Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 21: Distintos caminos para un mismo fin.
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Era malo, malo, muy muy malo. El horóscopo de hoy era catastrófico, apocalíptico.
Tanto para él como para su chico, las predicciones de Oha Asa, eran nefastas. No debía emprender ningún negocio, ni empresa … y justo él había decidido, en un impulso totalmente irracional que ese era el día idóneo para pedirle matrimonio.
Estupendo.
La buena noticia, si es que podía alegrarse por algo a estas alturas, es que tenía todo listo.
Las flores, la comida, las velas, la tarta helada, la música, los anillos... solo le faltaba que Takao volviera de su turno de lavandería, y un poquito de valentía para pedírselo adecuadamente.
Preparó la cena en la terraza, así quedaría oculta tras la cortina del salón hasta que llegara la hora.
Dejó la caja con los anillos a un lado en el armario del salón y se sentó, a la espera.
Solo pasaron unos pocos minutos cuando Takao llegó por fin. Se levantó de un salto, como si le hubieran pinchado y se quedó de pie, en mitad del salón, petrificado.
Le escuchó dejar la llaves y el ruido sordo de la mochila al caer al suelo.
–Está lloviendo. –Le informó nada mas entrar y verle de pie plantado.
Fue hasta él para saludarle con un dulce beso en los labios, y se pasó la mano por el pelo, para quitarse un poco el agua que goteaba por las puntas de sus cabellos pegados a la frente.
Le siguió con la mirada, perderse por el pasillo y el ruido de los cajones al ser abiertos, buscando ropa seca con la que reemplazar el uniforme del instituto chorreante.
Y Midorima seguía convertido en estatua.
Algo en el saludo de bienvenida de su chico le hizo profundizar algo mas en sus pensamientos, pero no pudo enfocar, cuando le escuchó gritar desde el baño.
–¿Qué tal tu día?. –Takao sacaba toallas limpias mientras esperaba que el agua saliera lo bastante caliente como para ser agradable.
–Bien... – dio un par de pasos en dirección al baño, por que hablar a gritos no le gustaba, y justo entonces, cuando enfocó las huellas húmedas que el moreno había dejado en el suelo, que se dio cuenta de lo que pasaba. –Mierda...
Abrió la puerta que daba a la terraza de un tirón. Llovía, mucho, con ganas. ¿Cómo no se había dado cuenta de ese hecho?.
La cena estaba arruinada. Los platos rebosaban agua, el pan había absorbido lo suficiente como chorrear por el mantel. Los vasos se llenaban mientras él trataba de salvar algo de la cena, que tan amorosamente había preparado, sin darse cuenta de que él también se estaba empapando de lo lindo. Las gotas rebotaban en los cristales de sus gafas, opacando la visión y haciendo mas difícil la operación salvamento. Apartó el centro de flores al borde de la mesa y dio gracias a que había tenido la idea de cubrir la carne asada para que conservara el calor, a si que se había salvado.
Pero no sirvió de mucho. Las predicciones nunca se equivocaban, ya lo sabía... aún así tentar al destino de una manera tan descarada, no era para nada propio de él.
Pero es que de verdad, tenía que ser hoy. Ni mañana, ni dentro de dos días. Si quería pedirle a Kazunari que pasaran el resto de su vida juntos, tenía que ser justo hoy. El segundo aniversario de su confesión mutua.
Dos años atrás Midorima le confesaba de una manera muy patética que su , hasta entonces amigo le hacía sentir "cosas" que no le pasaban con nadie mas. Takao estalló en carcajadas, no pudo evitarlo. Ver al siempre serio y estirado gafitas soltar eso como si le estuviera confesando un crimen de lo mas terrible le hizo gracia.
Al mirar su cara se dio cuenta de que iba en serio, de verdad. Cuando le estaba diciendo que le gustaba, era por que era totalmente verdad. Takao suspiró, le dedicó una inmensa sonrisa, le hizo un gesto para que agachara la cabeza a su altura, y le palmeó con ganas.
Le dio un beso, torpe, cómico, breve y patético, después de sacudirle un par de cachetes, llamarle tonto del culo y una docena mas de lindezas del mismo tipo, y decirle que era bastante lento, por que Takao ya no sabía como insinuarse al peliverde sin tener que decírselo directamente.
Tomó los platos tirando el agua directamente al suelo, y fue amontonando los platos, los cubiertos y todo lo que pudo abarcar entre los brazos.
Resbaló, al dar el primer paso, enganchando el mantel y arrastrando en su caída lo que había quedado en la mesa.
El estruendo de los platos rotos hizo a Kazunari acudir al ruido desde el baño, pero no llegó a la terraza. Una pequeña cajita de terciopelo en el mueble llamó su atención mas que la posibilidad de que su novio se hubiese hecho daño. La tomó entre los dedos con nerviosismo, intuyendo aún sin abrirla lo que era, y abrió la tapa con dos dedos.
– Tonto sentimental. – Murmuró al ver su contenido.
Tomó una de las alianzas de oro blanco y la deslizó directamente en el dedo adecuado. Escuchó una palabrota en la terraza y salió a ver.
Midorima estaba de rodillas en el suelo, recogiendo los trozos de loza rota, rodeado por los restos de lo que parecía un intento de cena íntima y romanticona que tanto le gustaban y que tanto le costaba admitir.
Takao le levantó de un tirón, dejando que lo que había recogido volviera a caer de nuevo al suelo, y le metió en la casa, sin cerrar la puerta.
Paró una vez dentro y le quitó las gafas, dejándolas bien cerradas sobre el mueble, junto a la caja de la joyería y le tomó de la mano con delicadeza.
El reguero de agua que dejó llevaba hasta el baño, con la bañera llena hasta la mitad de agua cálida. De entrada el moreno esperaba disfrutar de un baño relajante a solas, pero haría una excepción, por ese desastre de novio que tenía.
– Levanta las manos, anda. – Su voz sonó tan mandona en el pequeño espacio que Shin no pudo decir nada coherente para negarse.
La camiseta chorreando se deslizó por su torso y cayó al suelo con un ruido sordo. También le quitó los pantalones y la ropa interior. Chistó negando con la cabeza y le sentó en el borde de la bañera para sacar sus calcetines.
Era increíble que se hubiera mojado tantísimo en tan poco tiempo, pero a él mismo le había pillado la lluvia en la esquina de su calle se había mojado casi lo mismo.
Guió al peli-verde para que entrara en el agua y se dedicó a quitar su propia ropa.
– Lo siento. – Murmuró Midorima con la cabeza baja. – Y-yo quería...
– No debiste. – Le levantó el mentón con la punta de dos dedos. – ¿No viste las predicciones para los cáncer hoy?... Y por cierto, ¿Y el libro de ciencias?
– ¿Qué libro?. – Se sorprendió de que Takao supiera lo de la mala suerte de su signo, siempre creyó que no le importaba, como siempre se reía de él por eso.
– El objeto de la buena suerte para ti, libro de ciencias. – Se rió sonoramente a la cara de sorpresa de su novio. – Kagami kun me llamó, te lo dejaste en el bar... ¿Intentas atraer la mala suerte por algo en concreto?.
Midorima se quedó en silencio, mientras el otro entraba en la bañera y se acomodaba en el hueco entre sus piernas.
– Lo olvidé. – Frunció el ceño, molesto. Nunca cometía esos errores. La mano de Takao subió por su rodilla fuera del agua y la tomó, notando el metal del anillo en el dedo, sorprendiéndose. – ¿Qué …?
– Es precioso, me encanta. – Giró la cara un poco para besarle el brazo y volvió a apoyarse en su pecho, atrapando la mano de su novio y posándola con ternura en al piel tirante que alojaba a su hijo cómodamente. – Podemos hacerlo... casarnos.
– P-pero... – Intentó argumentar pero Takao siguió hablando sin dejarte terminar la frase.
– Sé que mis padres te habrán pedido que esperes a que vuelvan... pero es una tontería. – posó su mano sobre la de Midorima y le fue guiando por la delicada redondez de su vientre. – Podemos casarnos, algo íntimo y bonito, y luego cuando estén ellos hacemos una ceremonia para la familia y todos contentos. A mi no me importa, con tal de que estés tu, el resto del mundo me sobra.
Midorima sonrió, y se inclinó ligeramente hacia delante para besar su hombro.
– Cosas como esta hacen que me enamore mas de ti. – Takao sonrió de vuelta al escucharle. Se incorporó y se dio la vuelta de rodillas entre sus piernas, dejando que le abrazara mientras tomaba el bote de jabón que descansaba en la repisa a su espalda.
– Es que soy así de impresionante. – Las manos de su novio abandonaron la espalda del moreno para enmarcar su cara y arrastrarle en un dulce beso entre sonrisas.
– Kazunari Takao, ¿Quieres hacerme el hombre mas feliz del mundo casándote conmigo?. – Le preguntó a un milímetro de sus labios.
– Debería mandarte a la mierda por preguntarlo. – Pasó una de sus rodillas por encima del muslo de Midorima y después la otra, para sentarse sobre sus caderas, sacándole un sonrojo de lo mas adorable. Metió las manos en el agua tras su espalda, y le pasó los dedos por el pelo, echándolo hacia atrás para dejar su cara libre y se perdió en en el verse esmeralda de sus ojos unos segundos, en los que lo único que llenaba el baño era el sonido del goteo desde su cabello hasta el agua que los contenía a ambos, y sus respiraciones tranquilas.
Midorima entrelazó sus manos a la espalda de su novio, atrayéndole todo lo posible, hasta sentir en su propio vientre la pequeña curvita de su bebé.
– ¿Y tu respuesta?. – Dudó, con una sonrisa, sabiendo de sobra la respuesta sin necesidad de preguntarlo, deslizando sus labios por el cuello y el hombro de Takao, que solo se dejaba hacer, entretenido en peinar una y otra vez el cabello de su chico con los dedos.
– Midorima Shintarô, será un verdadero honor pasar el resto de mi vida a tu lado... – Hizo una pausa y entrecerró los ojos hasta convertirlos en unas ranuras muy finas y oscuras. – No vas a librarte de mí tan fácilmente, cegatillo, y mucho menos después de preñarme a traición...
Y de nuevo, entre sonrisas, se besaron, deseando que el agua no se enfriara demasiado pronto.
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Kagami giró el bolígrafo sobre la superficie de la mesa, blanca, muy muy blanca, del consultorio de la doctora de su esposo. Kouen dormía plácidamente a su lado, en el carrito, con el conejito de peluche que le había regalado Atsushi agarrado con fuerza entre sus dedos por uno de sus pies.
La mujer apareció tras la cortina y levantó su vista preocupada de golpe.
– Ahora sale, se está vistiendo. – Le tranquilizó con la mano y se sentó en la silla de cuero para anotar frenéticamente cosas en el historial de Tetsuya. Revisó los análisis pasados y recientes y los ordenó frente al pelirrojo, que tenía la mirada fija en la cortina.
Kuroko apareció, tímida sonrisa, mirando al suelo, y se acercó de primeras al bebé, al que no quiso ni acariciar para no despertarlo y pasó tras la silla de su marido, que le miraba expectante.
– Bueno. – La mujer atrajo la atención del matrimonio solo con esa palabra. – La revisión ha ido bien, todo está perfecto. Los análisis también son correctos y has recuperado tu peso en el tiempo recomendado. Veo que vuelves ha hacer ejercicio con regularidad, me alegro.
– ¿Entonces ya está todo bien?. – La pregunta de Kagami sonó tan preocupada que la mujer le dibujó una sonrisa para darle calma.
– Si, tranquilo. – Miró al bebé que hizo un ruidito durante el sueño y cambió de postura sin soltar el muñeco. – Con respecto a tu pregunta... llegados a este punto y con los datos que tengo delante, eres totalmente fértil y estás sano. Aunque mi recomendación es que esperes unos meses, para darle tiempo a tu cuerpo a recuperar el ritmo, si quieres un nuevo hijo, estás preparado para ello.
Kagami miró sorprendido a Kuroko. No lo habían hablado, de hecho había esquivado el tema para no importunarle, y se sorprendió de que fuera el peli-azul el que quisiera saber si podía embarazarse de nuevo, tan pronto.
– No es que quiera, solo quería saber si puedo. – Desvió la mirada fija de su esposo, que seguía con cara de alucine.
– Pues si, si puedes. – Anotó la próxima cita en la cartilla y la deslizó por la mesa para devolvérsela. – Aunque creo que debes disfrutar un poco de ese pequeñín, y de tu vida de mamá recién adquirida. Se que has vuelto a entrenar y que te gusta jugar al basket. Empleate en ello, y piénsalo con calma. Te sobra tiempo, aún sois muy jóvenes, los dos.
– Al menos hasta que acabe la liga. Luego me gustaría pensarlo, bien pensado. – Kuroko miró a su esposo tras decirle esto a la doctora.
– Si claro, por supuesto. – No supo que decir, se quedó mirándole con cara de tonto. Gracias al cielo, que su hijo eligió ese preciso momento para despertar y reclamar su comida, dándole unos preciosos minutos en los que pensar en ello.
Daba lo mismo el tiempo que llevaran juntos, Kuroko nunca dejaba de sorprenderlo, por eso mismo, y por que era un luchador incansable, podía afirmar sin lugar a dudas, que lo amaba un poquito mas cada día.
Kuroko le miró, tranquilizando a Kouen con suaves palabras, mientras dibujaba círculos en la espalda del pequeño. Hablarían de ello, mas adelante. Ahora necesitaban encontrar un microondas para calentar el biberón de su hijo, o el chupete... y cruzar los dedos para que el bebé no descubriese el engaño de que del chupete no salía comida... Después hablarían de darle un hermano, al final de la liga que comenzaba esa misma semana...
Kagami cerró la bolsa que pendía del carrito con las cosas del bebé después de guardar el papeleo médico de Tetsuya y aferró el asa del carrito para guiarlo a la salida, mientras Kuroko acunaba a su hijo en los brazos.
La doctora sonrió, eran una familia adorable.
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El teléfono sonó cuando casi había terminado la sesión de estudio. Kise tenía un examen esa semana y no podía permitirse un suspenso. Eso sería fatal para su imagen y el modelo vivía de ella.
– ¿Es usted familiar de Aomine kun?. –La voz femenina del otro lado del teléfono se le hizo totalmente desconocida. Pensó que podía ser alguien de su familia, un fan... se quedó en blanco sin saber que contestar. – Señor, ¿Sigue ahí?
– Ehh , si, soy un amigo... – No se le ocurrió nada mejor sin saber quien era la persona que estaba llamando. – ¿Quién eres y que pasa con Daiki?. – Intentó ser lo mas diplomático posible y no decir nada inconveniente.
– ¡Ah perdón! Le llamo de la clínica dental. Es que... hemos tenido, bueno, como decirlo.. un inconveniente con su amigo. ¿Puede venir a recogerlo?... no creo que sea bueno dejarle conducir... y.. ¿Sabe donde estamos?.
– Si, claro, voy para allá. – Kise ni preguntó que pasaba ni nada. Tomó las llaves de casa, el móvil y las del coche y salió disparado, dejando luces encendidas en su cara y los libros esparcidos por la mesa sin recoger.
Mientras conducía hacia el centro de la ciudad, nervioso, angustiado, pensando que Daiki tenía una especie de crisis agresiva, en la que estaba destrozando la consulta del dentista y gritando groserías al resto de trabajadores y pacientes. Después, durante la espera en un semáforo pensó que, lo mismo, podía estar muriéndose, o desangrado en un rincón... o …
Dio un volantazo al darse cuenta de que conducía demasiado cerca de los arboles que separaban los sentidos de la carretera y supuso que quizá, no era muy buena idea ir haciendo suposiciones sobre Daiki sin ningún dato. La chica que había llamado parecía preocupada, pero no alarmada en exceso...
Encontró sitio a la primera y entró en la clínica dental a la carrera. Todo parecía normal, a si que dió un enorme suspiro aliviado.
– Perdón... me han llamado para que viniera a recoger a Aomine kun. – Se le hizo terriblemente raro no añadir el -cchi al final de su nombre.
– ¡Ah, si claro!. – La enfermera, rodeó el mostrador y le guió tomándole suabemente del antebrazo. – Le hemos dejado en la sala de despertar. Normalmente se usa para las cirugías importantes, pero no podíamos dejarle en la entrada y que en un descuido se escapara...
Ahora si que se temía lo peor.
La chica le señaló la puerta adecuada y se apartó, temerosa.
Cuando el rubio abrió con sumo cuidado la puerta no se esperaba lo que encontró al otro lado ni de broma.
Daiki estaba sentado en la mesa, intentando lamerse el sobaco. Giró la cara al notar la puerta abierta y ensanchó la sonrisa hasta las orejas al ver un rostro conocido.
Bajó tambaleante y se colgó del cuello de Kise con los dos brazos, dejándose caer a peso muerto en esa postura, obligando al modelo a pasarle los brazos por debajo de las axilas para evitar que se diera una hostia contra el suelo.
– ¿Qué le pasa?. – Preguntó mientras el moreno masticaba el pelo sobre la oreja del modelo.
– Bueno, verá... la anestesia dejó de hacerle efecto a mitad de tratamiento y para evitar que volviera a ocurrir, pues, me temo que le inyectaron una dosis demasiado excesiva...se le pasará, en unas ocho horas... con un poco de suerte.
– Aominecchi. – Le pasó la mano por la cara, intentado que no se cayera y al mismo tiempo que dejara de chupetearle el pelo. – ¿Puedes estar de pie tu solo?.
– Je je je, yo te coñozco... pfff jajajaja – La sonrisita de "borracho" se contagió tanto al rubio como a la preocupada enfermera en cuanto escucharon su voz tan perjudicada. Daba la sensación de haberse puesto ciego de alcohol.
En cierto modo era hasta gracioso verle así.
– ¿Puede llevarle a su casa?. – Sonó verdaderamente preocupada.
– Si, tranquila, yo me ocupo. – Consiguió agarrar el brazo de Daiki por encima de su hombro y sostenerle de la cintura con el otro brazo.
– Sentimos muchísimo las molestias, de verás. – le abrió la puerta para que pudieran salir.
– Nada, no se preocupe. –Le arrastró con él, ya que el moreno se había empeñado en hablar con la planta de la esquina.
Tuvo que dejarle sobre el capó del coche por que le dio, a mitad de camino, por hacerle cosquillas, y Kise tenía, y muchas. No pudo evitar desternillarse de risa en mitad del parking, mientras Daiki se escurría hacia el suelo desde el coche, diciendo que no tenía huesos. Encontró las llaves y pudo, por fin, abrir las puertas.
Le metió a empujones, entre risas y le puso el cinturón de seguridad, mientras Daiki se divertía lamiéndole el pelo con toda la lengua que podía sacar de su boca. Apretó el cinturón, solo por si acaso y arrancó.
Dudó durante unos segundos hacia donde ir, a su casa o a la de Daiki. La suya estaba mucho mas cerca, pero supuso que quizá, su novio preferiría despertar de la "borrachera" en territorio conocido.
Hasta que escuchó las carcajadas del moreno, lo que le hizo decidirse por su casa, con rapidez.
Era tan raro escucharle reír de ese modo, que en un acto totalmente egoísta, pensó en disfrutarlo todo el tiempo que pudiera. Incluso la idea de grabarlo con el móvil para usarlo después como tono de llamada cruzó su perversa mente, pero solo una milésima de segundo de nada.
Bajarle del coche fue una auténtica proeza, y meterle en su casa un logro titánico. Daiki se transformó en un gato nada mas bajar del coche...
Y Kise tuvo que fingir que le había puesto un collar y que era su dueño. Así que, con Daiki a cuatro patas, entraron en su portal y en lo que buscaba las llaves en los bolsillos, se puso a perseguir una araña, escaleras arriba, lo que obligó a Kise a usar sus largas piernas para correr a toda pastilla detrás suyo y atraparle, por fin, cuatro pisos por encima del suyo.
Una vez dentro, y con todas las vueltas de llave cerrando la puerta de salida, y todas las ventanas cerradísimas, se permitió un segundo de descanso. Derrotado se dejó caer sin mas en el sofá del salón.
Daiki se sentó a su lado, separando la piernas, mirándole largo rato.
Sus libros seguían sobre la mesa, la luz encendida... y su vida detenida por un dentista estúpido.
– Baaaapppppooooo... Tu edes mu bapo. – Le pasó la mano abierta por la cara, de la frente a la garganta como la lengua de un gran animal.
Empezó a quitarse la ropa y a quitársela también al rubio, que aunque al principio se limitó a volver a poner cada prenda removida en su sitio, al final le dejó que hiciera lo que quisiera.
En serio, escucharle reir de esa manera era como ver amanecer en mitad de la noche.
Kise suspiró, iban a ser unas ocho horas larguísimas... y eternas.
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Hai haiiiiiiiiiiiiiii...
nee nee, que pasa con los revis? Yo cumplo con las actualizaciones cada tres días, joooo
Bueno, al cap. me lo he pasado genial escribiendo cada escena, este es de esos, de los que terminar se me ha hecho cortito y me da penita, pero es un graaaaaaan paso.
Como sea, gracias por seguir ahí, os lovio un montón.
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y moridskitos
shiga san.
