Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo 17:Velar tu sueño.

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Taiga tenía razón. Midorima llevaba días mirándole dormir, sin mas. Imaginando a su pequeño bebé creciendo lentamente en el cálido vientre de su mami.

De repente, su mundo, sarcástico y cruel, se había expandido hasta límites insospechados.

Kazunari había entrado en él despacio, casi sin querer. Como un lento pero ligero riachuelo de lava ardiente. Primero fueron sus miradas, desafiantes.

Y sus palabras con doble sentido... pero Shin se dio cuenta de que jugando era como mejor se expresaba... y los roces, los jadeos propios del juego; sus sonrisas... ahhh si, eso era lo mejor de Takao.

Sus profundos ojos azules, y esa preciosa sonrisa que iluminaba su persona al completo.

El moreno se re-colocó durante el sueño ajeno al escrutinio de su novio.

Debería pasar al siguiente nivel. Ahora que sus padres conocían la noticia, y que su vida era mas o menos tranquila, formalizar su relación no le parecía tan mala idea.

Midorima suspiró. Mejor esperar un poco... Hablaría con Akashi primero... y con sus padres... y con los padres de Takao... y con...

Mientras le observaba dormir, mirada cándida, tranquila y enamorada, la lista de personas a las que quería consultar se iba haciendo mas y mas larga... al igual que la lista de puntos en contra...

Kazunari llevó su mano al vientre, en un gesto tan adorable que le arrancó una dulce sonrisa a su novio.

A la mierda con todo. No necesitaba el permiso de nadie para eso.

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Número dos esperaba sentado en la entrada. Su cola oscilaba con fuerza a los lados a cada poco, impaciente.

Kuroko cepillaba sus dientes, medio dormido. Madrugar el sábado no entraba en sus planes, pero tenía una cita que, sinceramente, no esperaba tan pronto. Supuso que esa conversación que tenían pendiente surgiría mucho mas adelante, cuando Daiki y Kise fueran mucho mas en serio.

Apenas acababan de empezar a salir... Escupió la espuma formada por la pasta dentífrica en su boca y se miró al espejo.

Taiga le miró en el reflejo, sonriendo.

Kuroko se puso de puntillas, tras darse la vuelta, para darle el primer beso del día.

El pelirrojo le levantó con un solo brazo de la cintura, mientras se besaban, hasta que su pequeño esposo se agarró con sus propias fuerzas de su cuello, con los dos brazos.

– ¿Quieres que vayamos contigo?. – Dejó que volviera al nivel del suelo, y tras remojarse la punta de los dedos en un hilito de agua del grifo, intentó, sin mucho éxito, bajar las puntas rebeldes del peli-celeste, que se empeñaban en permanecer puntiagudas en el lugar equivocado.

– Gracias, pero ya me llevo a Número dos de escolta. – Taiga se asomó al pasillo, donde el perro se limpiaba las partes nobles en una postura muy graciosa, que le arrancó una sonrisa llena.

– Si bueno, como perro guardián no tiene precio. – Kuroko se asomó del mismo modo, por el hueco en la cintura de su esposo y soltó una risita al verle limpiándose y mirarle al sentirse observado con la lengua completamente fuera.

Kouen protestó desde su cunita y Taiga le besó de nuevo en los labios, antes de seguir su camino hasta la cocina para preparar el desayuno del pequeño, que es a donde iba cuando vio a su chico inclinado sobre el lavabo en una, por que no decirlo, incitante postura.

Delante del armario Kuroko dudó que ponerse. Habían quedado en la cancha del parque, llevaría la pelota, unas canastas le ayudarían a relajarse. Ropa de deporte sería una buena opción... la verdad es que tampoco tenía mucha ropa de otro tipo.

Suspiró sonoramente.

Desvió la mirada a la cuna, donde el niño manoteaba al aire despierto, con los ojos abiertos y fijos en el móvil de nubes sobre su cabeza.

Se vistió en medio minuto y aprovechó mientras el papá se ocupaba del desayuno para vestir al bebé y así estar con él un poquito mas.

Desde que habían empezado los entrenamientos, su tiempo con el niño se había reducido una barbaridad. Por la mañana estaba en la guardería, mientras sus padres estaban en clase. A medio día se escapaba un par de horas para estar con él y por la tarde entrenamiento, tres o cuatro horas, dependiendo de la entrenadora.

Y para un día que puede pasarlo entero con el niño, Daiki tiene ganas de hablar. Estupendo.

Suspiro.

Vale, la verdad es que estaba un poquito, muy poquito nervioso. No quería hacerlo, quedarse a solas con él, no era algo que quisiera hacer... pero muy en el fondo Kuroko sabía que era necesario.

Que para él también era una buena oportunidad de cerrar esa puerta para siempre. Esa herida necesitaba ser curada, aunque el fingiera que no pasaba nada.

Kagami había cuidado de él, cultivado su amor con cuidado, cariño e infinitas dosis de paciencia, y eso que a simple vista nadie lo diría del pelirrojo; solo Kuroko conocía al verdadero Kagami. Al dulce y atento, al enamorado y amoroso padre... ese Kagami era solo para él, y lo sabía.

Era por él que iba a hacer esto.

– ¿Estás seguro de que quieres ir solo?. – Kagami tomó al bebé de los brazos de su madre y le enchufó el biberón después de ponerle el babero sin atarlo. – Llévate el móvil, por si acaso. – Le miró un segundo, preocupación en sus ojos de fuego. – Si pasa algo... bueno, tu solo llama, y estaré ahí antes de que puedas echarme de menos.

– No va a pasarme nada. – Se acercó, besó sus labios un par de veces, y su mejilla, con una sonrisa. Acarició al niño, que protestó al ver interrumpida su comida. – Te quiero.

– Yo también... nosotros, los dos , te queremos. – Tomó la pequeña manita del niño y la agitó en una despedida graciosa.

Aunque en un principio había pensado llevarse al perro, al final desistió. Se guardó las llaves y el móvil en el bolsillo frontal de la sudadera y tomó uno de los balones, que sujetó bajo la axila en un gesto mecánico.

El parque por la mañana estaba habitado por deportistas en su mayoría; corredores, ciclistas y paseadores de perros. En la cancha reinaba la calma.

Kuroko miró a los lados, solo para comprobar que seguía estando solo. Miró la hora en el móvil, aún faltaban quince minutos, tiempo suficiente como para echarse unas canastas tranquilas él solo.

De pie a una distancia prudencial lanzó. El balón botó en la tabla trasera y entró limpiamente en el aro. Lo hizo una segunda vez, con el mismo resultado, una canasta limpia y rápida.

Sonrió a su logro feliz. Kagami era un buen profesor, estricto y maniático, pero encestaba que era lo que a él le importaba.

Intentó hacer lo mismo corriendo. Era mucho mas difícil encestar en movimiento, pero aún así, el primer lanzamiento entró sin problemas.

Parado en la línea de tres puntos, Kuroko botó un par de veces mas de la cuenta. Lanzó con demasiada fuerza, haciendo el balón botar hasta sus manos de nuevo.

El siguiente lanzamiento, idéntico, acabó en las manos de Daiki, al otro lado de la línea de tres puntos.

– No está mal para ser tu quien lanza. – Aomine lanzó desde el sitio, encestando sin rozar el aro. – pero si quieres que entre, dobla un poco las rodillas y deja fluir la energía hasta las muñecas... tus brazos están demasiado tensos... y quita tus ojos del balón, ponlos en el objetivo... nunca pierdas de vista a donde quieres mandar la pelota...

Kuroko le escuchó en silencio y fue por la pelota, para volver al punto inicial.

Siguiendo los consejos del moreno, encestó, hizo una sonrisa satisfecho y señaló el banco a un lado de la mini cancha para que se sentaran ahí.

– Creí que no vendrías. – Daiki murmuró sentándose a un lado. También había elegido ropa de deporte y traído su propio balón.

– Estoy aquí. – Le miró de reojo un segundo, antes de ponerse a rodar su balón entre las zapatillas, separadas unos centímetros entre ellas, sentado en el borde del banco.

– Encontré esto. – Lanzó una cosa desde su bolsillo que Kuroko atrapó al vuelo. – Yo... lo siento... me comporté como un gilipollas...

– ¡vaya! Creí que lo habrías tirado. – Apretó con dos de sus dedos el llavero de pingüino regordete, haciéndolo sonar. Una nostálgica sonrisa salió a relucir.

El silencio entre ellos se podía cortar con un cuchillo de lo denso que era. Aomine le miraba directamente, mientras el otro lo hacía de reojo, tenso como la cuerda de un piano.

– Estás muy bien... me refiero a que has recuperado tu linea y eso, en poco tiempo. – chasqueó la lengua, por lo idiota que debía parecer diciendo eso.

– ¿Qué quieres de mi, Daiki?. – Murmuró en voz baja con la mirada puesta en el pingüino de juguete. – Ya te dije que te perdonaba.

– Lo dijiste, pero ambos sabemos que no es verdad. – Arrastró el trasero por la superficie del banco para acercarse, aunque no lo hizo del todo al notar como el peliceleste se tensaba por el gesto.

Aún le temía.

Daiki se arrodilló frente a él, inclinándose hacia delante, posando su frente en el balón entre las zapatillas del mas bajito.

Kuroko se sorprendió y avanzó la mano, dedos temblorosos, hasta el cabello moreno. Miró su mano, el anillo centelleando en su dedo. El anillo de su boda... ese pedazo de metal que Taiga había deslizado por su dedo, una muestra mas del infinito amor que le profesaba en una entrega absoluta.

– Lo siento, de verdad Tetsu. – Sin levantar la cabeza habló evitando su mirada. – Lo que te hice no tiene perdón, lo sé... pero yo... no se lo dijiste a nadie... ¿Porqué?.

– Te quería... aún te quiero, no he dejado de hacerlo. – Daiki levantó la cabeza para mirarle, de rodillas frente a él. La mano de Kuroko quedó suspendida en el aire unos segundos, antes de posarse en su hombro y quedarse ahí, simplemente posada. – Y precisamente por que te quiero, me dolió tanto. La culpa fue mía, esperé demasiado de lo nuestro.

– Eso no es verdad. – Negó, sin dejar de mirarle. – Te aparté de mi lado cuando no te necesité, sin importarme tus sentimientos... y cuando ya no pudiste soportarlo mas y me dijiste que te ibas de mi lado, yo te... – Kuroko tapó sus labios con la mano, aún temblorosa. La apartó al instante.

– Todo eso no importa, es pasado. – Kuroko agarró la camiseta de algodón negro del moreno y tiró de ella, para obligarle a levantarse y sentarse a su lado. En un gesto que le pilló totalmente con la guardia bajada, entrelazó sus dedos con los de la mano contraria. – No voy a decir que todo está bien, aún te temo. Mira mis manos... pero Taiga me encontró, o yo lo encontré a él, eso es lo de menos. Lo nuestro es real, está ahí. No queremos de igual a igual... solo te deseo lo mismo.

– ¿Le contaste a Kagami … – Apartó la mirada, avergonzado...

– ... no, no se lo he dicho... solo lo sabe Akashi... no quiero hacerle daño, es mejor así. No necesita preocuparse por algo del pasado, que ya está superado. – Aunque decía eso, sus manos, su lenguaje corporal, todo, apuntaba a que aún temía a Daiki. – ¿Quieres a Kise kun?. ¿Es por él que quieres mi perdón?.

El silencio entre ambos se prolongó unos minutos.

– Quiero hacerlo. – La respuesta de Daiki surgió entre sus labios como un susurro. – Quiero darle una oportunidad... – Le miró solo para descubrir que Kuroko le sonreía dulcemente. – Quiero darme una oportunidad a mi mismo... ¿Es posible o estoy pidiendo un imposible?

– Eso solo puedes saberlo tu. – Le dio la espalda un momento, botando la pelota junto a su pies. – Esto es un adiós, Daiki. Lo nuestro queda enterrado en el pasado. Soy muy feliz, Taiga me ama, adora a nuestro pequeño, y yo a él del mismo modo... No le digas que te lo he contado yo, pero Kise kun te quiere... no lo intentes, quiérelo con todo lo que eres... No basta con intentarlo, tienes que conseguirlo, quiero que lo consigas... – Suspiró mirándole un segundo. – En el fondo creo que lo único que te pasa es que temes que hagan a ti lo que tu me hiciste a mi...

– ¿Entonces eso en que nos deja?. – Se puso a su lado, intentando sin éxito quitarle la pelota. Kagami le estaba enseñando demasiado bien. Si seguía así Kuroko sería un jugador temible.

– Pues... En que somos amigos. – Le hizo una finta y lanzó desde tres puntos. Daiki saltó e interceptó la pelota sin esfuerzo alguno. Lanzó él, encestando con una sonrisita divertida.

– Eres un maldito abusón. – Recogió la pelota y la botó una docena de veces, mirándole. Suspiró extrañamente aliviado, como si un enorme peso hubiese desaparecido de sus hombros de repente.

– La culpa es tuya, eres un enano. – Alargó la mano, dos, tres veces, sin poder robar el balón de los dedos contrarios.

Kuroko se paró, aferrando la pelota con las dos manos. Le miró, de pie, tranquilo. Descubrió que sus dedos ya no temblaban, que su pulso era el normal debido al ejercicio, y que su mente solo tenía espacio para su pequeño Kouen y sus infinitas ganas de volver a su hogar, y besar a Kagami hasta que le fallaran las rodillas y sus pulmones clamaran por oxígeno.

Y entonces lo comprendió en toda su inmensidad.

Daiki se quedó de piedra ante su sonrisa. Kuroko alargó la mano, posándola en su mejilla, y le dio un corto beso en los labios. Justo después se dio la vuelta.

– Tienes que dejar de hacer eso. – Aomine no entendió del todo la frase. – Si sigues teniendo miedo no serás feliz nunca.

– No digas tonterías. Yo no tengo miedo. – Orgulloso le miró con superioridad.

– Si lo tienes, si no no buscarías mi permiso. – Kuroko se giró de nuevo, con una sonrisa mas grande que la primera. – Solo dile a Kise kun la verdad, y todo saldrá bien... Dile que le quieres, y ya verás... lleva tiempo esperando esas palabras.

– P-pero que... – Suspiró, tomando su pelota del suelo, sonriendo al entender todo. Kuroko no solo le perdonaba, le daba su amistad desinteresada y le empujaba a ser feliz junto al rubio modelo. – Gracias.

– No hay de que. – Señaló el paseo con la cabeza, para indicarle que él volvía a su casa. – La próxima vez que nos enfrentemos te daré una paliza...en la cancha, Aho-mine.

– Me encantará ver como lo intentas... El enano y Bakagami... una bonita pareja. – Agitó la mano para despedirse de él.

"¿Te apetece un uno contra uno?. Estoy en la cancha del parque, tengo balón y te echo de menos. Bss"

Aomine guardó el móvil justo después de enviarle el mensaje a su chico, al que tenía unas ganas locas de ver.

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Calor.

Abrasador, pegajoso, húmedo... resbalando por su piel hasta las sábanas.

Kise se retorció en el colchón, enredando la tela que le cubría en sus largas piernas. Una sensación extraña, mucho mas cálida y abrasadora que el propio calor se instaló en su vientre, arrancándole un profundo gemido que surgió desde lo mas hondo de su cuerpo.

Apartó a patadas la tela que le impedía separar sus piernas hasta el límite, exponerse en su totalidad. Liberados sus miembros, sus manos traviesas, ávidas viajaron hasta la fuente del calor que le estaba volviendo loco. Sus dedos se enredaron en el suave cabello moreno de la cabeza que jugueteaba entre sus piernas.

Mordió sus labios, con cuidado, un lamento enredado en esos eróticos labios, pidiendo un poco mas, solo un poco.

Daiki dibujó un reguero de besos desde su cadera, rodeando el pequeño ombligo, recorriendo con sus manos el mismo camino ascendente por sus muslos, hasta hacerle contraer los músculos del abdomen.

Un gemido, dos, mil de ellos. Inconscientes, moviendo su cuerpo en busca del placer sin que el lo gobernara.

Kise estiró el mentón, ofreciendo el cuello a su ávido amante, que no tardó ni un segundo en morderlo con la boca abierta. Esparciendo saliva por toda la piel que encontraba, bebió de sus labios, succionando la lengua, atraiéndola a su boca, donde la mordió con cuidado.

El calor, otra vez. Sus caderas buscando un alivio, un roce, un toque desesperado.

Las morenas piernas rodeando sus pálidas caderas. Se sintió engullido por el cuerpo contrario, preso del peso del moreno, que sentado sobre sus caderas, bailaba al son de una canción que solo él podía escuchar. Su boca secuestrada por la contraria, no le dejaba hablar ni para pedir rescate.

Sus manos viajaron por el cuerpo contrario, tocando sin saber donde, sin querer pensar en nada, sin poder pensar en nada coherente.

Daiki se inclinó un poco mas sobre él, apretándose contra su abdomen, frotándose con el liso y fibroso vientre, moviéndose contra el rubio con la misma desesperación, el mismo ansia, el mismo deseo.

Un sucio y erótico lamento salió de sus labios violentados cuando el placer le llevó tan arriba que solo le quedaba dejarse caer sin mas.

Aferró las caderas morenas contra las suyas, fuerte, muy muy fuerte.

¡Oh si!... dios mío...

pii, pii.. el sonido del mensaje entrante le arrancó del sueño por las malas.

Kise chistó fastidiado, mirando con desdén la húmeda mancha en las sábanas.

Desbloqueó el móvil y miró el mensajito de los cojones que le había jorobado el sueño tan estupendo que estaba teniendo.

"¿Te apetece un uno contra uno?. Estoy en la cancha del parque, tengo balón y te echo de menos. Bss"

Estalló en carcajadas... Bien, un partido mañanero estaría bien... pero antes tenía que hacer algo que había estado pensando durante su viaje alejado de su novio.

Llamó a Akashi, y después a Kasamatsu para contarles la idea que había tenido. A los dos les pareció bien, y se ofrecieron para buscar al mayor número de gente posible. Ahora solo quedaba encontrar alguien que entretuviera a Daiki mientras lo preparaban todo...

Momoi chan sonó como una buena opción en su mente.

Si, la peli rosa le mantendría ocupado mientras Kise organizaba una sorpresa que esperaba, a Daiki, le dejara claro que el rubio le quería, y lo hacía de verdad.

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Re kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Tres días yaaaaaaaaaa...

Cada vez se me hace mas cortitooo y con vuestros mensajes muchisisisisimo mas.

Gracias por el apoyo nenas, os super lovio.

Espero que el cap new os guste.

Nos leemos en tres días, ¿Nee?

Besitos y mordiskitos

Shiga san