N/A (Kinsler5)

Fullmetal Alchemist

Me he llevado algo de tiempo actualizar, pero me alivia saber que he podido actualizar esta historia hoy. He estado bastante ocupada y mi pereza suele aparecer. Ahora ya se ha ido. ¡De todas formas, me gustaría agradecer a toda la gente que se molesta en leer esta historia! Así que, perdonad mis errores gramaticales y espero que este capítulo cumpla con vuestras expectativas.

Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la trama es de Kinsler5 y tanto el universo de Amestris como los personajes pertenecen a Hiromu Arakawa


Shattered

Capítulo 4 – Agradecida

¿Había sido todo un sueño? ¿Ahora dónde estaba? Reincorporándose incómoda en el duro colchón, Riza abrió lentamente los ojos para encontrarse con un feo techo de madera delante de sus ojos. No estaba en su habitación y claramente tampoco estaba en la base militar. Giró levemente la cabeza antes de conseguir sentarse. Riza escaneó la habitación mientras los recuerdos volvían a ella. No estaba soñando. Realmente estaba huyendo con un fugitivo. Realmente era una rehén.

Riza miró a Mustang con odio cuando sus ojos se lo encontraron durmiendo en el suelo, apoyado contra la vieja pared de madera. Aunque estaba completamente dormido, no tenía ninguna oportunidad contra él. Su fuerza era mucho mayor que la suya y tenía la ventaja de saber alquimia aun estando prohibido su uso. Maldiciéndose, Riza estampó sus puños contra el colchón de pura frustración. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¿Se suponía que tenía que seguir a ese idiota? ¿Era esa su única opción?

Suspirando, Riza se levantó y estiró las manos en el aire. Miró a Mustang, y tras asegurarse de que estaba dormido profundamente, Riza se encaminó a la puerta del dormitorio. Dado que no podía ir huyendo de un lugar para otro con el uniforme, necesitaba encontrar algo de ropa. Lo único, tendría que conseguir un uniforme nuevo cuando volviera al ejército. Estaba segura de que si le explicaba las cosas a Kimblee y se traía consigo a Mustang, le devolvería a su antiguo puesto. Era lo único que quería.

Llegó a la puerta, pero cuando giró el manillar, se sorprendió al encontrárselo bloqueado. Riza tiró de la puerta tan fuerte como pudo, pero no cedió. Lo intentó una y otra vez solo para conseguir el mismo resultado. Estaban atrapados y de repente se lo ocurrió que estaban atrapados a propósito. Corrió rápidamente a la ventana, deseando estar equivocada. Tal vez la anciana les había encerrado sin querer, olvidándose de que estaban allí.

Riza se asomó por la ventana y captó de inmediato el sol saliendo del horizonte. Escaneó con la vista la pequeña y pobre ciudad y sus ojos se abrieron como platos cuando se dio cuenta de que una tropa de soldados estaba dirigiéndose a su localización con la anciana liderando la marcha. Riza dio unos cuantos pasos hacia atrás, sintiéndose completamente conmocionada y molesta. Sin pensarlo dos veces, Riza corrió hacia Mustang y comenzó a sacudirlo violentamente. Era a él al que estaban persiguiendo con más ganas y aún así, era él quien había bajado la guardia.

"¿Hey? ¡Eh! ¡Despierta!" Le gritó ella, pero él la chistó y giró el cuerpo para darle la espalda. Sintiéndose irritada, Riza sitió ganas de cogerle del cuello para ahogarle. No le soportaba, y ni siquiera sabía por qué se molestaba en contárselo. Su vida debería importarle más bien poco, así que, ¿Qué demonios estaba haciendo? "¡Escucha! ¡La anciana esa nos ha delatado y el ejército está de camino aquí. No van a tardar mucho en rodear la casa con soldados. Ha tenido incluso el valor de encerrarnos aquí."

"¿Es eso por lo que estás montando este jaleo?" Gimió él en voz baja, mirándola con sus penetrantes ojos negros. Riza se cruzó de brazos mientras le observaba bostezar de forma descarada. Se puso de pie lentamente, frotándose la parte trasera del cuello. "Dios, dormir ahí no ha sido cómodo. Es la última vez que hago eso."

Riza se quedó en silencio mientras le veía andar hasta la ventana perezosamente. Si fuera un simple humano normal, ya habría escapado hacía mucho tiempo, pero no sabía exactamente lo poderosa que era su alquimia y se temía que cumpliría su amenaza si intentaba hacer algo extraño. "Supongo que la vieja nos engañó a base de bien, ¿eh?" Dijo, dándole la espalda para mirar por la ventana. "Debería habérmelo imaginado. Seguramente sabía quién era desde el primer momento. No sabía que era tan popular, ¿y sabes qué significa eso? Significa que no podemos fiarnos de nadie."

Alejándose de la ventana, Mustang se giró para mirarla con una sonrisa confiada. Se puso los guantes y miró al techo. Con un chasquido, Mustang calcinó parte del techo, ofreciéndoles una vía de escape. "Bueno, entonces deberíamos marcharnos de aquí. Tenía esperanzas en que también nos diera de desayunar, pero supongo que eso no va a pasar. Me pregunto cuanto dinero le van a dar por mi cabeza."

Sin decir nada más, Mustang saltó al tejado antes de mirar hacia abajo, hacia ella. Extendió la mano, pero Riza dudó si cogerla o no. ¿Qué estaba haciendo? Esta era su oportunidad. Debería derribar la puerta y correr hacia el ejército, hacia sus tropas, hacia sus amigos. Riza se sacudió esos pensamientos de la cabeza antes de mirar la mano de Mustang de nuevo. No estaba traicionando a su país. No estaba traicionando a su rey. Después de todo, Roy Mustang era el enemigo y se aseguraría de dirigirle derecho al infierno. "¿A qué estás esperando?" Le dijo él, sacándola de sus pensamientos. "No tenemos todo el día."

Aunque no le gustaba, Riza cogió la mano de Mustang y lentamente, él la subió. Se vio en un tejado cubierto de blanca nieve. Estaba a punto de levantarse cuando de pronto oyó pasar una bala justo a su lado. Se giró rápidamente para darse cuenta de que ya habían sido descubiertos por unas tropas que estaban dirigiéndose hacia ellos. Le entristeció pensar que antes solía estar con ellos, y que ahora estaba huyendo de ellos.

"¿Nunca aprenden, verdad?" Dijo Roy Mustang de repente mientras daba un paso hacia delante. Se volvió a poner el guante y Riza pudo ver como su mirada cambiaba. Jadeó silenciosamente al darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer. "Debería acabar con ellos ahora mismo. Solo se volverán una molestia más tarde."

"¡No te voy a dejar hacer eso!" Le dijo Riza con firmeza, mientras sus manos se cerraban en puños. "Ya he visto a suficientes de mis camaradas caer en tus manos. No quiero ver morir a más de ellos. No tienes por qué matarles, ¿no es así? ¡No es parte de tu objetivo! Por lo que sé, tú lo que quieres es derrocar al rey, así que déjales en paz. Tienen familias a las que deben volver. Tienen metas que quieren cumplir y no te voy a dejar arrebatarles eso. No les voy a dejar morir a tus manos."

"¿Y qué vas a hacer al respecto?" Le preguntó con una sonrisa mientras otra bala volaba en su dirección. Su puntería era bastante mala porque todavía estaban demasiado lejos, pero Riza pudo ver que estaban apuntándoles a ambos. "No puedes detenerme."

"Te mataré." Le dijo Riza lanzándole una mirada de muerte, frunciendo el ceño. Estaba furiosa y no se podía creer que estaba atrapada con alguien como él de verdad. Ahora lo entendía. Roy Mustang no era sólo un alquimista; era un asesino de sangre fría que estaba listo para causar problemas. "Te mataré aunque sea lo último que haga."

Él la miró por unos cuantos segundos hasta que dejó escapar una risotada. Esa era otra de las razones por las que no le caía bien. No la tomaba en serio y ni siquiera la consideraba una amenaza. Una vez más, pensó ella, no podía hacer mucho si no disponía de armas, pero si se empeñaba lo suficiente, se le ocurriría un plan para acabar con su vida.

"Me encanta tu humor, en serio." Le dijo, bajando las manos. Entonces, de la nada, su mano la agarró de la cintura y la puso más cerca suyo antes de mirar abajo, al suelo. Riza trató de alejarse de él de inmediato pero su agarre era demasiado fuerte. Odiaba ser tocada por tipejos, pero le disgustaba pensar que el enemigo estaba familiarizándose demasiado con ella. Pudo sentir como su cara se calentaba, ya fuera por enfado o vergüenza. "Cálmate. Espera. Sólo vamos a saltar."

"¡Puedo saltar yo sola!" Exclamó Riza, pero sabía que no la iba a dejar escapar. Seguramente pensaba que iba a huir y no iba muy desencaminado. Mordiéndose el labio, Riza rodeó su cuello con sus brazos mientras se pegaba mentalmente en la cara. Definitivamente, iba a arrepentirse de eso más tarde porque había cedido demasiado rápido. "No te entiendo nada. Te odio."

En cuestión de segundos, Mustang saltó del segundo piso y en cuanto aterrizaron ella le alejó rápidamente. Abrió la boca para decir algo, pero él la cogió de la mano y comenzó a correr por el callejón repleto de viejas casas. "¡No tenemos tiempo para quedarnos parados!" Le gritó sin mirar atrás. "Maldita sea. Debería haberlos matado a todos y punto. Ahora tenemos que huir de nuevo de esta forma."

Riza le miró antes de que sus ojos se detuvieran en su mano sosteniendo la suya. Aunque llevaba puestos sus guantes blancos, podía sentir su calor humano. Estaba pensando en ello cuando de repente oyó una nube de balas aproximarse en su dirección. Se volvió para ver a un pequeño grupo de hombres corriendo en su dirección. Les habían alcanzado mucho más rápido de lo que se había imaginado que tardarían. Sin aliento, Roy se giró para mirarla enfadado. "¿Y todavía no les quieres matar? ¿Qué clase de soldado eres tú? Eres un fracaso."

Esa no era la primera vez que le decían eso. Lo había escuchado de Kimblee y sus superiores muchas otras veces. Era por eso que quería demostrarles que estaban equivocados. Quería llegar a la cima aún siendo una mujer. Quería convertirse en general y mostrarle al mundo quién era Riza Hawkeye realmente. No iba a parar hasta llegar allí. Esa era una de las únicas cosas que la motivaban en la vida.

Aún así, por el camino, aprendió a conocer y hacerse amiga de gente como Sheska y el Mayor Armstrong. Aprendió a confiar en la gente aunque le dijeron que no lo hiciera. Aprendió a defender a su país y luchar por lo que creía correcto. Aprendió que sus camaradas y sus comandantes estaban por encima de todo y que sus vidas debían ir por delante de la suya.

Aún así, eso no explicaba por qué Roy Mustang estaba llegando a tales extremos para protegerla. Era un simple rehén. No debería valer tanto. Podría capturar a otro soldado fácilmente si se cansaba de ella. Era bastante obvio que estaba entorpeciéndole y aunque se alegraba de ponerle las cosas difíciles, Riza no podía entender por qué una persona como él se molestaría siquiera en aguantarla. Cualquier otro ya la habría matado hacía mucho tiempo.

Fue entonces cuando Riza sintió como algo le atravesaba la pierna repentinamente. Gritó de dolor antes de derrumbarse en el suelo. Apretando los dientes y reteniendo los gritos, Riza miró su pierna para encontrar la pernera de su pantalón destrozada y con sangre cayendo de la herida a la blanca nieve. La acababan de disparar. Miró a Mustang, que ya había disparado una llamarada a los soldados que los perseguían. Se arrodilló a su lado y Riza pudo ver cómo su cara se enrojecía. "Mira. Esto es lo que estaba tratando de decirte. O matas o te matan. Supongo que nunca lo entenderás. No puedes mostrar compasión por el enemigo."

"¿Por qué? Esos soldados no son mis enemigos." Saltó Riza mientras una dolorosa palpitación viajaba a través de su pierna derecha. Estaba ardiendo en su interior y podía sentirla calentándose. "Tú eres mi enemigo, no ellos. Eres tú el que se supone que tiene que morir, no ellos. Supongo que nunca lo entenderás. ¿Por qué no sigues adelante y ya está? Déjame aquí y punto. No me importa desangrarme hasta la muerte. Ya te lo he dicho, ¿no? Prefiero morir a irme con alguien como tú."

Molesto por su respuesta, Mustang la cogió en brazos a la fuerza y la colocó por encima de su hombro como si fuera alguna clase de equipaje. Riza empezó a protestar, pero su agarre era muy fuerte. Era más fuerte que antes, haciendo que sus movimientos fueran limitados. Entonces, de repente, vio otra ronda de soldados corriendo en su dirección. No pudo evitar preguntarse si Kimblee estaba entre ellos. "¡Déjame ir, Mustang! ¡Nunca te perdonaré esto! ¡Te he dicho que me dejes aquí! ¿Por qué no puedes limitarte a hacerlo?"

"Eres irritante. No te voy a dejar salirte con la tuya." Los ojos de Riza se ampliaron en cuanto los dedos de Mustang chasquearon varias veces. Toda la callejuela, repleta de casas, ardió y pudo oír los gritos de los soldados de nuevo. Una de las casas explotó en el aire formando una gran nube negra y derribando a un montón de soldados. Impresionada, Riza dejó que su cuerpo se derrumbara sobre el de Mustang antes de que éste comenzara a caminar alejándose de la escena, tan calmado como siempre. "Las cosas se me están yendo de la mano ahora. Mierda."

Riza pudo notar como su bota se llenaba de sangre, pero su mente estaba ocupada por otros pensamientos. Enfocó la vista en el suelo, escuchando las botas de Mustang estamparse contra la nieve ruidosamente. ¿Quién era exactamente Roy Mustang de todos modos? ¿Era realmente tan malvado? ¿Por qué estaba llegando a tales extremos el Rey para capturarle? Ya había habido más prisioneros antes de Mustang que habían logrado escapar, pero el Rey nunca había gastado tantas energías en capturarles. ¿Tal vez tenía algo que ver con la rebelión que Mustang quería iniciar? A parte de por su alquimia, Riza se preguntó por qué otra razón representaba tanta amenaza Mustang para el Rey.

"Déjame en el suelo ya." Le gruñó mientras él continuaba caminando sin parar. "Ya te he dicho que no necesito tu ayuda. ¿No estarían todos tus problemas solucionados si me soltaras aquí para que muriera? No tendrías que cargar conmigo más y no necesitarías preocuparte de si voy a decir a dónde te diriges en el futuro o no. No veo como te voy a ser de ayuda, de todas formas."

"Eres tan testaruda." Le dijo simplemente y cuando ella oyó más balas dirigidas en su dirección, Mustang chasqueó los dedos múltiples veces para crear algo de caos detrás de ellos. Era cruel. No había duda alguna sobre ello. Quería decirle que parara, pero sabía que ya no iba a hacerle caso. "Si te dejo morir, tampoco me servirías de nada. Ya que estamos, te puedo mantener respirando. Es solo que todavía no me apetece deshacerme de ti. De todas formas, creo que es mejor viajar acompañado que a solas. Después de todo, ya te has desviado de tu camino al decirme que la vieja nos había engañado, ¿no? Podrías serme útil así."

"Me arrepiento de haberlo hecho." Le ladró Riza. Trató de dar una patada con la pierna herida, pero estaba demasiado adolorida y notó que empezaba a no sentirla. "Prometo no volver a hacerlo. Debería haber dejado que te capturaran."

"Entonces habría habido más muertes, incluida la tuya." Le dijo Mustang, pero había sarcasmo en su voz. "Dices que quieres morir, pero creo que aprecias tu vida más de lo que crees. Solo estás diciendo lo que debes decir como soldado. No creo nada de lo que dices."

Continuaron caminando sin más disturbios. De todas formas, tampoco tenían más opciones. Sin Kimblee por allí, el ejército no tenía ninguna oportunidad contra Roy Mustang. Si continuaban cargando contra él una y otra vez, lo único que harían sería conducirse a sí mismos hacia la muerte. Con todo, no pasaría mucho tiempo hasta que llamaran a los refuerzos y sería entonces cuando el ataque real comenzara. Ahora, sin embargo, ella estaba completamente desesperanzada. Con una pierna herida, no podría hacer nada.

Riza no sabía cuánto llevaban andando porque estaba empezando a sentirse mareada. Todavía seguía sintiendo sangre derramándose dentro de su bota y le sorprendió no haberse desmayado todavía. Estaba empezando a tener problemas para respirar y su visión estaba empezando a empañarse. Deseó que Roy parara pronto porque iba a necesitar sentarse y descansar.

Casi como si le leyera la mente, Mustang paró de caminar y Riza se las arregló para alzar la cabeza para encontrar un almacén con pinta antigua frente a ella. Girándose en todas las direcciones y asegurándose de no ser visto, Mustang se adentró en el almacén rápidamente y suspiró de alivio al ver que el sitio estaba oscuro y vacío. Riza miró a su alrededor, sorprendida de ver cómo de pobres eran las ciudades al norte. Se preguntó si el Rey sabría de los problemas de las ciudades.

Mustang la recostó contra el frío suelo y aunque Riza deseaba sentarse, se dio cuenta de que no tenía fuerzas para ello. Había perdido mucha sangre y ahora estaba sin fuerzas. Tomó una gran bocanada de aire, preguntándose si finalmente Mustang iba a dejarla ahí. Sería lo normal, después de todo. Un fugitivo no podía exactamente cargar con una persona herida por allí, mucho menos un enemigo herido. Por fin iban a separarse, pero por alguna razón, eso no era suficiente como para traerle paz.

"Vuelvo en seguida. Si tratas de escaparte, te perseguiré." Le dijo, pero cuando vio la ensangrentada pierna, dejó escapar una risotada. Riza sintió cómo su ceja tembló en un tic, pero decidió no dejar que eso la afectara. Necesitaba recuperar fuerzas para poder darle una paliza. ¿Quién se creía que era, de todas formas? ¿Despreciándola y humillándola de esa forma? "Aunque quisieras, no creo que pudieras."

Con eso, Riza le oyó salir por la puerta, dejándola a solas en el siniestro y oscuro vestíbulo. Podía oír a las ratas escurriéndose por encima del techo y chillándole a su patética presencia. Necesitaba presionar algo contra su pierna o si no realmente se desangraría hasta la muerte. ¿Por qué no podía Mustang haber hecho algo como eso antes de irse? Era él el que la quería viva, ¿no? Riza luchó por sentarse y se las arregló para romper parte de su manga. El frío la golpeó inmediatamente, pero lo ignoró. Ató rápidamente la pieza de ropa alrededor de su pierna, cubriendo la herida mientras se volvía a tumbar.

Cerró los ojos, tratando de bloquear el sonido de las ratas que comenzaban a acercarse un poco. Si no se desangraba hasta la muerte entonces probablemente se la comerían viva. De cualquier forma, su muerte acabaría siendo una muerte sin sentido. Riza no sabía cuánto tiempo estuvo tumbada allí, pero cuando escuchó la puerta abrirse, su corazón se saltó un latido de pura felicidad. Al final no había sido abandonada.

"¡Hey! ¿Sigues viva?" Le preguntó Mustang y ella asintió. Obligó a sus ojos a abrirse, sorprendida de verle cargando con un cubo de agua junto a un pequeño saco. Los plantó en el suelo antes de sentarse a su lado. "He ido a por algunas cosas que vamos a necesitar. Hasta te he traído algo de ropa. No creo que quieras andar por allí con un uniforme manchado de sangre como este."

"¿Lo has robado?" Le preguntó Riza mientras le observaba sacar una vela. La encendió rápidamente, permitiéndoles ver un poco mejor. Miró al techo y pudo ver como las negras ratas se alejaban. "¿Lo has robado a plena luz del día? Debería haberlo sabido."

"Es más fácil moverme cuando no tengo que hacer de niñera." Le dijo con una sonrisa, pero Riza no lo encontró divertido para nada. No era como si estuviera pidiéndole protección. No le necesitaba. No necesitaba a nadie. Y entonces, sin darse cuenta siquiera, él le quitó la bota y le arremangó el pantalón. Estaba tratando de ver su herida, pero a Riza no le hacía gracia la forma en la que el tipo aquel se sentía en sus piernas. "No está muy profundo. Deberías estar bien."

"Ya basta." Le dijo y pudo sentir como su cara se ponía roja. ¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Por qué sonaba como si realmente estuviera preocupado por ella? Si fuera él al que le habrían disparado, ella le habría abandonado allí. No se habría molestado en echarle un vistazo a su herida. ¿O tal vez sí? "No necesito tu ayuda. Ya te lo dije. Sólo déjame desangrarme hasta la muerte."

"A veces no tienes sentido." Le dijo él, sacudiendo la cabeza. Entonces, Riza vio como sacaba un cuchillo de su cadera. Lo sostuvo frente a él antes de empezar a limpiarlo con un pañuelo que acababa de sumergir en el agua. "Vamos a tener que sacar esa bala de ahí. Lo único que tengo es este cuchillo, pero creo que servirá. Va a ser terriblemente doloroso, pero será mejor si la sacamos de allí antes de que se te infecte la herida."

"¡De ninguna manera!" Saltó Riza rápidamente en su defensa. Una cosa era dejar que Mustang la tocara, pero dejar que Mustang hurgara en su herida con un cuchillo era algo muy diferente. "¡No sabes nada de esto! ¡Déjalo como está! ¡Envuélveme la pierna y ya! ¡O si realmente quieres salvarme tanto, llama a un maldito doctor! ¡Vas a acabar matándome!"

"¿Oh? Pensaba que te daba igual morir." Le dijo con una sonrisa malvada y aquello la dejó sin palabras. ¿Qué demonios estaba saliendo de su boca? ¿Por qué estaba haciéndole Roy eso? Estaba claro. No aguantaba a Roy Mustang. "Solo cállate y actúa como un soldado. Pensaba que ya te lo había dicho. No podemos fiarnos de nadie. Si pido ayuda, solo servirá para que nos delaten de nuevo y no podemos huir contigo tal y como estás. Así que, deja de actuar como una niñita quejica. Sé que eres más dura que esto, Sargento Hawkeye."

Quedándose sin palabras, Riza cerró los ojos fuertemente y decidió dejarle hacer lo que quisiera hacer. Dándose cuenta Roy de que esa era su señal, pronto sintió algo afilado adentrándose en su pierna. Gritó de dolor, pero Mustang le cubrió la boca rápidamente con su mano. Comenzó a hurgar por su pierna de nuevo, pero como su pierna seguía moviéndose, dejó libre su boca para poder mantener la pierna quieta. Riza se mordió el labio fuertemente, aguantándose sus gritos de dolor. Podía aguantarlo. Notaba la nitidez de la cuchilla apuñalándola profundamente. Estaba sudando y su corazón estaba latiendo con fuerza. No sabía cuánto más podía aguantar.

"Aquí esta. La he encontrado." Le dijo y pudo sentir como le limpiaba la pierna con agua fría. Volvió a gritar de dolor, cerrando las manos en tensos puños y deseando que se diera prisa en lo que estuviera haciendo. Si no moría desangrada, moriría por falta de anestesia. Dejó escapar otro grito de dolor antes de oír algo chocar en el suelo. "Ahí. Ya está. Mira. No ha sido tan horrible."

¿No ha sido tan horrible? ¿Prácticamente ha ido desgarrando su pierna y tiene los cojones de decir que no ha sido tan horrible? Riza abrió los ojos para mirarle, sin aliento. Estaba vendándole la pierna y cuando notó que le estaba mirando, le dirigió una pequeña sonrisa satisfecha. Riza se giró inmediatamente, pero por alguna razón, una parte dentro de ella estaba empezando a sentirse agradecida. Se abofeteó y se pegó mentalmente. No podía y no se sentiría agradecida. Él era el enemigo. Él era la persona que necesitaba destruir y le odiaba. "La próxima vez, por favor, déjame morir."

"Sabes que eso no es lo que quieres." Le saltó él, ajustando con más firmeza la tela alrededor de su pierna. "¿Qué me dices de esto? Si me ayudas a derrocar al Rey, te reincorporaré al ejército y te daré el rango que quieras. Aunque, tendrás que trabajar bajo mi comando y vas a tener que luchar por mí. ¿Qué tal suena?"

"Nunca." Le dijo Riza, y pudo sentir como se iba desvaneciendo. "No quiero nada de ti."


N/T: Bueno, pues aquí está el capítulo, recién salido del horno. Comentad y gracias por todo vuestro apoyo!