Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 11: La nueva rutina..
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– Muy bien Kise kun, mantén la mano ahí. Si, mira hacia aquí. – El fotógrafo giró la cámara en sus dedos, tomando fotos, una tras otra desde todos los ángulos posibles. – Bien, mantén ahí la barbilla y sube la mirada...
Un tímido golpear de dedos en la puerta hizo a uno de los asistentes abrir con sumo cuidado. Daiki le miró con una pequeña sonrisa, y el casco colgado de su codo.
– ¿Queda mucho?. – Estiró el cuello para ver algo, pero una pantalla blanca ocultaba a los modelos.
– Un par de horas mas. – Se encogió de hombros, haciendo una mueca. – Lo siento, la modelo es un poco … ya sabes, caprichosa, y hemos tardado bastante en arrancar. – Señaló el perchero detrás suyo. – Quedan un par de cambios y los trajes de boda, y con esos se va mucho tiempo.
Daiki miró la hora en la pantalla del móvil y suspiró derrotado. No quería que Kise supiera que estaba ahí y que el rubio quisiera parar todo para saludarlo. Su trabajo era ese y tenía que tener paciencia con el.
Sea como fuere, no iban a llegar a tiempo, a si que, la cita quedaría pospuesta para otro día. Estaba un poco decepcionado, pero entendía la situación.
– ¿Quieres que le diga que le estás esperando?. – Apretó los labios y señaló la ventana con la cabeza para hacerle entender que le había visto esperando en la calle desde hacía rato. – Mi turno termina en media hora, pero puedo acercarme con cualquier excusa y decirle que estás por aquí.
– No gracias. – Rebuscó en el bolsillo trasero de los jeans que vestía y le dio las entradas para el cine de esa noche, que había comprado en la venta anticipada. – Seguro que ni se acuerda... En fin, siento la molestia, me voy a casa.
– Oye, lo siento de veras. ¿Seguro que no quieres que le diga algo?. – Daiki negó con una sonrisa. – Bueno, pues nos vemos otro día... y gracias por las entradas, iré con mi chica.
Cuatro horas y media después Kise estaba a punto de arrearle un puñetazo a la imbécil de su compañera de sesión,, pero estaba mal pegar a las chicas, o eso le habían enseñado de pequeño. Por su culpa la sesión se había retrasado una barbaridad, y los miembros del staff, incluyendo su representante estaban mas que hartos de la mocosa consentida y estúpida.
Tenía entrenamiento a primera hora y ya eran mas de las dos de la madrugada, aunque se fuera en ese preciso momento, apenas dormiría cuatro horas como mucho. Y después clase, si es que el entrenamiento a primera hora no era suficiente tortura... y creía recordar que tenía examen de ciencias a tercera hora... y quería pasarse a ver a Kou chan antes del entrenamiento por la tarde... y comprobar que todo iba bien con Midorimacchi... De repente el día de mañana se le estaba presentando agotador en su cabeza, y eso que aún ni había comenzado...
Caminó hasta la zona de maquillaje y esperó hasta que la asistente de la diseñadora le sacó con sumo cuidado la chaqueta del traje de boda que estaba vistiendo en ese momento. Cruzó los dedos mentalmente para que el fotógrafo quisiera dar por terminada la sesión y levantó el cuello con una dulce sonrisa para que la chica desanudara la corbata y la doblara con dedos de seda antes de guardarla. Kise fue ayudando a la muchacha esperando pacientemente la señal de su representante para poder ponerse su ropa, salir de allí pitando.
Gracias a algún dios misericordioso la visión de su agente asintiendo nunca se le hizo tan maravillosa.
Con sus vaqueros rotos por una rodilla y su camiseta viejita y desgastada Kise se sentía de lo mas atractivo. Recogió sus cosas de la mesa de la zona de maquillaje y encendió el móvil para consultar su agenda para el día siguiente, aunque también sacó la de papel, de la mochila.
Saltaron una veintena de mensajes que pensaba contestar después. Kasamatsu había vuelto a discutir con su novia, pro la última portada de Kise. Murasakibara preguntaba por la nueva variedad de ositos de gominola que habían anunciado en la tele. Kisa, el representante de moda infantil que había conocido un par de años atrás, le informaba que tenían los nuevos modelos en exclusiva una semana antes de salir a la venta. Kise sonrió, Kou chan se vería tan adorable... le encantaba la ropa de esa marca.
Una hoja doblada sobresalía de la agenda y eso no estaba ahí cuando llegó, estaba mas que seguro. Llevaba un control casi obsesivo de sus cosas, y no recordaba haber usado una hoja suelta en su vida.
" El sultán de la sesión anterior ha venido a buscarte. El pobre ha pasado un par de horas en la calle antes de subir, pero no quería molestarte. Tenía unos increíbles planes, pero me regaló las entradas de cine para esta noche, de esa película del robot gigante, para que pudieras terminar tu trabajo sin interrupciones. Es un cielito y un buen amigo. Deberías invitarle a algo espectacular para compensarle. Besos. D."
¡Oh mierda! Se llevó la mano a los labios, para contener la exclamación y revisó sus mensajes para ver si había alguno de Daiki... Efectivamente había, y mas de uno.
Los leyó todos, sin excepción. Le informaba de que tenía las entradas. En el siguiente que iba para el estudio. Que ya estaba abajo esperando... y el último, le decía que se iba a correr un poco y a dormir, que le esperaba un día de perros, y que si terminaba después de medianoche no se le ocurriera ir a su casa, o lo lamentaría.
Kise, sonrió. Se despidió de todo el mundo en el estudio y arrancó el coche con el corazón a mil por hora. Por supuesto que pensaba ir a verle, aunque solo fuera un segundo, su cara adormilada y de enfado al mismo tiempo era tan mona, que merecía la pena soportar la sarta de insultos que seguro saldrían de sus carnosos labios.
En cuanto salió del coche en el parking constató que las luces de su apartamento estaban apagadas, o sea, que estaba durmiendo. De nuevo una enorme sonrisa adornó su cara mientras rebuscaba en su mochila las llaves de la puerta. Se deslizó con la esperanza de pillarle durmiendo, pero el pillado fue él, por que Aomine salía en ese momento de la ducha, secándose el pelo con furiosos movimientos.
– ¡ Dios, que susto!. – Kise saltó hacia atrás al verle tan cerca, y sobre todo por verse pillado. – ¿No deberías estar durmiendo?. – Gritó mas por verse descubierto que por miedo.
– Y tú en tu casa. Es tarde, ¿Qué quieres?. – Emitió una pequeña sonrisita al darle la espalda para dejar la toalla en el cesto de la ropa sucia, por la cara tan mona que tenía asustado.
– ¡LO SIENTO! – Se inclinó hacia delante en una profunda reverencia arrepentida. – Te has perdido la película por esperarme... te compensaré, lo prometo.
– No importa, de todos modos no me gustan esas películas. – Fue hasta la cocina hablando la mismo tiempo, y abrió la nevera, iluminando la estancia con la pequeña bombilla del interior.
Kise comprendió que ir al cine era para agradarle, y que seguramente habría trabajado muy duro para pagar las entradas. A Daiki no le sobraba el dinero precisamente.
– Mañana tengo el día pillado, pero el fin de semana lo tengo libre. Iré contigo a donde quieras. – Kise le miró esperanzado.
Daiki se quedó pensativo, mirándole serio. Aún no estaba muy seguro de dejar que el rubio entrara en su vida del todo, pero …
– El sábado, a las ocho de la mañana. – Daiki le empujó después de decírselo hasta la puerta. – Y no se te ocurra llegar tarde. Es importante para mí, en serio.
– Vale. – No quiso discutir por la hora tan temprana, ni por la cara tan seria con la que le estaba invitando, parecía de todo menos una cita. No le defraudaría.
Daiki no se abría a las personas así como así. Kise aún tenía muchas incógnitas en su cabeza sobre él, y eso que hacía años que se conocían, muchas de las cosas del moreno eran un misterio.
Se giró antes de que cerrara la puerta y le agarró por la nuca, cerrando los dedos en torno al cuello, y le besó, dulcemente. Esperaba que le apartase, incluso que cerrara la puerta en su cara, pero recibió unas manos igual de cálidas que las suyas en su cara, enmarcando su rostro y alargando el beso hasta que se quedaron sin aire.
La sonrisa de tonto enamorado le duró incluso durante el camino de vuelta a su casa... Ahora le gustaba el día que llegaba, con sus miles de citas pendientes... pero solo por que le acercaban al sábado y a su "cita misteriosa" con Aomine.
…...
Kazunari aferró los dedos de su chico con fuerza, un pequeño temblor en su labio inferior y la vista puesta en el fascinante y maravilloso mundo de sus zapatillas de deporte.
El entrenador vociferaba a gusto, despotricando sobre lo irresponsables que eran, no solo los nuevos futuros padres, si no el resto de compañeros que apoyaban semejante locura.
– A que clase de idiota se le ha ocurrido pensar que podría jugar sin peligro alguno, ¿Eh?. – El tono punzante del entrenador les hizo a todos mirar sus respectivos universos zapateriles. – ¿Es que sois idiotas, o qué?. – Sacudió las hojas con los resultados médicos haciéndolas crujir en el aire unas contra otras.
– Entrenador. – Midorima murmuró en un hilo de voz. – A mi tampoco me parece bien, pero es una emergencia... Takao tiene una beca y...
– Y por eso le ponéis en peligro... ¿Alguno se ha leído las condiciones por las que se conceden las becas de deporte?, ¿Eh, listillos?. – Paseaba frente a ellos dando zancadas, a uno y otro lado.
– P-para conservar la beca...debe jugar al menos la mitad mas uno de los partidos. – Miyaji musitó en un susurro, apretando los párpados como si esperase un golpe que no llegó.
– ¿Y?... – El entrenador esperó unos segundo prudenciales, hasta que todos le miraron intrigados. – ¿Para que os creéis que tenemos suplentes?... la beca también es efectiva mientras pertenezca al club de basket. No es necesario que juegue, hay un millón de tareas que no precisan de pisar la cancha para nada... Atajo de insensibles, animales, bestias inmundas... ¿Os habéis parado a pensar en lo que estabais a punto de obligarle a hacer?. – Agarró a Takao por la camiseta y tiró hasta hacerle dar un paso adelante para acercarle. – Y tu que pasa, ¿Eres tonto, o mudo?. ¿No podías decirlo?, ¿Te pensabas que no me iba a enterar?. – Kazunari negó. – Los resultados médicos me llegan a mí antes que a vosotros... – Chasqueó la lengua. – Bueno, no soy tan cruel como tus compañeros. Me ocuparé de buscarte algo que hacer en el club, sin poner en peligro tu salud...
– G-gracias, entrenador. – Takao suspiró aliviado, recibiendo en su cabeza los dedos de ese hombre tan severo, acariciando su cabello para hacerle saber que podían contar con él para lo que fuera. –
– Ahora, la siguiente cuestión. – El equipo entero volvió a formar rígidos y serios. – ¿Quién es el padre?... por que para hacer un crío hacen falta dos... y no quiero mentiras...
…...
Kuroko se bajó de la cinta, limpiando el sudor con la toalla que pendía de la máquina de correr, en el pequeño gimnasio que habían montado en lo que era la despensa, para poder entrenar un poco los días de lluvia o en los que no había clase y no tenían acceso al gimnasio del instituto.
Aprovechó que Kagami había salido a correr, y que Kouen dormía tranquilito en la hamaquita a un par de metros de él.
Aún se sentía un poco oxidado, las piernas pesadas, pero lleno de energía. Tampoco es que antes del embarazo tuviera una resistencia física digna de mención, pero un mes después de haber dado a luz, aún conservaba unos kilitos de mas, que casi le dolían mas que cualquier otra molestia.
Aunque su esposo no se quejaba por su aspecto, él quería recuperar su cuerpo anterior, lo antes posible. El sonido de las llaves le sacó de la ensoñación y le hizo darse cuenta que aún seguía sobre la cinta, y que le iba a pillar con las manos en la masa sin remedio.
El pelirrojo asomó por la puerta, abriéndola con un dedo, despacio. El sudor cubría el cuello y los costados de su camiseta sin mangas, y mostraba su cabello pegado en la frente y las sienes. Kuroko le regaló una sonrisa culpable, al verse descubierto, con la camiseta igual de sudada.
Se agachó frente a la hamaquita y acarició los mofletes de su hijo con la punta de los dedos, una sonrisa cálida en sus labios y se alzó, todo lo alto que era, frente a su pequeño esposo.
Una pequeña, pequeñísima chispa de advertencia en su mirada, pero también unas grandes dosis de comprensión. Tetsuya llevaba mucho tiempo parado y entendía que quisiera volver a ponerse en marcha cuanto antes.
El peli azul esperaba, como siempre, que le cargara en brazos, sin esfuerzo alguno, pero en su lugar, le ofreció la mano extendida.
– ¿Te duchas conmigo?. – Kagami le invitó, deleitándose con la cara de sorpresa de su esposo. – Para ahorrar agua... y eso. – Desvió la mirada al bebé, sonrojado. – Pero solo ducharnos, nada de … ya sabes.
– Nada de "ya sabes", entendido. – Kuroko tomó su mano, que inmediatamente se llevó a los labios, para besar sus nudillos con amor.
– Hasta que la doctora diga que podemos. – Kagami tomó la hamaca del bebé por las asas y la llevó con ellos hasta su cuarto, colocando al pequeño en un lugar cómodo y en silencio, para que siguiera durmiendo a gusto.
– Vale, trato hecho. – Kuroko se sacó la camiseta por la cabeza, obligando a Kagami a morderse el labio inferior...
Solo diez días... en ese tiempo tenían que volver con la doctora...
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Ja jajaja ay dios, que me da... buenoooo tres días y wiii me ha encantado, aunque he dejado fuera una escenita lime de los papis en este cap, me ha super encantado , en serio.
Gracias por seguir ahí, y por vuestros comentarios, de veras.
