Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 13:Bienvenido a mi mundo de ensueño.
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– ¿Kuro-chin?. – Tiró hacia él del bebé, sin hacer demasiado fuerza. La duda recorriendo su cara con claridad. – ¿No quieres que cuide de Kou-chin?. – Puchero.
– Eh... si, claro que si. – Miró de reojo a Akashi, sentado en el cómodo sofá; sonriendo a la escena.
– Cuidaremos de él, no os preocupéis. – Al final acabó por levantarse, posando su mano tiernamente en el hombro del papá, que estaba mucho mas tranquilo que la mamá, que seguía aferrando a su pequeño con las dos manos, a pesar de que el pelivioleta también lo tenía sujeto por la barriguita con las dos manos.
– Tiene que comer en media hora. – Murasakibara asintió a la indicación muy serio. – En la bolsa tiene todo lo que necesites para cambiarlo. Hay ropa de recambio, pañales, leche y biberones limpios... hay... – Suspiró derrotado.
Si quería empezar el entrenamiento con el resto, debía ceder un poquito de su tiempo mamá/hijo con sus amigos, aunque sintiera que le arrancaban un brazo al separarle de él.
Kuroko besó a su pequeño tiernamente en la cabeza, y después en una de sus manitas. Se resistió hasta el último momento, incluso cuando estaba mas que seguro de que sus antiguos compañeros de Teiko cuidarían de Kouen para que Kagami y él retomaran el entrenamiento con el resto del equipo sin problema alguno.
– Vale, por favor, cuidarlo. – Hizo un puchero que arrancó una risita al pelirrojo.
El papá también estaba preocupado por dejarle ahí, mas que nada por que parecía que el pelilila tenía la misma capacidad de atención que un boli de cuatro colores... solía despistarse con cosas absurdas o olvidarse de que estaba hablando de algo... cosas así. Por suerte, Akashi no dejaría que nada "grave" pasara... O eso esperaba.
Caminando por la calle en dirección al entrenamiento de la tarde, van de la mano. Tetsu no para de mirar una y otra vez hacia atrás, a la casa de Akashi, hasta que al doblar la esquina, el edificio se pierde tras la arboleda que bordea el camino. Kagami le detiene, aposta, y le abraza tiernamente, apretando la cabeza de su chico contra el pecho.
Es un poco raro, pero Tetsuya se dio cuenta de que ese enorme corazón emitía una música que le devolvía la calma.
– No va a pasarle nada, tranquilo. – Besó sus cabellos, un roce, antes de separarle tiernamente y volver a enredar sus dedos con los contrarios. – Llegaremos tarde, y es el primer día de entrenamiento... creí que querías volver a ponerte en marcha. – Sonrió pícaro.
– Sé que lo cuidarán bien... pero es que, ya lo echo de menos. – Inconscientemente hizo un puchero idéntico al de Murasakibara segundos antes. – Apretó el paso para llegar cuanto antes al gimnasio... – Me muero por jugar de nuevo, a si que, cuanto antes lleguemos antes terminamos y puedo rescatar a mi pequeño...
Kagami estalló en carcajadas muy sonoras que hicieron al resto del equipo volver la cabeza para verles entrar, juntos y de la mano.
-¡ Bieeennnn! Los tortolitos han llegado, podemos ponernos serios. – Teppei llegó hasta ellos dando saltitos, divertido. – Ya tenía ganas de volver... je je.. soy feliz.
– ¡Oh!... Yo soy feliz con un regaliz. – Apuntó en su libreta para no olvidarlo. Shun se acercó a la mamí. – Tengo ganas de que volvamos a jugar juntos.
– Yo también... pero tendréis que perdonarme si voy despacio, que hace mucho que no juego en serio.
– Por eso mismo seguirás una rutina de entrenamiento a parte del equipo. – Riko le entregó una capreta para que fuera leyendo. – Que hayamos ganado la liga no significa que podamos relajarnos. La copa de invierno será mucho mas dura, gracias a que podemos contar de nuevo con Kuroko, podremos hacer nuevas jugadas... Ahora todo el mundo a cambiarse.
– Siiiiiiiiii entrenadoraaaaaaaaaaaa. – El grito unánime de todo el equipo rebotó por la cancha.
Sabían lo que pasaba si alguno de ellos se le ocurría llevarle la contraria, y no, no era nada agradable.
…...
Parado frente a la puerta de su casa, Kise suspira.
De repente la corbata en su cuello se le hace mas una soga, tiene la sensación de que se quedará sin aire de un momento a otro.
Sus dedos enredados con los de Daiki, que a su lado, espera paciente hasta que el rubio se tranquilice.
Entiende que lo que están a punto de hacer es muy gordo, y por eso mismo, no le ha tomado el pelo ni una sola vez. Aprieta sus dedos en torno a la pálida mano, apoyándole solo con ese gesto.
Finalmente se decide a romper el silencio.
– Vamos, no puede ser tan malo. – Kise le mira, aterrado. Aomine le dedica una sonrisa. – Me lo has puesto tan negro, que a no ser que tu familia sea una secta de adoradores de satán, no creo que me sorprendan. – Se giró un cuarto para encararle.
– ¿Y si lo fueran?. – Angustiado apretó con demasiada fuerza sus dedos. La mueca en el rostro del moreno le hizo soltar su presa. – Creerás que soy un loco...
– No, solo creo que estás asustado y que exageras con tu familia, nada más. – Le hizo un gesto con la cabeza, apuntando a la puerta. – Venga, llama.
– Que conste que te lo he advertido. – Kise suspiró derrotado y pulsó con temor el timbre de la puerta.
Daiki debió olerse algo cuando divisaron la casa al principio de la calle. Una enorme casa de estilo victoriano en blanco cegador llama la atención, y mucho. Y un enorme jardín lleno de rosaledas y ángeles de piedra también.
Contrastaba mucho con el sencillo apartamento que Kise poseía. Era la primera vez que el moreno veía una casa tan grande por fuera; ni se imaginó lo que había dentro.
Apenas tres segundos después de que el timbre sonara a un montón de pajaritos cantando felices, la puerta principal se abrió.
Daiki levantó un ceja, pero no dijo nada.
Una muñeca había abierto la puerta. Fue lo primero que pensó el moreno.
Aparentaba unos quince, vestida como una muñeca de porcelana, encajes y pololos. Un enorme lazo de encaje rosa coronaba su cabeza, peinada con un montón de tirabuzones dorados hasta la mitad de la espalda. Unos enormes ojos dorados perfilados en rosa, de un modo totalmente infantil, les miraron a los dos.
– Papá, Ryota y su novio han venidoooooooo. – La chica dijo con una voz cantarina, Se giró dejando la puerta abierta para que pasaran.
– Mamá diles que pasen. – Un voz masculina les llegó desde dentro.
Daiki se dió cuenta de que la chica no era su hermana con el comentario que acababa de hacer el hombre.
– ¿Es tu madre?. –Preguntó en un susurro. Kise asintió con la misma expresión de pánico congelada en su rostro desde que llegaron a la calle... en realidad la tenía desde que pensó en que Aomine debería conocer a sus padres... y hermanos... Estaba casi seguro de que el moreno le odiaría en cuando supiera que clase de familia tenía... pero la vida es así, la familia es la que te toca, y no se puede cambiar.
En el comedor, un hombre igual de alto que Kise, vestido de blanco a juego con la mamá, terminaba de atar un lazo de terciopelo a las rosas en el centro de la mesa.
Su cara, apacible y tranquila, con esa calma que solo dan los años, les estudió a los dos.
Kise había optado por el traje, como siempre que iba a su antigua casa. Sus padres eran de la opinión de que la ropa hace a la persona, y cuanto mejor vestido, mejor impresión dejas en los demás, a si que, siempre iban perfectamente arreglados.
Daiki iba de impoluto negro. Kise se había puesto especialmente pesado con eso, y al final, se compró uno solo por darle el gusto. Incluso la camisa y la corbata eran negras. Solo unos discretos gemelos de plata en los puños de la camisa rompían un poco la negrura, pero un modo totalmente elegante y apropiado.
El hombre rodeó la mesa con estudiada calma, tendiendo la mano al moreno en cuanto se acercó.
– Espero que sepas donde te estás metiendo al salir con mi hijo. – El apretón le dejó muy claro que aunque estuviera ridículamente vestido, era todo un padre, y como tal, protegiendo a su pequeño de cualquiera que se atreviera a dañarle. – Siéntate donde gustes. Enseguida estará la comida lista.
Daiki sacudió la mano disimuladamente, y se sentó junto a Kise, que le miró con una enorme disculpa en su cara.
– Si quieres huir podemos saltar por la ventana. – Señaló con la cabeza el lugar. – Mis padres solo son el aperitivo...
– ¿Qué quieres decir con... – No terminó la frase por que de repente, empezaron a llegar niños rubios por todas las puertas que daban al comedor.
– Riiiiriiiii, estaaaaaaaá en casittaaaaa. – Una niña, de unos cinco años se sentó en las piernas del rubio, y le agarró la cara con las dos manos, haciendo que los cascabelitos de sus muñecas sonaran... también parecía una pequeña muñequita con dos coletas. – Hola tú. – Saludó a Daiki que el regresó el saludo sonriendo. – ¿Es verdad que eres el novio de Riri?.
– Pues... – Miró a Kise antes de contestar. Por lo que parecía Ryota había puesto al corriente a sus padres, pero no estaba seguro de si alguno de sus hermanos sabía eso también.
– Pues tampoco es para tanto. Viniendo del super modelo me esperaba un chulazo mas impresionante. – La chica, una versión agresiva de Kise en femenino con unas enormes tetazas que no se molestó en esconder mucho, respondió con desdén.
– Vete a la mierda, envidiosa. – Kise le tiró un trozo de pan que le dio en plena cara. La chica lo devolvió hasta que otra chica mas se sentó junto a ella. Parecía mas mayor, mas calmada y mas terrorífica.
– De todos modos, no creo que debamos hacer una fiesta solo porque Ryota quiere jugar a ser gay. – Dijo con la misma mala leche que la anterior.
– No estoy jugando a ser gay, que lo sepas... – Sintió los dedos de Daiki, en silencio a su lado, acariciarle la muñeca por debajo de la mesa.
– No le hables así a tu hermano. – Su madre, se sentó coronando la mesa. Parecía mas joven que sus hijos, era impresionante. – Solo es un a fase, como todas por las que ya ha pasado...
– Lo que tu madre quiere decir es que te seguiremos el juego en todo esto de ser marica. – Su padre se estiró para tomar el bol de ensalada con la mano. – Hasta que te aburras y quieras volver con las chicas. – Kise apretó la mandíbula, tragándose lo que quería decir en ese momento y reteniendo la respuesta que sabía quería dar Aomine por su postura en ese momento.
– No soy marica, ni esto es una fase. – Tomó las patatas asadas con una calma que sorprendió al moreno. – Da la casualidad de que la persona de la que estoy enamorado es un chico, y uno maravilloso, nada mas. – Le miró directamente con una sonrisa preciosa. – Me habría enamorado de él si fuera una chica, un perro o cualquier otra cosa... – Solo quería que mi familia compartiera conmigo ese paso en mi vida, nada más. – Miró directamente su padre, serio. – No espero que lo entendáis, ni que me deis vuestra bendición, solo quiero que lo sepáis por mi antes de que salga en la prensa, nada mas. Soy mayor de edad, no necesito vuestro permiso para vivir mi vida como me guste. – Decir que todos en la mesa estaban con la boca abierta era poco. Incluso Aomine le miraba sorprendido. – Y papá, si has terminado con la ensalada, pásala. A Daiki le encanta la alfalfa...Creo que en su vida anterior era una vaca o algo así, se mantiene a base de hojas verdes.
– Vaya hermanito. – La niña, sentada a su lado fue la primera en decir algo. – Les has dejado a todos alucinados. Por cierto, tu novio está muy bueno, no le hagas caso a la amargada... su novio ha vuelto a dejarla... – Daiki se dio cuenta de que solo parecía tener cinco años, por que no los tenía en absoluto. En esa casa las mujeres tenían un aspecto mucho mas joven de lo que indicaba su edad. – Tengo una duda.
– Dispara. – Kise hizo el gesto de la pistola con la mano.
– ¿Quien de los dos muerde la almohada?.
…...
Kazunari gimió profundamente, desde lo mas profundo del pecho. Las manos de su chico en sus piernas, arriba y abajo, en un tonificante masaje, relajaban sus cansados músculos después del entrenamiento infernal al que había sobrevivido sin bajas.
– ¿Mejor?. – Susurró en su oreja.
– Dios, sí. – Giró la cabeza para recibir un beso sin darse la vuelta. – Espero que tu madre esté bien.
– Mi padre llamará si pasa algo. – Midorima retomó el masaje desviando la atención de su chico a las caricias.
– Mira que decírselo por teléfono. – Le "regañó" el morenito. – Pobrecilla...
– Ya me he disculpado. – Murmuró molesto. – Además la culpa es del entrenador...
– Tu mandaste el mensajeeeee, mmmm, oh, ahí, ahí, Dios, siiii. – Takao se retorcía bajo el hechizo de esos traviesos dedos.
– El entrenador me dijo que se lo contara y lo hice, ¿No?. – Hundió el pulgar en mitad del muslo del moreno, que arqueó la espalda hacia arriba, sacándole una sonrisa divertida.
– Si cariño... pero tu madre se ha desmayado, y a tu padre casi le da un pasmo cuando la ha encontrado tirada en la cocina, con la comida en el fuego, una cuchara de palo en una mano y el móvil en la otra. – Soltó una risita. – Menuda estampa... no sé como no se ha desmayado él también,,,,
– Seguro que me perdona cuando vea el nieto tan guapo que hemos fabricado entre los dos. – metió la mano bajo el cuerpo de su chico y le giró en el sitio tirando hacia arriba de él...
– Eso si el golpe no le ha borrado la memoria, ¿No?. – Le abrazó por el cuello.
– No creo, en mi familia somos duros. – Se quitó las gafas y las dejó en la mesita baja junto a ellos.
Acercó la cara a la del moreno y le besó con una clara intención.
– Tenemos que dejar de hacerlo aquí. – Takao respondió a las caricias con la misma intensidad. – Tenemos una cama, y nunca llegamos..
– Es que aquí se te ve mucho mejor. – En este punto estaba claro como acabarían la velada.
– No llevas las gafas puestas. – puntualizó acariciando su pelo. – No me puedes ver bien sin ellas.
– No necesito los ojos para verte. – Pasó la lengua por el cuello, lentamente...
– Eres un guarro. – Dijo para después imitar el gesto de su novio.
– Mira quien lo dice...
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Wiiiii ahora si, creí que no llegaba, madre mía.
Mañana voy a Expomanga, kyaaaaaaaaaaa y no he tenido tiempo en toda la semana de nada, me va a daralgooo Me muero de ganas de estrenar mi cosplay de Deidara ( si, si si si si )
Subo el cap, y espero que os guste, responderé los revis, lo prometo, para el lunes, cuando pase el expo, Nee? A si que no temáis dejarlos, que yo contesto como un clavo.
Gracias por pasaros y comentar y espro que os guste el cap newww
Besitos y mordiskitos
Shiga san
