SHERLOCK
Por
DarkCryonic
14/04/2012 12:00:36 p.m.
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Un cañón en la base del cuello. Aquello era el final. Nada quedaba por hacer. ¿Cómo había llegado a estar en aquel lugar y en aquellas condiciones? Tenía que ser una broma. Trató de voltear levemente, pero el frío metal se apretó más contra sus vértebras. Cerró los ojos. Su cuerpo se entumeció, y apretó las manos. Escuchó que le llamaban de lejos. Abrió los ojos y vio frente a si a Sherlock mirándole con preocupación. Sintió un leve mareo antes de darse cuenta de que estaba dentro del automóvil junto al detective y Medea. ¿Qué había pasado?
-Te dije que era mejor despertarlo…-Dijo Medea que le observaba con fijeza.
-¿Qué pasó?—Preguntó mientras pasaba su mano derecha por su cara tratando de concentrarse en aquella realidad, y no en la que hasta hace poco estaba helando su sangre.
-Te dormiste.—Dijo Sherlock desde el asiento frente a él mientras no dejaba de mirarlo y analizarlo.
-Parece cansado, Doctor Watson. Y no lo culpo.—Agregó lo último la mujer mirando a Sherlock con desaprobación.—Pronto llegaremos al segundo lugar que tenemos que visitar. –dijo mirando por la ventana.
John trató de concentrarse en otra cosa. Olvidar la sensación de estar frente a la muerte sin tener nada que hacer para evitarlo. Por alguna razón, no podía dejar de sentir el frío del arma en su cuello. Aquello se había sentido tan real. Tan espantosamente cierto. Estaba seguro de que si cerraba los ojos, podía revivir cada sensación. Trató de concentrarse en el paisaje tras las ventanillas. Alejarse de la sensación, más teniendo a esos dos delante leyendo sus pensamientos.
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Menos de media hora y ya estaban frente al edificio en que había empezado todo. Sherlock no volvía a la escena del crimen desde que despertó en ella, sin acordarse de cómo había si quiera llegado allí. Cuando bajó del automóvil sintió una brisa fría recorrer su espalda. Aquello era diferente. Una sensación que no se parecía a nada que recordara. John le siguió al instante. Esta vez, Medea se adelantó y abrió la puerta que los llevaría al segundo piso y a la habitación sellada por la policía.
Sus ojos no dejaron de revisar las paredes. La escalera de madera aún tenía bien marcadas las huellas del cuerpo siendo arrastrado por ella. Debió ser de forma lenta y tortuosa, sin apuro… aún podía ver algunos cabellos rubios enredados en algunos junturas de la madera. Antes de subir la escalera, siguió el rastro a la inversa. John siempre a su lado, listo para ver lo que se suponía que tenía que ver.
Camino hacia el fondo de un pasillo. Una puerta grande y vieja les esperaba.
-Esto si que es interesante.—Se escuchó decir a Medea a sus espaldas. Tienes razón. Todo aquello no dejaba de impacientarle de sobremanera. Era mejor y peor que lo que había hecho hasta ese entonces. Un asesinado, un misterio… y quizás, su perdición. Y todo frente a él, esperando ser resuelto por él mismo. Una paradoja.
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John Watson siempre había pecado de desconfiado. Pero por alguna razón, cuando conoció al detective consultor no pudo alejarlo. No pudo verlo como alguien extraño. No creía en el destino. No creía en la casualidad tampoco. Todo tenía que tener algún recóndito sentido. Alguna ecuación que sólo tuviera significado para ellos dos, aunque creía que en esa parte, el que siempre se enteraba al final, era él…
Tenía miedo de que las palabras de Sherlock estuvieran en lo cierto. En que terminaran comprobando que aquella noche del demonio, su amigo, por alguna cosa que no creía siquiera imaginar, había terminado tomando la vida de una inocente. Y, allí, viendo al pelinegro frente a la puerta, dudando en abrirla o no, tuvo ganas de tomarlo de la mano y sacarlo de allí y huir a donde nadie pudiera encontrarlos. Dudó.
Medea a sus espaldas debía estar pendiente de ellos dos. Observándoles con aquella atención digna de Mycroft. Pasó junto a ellos y empujó la puerta de madera con la punta de sus dedos. Y atravesó el umbral dejándolos allí, en medio del silencio. Sherlock apretó las manos y entró. Él… quiso despegar sus pies del suelo, pero no lo hizo. Sus ojos quedaron clavados en las marcas en el piso. En las rayas que podrían haber sido provocadas por uñas arañando o algo por estilo. Aquello estaba por sobre lo que estaba acostumbrado a sobrellevar. Era demasiado incluso cuando lo comparaba a las imágenes casi pérdidas de los heridos de guerra que había tenido que curar o ver morir frente a sus ojos. Era aún peor.
El sonido de los pasos de los otros dos recorriendo la habitación, hizo que elevara los ojos. Aquello tenía que ser resuelto. No había otra manera. Su espíritu no aguantaría tanto desconcierto e incertidumbre. Tenía que terminar.
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Sherlock recorrió la pequeña cocina con sus ojos a una rapidez digna de los mejores casos a los que se había dedicado. Sus sentidos estaban alertas a cualquier vestigio, por lo más mínimo e invisible, que pudiera darle una respuesta.
Una relampagueante imagen de la mujer en el suelo le cegó. Llevó una de sus manos a su frente mientras la otra hacia un gesto para detenerse de la pared más próxima. En menos de 5 segundos, sintió la mano de alguien afirmándole.
-¿Es aquí?—Preguntó Medea demasiado cerca de él.
Se quedó quieto. Aquella mujer había estado viva en aquel lugar y el también había estado allí.
-Estuvimos aquí. Ella vivía. Pero estaba ensangrentada. Me miraba. Pero…-Calló. Bajó la mano y abrió los ojos encontrando a John devolviéndole la mirada desconcertada desde el umbral de la puerta.
-¿Pero?—Preguntó esta vez el exmilitar sin quitarle los ojos de encima.
-Ella estaba allí, sentada.—Apunto a la derecha de John, donde se encontraba una silla rota y tirada en el suelo de forma descuidada.—Yo… aquí… en el suelo. Creo… No veo lo que hay sobre la mesa.
-Así que estabas en el suelo…-Murmuró Medea recorriendo el lugar con detención. –Cabe la posibilidad de que hubiera una tercera persona. Este lugar está demasiado limpio para haber sólo servido de escena de un crimen. Alguien aún vivía aquí.—Sentenció.
Sherlock afirmó.
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Subir las escaleras al segundo piso fue la segunda parte más difícil de estar allí para el médico. Aún no entendía porque el detective, sucediera lo que hubiera sucedido en la cocina, había arrastrado el cuerpo de la mujer. No le veía sentido.
Esta vez, Sherlock iba de último. Demasiado callado para su gusto. Tuvo la intención de voltear y darle un golpe. Pero aquello si habría sido una locura mayor que la que estaba reviviendo.
El sonido de su móvil le hizo detenerse cuando llegaron al descanso de la escalera. Sherlock pasó a su lado y se adelantó. Miró la pantalla con detenimiento y apretó los dientes.
"La víctima presenta una droga paralizante. Lestrade. "
"¿Qué tipo de droga? JW"
"Una que puede ser amnésica también. Burundanga. Lestrade"
-¿Burundanga?—Pronunció en voz alta John.
-Escopolamina…-Murmuró Sherlock mirándole desde la habitación en que le habían encontrado la madrugada anterior.
-La víctima tenía en su sangre… Causa…
-Sé lo que causa.—Cortó Sherlock llevandose ambas manos a la cabeza y empezando a girar en su lugar.
-Esa cosa está de moda.—Soltó Medea mientras miraba por la ventana hacia la calle.—Tus síntomas concuerdan con ella, incluso esa extraña depresión que te cargas…
-Pero eso no me exculpa de la posibilidad de haberla matado. A lo más, agrega a un tercer factor en los hechos.—Dicho el detective dando vueltas por la habitación. –Estuvo aquí. Nos expuso a la droga. Podría sólo haber empujado un poco.—Sus palabras salían con rapidez, casi mareándole.
-Insinúas que pudo obligarte a matarla…-Preguntó John acercándosele un poco.
-Obligar no es la palabra. Sólo motivar. Las personas llevamos adentro… siempre controlamos los instintos… lo que somos capaces de hacer. –Dijo mirando a su compañero con los mismos ojos de estar diciendo una cosa demasiado importante como para dejarse pasar.
-¡De nuevo con eso del sociopata con taras de psicópata!—Exclamó Medea con fastidio mientras se le aproximaba y lo agarraba por ambos brazos ganándose su atención.—Nunca llegaré a ver lo que ves, pero si puedo saber otras cosas que tu nunca podrás entender. No importa que pasó aquí esa noche. Yo daré con el tipo, y lo haré confesar hasta sus pecados más ínfimos.
-Pero…
-Acaso no te das cuenta que es una trampa…-Sentenció soltándole y volviendo a acercarse a la ventana.
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Continuará…
DarkCryonic
14-04-2012 20:44:50
Ahora que me saqué el empacho que tenía en el cerebro, vuelvo a concentrarme en estudiar anatomía.
