N/A (Kinsler5):

Fullmetal Alchemist:

Bueno, he tratado de actualizar tan rápido como he podido. Tenía que actualizar también otras historias que tengo, así que por eso me he quedado un poco atrás. Puede que actualice ésta el lunes otra vez o tal vez el martes si consigo completarlo para entonces. Siempre he querido escribir una historia de FMA, pero nunca he tenido el valor para ello. Al final, solo me veo cómoda escribiendo UAs.

De todas formas, ¡me gustaría darle las gracias a toda la gente que se tomó la molestia de echarle un vistazo a esta historia y ha comentado! ¡Significa mucho para mí, en serio! Gracias, muchas gracias. Así que, ¡Perdonad mis errores gramaticales y espero que este capítulo cumpla vuestras expectativas!

N/T: Nada de esto me pertenece, la trama es obra de Kinsler5 y el universo de Amestris y sus personajes son de Hiromu Arakawa.


Shattered

Capítulo 2 – Secretos

Estaba hirviendo de ira y si podría alcanzar su segunda pistola, dispararía a Roy Mustang sin dudar. Estaba parado justo delante suyo y le irritaba saber que no podía hacer nada al respecto. Necesitaba decirle a alguien que por fin le había encontrado. Necesitaba encontrar la manera de comunicarse con Kimblee.

Riza escaneó la pequeña casa, pero no pudo ver mucho. Estaba bastante oscuro y la única luz provenía del pequeño agujero de la pared. No había manera de escapar y no ayudaba el hecho de que sus manos estuvieran atadas. Sus pies estaban libres, pero no podría llegar muy lejos con todos los secuaces de Roy Mustang rodeándola. Seguramente no se lo pensarían dos veces antes de dispararla. Al final, Riza decidió quedarse donde estaba y esperar al momento adecuado para reducir a Roy Mustang.

"Así que, ¿Qué vamos a hacer para salir de esta ciudad?" Dijo el hombre del cigarrillo. Bajó el arma y la colocó alrededor de su cintura. Se giró para mirar a Roy Mustang, que todavía la estaba mirando. Estaba claro que no confiaba en ella. "Ya es bastante malo que hayamos dejado a esta mujer vernos. Creo que sería mejor si la dejáramos aquí y voláramos esta casa con todo lo demás. De todas formas, nadie vive por aquí."

"Eso solo nos serviría para dar a conocer nuestra posición." Le respondió el tipo con gafas, al que había seguido. Se preguntó cuánto tiempo había estado espiándola a ella y a sus tropas. Se preguntó cuánta información tenían Mustang y su equipo. "Toda esta ciudad está completamente rodeada. Fue un error. No tendríamos que habernos parado aquí."

"Necesitábamos munición. No teníamos más remedio que parar aquí y abastecernos." Replicó otro individuo, pero Riza no le podía ver por culpa de la oscuridad de la habitación.

Todo estaría perfecto si se habría dejado atrapar. Debió haber pedido refuerzos en cuanto se dio cuenta de que estaba siendo observada. Su orgullo y arrogancia la cegaron a la hora de pensar que podría manejarlo por su cuenta. Debería haberlo sabido. Riza dejó escapar un pequeño gemido mientras se volvía para mirar a Mustang. Estaba callado, pero para Riza, parecía estar formulando algún plan.

Comenzó a caminar por la habitación antes de coger el abrigo negro que estaba todavía cerca de Chico con Gafas. Entonces, de forma inesperada, la cogió del brazo y la puso en pie de forma brusca. Riza apretó los dientes, sintiéndose completamente humillada e infravalorada. "Cállate y escúchame. Esto es lo que vamos a hacer." Dijo con voz firme y seria él. "Vamos a dividirnos en dos grupos. Breda y Havoc, vosotros vais a ir al Norte. Evitad la antigua iglesia a toda costa. Hay soldados por la zona."

Riza pudo sentirle apretándole el brazo más fuerte y le disgustó pensar que un traidor como él estaba tocándola. Estaba loco si pensaba que le iba a ayudar a salir. "Fuery y Falman, vosotros os dirigiréis al Este. Hay civiles normales por esa zona y estoy seguro de que vosotros dos os podréis mezclar perfectamente. Sólo no hagas nada estúpido, Fuery. No volveré a perdonar tus errores de nuevo. ¿Entendido?"

"De mientras." La empujó un poco hacia delante. "Voy a coger el camino largo e iré al Oeste. Nos encontraremos en el bosque, donde acordamos antes. Voy a llevarme a esta mujer conmigo." Le puso el abrigo por encima antes de dedicarle una pequeña sonrisa confiada. "Será mejor que te la pongas. No queremos que la gente vea tu uniforme."

"¿Por qué no me dejas en paz?" Le saltó Riza, deseando tener las manos libres. Entonces, una idea se le ocurrió y esperó que Mustang cayera en la trampa. "¿Qué me dices de esto? Haré lo que quieras si me desatas las manos."

Mustang la miró, pero ni dijo ni hizo nada. Sus otros secuaces ya estaban alcanzando la puerta, cada uno de ellos asegurándose de no ser vistos mientras salían. Estaban siguiendo su camino y dejando a su líder en sus manos. "No haré nada, lo prometo. Solo desátame las manos. Odio estar atada así, de todas formas. No soy una prisionera. Soy un soldado."

"Vale. Tampoco es como si pudieras ponerme un solo dedo encima." Le dijo él con franqueza y Riza se sorprendió cuando realmente le desató. Le miró sospechosamente antes de que su mano comenzara a moverse lentamente hacia su cintura. Antes de tener siquiera oportunidad de tocar su pistola, Mustang la cogió de la muñeca y casi dobló todo su brazo. Riza gritó de dolor, pero él no se molestó en soltarla. Era mucho más listo de lo que ella pensaba. Debería haberlo sabido. Tenía al Rey y a toda la milicia buscándole como locos. "¿No te lo he dicho? No puedes posar tus sucios y corruptos dedos en mí. Intenta volver a hacer algo tan estúpido como esto otra vez y te quemare toda la mano. No me subestimes, Mujer."

Le quitó la pistola de la cintura antes de empujarla un poco hacia la puerta. Riza le observó mientras agarraba el negro abrigo que le habían dado. Roy le daba un poco de miedo, pero no tenía intención de mostrárselo. Tenía que ser fuerte. Tenía que ser tan valiente como le habían enseñado. "¿Entonces por qué no me disparas y ya? ¿A qué demonios estás esperando?"

Mustang tiró su pistola encima de una pequeña mesa que estaba en la esquina más cercana. La cogió del brazo de nuevo y la empujó afuera. No fue hasta entonces que Riza se dio cuenta de cómo de fuerte estaba nevando. No había duda alguna de por qué había elegido Mustang ese momento para escapar. Serían difíciles de encontrar con toda la nieve que estaba cayendo y sus huellas se borrarían fácilmente. "No seas estúpida. No nos conviene matarte. Si la Milicia te encuentra muerta, sabrán inmediatamente que éramos nosotros y eso complicaría las cosas. Será mejor si simplemente te callas y me sigues."

"Claro. ¿Se supone que tengo que borrar todo lo que me ha sido enseñado en los últimos cinco años de mi vida?" Le dijo bruscamente Riza mientras comenzaban a andar. Sin embargo, él nunca le soltaba el brazo y le estaba empezando a cabrear de verdad. Deseaba poder simplemente golpearle en la cabeza y huir, pero había algo en él que ponía a Riza nerviosa. Sabía que estaba escondiendo algo. Estaba escondiendo algo que la milicia seguramente no sabía. "Estos últimos años he trabajado duro para convertirme en una soldado capaz y valiosa. Ahora, que finalmente tengo la oportunidad de dejar el Comando Central y largarme con Kimblee, vienes tú y lo arruinas todo."

"¿El Coronel Kimblee? Por favor, no me hagas reír." Le dijo él, agarrándole del brazo aún más fuerte. Entonces Riza trató de empujarle, pero por supuesto, él era demasiado fuerte para ella. Sobrepasaba su fuerza con facilidad. "Ese bastardo no merece ser Coronel. No le importa nadie más que él. Aunque claro, eres demasiado idiota como para darte cuenta."

"¿¡Cómo te atreves a insultarme así?!" Exclamó ella y no fue hasta entonces que Mustang la dejó libre. "Eres lo peor. Tú eres el que ha traicionado a todos y ha comenzado a planear cosas contra el Rey. Tú eres el que quiere llevar a todo el país a una revolución. Estoy segura de que solo quieres la corona para ti. Seguramente esa sea tu verdadera ambición."

"Sigue andando. No bromeaba cuando te dije que te quemaría la mano." Le dijo él y Riza pudo ver como sus ojos se llenaban de odio. Riza tragó saliva y rápidamente observó la ciudad. Estaba completamente desierta. No había nadie a la vista. Si Roy Mustang la atacaba, nadie la oiría. Necesitaba seguir con vida. Todavía tenía tiempo antes de llegar al bosque. Tenía que idear un plan para llevar a Mustang derecho a los campos Militares. "No tengo paciencia como para andar esperándote."

Riza hizo lo que le mandaron con Mustang detrás suyo. Siguió observando sus alrededores y cada vez que intentaba idear un plan, su mente se quedaba en blanco. Estaría en serios problemas si Roy Mustang pasaba de la ciudad. Se vería arrastrada por él y Riza no quería eso. Necesitaba encontrar el modo de pararle y reducirle, pero no podía hacer eso por su cuenta. Necesitaba ayuda.

"¡Hey, cuidado!" Escuchó gritar a Mustang de pronto, y antes de poder hacer nada, la derribó. Puso su cuerpo sobre el suyo, su cara impactó contra la fría nieve. Entonces hubo una gran explosión junto a una fuerte racha de viento. Riza cerró los ojos rápidamente, poniéndose las manos sobre las orejas. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso no estaban andando en completo silencio hacía unos minutos? Riza abrió los ojos de nuevo para ver a Roy Mustang de pies otra vez. Sus manos estaban apretadas en puños y su ceño comenzaba a fruncirse lentamente, mostrando su enfado. "¡Kimblee!"

Los ojos de Riza se abrieron como platos ante el sonido del nombre. Miró rápidamente hacia arriba para ver a su coronel parado sobre una azotea. Lo había hecho. Había guiado a Mustang hacia Kimblee. Por fin todo terminaría y no habría necesidad de guerra. Todo volvería a la normalidad y finalmente conseguiría una promoción. Riza no pudo evitar sonreír mientras se ponía en pie rápidamente. Estaba a punto de correr hacia Kimblee, pero Mustang puso su brazo delante de ella, bloqueándole el camino. "¡¿Qué estás haciendo?!" Le chilló ella. "Déjame ir. Todo ha terminado para ti ahora, Mustang. Mira a tu alrededor. Estás completamente rodeado. Ríndete."

"Esto todavía no ha terminado." Le susurró y Riza casi podía ver la pequeña sonrisa formándose en su rostro. Sorprendida, Riza le miró mientras él daba unos pasos hacia Kimblee. ¿En qué estaría pensando? Riza miró a su alrededor, notando cómo los soldados que les rodeaban se acercaban más y más.

Aún así, no se lo podía creer. Todo había salido a pedir de boca. Aunque bien pensado, tal vez Kimblee siempre sospechó que Mustang estaba en la ciudad y era por eso que había colocado a tantas tropas en aquel lugar. "Ya está Mustang." Le dijo de nuevo. "Ríndete."

"Bueno, por fin te tenemos, Mustang." Le dijo Kimblee con una sonrisa en la cara mientras saltaba de la azotea. Puso sus manos en los bolsillos, sus ropas camuflándose de forma bella en la nieve. Riza nunca entendió por qué no llevaba el uniforme, pero no estaba en posición de cuestionar a la autoridad. El Rey no tenía problema con ello, así que ella tampoco lo tenía. "Como puedes ver, no tienes a dónde huir. Esto lo hace mucho más fácil para ambos, ¿no crees? Tú te dejas matar y yo me convierto en el héroe que todo el mundo adora. Creo que es bastante simple."

"Zolf J. Kimblee. Tenía esperanzas de no volver a ver tu cara de nuevo. Supongo que era pedir demasiado." Le dijo Mustang y Riza pudo ver cómo metía las manos dentro del bolsillo de su abrigo. ¿Iba a sacar un arma? Enderezándose un poco alarmada, se preparó para placarle si trataba de hacer algo raro. No iba a dejarle apuntar con una pistola al coronel. "Puedo ver que no has cambiado nada."

"Puedo ver que tú tampoco has cambiado nada. Por cierto, ¿dónde está tu amiguito? ¿Cómo era su nombre? Hughes. Maes Hughes. ¿Dónde está? No le veo por ninguna parte. Oh, espera. Lo olvidé. Está muerto." Kimblee empezó a reírse y Riza no entendió por qué. ¿Maes Hughes? Nunca había oído hablar sobre él antes. Se giró para mirar a Mustang para ver como por su cara corría la ira. "Eres tan patético. No me puedo creer que todavía te afecte."

"¿Qué más te da?" Le respondió Mustang mientras daba un paso más al frente. Riza pudo ver que no temía a Kimblee ni un ápice y se preguntó por qué. "No te incumbe, así que cierra el pico. No estoy de humor para tratar contigo o tus perros militares. No mostraré piedad si vienes a por mí."

Kimblee se quedó en silencio mientras observaba a Mustang un poco sorprendido. Entonces, por primera vez, se giró para mirarla. Kimblee la miró de los pies a la cabeza antes de volver a mirar a Mustang. "Me preguntaba con quién estabas, pero ahora la puedo reconocer." La miró una vez más, poniendo a Riza nerviosa. "Así que, tú estabas planeando esto con ellos, no es verdad, Sargento Hawkeye? No tenía ni idea de que estabas tratando con este traidor. Vaya sorpresa. Pensaba que te dedicabas por completo a esta armada y al Rey. Supongo que no tengo más opción que matarte a ti también."

La mandíbula de Riza se quedó colgando mientras miraba a Kimblee con horror. Ella no era una traidora. No estaba del lado de Roy Mustang. ¿Por qué pensaría algo así? Mordiéndose el labio, Riza dio un rápido paso adelante para aclarar el malentendido. "¡Coronel! ¡No es lo que parece! ¡Nunca me podría del lado de este hombre! ¡Lo encontré, pero me aprisionó! ¡No podía escapar y estaba planeando usarme! ¡Todo esto es un malentendido! ¡Por favor! ¡Tiene que creerme, Señor! ¡Nunca traicionaría a King Bradley! ¡Nunca le traicionaría a usted a la Milicia! ¡Nunca les daría la espaldas a mis camaradas para ayudar a gente como él!"

"Ahórratelo, Hawkeye. Soy un hombre al que no le gusta correr riesgos." Le dijo y pudo ver como sonreía malévolamente. Alargó las manos, permitiéndole ver sus círculos de transmutación. Ella dio un rápido paso hacia atrás, sin saber muy bien qué debería hacer. Iba a usar alquimia, aunque estaba prohibida. No solo estaba desobedeciendo la ley, sino que también estaba cometiendo un crimen mayor. La alquimia estaba completamente prohibida desde la última guerra, hacía unos 50 años atrás. Había causado tanta destrucción que el Rey de aquel tiempo prohibió incluso que fuera enseñada. Prohibió a la gente hasta hablar de ella. Así que, ¿por qué? ¿Por qué iba el Coronel a hacer algo como eso?

"¿Eres un Alquimista?" Dijo Riza mientras se daba cuenta de que había dado otro paso hacia atrás. "¿Por qué? ¡No lo entiendo! ¡La Alquimia está totalmente prohibida! ¡Lo sabes mejor que nadie! ¡Fuiste tú el que nos lo dejó claro desde el primer día!"

"A King Bradley le da igual." Le dijo él mientras alzaba un poco más las manos. Riza notó cómo se le escapaba el aliento a la vez que lágrimas de ira amenazaban con escapársele de los ojos. ¿Por qué? ¿Por qué estaba pasando todo esto? ¿Por qué estaban su vida y mundo derrumbándose ante ella? Nada le dolía tanto como eso. Prefería estar muerta antes que ser aliada de Mustang. Jamás podría vivir consigo misma si ayudaba a un tipo como él. No se dio cuenta de que la explosión había sido interceptada. Abrió los ojos para verse de pies ante una ola de fuego, interponiéndose entre ella y Kimblee. Riza estaba a punto de caer de rodillas, pero Mustang no la dejó. Le cogió rápidamente del brazo y la puso en pie de nuevo.

"¡¿Qué demonios estás haciendo?!" Le gritó antes de agarrarla de la muñeca. Sin siquiera decirle nada, comenzó a correr en la dirección contraria al bosque. Antes de que los otros soldados pudieran atacar, Mustang hizo explotar las casas de los alrededores con un chasquido, pillando a Riza de improvisto. No se lo podía creer. ¿Mustang también era un alquimista? Llevaba puestos unos guantes blancos y Riza pudo ver su círculo de transmutación en ellos. "¡Tenemos que largarnos de aquí! ¡Vamos!"

Hubo más explosiones y Riza miró hacia atrás para ver que Kimblee les estaba apuntando a ellos. Todavía trataba de deshacerse de ella aunque había hecho todo posible por explicarse. No era una traidora. Todo era un malentendido. Era la rehén de Roy Mustang, nada más ni nada menos. No quería estar con él. No quería que Kimblee pensara lo peor de ella. "¡Sólo déjame aquí! ¡No quiero huir contigo! ¡Prefiero morir! ¡Si me llevas contigo, van a pensar lo peor de mí! ¡No quiero que piensen que soy una traidora!"

"¡Cállate! ¡Qué molesta eres! ¡No me puedo creer que quieras matarte así!" La chilló Mustang mientras seguía chasqueando los dedos, causando un completo caos a sus espaldas. Riza deseó que no hubiera civiles por los alrededores. "¿¡No lo ves?! ¡A ese hombre le importas una mierda!"

"¡Tampoco es como si te importara a ti!" Le gritó Riza mientras trataba desesperadamente soltarse de su agarre. Sin embargo, él no la dejó marchar y Riza pudo ver como se acercaban más y más al bosque. "¡Esto no va a tardar mucho en llenarse de militares! ¡Aunque sepas alquimia, un solo hombre no puede ganarles a todos ellos!"

"¡Al contrario que tú, yo tengo un motivo para vivir!" Paró de correr mientras la tiraba al suelo. Le dirigió una mirada helada antes de girarse para mirar a los soldados que estaban corriendo en su dirección. Sacó su mano, presionando el índice contra el pulgar. Sus negros ojos se llenaron de odio de nuevo, llenando de miedo el pecho de Riza. "Una vez me haya vengado, nada importará."

Fue en ese momento en el que Mustang chasqueó los dedos y Riza pudo ver todos los soldados que estaban cargando, todas las casas vacías, y todos los transportes militares arder. Pudo escuchar sus gritos y pudo oler la carne quemada. Aterrorizada, Riza trató de no llorar mientras veía a sus camaradas arder, muriendo y gritando, pidiendo ayuda, ante ella.

Miró a Roy Mustang, sintiendo ira y enfado adueñándose de su corazón. Chillando de puro dolor, Riza se levantó en la nieve, preparada para asfixiar a Mustang con sus propias manos. Pero él la paró. La cogió de las muñecas con fuerza, inclinándose más cerca de ella y suprimiendo cualquiera de sus movimientos. Riza pudo sentir sus manos temblando de furia mientras el deseo de matar a Roy Mustang se desarrollaba en su interior. Él era lo peor y se merecía la peor muerte posible. Con sus caras separadas solo por unos centímetros, Riza pudo sentir lágrimas rodando por sus mejillas.

"Soy Roy Mustang, fugitivo, Alquimista de Fuego, asesino, traidor." Susurró él, agarrando con más fuerza sus muñecas. "Y tú eres mi rehén."


N/T: Bueno, pues aquí tenemos el segundo capítulo de Shattered. Espero que os esté gustando la historia, porque subiré el tercer capítulo en cuanto pueda. No tengais miedo de comentar!