¿Sabéis lo difícil que es fingir que no te mueres por tocar a una persona? Eso es justo lo que Lisbon descubrió en los días posteriores a la realización de su "acuerdo" con Jane.

En más de una ocasión, se había encontrado observándole con detenimiento mientras él descansaba en su sofá. Era tan sencillo acercarse y acariciarle la cara amorosamente que eso lo convertía aun en algo más difícil de llevar.

Sobretodo cuando él actuaba como si todo fuera exactamente igual que antes. Ni una mirada, ni un roce, ni una palabra que pudiera sugerirle que él se sentía igual. Y eso la cabreaba.

Estaba más irascible de lo normal, y evitaba las conversaciones más allá de lo estrictamente profesional.

Van Pelt, alma caritativa donde las hubiera, se había acercado varias veces a intentar hablar con ella, pero Lisbon la había rechazado de forma más brusca de lo que querría haberlo hecho.

Cada vez que estaba en su despacho, la acechaba la paranoia de que los demás estaban hablando de ellos, de que los habían descubierto y que en cualquier momento el jefe la iba a llamar a su despacho y tendrían una conversación que la haría sentirse muy incómoda. Y mientras tanto, Jane dormía plácidamente, como si nada de eso fuera con él.

¿No estaban las parejas para eso? ¿Para apoyarse en los malos momentos? ¿Para compartir debilidades? Y cayó una vez más en la cuenta que ellos no eran pareja. Eran dos adultos que habían acordado tener relaciones de forma esporádica, a espaldas de todos los demás. Pero ni siquiera eso tenía ahora. Él no venía, no la buscaba de la manera en la que lo había hecho aquél día en la habitación del motel. Y lo deseaba tanto que temía ser ella misma la que incumpliera sus reglas.


Jane esperaba. Era un hombre paciente, y sabía que Lisbon no tardaría en venir a buscarlo. Solo tenía que mostrarse un poco más frío y distante y eso la atraería como la polilla a la luz. Pero consideró que era mucho más divertido llevarla al límite antes que hacerla arder.

Por eso decidió jugar un poco. De hecho hacía días que no la había tocado y casi podía oler la excitación en ella cada vez que lo miraba. Tenía que poner remedio a eso.


Eran aproximadamente las tres de la tarde y Lisbon se moría de hambre. Había sido una mañana tediosa, en la que había tenido dos reuniones en las que tuvo que aprobar presupuestos para mantenimiento, dar parte de los progresos del equipo y como siempre, pedir disculpas por los métodos poco ortodoxos de su asesor.

Van Pelt preparaba documentación sobre un nuevo caso y estaba a la espera de la llegada de unas pruebas del departamento de balística para poder cotejar resultados con su base de datos.

Cho y Rigsby habían ido a interrogar a unos posibles sospechosos en la ciudad y debían estar al caer.

"Grace, voy a la cafetería a buscar algo para comer. ¿Quieres que te traiga algo?" – le dijo a la muchacha para suavizar el ambiente entre ellas.

"No, gracias jefa, he comido hace poco" respondió con una sonrisa.

Con Van Pelt era todo sencillo. Se fue hacia el ascensor sonriendo, y pensando en que ojalá mejoraran pronto las cosas para ella. Había pasado una época difícil y le había costado superarlo.

"¡Lisbon!¡Espera! Yo también bajo" le gritó Jane de pronto, que se apresuraba a bajar las escaleras del desván.

Paró las puertas y dejó que él entrase. Hasta que se cerraron de nuevo, no se percató de que estaban solos. El espacio, grande como era, de pronto se había hecho mínimo.

"¿Vas a la cafetería?" – comenzó él, casual.

"Si, aun no he comido. Esta mañana he estado muy ocupada."

"Genial, te acompaño – dijo con una sonrisa – después quizá quieras subir conmigo y hacer el amor" siguió como cualquier cosa.

Lisbon abrió mucho los ojos y lo miró espantada.

"¡Jane!"

"¡Lisbon!"

"¿Cómo se te ocurre algo así? ¡Te dije que no podemos hacer eso en el trabajo!"

"Técnicamente mi desván no es un lugar de trabajo" – prosiguió tranquilamente con una sonrisa.

Ella suspiró cansada. Se echó la mano a la sien y comenzó su discurso.

"Técnicamente el ascensor tampoco lo es y no vamos a ponernos a hacerlo aquí, no somos dos adolescentes…"

Jane paró el ascensor con el botón de emergencia. Sonó un pitido de alarma y después de un temblor el ascensor frenó bruscamente. Las luces parpadearon y se apagaron para pasar a unas más tenues.

"¡¿Pero que demonios te crees que estás haciendo?!" le gritó ella.

"He pensado que si no querías subir conmigo tal vez debería enseñarte lo que te vas a perder."

"¡No seas estúpido! ¡Por el amor de dios! Te dije que el trabajo no podíamos hacer esto. Que nadie se podría enterar. ¿Y qué es lo que haces? ¡Llamar la atención de la manera más pueril que te puedas llegar a imaginar! ¡Esto no es una película porno! Tengo una casa. Hay hoteles. ¡Maldita sea!¿Que te crees que van a pensar los demás cuando nos vean salir de aquí juntos?"

"La navaja de Occam, Teresa. La respuesta más simple es la verdadera. Pensarán que el ascensor se ha averiado, como viene haciendo desde meses atrás. Y cuando te vean salir de él, conseguiréis los fondos para arreglarlo. Así de simple."

"Una cosa no quita la otra. Además, ¿de que se supone que vas? Hace días que me ignoras y ahora que tienes ganas…"

Jane la arrinconó contra una pared. Se acercó a ella haciéndola retroceder hasta que la pared de madera la impidió moverse más. Puso las manos a ambos lados de su cabeza sobre la superficie rugosa y acercó su boca a la de ella, pero no la besó, simplemente quería conseguir que se callara y así lo hizo.

Ella lo miró a los ojos, esperando el siguiente paso. Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él.

Él recorrió su mandíbula con pequeños y delicados besos y pegó sus labios a su oreja. Para contarle en voz baja, solo para ella, todo lo que la deseaba.

"Sí, tengo ganas de hacerte el amor, Teresa. Pero no solo ahora, no solo porque tu hayas aceptado. Tengo ganas de hacerlo desde hace mucho tiempo."

Descendió una mano, acariciando su cuello hasta abarcar un pecho y lo apretó suavemente.

"Igual que tú" prosiguió "Y si he aceptado tu regla de no tocarte en el trabajo, lo haré de la manera que yo crea conveniente"

Abandonó su pecho y descendió hasta la entrepierna, ejerciendo presión con sus dedos en la parte baja, acariciando con suavidad.

Ella se sorprendió por la osadía de él. De pronto no sentía más su sonrisa, sino que su voz era más grave, más peligrosa.

"Te dije que la primera noche era para ti, pero recuerda que yo también estoy en esto."

Apartó su mano y cogió la de ella, que estaba apretada contra la pared del ascensor. Se la llevó hacia su bajo vientre. Estaba listo para ella.

"Esto es lo que me haces, Teresa Lisbon. Siempre que estás alrededor. No puedo controlarlo, por mucho que quiera. Algunas veces más y otras menos, pero siempre estoy esperando por ti."

Él apretó su mano y se acarició a si mismo con ella, intentando transmitirle el valor necesario para que continuara.

Bajó un poco su boca y lamió su cuello. No había rastro de perfume, solo el olor de su piel, y los resquicios del jabón que había usado por la mañana al ducharse.

La sola imagen de ella en la ducha había bastado varias veces para que él llegara al final con solo tocarse, pero ahora ella seguía con su mano donde él la había dejado, y se dejó llevar.

Lamió su cuello y le dio un pequeño mordisco antes de besarla.

Lo hizo ferozmente, forzando a abrir su boca con la lengua, probando su sabor como si fuera lo último que fuera a hacer en esta vida. Era totalmente deliciosa para él. Apoyó los antebrazos en el ascensor para poder estar más cerca de ella, y por fin ella reaccionó como él había deseado. Incluso mejor.

Lisbon se abandonó a su beso. Era lo que había estado deseando todos esos días. Podría haber vivido sin tocar su cuerpo toda una vida, pero no sin sus labios. Besaba increíblemente bien. No le extrañaba que la otra mujer lo hubiera intentado hacer tantas veces… y lo hubiera conseguido.

La imagen de Lorelei la distrajo y una punzada de celos le oprimió el corazón. Pero ahora era ella la que estaba con él. Era a ella a la que había encerrado en el ascensor. A la que besaba desesperadamente. A la que le había dado el control de su cuerpo.

Comenzó a acariciarlo por encima del pantalón. Él gimió contra su boca. Estaba tan cerca de ella que se le hacía una tarea difícil el poder moverse con libertad. Así que la mano que tenía libre, la apoyó en su cintura, e intentó separarlo un poco.

Jane se lo tomó al revés de lo que en realidad quería hacer. Y se acercó más si cabía a ella. Metió una pierna entre las de ella y con la rodilla se las intentó separar un poco para poder acariciar su sexo con el muslo. Su mano quedó atrapada entre ambos cuerpos. Pero la otra seguía libre. Así que si no podía controlar sus caderas, le daría rienda suelta. Y rodeó las mismas hasta llegar a su trasero.

En verdad no era una mujer a la que le llamase mucho la atención los traseros de los hombres, pero en aquel momento tuvo que reconocer que Jane tenía un culo fabuloso.

Fue entonces cuando por fin volvió a sentir su sonrisa contra los labios. Así que se aventuró un poco más allá y lo pellizcó, traviesa.

Él se separó, riéndose. Pero justo cuando iba a volver a besarla, unos golpes en la puerta los frenaron.

"¿Hay alguien dentro?" gritó una voz desde fuera. Reconocieron a Miguel, de mantenimiento.

"Sí, soy Lisbon. Jane está conmigo." Respondió ella, intentando serenarse lo más rápido posible. Cerró los ojos e inspiró profundamente. Jane se arregló la americana para disimulase la evidencia en sus pantalones.

"De acuerdo chicos, no os preocupéis, os sacaremos ahora mismo"

Escucharon unos pasos alejándose y al cabo de unos segundos volver y abrir la puerta con una palanca. En ese periodo de tiempo, no se tocaron, no se miraron. No podían volver a caer.

"Ven a mi casa esta noche" – dijo ella en un susurro antes de salir del ascensor.

"Tus reglas, mis normas" – respondió igualmente en voz baja.

"¡Vaya faena! ¿Estáis bien? Nos han avisado de arriba que el ascensor se había vuelto a parar" – les preguntó Miguel, con cara de preocupación.

"Sí, si. Intentamos llamar con el botón, pero no funcionaba" – dijo Jane con rapidez- "En realidad ha sido toda una experiencia, ¿verdad Lisbon?"

"Si… inolvidable" respondió ella haciendo rodar los ojos.

"Espero que con se haya quedado una de las jefas encerradas los de arriba ahora se dejen de tonterías y se gasten el dinero en lo que hace verdadera falta…. No te ofendas."

"No me ofendo Miguel, tienes toda la razón" – dijo ella con una sonrisa "Iba a comprar algo para comer. Subiré por las escaleras."

"Yo me he dejado un libro en el coche." – fue la disculpa de él.

Ambos se fueron por diferentes direcciones. La pregunta era quien acabaría siguiendo a quien.


Continuará

Ai que malvada soy! jajajaja se que esperábais más, pero... y lo bonito que es el preludio del amor salvaje? Me tienta el alargar el momento, y es muy curioso como los personajes que haces tuyos (aunque no lo sean) toman sus propias decisiones y van por donde quieren...

Se me está ocurriendo algo muy bueno para todo lo que viene, y espero que os guste leerlo tanto como a mi me está gustando escribirlo. mientras tanto... ¿que os ha parecido? ^_^