Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dio paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.

KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.

Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.

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Uno mas en el equipo.

Capítulo 00: Besos.

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Dicen que los besos no son nada. No son importantes ni necesarios...

Primer beso: Takao

Kazunari miraba a la tele, sentado en la banqueta de la cocina, a pocos centímetros de la pantalla. De vez en cuando, se iba hacia delante, haciendo balancearse la silla, en un traqueteo que duraba un par de clonks, antes de volver a su lugar inicial.

En el bolsillo del pantalón corto del uniforme de primaria, el diente delantero. Se le había caído en el recreo y lo había guardado para enseñárselo a Shin chan cuando volviera.

Pero la telenovela que sus madres veían a diario le hizo parar en seco y quedarse a mirar, intrigado.

Ladeó la cabeza, extrañado. Un primer plano de un candente beso entre los actores principales le hizo unir las cejas en el punto exacto donde acababa su nariz.

Labios, lengua, cambio de lado. Lengua, lengua, labios, rostros sonrojados. Hilo de saliva, vergüenza.

Manos nerviosas, beso de nuevo.

" te amo, te amo tanto... hacía tiempo que deseaba besar tus labios, sentir tus besos en mi boca"

La ceja derecha de Takao se levantó, hasta la mitad de su frente.

– ¿Mamá?. – La mujer respondió un ¿mmm? Sin dejar de mirar la telenovela. – Si le doy un beso a Shin chan en la boca, así como ellos... luego ¿Me puedo casar con él?.

– No puedes, para eso él también tendría que querer, cielo. – La mamá de Shin chan le miró, con una sonrisa.

– ¿Porqué no le esperas en el jardín?. Está terminando los deberes y saldrá en un rato.

Takao caminó hasta ponerse delante de su madre, manos en las caderas, tensas.

El entrecejo fruncido, el lazo del uniforme en el cuello de su camisa, torcido, un calcetín caído y los zapatos negros, deslucidos. Un mechón travieso de punta en su coronilla, mirada rabiosa.

– ¡Voy a casarme con Shin chan, ¿Te enteras?!. – Apuntó a su madre con el dedo de punta. – Y si no me dejas lo secuestraré, y viviremos en la casa del árbol, comiendo el bocadillo del cole... y me llevaré al señor oso... y... y... y... ¡Eres tonta!

Afectado salió corriendo sin dejarla contestar, saltando por la ventana de la cocina al jardín, después de escalar por la silla.

– Kazu chan, como te manches el uniforme te enteras ¿Me has oído?. – Gritó su madre.

– Déjale mujer, se lava y punto. Solo tiene ocho años, ¿Qué esperas? Tiene que ensuciarse, jugar, romper la ropa... no seas así, mujer. Deja al muchacho que se divierta.– Suspiró aliviada.

– De verdad, este niño me puede. – se quejó, sonriendo. – Qué suerte tienes con Shin chan, es tan calmado... a veces desearía que a mi Kazu chan se le pegara un poquito de la calma de tu hijo.

– Pues yo pagaría por lo contrario. – Posó la mano en su vientre. – Espero que se le quite esa cara de vinagre cuando venga su hermanita... – Soltó una risita. – ¿Te imaginas que se casan de verdad?... ¿Y que nos hacen abuelas?

Las dos mujeres estallaron en sonoras carcajadas.

….

Seguía enfadado, pero en cuanto divisó la cabecita de su amigo, se le pasó del golpe, tanto que a los diez segundos ya no sabía por que estaba enfadado, ni con quien.

Entró de puntillas en su cuarto, sin hacerse notar, y le miró durante un rato.

Perfectamente sentado, frente a los libros, escribía en el cuaderno sin hacer apenas ruido. Sus pies oscilaban adelante y atrás, bailando en el espacio que se formaba entre la suela y el piso, como si al mismo tiempo que escribía, estuviera escuchando una canción que solo oía él.

Por un momento su cabeza también oscilo, a los lados, claramente "bailando".

Takao sacó el diente de su bolsillo y lo puso en la mitad del cuaderno, para que su amigo lo viera de cerca.

Midorima dejó de escribir y lo tomó con la punta de dos dedos, contento.

Takao abrió la boca para enseñarlo, feliz. El hueco que había dejado el nuevo diente caído era mas grande.

– ¡Hala! que cacho huecooooo. – Mido chan se puso de pie de un salto, abriéndole la boca con dos dedos a ambos lados de los labios.

Cuando habló, el hueco de su propio diente perdido quedó a la vista. Un colmillo, arriba a la derecha.

Takao se soltó de su agarre y le señaló, al mismo tiempo que se reía a carcajadas.

– ¿Se te ha caído?. – Shin chan asintió sonriendo. Caminó hasta la estantería y sacó su diente para comparar.

Los dos quedaron juntos, cabezas pegadas, mirando sus piezas dentales en la palma del peliverde.

Takao recordó que estaba enfadado.

– Mi madre es tonta. – La afirmación le hizo levantar la mirada de su mano a la cara del otro niño. – ¿A que tu me dejas que te de un beso de esos de amor, como los mayores?... para ver que se siente...

– ¿De amor?... – Midorima se sonrojó comprendiendo a lo que se refería su amigo. – ¿En la boca?. – Takao asintió furiosamente. – … pero, no estamos casados ni nada de eso...

– Pues nos casamos. – Fue hasta el cuarto del bebé y tomó unos cuantos peluches, que colocó en fila delante de Shin chan que ni se había movido del sitio. – Este nos casa, y este tan feo es el que firma los papeles, y la muñeca con ojos de pollo, la madrina tuya... y luego somos novios .

– Vale. – Se paró delante suya, esperando una señal o algo que le dijera que hacer.

Kazunari le miró ladeando la cabeza, como un perrito. Le quitó las gafas y las cerró, aferrándolas entre sus dedos, y volvió a ponerse como estaba, frente a él.

Se acercó hasta eliminar la distancia entre ellos, con el ceño aún fruncido. Por si las moscas, agarró al otro chico por la camisa, idéntica a la suya.

No tuvo ningún problema para culminar su idea, uniendo sus labios en un beso breve, que terminó en unos pocos segundos.

El ceño del moreno siguió arrugado, en una mueca de disgusto.

– ¿Tu has notado algo?. – Preguntó, molesto.

– No, ¿Y tu?. – Se fue hacia delante, agarrando él la tela de camisa contraria. – Cierra los ojos, en las pelis los cierran... – Puntualizó Shintarô.

Repitieron el contacto, solo que esta vez Midorima enroscó el brazo en la pequeña cintura de su compañero desdentado, pegándole a él completamente.

..."lengua". Esa palabra acudió a la mente de Takao y la usó, atacando la boca contraria con ella, hasta que consiguió colarla un poco. El otro hizo lo mismo, iniciando una lucha para ver quien de los dos metía mas porción de lengua en la boca contraria.

La puerta del cuarto se abrió de golpe, sobresaltándolos en plena faena. Takao acabó en el otro lado del cuarto, con las dos manos en la cara, rojo hasta la punta del cabello, y con las gafas del otro niño en su mano.

Midorima no se movió, solo giró la cabeza en la dirección de la puerta.

– Iba a decirte que Kazu chan había venido a jugar, pero ya veo que está aquí. – Miró a los dos niños, sonriendo. – Termina la tarea y podéis salir a jugar, ¿Vale?. – Miró alrededor ante el silencio de los dos niños. – Antes de salir, devuelve los peluches al cuarto de tu hermana.

Midorima asintió, en silencio, y esperó a que su madre saliera para caminar hasta el otro niño, extendiendo la mano en su dirección, pidiendo sus gafas de vuelta, mudamente.

– ¿has notado algo, ahora?. – Susurró casi para si mismo. Tomó las gafas de la mano del otro niño y al ponérselas pudo verle nítidamente.

– Si... ¿Y tu?. – Asintió, sonrojándose de vuelta, pero no por el beso, si no por la carita roja de Kazunari.

….

Segundo beso: Murasakibara...

La nube claramente era una vaca, montando en bici.

Akachin y el otro chico se habían ido, y Kuro chin también, a dormir. Pero él no podía dormir.

Hacía calor, y había bichos, los oía... y sus patitas cri, cri, cri por todas partes.

La señora le gustaba. Decía que era guapo, y a él le gustaba que le llamaran guapo.

Akachin volvió. Sonriendo. Era raro, Akachin no sonríe, casi nunca.

No le gusta la gente, prefiere estar solo... aunque ahora quiere estar con Atsushi todo el tiempo.

Pasa mucho tiempo mirándole, cuando cree que el pelilila no se da cuenta, pero lo hace. Nota sus miradas, siempre.

– ¿No puedes dormir?. – Su pregunta es dulce, tranquila. A Murasakibara le gusta estar con él.

– Puntitos. – Señala el cielo, noche cerrada, cuajada de estrellas que se ven perfectamente.

Akashi se tumba a su lado, mirando las estrellas.

Silencio, patitas, cri cri cri... brisa.

– Vamos a dormir, es tarde. – No es una orden pero suena como una.

– No quiero. – Puchero, negación, vista en los puntos brillantes.

Una cabeza le tapa el cielo. Ojos desiguales demasiado cerca. Cierra sus orbes, por inercia, labios cálidos sobre los suyos.

– Vamos a la cama, por favor. – Beso en la mejilla, manos en su muñeca, tirando de su enorme cuerpo para incorporarle, risita feliz.

– Solo si me das otro beso de buenas noches. – Sonrisa chantajista.

– ¿Y el que te acabo de dar?, ¿No cuenta?. – Protesta sincera. Su primer beso tirado por la borda.

– Akachin, el que me has dado era un beso de puntitos. – Relata, explicando cual maestro. – El de buenas noches, tengo que dártelo yo a ti... todo el mundo sabe eso.

Akashi sonríe, de nuevo. Murasakibara si que sabe como vencerle en su propio juego.

Le gusta.

Tercer beso: Kise.

Sus sollozos se escuchan desde la casa de al lado. Sus hermanas no le dejan en paz, ni su madre, ni todos esos extraños, que no paran de ponerle potingues en la cara, ropa estúpida y le obligan a quedarse quieto mucho rato.

Quiere jugar, como el resto de niños, y que las niñas dejen de perseguirle para hacerse fotos, o tirarle del pelo, o de la ropa.

No quiere hermanas, ni mas fotos, ni cámaras de televisión.

Nadie parece entender que solo es un niño de diez años.

Consigue escabullirse hasta el garaje, donde está su medio de transporte preferido.

Monta en la bici y huye. Recorre caminos de asfalto pedaleando con ganas, hasta un parque que solo él conoce. Hay un columpio destartalado, con la pintura desconchada, pero es suyo.

Ahí nadie le grita cosas, ni le ponen nada encima.

Llega, con el sudor ensuciando las prendas, baja de la bici de un tirón que parece tirada con rabia y se sube al columpio.

No se mueve, solo oscila un poco, mecido por el viento. Sigue llorando, con mas ganas que antes. Aquí nadie le interrumpe a si que se deja llevar.

A su lado, un morenito ceñudo de ojos azules le perdona la vida con la mirada.

– ¡Oye tu!. – Kise se sobresalta al escuchar la voz, en el columpio de al lado. – Deja de llorar... así no hay quien juegue.

– ¡Vete! este es mi parque. – Se baja del columpio y agarra la cadena del otro, tironeando con la intención de tirar al otro niño.

– No me da la gana, oblígame. – Se hace fuerte, agarrando con saña la cadena, tirando patadas con ganas hacia el morenito.

Kise rodea el columpio y agarra el tablón que hace de asiento con las dos manos, tirando hacia arriba, hasta que el otro niño no tiene mas opción que bajarse, pero sigue aferrado a las cadenas con las dos manos.

Kise rodea de nuevo al niño y se pone delante, apretando los labios, de pura rabia.

Daiki que ya se ve vencedor, dibuja una sonrisita traviesa, pero el rubito con las flores en el pelo no está dispuesto a dejarse ganar.

Agarra las manos del moreno, y va soltando dedo a dedo, hasta que logra que suelte una mano entera, pero cuando va a la otra, Daiki vuelve a agarrarse con la primera, haciendo inútil todo el esfuerzo.

– Muy bien, tu lo has querido. – Kise agarra las dos manos del chico con las suyas, y se adelanta, besándole en los morros con suavidad.

Por unos segundos el otro chico corresponde el beso, hasta que se da cuenta de que ha soltado el columpio y le empuja, hasta hacerle caer de culo.

Daiki se lleva la mano a la boca. Ese niño repipi le ha robado el primer beso. Sabe lo que es un beso, y sabe que el primero es importante... y sabe que ese niño de cabellos como el sol y mirada de oro se lo ha robado, vilmente, por un columpio...

Kise gimotea en el suelo, amenazando con llorar de nuevo. Ese era su parque, su columpio, su sitio sin personas... y ese tonto se lo había quitado.

Llora, con la boca abierta, a pleno pulmón.

Una bofetada le cruza la cara cortando el llanto de inmediato. Busca al culpable, de rodillas frente a él, ojos azules, mirada rabiosa.

– Odio a la gente que llora, cagón. – Toma sus hombros, y le besa.

Ahora es él quien se lo roba. Solo un par de segundos, ve un señor gritando un nombre, y palabras que él tiene prohibido repetir, a no ser que quiera que le laven la boca con jabón.

El chico moreno sale corriendo, dejándole ahí, sentado en el suelo, junto a su bici... con los dedos rozando sus labios, justo en el mismo sitio que ese niño, del que no sabe el nombre, le ha besado...

Cuarto beso: Himuro.

Le vio nada mas salir al patio.

Ese pelo tan rojo no se podía esconder, pero esa cara de enfado no ayudaría a que el resto se acercara...

Días después, nadie jugaba con el chico enfadado. Lo sabía.

– ¡Oye tu! – Finalmente dio el primer paso, balón de baloncesto en el sobaco. – Juega conmigo.

Himuro sonríe, no es tan aterrador como parece. Es divertido jugar con él, sonríe mucho... pero solo jugando.

En clase y en el patio, tiene cara de enfado, de mucho enfado. Todo a su alrededor dice que nadie se acerque, nadie... y obviamente, nadie lo hace.

Compra los anillos, como una especie de broma, pero le gusta verle sonreír.

Kagami es adorable cuando sonríe.

Esa tarde han jugado hasta el cansancio. Le duele el cuerpo entero, por todas partes.

Los mayores ocupan la cancha y ellos suben a la azotea, están solos.

Kagami ronca ligeramente y el moreno le mira como un hambriento a un escaparate de tartas, con hambre acumulada.

Mira a un lado, al otro, están solos.

Nadie tiene que saberlo, nadie...

se inclina como el príncipe de la bella durmiente, y une sus labios, en un tenue contacto, que no le hace sentir nada.

Kagami sigue dormido y él sabe que ese primer beso no ha sido perdido, ha sido para la persona que mas admira.

Aunque haya sido cómicamente breve.

Quinto beso: Kuroko.

Solos en el vestuario. Una gota cae cansina en el fregadero, cada pocos segundos. El único sonido en todo el recinto.

Y sus respiraciones.

Aomine espera, Kuroko se lo ha pedido.

Busca las palabras, quiere que salgan juntos. Suena bien, es perfecto.

Suena a locura, que le guste un chico... mas locura que sea él precisamente. Aomine de todos los chicos que conoce... bueno, podría ser peor... mucho peor.

Un beso no es nada, le dice, si quieres te lo doy.

Es cierto, no siente nada, solo la presión de los otros labios en los suyos, la respiración del moreno en su mejilla, su calor, la proximidad de su cuerpo... no se le acelera el pulso, ni nada...

¿Dónde están sus mariposas? ¿Y sus estrellitas tras los párpados?...¿Y esa felicidad que te obliga a sonreír todo el rato?

Aomine sonríe, victorioso... Kuroko le sonríe, confuso, con la esperanza de que las mariposas acudan a su vida pronto...lo mas pronto posible.

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Bueno ahora si, esto es el final, un pequeño relato de besitos wi jijijij

Espero que os haya gustado, y muchísimas gracias por llegar hasta aquí.

Besitos y mordisktios

Shiga san.

Pd: Nos leemos el miércoles con la nueva tempo...