Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo 30: Pequeño paso, largo camino.

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Akashi abrió los ojos sin estar muy seguro de si estaba despierto del todo.

Todo su cuerpo palpitaba como un gran corazón. Cada milímetro de piel había quedado insensible. No había una porción de su persona que no hubiera sido tocada por Atsushi, ni una sola.

Intentó moverse, y le fue imposible. No sentía dolor, solo la imposibilidad de mover el cuerpo a voluntad. Era como si tuviera una gran agujeta, lo que sentía después de pasar largas horas entrenando para después parar en seco.

El cuerpo quedaba en estado de pausa, y aunque estuviera consciente, no podía mover ni un dedo.

Se durmió, de nuevo.

Sintió algo cálido, escurrir por su muslo, caer en la sábana. La piel de gallina. En algún momento durante el sueño se había girado, quedando destapado. Mierda.

Si no volvía a ponerse como antes, sobre la almohada, todo se saldría, y no estaba muy seguro de aguantar un segundo asalto como ese.

Notó crujir algo bajo la almohada, un papel. Había mas cosas, a si que, empezó a sacarlas de su escondite.

Una bolsa de ositos de goma. Un bote de lubricante, vacío. No, dos. Los tiró al suelo, ceñudo. ¿Por qué demonios guardaba esas cosas?. Otra bolsa, de caramelos masticables. El mando de la tele. Su móvil, el teléfono inalámbrico de la cocina, una botellita de agua a medias. Toallitas húmedas.

Akashi se sonrojó y buscó con los dedos el papel del principio.

Era una nota de su chico. El bebé de Midorima estaba en camino, y como no se despertaba, se había vestido y ido al hospital para acompañarle. Las cosas bajo la almohada eran para él, por si despertaba y quería comer, beber, ver la tele. Si quería ir al baño, y no podía moverse, que le llamara. Dejaba el otro teléfono por si se descargaba el móvil... y le pedía, por favor, que le dijera al bebé por donde estaba el camino, por que no quería verle triste.

Akashi se comió las gominolas, con el culo ligeramente levantado por la almohada bajo sus caderas, y bebió mas de la mitad de la botella de agua.

Miró la hora en el teléfono. Llevaba dormido tres o cuatro horas, en la cama casi dos días. Murasakibara se había despachado a gusto... no se quejaba.

Gimió complacido y restregó la cara por la almohada. Al menos ya podía moverse, despacio, pero podía. La musiquita de la llamada le sacó una sonrisa al mirar la pantalla.

– ¿Te he despertado?. – Su voz afectada le sonó triste. – ¿Has comido lo que te he dejado?... son mis favoritos en el mundo mundial, no se los dejaría a nadie mas que a ti.

– Me he despertado hace un rato y me he comido los ositos, y un poco de agua. – Ladeó la cabeza en la almohada y dejó el móvil a su lado, en manos libres.

– Aka chin, ¿puedes moverte?. – Hizo un puchero que el pelirrojo intuyó por el tono de su voz.

– No muy rápido, pero estoy bien. – Le tranquilizó hablando suavemente.

– ¿Necesitas ir al baño?. – La duda surgió, evidente.

– No, ahora mismo no tengo ganas. – La verdad es que aunque quisiera levantarse no tenía muy claro si llegaría a ponerse de pie con la suficiente firmeza como para caminar hasta el retrete.

– No te muevas hasta que yo vaya. – El tono infantil que siempre utilizaba se fue en cuanto se quedó solo en el exterior del hospital, donde esperaba por Takao y su bebé desde que le había llamado Kuroko. – No dejes que se salga, o tendré que volver a hacerte lo mismo... – la vocecita de siempre surgió de nuevo. – Y ya sabes que no me gusta hacerte daño... pero lo haré, hasta que el bebé se haga... lo meteré tan adentro que no podrás moverte en... Jooo Akachin, me haces ser malo, y no me gusta...

– No me muevo, Atsushi, lo prometo. – Levantó la cabeza un poco y tomó el teléfono entre sus dedos. – Volveré a dormir, pero tu vuelve en cuanto el bebé de Midorima nazca, ¿De acuerdo?. – No le gustaba que Murasakibara estuviera sin supervisión mucho tiempo.

– Vale. ¿Quieres fotos del bebé de Shin chan?. – Regresó por donde había venido. Hablando había empezado a caminar y ya estaba en el otro lado del parking.

– Si por favor, quiero verlo. – Suspiró y una pequeña sonrisa movió sus labios hacia arriba.

– Vale, tu duérmete, sigue tumbado, como te he dejado, con el culo para arriba, que no se salga ni uno... le hago fotos al bebé y vuelvo corriendo corriendo. Te quiero, adiós.

Estaba de espaldas a la entrada, a si que, cuando colgó y se dio la vuelta, se encontró de frente con Kuroko, que había salido tras él, preocupado por la integridad de Akashi.

– ¿Todo bien?. – Le tomó de la mano, con cariño y sonrió feliz cuando el pelilila asintió dos veces seguidas.

– Akachin está en la cama, haciendo el bebé. Se ha despertado con hambre... y se ha comido mis ositos, están ricos... – Sonrisa feliz. – Ahora tengo que esperar, para hacerle una foto al bebé y luego me voy corriendo a casa.

– Entonces vamos dentro, Midorima kun necesita nuestro apoyo. – Kuroko entrelazó sus dedos con los del otro chico.

– Si, y cuando vea a Akachin, iré a jugar con Kouchin. ¿Me dejas?. – De regreso en la sala de espera los integrantes de Shutoku les miraron a los dos, intrigados. – Tengo ganas de que el bebé se meta en Akachin, así serán muchos niños para jugar, y nos divertiremos mucho mas... ¿Sabes que tengo muuuuchos peluches nuevos?... tengo una vaca...¡UNA VACA! ¿No es genial?...

– Si, Atsushi, es genial. Yo también quiero ver esa vaca... Ahora baja la voz.

– ¡Oh, es verdad! Pone silencio por todas partes. – Se sentó en una de las sillas libres, y el chico sombra lo hizo a su lado. Miró a Kise. – Sería genial que tu bebé fuera una niña, ¿Te imaginas?.

Kise palideció de repente, abriendo los ojos hasta el límite. ¿Cómo se había enterado Murasakibara?

– ¿Qué bebé?. – Miró confuso al peli lila y luego a Kuroko, que le miraba levantando una ceja, curioso.

– ...bueno, supongo que Daichi acabará metiendo su bebé en tu tripa, os pasáis el día haciendo cositas... – Sacudió la mano, como si fuera de lo mas normal hablar de eso delante de todo el mundo.

Una maraña de risitas ocupó el espacio que debía llenar la respuesta.

La madre de Takao regresó para informar que ya no le quedaba casi nada, y los tres se acomodaron.

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– ¿Tienes todo?.

– Si, papá. – Daiki respondió resignado.

– Llámame en cuanto llegues, ¿Entendido?. – Le abrazó con fuerza contra él, haciendo que soltara la maleta que sostenía aferrada a su mano y esta cayera a plomo contra el suelo. Los niños le rodearon, pellizcando su ropa, como si quisieran llevarse un trozo de recuerdo.

– Dai nii, compra muchos regalos, no te olvides. – Los niños gritaban por encima del anciano para hacerse oír.

– No voy de vacaciones. – Acarició el cabello del que estaba mas cercano. – Pero os mandaré cosas. No lo olvido.

– Llámanos en cuanto llegues allí. – Miya san también le dio instrucciones, que ya le habían repetido una docena de veces.

– Ese chico... ¿No viene a despedirse?. – El anciano preguntó un poco molesto con Kise. – Que poca vergüenza...

– Papá, es mejor así. – Apretó la mano en su hombro dando peso a lo que iba a decir. – Si le veo, no me iré. Yo se lo pedí.

– Bien, entonces … bueno … – El llamado por megafonía para el vuelo a Los Ángeles cortó la frase, que terminó siendo un abrazo en grupo, los dos adultos y los niños.

Momoi levantó su maleta y la puso en su mano, recibiendo un beso en la frente por parte del moreno.

Levantó la vista, y ahí estaban todos. Sus compañeros, antiguos y nuevos, sus amigos, todos ahí, despidiéndose.

Apretó el móvil en el bolsillo del vaquero y abrió la boca para decir algo mas pero un nuevo llamado a embarcar le hizo darse mas prisa.

Abrazó por última vez a su familia, con determinación, y jugueteó con los pequeños para despedirse definitivamente.

Si seguían con el adiós perdería el vuelo y ya tenía que pasar por el control de pasaportes.

Cruzó el arco de metales, el puesto de comprobación y facturó la maleta.

Sentado en la zona de espera, vió como los niños gimoteaban, sobre todo los mas pequeños.

Estuvo tentado de llamar a Kise, pero el embarque iba rápido y la azafata se colocó en el pequeño mostrador para ir recogiendo los billetes sin darle tiempo ni de una última llamadita.

Se volvió, una última vez antes de entrar en el túnel que le conectaba con el avión, una especie de despedida de su antigua vida, a su antiguo yo, antes de dar un paso hacia su futuro.

El baloncesto profesional era un sueño inalcanzable, hasta hace unos meses. No quiso pensar en que dejaba nada atrás, si no que iba hacia delante para tener un futuro mas real.

Era como dar el paso para dejar de ser un niño, y ser finalmente un hombre.

Miró una última vez el resguardo del billete y buscó su asiento, ventanilla, genial.

En la fila de tres, sus "compañeros" ya estaban sentados, por lo que tuvieron que encoger las piernas para dejarle ocupar su asiento. Guardó el billete y su documentación en la chaqueta antes de ponerla en el compartimento sobre él y se sentó.

Mirando por la pequeña ventanita vio a los trabajadores del aeropuerto ir y venir, perdiendo la noción del tiempo. El tío a su lado, le dio un par de veces con la rodilla al revolverse en el asiento, buscando la postura en la que debían pasar varias horas.

No se quejó, la verdad es que no le importaba.

Su mente iba una y otra vez hasta lo que iba a vivir. Cerca de lo que le apasionaba, donde se sentía cómodo, feliz, invencible.

En la cancha era un dios, imbatible. No tenía problemas, ni cuentas con nadie, solo esa sensación de ser el mejor, los músculos tensos, el sabor salado del sudor en sus labios, el aroma a goma de las suelas de las zapatillas chirriando contra el parquet a cada giro violento. Las miradas del resto de jugadores, del público, puestas en él, en cada decisión que toma, cada jugada que planea en su mente...

Amaba el basket... y amaba a Kise, con todo su ser.

Amaba jugar con él, sus uno contra uno eran divertidos. Le gustaba ese instante, justo después de que Kise botara la pelota, y pasaba a sus manos, cuando la goma aún conservaba el calor del rubio. Amaba sus roces, cuando sus zapatillas chocaban tratando de robar el pase contrario.

Amaba su mirada cuando encestaba, sus dorados ojos brillaban, su sonrisa, preciosa, iluminaba toda su persona. La forma de sus músculos al tensarse, los relieves bajo la camiseta... y cuando se limpiaba el sudor con el borde mostrando sin querer su abdomen...

Aomine sacudió la cabeza. No era el momento para dejarse llevar por el tentador cuerpo de su novio.

Suspiró.

Llamaban a ponerse el cinturón por megafonía. Las guapas azafatas y hermosos azafatos explicaban que hacer en cada situación posible.

No era para nada alentador, la verdad.

Finalizadas las explicaciones pasaron regalando las típicas bolsas de cacahuetes que no hay forma humana de abrir.

Daiki miró la bolsita, le dio las gracias a la azafata y golpeó con el hombro a su compañero de asiento.

– ¿Sabes como abrir esta cosa?. – Preguntó, tranquilo.

Su compañero miró por encima de las gafas de sol y negó sin decir nada. Se colocó la gorra, bajándola hasta el borde de las orejas y se removió inquieto en el asiento.

– No importa, gracias de todos modos. – Retiró la mano, con una sonrisa enorme. – No se por qué creí que sabrías como abrirlo. Como viajas mas en avión que yo, supuse que tendría algún truco oculto.

– No... – Gruñido furioso. – ¡¿Cómo me has descubierto?!. – Kise se quitó la gorra de un tirón, y se dio cuenta de que estaba armando demasiado escándalo por la cara con la que le miraba su compañero del otro lado.

– Mmm... Te lo digo si me la abres... considéralo un antojo temprano. – Kise abrió la boca para decir algo, pero desistió al momento. El argumento era bueno, le hizo sonreír, y usando sus dientes, desgarró una esquina hasta abrirla del todo.

– Ten, caprichoso de los cacahuetes. Como mi bebé nazca con cara de elefante por tu culpa no te lo perdonaré. – Protestó, infantil.

– Bien, por donde empiezo. – Tiró uno de los cacahuetes al aire y lo atrapó al vuelo. – Cuando llegó a mi casa una carta diciéndome que estaba esperando. – Kise frunció el ceño, descubierto. – Verás, cuando empezamos a tontear, supuse que acabaríamos follando tarde o temprano y tomé ciertas medidas. – Lo dijo susurrando directamente en su oreja. – Acababa de empezar el curso, y la liga estaba a la vuelta de la esquina. No sé como es en tu instituto, pero en el mío, las pruebas médicas son antes de cada partido. Si hubiese cargado, lo habría sabido de inmediato, y no por carta.

– Así que lo sabes. – Kise le miró directamente a los ojos, retirando las gafas de sol por el puente de la nariz con calma. – ¿Por qué no podía ser al revés? Yo también … – Ahora fue él quien bajó la voz. – … también te lo hice a ti, podrías haber quedado tu, las pastillas o lo que te tomes para evitarlo podían haber fallado...

– Por eso mismo, esas ganas tuyas, que me pillaste a traición, también te delataron. – Estrechó la mirada, acusándole. – Ese día te enteraste, ¿Verdad?... y decidiste cargarme el crío a mi... déjame decirte que el plan era bueno, pero cometiste muchos fallos.

– Jo, ahora me siento como un delincuente. – Hizo un puchero, y Aomine entrelazó sus dedos con los de su chico, subiendo sus manos juntas para besarle en el dorso, tranquilo. – Bien, Sherlock, cuéntame como lo hice, estoy intrigado de ver si lo sabes todo.

– Bien habíamos quedado en que yo tomaba medicación para evitar un bebé, al menos de momento... y tu no tuviste la misma idea. – La mirada de Kise le hizo rehacer la frase. – Y yo soy un inconsciente que tampoco puso medidas. Lo siento. – Kise le besó en la mejilla, llevando sus manos unidas sobre su propio regazo, apoyando su cabeza en el hombro. – Después de que te enteraste, no te lo creías, así que, pediste nuevas pruebas, pero claro, no podías dar tu dirección. A tu casa van tus padres, tu agente, publicista, estilista... demasiados testigos y como tenías llaves de la mía, pensaste que recogerías el correo antes de que yo le echara el guante.

– Llegué tarde, jooo. – Le acarició con el pulgar, sonriendo.

– Debo suponer que engatusaste a alguna enfermera para que pusiera mi nombre en el sobre en lugar del tuyo, pero … – Kise levantó la cabeza, intrigado. – Al releer el informe, en el nombre del paciente sale el tuyo...

– Oh... no me dí cuenta. – Chasqueó la lengua, fastidiado.

– bueno... en fin, te desmayaste, varias veces... una de ellas mientras lo hacíamos... no me quejo, en serio, pero a partir de ese día todo fueron indicadores de lo mas evidente.

– ¿Cómo qué?. – Sonrisa preciosa al verse totalmente descubierto.

– Bueno, duermes mucho... Takao también, me lo dijo Midorima... no tienes problemas en sesiones fotográficas, pero evitas los eventos públicos, aunque sea trabajo del bueno... Tu madre y tus hermanas, sabían que esperábamos un hijo, pero no se lo habías dicho tu, o habrían hecho una fiesta de lo mas exagerada invitando a todo el país... sin embargo vinieron a mi casa, solas, sin tu padre, a tantear … supongo que se enteraron por el médico o por el entrenador.. ¿Qué tal voy?

– De momento no has fallado ni una... pero aún no has dicho como sabías que iba a venir contigo. – Alzó la barbilla chuleando.

– Fácil. No armaste un drama cuando te dije que no vinieras al aeropuerto a despedirme. – Le alzó la barbilla para besarle dulcemente. – Y tenías en la pantalla del portátil la confirmación de la compra del billete...

– ¡Oh, que fallo!. – Le devolvió el beso, encantado. – No me fio, hay mucho chico guapo por tierras americanas.

– Ninguno tan hermoso como tu. – Se empezaban a poner tan melosos que el de al lado carraspeó molesto. – Y mucho mas con mi hijo creciendo ahí dentro.

– Haces que me avergüence, Aominecchi. – Sonrojado evitó mirarle a los ojos.

Posó la mano abierta en su, aún, plano vientre, y Daiki la puso encima, en una nueva caricia.

– Solo tengo una duda.¿Qué pasa con tu trabajo?. – Dudó, serio.

– Bueno, eso no es problema. – Señaló delante de ellos a los asientos de enfrente.

Daiki reconoció a su estilista y a varias de las personas con las que había trabajado.

– ¿Se vienen todos?. – Dijo sorprendido.

– Mi trabajo soy yo mismo, puedo hacerlo donde sea... y hay mucho mercado para las futuras mamás.

– Eres increíble. – Le besó, sin importarle ni un poco los espectadores. – De verdad, te quiero.

– Prepárate mundo, allá vamos. – Estalló en carcajadas sonoras, hasta que una de las azafatas le llamó la atención, dulcemente. – Y lo mejor es que vamos a estar muyyyyy lejos del amo del calabozo y sus secuaces.

– Si fuera tú no lo diría en voz alta. – Daiki le sentó de nuevo, ya que se había puesto de pie de un salto, quitándose el cinturón. – Tu lo dijiste, el enemigo tiene recursos... y si sospechan un poco...

Durante unos segundos se miraron, pensando lo mismo... pero al rato negaron, creyendo imposible que aparecieran por allí...

– Aominecchi. – Dijo su nombre como antaño, feliz.

– ¿Si?. – Respondió con los dedos entrelazados pero la vista puesta en el cielo interminable a su lado, tras la pequeñísima ventanilla.

– ¿Nos casamos?. – Preguntó dándole un par de codazos en las costillas.

Daiki giró la cabeza lentamente, para enfocarle sin creer muy bien lo que acababa de oír.

– ¿Quieres, casarte?... ¿Conmigo?. – Kise asintió dos veces, con energía, una inmensa sonrisa.

–Imagínate, que te conviertes en una estrella del basket y no estoy casado contigo. – Argumentó, convencido.

– Mmm... También podría ser al revés...imagina que te conviertes en un súper modelo internacional, y no me he casado contigo. – Imitó su tono de voz

– Sería una gran pérdida. – Se acercó para besarle. – Podrías acabar con alguien mucho mejor que yo, que desperdicio, un jugador de la NBA, millonario y guapo...

– Mmm... Sería terrible, que acabaras con algún maniquí exótico... teniendo tan a mano un moreno de ojos azules. – Entre risas se besaron, pasando olímpicamente de la incomodidad que su actitud melosa causaba en el resto de pasajeros, mas pendientes de ellos que de sus propios asuntos.

Pero es que era un espectáculo digno de ver.

Daiki sonrió, feliz. Su futuro acababa de ampliarse a algo mas parecido a un sueño...

Feliz, de amarle, de haberse encontrado, auqnue a primera vista ni le interesó.

Suerte que cambió de idea.

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El murmullo de las dos abuelas, con su incesante parloteo era la banda sonora del cuarto.

La recién nacida dormitaba cómodamente en los brazos de su padre, arrullada no solo por el cálido de su piel, si no por el pulso rítmico de su corazón dentro del pecho.

Midorima no podía dejar de mirarla. Era perfecta. Sin mas.

Sus deditos blancos, unidos unos junto a otros, cerrados en un puño. Su pecho subiendo, bajando, respirando el mismo aire, fuera del cálido vientre de su madre, tan dulce.

Sus piernecitas, dobladas, conservando la postura que había tenido los últimos meses, hasta los diminutos pies.

La mano de su padre parecía titánica a su lado, tomando en en centro de la palma la planta del piececito.

Era un milagro increíble, tan hermosa, perfecta.

– Cariño, déjala en la cuna o se acostumbrará a los brazos y luego no querrá estar en otro sitio. – Midorima miró a su madre tras decirlo, y le dedicó una sonrisa.

– No creo que exista un sitio mejor que los brazos de su padre... No me importa mamá. Es un sacrificio que estoy dispuesto ha hacer.

Las abuelas se miraron, comprendiendo.

Takao también miraba a sus dos amores. Aún dolorido, cansado y con un sentimiento de vacío que le llenaba por completo, pero al mirarles, todo se diluía, concentrándose alrededor de esas dos personas, para él perfectas.

Como llamada por su mamá, la pequeña gimoteó, dormida. Escupió torpemente el chupete y se retorció en los brazos de su padre. Su cabeza buscando alimento, instintivamente.

Midorima sin comprender.

Su burbuja de calidez explotada, por culpa del hambre.

Cuando levanta la vista y mira a su esposo sonríe.

Va hasta él, pálido, ojeras por el cansancio en su cuerpo, normal despues del gran esfuerzo.

Las abuelas se dan cuenta y van hasta la cama, hablando al mismo tiempo. Los abuelos, marginados, también se acercan, dando apoyo, color y felicidad.

Midorima y él se miran, un poco avergonzados... Su hermana también entra, y no es la única.

La habitación del hospital va llenándose de gente, que los quiere, para ver a la pequeña, a su mamá... para verse entre ellos.

Murasakibara le hace un montón de fotos, y se marcha.

Y Midorima sonrie, feliz. Su horóscopo para hoy es inmejorable y su objeto para la buena suerte: algo pequeño y adorable... y que mejor objeto que su pequeña...

Tiene ganas de volver a casa, a su hogar.

Quiere cambiar pañales, hacer biberones, despertar en mitad de la noche para calmar su llanto... quiere estar a solas con su esposo, hacerle el amor mil veces... y sobre todo...

Quiere una vida junto a ellos... todos los que llenan ese cuarto, y los que aún no han llegado.

Pone a la nena sobre Takao, que la acoge con miedo entre sus brazos. Besa su frente, y le apartan de ahí, no sabe quien, no le importa.

Su hija protesta, tiene hambre... y él acaba de darse cuenta de que ahora, tendrá que mirar tres horóscopos cada día.

Y no puede ser mas feliz, por ello.

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Bueno, se terminó.

Primero que nada, anunciar la segunda temporada. No voy a dejar en el tintero las correrías de Daiki y Kise en América, ni mucho menos a Murasakibara y Akashi con sus … bueno lo dejamos en sus... jejeej... Mido chan y su pequeña y Kou, y sus papás... Aún queda mucha historia que contar.

Pero antes de irme tengo varias cosas que comentar. La primera es que esta primera temporada aún no termina, queda un pequeño chance, una última historia que hormiguea en mi teclado y adoraría compartir. Es algo que tiene conexión con la historia pero … bueno, es una sorpresa que espero os guste.

La siguiente temporada comienza en una semana. Sé que las actus de esta historia son cada tres días, pero necesito hacer algo antes de continuar.

Si habéis pasado por mi perfil, veréis que vengo del fandom de Naruto y ahí tengo un par de historias que deseo terminar, para despedirme definitivamente de ese fandom. Se lo debo a las personas que confiaron en mi, leyeron mis historias y me apoyaron también. Es una promesa que debo cumplir. Necesito despedirme de esos personajes con el corazón.

Como última cosa, no menos importante, dar las gracias a todos quienes me seguís, en esta nueva andadura. Me he sentido arropada y querida desde el primer cap. ya estaba desencantada y no quería escribir mas, pero la acogida por parte de todos mis lectores, sobre todo aquellos que comentáis tan amorosamente, me ha dado fuerzas y energías para hacer de esta historia lo que veis hoy, y lo que poco a poco irá creciendo hasta ser una historia completa y redonda.

Gracias, sin mas, por vuestro apoyo, por vuestros mensajes y palabras de aliento. Por sacarme sonrisas cuando no quería dibujarlas en mi rostro, y por estar ahí. Gracias por disfrutar de esta locura llamada fic y por "casi" ultima vez en este fic, os doy miles de:

Besitos y mordiskitos

Shiga san