EXTRA

-Sherlock, deja de rascarte la cabeza.—Le dijo el médico después de una media hora de verle pasar sus dedos nerviosamente por su cabeza mientras trataba de explicarle las pistas que había logrado conseguir mientras seguían a un sospechoso de robo.

-Me pica. —Respondió el otro mirándole por sobre el hombro mientras apoyaba su cuerpo en la pared para poder espiar mejor hacia la entrada de la casa que estaban vigilando.

John cansado, se le acercó y le hizo agachar amarrándolo de los hombros y tirándolo hacia abajo. El detective puso poca oposición ya que no tuvo tiempo para ello.

John rió antes de soltarlo.

-Ya debería habérmelo imaginado antes. De hecho me sorprende que no haya sucedido antes.

Sherlock se le quedó viendo esperando una respuesta.

-Bichos come cerebro. —Dijo el médico ganándose una mirada extraña del detective. —Piojos.

-Los piojos no se comen el cerebro de las personas, Doctor Watson.

-Pues Harry decía que sí. —Dijo mientras observaba el callejón y luego la casa que estaban vigilando. —Llevamos esperando mucho tiempo y ya está helando. Volvamos a la baticueva para solucionar el asunto de los bichos come cerebro.

Sherlock arrugó el ceño al escuchar lo de la baticueva. Aún no entendía lo que le gustaba al otro comparar sus vidas con las historietas que habían encontrado tiradas en un callejón hace más de un mes y que el médico había querido llevarse con ellos al terminar una investigación. Sólo había aceptado por la cara de cachorro apaleado que le había puesto. Se notaba que estaba aprendiendo sus propios trucos para usarlos en su contra.

Miró hacia la casa y sopesó las posibilidades. De todas formas sólo era un ladrón. Si robaba algunas cosas más tendrían más de que acusarlo. Suspiró accediendo al médico que ya medio le tiraba de una manga para que le siguiera.

La vida como mendigos de tiempo completo no era tan mala. Ya medio se habían acostumbrado a ser mirados como bichos raros en gran parte de los lugares en Londres, no que antes no los hubieran mirado así. Estaban tan mimetizados con la población flotante de vagabundos que ya eran tratados como parte de la comunidad por casi todos ellos, los únicos que escondían una sonrisa eran los que formaban parte de la red de vagabundos. Ellos aún no entendían muy bien porque uno de sus benefactores encontraba que vivir en esas condiciones era lo más normal para su condición de detective. No había que ser muy inteligente para saber que Sherlock Holmes no debería estar exponiendo su vida en las calles de esa forma. La presencia del médico junto a él, había creado un ambiente más tranquilo, entre la Red. De alguna manera sabían que el detective estaría siendo protegido cuando ellos no tuvieran la oportunidad de hacerlo.

Cuando atravesaron la pared moviendo un par de tablas para pasar, fue que el ambiente del callejón cambió al ser el de una casa, modesta pero acogedora. Sherlock había luchado contra Mycroft, pero él último había ganado. Algo de que no podía permitirle arriesgar su vida de forma inútil pasando frío, menos ahora que no estaba solo. Que tenía que madurar y hacerse responsable de la vida de John como él lo hacia con la suya. La conversación hubiera sido menos vergonzosa si el médico no hubiera estado presente, pero lo había estado. Y tuvo que apreciar todos los cambios en las facciones de John cuando Mycroft hablaba. Cualquiera hubiera pensado que Mycroft estaba insinuando más cosas de las que en verdad estaban pasando, y la cara roja de John le daba en la razón.

Así que habían terminado teniendo una guarida. No era un lugar como su antiguo departamento, pero tenían dormitorios, una chimenea, un sofá, un sillón, una tele, y un baño con una tina del siglo pasado, pero a la que sabía sacarle el provecho necesario.

-Quítate la ropa y ve a darte un baño, mientras busco algo para terminar con los bichos. —Dijo el médico empujándolo hasta el baño.

-No se te ocurra quemar mi ropa. —Dijo el detective mientras se la quitaba y la dejaba amontonada junto a la puerta del baño.

-Pues deberías por lo menos lavarla, ya huelen peor que un vagabundo. —Sherlock sonrío mientras veía llenarse la tina con agua caliente, otra de las extravagancias que Mycroft había obligado a poner en su humilde hogar. Más bien lo había hecho por el médico, que ya bastantes incomodidades pasaba con él en las calles, como para tener que soportar agua fría en pleno invierno.

Cuando la tina estuvo a la mitad se metió en ella. No era lo suficientemente grande para dejarlo estirarse, pero el agua estaba lo suficientemente caliente como para relajarle el cuerpo de golpe. Aunque aquello no le hacía olvidar a los bichos come cerebro que le obligaban a rascarse sin que si quiera pensara en ellos. En verdad era molesto ahora que era conciente de lo que estaba sucediendo.

John llamó a la puerta, antes de entrar, ya vestido sin sus ropas de mendigo, sino como cuando estaban vivos. Sherlock le miró por sobre el hombro.

-Creo que con esto bastará. Sabía que sería útil después de haberlo usado hace unos meses con aquellos niños.

-Deberías poner una consulta. Los sin casas lo apreciarían.

-No crees que alguien se daría cuenta…-Dijo acercándose a la tina. —Va a molestarte un poco, pero después de unos diez minutos podrás quitártelo.

John le untó la cabeza con el líquido mientras seguía hablando de sus experiencias infantiles con los bicho come cerebros y como había corrido por las escaleras en busca de su madre desesperado a causa de la información de su hermana. Nunca se había sentido tan abochornado en su vida. Harry le había molestado el resto de su vida con el asunto.

Sherlock nunca había tenido piojos en su vida. John más bien pensaba que Sherlock había decidido no guardar esa información en su cerebro.

-Creo que mañana deberías volver a usar este liquido, así nos aseguramos de que no tengas que seguir rascándote.

Sherlock bufó mientras apretaba sus rodillas a su pecho, mientras sentía el liquido picar su cuero cabelludo. Tenía muchas ganas de rascarse, pero se aguantó.

-¿Crees que Lestrade siga molestando con ese asunto de dejar de ser vagabundos?—Preguntó John que se había quedado sentado en el suelo del baño con la espalda apoyada en la tina.

-Pues sí. Ya sabes como es. Todo amistad y preocupación.

-Es un buen amigo.

-Nosotros también, por eso estamos muertos. —Sentenció el detective.

-¿Crees que Mycroft nos obligue a asistir a la cena de navidad secreta?

Sherlock suspiró.

-Ni siquiera nos va a dejar negarnos. Ya sabes como es. Desde… bueno, parece diferente.

-¿Ya pensaste sobre el ofrecimiento de irnos a Francia definitivamente?

-¿Quieres ir?

John se removió un poco.

-Sería agradable. Allá también hay criminales.

Sherlock sonrió. También lo había pensado. Nuevas identidades, nueva vida, y no estarían lejos de casa.

-Necesitarás clases de francés. —Murmuró Sherlock, ganándose una mirada de John por sobre el hombro. Éste sonreía abiertamente.

-¿Cómo se dice baticueva en francés?—Preguntó John. Sherlock bufó mientras se dejaba caer hacia atrás y hundía la cabeza en el agua con dramatismo.

DarkCryonic

24-07-2013 19:29:30

PD: mientras escribía esto no dejaba de rascarme la cabeza. Siempre me pasa cuando pienso en piojos.