Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

00000000000000000000000000000

Uno mas en el equipo.

Capítulo 27: Traspasando la zona roja.

00000000000000000000000000000

Acomodó a Takao en el sofá del salón antes de sentarse en el lado contrario y llamar a la tienda.

Debía avisar de que habían vuelto y de que todo seguía mas o menos igual para ellos.

Su esposo gimoteaba en voz baja, para no molestar en la llamada.

– Lo siento. – Sorbió los mocos, jadeando por la falta de aire entre inspiraciones. – Lo siento, Shin... lo siento.

– Está bien. – Le abrazó con fuerza, temblando con él, tranquilizándole como podía.

– Lo siento, yo no.. – Un nuevo jadeo, lágrimas manchando el delantal de la tienda de libros. – Me dolía mucho... no sabía que era una falsa alarma... no quería preocuparte … yo..

– No pasa nada, lo entiendo. – Le separó de su pecho, con las dos manos en sus hombros. – Tranquilízate, por favor.

Sus manos masajeaban por la espalda de la mamá, con sumo cuidado, alargando el contacto hasta la cadera y subiendo de nuevo hasta su nuca.

– Pero, Kagami... y Kise kun... y todos, estaban esperando – El disgusto le hacía jadear de forma graciosa. – Y tu, tu trabajo... el entrenador.

– Que se jodan. – Takao abrió mucho los ojos, sorprendido. Nunca le había escuchado ser maleducado. – Es lo menos que pueden hacer. Si mi hijo quiere nacer, lo hará cuando él quiera, y todos ellos, tienen que perder el culo para estar presentes. – Kazunari soltó una sonrisita entre los jadeos. – A si que, por favor, deja de llorar, ¿Vale?.

– Sigo estando gordo. – Hizo un puchero, en mitad del beso que hizo a Midorima sonreír.

Le guió por la casa hasta el cuarto que compartían y le pidió que esperase al pie del armario. Abrió la hoja del todo, revelando el espejo de cuerpo entero de la parte interior de la puerta.

Le puso frente al espejo y se puso a su espalda, deslizando su camiseta tomándola con la punta de los dedos.

Takao se resistió, bajándola de nuevo cada vez que él la subía, pero al final cedió, avergonzado.

Vio su reflejo en el espejo, su redonda barriga con la piel desnuda, el sonrojo furioso de sus mejillas, aún húmedas por las lágrimas.

Las manos de Midorima surgiendo a sus costados, abiertas hasta el límite, abarcando con ellas toda la piel posible, disfrutando de su tacto, su barbilla posada en el arco del hombro, sus labios entreabiertos, y esos ojos verdes, clavados en su persona, recorriéndole de arriba abajo.

– Mírate. – Susurró pegado a su oreja.

– No quiero, estoy gordo. – Apretó los labios haciendo un puchero al mismo tiempo.

– Eso es por que te miras con tus ojos, si lo hicieras con los míos, verías una mamá muy sexy. – Rodeó el ombligo, graciosamente hacia fuera, dando la sensación de ser un botón pegado artificialmente en el centro de la barriga. Acarició con la punta del dedo la línea mas oscura que dividía la redondez en dos mitades perfectas. – Mírate, Takao, mira bien. Eres hermoso, lo mas bonito del mundo, y no soporto que llores... nuestro bebé se pone triste si lo haces... ¿Ves?. – Un pequeño bultito recorrió la tripa, siendo visible que el pequeño se movía dentro de su madre, reaccionando a la voz de su padre, que ahora, agachado de rodillas frente a él, pasaba sus labios por la fina piel de su vientre.

– No es verdad. – le miró, con una mueca de dolor, el bebé le estaba haciendo un poco de daño con tanta vuelta. – ¿Cómo puedes verme guapo?... deberías ir a cambiarte las gafas, esas ya no funcionan bien.

– Ven, necesitas descansar un rato. – Le tomó la mano y lo guió hasta la cama, ayudándole a tumbarse, tomando sus tobillos con sumo cuidado y posándolos en el colchón. – Cuando estés despierto seguiremos hablando de lo precioso que eres, ahora mi bebé necesita tranquilidad y tu un ratito de sueño. – Besó su frente y le acarició el cabello del flequillo con amor. – Te quiero. – Beso sus labios con calma, despacio.

Se quedó sentado a su lado hasta que finalmente se durmió. Aún así, le observó dormir unos minutos antes de salir y hacer unas llamadas.

– ¿Mamá?. Soy yo. Si, falsa alarma, pero … – Se sentó en el sofá, jugueteando con el mando del televisor mientras hablaba, girándolo sobre si mismo. – No claro, ya lo sé. Lo de hoy ha sido un susto y no puede quedarse solo. .. No claro, no va a quedarse con cualquiera... No mamá, mis amigos no son cualquiera. Claro que puedo contar con ellos, sin problema... Ya sé que no son la familia... pero … prefiero que Kazunari esté en nuestra casa, de él y mía. Si puedo evitarle momentos incómodos contigo o con papá... Sé que es bienvenido en tu casa, no tienes que decirlo... – Suspiro, conteniendo lo que quiere decir y no lo hace por respeto a su madre. – Ya sé que es tu nieto... mamá... mamá... ¿Quieres escucharme, por favor?... No te estamos dejando fuera. De verdad. Kazunari te quiere, y lo sabes, y a papá... Vale, hablaré con todos. Si nos organizaremos para que no esté solo ni un minuto entre todos... Claro mamá, puedes venir cuando quieras... Se lo diré. Un beso guapa.

Cuando colgó el teléfono soltó un enorme suspiro de alivio. Empezó a redactar un mensaje en el que contaba la situación y lo mando a todos sus contactos del móvil.

En apenas unos minutos, la lluvia de respuestas no se hizo esperar, de hecho la mayoría de sus amigos ya se habían organizado a sus espaldas, gracias a Kise y su mensajeo durante la espera en el hospital.

Él tenía que limitarse a cuidar de su preñadito, nada mas. Del resto se ocuparían los demás, amigos, compañeros de equipo, de clase. Una veintena de personas se había organizado para cubrir cada día de la semana, al menos, el tiempo en el que Midorima estaba trabajando o jugando.

Una enorme sonrisa, plena y completa, se dibujó en su rostro y se quedó ahí, esperaba que para siempre.

Era tan feliz que parecía irreal, apenas recién casado, con su hermoso gordito durmiendo tranquilo en el cuarto de al lado, su pequeño bebé, a punto de ver el mundo, de mostrarse ante él... y todos sus amigos apoyándolos.

Volvió a la cama, y se tumbó junto a su chico. No enía nada mejor que hacer y acostarse temprano venía bien para el cuerpo de vez en cuando.

Y con ese pensamiento, sus brazos alrededor de su pequeño hijo, la cabez de Takao en su hombro, el aroma de su cabello metido en su nariz, se quedó profundamente dormido.

000000000000000000000000000000

Murasakibara dibujó un puchero, sacando el labio inferior hacia fuera hasta su límite

Akashi suspiró, resignado. El primer resultado de los análisis era negativo, no haia concepción.

– Pero, ¿Por qué no?. – Su voz sonó afectada, aunque eso no le impidió seguir comiendo un gusanito de chuchería. – Aka-chin dice que lo hago todo bien, como pone en la hoja...

– Y seguro que lo haces bien, pero a veces estas cosas llevan su tiempo, tendréis que seguir intentándolo, ¿De acuerdo?. – Akashi ya le había indicado a la doctora la "singularidad" a la hora de tratar con su pelimorado.

– Entonces, otra vez a empezar... bueno, me gusta. – Sonrió pícaro a su chico. – Aunque no me gusta cuando Akachin grita, aunque dice que es por que le gusta... que lo hago bien... pero a mi no me gusta que grite, es muy pequeñito, es como si fuera un abusón... y yo no quiero aprovecharme de Akachin. Aunque si voy despacio no grita, es solo cuando me emociono y Mpfffff. – Akashi le tapó la boca, con las dos manos, rojo como su pelo por toda la cara.

– Gracias por todo doctora. Seguiremos intentándolo. – Apartó las manos de su boca y le tomó de la mano, tirando de él para ponerle en pie y tironear de su cuerpo hasta la salida.

Ya en el pasillo, Murasakibara hizo fuerza en contra, para detener la "huida".

– Es verdad, Akachin... no me gusta hacerte daño. – Volvió el puchero a sus labios, mirando el suelo. – Yo te quiero... pero si para hacer el bebé tengo que hacerte daño, no quiero el bebé.

– No me haces daño. – Tiró de su camiseta para obligarle a ponerse a su altura. – Y por que sé que no me harías daño nunca, y que me quieres, es por que quiero que tengamos un bebé, ¿Lo entiendes?.

Murasakibara le miró, a los ojos directamente. Permaneció serio unos segundos, estudiando la cara frente a él con interés.

– Si, lo entiendo... no soy tonto . – Desvió la mirada a un lado, pero Akashi le agarró de un mechón del pelo y tiró para acercarle a él, dándole un pequeño beso en los labios, feliz. – Vamos a la tienda... tiene caramelos nuevos, de chocolate... a ti te gusta el chocolate, ¿No?... – aferró sus dedos con firmeza y salió a la calle, siendo él quien guiaba esta vez. – Compraré muchos, para que Akachin también los coma...

Le frenó , nuevamente, con la intención de pasear tranquilamente junto a él... hasta que un mensaje en el móvil de Akashi desvió la atención de los dos.

Kuroko le contaba que había estado a solas con Daiki... y que todo había ido bien, mucho mejor que bien.

Akashi sonrió. Puede que su bebé aún no estuviera en marcha, pero la tranquilidad de su amigo Tetsu, era un pequeño triunfo que le hacía sonreír...

Eso y la insistencia de Atsushi en correr hasta la tienda... Como se acabaran los caramelos de chocolate él tendría la culpa... y eso no podía permitirlo.

Akashi aferró sus dedos con fuerza y apretó las zancadas para correr a su velocidad. Los dos sonreían...

Chocolate sonaba bastante bien.

000000000000000000000000000000

Kou palmeó el agua de la bañera con la mano abierta, salpicando en todas direcciones entre sonoras carcajadas.

– ¿Qué Aomine está qué?. – Se giró Kagami en el sitio, sujetando al niño por las axilas dentro del agua, recibiendo la onda expansiva en su cuerpo.

Kuroko le daba la espalda, colocando la toalla del niño en su pecho y hombro para tomarlo en brazos dando por concluido el chapuzón, pero Kou tenía otros planes, y aún cuando su padre le sacaba a cámara lenta del agua, se las apañó para dar un par de patadas, empapándole lo que le quedaba seco de pantalón.

– Lo que has oído. – Envolvió al pequeño con ternura extrema en la toalla, hasta dejar solo sus ojitos y su naricita fuera de la toalla, y le llevó hasta la cama, donde le dejó con cuidado sobre el colchón, donde esperaba todo lo necesario para el aseo del pequeño ordenado.

– Vaya, es un poco... increíble. – Vació la bañera y se quitó la ropa, dejándola en el lavabo y pasó de largo, desnudo hasta su armario, haciendo que Kuroko le dedicara una mirada curiosa y por que no decirlo, agradecida por las magníficas vistas. – Siempre pensé que Kise … bueno tu me entiendes...

– Si, yo también pensé lo mismo, pero supongo que su relación es diferente... – Abrió la toalla, y le secó dando pequeños toquecitos suaves por todas partes.

Kou se alcanzó un pie, y tiró de él, rodando a un lado. Kuroko le volvió a poner de frente, levantándole por los pies para meter el pañal debajo del traserete. Pataleó, intentando quedarse con el culo al aire todo el tiempo posible, pero su madre, malvada como todas las madres del mundo, chasqueó los dedos, desviando su atención un segundo, suficiente para que Kuroko pusiera una fina capa de crema protectora y colocara el pañal cerrándolo con los velcros a sus caderas.

Kagami sonrió desde el armario, donde reunía ropa seca con la que vestirse. Kou le miró frunciendo el ceño, como si realmente le estuviera culpando a él de que su mamá le hubiera tapado el trasero.

– ¿Y que va a hacer?... ¿Se lo ha dicho a Kise?... supongo que no, o se habría puesto de un pesado... y no dijo nada mientras estuvimos con Midorima, ni en el camino de vuelta...

– Supongo que le preparará una buena cena y una sesión de sexo salvaje... una noticia así, y a Kise... mejor con toda la ayuda posible... y luego está lo de la beca... – Estiró el bracito del bebé sentándole desde dentro de la manga de la camiseta para ponérsela. Kou seguía enfurruñado hasta que su papá sacó la lengua, poniendo una cara muy graciosa que le hizo soltar una carcajada. – Espero que la acepte. Aomine siempre ha sido el mejor, ser profesional es un paso natural para él.

– Iba a decir una tontería, por que tu, por ejemplo, puedes jugar sin problemas después de tener a Kou, de hecho , ahora mismo eres mucho mas fuerte y rápido que antes...así que no creo que sea un problema. – Taiga soltó una carcajada al ver a Kou, con la misma cara que había puesto él segundos antes, lengua fuera y todo.

Kuroko terminó de vestir al pequeño, mientras su papá preparaba el biberón.

Sinceramente, esperaba que todo le fuera bien, o al menos fueran tan felices como lo eran ellos.

Kou se tiró un pedete, sonoro, que hizo a Kuroko pestañear sorprendido antes de estallar en carcajadas.

Si, justo momentos como esos eran los que definían la auténtica felicidad... aunque no olieran precisamente a rosas.

0000000000000000000000000000000000

...-se kun...

...- ise kun...

Una voz lejana, le llamaba.

Una voz conocida.

Una voz que hablaba metida en su cabeza, por dentro.

– Au... – Se quejó, con los ojos cerrados fuertemente.

Una mano en su pecho, impidiéndole levantarse.

– ¿Puedes abrir los ojos?. – Daiki sonaba preocupado.

– ¿Que ha pasado?. – Pestañeó confuso, intentando sin éxito levantarse, aunque el otro lo mantuviera en el suelo, a la fuerza. – ¿por qué estoy en el suelo?.

– No te levantes. – Le ordenó mas que pedirle. Se sentó a su lado, dejándose caer. Levantó la mano con dos dedos en alto. – ¿Cuántos dedos ves?.

– Dos, ¿Qué pasa?. – Se sobó la nuca, dolorida por el golpe.

– ¿Sabes que día es hoy?, ¿Quien soy yo?. – Movía los dedos de punta frente a su cara, no muy convencido con que estuviera bien del todo.

– Miércoles y si no me equivoco, eres el carnicero del super. – Estrechó la mirada un poco nervioso. La expresión de Aomine dejaba muy claro que iba en serio. – Eres Daiki, mi novio... Ahora ¿me dices por que estoy en el suelo y me duele la cabeza?.

– ¿Qué es lo último que recuerdas?. – Le miró intensamente, esperando que hablara.

– Pues... discutíamos por mis celos hacia Kuroko... hablábamos de la beca de basket y me has dado la hoja del médico … la estaba leyendo... y todo se volvió negro...

– ¿Recuerdas lo que dice la hoja, lo último que leíste?. – Pasó su brazo por la espalda del rubio, sosteniéndole con cuidado por si se desmayaba de nuevo.

– Erm... que voy a ser... – Abrió los ojos hasta el límite de sus cuencas, recordando todo. – que tu estás... tu... que tu... – Tartamudeó procesando un millón de cosas al mismo tiempo. – Tu...

– Si bueno, ya ha quedado claro que yo soy yo. – Daiki le regaló una sonrisa, de esas tan inusuales que solo había visto el rubio y nadie mas.

Justo ahí, Kise hizo algo inesperado. Se levantó de un salto y fue hasta su cuarto.

Sacó la maleta grande y empezó a llenarla con ropa, sin orden alguno, poniendo cosas y mas cosas dentro.

– Tenemos que irnos, lejos... muy lejos. – La mirada del modelo era totalmente de loco. – Si, si salimos ahora seguro que conseguimos billetes de última hora a un lugar donde no nos encuentren, si... la Antártida... o mejor aún, el triángulo de las Bermudas...

Aomine se puso a su lado, tomándole por las muñecas, preocupado por que el golpe que se había dado en la cabeza al desmayarse le hubiera causado un daño grave... o vuelto mas tonto de lo que ya estaba.

– Tranquilízate, ¿Quieres?.

– Tu no lo entiendes. Tenemos que marcharnos, cuanto antes. – Le miró fijamente. – ¿Se lo has dicho a alguien?.

– A Kuroko... – Kise retomó con mas ganas lo de rellenar la maleta. – Pero, ¿Se puede saber que pasa?.

– No preguntes, hay que ir por tus cosas... o mejor, nos vamos con lo puesto. – Rebuscó en el cajón hasta dar con su pasaporte y documentación. – Ya compraremos lo que nos haga falta donde vayamos... mejor a la aventura, si nadie sabe donde vamos no pueden encontrarnos. – El moreno le detuvo, serio. – No lo entiendes...

– No, no entiendo nada... y por norma general me encantan tus locuras, pero esta me está asustando un poco... y me conoces, no soy de los que se asusta fácilmente...

– Tengo que esconderte, ponerte a salvo. – Daiki levantó una ceja, ahora si, convencido de que a Kise le faltaba un tornillo. – El enemigo es inteligente y poderoso... tiene recursos y sabe como usarlos... es mejor huir cuando aún no saben nada.

– ¿El enemigo?. – Preguntó, dándose cuenta de a donde quería llegar Kise. Sonrió. – No será para tanto... somos dos chicos grandotes, también tenemos nuestros recursos...

– No podremos con ellas. – Kise sonrió también, resignado a afrontar al "Terrible enemigo" completamente desarmado. – Mi madre y mis hermanas son demonios de la clase mas superior...

– El mes que viene estaré en Estados Unidos. Voy a aceptar la beca, a si que , será tu problema. – Kise suspiró aliviado. Entendía que se fuera, y en cierto modo, se sentía orgulloso de que Daiki fuera a la cuna de deporte que ambos amaban.

– Me alegra oírte decir eso. – Le abrazó con fuerza, aunque seguía encestando cosas dentro de la maleta. – Mientras tanto nos vamos a Hawai... o a algún sitio sin cobertura, ni wifi... ni nada de eso.

Daiki sonrió... No sabía si podrían escapar de los tentáculos de las mujeres de la familia de Kise, pero al menos estaba seguro de su vida junto a él, no sería aburrida en absoluto.

000000000000000000000000000000

Wiiii jajaja en serio, me he partido de risa escribiendo la última escena entre Kise y Aomine... tanto que tenía que parar por que no veía la pantalla solo de imaginarle jajajaj

En fin. Gracias por pasaros... super besos a todo el mundo.

Besitos y mordiskitos

shiga san