Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
00000000000000000000000000000
Uno mas en el equipo.
Capítulo 22: Entre las sábanas.
00000000000000000000000000000
Deseaba con todas sus fuerzas que fuera un sueño.
O una maldita pesadilla.
La enfermera se había equivocado, en cuatro horas, no habían sido ocho, sino doce.
Doce horas batallando con un Daiki perjudicado. Doce, en serio. Ni ocho, ni nueve, ni diez, doce. Con sus minutos y sus segundos, sus largos segundos y sus interminables minutos.
A esas alturas a Kise le dolía todo y no sabía si estaba contento o decepcionado, por el hecho de que el moreno se hubiera dormido tan cómodamente en su camita. Tan cómodamente que había echado, literalmente, al rubio de su propia cama, razón por la cual, ahora se revolcaba sobre los cojines del sofá, demasiado pequeño para alojar su largo cuerpo.
Miró la hora en el móvil, y suspiró. Tenía el run run constante de algo que debía ser recordado, algo importante, pero que Kise no terminaba de sacar a flote.
Lo único que quería era encontrar la postura adecuada, y dormir, aunque fueran un par de horas, o tres, o cuatro, o una semana seguida... lo que ocurriera primero.
Algo sonó. No era suyo, eso lo tenía mas que claro y además no sonaba en el salón. La insistencia de la musiquita le llevó a levantarse, suspirar cansado, consciente de que su intención de dormir se iba de paseo y caminó, descalzo e incomprensiblemente aún desnudo, buscando como un sabueso la melodía apagada que perturbaba su descanso.
En su cuarto sonaba mas claramente, aunque seguía sin ver lo que era. Supuso que era el móvil de su novio, a si que se agachó para tomar los vaqueros del suelo, y rebuscó por los bolsillos. Sacó las llaves de su casa, las de la moto, la cartera, recibos y papelitos, un pingüino de goma azul y por fin, el maldito cacharro que no dejaba de sonar.
Miró la pantallita y juntó las cejas al ver el nombre de la ex entrenadora en ella.
– Daiki... – Le zarandeó con fuerza. El moreno dormía profundamente ajeno al ruido. – Tu móvil hace rato que está sonando, te llama Momoi chan...
Aomine se re-colocó de nuevo, desplazándose sobre el colchón a un lado, girando sobre las caderas para quedar boca arriba, y siguió durmiendo como si nada, como si la petición del rubio no fuera con él.
– ¿SE PUEDE SABER DONDE DEMONIOS ESTÁS, AOMINE-KUN?. – Gritó la pelirosa en el mismo segundo en el que se abrió la comunicación del otro lado.
– Momoi-chan, soy Kise... – Murmuró bajito para no despertar al moreno. Se salió al pasillo, no sin antes darle un último vistazo a su novio durmiendo, en pelotas, sobre su cama.
– ¿Aomine kun está en tu casa?, ¿Contigo?, ¿Estáis juntos?. – Sonó mas que preocupada, histérica.
Kise notó que de fondo podía escucharse el bullicio de mucha gente en el mismo sitio.
– Si, está aquí, es una larga historia, … ¿Qué pasa?. – Bostezó y se estiró todo lo largo que era por encima de los dos reposabrazos del sofá.
– Por que son las once de la mañana, y jugamos en una hora, nada mas... – Kise escuchó a la chica suspirar claramente frustrada por el aparatito.
– Tranquila, yo me ocupo. – Sin esperar respuesta, colgó y dejó el teléfono en el sofá.
Caminó despacio, arrastrando la punta de los pies hasta su cama. Se tumbó junto al moreno y le besó en lo alto del hombro.
– Daiki, tienes que levantarte. – Deslizó la sábana y se quedó mirando durante unos segundos la piel morena del vientre y el pecho. – Despierta, dormilón. Tienes una hora para parecer presentable... Momoi-chan te está esperando.
Daiki se giró de costado, pasando el brazo por las caderas del rubio. Tardó unos segundos en procesar las palabras de su novio, pero cuando por fin lo hizo, se sentó de golpe, mirando alrededor confuso.
Llevó las dos manos a la cabeza, apretando las sienes con fuerza como si realmente tuviera una resaca de campeonato.
– Dúchate tu primero. – Daiki palmeó en lo alto de la cabeza de su chico, y le señaló el baño con la cabeza, aún adormilado y con los sentidos embotados.
– No hace falta, además no soy yo el que tiene prisa. – Kise le besó en la nuca, recibiendo la mirada azul del moreno un poco confusa, y divertida.
– No sé si estoy aún dormido, pero creo que jugamos contra Kaijou y si no recuerdo mal, es tu equipo, ¿No?... lo que significa que los dos llegaremos tarde si seguimos discutiendo quien se ducha primero...
Kise abrió los ojos hasta el límite. ¡Mierda! Daiki tenía razón.
– Venga, nos duchamos juntos. – Se sentó en la cama, puso cara de molesto y se levantó despacio. Aún tenía una sensación de mareo en todo el cuerpo, y los músculos endurecidos, como si hubiera pasado las últimas horas haciendo ejercicio. – Después te consolaré, cuando mi equipo haya machacado al tuyo.
De pie al lado de la cama el rubio le siguió con la mirada, hasta que entró en el baño. Con todas sus facultades alerta, Daiki habría notado con facilidad que Kise no había respondido a su desafío de ningún modo, pero aún seguía lento de pensamientos.
Los ojos dorados fueron directamente al lado contrario de la cama, y aunque desde su posición no lo viera, sabía que en ese lado, en el suelo, los desperdicios de las últimas diez horas descansaban lejos de miradas curiosas. Kise junior impregnado de fluidos pegajosos, los envoltorios de una caja entera de preservativos, un bote de lubricante, de los grandes, un tarro de mermelada, otro de nata y un par de toallas, manchadas de sangre, saliva...
Gracias anestesia.
El rubio tomó ropa limpia, toallas para los dos y entró en la ducha... una hora daba para mucho mas que lavarse.
00000000000000000000000000000
Incluso cuando Taiga ya estaba dormido hacía eso.
Kuroko le miraba mientras dormía, ese era su sucio secreto.
Estudiaba a su marido minuciosamente. La forma de su rostro, sus cejas tan suyas, tan especiales. La línea por la que nacía su barba, o la pequeña curva en el puente de su nariz, que el peli celeste seguía con la punta de los dedos alzadas a pocos milímetros de rozar la piel.
Adoraba el fuego de sus ojos, y el de su cabello. Tocar las hebras rojas, suaves, frías a pesar de la apariencia era igual de secreto que mirarle.
Las líneas que conformaban su persona. Las rectas en sus hombros, en el centro de su pecho, hacia abajo, hasta mas allá del ombligo... las curvas leves de sus brazos, la punta de sus codos... sus manos...
Kuroko podía fácilmente idolatrar esas manos, esos ojos, esos labios que tantas veces le habían besado.
Su hijo dormido entre ellos, derrotado de tanto llorar, su esposo también y él los miraba a los dos, sus dos amores. La razón de su existencia. ¿Cómo no iba a querer que su familia fuera mucho mas grande? Darle un hijo nuevo a Taiga era su modo de darle las gracias, por ser él, por estar ahí, por quererle... y su modo de saberse alguien en el mundo, su forma egoísta de sentirse alguien vivo.
Dar la vida es lo mas maravilloso que había vivido en sus años de vida, y repetirlo un sueño, que esperaba, no tardara en realizarse de nuevo.
En ese pensamiento estaba cuando el sueño le asaltó, uniendo a Kuroko con su familia en el cálido mundo de los sueños...
No sabía que hora era, tarde, de madrugada, pero no le importaba
Kagami despertó temprano, siempre lo hacía.
Mucho antes de que el niño se quejara por el hambre, o por el pis acumulado durante toda la noche, y eso el día que el bebé les dejaba dormir, que no era el caso.
Kouen había pasado la noche despierto, entre quejidos, llantos inconsolables y gruñidos furiosos; había sacado el genio de su padre.
Se habían turnado, entre los dos para consolarlo, darle palabras cálidas y caricias que solo un padre es capaz de regalar con sumo amor.
Buscó a sus chicos con los ojos aún entrecerrados. Kouen estaba de lado, pegado al torso de su madre, con sus manitas cerradas en tensos puños, apretados. Kuroko mantenía una de sus manos sobre la espalda del pequeño, la otra sobre Taiga, como si necesitara su contacto para poder descansar tranquilo.
A lo lejos sonó el teléfono, y Kagami se levantó con cuidado, pero no para contestar si no para cerrar la puerta y alejar el ruido de sus chicos.
Si era importante, fuera quien fuera, llamaría de nuevo. Mientras tanto los tres necesitaban dormir. Y Taiga no permitiría que nada perturbase la paz de su familia; absolutamente nada.
00000000000000000000000000000
Murasakibara miró el teléfono con odio.
Los tonos de llamada se habían gastado hasta que el estúpido pitido le indicaba que la operadora daba por finalizada la comunicación.
Akashi se giró, haciendo que la sábana cayera hasta la mitad de los muslos del pelilila, que seguía sentado con el móvil entre los dedos.
Alargó el pulgar con la intención de pulsar la pantalla, en el icono de rellamada pero el pelirrojo se lo impidió.
Sentado a su lado, besó su brazo y esperó hasta que le miró para comenzar una conversación.
– Es muy pronto para que estés llamando. – Alargó la mano con la palma hacia arriba y esperó hasta que le dio el aparatito, con los morros fuera. – Kou chan está bien, tranquilo.
– Pero … – Protestó no muy conforme. – Vale... cuando sea de día, ¿Puedo ir a ver a Kou chin?.
– Claro que si, iremos después del partido. – Le acarició el pelo con una sonrisa.
Atsushi se quedó pensativo mirándole muy serio. Poso su mano en el rostro del pelirrojo y le miró, sin hacer nada mas que eso.
– ¿Nosotros también tendremos un bebé?. – La pregunta surgió sin malicia en voz baja. – Como Kou-chin ha llegado y ahora Kazu-chin también tiene uno dentro... ¡Ah, bueno! primero Dai-chin tiene que meter el suyo en … ¿O es al revés?... Pero, nosotros somos novios antes que ellos... – Miró a su novio concentrado, como queriendo ver dentro de él desde fuera. – Aka-chin... ¿Podemos tener un bebé pequeñito nosotros?... Tuyo y mio... ¿Podemos?
– Mañana. – Respondió escueto.
– Siempre dices mañana, pero mañana no llega nunca. – Apretó los labios hasta hacer una línea tensa. – Luego dices, hoy es hoy, mañana es mañana, pero nunca es ahora...
Se tumbó de golpe, dándole la espalda, enroscando los largos brazos sobre si mismo, enfurruñado.
Akashi se tumbó a su espalda, acariciando con una sonrisa la piel que podía abarcar con sus manos.
– Mañana, te lo prometo. – Esas palabras hicieron al mas grande darse la vuelta para encararle.
– Es una promesa. – Abrazó con ganas al pelirrojo, acunándole con cariño contra su pecho. Su sonrisa de felicidad era mas grande que él mismo. – Y Aka- chin siempre cumple su palabra...
Le soltó y se abalanzó a por el móvil, para volver a llamar a Kuroko... No le importaba que aún fuera de madrugada, solo que tenía que decirle que él también tendría un bebé propio...
– Una cosa... ¿Como se hacen los bebés?. – Preguntó, totalmente en serio.
Akashi suspiró con una sonrisa en sus labios... de repente tenía muchísimo sueño y muy pocas ganas de hablar.
– Mañana te lo cuento...
Y se durmió, dejando a Murasakibara hablando por teléfono con Kagami...
00000000000000000000000000000000000000
Kazunari volvió a la calidez del lecho.
Seguía lloviendo fuera, y se acercó a la ventana para verlo. La luz de la farola exterior mostró las gotas en un tono dorado que le hizo sonreír.
Se giró y observó a Shintarố dormir. Siguió las líneas de su brazo doblado sobre la almohada y sus dedos pulcramente vendados.
En cierto modo le envidiaba, pero también sabía que su novio le envidiaba a él. Sus dedos viajaron inconscientemente hasta su pequeño bebé, un privilegio del que Midorima solo podía disfrutar como espectador, del mismo modo que él se tenía que limitar a ver los partidos desde las gradas.
El anillo en su dedo se hizo presente y levantó la mano para mirarlo con una sonrisa cálida.
Casarse... desvió la mirada del anillo a su chico, profundamente dormido a su lado. Se arropó con la sábana que había quedado apretujada a un lado y se deslizó lentamente hasta posar la cabeza de nuevo en la almohada.
Midorima gruñó durante el sueño, pero no se despertó, en su lugar ajustó la postura para amoldar a Takao contra su cuerpo.
– Eres un tonto. – Entrelazó sus dedos con los de su chico, con sumo cuidado, ya que era la mano buena.
– Yo también te quiero, mi vida. – Murmuró contra su pelo, pegándose mucho mas a él.
Takao sonrió, con los ojos cerrados. Incluso en sueños, Midorima le amaba y eso era una muestra de amor de lo mas sincera.
00000000000000000000000000000000000000
Buenoooo, pues un montón de escenitas de cama, no śe por qué me apetecía hacer algo así... jejeje
En fin, nos leemos en el siguiente, que tendrá sorpresa.
Gracias por seguir ahí, Os lovio.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
¡Ahhh esoo! Tengo tumblr... es new y no se muy bien como manejar estas cosas del internet tan modernas, pero por si alguien quiere pasarse, pondré cositas de kuroko y eso.
archive
Besitos y mordiskitos
Shiga san
