momento Kise cree que está bromeando, por lo serio de su rostro mientras lo dice.

– Pues venga, que me muero de ganas. – Entrelaza sus dedos con los del moreno, sonrojado y un poco avergonzado...

Aomine se encuentra con que está igual de nervioso que él, y que también tiene ganas de bailar... Quizá ha llegado el momento de avanzar hacia delante... Kuroko seguiría siendo alguien importante en su vida, pero ahora, tenía su familia, su felicidad, y él también tenía que serlo, y si su felicidad estaba al lado del rubio, no lo sabría hasta que no lo intentara... y si eso comenzaba con ir a bailar, pues lo dicho... a mover el esqueleto.

…...

El horóscopo para hoy le anunciaba una sorpresa inesperada.

Midorima detestaba las sorpresas, por esa misma razón nunca tentaba a la suerte, punto. Era meticuloso hasta el extremo con las predicciones de Oha Asa, y esa afirmación le puso un poco de mala leche.

Colgó la fresa de cartón de su móvil, el artículo de la buena suerte para los cáncer y tomó el uniforme de Shutoku, colocándolo con cuidado dentro de la mochila. Un par de toallas, cosas de aseo, las gafas de repuesto... Todo lo necesario para empezar el entrenamiento semanal.

Sobre la entrada el correo del día para él. Se extrañó que encima de todos los sobres hubiese uno abierto, pero sin nada dentro, pero supuso que sería de Kazunari, y que con las prisas se habría olvidado de tirarlo...lo cual de por sí ya era raro, por que suponía que irían juntos al primer entrenamiento de la temporada después de la final... o mas bien que el moreno le llevaría pedaleando en el transporte habitual.

Con fastidio constató que tendría que ir caminando por su cuenta hasta el lugar de entrenamiento. Suerte que estaba a un par de manzanas, que si no, se enfadaría en serio.

Se extrañó un poco que de su chico no apareciera por el repaso de jugadas, ni por el calentamiento, pero recordó que tenían que recoger los resultados de los exámenes médicos obligatorios a los que se sometían por orden del entrenador al inicio de cada temporada.

Midorima se preocupó. El sobre abierto en la entrada, la ausencia de su chico... fue hasta su mochila y desbloqueó el móvil. Pulsó el botón de llamada y enseguida saltó a su pantalla el último número marcado, al que le dio a re-llamada.

La voz mecánica de la autómata de la compañía telefónica le indicó que el número marcado se encontraba desconectado o fuera de cobertura. Ahora si que estaba preocupado en serio.

Kazunari nunca, jamás, se olvidaba de tener el móvil disponible. Su familia vivía fuera y estaban en contacto continuamente...

Guardó el móvil en el bolsillo de un lado de la mochila y regresó a la cancha, uniéndose a la fila de tiros libres desde tres puntos.

No se dio cuenta de cuando la puerta se abrió con fuerza, ni de la persona que avanzaba hasta él a grandes zancadas furiosas. No vio a su chico expulsando el aire por la nariz cada bocanada, furioso... muy, pero que muy furioso.

Le giró de un tirón en el hombro y le arreó un puñetazo entre el labio y la nariz, que sentó de culo a Midorima en el parqué. Sus gafas salieron disparadas, patinando por la brillante superficie hasta casi la mitad de la cancha y recibió un nuevo puñetazo en mitad del pecho, y un papel que quedó pegado a su camiseta de entrenamiento justo antes de que Takao saliera del sitio del mismo modo que había entrado.

A grandes zancadas y gruñendo entre dientes, sin mirar atrás ni decir palabra alguna.

Midorima se levantó con dificultad. El puñetazo en la cara había sido con ganas y le había mareado un poco, pero por mucho que se empeñara no encontraba razón alguna para que su novio le atizara de esa manera. Recibió sus gafas de la mano de otro compañero y tomó el papel arrugado y golpeado que su novio le había "clavado" en la camiseta con el golpe y lo puso frente a su cara.

Leyó y releyó una docena de veces todas y cada una de las frases ahí escritas, incapaz de mover nada mas aparte de los párpados, que mantenían sus ojos clavados en la hoja.

"Estimado Señor : Nos ponemos en contacto con usted, para comunicarle los resultados de los análisis clínicos realizados en nuestras instalaciones recientemente.

Nos alegra comunicarle que según sus exámenes preliminares, todas sus muestras recogidas y analizadas por nuestros laboratorios confirman, sin ningún lugar a dudas, que usted presenta un estado de gestación favorable, datado de aproximadamente dos semanas, con un margen de error de dos días.

Le emplazamos del mismo modo a una nueva visita, donde repetiremos la analítica completa para unos resultados mas concretos, a la mayor brevedad posible."

Midorima no se lo podía creer. Dos semanas... eso, era mas o menos cuando nació Kouen...

¡Oh dios mío!...

Ese día se fueron los últimos, cuando Kuroko llevaba durmiendo un par de horas y Kagami había bostezado al menos cien veces.

De camino a su casa, la mañana iluminó las calles a su alrededor. Había un extraño ambiente por todas partes, todo era mas bonito y agradable. Quizá se debía a que había nacido el bebé de Kuroko, que casi lo sentían como suyo propio por todo el seguimiento del embarazo que habían llevado, o por que tenían unos días libres antes de comenzar de nuevo los entrenamientos.

La cuestión es que llegaron a casa con la intención de dormir, pero se quedó solo en eso... el sofá era tan cómodo, tan agradable, y blandito.

Midorima se sentó de un golpe seco, y apoyo la cabeza en el espaldar, dirigiendo la cara al techo. Bostezó con saña y se dejó caer a un lado hasta acabar tumbado completamente sobre los cojines que hacían de asiento.

Kazunari se sentó a su lado, a la altura de la cabeza, y le acarició el pelo, despacio, con la punta de los dedos.

– No es bueno que te duermas con las gafas puestas. – Se inclinó hacia delante, besando su frente despacio mientras deslizaba las patillas por su sien y las cerraba sobre si mismas, dejándolas a un lado en la misma mesa, en un rincón seguro, lejos de golpes que podrían romperlas.

Emitió una risita al ver que se había quedado dormido, pero solo le duró un segundo, hasta que sintió el brazo del peliverde en sus caderas, impidiéndole la huida. Tiró de su cuerpo hasta poner al moreno sobre él mismo, estirado, y con sus labios a su alcance.

No perdió la oportunidad de besarle, ni de colar las manos bajo la camiseta de Takao, deslizando sus manos por toda la piel de la espalda y los costados.

Un gemido, profundo y sentido, reverberó en su pecho, y vibró en el de Midorima, que le imitó complacido por el contacto de su chico.

Aunque estaban muy cansados, y doloridos, sus cuerpos despertaron a los estímulos con energía, ignorando el resto de puntos negativos. Fue el moreno quien gateó hasta las caderas del otro y quien metió los dedos entre la goma del pantalón y la piel de su cadera, para tironear hacia abajo y liberar su erección. Engulló con gula el trozo de carne, absorbiendo entre sus labios las gotas que emanaba, cálidas y saladas ligeramente, pero que a él le sabían como la mejor de las mieles. Sus labios recorrieron la piel que pudo abarcar al completo por todas partes. Vientre, caderas, pene, y un poco mas, nada quedó a salvo de sus labios. La lengua de Takao probó con hambre cada milímetro de esa piel a la que era completamente adicto.

Cuando su chico sintió que no aguantaría mas, sus dedos, largos y fuertes tomaron su cráneo con ternura, para alejarlo de su punto mas alto de placer.

El moreno se relamió, satisfecho de haber saboreado aunque fuera unas pocas gotas de ese cálido y sabroso manjar que rara vez su novio dejaba escapar tan fácilmente.

Un par de forcejeos y era el moreno quien yacía boca abajo en el sofá, mientras el peli-verde trataba de liberar del todo su pene sin levantarse de encima de su chico. Apartó el pantalón contrario hacia abajo, dejando el trasero del morenito al aire, y a su entera disposición. Reptó hacia abajo, cual serpiente, incluso siseó y todo, hasta poner su boca a la altura de esa apetecible montaña de carne, pálida y suave.

Clavó sus dientes en uno de los cachetes, fuerte pero sin hacerle daño que lamentara después, y pasó al otro. Deslizó sus dedos por la costura que dividía el culo en dos, y pasando alrededor de la entrada bajó un poco mas su caricia, sopesando los testículos en su palma, con cuidado. Sus dedos, tan golosos como su boca, se cerraron en torno a su pene, masturbando a Takao al tiempo que los dedos de la otra mano, acariciaban su interior codiciosos.

El moreno aferró la mano que le masturbaba con las dos suyas, deteniendo su movimiento, pidiendo mudamente que le penetrara.

Y Midorima no le hizo esperar. Se untó el pene en toda su extensión con saliva que había recogido en su palma y lo que había extendido en el apretado ano de su compañero y le penetró sin mas.

Takao levantó el culo de su sitio, para sentirse mas profundamente lleno, todo lo que pudo aguantar sin gritar. Midorima le taladró con todas sus ganas, mordiendo toda la carne que se puso a tiro de sus dientes. Nuca, hombros, omóplatos, brazos... nada quedó a salvo de su ataque.

Se aferró con fuerza a las caderas de Takao, con las dos manos, hundiéndose en lo mas profundo de su compañero sin dejarle ni un solo segundo de tregua. Cuando el orgasmo le violentó al punto de bautizar los cojines del sofá con su líquido blanquecino y tibio, Midorima se dejó arrastrar al mismo mar. Le inundó por completo, sin compasión alguna, gritando su nombre hasta quedarse sin aire...

Los dos cayeron a plomo, uno sobre el otro, uno dentro del otro, uno tan saciado como el otro...

…...

– ¡Joder!. – Gimió Midorima al ponerse en pie, en mitad de la cancha... tenía que alcanzar a Takao, y explicarle...

Solo esperaba que al menos le dejara disculparse... aunque de verdad, no lo sentía como algo malo...

Y una preciosa sonrisa iluminó su boca hinchada por el puñetazo.

Incluso así, era feliz.

El horóscopo nunca se equivocaba, al menos no con él.

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Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiii holitassssssssssssssssssss

ju ju ju... gracias por el apoyo chicas... la que pedía el limoncito, espero que te guste, jejeje

Siempre me da verguencita hacer uno, me queda la cosa de que no está completo...

Gracias por los comentarios, nos leemos en el siguiente.

Besitos y mordiskitos

shiga san