Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
00000000000000000000000000000
Uno mas en el equipo.
Capítulo 24: Enhorabuena, Shintarô y Kazunari.
00000000000000000000000000000
Aomine suspiró, harto ya de discutir con él.
Fue hasta el armario y tomó la primera camisa que encontró, y del mismo modo,tomó el primer trozo de tela que le pareció un traje, tirándolo encima de la cama sin cuidado alguno.
Abrió cajones con fuerza, hasta que encontró las corbatas. De nuevo, cabreado, sacó la primera que rozó con los dedos y la tiró sobre el traje.
Hizo una bola con todo y regresó al salón.
Dejó la ropa sobre el sofá y agarró a Kise del cuello, para levantarle.
– No voy a ir. – Hizo morritos... y se agachó de nuevo en un rincón, dándole la espalda. – Soy idiota... Seguro que Kagamicchi me mata...
– Si vas a ir. – Tironeó del borde la camiseta del pijama hasta sacársela por la cabeza y le colocó la camisa con Kise aún acuclillado en el rincón.
Abrochó, sin mirar la mitad de los botones y le tiró al suelo para sacarle los pantalones por la fuerza.
– Esta camisa no es para ese traje. – Agarró el pantalón del pijama con la intención de que siguiera en su cuerpo. – Y no voy a ir.
– Kagami no está enfadado contigo, y aunque así fuera, Shintarô y Takao no tienen la culpa. – Kise se giró desde el sitio para mirarle. Daiki ya estaba vestido para ir a la boda desde primera hora... lo que no sabía es que iba a encontrarse al rubio con la negativa de ir... por el incidente en el partido.
– No quiero encontrarme con él... que voy a decirle ¿Eh?... mejor me quedo, ve tu y diles que no me encuentro bien. – Volvió a la posición inicial, sin pantalones.
– La estupidez no cuenta como enfermedad. – Musitó fastidiado. Kise le enfocó. – En serio... ¿De verdad creíste que Tetsu me estaba seduciendo?... – Negó divertido.
– No tiene gracia, ¿Sabes?... ¿Qué querías que pensara?... Te estás besando con tu ex novio, el mismo día que me llamas para quedar y ni siquiera lo mencionas... pues me pienso que estáis liados y que no quieres que me entere...pero si que es cierto que pegar a Kurokocchi no ha sido de mis ideas mas brillantes...
– Si me hubieses pegado a mí, habría sido hasta normal, al fin y al cabo soy yo quien sale contigo, y no él... aunque al final la hostia me la llevé yo. – Le miró de reojo unos segundos. – Por favor, vístete. Te disculpas con Kagami por ser idiota y con Kuroko por querer pegarle como una nenaza delante de su hijo y listo. Seguro que te perdona.
Kise suspiró, tenía razón. Tomó la camisa con dos dedos y chistó fastidiado.
– Voy a tener que darte un par de lecciones sobre como combinar la ropa. Para ese traje la menor camisa es la de seda, esta. – Señaló la prenda con el índice. – La que tu has traído es de algodón, para el uniforme del instituto.
– Es una camisa, blanca y limpia. A mi me vale. De que esté hecha es lo de menos, las dos sirven para lo mismo, cumplen su función de que no vayas desnudo... – Tomó la camisa que decía Kise y la acarició. Solo al tacto ya se notaba la diferencia, y en cuanto se la puso pudo apreciar la diferencia. – Como sea, date un poco de prisa, no quiero llegar el último. Midorima está de los nervios, tenemos que estar ahí con él.
Le dejó a solas en su cuarto para que se vistiera a gusto. Si se quedaba un poco mas no irían a la boda. Cuando el rubio se puso la camisa, Aomine tuvo la tentación de empujarle a la cama y no salir de ella hasta el lunes por la mañana, pero de verdad, le había prometido que estarían allí en media hora.
Salió hasta el salón y tomó su chaqueta de la silla donde la había dejado y la colocó en su cuerpo. Fue hasta el baño y se acomodó la corbata azul cobalto en su sitio. Miró interesado un pequeño bote lleno de pendientes de oro, aros en su mayoría.
El de la oreja era el único piercing de su novio, al contrario que él, que contaba con varios. Claro que él no vivía de su cuerpo.
Kise salió con todo encima. Llevaba la chaqueta posada sobre el hombro, el cinturón abierto y colgando a un lado, la corbata entre los dientes y al mismo tiempo, iba poniéndose los uno de los gemelos.
Aomime le quitó cosas de encima para que se arreglara la camisa. Tiró de la punta de la corbata para dejarla sobre sus hombros, alrededor del cuello, aunque aprovechó para robarle un beso.
– Quita pervertido. – Daiki le regaló una sonrisa y le agarró el trasero antes de tomar la corbata por las puntas y empezar a anudarla mientras terminaba de meter los faldones dentro del pantalón y se abrochaba el cinturón.
Sacó los calcetines negros de los bolsillos del pantalón del traje y se los puso, repasó los zapatos, para que luciesen perfectos y se perfumó, antes de tomar su cartera y las llaves del coche.
Se giró en el último momento y sacó la cámara de video de un cajón del mueble grande y se la pasó a su chico, rebuscó en el mismo cajón para dar con las baterías y se las guardó, junto a un par de tarjetas de memoria, que pensaba llenar en la boda.
Tenían que ir al jardín botánico.
00000000000000000000000000000
Decir que estaba de los nervios sería ser considerado.
Habían montado una pequeña carpa a un lado, con una recepción para que según llegaran los invitados tomaran una copa y algo de comer ligero hasta que empezara la ceremonia. Otra pequeña carpa a un lado, donde Kazunari descansaba, hablando con su "suegra" sobre la evolución de su nieto, mas tranquilo.
– Mamá, ¿Qué te he dicho de acaparar a mi chico?. – Midorima se acercó hasta su madre, que estaba sentada delante de su novio y la besó en la frente.
– Vamos, tu le tienes todo el tiempo, préstamelo un rato. – La mujer hizo unos morritos muy graciosos que le arrancaron una sonrisa al moreno.
Takao se fijó en lo que traía su chico. Midorima colocó el portátil sobre la mesa y abrió la pantalla.
– ¿Mamá?. – Kazunari se llevó la mano la boca al ver a su madre, y pocos segundos después a su padre sentarse a su lado y saludarle.
– ¿No estarías pensando que nos lo íbamos a perder solo por estar al otro lado del mundo verdad?. – La mujer, vestida de ceremonia, posó los dedos en la pantalla y esperó a que su hijo hiciera lo mismo. – Ponte de pie, que quiero ver como te queda el traje.
Kazunari obedeció a su madre, y dio una vuelta sobre si mismo, un poco avergonzado.
– Cariño, estás guapísimo. – Levantó un pañuelito hecho una bola y se dio un par de toquecitos en la mejilla para limpiar la lágrima que ya bajaba libre por su cara. – A ver la otra mitad de la naranja, que también quiero verte.
Shintarô pasó por delante, y se puso al lado de su chico, sin hacer el giro.
Los dos habían elegido ir juntos hasta el oficiante, y hacer sus propios votos. Al igual que habían elegido unos pocos invitados, solo los amigos mas cercanos y cotidianos.
– Bueno, tu no estás mal, pero mi niño está deslumbrante... y no, no es amor de madre.
– Tienes toda la razón, está perfecto. – Le besó en la sien, haciendo su sonrojo mas evidente.
– ¡Oye!, mi Shin-chan es guapísimo también. – Se quejó de mentirijillas la madre del de las gafas.
– Está bien, lo dejamos en que los dos son super modelos, ni para ti ni para mi. – Las dos mujeres estallaron en sonoras carcajadas, relajando el ambiente.
– Estaremos allí en tres meses. – El padre de Takao le informó. – Aunque conociéndote, eres capaz de soltarlo antes de que lleguemos.
– Papá, aún me quedan mas de cuatro meses , os dará tiempo... si se le ocurre querer salir lo meteré dentro hasta que vuelvan sus abuelitos. – Dibujó una sonrisa.
– Como sea, enhorabuena, cielo. – Su madre empezó a lloriquear y él la siguió.
Midorima le abrazó contra él, primero de lado y luego le giró para hacerlo frente a frente.
– Vamos, vamos, ¿qué clase de novio se pone a llorar antes de la boda, eh?... por favor, para, no es bueno para el bebé..
– No estoy llorando. – Se quejó sorbiendo por la nariz los mocos. – Son las hormonas, que me tienen harto. – Hizo el gesto de limpiarse con el antebrazo como hacía mecánicamente cuando jugaban al basquet, pero el peliverde se le adelantó, poniendo un pañuelo directamente sobre su mejilla.
– Después tendré una charla en serio con las hormonas esas que hacen a mi chico llorar. – Takao le dio un puñetazo pequeñito en el costado, aún abrazado a él, murmurando un insulto. – Venga, despídete ya, que tenemos que salir. Somos los protagonistas.
La hermana de Shin entró también en la carpa y saludó con la mano a los padres de Takao, que seguían en la pantalla los movimientos de todos.
– Hacer muchas fotos, y video. No queremos perdernos nada. – Takao asintió. – Y no llores cariño, tampoco te pases comiendo, ni bebiendo. Demasiado gas es malo... y nada de ejercicio después de la comilona. – Señaló a Midorima y alargó la sonrisa un poco mas en su cara. – Pasarlo bien, chicos.
– Claro que si, no se preocupe. – Iba añadir algo mas pero su madre lo apartó.
– ¡Oye me encanta eso que te has hecho en el pelo!. – Se sentó frente al portátil en la silla que estaba usando el novio al principio de la conversación.
Las dos madres iniciaron una conversación sobre sus aspectos que ayudó a prolongar el abrazo entre ellos unos segundos mas.
Una cabellera roja y negra desvió la atención de la pareja a la entrada de la carpa. Detrás de él Kuroko entró con el niño en los brazos, vestido con un traje gris perla y plata, precioso.
La madre de Midorima fue directamente a por el niño y prácticamente se lo arrebató al chico sombra de los dedos, para volver a sentarse frente al ordenador y enseñárselo a la madre de Kazunari .
– ¿Nerviosos?. – Taiga les estrechó la mano a los dos, con fuerza. Takao aún tenía los ojos húmedos, pero sonreía.
Tetsuya se acercó y estuvo hablando con las dos mujeres sobre el niño y su embarazo. Las dos estaban muy interesadas.
– Mas que si jugáramos la final con toda la prensa delante. – Contestó el peliverde, que siguió la mirada del pelirrojo, comprendiendo. – Tranquilo, mi madre no va a comérselo.
– Si no viene el juez pronto me voy a desmayar de hambre. – El estómago del moreno cantó en respuesta a su afirmación. – Pero con los nervios no creo que pueda comer nada.
Aomine se asomó también, pero no pasó de la puerta, dejando medio brazo fuera, con la mano aferrada a la del rubio, que le había mandado a mirar primero.
Su plan de quedarse fuera y camuflarse con el entorno durante la ceremonia se fue al traste, cuando los dos metros de Murasakibara le empujaron, literalmente, al interior de la carpa.
Aomine se fue hacia delante, y Kise chocó contra su espalda. Cuando asomó por un lado, vio a Kuroko inclinado hacia delante junto a la madre de Midorima.
Al que no vio fue a Kagami, a medio metro de él, a un lado, hasta que giró la cara para protestarle a Atsushi por empujarle.
– Kagamicchi, lo siento, de verdad. – Se adelantó, a voces hasta él. – Soy un gusano rastrero y despreciable.
La mano de Taiga se posó en lo alto de su cabeza, y tiró con cuidado hacia atrás para que le mirase.
– No es el momento ni el lugar. – Le sonrió dulcemente. Hizo un gesto con la cabeza, hacia Kuroko, que miraba la escena, como el resto, en silencio. – Ya te arrastrarás en otro momento, pero ya te lo dije el otro día, no es necesario.
– Si lo es, yo … – Daiki se puso a su lado, manteniendo la mirada de Kagami unos segundos. Se dijeron un millón de cosas en silencio. – Ya vale, Taiga tiene razón. Hemos venido a la boda.
– Oye tíos, el juez está aquí, pregunta por los novios. – Miyaji les informó desde fuera, donde los del equipo de Shutoku disfrutaban en la otra carpa de la comida y la bebida.
– Vale, ya vamos. – Se acercó a su madre. – Mamá, el juez está fuera. Tenemos que irnos ya. Gracias por el regalo, le daremos buen uso.
– Haced fotos, no te olvides. – Agitó la mano frente a la pantalla para despedirse. – Cuida de mi pequeño, Shin chan.
Takao se quedó un rato mas mientras el resto se reunía e iba saliendo al jardín.
Las flores llenaban todo, era precioso. Casarse al medio día también era perfecto. Solo una docena de sillas estaban colocadas a modo de pasillo, hasta un pequeño arco de flores blancas, donde habían instalado un atril, en el que el juez colocaba los documentos necesarios para hacer válida la unión.
Uno tras otro fueron tomando asiento, y colocándose en el lugar mas adecuado.
Los novios hicieron el paseillo en último lugar, con la mirada de todo el mundo puesta en ellos, sonriéndoles felices. El entrenador, sentado junto a los padres de Midorma se puso de pie, en representación de los padres de Takao, mientras del otro lado fue la madre de Midorima quien se levantó orgullosa junto a su hijo.
– Bueno, los novios me han trasladado su intención de leer sus propios votos, así que adelante.
Takao sacó una hoja de papel de la chaqueta del traje y la desdobló con dedos temblorosos.
– Perdón, estoy un poquito nervioso. – Se disculpó sonrojado. Los dedos de su novio de posaron en los suyos, parando el temblor.
– Es la primera vez que hacemos algo así, pedimos perdón si no sale bien. – Midorima le miró después de decirlo. – Lo hemos escrito entre los dos, para que podamos comer cuanto antes. – risas.
– Primero, gracias a todos por venir. No podíamos soñar con unos amigos, y familia mejor que vosotros. – hizo una profunda reverencia y siguió leyendo.
– Hasta que nos conocimos, nuestras vidas eran monotonas y aburridas. El basquet, que los dos amamos, nos hizo enamorarnos el uno del otro, y no lo cambiaríamos por nada del mundo. Deseamos seguir amándonos, ahora con una personita mas en nuestras vidas y deseamos que compartaís con nosotros esta felicidad, y que de algún modo os haga ser igual de felices a todos vosotros también...
Aomime apretó los dedos de Kise entre los suyos, tragó saliva. El rubio le miró, sin comprender, hasta que se encontró con su mirada azúl. Unos tras otros sus amigos se casaban. Un poco mas allá, Akashi le colocaba el cabello a Atsushi, que a su vez, acariciaba la barrigita del bebé sobre sus piernas, feliz, sonriente.
Kuroko mantenía su cabeza apoyada en el hombro de Taiga, sonriendo también, tal vez rememorando su propio enlace, apenas un año atrás y un poco mas solitario que el que estaban presenciando en ese momento.
Satsuki, que había llegado tarde se quedó de pie, atrás.
Todos estaban reunidos junto a ellos, felices de verles así.
– Kazunari Takao, no existe en este mundo una persona a la que ame mas de lo que hago contigo. Eres la razón por la que me levanto cada día y por la que me acuesto cada noche. Maldigo cada segundo vivido, por que no se puede repetir, del mismo modo que amo cada segundo que vendrá si puedo pasarlo a tu lado. Sé que no soy perfecto, ni siquiera me acerco, pero esto que ves es todo lo que soy, lo que puedo darte. Te prometo que te haré feliz, con todo lo que tengo, hasta que la vida nos apague. Te amo, mi vida, a ti y a nuestro pequeño milagro. – Se inclinó ligeramente y le besó, sin esperar a que el juez dijera las palabras que le permitían hacerlo.
– Shintarô Midorima, eres un cabezón, obtuso y mandón. Siempre me toca dar pedales en esa cosa del infierno por que eres un vago como para ir andando por ti mismo. Por tu culpa no puedo jugar al basquet que tanto me gusta... cocinas como el culo, roncas y gracias al cielo no te apestan los pies, ni te tiras pedos, lo cual agradezco. Eres un maniático del orden hasta volverme loco si cambio algo de sitio un milímetro...pero por todas esas maravillosas cosas te amo, y no se me ocurre nada mejor que pasar mi vida contigo. Y no contento con eso, entre los dos hemos creado a una personita maravillosa que nos hará mejor mejores día a día. – Las mandíbulas de todos los presentes amenazaban con rozar el suelo de la impresión. – El día que me dijiste que me amabas, todo en mi vida tuvo sentido... el tiempo a tu lado se detiene, y la forma en la que me miras, hace que desee estar a tu lado cada día del resto de mi vida.
– Hagamos esto juntos. – Takao asintió y volvieron a besarse sin esperar de nuevo las palabras que les permitían hacerlo.
Alguien empezó a dar palmas y el resto se unió, convirtiendo unas tímidas palmadas en una gran ovación.
Tímidos de repente se separaron, aunque siguieron abrazados.
– Bueno si firman aquí, primero los testigos, luego los contrayentes, daré por finalizada la ceremonia.
Los aludidos obedecieron al juez, haciendo que las palmas tras ellos volvieran. El entrenador soltó un silbido que hizo a todos reír.
El trámite de los anillos no hizo falta por que los dos los llevaban puestos desde una semana antes. Al fin y al cabo no era mas que un mero trámite, ya que tanto para ellos como para el resto, los dos se consideraban casados.
– Bueno, esto ya está. – El juez les dio la enhorabuena y les informó de los trámites a seguir a partir de ahí. – ¿Dónde se come aquí?.
La madre de Midorima ejerció de anfitriona, por que los chicos eran rodeados por sus amigos, que parecían querer felicitarles todos al mismo tiempo.
Comieron, bebieron, se divirtieron muchísimo.
Poco a poco se fueron retirando. Kuroko y Taiga los primeros. Kou ya estaba cansado de pasar el día de los brazos de unos y otros. Necesitaba un ratito a solas, tranquilo.
– Gracias por venir. – Se despidió Takao de ellos.
– Voy un momento al baño. – Se disculpó Kagami, dejando a su esposo con el nuevo matrimonio y el pequeño, que ahora, en brazos de Midorima se acurrucaba buscando la postura para dormir a gusto.
Se estaba lavando las manos cuando lo escuchó. Un gemido, apagado, desde el interior de uno de los baños. Sonrió a su reflejo en el espejo y esperó.
La puerta se abrió tras él, pero nadie salió. Un ojo dorado asomó por la rendija y después una palabrota murmurada.
– Puedes salir, no voy a pegarte, Kise kun. – Agitó las manos para alejar el exceso de agua y pulsó el botón del secador para secarlas.
– Lo decías en serio. – Se puso a su espalda, mirándole por el espejo. – No te importa...
– Si que me importa... y si, tengo muchísimos celos. – Giró la cara un tercio para mirarle. – Pero sé que Tetsuya necesitaba verle, y también se, que después de ese día, está mas tranquilo, como si se hubiera quitado un peso enorme de encima. – Suspiró profundamente. – No sé tu, pero a mi me vale si sonríe un poco mas cada día. ¿No crees?.
– Daiki está igual. – Taiga pestañeó, pero no dijo nada. – Me refiero a que está mas tranquilo... vuelve a ser él, el que me hizo interesarme en el basket... y no el idiota en el que se convirtió...
– Pues si ellos están contentos... tu y yo no debemos intervenir... – Le tendió la mano, que Kise aferró con cuidado. Cuando intentó soltarse Taiga le dio un tirón para acercarle a su rostro. – Limítate a ser feliz... y no vuelvas a meter a Tetsu en tus celos.
– Pues que tu marido mantenga su lengua lejos de mi chico, y nos llevaremos bien. – Le miró directamente, sonriendo.
– La lengua de mi marido tiene mejores cosas que hacer, no te preocupes por eso – Soltó su mano y le palmeó en el hombro, antes de darse la vuelta y salir por donde había venido, silbando.
Kise estalló en carcajadas. La verdad es que ahora si que estaba mas tranquilo.
– ¿Va todo bien?. – Aomine le miró desde la puerta. – Tardas mucho y algunos están diciendo de irnos a bailar por ahí. – Señaló fuera con la cabeza. – Estás entero, por lo que voy a suponer que Kagami no te ha matado...
– Si, todo va estupendamente. – Entrelazó sus dedos con los de su moreno. – Vamos a bailar, venga.
00000000000000000000000000000
Kyyyyaaaaa... juer, casi me dan siete yuyus, en serio.
Hace un par de horas no tenía ni el titulo escrito, pero quería hacer la boda entera... el resto, jummm, me parece que toca un cap lleno de escenitas cariñosas de todas las parejitas, nee?
Gracias por leer y a las que comentáis, os quiero.
Nos leemos en tres días.
Me voy a escribir el siguiente del origen, se me hace raro escribir de Aomine aquí y en la otra historia, he tenido que releer los anteriores para pillar la personalidad del moreno jejej
Como sea:
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
