Sherlock
Por
DarkCryonic
Guardó silencio al notar los ojos de John mirarle con intensidad. Pero qué podía decir. ¿Todo estará bien? ¡Ridículo! ¿No te preocupes? ¡Imposible!
Iba a abrir nuevamente la boca cuando la puerta se abrió y entró su hermano y dos hombres que no conoció. Abogados. John se puso de pie como reflejo.
-Sé que no quieres que me entrometa, pero lo haré de todas formas.—Dijo Mycroft al notar los ojos de Sherlock mirándoles con escrutinio.- Estos señores serán tus abogados. Haremos que este juicio se dilate lo suficiente como para que tengas tiempo de encontrar al verdadero asesino.—Lo último lo dijo mirando a John. Éste respondió con una afirmación... ¿Verdadero asesino? ¿Acaso tú también crees que soy inocente?
John le miró con seriedad. Sherlock volvió los ojos a su hermano, entrecerrándolos. Así que este es tu movimiento. Hacer que John haga el trabajo. Cerró los ojos y sacudió levemente la cabeza. Aquello estaba demasiado extraño, aún para ellos. Acaso era el único que sabía que él era el asesino. Bueno, él y el resto del mundo.
-Iré con Lestrade por información.—Dijo el exsoldado, antes de ser seguido por uno de los abogados. Momento que el mayor de los Holmes usó para sentarse con su acostumbrada elegancia.
-Sé lo que estás haciendo, Sherlock. No caeré en el juego. No importa lo que hayan dicho de ti hace casi 25 años. El destino de un hombre es más complicado que todo lo que se pueda prever de él con unos simples exámenes.
-Nuestro padre no creyó lo mismo. –Mycroft hizo un gesto de disgusto. Aquello no era tema. Y no tenía intención de volverlo a sacar a colación después de tanto tiempo. Sólo estaba seguro que Sherlock estaba asustado como para estar colgándose de tontos recuerdos como ése.
-No sabía que te habías vuelto un sentimental.—Dijo en respuesta, mirando levemente al abogado que se mantenía quieto en un rincón.
Sherlock sonrió. Después de todo no importaba ser o no, el asesino. Lo que estaba haciendo allí era lo que siempre hacía con las personas que se le acercaban. Empujarlos para que se fueran, para que le dejaran, para que se olvidaran de él. Porque había comprobado con los años, que las personas no son confiables. Nunca lo habían sido y no lo serían. Sólo había que tirar de las cuerdas y salían corriendo sin detenerse a mirar atrás.
-John Watson…-Dijo Mycroft para llamar su atención.—No importa cuanto empujes a John, él no se va a apartar. Y si te ve caer, puedo asegurar que él caerá contigo.
-No seas tonto…-Dijo tratando de sonar despreocupado.
Él otro sonrió. Aquel juego entre Holmes, era como llevar dos conversaciones a la vez. La real y la que escuchaba el abogado. Pero esta vez, Sherlock estaba más conciente de la literalidad que de las insinuaciones. Cerró los ojos y las cientos de imágenes de John caminando a su lado para resolver un caso se le vinieron encima. Empuño sus manos como reflejo y lo supo. Aquello podría ser peligroso. Si había la leve posibilidad de que él fuera inocente, eso quería decir que había un asesino allá afuera, y que John lo cazaría por si solo. Esa idea no le gustó.
-Veo que ya lo entiendes.—Agregó Mycroft al verle tensarse por un momento. Pasó los ojos por el lugar levemente antes de hacerle un gesto al abogado. –Haga lo que ya discutimos. –El hombre afirmó y salió con rapidez.—No creo que te lleven a la Torres de Londres…-Dijo con un tono ligero.—Pero te dejarán en una celda mientras se busca evidencia y se ve lo del juicio. Creo que pronto se mediatizará. Es mejor que no mantengas contacto con nadie que no conozcas. No quiero que eches a perder el esfuerzo de John.
-Dices que me quede aquí, tranquilo, en una celda de dos por dos.—Sonrió con frialdad.—Buena suerte.—Agregó mientras cerraba los ojos está vez para perderse en sus pensamientos y recordar todo aquello que le fuera necesario para acabar con aquello lo más pronto.
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"Estoy aburrido. SH"
John se sorprendió de recibir el mensaje. Suponía que Sherlock había encontrado la manera de hacerse con su móvil frente a las narices de toda la policía británica. Miró levemente al chofer del taxi y volvió a concentrarse en el móvil.
"¿Has recordado algo que ayude? JW"
"No. SH"
"¿Siquiera intentas recordar algo? JW"
"Quiero comida china. SH"
"Pídesela a tus abogados. Tengo cosas que hacer. JW"
Sherlock guardó el móvil en su abrigo antes de subir sus piernas al camastro incrustado en la pared. No era primera vez que estaba en un lugar de aquellos, pero nunca creyó volver tan pronto.
Estaba levemente iluminado. Serían pronto las 8 de la noche. Cerró los ojos y se quedó en medio del silencio tratando de controlar los latidos de su corazón. El tenerle allí no era tenerle encerrado. Eran los otros los que vivían enclaustrados. Cegados y sordos. A él nadie podía detenerle, ni siquiera las amenazas que llegaban del pasado. Tenía su propio lugar para estar dentro de su cabeza. No necesitaba de nadie más, de nada más. John. Una imagen le atravesó la cabeza desbaratando el balance. Había sido muy mala idea haberle elegido para ser su compañero. Pero no podía evitarlo, había sentido la conexión al verlo la primera vez. Era perfecto. Perfecto para destruir.
La voz dentro de su cabeza no se callaba. Sólo lo hacía en presencia de las pocas personas que le importaban un poco. Y eso era ya decir demasiado. Por que esa voz, era la más fuerte y la más verdadera. Era su propia voz acallada por sus propias manos. Era el Sherlock real y frívolo, el que hería y dejaba atrás. El que no tenía miedo de ser dejado atrás.
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Habían pasado dos horas, y ya se estaba cansando de comprobar cuantas veces su cerebro soportaba contar los barrotes, las baldosas y las marcas de las paredes. A eso de las diez de la noche escuchó los pasos algo cansados del Inspector Lestrade. No hizo mella de cambiar de posición, afirmar su espalda en la pared fría era algo que le ayudaba a enfriar sus pensamientos. El otro acercó una silla a la reja y se sentó mirándole con aquellos ojos que querían verle como algo más. No eran amigos, pero los unía el respeto, o eso quería pensar Lestrade.
-¿Cómo vas?—Preguntó el Inspector esperando la respuesta ingeniosa. Sherlock dejó de mirar el techo y le vio. Ojos cansados. No ha dormido. Sus manos se muestran inquietas, mucho café, durmió en la silla de su escritorio. No ha ido a casa.
-Por lo que veo a ti no muy bien. –Afirmó volviendo a ver al techo.
-¿Aún sigues en esa postura? ¿Para qué pregunto? No quieres ayuda, no hay que ser muy inteligente para darse cuenta que no quieres salir de aquí.
-Veo que has pasado demasiado tiempo con mi hermano.—Contestó Sherlock mientras sacaba el móvil y escribía un mensaje rápido frente a los ojos sorprendidos del policía.
-¿Cómo tienes un...? –Bajó la mirada y se llevó las manos a la cabeza, mientras se acodaba en sus rodillas. Para qué preguntar. Después de todo era Sherlock Holmes. Y estaba acostumbrado a que terminara riéndose de todos ellos. Pero aún así no quería verlo allí.
-Aún no me explico porque estás aquí.—Dijo Sherlock guardando el móvil en su abrigo con normalidad.—No deberías estar con John.
-El que debería estar con él, eres tú. Pero como no tienes interés por saber la verdad…
Sherlock se puso de pie rápidamente y se acercó a los barrotes tan rápido que Lestrade se asustó echando el cuerpo hacia atrás.
-¿Qué diablos?
-La verdad. ¿Qué sabes tú o tus policías sobre la verdad? Ni siquiera están investigando. Están tan convencidos de que fui yo, que no se han movido de sus escritorios. No quieren la verdad, sólo sentirse cómodos con lo que quieren que sea la verdad.
-Tú estás haciendo lo mismo.—Dijo Lestrade poniéndose de pie y afirmándose en los barrotes a centímetros del otro.
-Lo que yo haga no tiene que ver con la verdad. De todas formas, yo no tengo una obligación social con Inglaterra. Además, si quisieras ayudarme, habrías traído un pastel con una lima dentro…–Dijo retrocediendo sin quitar los ojos de Lestrade. Cuando sus piernas chocaron con el borde del camastro, se sentó con calma.
-No te entiendo, Sherlock. Trato, pero no sé que es lo que pasa por tu cabeza. Y creo, que es mejor no llegar a saberlo. Pero si crees que te quedarás aquí jugando a lo que sea que estás jugando, estás muy equivocado. –Dijo poniéndose de pie como si hubiera recobrado las energías. Hizo una seña al carcelero y le pidió abrir la celda.
-¿Me ayudas a escapar?—Preguntó el pelinegro.
-¿Qué?... No. Tus abogados lograron que te liberaran. No me preguntes cómo, pero es mejor que aproveches tu tiempo y te pongas a investigar. Si no por ti, hazlo por John.
-¿Así que tú también crees en mi inocencia?—Preguntó Sherlock cuando estuvo fuera de la celda junto a Lestrade. El otro sonrió levemente y se echó a caminar hacia la salida.
-Interesante.—Murmuró antes de salir también.
Cuando llegaron a la oficina de Lestrade se encontraron con John. Greg se le quedó mirando con curiosidad.
-Vine a buscar a Sherlock.—Dijo respondiendo la pregunta silenciosa.
-Pero…¿Cómo te enteraste? Sí sólo hace unos minutos… ¿Sherlock, te mandó un mensaje?—John afirmó. Lestrade volteó a ver al detective que miraba con fijeza a Donovan, que parecía estar lista para saltarle encima. Empuñó sus manos. ¿Cómo diablos Sherlock sabía las cosas antes si quiera que sucedieran?
-Llévatelo antes de que Donovan lo espose a alguna puerta.—Dijo el inspector entrando a su oficina y cerrando de un postazo.
El ex soldado se acercó a Sherlock y agarrándolo del brazo lo hizo salir de lugar con rapidez.
…
….
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Continuará…
DarkCryonic
23/03/2012 06:02:05 p.m.
