Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo 28: … Casi padres.
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Kou hizo un puchero en los brazos de Kise.
Estaba acostumbrado a pasar de brazos de unos a otros, pero era la primera vez que estaba en la cancha, llena de gente, todos hablando al mismo tiempo, con el soniquete propio de un cúmulo de gente ante un evento deportivo.
La bocina que instaba a los jugadores a reunirse cada uno en su banquillo le hizo gemir, acurrucándose primero en el pecho del modelo, para después patalear, tratando de que le soltara.
Kuroko miró desde el banquillo. Una madre reconoce el llanto de su hijo en cualquier circunstancia, y aunque no estaba llorando del todo, el simple malestar del bebé le estaba haciendo perder la concentración en el futuro encuentro y concentrarlo en las gradas.
Kagami miró también, con una sonrisa, viendo como Kise trataba de mantener al pequeño sentado en sus muslos, y como el niño luchaba contra sus intentos con todas sus ganas, frunciendo el ceño, entrecerrando los ojos con mirada de odio profundo hacia el rubio, y amenazando con un llanto mucho mas alto e irritante que los leves gemiditos que ahora salían de sus pequeños labios.
– Estará bien, no te preocupes. Solo es la impresión de tanto ruido a su alrededor. – Teppei posó su mano en el hombro del preocupado Kuroko, dándole calma antes del partido.
– Bueno, bueno, pequeñajo, yaaa, tranquilooo. – Intentaba calmarle sin mucho éxito el rubio.
Daiki, a su lado, suspiró profundamente con la boca abierta. Si Kou lloraba en voz alta, tanto su madre como su padre estarían mas pendientes de él que del juego.
– Trae, anda. – Tomó al pequeño directamente del regazo de su novio y lo puso en pie, sus propios muslos.
Sentó al bebé de espaldas a él, mirando hacia la cancha y le susurró en voz muy baja, captando la atención del niño a la primera.
– Mira mamá. – Tomó la manita de Kou y señaló con ella a Kuroko. – Dile hola... Holaaaa mamáaaaaa.
– Baaaa... – Sorbió con cierta gracia por la nariz, y dibujó una inmensa sonrisa que le llenó los mofletes. Kise le limpió las pocas lagrimitas que manchaban su cara, sonriendo con el niño.
Kou agitó la manita solo, mirando a Kuroko y luego a Daiki, soltando un "ba" cada vez que lo hacía bien.
– Ahora a papá. – Kou buscó con la mirada a su papá, que como estaba sentado en el banquillo, atendiendo a las indicaciones de la entrenadora, no se le veía bien. Mitobe se apartó a un lado, para tomar asiento, dejando un espacio por el que se podía reconocer perfectamente la cabellera roja de su padre.
– Ba... puuuu. – Cerró la manita en un puñito que empapó de saliva para compartirlo de nuevo con Daiki, contento por que veía a su papá perfectamente desde los brazos Aomine.
Sonó el pitido que indicaba que los dos equipos debian alinearse para saludar. Kagami le hizo unas caritas muy graciosas mientras iba a su sitio.
Daiki le tomó por la muñeca, saludando a su papá desde la grada.
Kise le miraba, sorprendido. El niño estaba mas que tranquilo con él, riendo, orgulloso de sus pequeños logros, saludando con el paso de los minutos, no solo a sus papás, también a cualquiera que le mirase, sonriendo a quien respondía su saludo.
En cuanto la pelota se puso en movimiento, los ojos azules del pequeño se clavaron en su papá, corriendo a un lado y otro, saltando para encestar. Su mamá seguía en el banquillo, mirando como él el partido, vista fija, codos apoyados en las rodillas.
– Pásame el chupete, anda, que no lo lleva colgado de la ropa. – Daiki miraba por el suelo a su alrededor, por si se había caído, pero no, lo tenía Kise en la mano.
Al dárselo se dio cuenta de que Kou bostezaba con la boca abierta hasta su límite. Aomine le tumbó en su brazo, echando su bracito por debajo, acunándole acostado contra él. El chupete empezó a bailar en su boca, en un constante movimiento de succión. Seguía girando la cabeza para seguir el partido, pero cada vez mas lentamente, hasta que ya los ojos no le obedecían, y se quedó completamente dormido en pocos minutos. Su manita aferrada a la camiseta de Daiki, con fuerza, paz en su carita dormida.
El ruido a su alrededor no era importante, se sentía agusto con el guardían que velaba su sueño, olía bien y su voz era bonita. El ronroneo de su corazón le acunaba, como sus brazos, en un cómodo y agradable sueño.
Kise tomó la mantita ligera del carrito y la puso por encima del niño. Aomine la colocó, y se acomodó en la butaca, con el niño en brazos.
Podía dejarlo en el carro, pero no quiso perturbar su sueño.
Kuroko sonreía de lado, desde el banquillo, tranquilo al igual que su hijo.
Kagami igual, ahora solo tenía que concentrarse en el juego, nada más.
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Las dos y cincuenta y tres de la madrugada.
Takao se levanta de la cama, con cuidado. Vuelve a poner las sábanas en lo alto y camina siguiendo el borde del colchón.
No sabe por qué pero tiene ganas de limpiar, y lo hace. La cocina acaba reluciente en hora y media, y el cuarto del bebé, también. Ordena hasta el armario por dentro, aunque no haga falta.
Las cinco y tres, Takao, duchado y con la bolsa para el hospital, va hasta el comedor.
Kise duerme de lado, en el sofá. Es demasiado pequeño para sus largas piernas, así que las mantiene encogidas contra su pecho, en una postura un poco rara.
Kazunari suspira, intranquilo. Posa la mano en su hombro, le zarandea con cuidado, susurrando su nombre directamente en la oreja del rubio.
Kise se revuelve, un par de veces, antes de medio despertar, recordando la razón por la que está durmiendo en casa de Midorima.
– ¿Qué pasa?. – Su voz empalagosa, adormilada, sale en un susurro. Está amaneciendo, puede ver los primeros rayos de sol entrando por la ventana hasta ellos.
– Es que... creo que ya viene. – Lo dice tan tranquilo que hasta él se sorprende un poco.
Kise se vuelve a acomodar como estaba, con la intención de retomar el sueño donde lo había dejado. Takao se sienta en el hueco triangular que forman sus piernas flexionadas contra el espaldar del sofá.
– Vale, pues cuando llame le abres la puerta, tu que estás despierto. – Responde haciendo un gesto con la mano en el aire.
Su cerebro procesa las palabras del moreno, al mismo tiempo que la mamá toma el mando del televisor entre sus dedos y pulsa un canal al azar. Baja el volumen y busca entre los canales uno que le guste.
Kise se sienta, y se restriega los ojos, intrigado por la razón por la que el televisor está en marcha.
– ¿Cómo que ya viene?... ¿Quién?. – Takao señala su barriga, con una sonrisa torcida.
– ¡OH, JODER! Vale, Ok, tranquilo. – Da un salto y corre hasta la habitación, donde Midorima duerme profundamente tranquilo, aprovechando que tiene toda la cama para él solo. – Midorimacchi, mueve el culo.
– piérdete, Kise. – Gruñe entre dientes.
– El bebé, que ya viene. – Tira de la sábana, dejándolo destapado.
Midorima reacciona como todo padre primerizo, sale corriendo, dejando a Takao en el salón, riendo a carcajadas por los dibujos animados tan tontos que estaba viendo.
En la puerta del acompañante de coche de Kise, Midorima notó ciertos detalles que no había tenido en cuenta hasta ese momento.
Primero, estaba en pijama.
Volvió al apartamento, llamó al timbre y entró directamente a su cuarto, para vestirse.
Bostezó y volvió a la calle.
Takao puso los pies en alto en el sitio. Kise se limitó a mirarle, tan tranquilo cuando ellos estaban de los nervios, mas que desesperados.
El papá regresó, por sus gafas, y de nuevo, salió, para volver a llamar inmediatamente, tomando sus llaves del colgador de la puerta, para que no volvieran a abrirle la puerta.
Tardó varios minutos en darse cuenta de que le faltaba lo mas importante, la futura mamá.
– Lo siento, estoy un poco nervioso. – Se disculpó, sentándose con su esposo. – ¿Estás seguro de que ya viene, no es una falsa alarma?. – Preguntó dulcemente, bostezando justo después de decirlo.
– He roto aguas hace un par de horas. – Tanto el modelo como el papá le miraron con los ojos como platos. – No me duele nada, hay que esperar, ¿No?.
Midorima le miró serio.
– Y si vamos despacio, tranquilamente. – Kise habló preocupado.
– Prefiero esperar, no quiero estar encerrado un montón de horas... ya que puedo elegir, prefiero ir cuando ya no aguante mas el dolor. – Les miró a los dos, con una sonrisa temerosa.
– Te entiendo cariño, pero estaría mas tranquilo sabiendo que todo va como debería... y si tienen que hacerte alguna prueba o algo, mejor cuanto antes. – Shitanrô le ayudó a ponerse de pie, tomando él la bolsa con las cosas para el bebé. – Por favor...
Takao notó los dedos temblorosos de su marido en el hombro y asintió. No le hacía mucha gracia, por el simple hecho de que, tal y como había dicho, no le dolía nada y veía una tontería que lo ingresaran en el hospital, lo que ocurriría en cuanto dijera que había roto aguas.
– Si te queda mucho, te mandan a casa. – Kise le abrió la puerta. – Mientras voy avisando a todos para que vayan preparándose.
Entró en el coche, y esperó a que su preciada carga estuviera debidamente sujeta con el cinturón de seguridad. Midorima se sentó atrás, junto a su esposo.
Aparcó lo mas alejado de urgencias que encontró. Fueron caminando despacio hasta la entrada del hospital, mientras Shin llamaba a sus padres y estos a los padres de Kazunari.
Kise hizo lo propio en cuanto llegaron a la sala de urgencias y metieron a la mamá en la consulta. Llamó a Daiki y luego a Kuroko, para iniciar la cadena de llamadas y mensajes a todo el mundo.
En menos de una hora estaban todos avisados y movilizándose para ir.
Los miembros de Shutoku fueron los primeros en ir llegando y cogiendo sitio en la sala de espera. Kuroko llegó después, solo. Kagami se había quedado con el niño, para que no diera mucha guerra.
Lo mas raro fue que Murasakibara llegó solo. Siempre iba con Akashi, siempre.
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Aomine colgó y se levantó dispuesto a darse una ducha antes de ir al hospital. Haría acto de presencia y se iría al entrenamiento de la mañana.
Se secaba el pelo con la ropa limpia puesta cuando el timbre sonó.
Un poco molesto miró por la mirilla y levantó una ceja cuando un enorme lazo de encaje rosa ocupó casi todo el espacio del pequeño visor.
Abrió la puerta un poco confuso.
La madre de Kise, y sus dos hermanas, igual de monas que su madre, vestidos rosa chicle, encajes blancos, y lazos, por todas partes, en su descansillo.
Las dejó entrar y les ofreció algo de tomar.
– ¿Qué es eso de que vais a tener un hijo?. – La muñequita madre fue directa al grano.
– Pues justo eso. – Respondió del mismo modo, directo y sin florituras.
– Tanto te costaba tenerla dentro del pantalón ¿Eh?. – La hermana mayor, le miró entrecerrando los ojos. Se parecía tanto a Kise que casi era hasta gracioso que pusieran la misma cara.
– No puedo evitarlo, tu hermano me pone muy cachondo. – Contraatacó, igual de grosero que ella. – Pero con el debido respeto, no me parece que sea asunto vuestro.
– Es que, mi papá dice que esto afectará al trabajo de Ririchan... por lo de la barriga y eso. – Sacudió la mano a los lados, para dejar claro que no era idea suya.
– Eso no será ningún problema, créeme. – Las tres mujeres sincronizadas, se echaron hacia atrás, acomodándose sorprendidas. – Puede hacer catálogos y promociones de pre- mamá...
– La carrera de mi hermano no es ningún chiste, idiota. – Gruñó la hermana, sacando una sonrisa abierta a Aomine que la puso mas rabiosa. – Ha trabajado mucho para llegar a donde está, para que ahora todo se vaya a la mierda por un calentón...
La madre del rubio, que no había dicho nada desde el principio, le pidió que se callara.
– Mi Ryota no es el que está esperando, ¿Verdad?. – Daiki asintió con la cabeza. – ¿Y que va a pasar con tu beca?... No podrás jugar hasta el año que viene o mas, suponiendo que salga bien... estas cosas pueden complicarse y …
– No va a pasar nada, en dos semanas estaré en un avión rumbo a Los Ángeles, no se preocupe por eso. – Daiki se levantó y les mostró la salida. – Ahora tengo que irme, un amigo se ha puesto de parto y tengo que estar en el hospital.
Las mujeres asintieron, aunque la hermana mayor se paró a su lado, y le agarró, literalmente, la entrepierna con la mano abierta.
– Si le jodes la vida a mi hermano te la corto. – Apretó para dejar clara su postura.
– Creí que pensabas que era un idiota. – Alargó el cuello para besarle la mejilla. – Cuñadita... Le quiero, mucho y no es precisamente la vida lo que me gusta joderle...
– Sé que es un idiota, pero es mi idiota, nuestro idiota. – Aflojó el agarre para devolverle el beso.
– Será tu idiota, pero solo cuando no esté conmigo. – Salió con ellas a la calle, y después hasta la parada del autobús.
Kise le había prohibido la moto... y eso le ponía de mala leche. Tendría que comprarse un coche, con el dineral que le habían pagado por las fotos, tenía de sobra para uno y para vivir sin trabajar por los menos cuatro o cinco años...
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Buenoooo pues Takao ya está en labor.. bueno,casi casi, jejeje
Ese Mido, casi se va al hospital sin él... jajaja pobre mio.
Bueno, os dejo.
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
