Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 26: Huyendo hacia delante.
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Dicen que las noticias, ya sean buenas o malas, nunca vienen solas.
Aomine supo que su vida cambiaría en ese instante, cuando al abrir el buzón, justo encima de todas las cartas, había una, que había estado esperando desde hacía tiempo.
Ahora todo había cambiado para él. Meses atrás la posibilidad de ir a Estados Unidos con una beca de basket, le hacía completamente feliz... ahora no tanto.
Kise viajaba a todas partes del mundo, constantemente, pero siempre volvía. Si aceptaba la beca, estaría fuera al menos dos años. Haciendo lo que mas le gustaba, y con gente profesional, no con niños de instituto.. que no estaba mal, le gustaba, pero si quería vivir del basket, ser profesional era lo primero.
Y como reza el dicho, los problemas nunca vienen solos.
Pasó las cartas de una mano a otra, con rapidez. Publicidad, publicidad, factura, factura, oferta de colchones, descuentos del super, carta del …
– Oh, mierda. – Murmuró nada mas reconocer el emblema al pie del sobre.
Desgarró el sobre, sin cuidado y extrajo con tanta fuerza el folio doblado en su interior que todo el correo cayó al suelo, a sus pies sin que le importara lo más mínimo.
Leyó con ansia, sintiendo la fuerza de sus piernas disolverse hasta sentarle en el suelo.
Otra decisión mas que tomar... y lo que decidiera aquí, repercutiría en la otra, la de aceptar la beca.
Su mente era un lio confuso. Recogió todo lo del suelo, y abrió la puerta de su apartamento. Dejó el correo tirado de cualquier manera en el mueble de la entrada y cerró, rumbo a la única persona a la que podía pedir consejo en ese momento.
Necesitaba hablar con Kuroko, urgentemente.
Ooooooooooooooooooooooooooooo
No podía dejar de sonreír. Puede que pareciera tonto, y un poco cliché, pero lo cierto es que estar recién casado le hacía sonreír como un idiota, y no podía, ni quería, borrar esa expresión de su cara.
Junto a la estantería de novedades en la librería, Midorima colocaba los tomos de un nuevo manga shojo que atraía a las adolescentes como las luces brillantes a los insectos.
De hecho al mismo tiempo que él sacaba los ejemplares de la caja, las chicas se arremolinaban a su espalda, esperando que terminara para comprarlo, o simplemente ahí, para mirarle el trasero coronado con el lazo del delantal con el logo de la librería en lo alto cada vez que se agachaba.
La nube rosa de purpurina y flores que le rodeaba era casi palpable.
Suspiró, feliz del resultado, cuando por fin, las cajas quedaron vacías de tomos. Comprobó que todos ellos tenían el precio puesto, y recogió las cajas metiéndolas unas dentro de otras.
Ya llevaba mes y medio casado, y aún así se sentía como el primer día. Takao estaba mas hermoso, y regordete cada día, pero se cuidaba mucho de comentar su aspecto.
La simple mención por su parte de la posible gordura, siempre producida por lo bien que se alimentaba su hijo, originaba un huracán imparable de pucheros, lágrimas, seguidas de una avalancha de insultos, puñetazos y morritos, con la consiguiente guinda final, que obligaba a Midorima a dormir en el sofá, hasta nuevo aviso.
Así que, Takao era precioso, y no, no estaba para nada gordito, ni rellenito, ni siquiera fuerte de huesos.
Dejó en la zona de basura las cajas vacía y regresó al mostrador de cobro.
– Midorima kun, tienes una llamada de tu esposo. – Su jefe le tendió el teléfono, preocupado.
Tenía prohibido usar el móvil mientras durase su turno, y no podía usar el de la tienda, a no ser que fuera una emergencia. El propietario conocía la situación del chico de gafas, por lo que , hacía la vista gorda cuando su embarazadísimo esposo le llamaba, aunque fuera para pedirle que le dijera lo mucho que le quería, cosa que Midorima hacía, aunque la tienda estuviera llena de gente y el sonrojo de su cara se viera desde el espacio, o le llamara por un antojo, o para contarle alguna tontería, simplemente para escuchar su voz.
– Falta media hora para que termine el turno, ¿Puedes esperar?. – Su voz, sonó tan calmada que hasta él se sorprendió. – O mejor aún, ven dando un paseo. Si caminas despacio y con calma se te hará mas agradable. Después podemos ir a tomar algo, fresquito.
– S-shi... – Takao emitió un quejido, y sorbió los mocos sonoramente. – No quiero molestar... lo siento. – Llanto inconsolable. – Es que no aguant... Shin... me duele mucho...
– Escucha mi vida, tranquilizate... – Miró a su jefe, asustado. – Voy para allá, aguanta un momento.
– Corre. – El jefe tomó el teléfono. – Llamaré a una ambulancia, en lo que tu llegas.
Salió a la carrera, con el uniforme de la tienda. Se llevó el móvil a la oreja y esperó a que los tonos le dijeras que la llamada estaba en curso.
– Dime. – La voz de Kuroko del otro lado le resultó hasta relajante. – ¿Qué ocurre?
– Takao, creo que está de parto. – Esquivó a una señora con un perro, saltando por encima de la valla metálica que separaba la parte de los peatones del tráfico, y volvió a saltarla para seguir la misma dirección.
– Es muy pronto. – Respondió de forma serena. – Seguro que es una falsa alarma, relájate.
Shintarô detuvo su carrera, aunque siguió andando deprisa.
– ¿Falsa alarma?. – Lo habían hablado en preparación al parto, pero no había pensado en la posibilidad que le ocurriera a él. – ¿Es posible?.
Escuchó a Kuroko soltar una risita y un ruido seco, del teléfono pasando a otros dedos. De fondo los balbuceos de Kou llenaban la estancia. Le pareció reconocer la voz de Kise también.
– Oye, soy yo. – La voz de Taiga resonó fuerte. – Escucha, Tetsu tuvo cuatro de esas, me volvió loco, y siempre a las tantas de la madrugada. Se pasan en una o dos horas, no te preocupes.
– Pero... dice que le duele. – Puntualizó el peliverde.
– Voy para allá, ¿De acuerdo?. Kise está aquí. – El rubio tomó el teléfono.
– Midorimacchi, no te preocupes, ¿Vienes por la calle del parque?. Si, vale, de acuerdo... Espera en la esquina, la del semáforo, te recojo y vamos por tu chico.
Kagami se levantó, besando al niño en los mofletes, ajeno al jaleo a su alrededor, "hablando" con su conejito de peluche rosa. Después besó a Tetsu, tan dulcemente, que Kise tuvo que volverse, sintiéndose como un sucio mirón al contemplarles.
– Te llamo. – Agitó el móvil para que Tetsu supiera que le avisaría en cuanto supiera algo, y los dos salieron a la carrera.
Kou miró a su mamá, ladeando la cabeza, intrigado.
– Nos hemos quedado solos, ¿Eh?. – El bebé dibujó una sonrisa preciosa que hizo sonreír al peliceleste también.
El timbre sonó, y se aseguró de que el niño estaba lejos de cualquier cosa que pudiera hacerle daño, antes de ir a abrir.
Supuso que Taiga o Kise se habían dejado algo, pero la persona al otro lado de la puerta no entraba en sus predicciones ni por accidente.
– ¿Podemos hablar?. – La angustia con la que dijo las palabras dejó totalmente desarmado a Kuroko.
Se apartó de la puerta, para dejarle pasar dentro.
Daiki fue hasta el sofá, sentándose en la orilla mas cercana a la ventana. Tiró las dos cartas sobre la mesa y señaló con el dedo, para que Tetsuya las leyera.
Kou le miró, sonriente. Levantó la mano y la llevó a su boca, convertida en un puño, para después estirarla de nuevo en su dirección, ofreciéndosela para que disfrutase él también de su puñito chupeteado.
– No gracias. – El bebé hizo morritos y volvió a dirigir su mano al moreno, que al final, se agachó para tomarlo en brazos como si el niño quemara, con cuidado extremo.
Mientras Kuroko leía las dos cartas dirigidas a Daiki, el moreno se dedicó a observar al pequeño, sentado en sus muslos con atención.
Kou se había empeñado en compartir su puño, y al final, Aomine le agarró la manita en su propio puño, con cuidado y fingió comérselo simulando el sonido del mordisco.
– Ñum, ñum,ñum... que ricoooo … – Kou pataleó feliz, y miró su manita cuando Daiki le soltó.
La situación le resultó de lo mas lógica. Por un momento una descabellada idea le cruzó la mente.
– Podría ser nuestro. – Kuroko levantó la vista de la primera carta, apretando los labios. Le dedicó una sonrisa tímida y siguió con la otra hoja. – Me refiero a este pequeñajo... podríamos habernos casado, y sería mi hijo...
– Déjalo. Si Kise kun te escucha llorará. – Kou soltó un "baa" que sonó como si negara las palabras de Daiki y diera la razón a su mamá.
– No sé que hacer... – Jugó con el pequeño al tiempo que hablaba con su mamá. La situación era lo bastante seria como para que Kou jugara en otro sitio, en su mantita.
– Bueno, la verdad, esto es inesperado. – Levantó la hoja para que supiera a que se refería. – Habla con Kise kun.
– Tengo miedo, Tetsu... Me pregunta la razón por la que terminamos, y tengo miedo de que me abandone cuando sepa la verdad, lo que te hice... yo … – Se tapó la cara con las dos manos. Kuroko se sentó a su lado, apartándolas con dulzura.
– No te enfades, pero eso no es asunto de Kise. Lo que tu y yo tuvimos, es cosa nuestra. – Suspiró sonoramente. – Dile que te puse los cuernos, y listo.
– Eso no es verdad. – Negó serio.
– Ese no es el problema, ¿Verdad?. – Daiki frunció el ceño. – Lo que tu quieres es que Kise kun acepte todo de ti, hasta lo malo... y eso es imposible. Cuando él se enamoró de ti ya no eras la persona que salía conmigo en secundaria. No sé, es lo que pienso...
– Y con respecto a esto. – Levantó la primera hoja de nuevo. – Puedes tener las dos cosas. La beca no es para jugar es solo para ojeador. – Se sentó en el suelo, junto al bebé que miraba a Daiki buscando su atención. – Habla con …
– Si, ya sé. – Apretó los labios, enfurruñado como un niño pequeño al que su madre le ha dicho que no a un capricho. – Habla con Kise...
– Pero hazlo cuando vuelva, me parece que hoy tiene el día completito. Takao está de no parto... y han ido con Midorima kun al hospital. – Soltó una risita que el bebé imitó a la perfección.
– ¿De no parto?. – Preguntó intrigado.
Tetsu se colgó la bolsa del bebé y tomó la correa de Número dos, que no tardó ni medio segundo en aparecer, meneando la cola nervioso. Daiki tomó en brazos al niño y los dos salieron a sacar al perro, continuando con la conversación en la calle.
– Dentro de unos meses lo vivirás, tranquilo. – Tetsu le indicó con la cabeza la dirección que tomar. – Es como un simulacro, duele igual, pero no hay resultado.
– Pobre Midorima. – Chistó, la verdad es que cuando le pasaba a otro era gracioso. – ¿Kagami ha ido también?.
– Acompañando a Kise kun, que es el único con coche que estaba cerca.
Daiki miró alrededor, acomodando al pequeño en su brazo, contra el pecho. Le puso mirando hacia afuera, para que viera todo el parque sentado cómodamente. Tetsu soltó al perro que salió disparado a toda velocidad para hacer sus necesidades lejos de ellos.
– Espero que todo salga bien. – Lo dijo de corazón, en serio. – Vaya... como nos hagan otra foto Kise se pondrá hecho una furia. – La sonrisa perversa de sus labios hizo a Kuroko sonreír de vuelta. – Se pone tan mono cuando está celosote...
– A ti lo que te gusta es lo que viene después, la reconciliación. – Estrechó la mirada, acusador. – Por eso ahora estás en problemas... por cierto, enhorabuena.
– Tienes toda la razón. – Kou empezó a dar grititos feliz, al ver a Número dos trotando en su dirección y olisquearle las piernecitas con su nariz helada. – Por cierto, gracias...
Aún tenían algunas cosas de las que hablar, pero sería en casa, y con mas calma.
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– Midorima kun. Si no paras acabarás haciendo un agujero en el suelo. – Kagami le dijo con voz grave.
Shintarô caminaba en círculos, una y otra vez, tomando las mismas curvas sin descanso. La sala de espera del hospital acabaría siendo una parada de metro si seguía caminado por las mismas baldosas.
– ¿Por qué no sale nadie?. No dicen nada... arghhh – Se agarró del cabello y retomó el paseo, donde lo había dejado. – Tengo que llamar a sus padres, a los míos... como lo tenga ahora y no avise a nadie me matan...
– Es muy pronto, tranquilizate. – Kagami le agarró por el hombro y le arrastró a la zona de sillas, donde Kise estaba mandando mensajes a todo el mundo hasta que saliera humo del movil. – Seguramente estará enganchado al monitor... le ponen un montón de correas y apuntan todo lo que pasa. Tiene que estar un tiempo, y luego comparan con los datos de la consulta. Ya te lo he dicho, suele llevar un par de horas, a si que, tranquilizate.
– Digo yo, que si el bebé quisiera salir te llamarían... – Kise le mostró el teléfono. – Ya está todo el mundo avisado, a la espera. En cuanto digan que lo va a tener, vienen para acá.
– Gracias. – Se masajeó las sienes, buscando tranquilizarse un poco.
Kise recibió un mensaje en ese momento de Kuroko, pero no tuvo tiempo de comentar nada, por que la puerta que daba acceso a la zona de maternidad se abrió, dejando salir a Takao, sonrojado y mirando el suelo. La doctora salió tras él.
Midorima prácticamente salió disparado a su lado, y le abrazó, notando que su hijo seguía en el mismo sitio en el que había estado.
– Bueno, ha sido una falsa alarma. – La doctora le tiende la mano al padre, que sigue abrazando a su chico, totalmente ajeno. – Es normal, no pasa nada. Su cuerpo se prepara para el parto y hace pequeños simulacros, pero no es nada malo.
– ¿Entonces está bien?. – Ahora si, mira a la mujer interesado.
– Todo está bien, los indicadores son normales, su tiempo de gestación es el correcto y todo va como debería. – Takao seguía sonrojado, mirando al suelo. – Ya le he recomendado terapia de relajación y una dieta un poco mas ligera. Como consejo, que no se quede solo. Ya ha entrado en la zona roja, puede ponerse de parto en cualquier momento y no es bueno que esté solo, ¿De acuerdo?. – Midorima asintió, mas aliviado.
– ¿Ves?, Te lo dije, una falsa alarma. – Kagami le puso la mano en el hombro, apoyándole.
– ¿Podemos irnos?. – El modelo preguntó.
– Claro que si. – Levantó la cara de Takao con la punta de los dedos. – Tómatelo con calma, ¿De acuerdo?. – El morenito asintió. – Ya tienes las recomendaciones, estúdialas, y si necesitas que te aclare algo, ya sabes donde estoy.
– Gracias por todo. – Midorima se despidió agradecido y todos salieron con destino al parking.
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– ¿Te conceden una beca de basket profesional y hablas primero con Kurokocchi?. – Kise estaba realmente mosqueado.
– No grites, estás exagerando. – Le miró, serio. – Te llamé, antes de ir a su casa.
– No me llamaste. – Señaló el aparato, sobre la mesa.
– Si lo hice. – Se levantó, y tomó aire, para tranquilizarse. – No quiero discutir contigo, me voy a casa.
– No estamos discutiendo. – Kise buscó en el historial de llamadas, incrédulo, solo para darle en la cara con su mentira, pero comprobó, con rabia, que Daiki decía la verdad, le había llamado esa misma tarde, cuatro veces, seguidas.
– Tienes que dejar de estar celoso de cualquier cosa que tenga que ver con Tetsu. – Suspiró dándole la espalda, para volverse lentamente. – Te quiero, ya te lo he dicho, pero no voy a discutir ni un segundo mas contigo sobre una relación que está en mi pasado, no tiene nada que ver contigo. Puedes o no creerme, pero no voy a mentirte, no lo he hecho y no voy a empezar. – Negó, apoyando sus palabras. – Ya estoy cansado de todo esto. Entre Kuroko y yo, no ya nada, romántico ni sexual, somos... bueno mas o menos amigos, punto.
– Ya lo sé... pero no puedo evitar sentirme intranquilo cuando sé que has estado con él, no me preguntes por que, es solo.. no sé... tengo la sensación de que volverías con él si te lo pidiera...
– Vete a la mierda, Kise. – Fue hasta la puerta pero el rubio le impidió salir, abrazándole en contra de su voluntad. – Suéltame. – Forcejeó sin fuerzas en el sitio. – Hablo en serio, no me puedo creer que pienses eso de mí. No tienes ni puta idea de lo que siento por ti... – Se giró, bruscamente, para encararle. – Aún no te has dado cuenta de lo mucho que te amo...
– Vale, me rindo. – Kise levantó las dos manos, en señal de rendición incondicional. – soy un celoso exagerado, y tu me amas con locura, es toda la verdad. – Se inclinó para besarle, dulcemente.
Daiki se negó, al principio, apartando la cara a los lados, pero al tercer intento, sucumbió a los labios de su novio, y se dejó besar, un poquito.
– Te llamé. – Repitió, mas tranquilo.
– Lo sé, lo siento, de verdad, lo siento. – Le aferró la cabeza para besarle con mas intensidad... – Enhorabuena, por la beca, es genial... Siempre has sido el mejor, me alegro por ti...
– Enhorabuena a ti. – Cerró el abrazo en torno a su cuerpo, y se quedó así, notando la respiración del rubio en su propio cuello...
El camino ante él ahora era mucho mas claro. Ahora mismo, pesaba mas su amor por Kise que su futuro en el basket.
Por que la otra hoja, le decía que dentro de nada, serían uno mas en su relación.
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Re kyaaaaaaaaa holitas hermosuras …
Gracias por vuestro apoyo, os lovio...
Ese Takao, es genial ( aprovecha tontooooo jajaja con los antojitoooooo ssss jajaja)
me ha encantado escribir la escena de Daiki con el bebé, lo adoro.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
