"Patrick, mi amor, tienes que dejar de hacer esto. No está bien."
"Ya lo hemos hablado, cielo, esto no es por mi, esto es para que el día de mañana no tengamos que preocuparnos por nada."
"Pero ya no tenemos que preocuparnos por nada. Tenemos una casa preciosa, más dinero del que habríamos podido soñar jamás, y nuestra hija está creciendo fuerte y sana, no necesitamos que sigas con esto."
"Ángela, ya te lo he dicho, solo me dedicaré a esto un tiempo más y así nos aseguraremos que nuestra pequeña tenga todo y más de lo que tuvimos ambos cuando éramos jóvenes."
"No la metas a ella en esto. Sabes que no es necesario. Estás haciendo esto porque te gusta, y eso no está bien. Estás engañando a personas que lo han pasado mal."
"Les estoy dando felicidad, y una despedida amorosa con sus familiares que ya no están."
"Agh… no empieces con eso otra vez, sabes de lo que te estoy hablando."
"Cariño, de veras te lo digo. Solo un tiempo. Pronto acabará todo esto. Lo prometo."
"No se, Patrick, esto tarde o temprano te acabará pasando factura y se volverá contra ti."
Él solo sonrió y la besó. Abrazó a su hija, que justo había acabado de darse su baño y ya estaba tirada por el suelo de nuevo, jugando a tomar el té, con sus tacitas rosas.
Y se marchó al programa de televisión del que hablaría de ese asesino en serie, John el Rojo.
Jane se despertó cubierto en sudor, minutos antes que sonase el despertador.
Se incorporó en la cama y se restregó la cara varias veces. Hacía tres noches que estaba soñando lo mismo. La noche antes de que encontrase los cuerpos de su mujer y su hija en su casa.
Se fue a la ducha de inmediato, intentando apartar los restos del sueño de su cabeza. Era como si la culpa lo estuviera persiguiendo, como si su pasado lo llamara y le recriminase que se estuviera olvidando de él.
Desde que se había acostado con Lisbon, le embargaba el sentimiento de culpabilidad, que rivalizaba abiertamente con el deseo de volver a poseerla. En la oficina todo era normal. Él se mostraba tranquilo y relajado, sobretodo cuando estaba cerca de ella. Hasta se divertía observando como ella se tensaba cuando él hacía algo inapropiado, como simplemente darle una palmadita cariñosa en el trasero cuando salían de su despacho, ocultos a la vista de todos.
No había intentado ningún acercamiento más, pues le estaba dando un tiempo prudencial para que se acostumbrase a la situación. Y en parte porque cada vez que él se excitaba ligeramente, la cara sonriente aparecía de nuevo en sus pensamientos.
Aún así, recordó la sensación de estar dentro de ella, de cómo se había sentido cuando ambos eran uno, y la paz embargaba todo su ser. Quería pensar que solo era su cuerpo, que tener relaciones con ella era lo que lo calmaba. Se negaba en redondo a pensar que la amaba.
"Buena suerte Teresa. Te quiero"
Aquella frase volvió a su mente. ¿Por qué lo tuvo que decir? Las palabras salieron solas. Él sabía que no la iba a matar, ella lo sabía. El equipo entero lo sabía. No tenía que fingir nada ante nadie, y sin embargo fue como si tuviera que despedirse de veras. Aquello marcó un antes y un después. Y fingió no recordar nada. Y ella fingió que lo creía. Y ninguno de los dos habló más del tema.
Mientras se vestía, trató de apartar esos pensamientos de su cabeza e implantó uno nuevo. Si a través del cuerpo de ella podía encontrar un poco de calma en esa tormenta, bien seguro que en el día lo haría. Necesitaba esa calma para poder pensar con claridad.
La mañana transcurrió tranquila. Durante esa semana no hubo malos que perseguir. Y francamente los chicos se aburrían. Se dedicaron a poner al día los expedientes atrasados y a trabajar en el gimnasio.
Con el segundo café de Lisbon, llegó un mensajero a la oficina con un ramo de flores.
"¿Teresa Lisbon?" – anunció el joven que lo traía.
"Soy yo" dijo ella acercándose con curiosidad.
Todos sus compañeros se habían quedado atónitos y esperaban con curiosidad su reacción. Jane, desde el sofá, miraba ceñudo por encima de su libro.
Ella, con el corazón encogido, recogió el ramo haciendo acopio de todas sus fuerzas para no mirar atrás y alzarle la ceja a Jane.
Cuando vio la dama de corazones que había dentro del pequeño sobre que llevaban las camelias rosas un sentimiento de alivio y desilusión a partes iguales la embargó.
"Sigo esperando que me pidas la revancha" – dijo Rigsby, que se había puesto por detrás de ella para leer la nota.
"¡Eh, esto es privado!" le gritó ella, pero sin dejar de sonreír.
"Vamos jefa, esto es lo más interesante que ha pasado por aquí en semanas, no nos puedes privar de ello."
"Si, ¿Quién es Jones?" replicó Van Pelt que también se había añadido al carro.
"¡Pero bueno!" Volvió a replicar ella "¿No podéis ser un poco más como Cho y manteneros al margen de este tipo de cotilleos?"
"No Lisbon, Grace tiene razón. Tenemos derecho a saber quien es tu nuevo pretendiente" dijo Jane de pronto, desde su refugio en el sofá.
Cuando ella lo miró, lo vio inmerso en su libro, con una sonrisa en sus labios que no llegaba a sus ojos.
"Es solo un conocido que ha sido amable, eso es todo" – fue su sentencia. Y desapareció en su oficina, cerrando las persianas y hundiéndose en su sofá mientras contemplaba las flores sobre su mesa y jugueteaba con la carta entre sus dedos.
Podría haber jurado que a Jane no le había gustado la situación, pero en realidad no tendía siquiera un por qué para haber hecho ese comentario.
No después de la manera en la que se marchó la noche que se acostaron.
Ella lo notó alejarse inmediatamente cuando acabaron, aunque siguió notando su piel caliente pegada a la de ella.
Y cuando por fin la venció el sueño, se marchó sin una palabra, ni una nota. Nada. y no la había vuelto a toca a excepción de algún pequeño jugueteo, alguna cachetada que en verdad la había sentido como impersonal y fuera de lugar.
Miró la carta de nuevo. Riley Jones. No le interesaba en absoluto, pues Jane, el maldito Jane, inundaba sus pensamientos.
Había intentado otras veces darle una lección.
Con otros casos, en otras circunstancias. Incluso dejándolo atado a la silla después de habérsela chupado durante un rato.
Se abanicó con la carta al recordarlo e intentó redirigir sus pensamientos.
Recordó entonces la conversación anterior a ese momento. Ella le habló de Jones y de alguna manera, llevó a que la situación acabara de ese modo.
¿Y si…? ¿Y si ella aceptara esa revancha con Jones? Quizá entonces Jane pondría en orden sus prioridades y ella saldría ganando por una vez. Se paró a pensar en ello. "Quiero ganar" se dijo. "Quiero ganarle…" pensó con ternura.
Una alarma se despertó en su cabeza.
"Esa ternura que sientes significa mucho más, Teresa" dijo aquella Lisbon interior, con botas de cuero y carmín rojo.
"Veo que te has quedado muy impresionada con las flores, Teresa"
La sobresaltó su voz pausada, desde la puerta. No lo había visto entrar, puesto que había estado fantaseando despierta.
"Ha sido un bonito detalle" dijo ella sin importancia.
"Expresan el deseo de seducirte"
"¿Cómo?"
"Las flores, son camelias rosas. En el lenguaje de las flores significa que está expresando su deseo de seducirte."
Hubo un silencio incómodo. Ambos se miraron, y ella levantó la ceja, desafiante.
"Hubiera preferido rosas"
"A una mujer como tu, no se le regalan rosas" – protestó – "las rosas, aunque hermosas han perdido el significado con el tiempo. Todo el mundo regala rosas sin pararse a pensar en que mensaje están trasmitiendo. Él ha pensado en que te quería decir… y te lo está gritando" acabó.
"Pareces molesto."
Él sonrió, ladino. Ella se mantuvo seria, aunque le regaló una hermosa caída de ojos. Era como si mantuviesen un juego de seducción mucho más descarado al que se tenían acostumbrados todo este tiempo.
"Así pues, no te importa que otro hombre esté pensando en seducirme" dijo mirando las camelias y levantándose para encararle.
"Ya eres mayorcita para saber lo que te conviene, Teresa" respondió rodeándole la cintura con una mano. "Si quieres jugar con el muchacho, estás en tu derecho, pero sabes que volverás a mi más temprano que tarde"
La besó con dulzura, recorriendo su boca con suavidad, y tirando del labio inferior en un movimiento, cuando se separaban.
Él no lo vio, o no lo quiso ver, pero ella había enrojecido de rabia. Él se mostraba tan dominante que era difícil negar lo que decía, pero no podía soportar esa prepotencia.
Quiso dar el beso por finalizado, pues había sido una pequeña concesión a su trato de no tener relaciones en la oficina… aunque antes de empezar ya habían roto esa regla. Lo empujó suavemente para que se separara, y él entonces la volvió a besar, cogiendo su cabeza con las manos, tirando de su cuello hacia él.
Ella lo permitió unos segundos más, pues sus besos aunque firmes, eran dulces y meticulosos, e intentó volver a separarlo.
Jane tampoco lo permitió esta vez, y aceleró su respiración cuando su lengua tocó la de ella. Forzó con sus labios a abrir más la boca y tomó posesión de ella, lamiendo y succionando, marcando a fuego.
Ella gimió algo contra sus labios y apoyó sus manos contra su pecho, mientras él profundizaba aún más el beso.
Hubo entonces algo que explotó en él. Lo que había empezado como una llamada de atención, solo para desviar la que habían causado las flores, había desatado la furia que guardaba en su interior.
Jane se sentía ansioso, y muy enfadado por toda esa situación.
Gracias a dios, que había cerrado la puerta con pestillo antes de comenzar con todo esto, si no, Grace y su inoportuno sentido de la oportunidad los habría puesto en un grave aprieto.
Con la libertad que le proporcionaba la escasa ventaja de su fuerza, consiguió inclinar a Lisbon sobre la mesa.
Si bien ella era una policía entrenada para poder batir enemigos mucho más grandes que ella, en las distancias cortas y falta de fuerzas no se sentía inclinada a debatir su posición con el atacante.
"¡¿Pero que estás haciendo?!" consiguió murmurar contra sus labios.
El no paró. Volvió a capturar sus labios con los dientes. Le dio la vuelta bruscamente y se llenó las manos con sus pequeños pechos.
"Patrick, por favor" gimió ante el toque intentando hacer el menor ruido posible.
"Dime Teresa" dijo él por fin "¿has pensado en él de la misma forma en la que piensas en mi?"
Deslizó entonces una mano a su entrepierna por encima del pantalón, acariciando con rudeza.
"¿De que estás hablando?" respondió ella intentando mantener el control.
En un movimiento brusco, hizo descender el cuerpo de ella hasta tenerla tumbada en la mesa, los pechos presionando varios expedientes. Con una mano, hizo presión en la espalda, para que no se moviera, mientras con la otra acariciaba el trasero.
Poco a poco por encima del pantalón tejano, masajeaba sus nalgas mientras observaba su perfil contra la mesa de roble.
La boca abierta en un grito silencioso cada vez que pasaba su mano por la hendidura de sus nalgas, haciendo presión.
"Solo quiero saber, si lo deseas a él igual que me deseas a mi"
Ella escuchó el cinturón deslizarse y abrirse la bragueta.
"¿No estarás pensando en hacerlo aquí Jane?" dijo autoritaria, olvidando ese pequeño acuerdo de confraternización. "A plena luz del día… y con toda la oficina a nuestro alrededor!"
Él se inclinó encima de ella. A través de sus pantalones podía sentir su erección apoyada contra su cuerpo.
"No me has contestado" susurró en su oído, después de darle un pequeño lametón en la oreja, jugando, como si dispusieran de toda la intimidad del mundo.
"Jane por favor, no" suplicó cuando deslizó las manos por delante de su cintura y con maestría le desabrochó el pantalón y tiró de él hacia abajo, llevándose con el movimiento sus braguitas.
Colocó sus pies por el interior de los de ella, de manera que con unos toques hacia los lados, la tenía completamente abierta para él.
"Contesta" volvió a repetir, y esta vez acompañó sus palabras con un roce suave de su sexo en el de ella. Entonces sintió su humedad y se sonrió para si mismo. Esta vez, de todas formas, estaba preparado. Así que sacó el pequeño envoltorio plateado del bolsillo y se lo colocó, para poder olvidarse totalmente de una incomoda situación y dejarse llevar por completo.
A que quieres que te conteste" Ella estaba a su merced. Con las manos pegadas a la mesa, haciendo presión, dejó que Jane jugara con ella, porque en verdad le gustaba. Estaba sacando poco a poco, una parte de ella que había estado guardada bajo llave durante mucho tiempo. Y era un placer liberarla.
"A lo que te he preguntado acerca de tu nuevo admirador"
"Creo que tienes un grave problema acerca de mis admiradores. De cualquier otra persona en su sano juicio, diría que está celosa" se permitió jugar.
Él apoyó sus manos en las caderas de ella y siguió moviéndose rítmicamente. Masturbándose contra su sexo mientras le hacía lo mismo a ella, que expuesta, intensificaba su placer cada vez que él la mortificaba con un pequeño apretón.
Podían ver las siluetas de sus compañeros a través de las persianas bajadas. Cada vez que alguien se acercaba a la puerta sufría un pequeño infarto.
Si alguien entraba en ese momento, podía darse por perdida.
Él, leyendo sus pensamientos, la tranquilizó.
"He cerrado al entrar… pero recuerda no gemir demasiado alto. Las paredes son finas"
Ella se mordió el labio y se dejó llevar por la sensación de tenerlo tan cerca y tan lejos a la vez. Jane por su parte, comenzaba a impacientarse y para su oscura satisfacción, sonó el teléfono.
Se detuvo y de nuevo se inclinó sobre ella, haciendo que el peso de su cuerpo fuese presente, insistente en cada respiración. "Si no lo coges, se van a extrañar. Saben que estás aquí."
Ella se incorporó e intentó zafarse de su abrazo, incluso con un movimiento de caderas lo intentó apartar pero fue imposible.
Ella lo miró, interrogante, y cuando vio su expresión, lo entendió.
"Quieres que conteste mientras…"
"Exacto" dijo con una sonrisa mientras seguía meciéndose.
"Estás enfermo" le respondió ella y continuó su imposible maniobra de escape.
"Contesta, Teresa. Si no es a mi, será al teléfono"
Por fin, ella alargó la mano para coger el auricular y contestó con la voz más firme que pudo. Al otro lado, Bertram la informaba acerca de la importancia del caso que estaba a punto de caer en sus manos.
Justo en ese preciso instante, pensó ella, no podría haberse muerto quien quiera que fuese, veinte minutos antes. O después, según se mirase.
"Sí señor, no se preocupe, el equipo está al cien por cien"
Jane, que se había mantenido quieto todo el tiempo, oía como su jefe le daba órdenes. "Tendréis que colaborar con el FBI" podía oír claramente a través del aparato. La conversación se alargaba más de lo previsto, así que decidió seguir con lo que estaba haciendo, provocando a Lisbon.
Ella seguía respondiendo con serenidad. Él tenía que concederle eso, aunque mucho más lentamente que al principio.
Hasta oyó ese nombre que había provocado esa situación."…así que saluda a Jones de mi parte, Lisbon, es un buen chico, y ha demostrado interés por ti en varias ocasiones…" Jane no pudo evitarlo, se colocó en su entrada y la penetró de un golpe seco y duro.
"Ah!" hizo ella solamente, y se giró para mirarlo mientras él seguía haciéndoselo sobre la mesa.
"… vaya Lisbo, no creía que te sorprendiera tanto… de hecho creí ver cierto entendimiento entre vosotros el otro día…" la voz de Bertram parecía confusa y eso a Jane lo divertía, así que comenzó a acelerar sus embestidas, aunque rítmicas, duras y profundas, con lo que hacía que el único sonido en el despacho cuando ella callaba, fuera el de su vientre y sus muslos repicando contra el trasero de ella.
"No!" casi gritó ella, mientras apoyaba la mano que le quedaba libre en el pecho de Jane e intentaba apartarlo.
"Eh… está bien, no he debido meterme en tus asuntos…" murmuró una disculpa y colgó apresuradamente.
"Mira lo que has hecho…" dijo ella colgando el auricular mientras intentaba controlar su voz y sus movimientos para no perder el equilibrio.
"Vamos Teresa… se que te ha gustado…" dijo él con voz profunda y suave, como una caricia.
Él volvió a acercarla a su pecho, agarrándole los suyos y tirando de los pezones a través de la tela. Besó su cuello al apartarle el pelo y ella perdonó por un momento todo lo que había pasado.
La dejó apoyarse contra la mesa de nuevo, y él se abrazó a su cuerpo, enterrando su cabeza en la menuda espalda.
"Patrick… no somos dos críos para estar jugando a estas cosas…" y aunque sus labios decían una cosa, llevó su mano a la entrepierna y comenzó a masturbarse al ritmo de las embestidas de Jane.
Él llegó primero, y se alegró en el fondo de su corazón de haber sido lo suficientemente precavido para haber utilizado un preservativo y haber llegado en su interior.
A ella le faltaba un poco. Lo sabía. Así que retrocedió lentamente un par de pasos hasta caer en el sofá, sin soltarla, ella encima de él. Él dentro de ella.
Con sus rodillas, forzó a abrir sus piernas un poco más y él sustituyó su mano por la de él mismo.
"Déjame compensarte" murmuró contra su pelo, y movió sus dedos en círculos, mientras con suavidad mecía sus caderas para que ella pudiese notar que aún estaba duro en su interior.
Con la mano libre, giró su cara para poder besarla y tomó su lengua con dulzura, mientras seguía trabajando con la otra. Se giraron lentamente hasta caer de lado, y ella llegó de forma muy tranquila, olas de placer recorriéndola con suavidad. Él sintió los espasmos de su sexo, que le arrancaron un último gemido.
Ella fue la primera en romper el beso. Se quedaron mirándose unos instantes a los ojos, y a continuación ella habló. "Tenemos un caso".
Él la miró, extrañado, como se deshacía finalmente de su abrazo, se levantaba del sofá, se colocaba la ropa y ponía orden en la mesa.
Finalmente él también se adecentó, cuando ella comenzó a recitar lo que Bertram le había dicho, y que él también había escuchado.
"… así que tendremos que colaborar con el FBI. Avisaré a los chicos para que se porten bien. No quiero tener más disputas como la última vez."
Ella cogió las flores de la mesa y las colocó en un jarrón vacío que durante varios años había estado cogiendo polvo, y le echó un poco de agua de una botella que tenía guardada, ante la atónita mirada de Jane.
"Y sobre tu pregunta…" dijo antes de acercarse a la puerta y quitar el pestillo de seguridad "… no, no he tenido pensamientos con Jones como los que he tenido contigo, pero reconozco que es un hombre atractivo."
Y con eso salió de la oficina y se marchó a reunir al equipo para dar las primeras órdenes.
Aún en el sofá, boquiabierto, Jane miró el jarro con flores que ella acababa de instalar en el despacho en el que se la había follado.
Inspiró profundamente y se echó las manos a la cara, para frotársela varias veces.
"Me lo merezco" se dijo para si mismo "Solo espero no haberme equivocado con esto."
Se quedó unos instantes más mirando aquellas camelias rosas y acto seguido se levantó para ir directamente al aparcamiento, hacia su coche. Esperando que los demás bajaran y emprendieran el camino a su nueva investigación.
De pronto en la calle, con la mirada perdida, recayó en una tienda al final del paseo, en la que no se había fijado antes.
A la mañana siguiente, cuando Lisbon se disponía a entrar en su despacho, cogió el picaporte y apoyó la cabeza en la puerta, preparándose para ver de nuevo otro lugar que para siempre tendría la marca de él en sus rincones.
"Esto es lo que tu querías…" dijo a nadie en particular, y recordó sus ojos, cuando ella salía del despacho.
Entró, y no le llamó la atención que el sofá siguiese desordenado, tampoco que la tarde anterior no se hubiera dado cuenta que se había caído un marco que aún descansaba en el suelo. Ni tan siquiera que una de las camelias se hubiese comenzado a deshojar, aun cuando solo hacía un día que estaba ahí. Sino la solitaria flor encima de su escritorio, delante de su silla.
Un jazmín.
Continuará
Hola! Se que me ha tomado mucho tiempo, pero he estado un poco liada con el trabajo. Espero subir capítulos con mas regularidad de nuevo :)Espero que os haya gustado. Os invito a averiguar que significado tienen los jazmines. :D No tenía pensado que se alargara tanto, pero me encanta escribir acerca de una relación tan poco probable de estos dos personajes, y creo que se lo pasan muy bien siendo un poco pervertidos el uno con el ? ^_^
