K
Por
DarkCryonic
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Caminó con algo de cansancio. Aún no entendía muy bien que estaba pasando con su cerebro. Que era aquello que lo tenía tan quieto. Recorrió uno de los altos pasillos del segundo piso para llegar a escritorio del antiguo dueño de casa. Sólo un par de puertas más. Volteó sobre su hombro y se detuvo. John le seguía a unos metros con la vista perdida en los objetos que decoraban el lugar.
-No es necesario que me acompañes…-Dijo algo incómodo.
-Lo sé, pero no pienso dejarte solo. Tengo un mal presentimiento. —Dijo el otro como si hablara del clima.
Sherlock avanzó los pasos que quedaban y abrió la puerta. Adentro, el aroma peculiar de siempre, una mezcla entre roble y a libros viejos y releídos. Por alguna razón se sintió en como cuando niño. Medea tenía razón cuando decía que aquel era un lugar seguro para él. Siempre lo había sido. Por alguna extraña razón que nunca llegó a ser tan lógica, terminaba allí ocultándose de todo aquello que lo perturbaba, todo aquello que escapaba a su entendimiento.
Caminó hacia el gran ventanal y se quedó allí contemplando el jardín; a sus espaldas, John revisaba los nombres de los libros de la gran librería que adoraba una pared completa. Cada volumen había sido un buen compañero de aventuras del más joven de los Holmes.
El móvil de John emitió un leve sonido. Lo sacó para leer.
"No puedes protegerlo siempre."
Entrecerró los ojos y guardó el móvil sin comentar el mensaje, pero sintiendo una sensación que no había sentido desde la última vez que estuvo en el campo de batalla.
No tuvo tiempo de pensar bien, ya que 5 segundos después, el estruendo de uno de los cristales del gran ventanal le hizo voltear hacia Sherlock que se movía rápidamente hacia un lado. No supo cómo, pero se movió de su lugar y quedó junto al detective ya con su semiautomática en la mano, echándole una revisión rápida y volteando su atención a la ventana.
-¿Estás bien?—Preguntó después de inspeccionar el exterior con rapidez y notar que Sherlock estaba demasiado callado y que su respiración estaba algo alterada. Fue cuando notó una línea sangrante en la mejilla de Sherlock, probablemente provocada por cristal.
-Sí, sólo me dio en el hombro derecho…-Dijo Sherlock mirándole por primera vez, mientras arrugaba levemente el seño como tratando de enfocarse en lo que estaba sucediendo.
-¿Qué?… Mierda. —Dijo el doctor tirando de Sherlock para que se sentara en el suelo y le dejara ver mejor la herida.
-Calculo que es un rifle de alto alcance, pero con una munición pequeña… Por alguna razón, no quería matarme…—Agregó como si hablara de algo sin importancia, mientras John le quitaba el abrigo para tener mejor acceso a la zona.
-Ya cállate, Sherlock. —Dijo el médico cuando el otro iba a abrir la boca para seguir hablando. —Entrada limpia…-Murmuraba mientras manipulaba el hombro del más alto con rapidez. —Tuviste suerte, no hay tanta sangre así que no dio en un punto demasiado importante, pero de todas formas necesito unas radiografías…
-No creo que sea…
-Cállate.
Y fue en ese momento en que el mensaje de texto recobró vida en su cabeza. Y si era verdad, ¿y no era capaz de cuidar de Sherlock…?
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Sherlock Holmes había sido herido en más de una ocasión. Aquel impacto habría sido una más de las tantas heridas, si no fuera porque no podía dejar de pensar en la cara de John mientras le revisaba. Aquellos ojos llenos de emociones que no supo entender.
Se sentó en la camilla ante la mirada atenta de Watson, que había permitido que le atendieran sin intervenir, pero sin dejar de estar presente, como si no confiara del todo en los médicos de Mycroft, ni en los mastodontes que cuidaban la puerta de la consulta médica a las afueras de Londres.
Le habían limpiado la herida, comprobado que no hubiera hueso astillado causando problemas en el futuro y le habían cauterizado. Aún se encontraba algo mareado por los anestésicos, pero no tanto como para empezar a entretejer en su cerebro parte de las piezas que flotaban a su alrededor.
Aquello era una trampa, pero por alguna razón sabía que Moriarty no estaba directamente involucrado en ello, sino más bien era un espectador que estaba divirtiéndose mientras los demás jugaban.
Y luego, estaba la mujer asesinada de la cual era el único sospechoso. Se quedó mirando el vació por más de 5 minutos. John le acercó ropa limpia y esperó a que volviera de sus pensamientos.
La puerta se abrió dejando entrar a Medea junto a Mycroft, llamando la atención de Sherlock. No pareció sorprendido, así que empezó a vestir una nueva camisa con toda la normalidad. John se había movido levemente con la intención de ayudarle, pero al ver que podía con ello, se quedó en su lugar enfocándose en los otros dos.
-¿Ya saben quién fue?—Preguntó John tratando de no parecer ansioso.
-Capturamos al francotirador. —Afirmó Medea con un todo de frustración que le médico no entendió del todo.
-¿Pero?—Dijo Sherlock mientras que se abotonaba lentamente, ya que su brazo derecho parecía no querer cooperar con él.
-Es un fantasma. No tiene historial. Nadie lo conoce, y…-Empezó a decir Mycroft.
-¿Se pegó un balazo en la cien antes de que pudieran interrogarlo?—Preguntó Sherlock acabando de abotonar y poniéndose de pie para terminar de arreglarse.
-No te fastidia que hagan eso…-Dijo la mujer con enojo, y cruzándose de brazos.
-¿Cómo sabes eso?—Preguntó John al más alto, mientras Mycroft jugueteaba con su paraguas como si aquello fuera lo más normal del mundo.
-Es bastante obvio. —Dijo Sherlock mirando levemente a John y fijando su mirada en su hermano. —De todas formas es el menor de los problemas. Pronto tendrán que ir a visitarme a una cárcel de alta seguridad. –Dijo sonriendo irónicamente. Mycroft le devolvió la mirada con seriedad, antes de caminar el espacio que los separaba y ayudar a abotonar los puños de la camisa de su hermano, que le miró con cara de fastidio.
-Si estuvieras en tus cinco cabales, eso no pasaría, hermanito. —Contestó usando un tono que John no había escuchado antes, como si el mayor de los Holmes le estuviera sacando en cara un descuido.
-Estoy en mis cinco cabales, ahora. Pero los hechos no se pueden cambiar. —Dijo Sherlock cogiendo su abrigo y mirando con molestia el agujero en el.—Y tú lo sabes, hermanito.—Dijo mirando perspicazmente al otro.
-¿De qué hablan?—Preguntó John interponiéndose entre esos dos para que le prestaran atención.
-La droga que te pusieron dentro, fue la que provocó aquello.—Dijo la Mujer.
Sherlock miró a John al notar que se había quedado quieto repentinamente.
-Sucedió. No voy a justificarme. El rompecabezas se está armando aquí. —Dijo apuntando su cabeza.—Soy quien la mató. Y no importa en lo que creas…—Dijo concentrándose en los ojos de John que parecía querer estar en cualquier otro lugar del mundo, tanto que terminó mirando a Mycroft para que éste le explicara que estaba pasando allí, pero sólo se encontró con la vista baja del hombre y el ceño fruncido de Medea.
-¿Me estás diciendo que tú la mataste?—Preguntó volviendo a mirar a Sherlock, quien sólo contestó con un gesto leve con la cabeza, pero afirmativo en todo orden.
John sintió como si le hubieran dado una pedrada en el pecho, a la cual ni siquiera había visto venir del todo. Lo había pensado, pero siempre una voz dentro de él le había recordado que aquello era imposible.
-Es lo más probable.—Aseguró.
-Pero no estás seguro…
Sherlock le devolvió la mirada con aquel gesto que quería decir que estaba más que seguro de aquello.
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Continuará…
DarkCryonic
