Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 23: ¿Cuesta abajo?.
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Las necesidades fisiológicas sacaron a Kuroko de la calidez de su camita. Salió con cuidado de entre las sábanas, y colocó al bebé dormido en su cunita, por si acaso se daba la vuelta mientras él no estaba.
En el pasillo escuchó el trasteó de platos en la cocina y una tenue sonrisa se dibujó en su cara. No necesitó ir a mirar para saber que su marido preparaba el desayuno para todos.
Se lavó la cara después del desahogo y los dientes y se asomó una vez mas al cuarto, solo para ver a Kou en la misma posición en la que le había dejado. Caminó descalzo, aún en pijama hasta la cocina, y le observó desde la puerta.
Kagami exprimía naranjas a mano y eso que tenían un exprimidor eléctrico, pero comprendió que lo hacía así para no despertarles.
Se acercó por detrás y le besó en mitad de la espalda. Kagami no se giró de inmediato, se dejó besar una docena de veces mas antes de darse la vuelta despacio, dejando a su esposo besarle las costillas y el pecho.
Agachó la cabeza para atraparle los labios, dulcemente.
– Buenos días. ¿Has descansado?. – La voz de Taiga surgió ronca, profunda.
– Yo sí, y el enano está durmiendo como un tronco. – Le dio un nuevo beso, mas dulce y delicado que los que ya le había dado. – Lo siento si no te hemos dejado dormir.
– Estoy bien. – Le apretó con los codos, ya que el zumo chorreaba por sus dedos y no quería mancharle. – ¿Qué clase de papá sería si algo tan tonto me tumbara, eh?
– Eres un gran papá, pero jugamos esta tarde... ¿Qué clase de mamá sería si no me preocupase, eh?.
– Para esta tarde estaré lleno de energía. – Besó dulcemente su mejilla y su frente, para terminar en un beso en lo mas alto de su cabeza. – Con un poco de suerte la entrenadora nos sacará a los dos y volvemos a jugar juntos, aunque sea un cuarto.. uno pequeñito, muy muy pequeñito. – Mientras iba diciendo esto se iba inclinando hacia delante, repartiendo besitos pequeños por toda su piel.
Le abrazó con mas fuerza, extendiendo los besos desde su sien hasta el arco del cuello. Taiga deslizó sus manos por los costados, agachándose lo suficiente como para alzarle del trasero y sentarle en la encimera. Las piernas de Kuroko se abrieron para alojar a su marido entre ellas. Caderas unidas, manos deslizándose despacio, besos cálidos, amorosos.
La intimidad de un gesto tan cotidiano, tan sencillo y a la vez tan cargado de sentimientos. Fuera como fuese, esos momentos a solas, aprovechando cada segundo en el que podían demostrarse el amor que se tenían, eran corrientes en su vida.
Siempre que Kagami no fuera por detrás, en esos casos Kuroko se ponía tan tenso, que después necesitaba varios minutos para volver a comportarse normal. Al principio se le olvidaba, pero con el tiempo, ponía especial cuidado en no aparecer a su espalda. Incluso cuando dormido, Kagami le abrazaba de ese modo, tenía la consideración de despertarse en primer lugar, para ponerse boca arriba y subir a su esposo sobre su pecho.
Eran señales inequívocas de algo que no quería ni pensar. Tenía la esperanza de que en algún momento, Tetsuya se sintiera tan cómodo y fuerte como sincerarse con él, pero no le presionaría ni buscaría la información en otro sitio.
Se limitaba a demostrarle siempre que podía lo mucho que le amaba. Pequeños roces, sonrisas, miradas furtivas, besos dulces...
Una y otra vez, Kagami sentía que era responsable de que la felicidad de su esposo no fuera completa. Pero hacía lo que tenía que hacer, estar ahí, ser su apoyo... darle todo el amor del mundo.
El llanto de Kou estalló su burbuja romántica devolviéndolos a la realidad.
Kagami sonrió dulcemente y le ayudó a bajar de la encimera. Agitó el biberón con energía, mezclando la leche en polvo infantil con el agua tibia, besó de nuevo a Kuroko y le sentó, para que fuera desayunando mientras aseaba al bebé y le daba su biberón.
– Te quiero. – Dijo el peli azul.
Taiga le respondió con una sonrisa. Kou lloraba con mas ganas, tenía hambre y ya había esperado mucho.
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Kasamatsu le arreó una patada en cuanto le vio entrar. Llegaba con tiempo para el partido pero se había perdido el calentamiento pre partido y eso le tenía de mala leche.
Eso y que su novia se había pasado el fin de semana hablando a todas horas de Kise y sus fotos marranas con el enemigo público número uno. Daiki Aomine.
– Auuu... ¿Y ahora por que me pegas?. – Dejó la mochila en el banco y empezó a desnudarse delante de todos para colocarse el uniforme para el partido, que previamente había extendido sobre la bolsa.
– Por que llevo todo el fin de semana viéndote medio en bolas. – Justo en ese momento, los pantalones de Kise estaban en sus tobillos. – Ya me contarás a que vienen esas fotitos porno, por que en serio, tío, no sé que mierda vendéis ahí, es imposible mirar a otro sitio que no seáis vosotros baboseando.
– No se de que estás hablando, no he visto las fotos aún. – Dobló la ropa que se había quitado y la guardó en la bolsa.
Kasamatsu esperó a que terminara que anudar los cordones de las zapatillas para girar el móvil y enseñarle las imágenes de las que estaba hablando.
– Es el blog de tu club de fans, por culpa de mi novia casi me lo sé de memoria. – Fue pasando las imágenes deslizando el dedo por la pantalla, con prisa. – En serio, no se que cojones le ves a este tío... me pone de mala leche. – Kise le miró, un poco enfadado, aunque estaba acostumbrado a que la gente tratara así a Daiki no tenía por que gustarle.
– Tiene muy buenas cualidades, muy muy buenas. Estuviste en el hogar de su familia, solo por que juegue bien al basket no tienes que pensar mal de él. – Siguió pasando las imágenes y leyó alguno de los comentarios. A las chicas les gustaban juntos, y las fotos eran buenísimas.
– Si solo fuera por el basket me la sudaría, pero es que es un prepotente y un gilipollas. – Miró alrededor, donde todos sus compañeros les miraban, en silencio, pero asintiendo levemente a las palabras del moreno.
– Sigue sin ser tu problema. – El rubio empezaba a molestarse en serio. – Te guste o no, Daiki es un amigo preciado, y salimos juntos. Punto, no voy a darte explicaciones.
– No te las estoy pidiendo, ninguno lo hacemos. De hecho me la suda a quien se la metas o quien te la meta a ti. Con tu poya en tu tiempo libre puedes hacer lo que te salga de los cojones, nunca mejor dicho. Es solo que...Yo también soy tu amigo, todos los que estamos aquí lo somos... solo no queremos que te haga daño, nada más. – Suspiró y alargó la mano para tomar su teléfono de vuelta, pero se dio cuenta de que había tardado demasiado, por la cara que tenía Kise en ese momento.
Para desviar la atención de la conversación había ido dándole a la opción de entradas antiguas y justo ante él, una foto de Kuroko y Daiki, en el parque, besándose, le hizo sentarse en el banco tras él, lentamente y ampliar la imagen todo lo que daba el móvil para verla nítidamente.
No tendría mas importancia si no fuera por que reconocía la ropa que llevaba el moreno, y la fecha de la foto, a un margen de la misma, no daba lugar a dudas.
Miró la hora de la imagen en las propiedades, su entrecejo tembló un momento.
Bajó por los comentarios. No es que le importase mucho lo que dijeran de él, pero... uno en especial le molestó. Decían que se lo merecía por apartar a sus fans, que siempre le habían apoyado, por estar con ese traidor de Aomine.
– Oye tío, que se jodan. – Kasamatsu se sentó a su lado, pasando la mano por encima de sus hombros. – Son criajas que buscan atención... pero deberías pedirle explicaciones, o al menos que te diga de que iba todo eso. – Señaló la foto y después dejó la mano frente a él boca arriba, hasta que Kise posó el aparatito en ella. – A Kagami kun seguro que tampoco le gusta... no sé, digo yo... Todo eso es muy raro.
Kise suspiró, expulsando todo el aire de golpe. Tenía que centrarse, en el partido, en sus compañeros, nada mas.
El juego era su meta mas inmediata, después hablaría con Aomine como novio. Ahora era un enemigo, y uno terrible.
Miró a Kasamatsu y a sus compañeros, con una sonrisita de autosuficiencia.
– Gracias por todo, tíos, pero ahora tenemos que machacar a esos chulitos de Touhou.
– Bien, vamos a divertirnos. – Kise se levantó, y le palmeó el trasero a su amigo, antes de poner su mejor cara de guerrero y centrarse en el parket.
Hora de jugar.
Imayoshi siguió al rubio con la mirada, sin abrir la boca. Se recolocó las gafas y dibujó una medio sonrisa que se contagió inmediatamente a Wakamatsu.
Las caras en los jugadores de Kaijou dejaban muy claro que eso no era un partido, era mas bien una especie de batalla para cobrar venganza, y ninguno de los chicos de uniforme negro, pudieron evitar darse cuenta de las miraditas malintencionadas que le dirigían a su jugador estrella.
– No sé que coño les has hecho, pero parecen querer tus pelotas atadas a un palo. – El moreno miró a Daiki, preguntándole en serio. – La verdad no me importa si podemos jugar un buen rato a toda potencia. – Soltó una risita que hizo a Aomine mirar interesado al otro equipo.
Satsuki se puso a su lado y le señaló la carpeta en la que tenía todo anotado con precisión militar.
– Vale. – Entendía las órdenes del entrenador y las indicaciones de la pelirosa y le pareció bien.
Momoi le miró sorprendida. Le dejaban fuera los dos primeros cuartos y no decía nada para negarse. De hecho iba al banquillo de lo mas feliz. Analizando su forma de moverse la chica apretó los labios. Daiki había incumplido una de las normas sagradas antes de un partido; nada de sexo. Y por la cara que tenía Kise, estaba claro que había sido cómplice del delito.
Giró la cara y miró a Kise, que a su vez miraba de reojo a Daiki y que al darse cuenta de que era observado del mismo modo, desvió la mirada, avergonzado.
El rubio no podía dejar de pensar en la foto. Ese mismo día le había llamado para jugar un rato. Por la hora había quedado antes con Kurokocchi, pero no le dijo nada. Ni siquiera mencionó al peliceleste en todo el día... lo cierto es que no hablaba de él nunca. Kise tampoco había preguntado nada al respecto.
El modelo fue a su banquillo. El entrenador le dejaba fuera hasta que Daiki pisara la cancha, a si que, centró su atención en el dilema del beso, pasando olímpicamente del partido ante sus ojos.
Por mucho que trataba de darle vueltas, no encontraba una razón lógica que explicara eso, que ellos, ex-pareja, cada uno con su vida rehecha, tuvieran una razón válida para besarse, en la boca, y en público. A solas, a primera hora de la mañana, sin testigos... como amantes.
La simple idea de que estuvieran rememorando viejos tiempos le hizo un nudo en el estómago. Por mucho que quisiera, el no podía compararse con Kurokocchi.
Kise se escurrió hasta el borde del banco y observó a su novio unos minutos. Daiki estaba totalmente concentrado en el partido, ni siquiera pestañeaba. Justo encima de su cabeza vio una cabellera conocida en las gradas.
Fue mas un impulso irracional, no supo por qué ni que demonios le llevó a atravesar la cancha hasta ese punto y se paró frente a Kuroko.
Tetsuya solo necesitó unos segundos para darse cuenta de lo que pasaba.
– Dale el niño a Kagamicchi. – Kouen estaba sentado sobre su mami, con la vista puesta en la gente que corría de un lado a otra en la cancha.
Ni uno solo de los presentes pudo adivinar que estaba pasando, ni siquiera cuando Kise lanzó un puñetazo en dirección a la cara de Kuroko con todas sus ganas.
El peliceleste lo esquivó y lanzó uno de vuelta. No iba a dejarse golpear por Kise, eso lo tenía mas que claro, aunque el golpe fue a parar a la espalda de Aomine, que se había puesto entre ellos en un impulso.
– ¿Ahora también le defiendes?. – Le gritó, fuera de sí. – ¡Qué bonito!
– Mañana tienes una sesión de fotos, y no le estoy defendiendo. ¿Qué coño te pasa?. – Le empujó hacia la cancha, alejándole de Kuroko, pero sobre todo de Kagami, que gracias al cielo, tenía al niño en brazos, o le habría arrancado la cabeza al rubio de un puñetazo.
– ¿Qué coño me pasa a mi?, ¿Qué coño te pasa a ti?... Se supone que sales conmigo y te morreas con él. – Señaló a Kuroko por encima del hombro de Aomine, que se limitó a levantar la ceja derecha, nada mas. – ¿No piensas negarlo?
– ¿Por eso te pones así?. ¿Por un beso?. – Sin poder evitarlo sonrió, orgulloso.
– ¿Te hace gracia?. – Miró a Kagami que tenía la misma sonrisa que Daiki, y eso le encendió mas todavía. – ¿Y a ti tampoco te importa?.
– La verdad no, confío en Tetsu. – Aferró al niño con sumo cuidado y acercó la cabeza de su esposo a los labios, para darle un pequeño beso. – Tienen sus razones, que no son asunto, ni tuyo, ni mío.
– Vamos fuera. – Daiki le tomó por el brazo al darse cuenta de que el partido estaba parado por que ellos estaban dando un espectáculo mas entretenido que el basket.
– Puede que a ti no te importe, pero a mi si. – Señaló a Kuroko con el dedo en punta mientras Daiki le arrastraba a la salida a tirones. – Si vuelves a acercarte a mi novio te machaco, ¿Me has oído?...
Kagami estalló en carcajadas y su esposo le miró sin entender de que se reía.
Señaló a la pareja, mas concretamente a la mano con la que Kise le agarraba del culo a su novio, que le sacaba de la cancha para hablar con él a solas, aunque a estas alturas, ya no es que quedara mucho que aclarar.
Kasamatsu se encogió de hombros y miró al resto del equipo...
– ¿Qué hacemos, les seguimos o jugamos un rato mas?. – Preguntó al aire, a nadie en concreto.
– Vamos a jugar, que para eso hemos venido. Los dramones sentimentales no me importan lo más mínimo. – Shoichi se colocó las gafas con su eterna sonrisa irónica.
Y el arbitro decidió que seguir jugando era una buena idea.
…..
– ¿Ya puedo mirar?. – Takao caminaba con los ojos vendados de la mano de su novio hacia un destino incierto.
Midorima había estado de lo mas misterioso toda la mañana, había ido a entrenar para el partido de la tarde y después, se había duchado sin decirle ni hola. Salió de nuevo y regresó con su hermanita pequeña de la mano.
La niña adoraba a Kazunari, y el hecho de saber que pronto habría un bebé de su hermano mayor hacía que lo quisiera mucho mas.
Sin entender nada, los dos hermanos peliverde le habían pedido que se pusiera guapo.
Y le habían tapado los ojos, los dos, y metido en un taxi sin decirle nada mas.
Olía estupendamente, a naturaleza viva, a flores frescas. Oía pajaritos y el siseo de las hojas siendo mecidas por el viento...
La manita de la niña aferrada a sus dedos tiró de él hacia abajo, a su altura y le quitó la venda de los ojos.
Parpadeó un par de veces hasta acostumbrar la vista a la claridad del día y miró alrededor sin comprender nada.
Flores, plantas, verde... por todas partes. Colore vivos, chillones, en cada rincón.
Midorima y su hermanita le miraban ilusionados, esperando algo que por lo visto el moreno debía decir, y que no decía o hacía.
Miró de nuevo alrededor. Giró sobre si mismo y nada. Solo había como un millón de plantas por todas partes.
La niña abrió sus brazos como si estuviera presentando algún producto estrella del tele-tienda y su hermano la imitó, con una enorme sonrisa.
– No quiero parecer un borde, pero ¿qué se supone que tengo que ver?. – Takao miró extrañado a todas partes y a ninguna en concreto.
– Aquí. – Puntualizó Shin a su novio.
– ¿Aquí, qué?. – Seguía sin pillarlo.
– Takao niichan, mi hermano es un tonto. – La niña miró al mas alto y negó molesta. – Bienvenido al jardín botánico. Vine con el cole de visita hace una semana, y el guía nos dijo que se puede alquilar para bodas y cosas así.
Kazunari ensanchó la sonrisa hasta hacerla infinita. Ahora si, miró de verdad el entorno.
Era absolutamente perfecto.
– ¿Te gusta?. – Le miraba fijamente, esperando una respuesta que le llegó en forma de abrazo.
– Pero... costará mucho y el dinero y eso..- Takao sintió su nube disiparse de un manotazo.
– Tranquilo, papá y mamá ya se ocuparon de eso. – La niña agitó la mano para quitarle importancia. – Solo tenéis que decir cuando queréis y eso.
– ¿Ahora?. – Takao lo dijo tan serio que Midorima se lo creyó por un momento.
– eso es un poco... bueno, rápido. En serio que me encantaría ahora mismo, pero ..
– Es broma, tonto. – Takao le dio con el dedo corazón en la punta de la nariz.
– ¿El sábado?. – Shintarô hablaba ilusionado. – Así podremos decirle a todo el mundo que venga... A todo el mundo me refiero a los chicos, Kuroko y los demás...
– El sábado suena genial. – Se puso a su lado y le besó la mejilla. Dio un par de pasos hacia delante y caminó por el pequeño camino hecho para las visitas, mirando las flores de ambos lados, feliz.
La nena levantó su mano para chocarla y Shin lo hizo, igual o mas feliz que su chico.
– Biennnn, el sábado voy de bodaaaa...
La niña salió corriendo, entre risas, para cogerse de la mano de Takao y ir leyendo los cartelitos a pie de cada planta contando su procedencia y características.
Midorima los siguió, sonriente.
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Akashi jadeó, suplicando por aire para continuar respirando con normalidad.
El cuerpo de Murasakibara sobre el suyo desprendiendo un calor abrasador que le ponía la piel de gallina. Todo, en ese hombre era enorme, todo.
Y el pelirrojo disfrutaba de un modo totalmente masoquista de ese peso sobre si mismo, del calor, el tacto, el pulso en su pecho, en su cuello, en el punto exacto en el que sus cuerpos se unían íntimamente.
Atsushi apoyó los codos en el lecho bajo él, alzando el torso lo suficiente como para liberar parcialmente a Akashi de su peso.
– ¿Lo he hecho bien?. – Preguntó en un susurro lo mas cerca de la oreja de su chico que pudo acercarse sin aplastarle. Dejándole espacio suficiente como para que recuperase el aliento sin romper el contacto en sus caderas.
– Si, lo has hecho bien, no te muevas aún. – Apretó las manos en sus costillas en un intento de que no se saliera.
Contó los segundos mentalmente, y se puso a dibujar casitas y estrellas con la punta del dedo en las sábanas.
– Akachin, ¿Estás bien?. – La dulzura con la que hizo la pregunta le arrancó una sonrisa. – ¿Ya está hecho?.
– Estoy bien, ahora hay que esperar. – Deslizó la mano en una caricia por las costillas hasta su hombro.
– ¿Hay que esperar mucho?. – Ladeó la cabeza, y pestañeó un par de veces, intrigado.
– Solo un poco mas. – Alzó la mano, pasando el mechón del flequillo por detraś de la oreja. – Y es posible que tengamos que hacerlo así mas veces.
– Aaaa... Me gusta hacerlo así. Es como lo hacemos siempre pero sin ponerme esa cosa que parece un globo. – Besó la mano de Akashi en la palma. – Entonces, ¿Así se hacen los bebés?. – Su novio asintió. – Es divertido, me gusta. Lo haremos muchas veces hasta que el bebé se meta dentro. ¿Vale?
– Claro. – Le empujó despacio por los hombros, para que supiera que ya podía quitarse de encima y liberarle.
Atsushi rodó a un lado, pero no se fue, en su lugar abarcó el cuerpo de Akashi entre sus brazos y le apretó contra su pecho, besando su cabeza con una sonrisa feliz.
Si, iban a hacerlo un millón de veces. Por que Murasakibara quería un montón de niños alborotando en su casa...
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uyyyyy Kise celosoteeeeeeeeeeeee ju ju ju
Y Madre mía, me ha encantado escribir a mukkun siendo cariñosete cual peluche...
Nos leemos en el siguiente nenitas
Besitos y mordiskitos
Shiga san
Pd: el tumblr que no salió, Copiais desde http y lo pegais a la barra de direcciones y listo. o con el secundario en abrir en una ventana nueva.
os esperoooo
http:
/shiga-san
.tumblr.
com/
