Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 14: La primera vez de Kise.
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Kise tiritó, Daiki tiró de él para atraerle y soltó su mano solo para colocarla en su cintura, obligando al rubio ha hacer lo mismo, y a sincronizar sus pasos con los del otro chico.
El coche quedó aparcado en el muelle, y sus pasos les llevaron hasta la orilla de la playa, donde el límite de las olas se movía sin mojarles los pies. Necesitaban despejarse. Les dolía la cabeza a los dos, de tanto grito, y dar explicaciones a todos los miembros de la familia del rubio.
Aguantaron las puñaladas hasta el postre, las miradas, las pataditas bajo la mesa, las amenazas veladas de su padre, y la sutil manera con la que la madre de Kise le dio a entender que su novio no era bien recibido.
No le importaba, o no le importó hasta que la cara de angustia de Kise se le presentó como una señal para largarse de allí.
De nuevo, la suerte, el destino, un ente divino aburrido, el teléfono de Daiki sonó en el momento mas embarazoso de la velada. La llamada era un tontería sin importancia, Murasakibara le contaba que el pequeño Kou-chin, estaba en su casa, que le habían dejado al cargo y que Aka-chin sonreía todo el tiempo desde que el bebé estaba con ellos dos.
Cuando regresó del pasillo, donde había ido a contestar para no molestar, se limitó a tomar de la mano al rubio y levantarle de la mesa.
– Tenemos que irnos. – Comentó escueto y serio.
– ¿Qué pasa?. – Su voz salió angustiada. Y el moreno notó que no había comido casi nada durante la cena.
– Murasakibara está cuidando de Kou-chan. – Técnicamente era verdad, y el tono de su voz era de preocupación real. Aunque le encantaban los niños, el pequeño Kou quizá era demasiado tierno para la mente infantil del jugador. Menos mal que Akashi ejercería de padre para los dos...
– Ermm … – Tomó la chaqueta del espaldar de la silla y se la puso. Aomine le imitó, tirando de los puños de la camisa para colocarlos en su sitio. – Gracias por la comida mamá, pero tenemos que irnos. – Besó a todas sus hermanas en la mejilla y a su madre en lo alto de la cabeza.
El padre les acompañó hasta la puerta, y aunque había permanecido hostil toda la comida, le tendió la mano amistosamente al moreno, dibujando en sus labios una tenue y dulce sonrisa comprensiva.
– ¿A donde quieres ir?. – Dudó mientras miraba por el retrovisor que no viniera nadie.
– Mmm... – Aomine suspiró antes de contestar. – Vamos a la playa.
No contestó, ni se opuso.
Una sonrisa completa llenó su rostro mientras caminaban, lentamente, sin rumbo ni destino.
La brisa fresca con aroma salado, acariciando sus caras sonrientes. Los dedos calientes de Daiki aferrando su mano, con fuerza, decisión.
– Lo siento. Mi familia es un poco... – Sin soltar la mano se adelantó y se giró, caminando hacia atrás, pasando el pelo que el viento llevaba hasta su cara con la punta de los dedos tras la oreja.
– Solo están preocupados. – Frenó el paso para que Kise no se diera la hostia del siglo andando al revés. – Ponte en su lugar. Seguro que esperaban que tuvieras una novia bajita de tetas grandes y ojos enormes de pestañas interminables, voz de pito, un útero capaz de alumbrar una docena de críos rubios como tú...ya sabes el equipamiento completo y te presentas conmigo. – Kise sonrió, entendiendo. – Solo dales tiempo para asimilarlo...
– Ya pero...aún así, lo siento... por el mal rato. – Hizo un puchero. – Tu familia se portó tan bien conmigo que me siento culpable.
Aomine se detuvo en seco, sin soltarle de la mano. Ryota le miró intrigado, a la espera.
– ¿Es verdad lo que has dicho?, ¿Estás enamorado de mí?. – Lo cierto es que esperaba esa pregunta, aunque no tan pronto.
– Desde la primera vez que te vi. – Se puso a su lado, chocando el hombro. – Seguro que ni te acuerdas... Fue el primer día que me cambiaron al equipo titular. Iba buscando a Kurokocchi y al llegar a la puerta, pasaste volando delante de mi y te marcaste un clavado sin despeinarte.
– No me acuerdo de eso... pero si me acuerdo que me pareció impresionante que entraras tan pronto como titular... en aquel entonces todo era muy distinto...yo era distinto... – Se giró para mirar el atardecer en el agua. El sol empezaba a ocultarse tras el mar, cambiando el tono del cielo, y el ambiente. Kise tiritó de nuevo, y los brazos del moreno le envolvieron para darle calor.
– ¿Sabes?. Durante los siguientes días casi ni pude dormir. – La mirada dorada buscó la azul, solo para asegurarse de que estaba siendo escuchado. – Creí que me pasaba algo, malo, ya sabes... intenté hacerlo con chicas, pero nunca llegaba al final... no me "ponían"... – Aomine soltó una pequeña risita y el rubio le dio con el codo despacio. – No te rías, idiota...Después de aquello intenté mil cosas, pero nada parecía funcionar... y un día me di cuenta de que te miraba demasiado.
– ¿A mi?. – Le miró directamente, intrigado en serio. – No me di cuenta de nada.
– Bueno, ahí ya estabas saliendo con Kurokocchi, solo tenías ojos para él. Me dabais una envidia enorme, sin esconderos de nadie, y todo eso. Yo aún no sabía que pasaba conmigo... Lo que te estaba contando. Estábamos en el segundo descanso, jugando contra... mmm, la verdad no me acuerdo... lo que si recuerdo es que te levantaste la camiseta para limpiar el sudor con el borde y se me levantó de golpe.
– Tío, ¿Te empalmaste durante un partido?. – La sonrisa en su cara era brillante.
– ¿Durante uno?...¡Ójala!, fue durante muchos partidos. El último año fue una auténtica tortura.
Los dos estallaron en sonoras carcajadas, hasta doblarse hacia delante y agarrarse el estómago con el brazo. Kise se sentó directamente en la arena y agarró la mano del moreno, tironeando de ella hasta que acabó sentado frente a él. Abrió las piernas y las puso encima de las de su chico, formando un rombo en el espacio entre sus cuerpos.
– Sigue, ¿Qué pasó después?. – Daiki se limpió la lagrimita que la risa había liberado en su cara.
– Bueno... terminó la temporada y me fui a América por trabajo, te perdí la pista en directo... y al volver me cambié de instituto...Akashi me dijo que habías roto con Kurokocchi, pero supuse que lo mejor sería darte espacio... y reunir información mientras tanto.
– ¿Información sobre qué?. – Su voz sonó divertida, demasiado. Se quitó la americana del traje y la puso sobre los hombros del rubio, que tiritaba por la bajada de temperatura que traía la noche, cerrándose mientras hablaban sentados en la arena.
– Primero tenía que averiguar si solo era contigo o con mas chicos... ya sabes, mi problemilla... Busqué libros, películas... bueno, internet... pero aún seguía con dudas... En un desfile en Milán conocí a un modelo que tuvo el mismo problemilla hace años, y me ayudó un poco con las dudas.
– ¿Te acostaste con él?. – No supo muy bien por qué, pero la pregunta sonó amenazante.
– Nooo, ja jaja, tranquilo, él me ayudó a … – Bajó la voz hasta hacerla un susurro. – Si me la tenía que meter un tío, necesitaría mucha preparación, ayuda... me ayudó a comprar "cosas". – Hizo el gesto de las comillas con las manos, sonrojado. – Y me dijo como usarlas y eso...jooo que vergüenza... no le he contado esto a nadie, nunca.
– Me siento honrado. – Le acarició la sien con la punta de los dedos, hasta que el rubio los atrapó con su mano y los llevó a los labios, para besarlos tiernamente. – Intuyo que ahora es cuando se pone interesante.. ¿Qué hiciste con esas "cosas"?
Kise se sonrojó furiosamente y se cubrió la cara con las dos manos.
– No me hagas decirlo, ya lo sabes. – Contestó sin mover las manos de su cara.
– De verdad, quiero saberlo. – Agarró su muñeca y le apartó una de las manos lo suficiente como para ver sus labios.
– p-pu...p-pues hasta que me acostumbré, estuve... pues bueno con un … ya sabes, de esos de látex.. – Suspiró avergonzado. – La primera vez me dolió mucho... y sangré... tenía mucho miedo y no sabía si estaba haciéndolo bien... pero me imaginaba que eras tu, y lo malo se pasaba enseguida...
– ¿Lo tienes todavía?. – La pregunta le extrañó, pero asintió con la cabeza.
– ¿Por qué?. – Estaba un poco asustado con la reacción.
– Por que estoy celoso... quiero decir me estas contando que le entregaste tu virginidad... mmm, tienes que contarle lo nuestro, que ahora sales conmigo.
– ¿Estás celoso de un consolador?. – Estalló en carcajadas de nuevo, incrédulo, pero el moreno tenía una cara que decía claramente que hablaba totalmente en serio.
– Para nada, pero tiene que saber que ahora tu culo es mio, y el mio es tuyo... no hay lugar para nadie mas... aunque... no me importaría ver como lo haces con él. – Kise se alzó sobre las rodillas y le montó directamente, agarrando la cabeza del moreno con las dos manos.
– Te lo presentaré, para que veas que es buena persona... o cosa, bueno tu me entiendes. – Ensanchó la sonrisa hasta el límite de su cara.
Se miraron unos segundos. Las manos de Daiki recorrieron sus muslos en un movimiento ascendente, hasta rozar su cadera y morir en su trasero, que recorrió en círculos con las palmas abiertas del todo. La fina tela del traje de Kise le permitía sentir la línea de la ropa interior en su piel.
El rubio deslizó sus dedos por la sien, bajando hasta la linea en la que nacía el corto cabello en la nuca, y enmarcó su cara con las dos manos, enredando sus ojos en los contrarios, con una petición en su mirada que no podía dejar pasar.
Un beso. Solo uno, intenso, húmedo y largo, con los labios. Lento, saboreando la saliva contraria, explorando con los labios, la lengua, los dientes. Sus manos quietas en el sitio, congeladas. Sus caderas rogando ser movidas. Kise se adelantó, posando el trasero directamente sobre el paquete del moreno, abultado, latente y ansioso, como todo su cuerpo.
¿Cuánto tiempo hacía que no sentía el cuerpo entero estremecerse por un beso?... No lo recordaba, bueno, en realidad, su cerebro no daba para mas que donde posar sus manos en el perfecto cuerpo musculado del rubio. Los restos del aftershave inundaban su boca, y no le importó ni un poco.
Un jadeo, solo uno, travieso y furtivo le devolvió a la realidad.
– No podemos hacer esto aquí. – Aomine le alejó lo suficiente como para romper el beso y recuperar la compostura lo más rápido posible. – Podrían vernos.
Kise suspiró, dándole la razón con una sonrisa tristona.
– Vale, dame un minuto. – Señaló abajo con los ojos. – No creo que pueda ponerme de pie ahora. Y quita tus manos de mi trasero no podré levantarme ni ahora ni dentro de un rato.
Daiki obedeció la orden, levantando las dos manos con las palmas a la vista.
Necesitaban volver al coche, y una ducha fría... por separado
Los dos... o terminar la velada de una forma mucho mas divertida, juntos.
…...
– ¿Por qué no?. – Preguntó ladeando la cabeza. Su enorme mano casi abarcaba el cuerpo del bebé por completo.
– Por que no tiene dientes. – Respondió con calma, sin mirarle con la vista puesta en el libro que leía.
Kouen dormía tranquilamente en el sofá, entre grandes almohadones formando una cama a su alrededor. Murasakibara arrodillado en el suelo le miraba, estudiando su personita, preguntando sin parar a Akashi todo lo que no entendía.
– ¿Y tampoco puedo darle helado?. Eso no hay que masticarlo. – Pasó la punta de los dedos por el suave y corto cabello celeste del bebé, que movía su chupete arriba y abajo sin parar durante el sueño.
– Aún es muy pequeño para el helado y le sentaría mal. Ahora solo podemos darle su leche. – Cerró el libro y lo dejó a un lado, mirando con una sonrisita al pelilila acariciar con sumo cuidado al pequeño, sin despertarle.
El pelirrojo se levantó y fue a la cocina un momento, para preparar el biberón. La hora de comer del niño era en apenas unos minutos. Preparó del mismo modo un cambio de pañal y se paró junto al niñero improvisado.
Kouen se retorció, estirando sus bracitos y piernecitas un momento. Bostezó, tirando el chupete a un lado y pestañeó un par de veces hasta abrir los ojos completamente. Buscó a sus papás con la mirada, torpemente, sin encontrarlos.
Murasakibara se sentó a un lado, apartando los cojines y tomó al bebé como le había enseñado Akashi. Con cuidado posó el babero en su pecho y su cabezita sobre el antebrazo. Kouen empezó a absorber la leche casi al instante, con hambre. Sostenía el biberón con dos dedos, sonriendo al verle comer tan bien, y sonriendo de vuelta al pelirrojo, que le daba la enhorabuena por alimentar tan bien al bebé sin equivocarse en nada.
– ¿Puedo cantar?... Eso no le hace daño, ¿Verdad?. – Auqnue lo dijo con un tono de voz demasiado alto, el bebé parecía acostumbrado al jaleo, por que siguió comiendo como si nada. – Mmm... a ver... cual debería cantar...
El timbre de la puerta hizo a Akashi acudir a abrirla. Kuroko entró en una exhalación sin saludar si quiera. Se moría de ganas por recuperar a su hijo de sus malvados carceleros, pero se encontró con su antiguo compañero palmeando la espaldita del niño para sacarle los gases y un biberón vacío en la mesa.
Kouen soltó un sonoro eructo y se acurrucó en el hombro del jugador para volver a retomar el sueño con la barriga llena.
Tetsuya se sentó derrotado en el sofá, comprobando como su hijo estaba perfectamente y toda su preocupación había sido para nada.
Los dos pelirrojos miraban la escena sonriendo.
– ¿Os quedáis a cenar?. – Preguntó Akashi a Taiga, en tono bajo para no molestar al bebé.
– Muchas gracias, pero ya hemos molestado bastante al dejaros a Kouen. – El papá se disculpó con una leve reverencia. – Además ha sido el primer día de entrenamiento de Tetsu y creo que lo mejor es que vayamos a casa a descansar todos juntos, así vosotros también descansaréis.
– Kou-chin solo duerme, y come... ¿Cuando podré jugar con él al basket?. – Ladeó la cabeza justo después de decirlo. – Aka-chin me enseñó a darle de comer...
– Hasta que no aprenda a caminar no podremos enseñarle a jugar. – Akashi respondió con calma infinita.
– Muchas gracias por darle de comer tan bien. – Kagami se acercó y tomó al bebé de sus brazos para acomodarle en el carrito. Kuroko se inclinó para besarle la frente y arroparle con la fina sábana del cochecito.
– Muchas de nadas... me gusta verle dormir, hace caras muy graciosas... y sus manitas son muy pequeñas... Quiero un helado, ¿Hay en el congelador?. – Se fué caminando tranquilamente a la cocina con la vista de los otros tres puesta en su persona.
– Gracias por todo. – Kuroko le besó en la mejilla.
– No hay de qué. Ya sabes que puedes contar con nosotros para lo que necesites. – Le devolvió el beso con la misma intensidad. – Y ahora a casita, que se te ve cansado.
La pequeña familia regresó a su hogar, con una enorme sonrisa, y dejando parte de su felicidad a la extraña pareja de niñeros.
…...
Kazunari suspiró cansado. Abrió la tapa del portátil y pulsó el botón de encendido.
Tenía que hacerlo cuanto antes y ese era un buen momento. ¿Para qué esperar?.
Esperó hasta que se cargó todo el escritorio y pulsó el programa de video llamada.
Clicó dos veces en el contacto nombrado como "papá y mamá" y miró fijamente el telefonito de juguete en el centro de la pantalla descolgarse y colgarse una y otra vez hasta que la imagen de su madre surgió nítida en la pequeña pantalla.
Se colocó el auricular y re-dimensionó la pantalla a pantalla completa.
La mujer, morena con el pelo recogido en un divertido moño desigual con los mechones sueltos en todas direcciones y sus mismos ojos, le saludó alegremente con la mano. Kazunari imitó el gesto con la misma sonrisa.
– ¿Cómo estás cielo?. – Preocupada preguntó en primer lugar. – El papá de Shin-chan me llamó hace un rato...
– Mamá, lo siento... quería decírtelo pero...
– Está bien cariño, lo entiendo... Debes estar aterrado... Siento no poder estar ahí contigo.
– Estás conmigo. – Posó los labios en la pantalla y le dedicó una sonrisa.
– Tu padre se ha puesto como un loco. – La mujer hizo una mueca divertida que arrancó una carcajada al jugador. – Dice que es demasiado joven y guapo para ser abuelo y que va arrancarle los bajos a tu novio de un bocado...
– Papá es así... ¿Dónde está?, no lo veo ahí contigo. – Ladeó la cabeza frente a la pantalla, como si así pudiera ver alrededor de su madre y por detrás.
– Por lo visto hay problemas con uno de los puntales y ha vuelto a la excavación, pero está preocupado por tí, igual o mas que yo.
– Estoy bien mamá... ya fui a la doctora que atendió a Kuroko y tengo mis suplementos de vitaminas y hierro.
– Y los controles, ¿Los hiciste todos?, ¿Sabes de cuanto estás?, ¿Todo está bien?.
– Si, me mandaron un millón de análisis y todo es perfectamente normal... Estoy de muy poco tiempo, de un mes mas o menos...
– ¡Oh, cielito!, no te preocupes, todo va a ir bien. Papá habló con tu entrenador también y con el director del instituto. – Takao suspiró aliviado. – Si necesitas cualquier cosa, solo dime lo que sea.
– Gracias mamá y dile a papá que le quiero. – La mujer asintió y saludó de nuevo.
No necesitó girarse cuando vio la figura de Midorima en la pantalla, detrás suyo.
– Cuida de mi pequeño Shin-chan. – El jugador asintió sonriendo. – Y de tu bebé.
– De eso me encargo yo. – Midorima le besó en lo alto de la cabeza. – Tranquila.
– Bueno amor, tengo que irme ya, pero recuerda tener el teléfono disponible, y llámame siempre que quieras. – Le tiró un beso con la mano.
– Cuídate mamá y dale un beso a papá de mi parte. – Sintió la mano de su chico en su hombro. – … de nuestra parte.
– Bien, Cuidaros mucho. Besos.
Sacudió la mano frente a la cámara incluso cuando la pantalla era negra y el icono de llamada finalizaba parpadeaba en el centro del monitor.
Midorima le abrazó con fuerza contra su pecho, como siempre que llamaba a su madre, siempre se pasaba los siguientes minutos llorando, pero se llevó una sorpresa al comprobar lo contrario.
Una enorme sonrisa iluminaba su cara, de pura felicidad.
– Mañana, voy a ver a Kuroko. – El futuro padre entendió. A él también le gustaría hablar con Kagami de algunas cosas.
Oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oo
uff.. Aun me dura el dolor de cuerpo,estoy cansadaaaaaaaaaaaaa, pero aquí está el cap...
¿Qué pasa con los revis? ¿Holaaaaa? Y la genteeeeeeeeeeeee?
En fin... desmoralizada por la falta de comentarios...
Nos leemos en el siguiente en tres días.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
