Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 20: Solo admite que me quieres.
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Midorima sacó la cajita de terciopelo negro con los anillos, y la posó con cierta ceremonia frente a él. Taiga le palmeó en un hombro para captar su atención.
– Es todo nuevo. – Una muy dulce sonrisa salió sin que el pudiera hacer nada. – Y se lo que se siente.
– ¿Con Kuroko era igual?, quiero decir, los cambios de humor, que no pueda dormir, comer cosas raras... ya sabes... – Suspiro derrotado. – Muchas veces no sé que hacer para ayudarle... me siento tan...
– Si, es una mierda. Lo peor de todo es que te sientes como mirando tu propia vida sin poder hacer nada. Él está ahí, pasándolo mal, y solo puedes mirar... bueno estar ahí, darle tu apoyo, pero …merece la pena, en serio. Al final del camino, mirarás a tu pequeño bebé, y ahh, todo tendrá sentido.
– Tu lo tienes fácil, incluso al principio, Kuroko y tu ya os queríais lo bastante como para casaros... – Suspiró cansado. – Siento que solo me ponen trabas por todas partes.
– Eso no es verdad. – Taiga le miró sonriendo. Era cierto que ahora estaba completamente tranquilo, pero no siempre fue así. – Al principio me costó mucho llegar hasta Tetsuya... y cuando le pedí matrimonio, tardó dos días en responder...
– ¿Dos d-d-dias?. – Midorima tragó sonoramente.
– Casi me da un ataque de esperar... y encima tenía que verle en clase …
…...
Su vista estaba fija en la linea oscura de la manga de la camisa del uniforme del instituto. El día anterior había pasado todas las horas de clase, incluso las de descanso en la azotea, con la mirada fija en Kuroko, esperando que de un momento a otro se volviera y le dijera el tan escuchado: Tenemos que hablar, a solas.
Esperaba que le dijera que era una locura, que aún eran estudiantes de instituto, y dependían de sus diminutas asignaciones para vivir... y sus precarios trabajos por horas que apenas daban para cubrir los gastos básicos del día a día.
Una boda, por muy barata que quisieran hacerla, tenía su despilfarro de dinero...eso ya era una razón bastante gorda como para que se negara.
Pero... no tenía muy claro si llegaría a tomarse bien una negativa. Simplemente no lo había pensado, punto.
Pero la posibilidad de que Kuroko le dijera que no, estaba ahí, como un ente vivo, a la espera para saltar y devorarle por completo.
La clase seguía a su alrededor, mientras él tenía la mirada enfocada en la esquinita justo de la manga. Como un rayo láser capaz de atravesarle y ver su interior... pero no era eso.
Solo quería que le dijera algo; si, no, me lo pensaré con mas tiempo... lo que fuera, pero algo.
Apretó la mandíbula y se llevó la mano al estómago. Le dolía.
– Kagami kun. – Escuchó su nombre lejano, sin molestarse en mirar quien le llamaba ni para que. – Kagami kun, deberías mirar por la ventana.
Taiga suspiró, derrotado del todo. Se levantó haciendo que la silla hiciera un ruido tremendo y se arrastró hasta la ventana. Pensó que era una tontería de sus compañeros...
– ¿P-pero que... – Abrió la ventana, como si al apartar el cristal transparente pudiera verse mucho mejor, y ahí, en la arena del patio podía leerse un "Para Taiga: Si, me caso contigo. T.K."
En ese momento se olvidó de que estaban en clase y le levantó de un tirón de su silla, en la que fingía leer un libro concentrado, con una sonrisita feliz y le plantó un beso en todos los morros que dejó a la clase entera con la boca abierta. Menos mal que estaban en el descanso entre clases y no había ningún profesor que lo viera, o habrían acabado los dos castigados por exhibicionistas.
Por que Kuroko no se quedó quieto, y correspondió el beso con ganas... olvidando momentáneamente donde estaban y delante de quien.
Midorima soltó una risita en este punto del relato.
Él no pensaba hacer algo tan espectacular... de hecho hasta ese momento no había pensado como iba a pedírselo a Takao.
– Y luego, cuando te enteraste que Kouen estaba en camino... – Shintarô removió el vaso para hacer un pequeño remolino con los hielos.
– Bueno, no me lo esperaba para nada. – Su mirada se perdió tras el cristal, mirando los coches fuera de la cafetería sin atención real a nada en concreto. – Bueno ya sabes, estábamos poniendo cuidado, y tampoco habíamos estado juntos tantas veces como para eso... pero por lo visto mis chiquitines encontraron el camino. – Hizo una pausa.
– No te rías, pero me quedo embobado mirándole, imaginando como será... ya sabes. – Desvió la mirada, sonrojado ligeramente. – Como se pondrá la tripa y eso...
Kagami asintió. Le entendía perfectamente y esperaba poder ayudarle con su experiencia.
También simulaba la curva que habría en el estómago plano de Kuroko cuando apenas se enteró.
Estaba deseando volver del entrenamiento. La entrenadora no les había dejado verse y su mente no estaba para nada en el basket. Solo quería estar con su chico, cuanto antes.
A la mierda el equipo, la estrategia, y la tontería esa de que debía hacerse mas fuerte, bla bla bla...
Dios, se moría de ganas de verle.
Casi corrió desde la parada de autobús, dejándose la mochila con sus cosas sobre el asiento que había ocupado su compañero de equipo.
Solo una cosa en mente, verle. Sentirle, de algún modo extraño comprobar que era cierto, que dentro de esa pequeña y adorable persona, estaba su pequeño bebé creciendo.
Y la inmensidad de la idea en si, la de ser padre, le cayó encima como un jarro de agua fría. No te preparan para algo así.
Un par de días antes lo mas emocionante de su vida era encontrar alguien hábil en basket. Ahora, la simple idea de una persona mas en su vida, alguien que dependería de él, de sus decisiones, de sus pensamientos o su suerte, le hizo aminorar el paso hasta detenerse, cerca del apartamento que compartía con su esposo.
Tuvo miedo, mucho. Muchísimo. No solo por él. Pensó en lo que eso debía ser para Tetsuya, y que había recibido la noticia solo.
Se paró frente a la puerta, apretando las llaves en el puño hasta hacerse daño. Podía abrir pero, no supo muy bien por qué, acabó llamando con los nudillos en la madera.
– Va, un momento. – Abrió después de secarse la mano con el trapo de cocina y se quedó quieto, mirándole intrigado. – ¿Y tus llaves?.
Kagami se quedó helado, petrificado en el sitio. Mirándole de arriba a bajo, una y otra vez, buscando algo diferente en el peliazul, como un indicador que le mostrara que era cierto.
Que iba a ser padre... que iban a ser una familia.
Pero nada de eso hizo falta cuando esa palabra acudió a su mente.
Familia, eso es lo que eran; él y Tetsuya... y en unos meses el pequeño que ya estaba en camino.
Iban a ser padres.
La sonrisa que se dibujó en su rostro fue tan hermosa que incluso Kuroko entendió lo que pasaba por su cabeza sin necesidad de decir nada.
Abrazados con fuerza, temiendo que fuera una pequeña jugarreta del destino, un sueño del que despertarían de golpe, solo para descubrir que se han caído de la cama, o que el otro se ha llevado las sábanas con él al darse la vuelta y le ha dejado con el culo al aire.
Una carraspera, de un vecino que regresaba al apartamento mas alejado, pero en el mismo pasillo les devuelve a la realidad.
Una realidad feliz, bonita.
Entran en su casa, de la mano. Taiga es incapaz de dejar de sonreír, de hecho está casi seguro de que no podrá dejar de hacerlo en mucho tiempo.
Kuroko pone la hoja con los resultados en su mano, levantándola con su propio dedo para que la vea.
Pero el pelirrojo no lo necesita ver para saberlo. La puerta se cierra tras ellos, con la espalda del peliazul contra ella, y los brazos de su esposo sosteniéndole a pulso en volandas. Un beso, dulce, nervioso, lleno de adoración cubre sus labios y se extiende por su cara, cuello, hombros.
El trapo de cocina resbala de sus dedos hasta caer al suelo tras ellos. La comida sigue en el horno, los vasos escurren, pero nada de eso importa.
Lo único verdaderamente importante, es que iban a ser una familia, al completo. Eso era lo que les faltaba para adornar su felicidad del todo.
Midorima asintió de nuevo, entendiendo mas o menos a Taiga. Cuando Takao le golpeó y supo que era por que estaba esperando, también pensó lo mismo que acababa de contarle Kagami. Curiosamente lo mismo... bueno, aunque él de repente se dio cuenta que aún no había pensado si quiera en el matrimonio.
No era necesario. Hasta ese día, ser novios era un estado que llenaba su existencia por completo. No necesitaba ir mas allá. Y Kazunari parecía compartir la misma opinión.
– ¿Crees que debería llevarle flores?. – Apuró el refresco que se había pedido y rebuscó en su cartera para pagar su parte.
– Si le gustan. – Kagami se encogió de hombros... no parecía buena idea compararlos. A Tetsu le encantaban las orquídeas, pero era muy posible que a Takao no le sucediera lo mismo.
– Gracias, por la ayuda. – Levantó la cajita con los anillos antes de guardarla y dirigirse a la calle, para volver cuanto antes junto a su chico.
– No hay por qué darlas. – Kagami se despidió de él y llamó inmediatamente a Kuroko, que había salido de compras con Momoi...
– ¿Qué tal lo estás pasando, cielo?. – Escuchó la risa de Kuroko a través del teléfono. Estaba seguro de que si cerraba los ojos podía imaginarle sonriendo con todo lujo de detalles.
– Bien. Tengo un montón de cosas nuevas para el nene... y para Kou chan también. – Escuchó la risa de Kise de fondo. – Esto se va a alargar un poco mas.. a si que..
– Tranquilo, yo me ocupo de ir por Kou chan a casa de Akashi. – Giró sobre sus talones para cambiar la dirección por la que iba. – Diviértete mucho. Te quiero.
– Gracias, eso haré... yo también. Un beso. – Y colgó, con una sonrisa inmensa.
Cuando por fin llegó a casa del pelirrojo para recoger a su hijo, la escena en el interior se le hizo del todo adorable.
Akashi había instalado una mantita cómoda en el suelo del salón, apartando mesas y sillas a un lado, para que Kou se divirtiera tumbado, intentando manotear las cosas brillantes y de colores vivos que colgaban alternas del arco infantil preparado para ello. Atsushi también se había tumbado, a su lado, y golpeaba una mariposa de peluche para que se moviera y captara la atención del niño en ella.
Los ojos del pequeño, tan azules como los de su madre, se enfocaron casi al instante de escuchar su voz en su padre. Y manoteó, manos y piernas nervioso, para hacerse notar por su progenitor.
Murasakibara se tumbó todo lo largo que era en el suelo y levantó al niño por encima suyo, estirando los brazos hasta el límite.
– Kou chin se ríe. – El pelilila le informó de la nueva habilidad del pequeño. – Si le dejo cogerme del pelo, se ríe... pero tira, tiene manitas enanas, pero si agarra hace un dañooooo. – Puchero, para inmediatamente volver a posar al niño en su pecho, que estaba de lo mas cómodo con el gigante, y posar su enorme mano sobre el cuerpo del pequeño como si de una manta se tratase.
– Esperábamos a Kuroko. ¿Se lo está pasando bien de compras?. – Kagami asintió sonriendo y aceptó la invitación del otro pelirrojo a sentarse en la mesa, que estaba a un lado, pegada a la pared..
Atsushi levantó de nuevo a Kou por encima de si mismo, y le bajó lentamente, hasta posarlo sobre su cara para hacerle una pedorreta sobre el peto vaquero que vestía. Le dejó tumbado boca arriba y tomó un conejo de peluche, con el que se puso a hacer como que bailaba solo para ver al niño totalmente interesado en él.
– ¿Todo ha ido bien?. – Taiga miró a su hijo, tan serio y siguiendo al conejo completamente concentrado en él.
– Si, tu hijo es muy tranquilo. – Le pasó una lata de refresco y se abrió otra para él. – Y sobre lo que estás pensando, comparto opinión contigo. Un hermano para Kou, cuanto antes mejor.
– Ya, es un buen punto, pero Kuroko acaba de recuperar su vida, mas o menos... no quiero ser egoísta ni caprichoso... – Seijuuro asintió, comprendía el punto de vista de Taiga, aunque también sabía que no era cierto, y que se moría de ganas por pedírselo, pero le veía tan contento ahora que había vuelto a su ser, y a jugar... no quería imponerle su idea.
A diferencia de Taiga, Akashi sabía que si el destino se ponía caprichoso, nada le detendría. Y si el karma quería mandarles otro hijo, no lo evitarían ni aunque se plastificara la minga.
– Y si te quedas a cenar ¿Eh?. – Señaló a los "dos" niños, jugando tan agustito en el suelo. – Es una pena terminar el recreo. Se divierten, ¿No te parece?
Kagami asintió, y sonrió a su hijo, al que claramente veía tan tranquilo junto a Atsushi.
Ooooooooooooooooooooooo
Kise despertó el primero después de la noche "loca" que habían pasado juntos. Abrió lentamente los ojos, pestañeó para alejar la morriña y dibujó una maravillosa sonrisa en sus labios.
La espalda de Aomine, a su lado y boca abajo en la cama, fue apareciendo en cuanto la bruma del sueño se disipó dando paso a la alerta después del sueño.
Siguió la curva de su cintura hacia arriba, con los ojos, mordiendo su labio inferior, para contener un suspiro que luchaba por salir sin permiso.
Dios, que guapo y sexy era ese hombre.
Kise enterró la cara en la almohada con cuidado de no despertarle y volvió a levantar la mirada para posarla en su hombro, y parte de su brazo que no estaba bajo la almohada oculto.
Incluso teniéndole ahí, a su lado, y después de levantar la sábana entre los dedos para comprobar que, efectivamente, estaba desnudo, los dos estaban desnudos, no podía creerse del todo que había pasado.
Kise contuvo una risita apretando la mano contra sus labios. El vibrar de la risa hizo a Aomine dar la vuelta a la cabeza sobre la almohada, encarando al rubio, pero aún dormido.
Pasó los siguientes minutos mirándole a conciencia por toda la cara. Recordó sus labios, sobre su propia piel, esa sonrisa erótica cada vez que le arrancaba un jadeo con sus gestos.
Su boca recorriendo por todas partes, lamiendo el punto máximo de su deseo. La primera vez que tuvo un orgasmo en esa boca, creyó que moriría y se convertiría en un angelito, o un demonio ansioso por seguir, una y otra vez hasta quedar completamente seco de fluidos, de todos los fluidos.
Su dorada mirada se desplazó por la línea de la cadera hasta el redondo montón de carne partido en dos. Volvió a morderse el labio. Dios ese culo tenía que ser ilegal, como poco.
Perdido en culo ajeno recordó lo que había vivido el suyo horas atrás. Nada que ver con sus fantasías, ni con sus sesiones privadas con Kise junior, su amiguito de látex. Se sintió tan lleno, tan colmado...
Aomine despertó, de hecho hacía rato que le estaba mirando, pero el rubio no se había dado cuenta de nada con la mirada perdida, casi perversa, puesta en su trasero.
– Puedes tocar, si quieres. – Kise se sobresaltó al escuchar su profunda voz, insinuante y la sonrisa que siguió a sus palabras. – ¿Cómo estás?.
– En una nube. – Alargó la mano y le agarró una parte del culo con ella, apretando un par de veces. – Me duele el culo... te despachaste a gusto, pervertido sexy.
– Entiéndeme, no todos los días tengo la oportunidad de tirarme a alguien como tu. – Kise se alzó sobre los codos para besarle.
– Te entiendo, pero no hacia falta que me lo hicieras tantas veces, ¿Cuantas?... dejé de contar a la quinta o por ahí. – Le dio un nuevo beso, que Aomine respondió enroscando su brazo en la cadera del rubio y atrayéndole encima suyo, aprovechando la erección mañanera, totalmente involuntaria, que le arrancó a los dos una docena de jadeos nuevos.
– Pues ocho o nueve...yo también dejé de contar. No podía concentrarme bien con un novio tan sexy y exigente como tu. Además, tenía puesto el listón muy alto.. tu me entiendes, con tu "ex-novio" ahí, esperando en el cajón de tu mesilla...
– Ja jajaja, pero ¿Sigues con eso?... además, estamos en tu casa. – Miró alrededor, apoyando sus palabras. – No ha podido seguirnos hasta aquí... – Daiki acarició sus piernas con las manos abiertas, subiendo hasta sus caderas, aceptando el beso que el rubio le daba, entre sonrisas.
– Eso espero, por que si no, te obligaré a montártelo con él mientras te miro. – Sus erecciones se rozaron en ese momento, mezclando sus besos con resuellos por la sensación.
– No quedan condones, no sigas. – Kise trató de levantarse para ir al baño. Le encantaba estar así con él, pero lo mejor era alejar la tentación lo mas lejos posible.
Una ducha fría era una idea atractiva en ese momento.
– No te preocupes por eso. – Aomine atrapó su sexo entre los dedos, acariciando con deleite toda la extensión, haciendo a Kise gritar de gusto. – Hay muchas maneras de hacer el amor, y pienso probarlas todas contigo...
– Eres un marrano y un pervertido. – Posó sus dedos sobre la mano morena que le torturaba, guiando su ritmo al propio desahogo. Al final acabó abarcando los dos sexos con una sola mano.
– Es por tu culpa. Hazte cargo. – Sus caderas seguían el ritmo de los dedos, y los dedos seguían la canción del deseo. – Solo admite que me quieres... Ohh dios, Ryo...mmm …
Kise se convulsionó al escuchar la mitad de su nombre en un jadeo susurrante, y sin poder evitarlo, se arqueó contra su novio, y alcanzó el cielo junto a él.
Oooooooooooooooooooooooooooooooooo
Nyaaaa me duele el brazo y no sé por que... en fin...
Adoro las escenas entre Murasakibara y Kou... seeee
Takao querrá casarse? O mandará a la porra a Midorima?
Kaga y kuro le darán un hermanito a kou?
aka y atsu son pareja o solo cuidador y niño grande?
Momoi no le da por tener un blog rodeada de tanto chico guapo?
mmm Verá Kise junior a Daiki como un adversario?
Jejeje
Nos leemos en tres días.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
