Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo 15: Visita médica y amor telefónico.

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Takao apretó la boca en una mueca desagradable. La montaña de toallas sudadas amenazaba con caerle encima y sepultarle.

Pero ese era su nuevo puesto dentro del club de basket, la lavandería.

Se apartó refunfuñando, al escuchar el sonido de campana que anunciaba que la secadora había terminado por fin. Ahora solo quedaba poner una nueva tanda a lavar, la que haría la número veinte.

¿En serio necesitaban tantas toallas? Pero si apenas eran unos pocos criajos... no podían sudar tanto solo por correr unos minutitos de nada.

Suspiró, frustrado en ese punto.

Fue sacando las toallas por la abertura circular de la lavadora y dejándolas caer en el cesto con fuerza. Mientras una nueva remesa se lavaba, empezó a doblarlas, resignado.

No quedaba nadie en la cancha ni en los vestuarios, a si que solo estaba acompañado por el ronroneo de la lavadora y la secadora, y el hilo musical en tono bajo que él mismo había puesto para distraerse. Normalmente esta tarea rotaba entre los miembros del club, pero dada su condición y de que se le tenía que dar un uso a su persona, se había convertido sin pretenderlo en la lavandera oficial del reino, hasta nueva orden.

La montaña de toallas dobladas llenaba la mesa en pequeñas torres. Casi había terminado, y estaba mas cansado que después de cualquiera de los entrenamientos normales.

La puerta de chapa se abrió dejando entrar la luz del sol directamente a la estancia. Empezó a cargar las torres de toallas y llevarlas a la estantería adecuada. Sin necesidad de mirar sabía que era su chico.

Midorima dejó la mochila junto a la del moreno y empezó a ayudarle con el traslado. La última lavadora terminó y Takao pasó las prendas de la lavadora a la secadora. En diez minutos habría terminado.

El papá le besó en lo alto de la cabeza al pasar por su lado. Habían quedado en casa de Taiga para cenar con ellos, pero antes tenían cita en el médico.

Se le hizo raro el patio del instituto vacío cuando por fin salió del cuarto de lavandería. Midorima cargó su mochila en el mismo hombro y le pasó la mano por el hombro, atrayendo su cabeza para besarle.

Takao se sonrojó, ligeramente avergonzado. Sus hormonas estaban revolucionadas y cualquier gesto tierno era magnificado por la futura mamá. Y ver al siempre serio Midorima siendo tierno con él era un inusual placer del que solo él podía disfrutar; y le encantaba ser el centro de esas atenciones.

Sentados en la sala de espera pudo relajarse un poco. Estar de pie tanto tiempo en la lavandería no le molestaba hasta que paraba del todo, y era ahí, cuando notaba la pesadez en las piernas.

Delante de ellos, una pareja esperaba también. Takao sonrió al pequeño bebé de casi un año, sentado en las piernas de su padre y después a la mamá, que con un ligero abultamiento en su vientre, dejaba ver que estaba feliz con su nuevo estado.

– ¿Es el primero?. – El chico señaló la tripa de Takao para volver a posar la mano en su propia barriguita abultada.

– Si, ¿tanto se me nota?. – El bebé soltó una risita que hizo a todos sonreír en respuesta.

– ¿Primera visita?. – Señaló la puerta del consultorio. – No van a comerte, tranquilo. La doctora es muy maja, y está especializada.

– No, es la segunda. – Midorima contestó mientras Kazunari se agachaba frente al bebé para hacerle caras. – Es la doctora de un amigo nuestro que fue mamá hace poco. La conocemos.

– Entonces visita rutinaria. – El moreno asintió, sonriendo. – Seguro que todo va bien... pero ten cuidado... –Miró a Midorima con desdén. – Si justo después de tenerlo te dice que no pasa nada, no le hagas ni caso... mira, por hacerle caso como estoy. – Levantó la camiseta para enseñarle la redondez de su vientre, arrancando una carcajada al papá y un torpe aplauso al bebé.

– Si vais a tener mas, lo mejor es que sean seguidos, así podrán jugar juntos. – El padre trató de darle sentido a sus palabras con gestos, aunque su pareja seguía sin estar muy convencido con el argumento.

La puerta de la consulta se abrió, dejando ver a la doctora. Miró a las dos parejas y le tendió una hoja a los papás con las recomendaciones para el segundo embarazo, y varia documentación que necesitaban.

– La semana que viene os quiero aquí, ¿De acuerdo?. – La madre asintió y se levantó. El papá acomodó al bebé en su brazo guardó las hojas en la bolsa del carro. – Vosotros pasad, os toca.

Señaló detrás del biombo que dividía el consultorio en dos mientras Shintarô dejaba las mochilas de los dos en la silla contigua.

– Ponte la bata que verás sobre la camilla y súbete a ella. Ahora estoy contigo. – Salió de la consulta dejando a la pareja sola.

– ¿Me ayudas?. – El moreno asomó con un tierno puchero colgando de sus labios. Su novio sonrió comprendiendo. – Sé que es un poco tonto, pero no puedo desabrochar esta cosa. – Sus dedos temblaban de puro nervio, pero no lo admitiría. – Se ha atascado... o algo...

Mágicamente, la cremallera del chándal cedió sin dificultad a los dedos del futuro papá. Se permitió unos cuantos mimitos mientras esperaban a la doctora.

El temblor retornó en cuanto vio las agujas en la bandeja metálica. Y lo peor es que no iba a poder escaparse.

…...

Daiki dejó el casco en la entrada y las llaves en el cuenco de cristal de la entrada.

Para olvidar un poco que Kise estaba en la otra parte del mundo por trabajo, había ido a entrenar, o al menos esa era la idea. Después de unos minutos decidió liberar toda la energía posible para cuando llegara a casa, caer rendido y no tener que pensar en nada...

Una ducha, una cena ligera y unos minutos de zappeo en el sofá le aburrieron lo suficiente como para ir a la cama antes de media noche.

Boca abajo en el colchón no podía dormir. Se quitó la camiseta, para alejar el calor que le envolvía y volvió a la postura anterior. Se giró y tomó el móvil entre los dedos. Abrió la tapa y miró la pantalla iluminada. Las tres de la mañana y él sin poder dormir.

Pensó en llamarle... seguro que había llegado al hotel... pero lo último que quería era interrumpirle en su trabajo y era totalmente consciente de que una llamada suya le afectaría seguro; y con lo exagerado que era el rubio para todo era capaz de tomar un avión de vuelta y mandar al diablo el desfile.

Cerró el móvil y lo metió debajo de la almohada. Se pasó la mano por la cara y suspiró profundamente. Estaba cansado, pero no lo suficiente como para no pensar en él.

Daiki ya no esperaba nada del amor; no después de como había tratado a Tetsuya, pero se descubrió a si mismo queriendo con todo su ser, que lo suyo con Kise resultara.

El rubio era todo lo contrario a Kuroko. O eso quería creer. Lo cierto es que no lo había conocido lo suficiente como para compararles. Y era culpa suya.

Le utilizó todo el tiempo que quiso, a su manera, sin tenerle en cuenta para nada y única y exclusivamente para su disfrute personal. Y cuando ya no le interesó, se libró de él de la manera mas cruel y despiadada que encontró. Dejándole una herida tan profunda que Tetsuya tardó meses en volver a confiar en las personas; por eso mismo no quería cagarla esta vez.

Dispuesto a dormirse a como diera lugar, se cambió de lado en el colchón. El sonido amortiguado del tono de móvil anunciando una llamada debajo de la almohada, le llegó alto y claro en el silencio de su cuarto.

Sin pretenderlo una sonrisa plena llenó su rostro, y se permitió incorporarse en el colchón antes de contestar.

– ¿Te he despertado?. – Se tomó unos segundos antes de contestar, disfrutando de la risueña voz del rubio a través del aparato.

– Mas o menos. – Escuchó una risita y un suspiro. Se sentó en el lecho, acomodando la almohada a su espalda para estar mas a gusto. – Y tu, ¿Qué tal?.

– Acabo de deshacer la maleta. Me duele todo. – Suspiró de nuevo, sentándose pesadamente de un golpe. – En serio, alguien debería denunciar al fabricante de asientos para aviones; son rompeculos homologados...

– Bueno, no te quejes. – Le escuchaba en silencio y a oscuras. – Ya has llegado que es lo que importa. ¿Tienes la agenda muy llena?.

– Mmm... pues... – Escuchó el pasar de las hojas deprisa. Casi podía imaginarle con la mirada puesta en el cuaderno donde lo apuntaba todo. – La verdad, está llena. Mañana tengo las pruebas de maquillaje y peluquería y eso ya agota lo suficiente como para no pensar en nada... – Escuchó el siseo de la ropa que Kise se quitaba con el teléfono apretado en su hombro con el mentón. – Ya estabas en la cama, ¿Qué llevas puesto?.

– El pantalón gris. – Respondió demasiado rápido a la pregunta sin intuir la doble intención de la misma.

– ¿Nada mas?. – Su tono seductor le hizo sonreír. – Espera que voy a cerrar la puerta, no vaya a ser que me pillen en plena faena... sería embarazoso.

– Eres un pequeño pervertido, Kise. – Suspiró su nombre al final de la frase, arrancándole un gemidito muy mono que Aomine escuchó perfectamente. – No, no llevo nada más, ni ropa interior... ¿Y tú?.

– Pues ahora acabo de quitarme la camisa, y me queda el vaquero. – Le escuchó trastear con algo, maldiciendo entre dientes. Un golpe seco al caer el teléfono sobre la cama.

Se quitó todo lo rápido que pudo las converse rojas y los calcetines. Sentado en la cama desabrochó el cinturón de los vaqueros, dejando la hebilla colgando a un lado de su cadera.

– ¿Te has llevado a tu amante contigo?. – Daiki jadeó después de decirlo, dándole al rubio una imagen mental de lo que estaba haciendo mientras le hablaba. – El otro día en la playa me imaginé lo que hacías con él después de tocar tu jugoso trasero... y ahora no puedo dejar de fantasear con ello.

– Eres un guarro. – Imitando a su novio jadeó en el micrófono pegado a los labios. – Pero no, no lo he traído, vengo a trabajar y tenerle aquí me descentraría... Ahora por tu culpa no puedo dejar de pensar en que me miras mientras me divierto con él.

– ¿Y me llamas a mi guarro?. – En el silencio de su cuarto Daiki escuchaba hasta el sonido que hacían sus manos acariciando por debajo del pantalón. – ¿Cómo puedes estar tan tranquilo sabiendo que te estoy mirando mientras te acuestas con tu amante?.

– Mmm... oh, siiii. – Un nuevo gemido surgió de lo mas profundo de su ser, llegando a los oídos del moreno a través del aparatito. – Siento tus ojos en mi, lo juro... mis dedos viajan sin rumbo, estoy tan caliente que si me dices algo, terminaré.

Daiki aumentó la velocidad con la que se estaba acariciando. La voz de Kise llegando a lo mas profundo de su cerebro, y la imagen detrás de sus párpados cerrados era tan erótica... tanto.

Casi al mismo tiempo los dos emitieron un largo gemido en voz alta. Después un ruido sordo y la risa del rubio le llegó nítida, clara y refrescante.

– Joder, lo he puesto todo perdido. Dame un momento, voy a limpiar todo esto. – Daiki sacó su propia mano manchada de dentro del pantalón y asintió con la misma idea, sin ser consciente de que el otro no podía verle. Fue hasta el baño y se quitó la prenda que dejó en el cesto de la ropa sucia. Se lavó las manos y volvió a la cama, completamente desnudo.

– Ahora si que dormiré de un tirón. – Murmuró de nuevo al saberse escuchado. – Debería darte las gracias.

– De nada, creo. – Un poco divertido hizo un puchero penoso. Bostezó sonoramente al quedarse sin energías. – Creo que voy a soñar contigo.

– Mas te vale. – Le "amenazó" el moreno. – Buenas noches, que duermas bien.

– Igualmente, cariño. – Se sorprendió de haberlo dicho de modo tan natural. Seguramente se debía al cansancio por el vuelo y por el reciente desahogo. – ¿Mañana repetimos?

– Por supuesto. – Esperó un par de segundos antes de hablar de nuevo. – Voy a asegurarme de que no puedas hacer guarrerías con tu amante, y no puedas dejar de pensar en mi en todo el día.

– Créeme, para eso no necesitas esforzarte mucho. – Kise bostezó de nuevo, restregándose los ojos con el dorso de la mano. – Ya pienso en ti todo el tiempo... Te echo de menos y estoy deseando volver a verte.

– Yo... yo también. – Se tumbó en la cama, y lanzó un beso que Kise no pudo ver a la pantalla del teléfono. – Que descanses.

– Hasta mañana. – Y colgó para inmediatamente, dormirse después de hacerlo con una enorme sonrisa en sus labios.

…...

Kagami le miró de pie en la puerta. Se apartó para que entrase la pareja con una sonrisa y cerró con delicadeza para no despertar al bebé, que acababa de dormirse y Kuroko acomodaba en su cunita en el cuarto del matrimonio.

Takao apretaba un trozo de algodón contra el brazo, en el lugar justo por el que la doctora le había sacado sangre para analizarla.

Midorima siguió al pelirrojo a la cocina y le ayudó a preparar lo que faltara de la cena, mientras su novio iba en busca del peliceleste.

Se asomó a la habitación desde el pasillo, y le observó durante un rato, mirando a su hijo dormir con una cálida sonrisa de adoración en sus labios.

En cuanto se dio cuenta de su presencia salió del cuarto para recibirle. Los dos salieron a la terraza, donde una pequeña mesa de hierro forjado y cristal coronaba el diminuto espacio al aire libre del apartamento del matrimonio.

Kazunari se sentó después de que Kuroko lo hiciera y después de la charla inicial de cortesía, hizo la pregunta adecuada.

– Y ¿Cómo te enteraste tu?. – Señaló la futura barriga que intuía tendría en unos meses con un gesto de sus manos.

– Como tu, en las pruebas médicas del equipo. – Kuroko le dio una de las toallitas húmedas del bebé para que se refrescara el brazo del pinchazo.

– ¿Y que pasó?. – De verdad, quería saberlo.

– Taiga no estaba. La entrenadora se lo había llevado, junto con Teppei kun y Hyuga kun a un entrenamiento especial solo para los lanzadores, y no iba a volver hasta que pasara el fin de semana.

– Uff, me habría muerto si no llega a estar. – Midorima le regaló una sonrisa mientras ponía un refresco para cada uno en la mesa y acercaba su silla para sentarse también con ellos. Kagami colocó el intercomunicador en el centro de la mesa encendido, por si Kouen despertaba, y se sentó también al lado de su esposo, al que regaló un pequeño beso en los labios. Fue él quien continuó el relato donde Kuroko lo había dejado.

– La verdad es que no estaba muy a gusto en el hostal, pero Riko chan había insistido tanto que no pude quedarme. Estaba preocupado, Tetsu no se había encontrado bien los últimos días, pero el deber es el deber.

– Hasta que terminó la última clase, estuve pensando que hacer. – Kuroko le miró, sonriendo. – Podía esperar a que volvieran y decírselo, pero... no pude. En cuanto salí del instituto llamé un taxi y me presenté en el hostal.

– La entrenadora había cerrado la habitación para que nos concentráramos en el entrenamiento y dejó órdenes al personal de no dejarnos salir, a si que, solo podía verle por la ventana. Y no entendía nada, por que no podía oírle. – Tomó un trago del refresco y siguió hablando. – Estuve a punto de saltar por la ventana, te lo juro.

– ¿Y qué hiciste?. – Shitarô escuchaba igual de atento que su chico y con la misma curiosidad.

– Pues, encontré la cancha, me aseguré de que podía verme y me metí uno de los balones debajo de la camiseta. – Taiga sonrió recordando el momento en el que vio a su chico con la curva de su vientre rellena por el balón. – Su cara era para una foto y eso que estaba en el segundo piso.

– Bueno, yo me llevé un puñetazo en la cara. – Midorima dijo en un reproche.

– Ya te pedí perdón. – Hizo un puchero que fue respondido con un abrazo cariñoso. – Y te di dos... pero me asusté mucho... creí que ibas a dejarme o algo malo...

– Es normal tener miedo. – Tetsuya le palmeó el dorso de la mano, conciliador. – Ahora tienes que cuidarte mucho y tomártelo con calma.

– Si, eso haremos. – El peliverde miró dentro, al escuchar el timbre del horno que indicaba que la cena estaba lista.

Aún tenían muchas cosas que preguntar y la noche era joven.

Ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Wiiii Jelou de nuevo. Tres días ya... que largo se me ha hecho...

Bueno va despacito, pero una nueva revelación en la relación anterior de Kuroko... mua hahaha

Gracias por el apoyo, en serio.

Besitos y mordiskitos

shiga san.