Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo 16: Amor son solo cuatro letras.

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Empezó a llover.

Sentado en el incómodo banco metálico de la zona de espera de pasajeros, miró las primeras gotas azotar con violencia el cristal, para acumularse en rellenas gotas, que finalmente escurrían por el cristal en hermosos e hipnóticos regueros de los que Daiki no podía apartar la vista.

Chistó fastidiado al notar que su moto se estaba empapando, y que tendría que sentarse en el asiento chorreante con sus vaqueros nuevos.

Venir a esperarle por sorpresa ya no le parecía tan buena idea. Con lo bien que estaría en su casita, con su cómodo y desgastado pijama, perdiendo el tiempo cambiando sin sentido de canal, viendo todo y nada al mismo tiempo...

Un par de días antes, el padre de Kise había ido a buscarle al entrenamiento de su instituto.

Decir que no se había sorprendido sería mentir vilmente.

Y decir que el resto de la tarde no había sido de lo mas raro, también sería una mentira como una casa de grande.

Sentado en el sofá de la casa de sus padres, Daiki no sabía donde mirar, donde poner las manos, hasta para respirar tenía dudas. Cuando las hermanas de Kise le "escoltaron" en el asiento, tuvo verdaderas ganas de salir corriendo; muy muy deprisa... y sin mirar atrás.

Se sorprendió cuando la pantalla de cine bajó del techo, oculta tras un pequeño saliente, y también cuando la madre del rubio apareció con palomitas, una bandeja de guarrerías de lo mas insano y un montón de bebida. Toda la familia del rubio estaba en ese salón. Sin reproches, sin miradas hirientes, sin comentarios punzantes... solo una tarde en familia.

Sentados y tranquilos, la retransmisión vía satélite del desfile le sorprendió. Daiki descubrió que la familia se reunía siempre que Kise trabajaba fuera, y disfrutaban de ello como si fuera la entrega de los Oscar o alguno de esos concursos anuales... solo que esta vez si que podían decir que era algo personal y lo disfrutaban en familia, todos juntos.

Invitarle a él, era aceptarle como un miembro mas de su alocada familia.

La pasarela, iluminada con un potente foco blanco cegador era lo único que se veía en el centro de la pantalla. La música, últimos éxitos conocidos, daba la bienvenida a los que , elegidos divinos y personalidades importantes, llenaban el recinto del desfile. Los grandes diseñadores en primerísimas filas, posaban casuales, disimulando el hecho de que tenían una cámara de televisión a la altura de la oreja, hablando interesados con los periodistas, presentando sus creaciones como si la cosa no fuera realmente con ellos.

La familia de Kise se pasaba los recipientes con comida y las bebidas por encima de las cabezas, enredando los brazos y dándose alguno que otro codazo. Daiki pasaba la comida cuando llegaba a sus manos, sin mirar si alguien la había pedido. Las mujeres hablaban a gritos, sin orden ni sentido.

El único que permanecía con cierta dignidad, era el padre del chico, que seguía la pantalla, serio y a un lado.

La pasarela quedó a oscuras tras un fundido negro y el silencio llenó todo. Tanto el recinto del desfile como el domicilio del jugador quedaron sumidos en una especie de pausa.

La luz, al ritmo tenue de la música empezó a subir, presentando a las primeras chicas enfundadas en imposibles diseños, vistosos y originales, que andaban a paso firme y decidido unas tras otras.

– Papá, ¿Lo estás grabando?. – El hombre asintió. – Riri sale el cuarto de los chicos.

– ¿Del primer diseñador?. – La madre agitó el programa del desfile donde se podía ver una docena de desfiles para el mismo día. – Lo mismo sale en otro...

– Sale en todos mamá, que no te enteras. – La hermana mayor, habló en tono borde.

– Callaros de una vez, que el que no me entero soy yo. – Gritó el padre del rubio desde su sitio.

– ¿Y que tienen que ver los oídos con los ojos?, puedes mirar y escuchar al mismo tiempo, querido...

Daiki seguía la "pelea" con una sonrisa pequeñita en sus labios.

– ¡Ahí está!. – La hermanita pequeña se puso de pie sobre los cojines del sofá, con los zapatos y todo.

Aomime se quedó de piedra. Era la primera vez que le veía así. Conocía al Kise jugador, al divertido, al modelo fotográfico... pero esta faceta suya le era totalmente desconocida y sorprendente. Era una versión divina e inalcanzable del Kise Ryota que el frecuentaba.

Ciertamente era el cuarto de los chicos. Los modelos anteriores a él eran guapísimos, pero Ryota tenía algo exótico y salvaje que le hacía brillar muy por encima del resto. Y Daiki extendió la sonrisa hasta el límite al darse cuenta.

Kise era su novio... Su, novio. Suyo...

Ahora no le parecía tan mala idea que el rubio le "hubiera obligado" a salir con él.

Sin darse cuenta el moreno había ido escurriéndose hasta el borde del asiento, según Kise iba acercándose al borde de la pasarela mas cercana a la cámara central. Era imposible no perderse en esos ojos dorados que miraban directamente al objetivo, desafiantes. Sabiendo que era terriblemente hermoso, el que más. Seguro de si mismo, hizo un par de poses mil veces ensayadas y girando sobre uno de sus talones, siguió la fila de modelos para perderse tras las bambalinas.

Durante el resto de la tarde, Kise fue vestido y maquillado de mil maneras distintas y él ni se dio cuenta de se había integrado totalmente en la familia, hasta el punto, de que le faltaba el pelo rubio para ser uno mas. Gritaba y tironeaba de la comida igual que las hermanas del rubio, y daba codazos, y tiraba indirectas...

Y sin darse cuenta, todo era tan normal, tan cotidiano, que se sintió a gusto, tranquilo... en familia...

"Informamos a los señores usuarios que el vuelo procedente de Nueva York acaba de aterrizar en la pista número tres. Lamentamos el retraso producido por motivos ajenos a la compañía y les rogamos tengan paciencia mientras los pasajeros recogen su equipaje y superan los controles rutinarios de seguridad. Muchas gracias."

Se ajustó la gorra sobre las orejas y se removió en el incómodo asiento. Tenia el trasero congelado y dolorido... seguía sin parecerle buena idea estar ahí. Kise vendría cansado, y con ganas de ver a su familia. ¿Qué demonios hacía perdiendo el tiempo ahí, como un soberano gilipollas?.

Suspiró derrotado y se levantó de un salto, colocando el casco en el codo, mecánicamente.

A lo lejos, tras un grueso cristal le vio salir corriendo, apartando al gente con una sonrisa de disculpa en su cansado rostro. Aomine subió por la pasarela transparente a la segunda planta para verle mejor.

Kise esperaba delante de la cinta que mareaba las maletas con un tembleque nervioso, dando saltitos de lo mas gracioso, como un niño que se hace pis y no quiere decirle nada a su madre.

Por fin, su maleta apareció. La arrancó de un fuerte tirón de la cinta y la arrastró tras él aferrada por el asa, a tal velocidad que las ruedas no tocaban el suelo. Kise se puso las gafas de sol y encendió el móvil en cuanto comprobaron su pasaporte y documentación.

La camiseta raída de algodón blanco estaba arrugada por la espalda al igual que sus vaqueros azul claro por las rodillas y las caderas, demostrando la burrada de horas que había pasado sentado en la misma postura dentro del avión.

Daiki le siguió con la mirada hasta la zona en la que él había estado antes y le vio trastear con el móvil. Dejó la maleta sobre el banco metálico y se pegó el teléfono a la oreja. Le vio hablando, seguro que con su madre, por los pucheros que estaba haciendo, y los aspavientos que gesticulaba con el brazo libre.

Después de unos minutos que al moreno se le hicieron eternos, le vio sentarse de nuevo junto a la maleta, darse la vuelta, mirar la calle, donde aún seguía lloviendo, y volver a acercar el teléfono a su oreja.

Esta vez, el de Daiki vibró en su bolsillo y lo abrió para contestar en la mitad del primer tono, sonriendo.

– Hola guapo, acabo de llegar. – Suspiró, derrotado. – Bueno, justo ahora no, llevo un rato, la maleta ha tardado en salir y he llamado a mis padres...

– ¿Qué tal el viaje?. – Vio a Kise sonreír al escucharle.

– Cansado, aburrido... quiero jugar un partido, o dos... jejeje, verte. Ver a Kou kun, a los demás... bueno, recuperar mi vida... Sé que es muy tarde, pero me gustaría verte. – Apartó el teléfono para ver la hora y lo regresó a sus labios de nuevo.

– Es muy tarde. Mañana. – El rubio hundió los hombros...

– P-pero... solo un momento... verte nada mas, lo prometo. – Hizo un puchero que le arrancó una sonrisa. – Tengo muchas, muchísimas ganas de verte... por favor.

– ¿Muchas?. – Se apoyó en la barandilla con uno de los brazos, mirándole directamente.

– ...muchísimas... – Se giró mirando la calle. Frunció el ceño y apretó los labios enfurruñado como un niño pequeño. – ¿Estás en el aeropuerto?

– ¿Porqué lo preguntas, Kise?. – Le vio mirar alrededor, buscándole con la mirada nervioso, sin soltar la maleta de entre sus dedos.

– Por que estoy viendo tu moto... y no me digas que hay muchas iguales a la tuya, conozco tu matrícula y … – Justo en mitad de la frase la llamada se cortó.

Intentó re-llamar un par de veces, pero la autómata de la compañía telefónica, le informaba todas las veces de que el número al que intentaba llamar, se encontraba desconectado o fuera de cobertura.

Siguió buscándole hasta que entró un mensaje en su móvil.

"Vaya pintas". Kise se alisó la ropa con las manos, tratando de planchar las prendas, inútilmente

" ¿dnd sts?".Daiki convino que ya había alargado el encuentro lo suficiente.

"arriba". Kise levantó la vista y le vio al instante, sonriéndole divertido.

Aomine le vió subir la escalera a saltos, superando los escalones de tres en tres, con la maleta botando contra ellos, haciendo el sonido de un traqueteo a intervalos.

En cuanto pisó el último escalón corrió con todas sus ganas. Soltó la pobre y maltratada maleta con sus pertenencias contra el suelo y se aferró a él como un naufrago a un tronco flotante.

Debía acostumbrarse a que su relación sería de ese modo. Que esos encuentros iban a repetirse infinidad de veces...

Pero convino que solo por ese instante, en el que le tenía abrazado, por fin, sin importarle nada mas que eso, merecía la pena todos y cada uno de los minutos que había pasado esperándole ahí.

– Vamos a tu casa, ahora. – Kise ordenó, tirano.

– Has dicho que solo querías verme un momento. – Daiki le besó sin importarle ni un poco donde estaban, ni que existía la remota posibilidad, de que alguien pudiera sacarles una foto...

– Te mentí, denúnciame. – Alargó el beso enroscando sus lagos brazos alrededor del cuello de su novio. – Te he echado muchśiisisisisisisisiisiismo de menos. – Beso, beso, beso. – De verdad.

– Lo sé... yo también. – Le apartó con cuidado, tomando la maleta del suelo y enroscando sus dedos con los del rubio modelo.

Salieron a la lluvia, ahora cayendo con ganas, y Daiki ató la maleta de su novio a la zona tras el asiento destinada al equipaje y abrió el asiento para sacar el otro casco.

Kise se aferró a él antes de que arrancase la moto, tocando con su casco el del moreno en un toque leve.

Cuando sintió el motor en marcha, para él fue como una canción largamente esperada.

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Kuroko estudió su cara desde la cancha, acariciando el balón bajo su camiseta, posando las manos a dos alturas. Si no lo entendía con eso, tendría que buscar un cartón o algo grande donde escribirlo.

Vio a Kagami girarse, discutir a gritos con la entrenadora. Teppei sujetándole con los brazos bajo sus axilas y Hyuga intentando por todos los medios que la ventana siguiera cerrada.

Riko salió y le mandó de inmediato un mensaje al chico sombra.

"Bonita manera de desconcentrarme a los jugadores. Voy a matarte Kuroko kun"

Decir que cuando terminó el fin de semana Kagami estuvo a punto de volver corriendo desde el hostal era quedarse corto.

Kazunari les escuchaba atento. La cena aún humeaba en el centro de la mesa, a la espera de ser repartida, pero tendrían que esperar unos minutos. Taiga había ido un momento a ver al bebé, y volvía enseguida.

– ¿Y que pensaste?. – Midorima preguntó al papá cuando se sentó de nuevo a la mesa.

– Pues no sé... estaba muy contento, no llevábamos nada casados. Y ya íbamos a ser padres... no me lo esperaba, la verdad es que estaba concentrado en la liga y eso... luego vino todo el mal rollo... pero al principio estaba muy feliz. – Empezó a cortar la carne y a repartirla en los platos.

– ¿Porqué dices lo del mal rollo?. – Takao pinchó un trozo que degustó complacido.

– Ya sabes, todo el mundo se cree con derecho a dar su opinión, aunque no se la hayas pedido tu. Y tienen la necesidad de contarte todo lo que les fue mal a ellos... eso deprime. – Taiga negó.

– Ya hemos tenido unas cuantas conversaciones de esas. – Shintarô le dio la razón. – Y eso que aún ni se nota... no quiero ni pensar que pasará cuando sea evidente. – La mano de su chico le acarició el muslo, despacito.

– Recuerdo esos días también. – Kagami dibujó una preciosa sonrisa. – Le miraba dormir, pensando en que ahí, dentro de él, crecía mi bebé. Y como cada día se volvía mas y mas hermoso... Ahora también eres muy guapo, pero entonces era mágico...

– Como un acosador. – Tetsu murmuró entre dientes, divertido. – Tu solo, mantén la calma. – El peliceleste le dijo directamente al moreno, que asintió al consejo. – Come cuando tengas hambre, duerme cuando estés cansado y no pares de sonreír... piensa que lo haces por tu pequeño, y todo será mucho mas sencillo.

– Cuenta con nosotros para lo que necesites. – Les miró feliz. – Para lo que necesitéis los dos.

– Pues guarda las cosas de Kouen que se le vayan quedando pequeñas... las necesitaremos. – Una muy buena observación.

– Claro, sin problema. – Taiga se levantó, antes de que Tetsuya lo hiciera, y empezó a recoger los platos unos sobre otros. – ¿Postre?.

Por supuesto que si... y mas desde que había visto la enorme tarta de chocolate de la cocina.

El pelirrojo regresó de la cocina con el móvil de su esposo en el bolsillo del delantal. Puso los platitos de postre y se lo pasó.

– Estaba sonando, creo que tienes un mensaje. Podría ser importante. – Se lo puso en la mano.

Tetsuya lo leyó, serio. Le dió a respuesta y después de mirar a su marido unos segundos, escribió a toda velocidad la respuesta con unas pocas palabras.

"Vale, allí estaré".

oooo-oooo

Las manos de Kise apretaban sus costillas con fuerza en cada curva. Por fin la máquina se detuvo, y al quitarse el casco se dio cuenta de que no estaban en casa de ninguno de ellos.

– ¿Porqué me has traído aquí?... Creí que íbamos a … – Kise le miró confuso.

– Para echar un polvo tenemos tiempo de sobra, pero tus padres te han extrañado. Ve a verlos, anda. – Se bajó para guardar el casco en el compartimento oculto bajo el asiento y soltó la maleta del rubio para devolvérsela. Apretó la mano en el asa de la maleta hasta que se aseguró de que su novio la sujetaría por su cuenta, y agarrando su nuca en una caricia, le dio un beso en los labios y otro en la frente.

Se subió a la moto y le acarició el brazo antes de ponerse el casco y alejarse sin darle tiempo a protestar.

Kise sintió la mano de su madre en el antebrazo al rato, mientras seguía mirando el lugar por el que Aomine se había ido.

– Venga, pasa, que está lloviendo. ¿Tienes hambre?. – La mujer rubia condujo a su hijo al interior de la casa. – Seguro que has estado comiendo mierdas en el avión...

...y Kise sonrió, al darse cuenta de que tenía un novio maravilloso... aunque le dejara sin mimitos.

…..

Daiki cerró tras él y fue a su cuarto sin encender ninguna luz. Abrió el cajón y rebuscó entre las cosas que ahí había. Al encontrar la copia de las llaves de su apartamento se quedó mirando el llavero sorprendido.

Encendió la lámpara de la mesilla para verlo mejor, por que con la que entraba por la ventana no estaba muy seguro. Si justo era lo que pensaba.

Las llaves de su apartamento que el mismo regaló a Kuroko cuando empezaron a salir. Sacó el llavero, dejando las llaves a un lado y lo sostuvo sobre la palma.

Era un estúpido pingüino azul, mas feo y rechoncho … pero a Testuya le hizo gracia y lo sacó de una de esas máquinas de pinzas después de gastar la paga de uno de sus trabajos en monedas para que lo tuviera.

Daiki chistó, molesto. No supo en que momento dejó de hacer esas cosas por Kuroko. Era su novio, lo natural es querer que sea feliz, verle sonreír...

Las últimas palabras que le dijo regresaron a él como un golpe en la entrepierna, recordándole el final de algo que empezó siendo maravilloso.

"... Voy a buscar a alguien que no esté lloriqueando como una nenaza mientras me lo follo... no quiero verte aquí cuando vuelva... ya no te necesito... – Se pasó la mano por la cara al recordar la mirada vacía del peliceleste, confuso. Sus lágrimas manchando su cara... las marcas rojas en su blanca piel, por todas las partes que su abrasadora piel morena había tocado... la sangre... eso también se quedó grabado en su mente... – Cuando vuelva si encuentro algo tuyo lo tiraré a la basura... no quiero verte mas. Devuélveme las llaves y pírate de una puta vez".

Suspiró y tomó el teléfono entre los dedos.

Si quería empezar un capítulo, tenía que cerrar otro, y este era tan buen momento como otro cualquiera.

" Me gustaría hablar contigo, a solas. Mañana por la mañana, a las 10 en la cancha del parque. Daiki"...

Buscó entre los contactos y lo envió a nombre de Kuroko.

Minutos después le llegó la respuesta.

"Vale, allí estaré".

…..

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Halejop, tres días mas.

Ya va saliendo el pasado, mua hahaha... y capítulos que se van cerrando.

¿Boda MidoTaka?... Y ¿Leer la boda de Kagakuro?...¿A quien Ukeo en el Aoki/Kiao...? ¿Boda Aokiiiiiii? ¿Bebé rubitoooo? Ay, ay ay ay ay... dios mido, bullen las ideas jajajaja

Gracias por seguir ahí, aunque sois menos cada vez... ( Sigh)...

Besitos y mordiskitos

Shiga san.