Sherlock BBC: SER II
Capítulo 9
…
Del silencio y las cosas que hay que dejar.
-…-
Sherlock bajó la vista. Mycroft se removió inquieto en el sillón de John. Aquella conversación no estaba saliendo como lo pensaba. Se suponía que iba a molestar a su hermanito, no a verle con esa cara de cordero degollado. De hecho hasta creyó por un leve segundo que aún seguía dormido en una de las butacas del Club, y que aquello sólo era un sueño bizarro. Desde lo del pozo que las cosas estaban pareciendo menos normales de lo que desearía.
-¿No se lo vas a decir?—Preguntó -medio afirmó- el mayor después de unos silenciosos 5 minutos. Sherlock sonrió levemente, su rostro seguía pálido, y sus grises ojos parecían demasiado claros.
-Así es.—Respondió volteando por un instante hacia la ventana tras su sillón. Ya pronto sería la hora en la que llegara el médico al piso.
-Nunca creí que fueras de los martires. Bueno, nunca creí que fueras a sentir algo de ese estilo por alguien. Tampoco es demasiado extraño si me dedico a pensarlo superficialemente. Pero hay algo que se me escapa…-Dijo mirando de nuevo a su hermano que le miraba de forma tranquila como esperando que su cerebro hiciera CLICK por sí solo. —No creo que sea… ¡Sherlock!, eso es del siglo pasado.
-No es algo del siglo pasado, allá afuera siguen haciendo lo mismo.
-Pero si hasta se pueden casar en Francia. —Dijo el político saliéndose de su acostumbrado sentido de pasividad cuando se trataban de cosas "sentimentales", pero por alguna razón se estaba dejando llevar por la situación y apretando demasiado fuerte su paraguas.
Sherlock sonrió. Mycroft bufó al notar la picardía en los ojos de su hermano y comprender que había sido sutilmente engañado. Si no era un prejuicio estúpido, ¿entonces qué?
Sherlock se puso de pie y caminó hasta la ventana. Afuera estaba el automovil de Mycroft esperando por el político. Supuso que su hermano venía en una de sus visitas relámpago, pero que parecía no querer irse demasiado pronto ahora que le había sacado una información de esas que valían más que las joyas de la corona para su hermano. De esas que podía usar en su contra para tenerlo trabajando bajo su mando por el resto de su vida. Pero por alguna razón no se sentía incómodo con el hecho de que lo supiera, al contrario, había necesitado decírselo a alguien, aunque no lo hubiera dicho…más bien el otro se lo había leído de una sola mirada al entrar en la sala y encontrarlo tocando el violín.
-Se que he dicho que el cariño no es una ventaja, pero…
-No es una ventaja. Y no lo será nunca. Es mejor así, ya se me pasara y todo volverá a ser como antes…-Hizo una pausa.- No. Nada será como antes… Con Moriarty allá afuera y sus planes, me sorprende que aún no hayamos explotado en mil pedazos…-Dijo dando una mirada rápida al lugar. Se acercó al violín y lo levantó con su acostumbrada delicadeza. Lo guardó dentro de su estuche antes de voltearse hacia su hermano y alargarlo hasta él.-Prometiste mandarlo a mantención. —Dijo.
Mycroft asintió recibiéndolo, sin comprender porque después de dos meses su hermano decidía hacerle caso y dárselo para mandarlo a Italia. Él hasta se había olvidado de que se lo había dicho con todo lo que había sucedido con Moriarty y el tiempo en el hospital de Sherlock. Y qué decir de todos sus arrebatos mientras estuvo incapaz de valerse por sí solo en el departamento.
-Haré que cuiden bien de él. –Dijo poniéndose de pie y dándole una larga mirada a su hermano, y no supo porque, pero sintió frío en el cuerpo al verle allí, de pie mirándole. Y entendió que había cosas que se le estaban escapando y que su hermanito no le iba a comunicar. Sólo esperaba que por lo menos John fuera capaz de entender todo lo que estaba sucediendo.
-Eso espero.
-Haré que sea lo más rápido posible. No quiero que te quedes sin voz mucho tiempo.
Sherlock le dio una de sus miradas molestas, antes de verle bajar las escaleras.
John Watson no se dio cuenta hasta después de tres días, cuando notó que Sherlock estaba demasiado callado. Por puro instinto miró en todo el salón. Algo estaba faltando allí, y no sabía qué. Para variar el detective se dedicaba a ignorarle gran parte del tiempo escondiéndose en su palacio mental a falta de llamadas de Lestrade o visitas inesperadas del Holmes mayor. Las cosas parecían demasiado calmadas, y no sabía si alegrarse o empezar a preocuparse.
El médico se dejó caer en su sillón para leer un rato aprovechando el silencio. Cuando tuvo el libro entre sus manos fue que lo supo.
-Sherlock, ¿dónde está tu violín?—Preguntó mirando hasta el escritorio, luego al sofá, para volver a ver al detective en su sillón frente a él.
-Italia.—Dijo como si nada.
-¿Y qué hace en Italia?—Preguntó extrañado.
-Fue a visitar a su familia.—Dijo el detective como si fuera de lo más normal decir aquello.
-¿Qué?
-Es lo que dijo Mycroft la primera vez que lo mandó a mantención. Tenía como 7 años. Dijo que la madre del violín le echaba de menos y que tenía que ser bueno y dejar que fuera por unos 15 días.
John sonrió imaginando a Sherlock de niño escuchando a su hermano mayor contarle aquella historia tan disparatada.
-¿Y le creíste?—Sherlock evitó su mirada y gruño. John soltó una carcajada que provocó que el otro llevara sus rodillas al pecho y se sentara a la defensiva.
-Los violines tienen familia.—Afirmó.
John sabía que aquello era verdad, de una manera muy diferente, pero no pudo evitar sentir tranquilidad al saber que el violín estaba siendo tratado por gente experta.
Sherlock llevaba unos 4 días durmiendo a ratos. No podía dejar de pasearse a media noche como león enjaulado. Las palabras se le estaban atorando en la garganta y no tenía su violín a la mano para dejarlas salir, sin cometer el error de decirlas usando su propia voz. Y el que aún tuviera molestias consecuencia de su estadía en el pozo, no ayudaba demasiado tampoco. Y no podía dejar de pensar en Moriarty y su amenaza. Y en John, y en que ya era demasiado tarde para salvarlo de lo que fuera que pasara en el futuro.
Aquello se estaba volviendo un desastre. Tenía que pararlo, de alguna forma tenía que detener al desquiciado, salvar a John y volver a tener paz dentro de su cabeza. De la nada sacó una de sus cajetillas de cigarro, y abriendo una de las ventanas del salón, se puso a fumar junto a ella mientras el frío se apoderaba de su cuerpo.
Su cerebro estaba atiborrado de información que no le conducía a parte alguna, que le confundía de maneras que no quería, y su cuerpo… no dejaba de molestarle con insuficiencias de las cuales no había tenido necesidad en el pasado. Sentir era muy molesto. Demasiado.
¿Se podía necesitar a otra persona de esa forma tan problemática? Ahora sabía que sí. Que aquello era verdad y que toda aquella palabrería cursi parecía tener un sentido que empezaba a ceder ante sus ojos. Moriarty le había dicho que tenía corazón la primera vez que se vieron en la piscina. Había sido tan inocente de no haber entendido aquello al instante. De haber aclarado más las cosas. De haber sacado de en medio a John a tiempo, y no solamente a él…
-Patético…-Murmuró antes de encender el segundo cigarrillo y asomarse aún más por la ventana.
Escuchó los pasos del médico bajar por la escalera. Su cuerpo se contrajo por instinto.
-Sherlock, hace frío. —Dijo el médico caminando hacia él y cerrando la ventana después de quitarle el cigarrillo y lanzarlo por la ventana. —Te vas a congelar.—Dijo sujetando los brazos del detective y comprobando que estaba tan helado como imaginaba.—Te vas a enfermar y luego te pondrás insoportable.—Dijo tironeándole para que se sentara en su sillón junto a la chimenea que aún estaba medio encendida. Lo dejó para remover con energía el fuego y agregarle un par de leños más.—Creo que necesitamos té.—Dijo pasando por su lado.
Sherlock se había concentrado en seguirle con la mirada. Supuso que alguna pesadilla le había despertado y había bajado por algo que tomar para volver a tratar de dormir. Sabía que John había soñado un par de veces con lo del pozo, sólo que en sus sueños era incapaz de salvarle la vida. No habían hablado de eso, pero había tenido que lidiar con John y su necesidad de estar cerca de él para asegurarse de que en verdad lo había sacado del pozo con vida y no era una de esas visiones engañosas.
Cuando estuvieron con sus respectivas tazas de té frente al fuego fue que se pudo concentrar en algo más que no fuera su compañero.
-Has estado muy callado y eso me pone nervioso.—Dijo John echándole una mirada acusativa.
Sherlock le miró entrecerrando los ojos levemente.
-Es como si ocultaras algo… no sé… estás raro. Y no sé si tiene que ver con el hecho de que tu violín ande visitando familiares…-Dijo lo último evitando soltar una leve risita, más al notar los ojos del otro acribillándole.
-No hay casos. Estoy aburrido.
-Eso. Que yo recuerde, cuando no hay casos es cuando más ruidoso eres. ¿Por qué ahora es diferente?
-Pensé que preferías la tranquilidad.
-Eso es verdad, pero esto no es normal… Hay un loco desquiciado allá afuera tratando de jodernos la vida y tú estás demasiado quieto.
Sherlock se removió un poco antes de volver a mirarle. Y supo que no podría decir nada de las cosas que había estado pensando, menos de aquellas que sabía que iban a pasar en el futuro. Y se sintió traidor. Y sabía, aunque nadie apostase por su entendimiento sobre los sentimientos, de que aquello iba a terminar hiriendo a John. Pero iba a suceder quisiera o no. La red de vagabundos estaba en alerta continua. Y no es que no estuviera haciendo cosas, como John creía. Estaba moviendo cielo y tierra buscando salidas y respuestas diferentes, pero hasta el momento sólo parecía haber una. Si John no le abandonaba, sería él quien tendría que abandonarle. Y no de cualquier forma, sino de la más trasgresora y fría de todas. Y sólo así aquello que volvía vulnerable y blanco a John, desaparecería. Porque si él no estaba, ya no había necesidad de herir al médico. Porque ya no habría ecuación que le diera la carta de triunfo a Moriarty.
-¿Sherlock?—Preguntó el John atrayendo la atención del detective, y notando que el médico estaba demasiado cerca de él, con una de sus manos en su frente comprobando su temperatura. Por instinto trató de alejarse ganándose una mirada extraña de John.
-Estoy bien. —Dijo mirando su taza de té a medio beber. John volvió a su posición en su sillón intentando olvidar aquella leve sensación de rechazo.
…..
…
Continuará…
DarkCryonic
Nota: Aún sigo con vida. Aunque no tenga mucho tiempo trataré de actualizar pronto. Llegué a tener 3 versiones de este capítulo, pero acabó siendo lo que salió. Si no se entiende mucho, es porque en sí ni yo entiendo lo que pasa. Suele suceder. Saludos. DC.
