SHERLOCK BBC: SER II
Por DarkCryonic
…Cap. 5….
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Sherlock Holmes nunca había creído ser lo demasiado tonto como para dejarse atrapar de forma tan fácil, pero a veces, se sorprendía cayendo en cosas que sorprenderían hasta al propio John, como había sucedido en el caso del taxista. El médico no le había dejado olvidar aquel incidente. Se cegaba tanto por el puzzle que no parecía ver nada más a su alrededor. Y para eso estaba John, para notar cuando pasaba eso…
Parecía un niño demasiado entusiasmado por avanzar en los crucigramas, por aventurarse a ver que había más allá de las curvas o vueltas de esquina. No importaba que estuviera pasando en realidad con todo lo demás, si podía concluir y ponerle un cartel de "fin" a lo que tenía dentro de la cabeza. Las respuestas eran las que le dejaban ese gusto agradable en la boca, las que le daban un leve respiro antes de someterlo nuevamente en el vacío de no saber a donde dirigirse o hacia donde mirar. Cuando terminaba perdido en los pasillos sin marcar de su palacio mental, cuando el sofá se volvía su único refugio y la taza de té una especie de consuelo al que era fácil acostumbrarse.
Sentado allí, frente a la chimenea de aquella gran casa que había tenido mejores tiempo, no podía dejar de pensar en las consecuencias que venían a su encuentro. Podía arriesgarse y acabar con parte de la red, pero el costo estaba siendo y sería el más grande pagado hasta ese día por él y por las personas que estaban a su alrededor. Esperaba estarse equivocando en todas sus hipótesis, pero no podía tampoco pecar de inocente cuando veía la sangre que se iba a derramar frente a sus ojos, mientras las chispas del fuego crepitaban dándole algo de vida al lugar.
Eran las 4 de la tarde cuando la primera detonación estalló. Habían cruzado la primera barda. Era el aviso para saber que ellos estaban allí. Había pensado que se tardarían más en saber en donde estaba, pero tampoco lo sorprendía demasiado. Había pensado en las consecuencias de tener infiltrados en su propia red de vagabundos.
Se levantó con lentitud y caminó hasta la escalera que lo llevaría al segundo piso. La segunda detonación estalló cuando sus pies lo llevaron al cuarto en el que había dormido John algunas horas la noche anterior. Entró y cerró la puerta. Caminó hasta la ventana. Sonrió levemente al ver el movimiento en el jardín. Eran tan elementales que no parecían darse cuenta que lo que buscaban no les sería entregado tan fácilmente. Volvió sobre sus pasos y se detuvo ante la pared junto a la cama, tocó levemente un cuadro antes de que un crujido sonara levemente y dejara frente a sus ojos el borde de lo que parecía ser una puerta. La abrió sin mucha pausa y entró cerrando tras de él, dejando el cuarto vació y sin marcas de que alguien hubiera estado allí alguna vez.
Las angostas paredes le llevaron por pasillos oscuros y sucios. Caminó con una soltura que decía que aquellos recovecos habían sido parte de su conocimiento cotidiano en alguna parte de su vida. Le habría gustado llevar su teléfono móvil con él, para mandarle un mensaje a John comentando lo obvio de las escaramuzas de sus nuevos enemigos, pero aquello había sido necesario. El teléfono lo habría dejado a merced de cualquiera que quisiera encontrarle.
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Mycroft Holmes siempre había creído en el valor estúpido de su hermano menor. También había sentido algo de alivio al comprobar que John Watson parecía ser una buena coraza para aquella estupidez. No se había sorprendido ante las acciones de Sherlock, pero tampoco podía creer el riesgo que era capaz de cometer por conseguir sus metas. Habría sido fácil fingir que la red no existía, que Moriarty no era una amenaza, pero su hermano no era así. Era como un perro tras un hueso, y sabía que no lo iba a soltar hasta encontrar un lugar donde cavar un agujero lo suficientemente hondo como para enterrarlo.
Miró los papeles en su escritorio y las fotografías de las consecuencias que las personas allegadas a Moriarty habían provocado en los últimos tres meses. Aquello se estaba saliendo de los márgenes, y llevando sus manos a su frente para concentrar sus energías en encontrar respuestas no pudo evitar dar con una imagen que no le agradó. Aquello saldría mal, muy mal. Y por alguna razón que no tenía que ver con la lógica de sus pensamientos, supo por la sensación en su pecho de que tenía miedo. No por él, no por el país, sino por Sherlock.
Su teléfono móvil lo hizo reaccionar. Cuando presionó la tecla para responder, escuchó una voz que le hizo arrugar el ceño y fruncir los labios con fuerza. Su mano libre se empuñó de forma instintiva. Tres minutos después alejó el móvil de su oreja para dejarlo caer sobre el escritorio. Y entendió. Entendió lo que había visto en los ojos de John esa misma mañana cuando el médico comprendió que estaba de manos atadas y que no había nada que pudieran hacer para remediar lo que fuera a pasar.
-¿Qué hago, Sherlock?—Preguntó al vació de su oficina.
- …
Medea siempre había sido de las mujeres que prefería estar en movimiento que dentro de un lugar de pocos metros cuadrados. Menos siendo de día. Se había recostado en la cama, con una de sus pistolas automáticas sobre el vientre sujeta firmemente por su mano derecha. John, se había conformado con una silla junto a la ventana, no muy expuesto, pero con la suficiente visión de lo que pasaba en la calle.
Por alguna razón, la MI6 recordó las esperas en las trincheras que había tenido que sortear en sus misiones. A veces eran tan eternas que creía que se iba a dormir para nunca despertar. Pero ella había luchado siempre contra la idea de quedarse dormida a merced de alguna granada o algo peor. Si iba a morir, quería estar despierta y enfrentarlo. Y sabía que el médico sentado a pocos metros de ella tenía la misma convicción. La guerra los había cambiado. No sabía si para bien o mal, pero el cambio los hacia útiles para enfrentar momentos como el que vivían, los hacía útiles para defender a aquellos que querían. Y si había un costo, ella sabía que había merecido la pena pagarlo por tener la fuerza para hacer algo, fuera lo que fuera.
La puerta del cuarto se abrió, logrando la atención de ellos dos. Mycroft entró acompañado de dos hombres de MI6 armados hasta los dientes. Medea se puso de pie de un salto.
-¿Así que vamos por él?—Medio preguntó, medio afirmó al ver en los ojos de Mycroft aquella determinación que no solía haber demasiado seguido en ellos.
-Es tiempo. Ya hizo lo que dijo que iba a hacer, ahora es nuestro turno. —Dijo mirando al médico que no parecía entender nada. —Mi hermano no suele compartir sus planes en totalidad. —Dijo logrando que John se pusiera de pie y caminara hacia ellos.
-¿Cuál era el plan?—Preguntó el médico.
-Ser capturado. —Murmuró Medea comprendiendo todo de golpe. —Quería saber quien era el cabecilla, ¿verdad?
-Mi hermano tiene métodos demasiado bizarros. Pero no es tiempo de hablar de eso. Tenemos 3 horas para dar con él. Según lo que Moriarty me dijo…
-¿Y vamos a creer en ese demente?—Preguntó Medea alterándose.
-No tenemos otra salida. Los datos parecen ser en parte verdaderos. Además tengo la sospecha de que Jim Moriarty quería muerto al cabecilla. Quizás le estaba causando demasiados problemas. Y qué mejor que no matarlo directamente él, sino que dejar que alguien más lo hiciera…
-¿Estás diciendo que Sherlock podría haber matado a ese hombre?—Preguntó John sonando algo confundido.
Mycroft no le respondió. Y mirando a Medea hizo un gesto para que no perdieran más tiempo.
-Aquí tengo la información que recopilaron. —Dijo extendiéndole una tablet a la mujer.
…..
Continuará…
DarkCryonic
27-01-2013 22:38:22
